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Mateo 4

Tentación de Jesús

1Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.🗨 2Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.🗨 3Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.🗨 4Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.🗨 5Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,🗨 6y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.🗨 7Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.🗨 8Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,🗨 9y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.🗨 10Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.🗨 11El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.🗨

Comienzo del ministerio de Jesús

12Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;🗨 13y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,🗨 14para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:🗨 15Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, alilea de los gentiles;🗨 16El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció.🗨 17Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.🗨

Primeros discípulos

18Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.🗨 19Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.🗨 20Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.🗨 21Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.🗨 22Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.🗨

Multitudes siguen a Jesús

23Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.🗨 24Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó.🗨 25Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Mateo 4:1

Comentario general

4.1 Inmediatamente después de su bautismo, Jesús fue llevado por el Espíritu de Dios al desierto para ser tentado por el diablo. Mateo dice después de relatar el bautismo de Jesús “entonces … fue llevado …”, lo mismo que Marcos (“y luego el Espíritu le impulsó al desierto”) y Lucas (“volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu…”) en sus respectivos evangelios (Mr. 1:11-12; Luc. 4:1). Esto nos enseña que después de una bendición generalmente existe una puerta hacia la prueba, alguna circunstancia difícil con el propósito de una promoción aun más importante. Por ejemplo, después de que el Rey entrará en Jerusalén, habría de salir cargando su cruz. Un día Pedro confiesa que Jesús es el Cristo el Hijo del Dios viviente y algunas horas después, lo niega atemorizado. Josué podía vencer la grande ciudad de Jericó a través del milagro divino y más adelante caer derrotados con la insignificante ciudad de Hai (Jos. 6-7). Elías derrotó a los 950 profetas de Baal en el Carmelo y ante el asombro del pueblo que vio descender el fuego del cielo que consumió el holocausto demostrando al Dios verdadero; pero luego, ante las amenazas de Jezabel, la esposa del rey Acab, Elías deseaba la muerte debajo de un enebro ( 1 R. 18-19). La grandeza de un Rey, como de todo hombre, no se mide en sus victorias sino en la entereza de su carácter, ante esta misma reflexión exclamó Napoleón en su destierro: “En los días de mi gloria, yo apasioné a las multitudes hasta el punto que ellas morían alegremente por mí. Encendí el fuego en sus corazones, poseí el secreto de ese poder mágico que eleva los espíritus. Ahora que me encuentro en Santa Elena, clavado sobre esta roca, ¿quién lucha y conquista imperios por mí? Tal es el destino de los grandes hombres. Tal fue el de César y de Alejandro. Se nos olvida. El nombre de un conquistador, de un emperador, no es más que un tema escolar. Aún antes de que yo muera, mi obra es destruida. Jesucristo es el único Hombre en el mundo que haya hecho planes con su muerte y no se equivocó. ¡He aquí un conquistador que incorpora a su persona, no una nación, sino la humanidad! El alma humana, se hace un anexo de la suya. Cuando más pienso, más absolutamente me persuado de la divinidad de Jesucristo.” Napoleón I (1769-1821) Memorial de Sta. Elena. Jesús fue tentado, dice Heb. 4:15, en todo igual que nosotros, pero sin pecado; para demostrar, además de su carácter y su capacidad para reinar, las características de su reino. El diablo le ofreció alternativas terrenas para llevar a cabo el reino de Dios, mas Jesucristo optó por las espirituales, conforme a los principios celestiales, como veremos más adelante. No podemos pasar por alto que no fue el diablo quien lo llevó para ser tentado, lo cual comprenderíamos; el diablo fue el tentador, pero él no lo llevó al desierto, sino el Espíritu de Dios. ¿Por qué? Porque esto demuestra que Jesús vivió su vida humana siendo guiado por el Espíritu Santo: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios (Rom. 8:14). El Espíritu Santo jamás abandona al hombre en su tentación, por el contrario, es cuando más se hace presente, aún cuando el hombre no fuese consciente de ello. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles (Rom. 8:26). Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad (Col. 1:11). La palabra “fortalecidos” usada en este último versículo es la traducción del griego “dunamoo” y significa “hacer fuerte, capacitar”; y es de la misma familia de las palabras que “dinamita”. Porque cuando el hombre cristiano se siente débil ante la tentación, debe recordar que en su interior está el Espíritu Santo, ¡dinamita pura! ¡Poder para vencer toda prueba! No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, quien no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará juntamente con la tentación la salida, para que podáis resistir (1 Cor.10:13). Fue el Espíritu Santo quien llevó a Jesús al desierto para ser tentado, porque para Dios, la tentación para Dios es una prueba positiva, una oportunidad al hombre para crecer y ser recompensado. Bienaventurado el varón que soporta la tentación porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman (Stg. 1:12). Pero para el diablo, la tentación significaba una oportunidad para impedir a Jesús el poder salvarnos. Si el Señor hubiese usado su propio poder como Hijo de Dios, no sería más el Hijo del Hombre y por tanto, no sería tampoco nuestro Salvador. El diablo es el tentador y no Dios; Dios jamás incitará a nadie al mal. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie (Stg. 1:13). El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia (Jn. 10:10). Satanás fue quien tentó a Eva (Gen. 3), el es homicida desde el principio y padre de mentira (Jn. 8:44). Por esto mismo, se utiliza frecuentemente en las Escrituras el término de “tentador” para referirse a él (1Ts. 3:5). En el versículo 4:1 se usa la palabra diablo, cuyo significado es calumniador, aquél que acusa falsamente; diablo se deriva del verbo bállo y la preposición diá que literalmente significa “lanzar a través”. Es uno que lanza acusaciones contra otro para destruirlo. Por otro lado, el traslado de Jesús por parte del Espíritu al desierto fue corporal. Existen ejemplos bíblicos de esto mismo: Elías (1 R. 18:12; 2 R. 2:10-11,16). Ezequiel (Ez. 3:12,14; 11:1,24; 43:5), incluso una vez de los cabellos (Ez. 8:3). Y Felipe (Hch. 8:39). Un día, la iglesia también será trasladada corporalmente, no de un lugar a otro de la tierra, sino a la presencia misma de Dios en los cielos: Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Ts. 4:16-17; lee también 1 Co. 15:51-54). El lugar al cual Jesús fue llevado era el desierto; por lo general, un hombre es más susceptible en la soledad. Es fácil hacerse fuerte en público por causa de los demás; pero es a solas como se demuestra el verdadero carácter del individuo. Cualquiera es devoto en compañía de la iglesia, mas en la intimidad de su vida, digamos, en su hogar, o más aún, en completa soledad, apartado de todos, es cuando se manifiesta el verdadero yo interno. Jesús demostró frecuentemente su espiritualidad orando a solas y en lugares apartados, ya sea de madrugada, o incluso toda la noche (Luc. 6:12).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:2

Comentario general

4.2 Si el tentador se presentó visible o no a Jesús, no lo sabemos. Lo importante es que Jesús lo venció superando la tentación durante un período de prueba de 40 días con sus noches; es decir, ni de noche descanso, pues en las mismas también estuvo bajo ataque. El ayuno es una práctica voluntaria de abstinencia de alimentos y en algunos casos bebidas con el fin de negarse a uno mismo y humillarse buscando a Dios en oración, especialmente en situaciones de urgente necesidad. No es un rito formalista, tampoco es un chantaje contra Dios, no debe confundirse con ascetismo o autoflagelación. Lejos de ello, el ayuno consiste en un espíritu de oración y súplica que se aparta de todo con tal de quedar a solas su espíritu y el de Dios. Jesús ayunó antes de iniciar su ministerio (Mat. 4:2) y durante el mismo (Jn. 4:31-34). Recomendó el ayuno (Mat. 17:21; Mr. 9:29; Mat. 9:15) y enseñó sobre la forma correcta de practicarlo: Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público (lee Mt.6:16-18). Sin importar tu género, edad, raza, y características personales, seguro te gusta comer. ¡Y posiblemente tengas evidencias físicas de ello! Es impresionante los esfuerzos que los seres humanos realizamos para que no falte alimento. Por ello, el tema del ayuno suena como de otro planeta. ¡Pero allí está! ¡Por toda la Biblia! Ayunar es contrario a la primera acción pecaminosa del hombre: comer del fruto prohibido. Un ejemplo negativo es Esaú, quien vendió su primogenitura por un plato de lentejas. Cuando el pueblo de Judá tuvo problemas para reedificar el templo y la ciudad de Jerusalén, Esdras se levantó en ayuno y oración a interceder ante Dios por esto. ¿Sabes que sucedió? Dios escuchó y les ayudó a continuar con la restauración. Es el arma secreta del pueblo de Dios, la artillería pesada para momentos difíciles. ¿Por qué? No lo sabemos del todo, pero así es. Cuando parezca imposible, es tiempo de ayunar. El ayuno puede entenderse a partir de tres personas del Libro que se caracterizaron por prolongados períodos del mismo; para ser más exactos, cuarenta días cada uno: Moisés, Elías y Jesús, sí, el mismo Hijo de Dios ayunó; ¡y vaya que ayunó! Por cierto, los tres platicaron juntos del reino de Dios en el monte de la transfiguración (Mat. 17). Me pregunto si no habrán hablado acerca de sus respectivos ayunos. El punto es que cada uno enseña con su experiencia una parte del poder del ayuno: Moisés, Elías y Jesús. En Moisés comprendemos cómo desatar el poder de la Ley de Dios mediante el ayuno, ya que él recibió las tablas con los diez mandamientos precisamente en ese ayuno (Ex. 24:18-25:9). Ayunando así podríamos recibir revelación de la Palabra o bien, que la misma sea escrita en nuestro corazón. En Elías conocemos cómo soltar el poder del ministerio profético ayunando. Por esta unción se levantan o derriban naciones liberando sus pueblos. Y en el Señor Jesús descubrimos cómo liberar el poder de la gracia de Dios al ayunar. Y si Él ayunó, ¿por qué no habríamos de necesitarlo nosotros? De manera que el ayuno es la poderosa mezcla de la Ley, la Profecía, y la Gracia de Dios. Un caso muy interesante es el de sus discípulos: en Lucas 9:1-2 vemos que el Señor les dio autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. Pero apenas unos versículos más adelante, en Lucas 9:37-43 vemos que los discípulos no pudieron echar fuera a un demonio; ¿cómo es esto posible? Jesús dijo que este género no sale, sino con oración ¡y ayuno! ¡Habían dejado de orar y ayunar! Incluso hay casos bíblicos de ayunos practicados por personas malvadas que aún así alcanzaron misericordia de parte de Dios; ¿recuerdas a los Ninivitas? (Jonás 3:5-10). O personas ajenas al pueblo de Dios como el centurión llamado Cornelio a quien Dios buscó mediante un ángel cuando éste ayunaba (Hechos 10:30-32). Y podemos considerar también a la reina Ester como ayunó para salvar a los judíos pudiendo presentarse delante del rey de Persia (Ester 4:16). El ayuno no compra el favor de Dios, pero si somete al hombre a su voluntad al enfocarse en Dios como su todo. ¿Y no podrá la iglesia esposa hallar el favor de su Amado Rey? Respecto al número 40 en la Biblia: Israel duró 40 años en el desierto (Deut. 8:2-5; Sal. 95:10; Hechos 13:18) corresponden al tercer 40 de los 120 años de vida de Moisés. Cuarenta años probando la fidelidad de Israel en la prosperidad durante los jueces: Otoniel (Jue.3:11), Barac (Jue.5:31) y Gedeón (Jue. 8:28). Cuarenta años probando la fidelidad de Israel en prosperidad durante los reyes: David (2 Sm.5:4), Salomón (1 R.11:42), Jeroboam II (2 R. 12-13 y 14), Joás (2 R.12:1). Cuarenta años de prueba en la humillación de Israel: Sometidos a los filisteos (Jueces 13:1), en tiempo de Elí (1 Sam. 4:18) y en tiempo de Esaú (Hch. 13:21). Cuarenta años fue probado Moisés en Egipto esperando (Hch. 7:23) y 40 más en Madián (Hch. 7:30). 40 días esperó Noé el fin del diluvio (Gen. 7:4,12). El ayuno de Moisés (Ex. 24:18; Deut. 9:18,25), 40 días espiaron los enviados de Israel a Canaán, fracasando la prueba y recibiendo condena de 40 años (Núm. 13:26; 14:34). Elías rumbo a Horeb duró 40 días ( 1R. 19:8), 40 días fue probada Nínive (Jon. 3:4), 40 días Ezequiel duró sobre su lado derecho (Ez. 4:6) y 40 días Jesús probó a sus discípulos después de su resurrección (Hch. 1:3). Y así sucesivamente hay muchos “cuarentas” en la Biblia, su propósito es demostrar un período de prueba, como en Pablo, quien recibió en cinco ocasiones “cuarenta azotes menos uno” (2 Cor. 11:24) a causa del Evangelio. ¿Por qué no dice 39 azotes? ¡Por la enseñanza de prueba que conlleva el número 40! Jesús fue probado durante 40 días en el desierto, en el texto de Mat. 4:2 parece decir que Jesús fue tentado al final de los 40 días, esto no es así, Marcos nos dice que; Jesús estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por satanás, y estaba con las fieras (Mr.1:13). Lucas escribió: Por 40 días, y era tentado por el diablo (Lc.4:2). Parece ser que las palabras registradas en Mateo 4 son la cumbre de la tentación a la que fue sometido el Señor; Jesús, en realidad, fue tentado en todo igual que nosotros, pero sin pecado (Heb.4:15). ¿Por qué debía ser así? El escritor a los hebreos parece respondernos en 2:18: Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados. El Señor Jesucristo fue tentado entre otras cosas, para mostrarnos que en su reino existe libertad y perdón para todo pecador. ¿Has pecado? El Rey Jesucristo te comprende, perdona y restaura. Debes saber que aunque estés en los 40 días de prueba, el Rey que venció la tentación nunca te desamparará.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:3

