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Mateo 7

No juzgar a los demás

1No juzguéis, para que no seáis juzgados.🗨 2Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?🗨 4¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?🗨 5¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.🗨 6No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.🗨

Oración eficaz

7Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.🗨 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.🗨 9¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?🗨 10¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?🗨 11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?🗨

La regla de oro

12Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.🗨

La puerta angosta

13Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;🗨 14porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.🗨

El árbol y su fruto

15Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.🗨 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?🗨 17Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.🗨 18No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.🗨 19Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.🗨 20Así que, por sus frutos los conoceréis.🗨

Verdaderos discípulos

21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.🗨 22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?🗨 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.🗨

Edificar sobre un cimiento sólido

24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.🗨 25Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.🗨 26Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;🗨 27y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.🗨 28Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;🗨 29porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Mateo 7:1

Comentario general

7.1 Los primeros versículos de este capítulo tratan acerca de las relaciones entre los súbditos del reino. Con estas palabras, el Señor Jesús no está invalidando el juicio tribunal gubernamentalmente constituido. La Biblia está a favor de las leyes, juicios y autoridades (Rom. 13:17). Tampoco está prohibiendo el juicio eclesial, pues la iglesia tiene autoridad para ejercer juicio en situaciones de disciplina (1 Cor. 6:1-5). Lo que el Rey sí está prohibiendo son los juicios individuales, la crítica personal. ¡Y vaya que es difícil obedecer este mandamiento! ¡Cuán fácilmente juzgamos ligeramente! Es tan sencillo que quien se cree a sí mismo ser Goliat tenga en poco a un David (lo mismo le pasó a Saúl) (1 Sam. 17:33,42). Jesús habló de no juzgar. Juzgar es la traducción del griego “Krino”, que significa “separar, hacer distinción entre dos o más alternativas.” Por lo que en el caso que nos ocupa, el enjuiciar al hermano (ya que en el texto dice cómo dirás a tu hermano) estamos haciendo una separación, una brecha para con el hermano, ¡el juicio separa a los hermanos! ¡el juicio divide el cuerpo de Cristo! Sin embargo, debemos entender que el juicio no es lo mismo que el análisis. Todo ser pensante se forma una opinión acerca de otros, esto es análisis; por su parte, el juicio dicta una sentencia, el juicio critica y da un veredicto. Desde niños aprendemos a distinguir entre lo bueno y lo malo, lo hermoso y lo feo, lo justo y lo injusto, la verdad y la mentira, todo esto, y muchos ejemplos más, son la capacidad innata del ser humano para formarse una opinión de las cosas, de las circunstancias y de las personas; con todo, esto no es un juicio, es simplemente el necesario análisis de la razón, a fin de valorar los elementos, no para emitir un veredicto (que es donde el hombre comete el error), sino para almacenar dicha información y actuar en consecuencia (dicha actuación en Cristo debe ser exclusivamente para edificación). Además de dar la orden de no juzgar, el Señor fundamenta su dicho en varias razones: la primera de ellas por las cuales no debemos juzgar, es para no ser juzgados. Ubicados en nuestra verdadera posición: No somos jueces. ¡El único Juez es Jesucristo! En el Evangelio según el apóstol Juan leemos: Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo (Jn.5:22). ¡Ni aún el Padre Celestial emite juicio, siendo que tiene todos los elementos y la autoridad para hacerlo, todo el juicio lo dio al Hijo. Y siendo que ni siquiera el Padre juzga, ¿quienes somos nosotros, criaturas imperfectas para que inflados de soberbia emitamos juicio contra el hermano? Cuando tomamos la actitud de jueces, lejos de actuar con justicia (por muy apegados al derecho que podamos creernos) estamos cometiendo una gran injusticia, no para con el hermano, puesto que para con él es falta de amor y misericordia, sino para con el verdadero Juez, para con el Señor Jesucristo, puesto que estamos afrentándolo al usurpar sus exclusivas y soberanas funciones; estamos quebrantando su divina Ley. Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro? (Stg. 4:11-12). La segunda razón por la cual no debemos de juzgar al hermano es que estamos en igualdad con él. Absolutamente todos, aunque pensemos que unos más y otros menos, estamos dentro del mismo examen divino, somos parte de los juzgados, no del jurado. El escrutinio divino está sobre nosotros, no el mazo del veredicto en nuestra mano (aclarando, por supuesto, que es en lo referente al juicio individual y personal en esta vida, ya que en la eternidad sí habremos de juzgar a los ángeles). Pero tanto los unos como los otros, a nuestro imperfecto parecer, unos muy pecadores y otros poco pecadores, estamos en la misma condición ante Dios; por ello dicen las Sagradas Escrituras: Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo (Rom.14:10).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:3