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:4

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:5

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:6

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:7

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:8

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:9

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:10

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:11

Comentario general

4.3-11 En los textos que describen la tentación del Señor (Mat. 4:1-11) hay semejanzas o una especie de ejemplo para toda tentación. Juan dijo que todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2:16). El diablo ofreció primeramente a Jesús pan. Esto corresponde a los deseos de la carne que Juan mencionó y también tiene relación con aquella primera tentación, la que engañó a Eva: el árbol era bueno para comer (Gen. 3:6). Después vienen “los deseos de los ojos”, dijo Juan, compara con la prueba del diablo a Jesús: le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: todo esto te daré si postrado me adorares (Mat. 4:8-9). Y también se asemeja a el árbol era agradable a los ojos (Gn.3:6). Por último, también son parecidas las palabras de Juan: “la vanagloria de la vida” con: échate de aquí abajo (Mat. 4:6); lo mismo que con: árbol codiciable para alcanzar sabiduría (Gen. 3:6). ¿Por qué tantas semejanzas? La tentación es prácticamente la misma, pero el Adán es diferente, el primer Adán, el que fue formado de barro no resistió la tentación y pecó, mientras que el segundo Adán, Jesucristo, venció la prueba y por Él tenemos salvación de pecados: Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. El primer Adán llegó a ser alma viviente, el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Cor. 15:22,45). ¿Podía Jesús haber pecado? ¿Cómo puede ser posible si Él es Dios? Recordemos, para responder esto, que Jesús debía vivir como Hombre y vencer como tal. Jesús, al haber sido concebido por el Espíritu Santo no poseía la naturaleza de pecado que nos inclina al mal, estaba en la misma condición del primer Adán, era Hijo de Dios pero se despojó voluntariamente de sus atributos divinos para no usarlos (Fil. 2:4-10). Lucas dice que Adán también era hijo de Dios (Luc. 3:38), pero evidentemente no tenía poder sobrenatural. El hombre engendra, la mujer concibe; cuando el hombre engendra transmite la naturaleza de pecado. Jesús nació de Dios, por ello no tenía esa naturaleza, sino que estaba en igual de circunstancias que Adán, para hacer frente a la tentación. Un alma inocente con libertad de elección, era capaz de pecar, pero eligió ser impecable. En cuanto al porqué, al propósito y a la forma en que el diablo tentó a Jesús descubrimos algunas enseñanzas. Primeramente dijo: si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan (Mt.4:3). El diablo estaba sugiriendo en forma disfrazada métodos engañosos para gobernar el reino de Dios: “si eres Hijo de Dios, eres el Rey, entonces usa poder divino para que la gente te siga” Insinuaba dejar de confiar en el Padre, así como no depender de Él para el establecimiento del reino; hacerlo por su propia virtud. Jesús respondió citando la Escritura, ya que en la batalla espiritual se debe usar la Palabra de Dios (lee Ef. 6:12,17). No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat. 4:4; Deut. 8:3). Prácticamente respondió que la vida que estaba ofreciendo al mundo no consistía en cosas materiales. Porque el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom.14:17). El evangelio de Jesucristo mejora las condiciones humanas de vida pero su verdadera y más grande obra no es social, sino que consiste en transformar al hombre en un nuevo hombre (por ende, será transformado su entorno). En el reino de Dios se vive de “lo que sale de la boca del Padre”, o lo que es lo mismo, en total confianza a su Palabra. Enseguida satanás cambió la proposición le llevó a la santa ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo porque escrito está: a sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra (Mat. 4:6). Como diciendo: “si tienes tanta confianza en Dios, entonces échate abajo y Él te cuidará”, si no quieres llevar a cabo tu obra a través de asuntos sociales, entonces usa la religión (por ello lo puso en la cima del templo), siendo que eres Hijo de Dios (lo decía en forma de afirmación) entonces usa tu poder divino para hacer que te sigan las multitudes mostrándoles milagros sensacionalistas.” Jesús se negó rotundamente, primero, porque habría de llevar a cabo la obra de Dios como el Hijo del hombre y no como el Hijo de Dios. En segundo lugar, porque el texto que estaba citando el diablo estaba mal aplicado, ya que corresponde al Salmo 91:11-12 que es una promesa de protección para aquél que anda en obediencia a la voluntad de Dios. Esa era la trampa. El tentador deliberadamente omitió: que te guarden en todos tus caminos (lee Salmo 91:11-12) porque si Jesús accedía al exhibicionismo portentoso entonces dejaría de estar en los caminos de Dios. Jesús sabía que el sensacionalismo no es duradero, sólo las cosas de Dios son eternas, por ello respondió: No tentarás al Señor tu Dios (Mat. 4:7; Deut. 6:16). Por último, satanás llevó a Jesús a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos (Mat. 4:8). No existe monte tan alto, ni capacidad visual humana para mirar todos los reinos del mundo, sin embargo, en alguna forma portentosa estos fueron mostrados a Jesús. El tentador le ofreció: todo esto te daré si postrado me adorares (Mt.4:9). Esta tentación consistió en tratar de entablar un acuerdo entre el bien y el mal, “Mira - dijo el tentador - todo el mundo me pertenece, hagamos un trato, lleva a cabo tu reino sin quitar el mío, no seas muy estricto con la gente y todo el mundo te seguirá.” Pero Jesús se negó rotundamente, Él ha sido el hombre más radical de la historia, el único que verdaderamente ha conocido cabalmente la línea entre el bien y el mal, sin tonos medios: vete satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás (Mt.4:10). Como en otra parta dice la Sagrada Escritura: Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1 Juan 1:5); ¿qué acuerdo puede haber entre el templo de Dios y los ídolos? (2 Cor. 6:16-17); y como habría de enseñar Jesús posteriormente: Nadie puede servir a dos señores (Mt.6:24). Después de la resistencia férrea y victoriosa del Señor, el diablo le dejó (Mat. 4:11), el evangelista Lucas añade que se apartó de Él por algún tiempo (Lc.4:13). Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo y él huirá de vosotros (Stg.4:7). La segunda parte de Mateo 4:11 dice: y he aquí vinieron ángeles y le servían. Usando para “servían” el término griego diákonos. Los diáconos en el libro de los Hechos (6:1-7) eran aquellos que estaban encargados de servir comida en las mesas para los miembros de la iglesia. Eso es lo que realizan, servicio a favor de los hijos de Dios, entre otras cosas: ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb.1:14). Constantemente, los ángeles estuvieron en derredor del ministerio de Jesús, especialmente en sus momentos más críticos: en su tentación (Mat. 4:11); en su agonía (Luc. 22:43), pero nunca por petición suya, mira por ejemplo lo que dijo cuando lo arrestaron: ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mat. 26:53).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:12

Comentario general

4.12 Mateo nos dice que Jesús volvió a Galilea cuando oyó que Juan estaba preso. Galilea, del griego “Galilaia” y del hebreo “Galil”, significa “círculo”; era una forma de denominar una región, un distrito. Galilea era la región de donde Jesús vino a Juan para ser bautizado por él (Mat. 3:13). Después de la muerte de Juan, Jesús regresa a su región geográfica. En cierta medida, las circunstancias político-religiosas en Judea, especialmente en Nazaret, no eran las más propicias para la proclamación del reino de los cielos, al menos, no para iniciarla. Jesús era un hombre práctico y sabio, nunca actuó temerariamente, cuando oyó que Juan fue encarcelado se dio cuenta del peligro que corría su ministerio por parte del gobierno romano; los gobernantes romanos eran, por lo general, políticos astutos y diplomáticos, quienes, con tal de gozar del favor del pueblo gobernado, eran capaces de sacrificar inocentes, por ejemplo, cuando Herodes Agripa, nieto de Herodes el grande, echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles y mató a espada a Jacobo (el hermano de Juan), aproximadamente en el 40 d.C., intentó continuar con otros cristianos y encarceló a Pedro, cuando vio -dice la Escritura - que esto había agradado a los judíos (Hch. 12:1-2). Estaba también el caso del mismo Señor Jesús, cuando Pilato, a sabiendas de la inocencia del Maestro, intentó en repetidas ocasiones soltar al Señor, pero no estaba dispuesto a contrariar a sus gobernados judíos. Escarneció a Jesús, intentó darles a Barrabás en su lugar, por último, les dio a Jesús para ser crucificado (Juan 19). Conociendo Jesucristo que su reino no es de este mundo y que por tanto, el mundo no lo defendería, como el mismo dijo tiempo después (Juan 18:36), tuvo la prudencia de regresar a su tierra en Galilea hasta el momento indicado para su manifestación.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:13

Comentario general

4.13 En el versículo 12 vemos la razón política para dejar Judea, pero en el versículo 13 encontramos la razón religiosa. En el orden de los eventos, Jesús comienza su ministerio después de vencer la tentación en el desierto (Lc.4:14-14); luego comenzó en Galilea, por lo que parece ser que viajó a Nazaret ampliando su área de trabajo. Su costumbre era acudir a la sinagoga en sábado: vino a Nazaret, donde se había criado: y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer (Luc. 4:16). Allí en la sinagoga de Nazaret leyó a Isaías y se autoproclamó el Mesías, mas al incluir a los gentiles en su reino, los judíos de Nazaret se enojaron e intentaron despeñarle en las afueras del pueblo; Jesús pasó en medio de ellos y se fue a su ciudad, a Capernaum de Galilea (Lee Luc. 4:17-31). Aquí es donde tiene lugar el verso de Mat. 4:13. Se fue a Capernaum por dos razones: La política, Herodes encerró a Juan y podía continuar con él; sobre todo que en Nazaret lo habían rechazado, esta es la razón religiosa. Todo lo anterior debe enseñarnos a no actuar imprudentemente en ningún área de nuestra vida, en especial, cuando se trata del reino de los cielos. Comportarnos temerariamente no es vivir en fe, sino en irresponsabilidad: el avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño (Pr.22:3). Dios es un Dios de orden (1 Cor. 14:33-40), Jesús no empieza su ministerio formalmente en tanto que Juan no terminaba el suyo, Juan lo sabía, “es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe” (Juan 3:30), - dijo en alguna ocasión. Primero debía prepararse el camino y luego andar por él. Los siervos de Dios deben conocer sus funciones, complementarse y no rivalizar entre sí. Cuando se olvidan de esto, entonces trabajan para su propio reino y no para el de los cielos. Jesús dejó Nazaret y habitó en Capernaum. Respecto al nombre de Nazaret hay dos posibles significados: la raíz, hebrea “Neser” y la aramea “nisra” que sería “vara”, “renuevo”, significado que lo relacionaría con Isaías 11:1 Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raices. Mas si Nazaret viniese de la raíz hebrea nasar, “guardar, proteger”, entonces Nazaret es “guardiana, atalaya”. De alguna manera, allí se levantó un atalaya de Israel, lamentablemente rechazado por los suyos. Y siendo rechazado, cambia su residencia o “cuartel de operaciones” a Capernaum, que significa “Ciudad de consuelo”. Jesús dejó su tierra, rompió con su pasado, ya no era el hijo del carpintero, sino el Rey del reino de los cielos. Esto fue difícil de comprender por su familia, incluso por muchos hasta el día de hoy, que no han separado al carpintero hijo de María de Jesús, el Rey celestial. En Luc. 8.19-21 y en Luc. 11:27-28, dice que Jesús aclaró éste punto a su familia, a los suyos y al mundo. Salió “el renuevo”, “el atalaya” y protector de Israel y fue a Capernaum, para ser una ciudad de consuelo, así como las ciudades de refugio que legisló Moisés, donde el homicida encontraba protección mientras se defendía su libertad (Num. 35). Jesús habitó en Capernaum, la ciudad de Consuelo, porque donde quiera que Jesús habita hay consuelo para el hombre, solamente Él pudo decirle a la mujer viuda que perdía su unigénito, “no llores” (Luc. 7:11-14). Solamente Él podía consolar a la desesperanzada María Magdalena que lloraba junto a su sepulcro: “¿Por qué lloras? ¡He aquí que he resucitado!” (Juan 20:15). Solamente Él puede consolarte si estás sufriendo, pero permite que habite en ti como un día lo hizo en Capernaum. Capernaum (en realidad es Cafarnaum) era una ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí. La ciudad de Mateo (Mat. 9:9), y también llegó a ser la ciudad de Jesús (Mat. 9:1). ¡Oh! ¡Que Dios amara tanto nuestra casa que la llamara suya! Ciudad marítima, parece una referencia al inicio de la pesca del reino de los cielos; Jesús llegó allí porque empezaba “a pescar” y allí también encontraría a Simón y a Andrés, sus primeros “ pescadores de hombres” (Mat. 4:19).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:14

Comentario general

4.14-15 El evangelista Mateo extrae estas palabras de Isaías 9:1-2. Quizá no de una forma muy ortodoxa en lo que ha hermenéutica se refiere, según interpretarían hoy la mayoría de los estudiosos bíblicos. Quizá hoy nadie hubiese usado esos versículos para aplicarlos a Jesús, porque tuvieron cierto grado de cumplimiento en el pasado; no obstante, Mateo ve un doble cumplimiento, no solo se refieren a la liberación de los territorios israelitas conquistados por los sirios, sino también a la liberación, luz, vida y salvación que Jesucristo trae al hombre. Generalmente, la profecía tiene un doble cumplimiento, el literal histórico, en su época, y el espiritual no literal, que es el más importante y trascendente, el cual viene generalmente en una época posterior (pero nunca dos literales o históricos). Capernaum estaba en la región de Zabulón y de Neftalí. Zabulón significa “habitación”; ¡cuán apropiado! Esa región galilea habría de ser la habitación del Rey durante su ministerio terrenal. ¿Por qué Galilea? Porque era una región estratégica para la extensión del reino de los cielos, sumamente poblada, alrededor de tres millones de habitantes en 204 pequeñas poblaciones, donde se mezclaban todo tipo de nacionalidades, por ello le llamaban “Galilea de los gentiles”. De mente abierta a todo tipo de ideas nuevas, con rutas comerciales que llegaban a Damasco, Egipto, África y demás lugares importantes. Con personas de carácter luchador, capaces de dar la vida si consideraban que la causa valía la pena. Era la “tierra de Neftalí”, que significa “mi combate”. Fue desde esa zona geográfica que Jesús emprendió sus cruzadas en pro de la conquista para el reino de los cielos con sólo un puñado de soldados, galileos la mayoría de ellos. Era la tierra “camino del mar”, refiriéndose al mar de Galilea, el lago de Tiberiades, que prefigura el camino que debe seguir el mundo. Un día Israel cruzó un mar para llegar a Canaán, la tierra prometida. El mar es un símbolo de naciones, de muchedumbre, en las Escrituras. Jesús es el “camino del mar”, el camino para la salvación de las naciones (Juan 14:6). Era la tierra “al otro lado del Jordán”, esto es, al oeste del río Jordán, la corriente de agua más importante de Palestina, como símbolo de “los ríos de agua de vida”, la plenitud de vida que se encuentra únicamente en Jesucristo. Un día, el pueblo de Israel cruzó ese Jordán para llegar a la abundancia de Canaán; Jesús es esa fuente caudalosa de vida y es esa abundancia al otro lado del Jordán, la Canaán espiritual para todo hombre (Juan 7:38). Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia (Jn.10:10). Era “Galilea de los gentiles”, pues el reino de los cielos amplió su área de salvación a todo el mundo. En su tiempo, los judíos no pudieron comprender esto, ¿los gentiles dentro del reino de Dios? ¡Es un misterio! Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (Ef.3:5-6). Un nuevo mensaje universal ante el rechazo judío (Juan 1:11-12).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:15

Comentario general

4.14-15 El evangelista Mateo extrae estas palabras de Isaías 9:1-2. Quizá no de una forma muy ortodoxa en lo que ha hermenéutica se refiere, según interpretarían hoy la mayoría de los estudiosos bíblicos. Quizá hoy nadie hubiese usado esos versículos para aplicarlos a Jesús, porque tuvieron cierto grado de cumplimiento en el pasado; no obstante, Mateo ve un doble cumplimiento, no solo se refieren a la liberación de los territorios israelitas conquistados por los sirios, sino también a la liberación, luz, vida y salvación que Jesucristo trae al hombre. Generalmente, la profecía tiene un doble cumplimiento, el literal histórico, en su época, y el espiritual no literal, que es el más importante y trascendente, el cual viene generalmente en una época posterior (pero nunca dos literales o históricos). Capernaum estaba en la región de Zabulón y de Neftalí. Zabulón significa “habitación”; ¡cuán apropiado! Esa región galilea habría de ser la habitación del Rey durante su ministerio terrenal. ¿Por qué Galilea? Porque era una región estratégica para la extensión del reino de los cielos, sumamente poblada, alrededor de tres millones de habitantes en 204 pequeñas poblaciones, donde se mezclaban todo tipo de nacionalidades, por ello le llamaban “Galilea de los gentiles”. De mente abierta a todo tipo de ideas nuevas, con rutas comerciales que llegaban a Damasco, Egipto, África y demás lugares importantes. Con personas de carácter luchador, capaces de dar la vida si consideraban que la causa valía la pena. Era la “tierra de Neftalí”, que significa “mi combate”. Fue desde esa zona geográfica que Jesús emprendió sus cruzadas en pro de la conquista para el reino de los cielos con sólo un puñado de soldados, galileos la mayoría de ellos. Era la tierra “camino del mar”, refiriéndose al mar de Galilea, el lago de Tiberiades, que prefigura el camino que debe seguir el mundo. Un día Israel cruzó un mar para llegar a Canaán, la tierra prometida. El mar es un símbolo de naciones, de muchedumbre, en las Escrituras. Jesús es el “camino del mar”, el camino para la salvación de las naciones (Juan 14:6). Era la tierra “al otro lado del Jordán”, esto es, al oeste del río Jordán, la corriente de agua más importante de Palestina, como símbolo de “los ríos de agua de vida”, la plenitud de vida que se encuentra únicamente en Jesucristo. Un día, el pueblo de Israel cruzó ese Jordán para llegar a la abundancia de Canaán; Jesús es esa fuente caudalosa de vida y es esa abundancia al otro lado del Jordán, la Canaán espiritual para todo hombre (Juan 7:38). Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia (Jn.10:10). Era “Galilea de los gentiles”, pues el reino de los cielos amplió su área de salvación a todo el mundo. En su tiempo, los judíos no pudieron comprender esto, ¿los gentiles dentro del reino de Dios? ¡Es un misterio! Misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (Ef.3:5-6). Un nuevo mensaje universal ante el rechazo judío (Juan 1:11-12).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:16