Comentario general

7.3 La quinta razón por la que no debemos juzgar al hermano (ver las notas anteriores para las primeras razones) es nuestra propia indignidad. Ningún hombre es lo suficientemente bueno como para ser juez de su hermano, pongamos el ejemplo de la mujer adúltera que fue llevada a Jesús (Juan 8:3-11), ciertamente que era culpable de pecado, pues fue encontrada en adulterio, según la ley mosaica una sentencia de muerte era justa, mas a los ojos del Maestro había una dificultad (por no decir una oportunidad de salvación), ¿quién puede arrojar la primera piedra? ¿Quién se atreve a ser juez y verdugo? ¿Quién no es culpable de algún otro pecado? Por parte del hombre la absolución fue inevitable: “ni yo te condeno, vete y no peques más.” …ya todos se habían ido, comenzando con los más viejos, con los más cargados de culpa. Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo (Rom.2:1).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:4

Comentario general

7.4 Además de que nuestra propia indignidad no nos permite hacer un juicio justo, no somos siquiera imparciales, a este respecto William Barclay pone una ilustración histórica: “Se dice que a veces, entre los griegos, cuando se juzgaba a alguien por una causa muy delicada, el juicio se realizaba a oscuras, para que los jueces no pudieran ver al culpable y así no ser influidos por otra cosa que los hechos del caso.” Los seres humanos tenemos la tendencia de inclinar nuestras opiniones, análisis y juicios hacia la parcialidad de la empatía o de la enemistad, influidos hasta por la apariencia o por los prejuicios preconcebidos. Tenemos la costumbre de ver en los demás las acciones, cuando en nosotros vemos tan sólo las intenciones, como la vez que David pecó gravemente contra Dios al tomar la mujer de Urías y mandar asesinar a este. Un año después, el profeta Natán lo confrontó con una parábola: Yahwéh envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenia más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como una hija. Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él. Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Yahwéh, que el que tal hizo es digno de muerte. Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre. Mira la actitud de David, así somos los seres humanos, jueces terminantes y severos para con el pecado de otros, mas livianos y cómplices respecto del propio; por eso no podemos juzgar, no somos imparciales, somos pasionales.

— Roberto Tinoco

Mateo 7:5

Comentario general

7.5 Dentro de la quinta razón por la cual no podemos juzgar (mira las notas anteriores), encontramos que el juicio requiere santidad. Se necesita santidad para ver bien, es decir, para analizar correctamente debemos estar puros, de otro modo, nuestro pecado nos impedirá el juicio verdadero; solamente un hombre espiritual es capaz de juzgar, (1 Cor. 2:15) y esto dentro de un tribunal eclesiástico, porque cuando juzga en forma personal demuestra no ser espiritual. Además, cuando el hombre espiritual juzga no lo hace para criticar ni destruir ni condenar, ¡juzga para restaurar! El texto dice entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano ¡Para ayudarle! No para condenarle, sino para salvarle: Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado (Gal.6:1). El juicio personal es una evidencia de carnalidad, algunos critican a sus hermanos, a los líderes de la iglesia; como el espectador critica al atleta; pero si ellos fueran los líderes no lo harían mejor, como tampoco el espectador tampoco haría un mejor papel que el atleta al que critica. ¡Seamos santos y espirituales para edificar!

— Roberto Tinoco

Mateo 7:6

Comentario general

7.6 El juicio requiere de prudencia y de discernimiento. Como todo análisis, toda crítica y todo juicio debe ser para edificar y no para destruir (mira la nota anterior). Por tanto, se requiere de prudencia. Debemos saber que no todos estarán dispuestos a ser corregidos. Para el judío, el perro y el cerdo eran animales inmundos; Jesús compara al necio que se resiste a ser reprendido a un animal inmundo. Seamos sabios y no intentemos ir por todas partes dando consejos y reprensiones; la recompensa a dicha imprudencia es el brillo de la charola que puede llevar nuestra cabeza, como le sucedió a Juan el Bautista al insistir en reprender al necio Herodes (Mat. 14:4-11). Es similar al dicho mundano: “metete de redentor y saldrás crucificado.” El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha (Prov. 9:7). No hables a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de tus razones (Prov. 23:9).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:7