Comentario general

4.16 El resultado al mensaje que vislumbra Mateo respecto de la proclamación del reino en Galilea es expresado en este versículo. La mezcla de culturas sin Dios en Galilea hacían de ésta un lugar de tinieblas; las tinieblas, en el lenguaje bíblico, simbolizan la ausencia de Dios, el desorden, el mal y la ceguera espiritual. En el principio la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo (Gen. 1:2). Cuando el hombre no entiende su impiedad anda en tinieblas (Sal. 82:5; Ecl. 2:13-14). Vivir fuera de Dios es andar en tinieblas (Juan 8:12). Ceguera espiritual (Juan 12:35,46). La llegada del Rey a Galilea fue como un despertar del espíritu, como el encender la luz de la vida, fue un convertir de las tinieblas a la luz y del poder de satanás a Dios (Hch. 26:18). Ese es el propósito inicial del ministerio de Jesús: Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Cor. 4:6). El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (Col. 1:13). Esto no significa que la presencia de Jesús en Galilea trajera la automática conversión de todos, por el contrario, la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz (Juan 3:9). Sin embargo, este pueblo mezcla judío - gentil tuvo la oportunidad de ver la luz de Jesucristo, no solamente una luz, sino “gran luz” (Mat. 4:16), el origen de toda luz espiritual, el mismísimo Rey del reino de los cielos (Juan 1:4-9; 8:12; 9:5). Mateo continúa citando a Isaías (9:1-2) para especificar la obra de la luz que llegó a Galilea; su función era dar vida, que a los asentados en sombra de muerte les resplandezca la luz. El Reino de los cielos consiste en dar una nueva vida, es oportunidad de empezar otra vez. El Reino de Dios no mejora la vida, sino que produce una nueva.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:17

Comentario general

4.17 Además de las causas expresadas en los dos versículos anteriores, el mensaje de Jesús es la continuación del mensaje de Juan el Bautista. Por la inminencia del Reino se hace urgente la conversión del hombre. Jesús como Rey estaba transitando el camino que su precursor Juan había preparado.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:18

Comentario general

4.18 Un reino no existe sin súbditos, era indispensable para el Rey tener un grupo de seguidores más íntimo que las multitudes. Por un lado, eran su gente de confianza y apoyo en el ministerio; por el otro, constituían la estrategia para la extensión del Reino de los cielos. Jesús caminaba junto al mar de Galilea y su precursor Juan, desarrolló su ministerio en el desierto junto al río Jordán; parte de su obra consistía en bautizar a quienes se arrepentían de sus pecados; el bautismo simboliza la muerte, la sepultura y la resurrección; sin embargo, en realidad Juan no trajo resurrección, su bautismo era sólo por arrepentimiento para perdón de pecados (Mr. 1:4), mientras que Jesús, continuando la obra de Juan si tiene la resurrección, Él es la resurrección y la vida (Juan 11:25). Juan sepultó simbólicamente con su bautismo la dispensación anterior, la vida legalista y religiosa, bautizaba en el Jordán a los judíos y fariseos; Jesús camina junto al mar de Galilea, trae la nueva vida al mar que simboliza naciones, trae la resurrección a todo el mundo, a “Galilea de los gentiles”. Juan predicó en el desierto, símbolo de la religión legalista, de la sequedad de la letra sin espíritu (2 Cor. 3:6); mientras que Jesús predicó junto al mar, a fin de comenzar la gran pesca universal del Reino de los cielos; trajo un mensaje de vida no de sequedad, no sólo a judíos, sino al mundo entero. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida (Jn.6:63). Andando junto al mar vio a dos hermanos. El Reino de los cielos se compone de eso, de hermanos. Es claro que el texto se refiere a que Pedro y Andrés eran hermanos carnales, sin embargo, el texto no dice que Jesús vio a Simón y a Andrés, los cuales eran hermanos (como lo dice Marcos 1:16); sino que el texto griego de Mateo literalmente dice: Y cuando andaba junto al mar de Galilea, vio dos hermanos, Simón el llamado Pedro y Andrés el hermano de él. Con la segunda parte del versículo es suficiente para señalar su parentesco; tal insistencia o repetición nos permite tomar como enseñanza espiritual que el Reino de los cielos se compone de hermanos espirituales, se basa en la fraternidad; todo aquél que recibe a Jesucristo es hecho hijo de Dios y se constituye en un hermano más, dentro de la familia de Dios. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (Ef. 2:19). Jesús vio dos hermanos, pero además vio su profesión: eran pescadores. Personas idóneas para la comisión de extender el Reino de los cielos. Acostumbrados a pasar largas horas de espera en el mar, a soportar el sol del día en la espalda y el frío de la noche en los huesos, a calmar su hambre y sed con la esperanza de una buena pesca, a seleccionar el lugar y el método más propicio para pescar, a clasificar los peces, a sufrir el fracaso sin desaliento, a intentarlo una vez más y otra y otra y otra vez, a sacrificar familia y comodidades por un oficio, a tener una buena pesca sin perder la cabeza. ¿Dónde encontraría Jesús mejor material para comenzar a edificar el reino que en las orillas del mar? ¿Dónde hallar mejores soldados? Tiempo después, otro hombre se agregaría a la lista con un agradecimiento a Jesús por su buena visión, por haber visto oro a través de una cubierta de barro; el apóstol Pablo, sus agradecidas palabras responden por todos: doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio (1 Tim.1:12). Mas no vio Jesús sólo a dos hermanos pescadores, Él los conoció por su nombre: Simón y Andrés. Mateo menciona primero a Simón y después a Andrés, en realidad fue Andrés quien trajo a Simón: Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo) (Juan 1:40-41). Mateo no menciona esto porque su propósito es mostrar el establecimiento del Reino de los cielos, mientras que para Juan, su propósito es mostrar la vida a través del hijo de Dios. Mateo está preocupado por mostrarnos los súbditos que edificarán el Reino; Juan, por otro lado, desea hacernos ver cómo la vida del Hijo de Dios alcanzó a cada persona, en este caso, a Pedro, a través de su hermano Andrés. El texto de Juan menciona la primera vez que Andrés y Pedro tuvieron contacto con Jesús, éste fue después de oír a Juan el Bautista. El texto de Mateo es la segunda vez que Pedro y Andrés tienen contacto con Jesús, como ya lo conocen, puede seguirle inmediatamente (vr. 20). Mateo menciona primero a Simón por el énfasis de su evangelio con respecto al Reino, ya que Simón es un nombre hebreo, mientras que el de su hermano Andrés, es griego; En otras palabras, el Reino de los cielos primero viene a los judíos y después a los gentiles. Luego, el evangelista aclara que el Reino viene primero a Israel: A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado (Mat. 10:5-7). Incluso el mismo evangelista Mateo relata la vez que una mujer gentil fue originalmente rechazada al venir al Señor, ya que Jesús venía a “las ovejas perdidas de la casa de Israel”; mas ante su insistencia, la mujer es socorrida por el Rey Jesús (Mat. 15:22-28). El Evangelio de Mateo se dirige a los judíos y tiene el cuidado de poner en orden incluso los nombres, según el propósito de su autor; primero Simón el nombre hebreo y después Andrés, el nombre gentil. Con todo, no discrimina excluyendo a los gentiles del reino, por el contrario, los pasajes antes citados, muestran el misterio de la inclusión gentil en el reino de Dios (al respecto puedes leer: Hch. 1:8; 3:26; 13:46; 18:6; 26:20; 28:25-28; Rom. 11:11-15, Ef. 3:4-6). Analizando a los dos primeros que fueron llamados al discipulado, a Simón y a Andrés, encontramos algunas enseñanzas: Primeramente, Simón. Es la forma helenizada del nombre hebreo “shim´on” (Simeón), Simeón significa “que ha oído”. Simón oyó a Jesús, mas, en relación al reino de los cielos, su nombre debía ser Pedro. Pedro, del griego “Petros”, significa un “trozo de roca”, una piedra. Pedro es una piedra de lenta formación que es útil para la edificación del reino de Dios. Dicho reino está edificándose. Sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Ef.2:20). El Reino de los cielos está fundado sobre la confesión apostólica: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! que declaró Simón y por la cual su nombre fue cambiado al de Pedro (Mat. 16:16-18. Más adelante, cuando analicemos este texto, ampliaremos la explicación). Pedro, además, es el primer pescador en “tirar la red” a través del mensaje evangelístico en Pentecostés, a él se le dieron las llaves que abrieron el Reino de los cielos (Mat. 16:19); a los judíos (Hch. 2:14) y a los gentiles (Hch. 10:34). A diferencia de su hermano Andrés, Pedro no fue discípulo de Juan el Bautista. Ambos dejaron las redes físicas para seguir las espirituales. Andrés, por su parte, es un nombre griego que significa “varonil”, Andrés es el hombre enlace, el valiente que una vez que encuentra al Mesías, corre a traer a otros a Él (Juan 1:40-41). Es el hombre que no sobresale, no le importan los créditos, no desea figurar, sino hacer que otros puedan ver a Jesús. Fue el primero en venir al Señor, mas se conforma con ocupar segundas partes. Es el atrevido que deja al profeta antiguo para seguir un reino nuevo, siempre y cuando éste sea el de los cielos. ¡Es el que sabe dejar lo bueno por seguir lo mejor!, además de compartirlo con los demás. Pescador y ex-discípulo de Juan, muy idóneo para el reino de Dios. Respecto de Andrés, debemos decir que fue el primer llamado; el primer hombre llamado por Jesús a seguirle como discípulo y luego como apóstol. Hay personas a quienes les gusta traerse a sí mismo únicamente. Traen sus problemas y sus demandas; traen sus quejas y sus frustraciones. Pero Andrés trajo tres cosas a Jesús: Primero, trajo a su hermano Pedro: apóstol edificador, es decir, trae piedras para la edificación d ela Casa de Dios. Venía de ser discípulo de Juan el Bautista, así que escuchó cuando Juan llamó al Señor “el Cordero de Dios”. Llevaba más trayectoria que Pedro y si no pudo convencer a Pedro de seguir a Juan, ahora era posible que lo persuadiera de seguir a Jesús. Debía ser un hombre muy fiel y aunque es tenido por introvertido, era decidido. No cualquiera podía ser discípulo del extremista Juan. Como edificador acercó a la más célebre de las piedras. Al gran apóstol Pedro. Dispuesto a ser segundo para producir a otro. Nunca fue el hijo de Jonás, sino el hermano de Pedro. Vivió a la sombra de su hermano; no es visto como heredero de su padre ni como discípulo sobresaliente. Al traer a Pedro no se detuvo a pensar que él debía ser primero. No dijo: “para que llevo a mi hermano, él es muy impulsivo, o me pone en vergüenza o me va a hacer a un lado. Mejor crezco primero yo y cuando no me pueda desplazar lo traigo a él”. En segundo lugar, Andrés trajo los cinco panes y los dos peces para el milagro de alimentar a una multitud. Con esto, es apóstol de prosperidad, pues tajo alimento. Como proveedor no se quedó con los cinco panes y dos peces. No pensó: “hay muy poca comida, este alimento de cinco panes y dos peces va a ser para mi hermano Simón y para mí”. Comprobó que Cristo es el pan de vida capaz de alimentar al mundo y la fuente de toda abundancia. Jesús recostó a la multitud, postura propia de hombres libres. Andrés entiende la libertad y posee una mente más abierta a la cultura mundial. En tercer lugar; Andrés trajo a unos griegos que buscaban a Jesús. Esto lo hace, por decirlo así, el primer apóstol de los gentiles, uno que trae al mundo a Cristo. El nombre de Andrés es griego; algo extraño si consideramos que su padre se llamaba Jonás y su hermano Simón; además de que eran pescadores en el mar de Galilea. No dijo: “mejor no le llevo esos griegos a Jesús; no me vayan a relacionar con ellos y me expulsen de entre los doce. Recuerdo que a la mujer sirofenicia le llamó perrillo”. Andrés fue el primero en entender la misión del Señor al mundo entero. Cristo le dijo al traerle a los griegos: “si el grano de trigo cae y muere lleva mucho fruto”. Según la tradición eclesiástica, después de la muerte del Maestro, en tiempo de Pablo, Andrés se fue como apóstol a los griegos.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:19

Comentario general

4.19 Nada vale más que el alma, de hecho, este principio forma parte de los instintos humanos, cuando el hombre tiene que escoger entre su vida y cualquier otra cosa, en el momento decisivo del peligro, escoge su vida. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O que recompensa dará el hombre por su alma? (Mat. 16:26). El más loable trabajo al que puede dedicarse el hombre, una vez que ha conocido a Jesucristo, es a ganar almas para el reino de Dios. Si Dios puede morir por ello, tu puedes vivir también por lo mismo. Conviene ver la actitud de Pedro y de su hermano Andrés ante el llamado del Maestro. Jesús hacía un llamado general al arrepentimiento (verso 17), pero a estos humildes pescadores, el llamado era mucho más personal, directo y encaminado al servicio. Para comprender mejor esto, permíteme ampliar un poco más la explicación. Ser un pescador en ninguna época ha sido fácil ¡y menos en la Palestina del primer siglo! Por el contrario, era duro y agotador; lleno de fatiga, desvelos, esfuerzos. Conocer las diversas técnicas, así como condiciones del mar y del tiempo requería de mucha experiencia. Sus manos eran callosas y su piel curtida por el agua, el viento y el sol. Los pescadores era hombres recios y ásperos, pero también esforzados y valientes. Pedro y Andrés, lo mismo que algunos otros de los discípulos, eran pescadores. Esto dice mucho de su carácter. Consideremos dos situaciones mencionadas en los evangelios, para algunos es la misma experiencia desde diferente perspectiva; para otros es una situación distinta. Lo cierto es que hallamos grandes enseñanzas entre ambas. La primera se encuentra en el evangelio según Mateo y la segunda en el evangelio según San Lucas. Ya leímos: Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron (Mateo 4:17-19). Al ver cómo Pedro deja todo y sigue al Maestro, no podemos dejar de preguntarnos qué fue lo que le impresionó tanto. Pedro no era de los impresionables que siguen a cualquiera. ¿Podrías tú dejar todo y seguir a un joven rabino recién conocido a la ventura? Lucas nos da en su evangelio algunos detalles adicionales que explican esto mismo: Pedro vio un milagro, vio que el Maestro logró en un instante sin ser pescador, lo que él procuró toda la vida sin conseguirlo. Una pesca sobrenatural. Hacemos mal cansándonos sin Cristo pudiendo vivir mejor. Crispamos los nervios al máximo sólo para terminar reconociendo que Cristo lo hace mejor. Hasta que vemos esto comenzamos a seguirle. Mientras estamos empecinados en conseguirlo por nosotros mismos sin Dios, hacemos de nuestra vida un constante cansancio de luchas y afanes. ¿Cuántos días más durarás en la barca? ¿Hasta cuándo reconocerás que tu mejor esfuerzo no es suficiente? Si miras tu milagro comienzas tus mejores pasos. El segundo pasaje reza: Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron (Luc. 5:1-11). El Maestro vio a Pedro como alguien que todavía podía conseguirlo. Jesús vio dos barcas a la orilla del lago y a Pedro lavando redes. Como quien ha terminado, pero todavía debía regresar al lago; todavía podía pescar. ¿Captas la escena? El Maestro vio una gran multitud hambrienta y a un pescador con enorme potencial sintiéndose fracasado lavando redes en la orilla con la barca fija. ¿Estás lavando tus redes? ¿Anclaste tu barca? Hacemos esto cuando nos rendimos dejando de soñar. Es la actitud de «hice lo mejor que pude y no fue suficiente». Todos comenzamos la vida soñando, nos pusimos capas y volamos como superhéroes en la infancia, pero las barcas vacías nos robaron esos sueños y un día las dejamos fijas a la orilla conformes con lo que llamamos «nuestra realidad». Pero Dios ve en ti algo muy diferente, Él ve a quien todavía puede lograrlo. Vio el potencial de Pedro y mira el tuyo también. También en el fracasado hay un campeón. No laves aun tus redes que volverán al mar. No ancles tu barca porque volverás a pescar. No te rindas todavía, toma nuevamente los remos y espera nuevo viento para tus velas. Hay un milagro en tu futuro, pues Dios dice que saldrás de esta y vendrá lo mejor. El Rey vio también a dos hermanos y con ellos, otra oportunidad. No solo Pedro, sino a dos hermanos. Vio la unidad de la familia trabajando; figura de la iglesia sirviendo. No los vio rendidos; ni llorando el fracaso; sino a dos guerreros afilando sus armas para la próxima batalla. El crítico podría decir de ellos: -mira, no trajeron nada después de una noche de pesca. Pero el crítico no ha estado en el mar y no conoce de éstas cosas. Cualquiera puede hacer mofa del aparente fracaso ajeno cuando sus pies no tienen la sal del mar. ¡Qué saben lo que no se arriesgan! Pero Dios no te ve así, pues Él sabe de riesgos. Quien baja del cielo a la tierra comprende a quienes bajaron de la tierra al mar; y, lo que es mejor aun, todavía confía en ellos para verlos triunfar. Así te ve a ti también. Conoce tus lágrimas, pero confía en tu potencial. Potencial que, dicho sea de paso, Él mismo depositó en ti. Sabe cómo te creó y de lo que eres capaz. No se espanta de lo bajo y está esperando lo alto. No eres basura, Dios no hace basura. No eres un fracaso, Dios no fracasa nunca. A pesar de tus relaciones rotas, Él sigue viendo a los hermanos juntos a la orilla del mar. Confía en la restauración de tus relaciones. El Rey vio peces donde otros no los ven. La orden hacia Pedro fue ir más adentro; los peces no están en aguas bajas. La pesca está mar adentro, es la orden a ser profundo; a ir más allá; el éxito no está en la orilla. Fracasar suele ir de la mano con evadir lo genuino, lo auténtico. Es quedarse por encima en lo aparente. No llegarás a ser quien debes ser fingiéndolo. Jesús ve peces donde ojos expertos de pescadores no pudieron verlos; Él mira en ti potencial que otros no pueden ver. Pero solo Él tiene la Palabra para sacar la pesca, no puedes sin Él. Si pudieras ver lo que Dios ve sobre ti no te preocuparías nunca más en tu vida. El Rey vio que tenían redes y no anzuelos. Jesús conocía sus corazones y supo que no estaban jugando. Pudo ver en éstos hombres a esforzados apóstoles. Era evidente que no se conformaban con poco, pues no llevaban anzuelo, sino red. No querían el sustento de un día, sino la posibilidad de comercializar por mucho más. Tenían un corazón en pro de la abundancia; aptos para el reino de Dios y lo que se habría de requerir en la pesca de almas. Este es el carácter que define a los verdaderos siervos de Dios; el anhelo de alcanzar a todos y no solo a unos cuantos. Nada es más ambiciosa que la salvación: siempre dice «uno más». Por eso los llamó a ellos, necesitaba gente con red. Amplía tu horizonte y la gloria te hallará. Empequeñecerse no es humildad, sino incredulidad. El Maestro vio que eran pescadores. La aguda percepción del Maestro supo que éstos hombres no se dedicaban a la pesca por deporte ni estaban pasando una noche de fin de semana; sino que tenían oficio. Eran pescadores. Tenían callos en las manos y su piel estaba curtida por el viento, el sol y la sal. Eran pescadores en toda la extensión de la palabra. Su corazón estaba habituado a la cacería, por decirlo así. Iniciaban la persecución y no paraban; nada más necesario para el servicio apostólico. Con frecuencia los creyentes ruegan a Dios ser útiles en su reino, pero pocos tienen esa clase de hambre de conquista que caracterizaba de oficio a los discípulos; seguir la presa; insistir en discipular. No soltar un alma hasta llevarla al conocimiento de Cristo y aun más allá, a que sea formado Cristo en ella. Dios anda en busca de gente con olfato para cazar; tercos santos. El Rey vio que la obediencia de uno es la bendición de muchos. Los doce experimentaron la emergencia del llamado, a la que fueron sometidos una vez que por la Palabra de Cristo recibieron la abundante pesca: hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Dicho sea de paso, cuando tu barca parece hundirse es cuando tendrás la más grande pesca. Distingo la bendición de Dios del fruto humano en que rebasa mi posibilidad de retenerla. Pero volviendo a la escena, cuando uno obedeció, todos fueron bendecidos. La pesca no quedó solo en quien puso en práctica la Palabra, sino en el resto de los doce y en los pescadores de la otra barca. Estar cerca del bendecido permite recibir su bendición. La obediencia de uno hace bien a todos. El mundo tiene buena fortuna al tener a la iglesia en él. ¿Aprecias el valor de tu obediencia? Si las consecuencias de la desobediencia dañan a otros; pues mucho más la obediencia a la justicia bendice a todos. No tomes a la ligera tus actos, son parte de un todo. Tu hambre te llevará a pescar y tu pesca saciará el hambre de muchos. Es el principio de la obediencia. Por ti y por otros, ¡síguelo! Pero el Rey no solo vio, también habló; y lo que dijo fue impresionante. Parece decir: “que tu oficio sea mi púlpito”. Usó la barca de Pedro para predicar sobre ella. La multitud impedía la enseñanza del Maestro, así que puso espacio de por medio mediante la barca de Pedro. Pedro era pescador y una de las principales herramientas del mismo es la barca; así que pedirle a Pedro su barca es pedirle su oficio para predicar desde allí. Dios habla desde barcas lo mismo que desde fábricas y escuelas. ¿A qué te dedicas? ¿Sabes que Cristo desea tu oficio para llegar al mundo desde él? Tu trabajo no es ajeno al reino de Dios, sino por causa del reino de Dios. Úsalo bajo sus principios de excelencia y por sus propósitos de vida. No pienses que Dios te ayudará en tu trabajo tanto como que tú favorecerás los intereses de Dios con el mismo; es decir, no trates de usar a Dios para el beneficio de tu trabajo; sino que debes usar tu trabajo para el beneficio de los propósitos de Dios. Si Pedro hubiera negado su barca al Maestro miles se habrían perdido su Palabra y Pedro su destino; ¿tienes idea de lo que te pierdes cuando dejas a Dios fuera de tu profesión? En última instancia, hay una sola profesión: el reino de Dios y nuestros oficios sólo existen para hacerla realidad. El Rey también dice que te esfuerces un poco más. Boga -le dice. Pedro ya quería irse, eran demasiadas horas y esfuerzo, sin contar con la frustración de la falta de resultados. Estaba por rendirse. Todos hemos tenido un día así (por no decir que muchos); en el cual pensamos en rendirnos y nos preguntamos si la barca fue una buena idea. ¿Pedro tenía razón? Humanamente podría ser, pero no desde los ojos del Maestro. Sólo Él vio la utilidad del hombre y sólo Él sabe que puede volverlo a intentar. ¿Sabes tú que puedes volver a intentarlo? Un esfuerzo más, arrojar la pesca por lo menos otra vez. Esta vez será diferente. Tus músculos soportan otro intento, lo mismo que tus nervios. Una gran pesca requiere un esfuerzo adicional. Boga –te dice. Tienes todas las razones para colgar los remos, pero también existen todas las oportunidades para volverlos a tomar. La mayoría de los éxitos perdidos estuvieron a instantes de ser por una rendición. Jesús dice que te espera un futuro mejor. ¿Qué caso tiene intentarlo otra vez? –puede pensar quien ha fracasado una y otra vez. Pero la respuesta no está tanto en la pesca como en la transformación del pescador. Lo que obtienes no es tan importante como lo que llegas a ser; como tampoco lo que tienes es mejor que lo que eres. El esfuerzo extra de Pedro hará de él un ser extraordinario: desde hoy serás pescador de hombres –prometió el Señor. El anónimo de un lago galileo se convirtió en el famoso apóstol Pedro que todo el mundo ha conocido. El Maestro lo cumplió, Pedro nunca más fue el mismo. Hoy el mundo entero conoce su historia porque estuvo dispuesto a arrojar la red una vez más. ¿Estás dispuesto tu? Lo que te separa de tu grandeza es un lanzamiento extra. Controla tus emociones y vuelve a intentarlo. Además, el Maestro los invitó a venir a Él. Venid a mí –estimuló. El verdadero cristianismo no procura traerte a un lugar tanto como a una comunión, la comunión con Dios. Con esto resuelve el problema más grande de todos: la necesidad de ser amado. La idea de que la fe cristiana se trata de ir al cielo es una distorsión de la verdad. Detrás de las promesas y de las recompensas existe la verdadera causa del evangelio: Dios te ama y desea tu compañía. Por ello, antes de llamarlos a predicar, el Maestro los llamó a acompañarle; como registra el evangelista Marcos, cuyas palabras sacó del mismo Pedro: -y estableció a doce, para que estuviesen con Él, y para enviarlos a predicar (Mar. 3:14). La prioridad es la comunión con Dios y el resultado servirle. Es más importante que estés con Él que lo que haces por Él. Amarle lleva a servirle. No todos los siervos aman, pero todos los amantes sirven. El Rey, lleno de autoridad, les prometió esencia: Los haré –por estar con Él somos hechos como Él. No los llama tanto a hacer como a ser; el cristianismo antepone el bien ser al bienestar, no porque descuide el bienestar, sino porque el bienestar es resultado del bien ser. En la filosofía del Maestro, el vaso se limpia de dentro hacia fuera. Nos ama porque llegamos, pero no cómo llegamos; así que nos mejora a partir de volver al diseño original. Él es el modelo. La luz ilumina, es su esencia. Dios perfecciona, es su naturaleza. La misericordia pasa por alto la condición, pero el amor la mejora. El perdón olvida; pero el amor cambia. No hay amor verdadero en conformarse a la ruina del amado. Con todo, más que exigir al otro cambiar, el amor se da a si mismo para que ambos sean lo que deben ser. Y como es de esperarse de un Rey cuyo reino es eterno, les prometió un gran destino: Pescadores de hombres –Más allá de lo que eres, lo que debes ser; y más allá de lo que has hecho, lo que fuiste diseñado a hacer. Pedro pudo haber pensado alguna vez que se dedicaba al oficio de su vida, pero los años no autentifican la vocación. Podrías estar toda la vida dedicándote al oficio equivocado simplemente porque las circunstancias te empujaron. No se trata de dedicarse a algo por la necesidad de comer o pagar cuentas, sino de tener propósito. Propósito y destino que en Cristo sabemos se trata de salvar a otros. Piensa en el médico y en el bombero que salvan el cuerpo; ahora considera al pescador de hombres que salva almas. Los unos se alegran por conceder la oportunidad de unos años más de vida en este mundo; pero el pescador de hombres se regocija de dar en Cristo vida eterna. De los millones de humanos que pueblan el planeta, ¿cuántos tendrán conciencia de destino eterno? Y de éstos, ¿cuántos tendrán la conciencia correcta de Dios para ellos? Pedro lo supo hasta ese día y tu lo sabes hoy: no estás en la lucha de la satisfacción de tu carne y ni siquiera en la batalla por tu alma; sino en el oficio de salvar a los demás llevándolos a Cristo. Por todo lo que vio y dijo ese día, es posible que entendamos lo que el Rey causó: Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jeshúa dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron (Luc. 5:8-11). Cayó de rodillas ante el Maestro reconociendo ser pecador. Conocer a Cristo no solo trae una profunda admiración por lo que Él es, sino también una dolorosa introspección por lo que uno es. No sé que impresionó más a Pedro, si lo uno o lo otro; pero a partir de ese momento fue confrontado con el espanto del pecado. Reconoció la santidad del Señor y su propia indignidad. Con frecuencia algunos reconocen sólo el milagro, se van llenos de peces, pero siguen en sus pecados. ¿Acaso crees que la pesca se trata de llenar el vacío en el estómago de pecadores? No. La pesca milagrosa buscaba que el pescador conociera el vacío de su alma para llenarlo de Cristo. Todo milagro guarda un principio semejante: impresiona para presionar; satisface para vaciar; bendice para salvar. Ese día el pescador cayó de rodillas ante el Salvador reconociendo su condición. Nunca había sido tan grande como de rodillas y jamás había tenido alas tan grandes como el arrepentimiento. Irónicamente, cayó de rodillas ante el Salvador pidiéndole que se apartara de él. En el espanto de nuestra realidad hacemos locuras. Pedro supo que estaba ante el Santo de Dios y le pidió marcharse. Es una ironía caer a los pies del Señor para solicitarle que se vaya. El temor hace esto. Hay quienes tratan de correr a Dios de sus vidas con sus oraciones, se sienten indignos y piden absurdos. ¿Cómo le pides que te deje? ¿Acaso no dejó su cielo para venir a buscarte? ¿Cómo te deshaces de tanto amor? No llegó hasta ti para dar la vuelta a tu primera torpeza; el viaje fue demasiado largo y costoso para desperdiciarlo. Se hizo Hombre, así que nada de tu humanidad le espanta. Pedro, como el resto de los doce, dejaron todo para seguir al Rey. Pedro supo que tenía un nuevo destino: sería pescador de hombres. Comprendió que no puedes seguir siendo tu y ser cristiano.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:20

Comentario general

4.20 Una sola es la cuerda del reino y hay que agarrarla con ambas manos soltando todo lo demás. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron (20) –dice el versículo que no ocupa. Al instante, todo, de una sola vez. ¿Cómo borras en un instante toda una vida? No es posible, solo la dejas atrás y sigues caminando. Antes el propósito era conseguir peces para el comercio; ahora almas para el reino. Los discípulos reaccionan de inmediato. Dejaron al instante las redes. No fueron a casa a meditarlo y tampoco las fueron dejando poco a poco. No las dejaron un día sí y otro no, sino al instante las dejaron por completo. ¡Déjalas al instante! Los discípulos dejaron las redes de este mundo. Las redes para Pedro son su lugar de confort, lo que él domina; dejarlas es cambiar de oficio y de confianza. Dedicarte a Cristo pescando o no. No dejaron las redes del lago por un martillo de la carpintería o un banco de los tributos, sino para seguir al Señor. Es como estarse cayendo y tener que soltar una rama para tomarse con ambas manos de tu Padre. Fue un momento decisivo en la vida de estos dos hombres, no había tiempo ni de despedirse de su familia, no pudieron siquiera hacerle un banquete de despedida como hizo Eliseo antes de seguir a Elías (1 Reyes 19:21). El llamado fue tan poderoso que no quedó otra que seguirle al instante e incondicionalmente. Esto es negación a uno mismo, decisión y acción. Pedro y Andrés dejaron las redes, dejaron su profesión, dejaron su vida tal y como la conocían. Quien es llamado, habrá de negarse a sí mismo; cada quien tiene “una red” diferente, ¿qué te estorba y debes dejar para servir al Señor? ¿Cuál es tu red? En ocasiones el medio para ganarse la vida se constituye en el medio para perderla; en ocasiones la red destinada a los peces termina por aprisionarlo a uno, la diferencia radica en la actitud ante el llamado de Dios, en obedecer o desobedecer, en dejar o ser poseído, en poner todo a la disposición del Rey o convertirse uno mismo en esclavo de su propia ruina. Pedro y Andrés, por la fe, dejaron las redes para seguir al Rey, mas en ello ganaron todas las cosas; al negarse a sí mismos se encontraron, y más aún, encontraron al Señor. Para seguir el llamado al ministerio, no se requiere salir del país, del estado, ni siquiera del pueblo, un verdadero ministro sólo tiene que ir más allá de sí mismo. Pedro y Andrés tuvieron decisión, pues al instante dejaron las redes para seguir a Jesús. No lo hicieron después de lavarlas y colgarlas, ¡ni siquiera las recogieron del mar!, tampoco encomendaron a otros su oficio, mucho menos fueron como Gedeón que interponía excusas y demandaba señales (Jueces 6), ¿qué más señal se requiere que ser llamado directamente por el Señor? El llamado era urgente, Jesús no había dicho “si vienen en pos de mí”; Él había dicho “Venid”. Tal llamado demandaba una decisión igualmente urgente. No hay nada tan digno de lástima como “el hombre de doble ánimo, que es inconstante en todos sus caminos” (Stg. 1:8); por un lado desea seguir las pisadas del nazareno, y por otro, se resiste a abandonar el mundo. Seguir a Jesús, más allá de la salvación, seguir a Jesús para el ministerio, es el privilegio más grande que puede tener el ser humano. Ganar almas es una labor encomendada al hombre que le exalta por encima de los ángeles. Porque ciertamente Él no tomó para sí a los ángeles, sino a la descendencia de Abraham (Heb.2:16). A estos (los profetas) se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles (1 Pedro 1:12). Arthur T. Pierson, comentó en “Moody Monthly”: “Los hombres tienen que terminar la obra de los ángeles. Pedro pudo hacer más por Cornelio de lo que pudo hacer el ángel. Por pobre que yo sea como predicador, puedo predicar el Evangelio mejor que Gabriel, porque Gabriel no puede decir: Soy un pecador salvado por la gracia.” Pedro y Andrés, además de negarse a sí mismos y ser radicales en la toma de decisión, tuvieron acción. Además de dejar al instante as redes le siguieron. De nada sirven los buenos propósitos si estos no están acompañados de acción, ¿de qué nos hubiera servido que Dios deseara salvarnos si no hubiese enviado a su Hijo al mundo? Es muy probable que el cielo se llene con gente bien intencionada, aunque llena de faltas, pero es más triste que el infierno se llene con personas bien intencionadas que jamás tomaron la decisión por Cristo. Para cualquier empresa en la vida se requiere acción, cuánto más, cuando se trata de obedecer el llamado del Rey Jesucristo. Se cuenta que en cierta ocasión, el emperador Napoleón, ante sus guardias, explicó que necesitaba un hombre capaz de morir por él, enviándole a una comisión muy peligrosa. -Me volveré de espaldas un minuto para que decidáis. El que quiera ir a una probable muerte por mí, dará un paso adelante. Y se volvió. Cuando de nuevo tornó a su primera posición, toda la línea seguía igual. Espantado exclamó: -¿Es posible? ¿Nadie quiere entre mis fieles guardias…? -Señor; es que todos a la vez han dado el paso adelante -explicó lleno de orgullo el capitán de los guardias. Iglesia, Dios llamó un día a Pedro y a Andrés, mas su voz no ha parado aún, ¡que todos demos un paso adelante ante el llamado divino a ganar almas!

— Roberto Tinoco

Mateo 4:21

Comentario general

4.21 Los dos siguientes discípulos en ser llamados fueron Jacobo y Juan, ambos hermanos. Ellos no estaban echando la red en el mar, como Pedro y Andrés, ellos estaban en la barca, remendando sus redes. El ministerio de Jacobo y en especial el de Juan, pues Jacobo murió demasiado pronto, vendría a ser el de “remendar” la iglesia. Si contemplamos los escritos de Juan encontraremos su interés por corregir los agujeros de la iglesia; su énfasis por la vida para contrarrestar la muerte espiritual; la reiteración del amor en la vida cristiana para evitar la desunión de la congregación; la santidad contra el pecado que debilita el cuerpo de Cristo; y la permanencia en la verdad a fin de que no se introduzca el error y la maldad en la iglesia. Todo esto es un ministerio de restauración. A Jacobo y a Juan no les prometió ser pescadores de hombres, sólo los llamó. Hoy, la iglesia está requiriendo de esas dos clases de siervos, de pescadores y de remendadores de redes; de personas que echen la red del Evangelio, pero también de personas que estando en la barca, en la Iglesia, trabajen en sanar las heridas que surjan en la batalla. Lo mismo que para pescar almas, la restauración es un ministerio para todo creyente. A todos se nos llama a predicar el evangelio y a preservar la unidad de la Iglesia. Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación (Ef. 4:1-4).

— Roberto Tinoco

Mateo 4:22

Comentario general

4.22 Jacobo y Juan dejaron, además de su profesión, a su familia. Una vez que se ha conocido a Dios todo pasa a segundo término, Jacobo y Juan también tuvieron que romper los lazos familiares lo mismo que Jesús. La vida en el reino de Dios es espiritual y no guarda relación con el presente orden material. Cabe señalar que estos dos hombres pertenecían a una familia acomodada o de buenos recursos financieros, hijos de Zebedeo y de Salome (hermana de la madre de Jesús). El padre, Zebedeo, poseía barcos de pesca y tenía jornaleros a su servicio (Mar. 1:19-20), de modo que la invitación de Jesús a seguirle constituía dejar a su familia y a sus bienes. Tiempo después, Pedro habría de preguntarle al Rey Jesús: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué hay pues para nosotros?” Esta fue la respuesta del Señor: de cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna (Mat. 19:27-29). ¡Vale la pena seguir a Cristo! El nombre Jacobo es la forma griega de Jacob, traducido en castellano como Santiago y Jaime. La etimología de Jacob es “aquél que toma por el talón; el que suplanta”. Como Jacobo no es un suplantador es llamado “Jacobo, hijo de Zebedeo”; pues Zebedeo es la forma griega del hebreo Zebadyah, que significa “Yahwéh ha dado”. Jacobo es un don de Dios a la iglesia que servirá en el ministerio de la restauración y del liderazgo. Por ello el texto no dice Jacobo y Juan hijos de Zebedeo, sino que la transliteración griega es: Y pasando de allí, vio otros dos hermanos, Jacobo el de Zebedeo y Juan el hermano de él. Por su parte, Juan, en griego Ioannes, y del hebreo Yohanan, significa “Yahwéh ha hecho gracia”. Eso fue Juan para el reino de Dios, y eso mismo hizo Dios en la vida de Juan y de Jacobo, gracia. Antes de ser transformados por la gracia, Jesús hubo de apodarles “Bonaerges”, “hijos del trueno” (Mar. 3:17), por su temperamento violento, impetuoso y egoísta. Juan fue aquél que reprendió a un hombre que echaba fuera demonios en nombre de Jesús porque no era parte de su grupo (Luc. 9:49); Fueron Jacobo y Juan los que desearon que descendiera fuego del cielo sobre una aldea donde los samaritanos no quisieron recibir al Señor (Luc. 9:52-56). Y fueron estos mismos discípulos, quienes, acompañados de su madre pidieron egoístamente los primeros lugares al lado de Jesús en el reino venidero (Mat. 20:20-24; Mar. 10:35-41). El reino de Dios se compone de esta clase de personas, de Pedros impetuosos y de Jacobos y Juanes egoístas; con todo, una vez que la gracia de Dios se presenta en sus vidas, existe tal transformación que les hace dignos del reino de los cielos, santos y sumamente amorosos. No es la última palabra quién fuiste hasta hoy, cuánto fallaste o cuán malo creas haber sido, por qué lo somos, incluso más de lo que somos conscientes, lo importante es que ha partir de hoy nos entreguemos a la gracia de Dios a fin de vivir para Él.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:23

Comentario general

4.23 La primera frase que aparece en el versículo, como inicio de su ministerio, es “y recorrió Jesús toda Galilea”. El ministerio del Rey nunca fue el de sentarse y esperar que las multitudes viniesen a Él, en realidad, fue Él quien acudía a buscar a las gentes. El amor siempre busca el objeto amado, solo sabe darse y no reclamar, ha sido así desde el principio. Fue Dios quien bajó al huerto buscando restaurar al recién caído Adán con su amorosa pregunta: “Hombre, ¿dónde estás tú?” (Gen. 3:9). Fue Dios, quien ante el gemir de los israelitas oprimidos como esclavos en Egipto, dice el Sagrado texto, “los miró … y los reconoció Dios” (Ex. 2:5). Fue Dios quien repetidamente se acercó a Israel en tiempo de los jueces para liberarles una y otra vez, a pesar de que eran oprimidos por su pecado. Fue Dios quien habló a Samuel para levantarle por Juez, profeta y líder de su pueblo cuando escaseaba la visión y la palabra de Yahwéh a causa de la indiferencia a la fe por parte de los sacerdotes (1 Sam. 3:1-10). Fue Dios quien frecuentemente levantó profetas para guiar a las multitudes. Dios es amor y este es su carácter: Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido; es quien deja las 99 ovejas en busca de la extraviada; es quien vende todo lo que posee para comprar un campo en donde ha hallado un tesoro (Mat. 13:44); o una perla de gran precio (Mat. 13:45-46); es quien ha dejado su gloria para venir a buscarte especialmente a ti. Jesús recorrió toda Galilea porque el amor siempre toma la iniciativa, jamás se arriesgará a la posibilidad de que alguien no escuche el mensaje del reino de los cielos. No importa que se trate de una región de más de 6000 kms.2 y de casi 3 millones de habitantes como Galilea. Fue tal la actividad de Jesús que alcanzó toda Siria, Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y el otro lado del Jordán (Mat. 4:23-24). El ministerio del Rey Jesús fue “enseñar, predicar y sanar”. Primeramente enseñar. Jesús es el Maestro por excelencia; más allá de tener la respuesta a cada pregunta Él es la respuesta. Solamente Él tiene la autoridad para decir: Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo Soy (Jn.13:13). A pesar de que muchos ostenten el título de maestros, la verdad es que no hay ninguno verdadero fuera de Jesucristo. Jesús enseñaba en las sinagogas de ellos (de los judíos). El Rey vino a los judíos. Las sinagogas eran edificios para la adoración e instrucción de la religión judía; literalmente significa “asamblea” y se refiere al “lugar de reunión”. Surgieron a causa del cautiverio babilónico y la destrucción del templo, lo que propició la necesidad de construir casas para reuniones religiosas judías. Probablemente no entró Jesús a las sinagogas como una estrategia para la extensión del reino de Dios, era tan solo su costumbre. Durante dieciocho años Jesús acostumbró asistir los días de reposo a las sinagogas, lo cual se constituye en un gran ejemplo, pues indudablemente que Jesús observó en esos lugares de reunión muchísimas cosas que no le agradaban, lo sabemos porque las denunció durante su ministerio de 3 años; sin embargo, la Biblia no menciona que criticara todo aquello con lo que no estaba de acuerdo, tampoco dejó de asistir porque tuviera diferencias. Se debe asistir a los lugares de reunión congregacionales, ya sea al templo o algún otro sitio, para buscar a Dios con la humildad de saberse tan solo un hermano más. Quien acude a criticar a los demás no encuentra ni a Dios ni a sus hermanos; y no se diga del inestable que deja de asistir, rechazando la invitación del Rey al banquete de su casa a causa de la presencia de alguien a quien no considera digno de estar allí. No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados (Heb.10:25-26). El versículo dice que eran las sinagogas de ellos; después de todo, los lugares de reunión no son por la necesidad de Dios, sino de los hombres. El reino de los cielos se manifiesta a través de la predicación: Jesús predicaba el evangelio del Reino como se ve expuesto a lo largo de todo el evangelio de Mateo. Sabemos que el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder (1 Cor. 4:20), por ello, la predicación de Jesús no estaba basada en palabras persuasivas de humana sabiduría, sino en demostración del Espíritu y de poder (1 Cor. 2:4). No era un merolico, sino que demostró su Palabra con sanidades y milagros. La predicación de Jesús estuvo encaminada a la presentación del Reino de los cielos, predicaba el evangelio del Reino, esto es, predicaba las buenas noticias de que el Rey de los cielos había llegado. Nunca habrá predicación más grata que aquella que exalte y presente al Rey Jesús; cuando Pablo escribió a los Corintios les refiere respecto de su predicación hacia ellos, diciéndoles que les anunció el testimonio de Dios, no con excelencia de palabras o de sabiduría, habiéndose propuesto no saber entre ellos cosa alguna sino a Jesucristo (1 Cor. 1:1-2). La verdadera predicación del reino de Dios es Cristocéntrica. En la carta a los Gálatas encontramos una exhortación sobre el riesgo de predicar algo diferente: mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (Gal. 1:8). ¿Cómo sabemos cuando se trata de un evangelio diferente? Tan sólo léase el texto anterior al citado de Gálatas: No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo (Gal. 1:7). ¡Si no predica a Jesucristo no se trata del evangelio del reino de los cielos! Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras (1 Cor. 15:1-4). En tercer lugar, Jesús sanaba. Y dijimos que esta fue la confirmación de su Palabra a través del Espíritu Santo. La expresión bíblica es: sanando toda enfermedad y toda dolencia. Jesús es el remedio para todo mal, Él es el río de la vida mencionado en Ap. 22; así como el árbol de la vida, cuyas hojas son sanidad para las naciones. La palabra “toda” implica que no importa la enfermedad, Jesús es la salud. Por otro lado, se distingue en el texto entre toda enfermedad y toda dolencia, porque no todas las dolencias son producto de la enfermedad. Proverbios 18:14 dice: El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado? Jesús vino a sanar enfermedades corporales, pero además a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos (Luc. 4:18). Jesús es la esperanza para el alma enferma, la libertad del pecado y la vista espiritual. Mateo 4:23 termina diciendo que Jesús sanaba toda dolencia en el pueblo. Esta es una referencia a Israel, no obstante, resalta la verdad de que Jesús atendía las necesidades de las masas; enseñaba y predicaba, sí, pero no descuidaba el evangelio social; el hombre es alma y espíritu, pero además requiere satisfacer el cuerpo. Si no fuese así, entonces, ¿por qué puso Dios a Adán en el huerto llamado Edén (deleite) después de hacer una creación maravillosa para él? La enseñanza y la predicación son primero, no obstante, se hacen acompañar de la salud del cuerpo. Estemos confiados que Dios tiene cuidado de nuestras necesidades.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:24

Comentario general

4.24-25 El ministerio integral del Rey Jesucristo rindió frutos. El Señor no aceptó la propuesta satánica de la popularidad, rechazó el exhibicionismo y sin embargo, lo siguieron las multitudes; no se trataba de fama humana, de la que adquieren los poderosos o los héroes, sino del mover del Espíritu como un poderoso imán para la satisfacción de las necesidades de la gente. De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro (Pr.22:1). Humanamente hablando, los que seguían a Jesús no eran la mejor concurrencia que se podría pedir, además de la multitud de dolidos, afligidos, enfermos, lunáticos, endemoniados y paralíticos, estaba mucha gente de diferentes regiones, espectadores del circo de los milagros, ¿quién quiere semejante séquito? Jesús los acepta, los ama, el que a Él viene no le echa fuera, a los enfermos y atormentados los sanó y a las multitudes enseñó (Mat. 4:24; 5:1). Le siguió gente de Galilea (ya explicamos el significado espiritual de Galilea). También le siguieron de Decápolis, un Distrito que abarcaba 10 ciudades, eso significa su nombre. El diez es el número cardinal perfecto, 10 simboliza que el reino abarca la totalidad de la tierra, es para “Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). No existe individuo lo suficientemente apartado como para no necesitar el reino de Dios. El Rey ha venido al mundo, no solo a una región. Le siguieron de Jerusalén, la ciudad llamada tres veces santa; su nombre significa “fundamento o posesión de la paz.” Ciudad que no ha vivido en paz, lejos de eso ha vivido en constante guerra. ¡Por fin tenía cerca al Rey de paz! Algunos viven cual Jerusalén, en guerra constante, con su alma, con su familia, con el mundo, con Dios; pero ese no es el diseño divino para el hombre, ¡ha llegado el Rey de paz! La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo (Jn. 14:27). Le siguió gente de Judea, literalmente dice la Sagrada Escritura: “mucha gente”. Los judíos eran personas buscadoras de señales (1 Cor. 1:22), turba sediciosa que lo mismo gritaba ¡Hosanna! que ¡Crucifícale! Leales únicamente a sí mismos, asesinos de profetas; pero eran también almas necesitadas de salvación, buscadores de señales por su hambre de Dios y necesidad de creer, por su sed de ser visitados nuevamente por el gran YO SOY que los sacó de Egipto. Judea se deriva del heteo “Yehudah”, correspondiente al territorio del reino de Judá. Significa “que Dios sea alabado”. Ese era el objetivo de la visita del Rey Jesús, que su Padre fuese alabado. Le siguió gente del otro lado del Jordán. Ya sea el hombre de Judea o de Samaria, del pueblo de Dios o no, su necesidad de Dios es la misma, bien expresó Agustín: “el hombre salió de Dios y no será feliz hasta que no vuelva a Dios.” Hoy es un buen día para atravesar el Jordán del alma y seguir a Jesús.

— Roberto Tinoco

Mateo 4:25

Comentario general

4.24-25 El ministerio integral del Rey Jesucristo rindió frutos. El Señor no aceptó la propuesta satánica de la popularidad, rechazó el exhibicionismo y sin embargo, lo siguieron las multitudes; no se trataba de fama humana, de la que adquieren los poderosos o los héroes, sino del mover del Espíritu como un poderoso imán para la satisfacción de las necesidades de la gente. De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro (Pr.22:1). Humanamente hablando, los que seguían a Jesús no eran la mejor concurrencia que se podría pedir, además de la multitud de dolidos, afligidos, enfermos, lunáticos, endemoniados y paralíticos, estaba mucha gente de diferentes regiones, espectadores del circo de los milagros, ¿quién quiere semejante séquito? Jesús los acepta, los ama, el que a Él viene no le echa fuera, a los enfermos y atormentados los sanó y a las multitudes enseñó (Mat. 4:24; 5:1). Le siguió gente de Galilea (ya explicamos el significado espiritual de Galilea). También le siguieron de Decápolis, un Distrito que abarcaba 10 ciudades, eso significa su nombre. El diez es el número cardinal perfecto, 10 simboliza que el reino abarca la totalidad de la tierra, es para “Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8). No existe individuo lo suficientemente apartado como para no necesitar el reino de Dios. El Rey ha venido al mundo, no solo a una región. Le siguieron de Jerusalén, la ciudad llamada tres veces santa; su nombre significa “fundamento o posesión de la paz.” Ciudad que no ha vivido en paz, lejos de eso ha vivido en constante guerra. ¡Por fin tenía cerca al Rey de paz! Algunos viven cual Jerusalén, en guerra constante, con su alma, con su familia, con el mundo, con Dios; pero ese no es el diseño divino para el hombre, ¡ha llegado el Rey de paz! La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo (Jn. 14:27). Le siguió gente de Judea, literalmente dice la Sagrada Escritura: “mucha gente”. Los judíos eran personas buscadoras de señales (1 Cor. 1:22), turba sediciosa que lo mismo gritaba ¡Hosanna! que ¡Crucifícale! Leales únicamente a sí mismos, asesinos de profetas; pero eran también almas necesitadas de salvación, buscadores de señales por su hambre de Dios y necesidad de creer, por su sed de ser visitados nuevamente por el gran YO SOY que los sacó de Egipto. Judea se deriva del heteo “Yehudah”, correspondiente al territorio del reino de Judá. Significa “que Dios sea alabado”. Ese era el objetivo de la visita del Rey Jesús, que su Padre fuese alabado. Le siguió gente del otro lado del Jordán. Ya sea el hombre de Judea o de Samaria, del pueblo de Dios o no, su necesidad de Dios es la misma, bien expresó Agustín: “el hombre salió de Dios y no será feliz hasta que no vuelva a Dios.” Hoy es un buen día para atravesar el Jordán del alma y seguir a Jesús.

— Roberto Tinoco

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