Comentario general

7.7-8 El Rey Jesucristo ha venido explicando la nueva Ley del Reino de los cielos, comenzando con la Constitución del Reino (las bienaventuranzas 5:1-12); describiendo luego las características de los súbditos del reino (la sal de la tierra y la luz del mundo 5:13-16); comparando la Nueva Ley con las Leyes anteriores (respecto de su cumplimiento 5:17-20 y respecto de su carácter interno 5:21-48); y por cuanto está hablando de leyes, expresó la justicia que estas buscan guardar (en cuanto a la justicia 6:1-4); así como la prioridad del reino sobre todo lo demás (en la oración 6:5-15; en el ayuno 6:16-18; sobre las riquezas terrenales 6:19-24; incluso, en relación a las necesidades básicas para la vida 6:25-34); y por último, la nueva ley en las relaciones humanas (Mt.7:1-6). Los textos a analizar son parte de las conclusiones de todas las leyes dadas con anterioridad. Así llegamos a pedid de 7:7-8 como la conclusión a la nueva ley del reino de los cielos respecto de la oración (lo que inicio en Mateo 6:5-15 con el Padre Nuestro y el ayuno en 6:16-18. Buscad es la conclusión a la nueva ley del reino de los cielos respecto de su prioridad sobre los bienes materiales (6:19-34), resumida en 6:33 Mas buscad primeramente el reino. Y llamad de 7:7-8 es un puente entre todo lo anteriormente mencionado y lo que habrá de disertar a continuación el Maestro (entrad por la puerta estrecha 7:13-14). Analizando cada uno en detalle, encontramos que la palabra usada para pedid (7:7) es el término griego “aiteo”, que significa “fuego”. Es la petición que se hace a uno que ocupa una posición más alta; la palabra usada para describir el oficio pordiosero de aquél hombre cojo de nacimiento que pedía limosna a la entrada de la puerta del templo (Hch. 3:2). Pedid es un imperativo griego en el presente, no está en pasado ni en futuro, por lo que denota una petición continua, permanente, insistente. Y así como pedid es un imperativo presente, así mismo lo es la respuesta divina todo aquél que pide, recibe (Mt.7:8). Esto implica que mientras oras ya estás recibiendo, porque ¿habrá algo más valioso que la comunión con Dios y el saberse escuchado por Él? El que pide, recibe. Es un regalo, Dios no le vende nada a nadie que le pide, tampoco le pone condiciones, simplemente da. ¿Habrá algo más hermoso que la gracia de Dios? Cuando Dios da algo, lo da gratuitamente, para que sea por gracia. Cuando no está de acuerdo en aquello que se le está pidiendo, simplemente no da. La segunda palabra usada en esta conclusión del mensaje del Maestro es buscad. Buscad concluye la prioridad del reino sobre los bienes materiales: mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mat. 6:33). Buscad va más allá de pedid. Además de un ruego como pedir, implica una acción. Es procurar conseguir lo que se pide. Es la palabra usada para describir la oración de la mujer que al perder una de sus diez dracmas, enciende la lámpara, barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla (Luc. 15:8). Buscad es la prueba de que la oración no es pasividad, sino una acción; siempre y cuando se insista sobre lo que es conforme al reino de Dios. Es la verdad enseñada por el apóstol Juan en su primera carta: Y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él (1 Juan 3:22). Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho (1 Juan 5:14-15). Y por supuesto, en congruencia con el reino, más allá de buscar las bendiciones de Dios, es buscar al Dios del las bendiciones. Buscar a Dios ya, rápido, ¡en este momento! Buscad a Yahwéh mientras puede ser hallado! ¡Llamadle en tanto que está cercano! (Is.55:6). Buscar a Dios sinceramente: Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón (Jer.29:12b). Buscar íntima y espiritualmente a Dios: Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro, tu rostro buscaré, oh Yahwéh (Sal. 27:8). Buscar a Dios, por la vida misma: Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón (Sal. 69:32). Buscadme y viviréis (Am. 5:4). Buscar a Dios con alabanza: Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: ¡Engrandecido sea Dios! (Sal. 70:4). Buscar a Dios con amor y como lo primero del día: Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan (Prov. 8:17). Buscar a Dios con fe: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6). Buscar a Dios con insistencia y una vez hallado, ¡no dejarle nunca! Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma; lo busqué y no lo hallé…hallé luego al que ama mi alma; lo así, y no lo dejé (Cant. 3:2-4). Después de concluir este punto, el Rey habrá de hablar acerca de la puerta estrecha. Una puerta que pocos usan pero que es fácil de abrir, basta con llamar. Y así como al que pide recibe, y el que busca halla, así también al que llama, se le abre. Todo está en presente indicativo; aun cuando nuestra traducción al castellano dice “se le abrirá”, el griego original dice: “al que llama a la puerta, será abierto.” Esto quiere decir que mientras estemos llamando la puerta estará abierta, ¡cuánto es el amor divino!

— Roberto Tinoco

Mateo 7:8

Comentario general

7.7-8 El Rey Jesucristo ha venido explicando la nueva Ley del Reino de los cielos, comenzando con la Constitución del Reino (las bienaventuranzas 5:1-12); describiendo luego las características de los súbditos del reino (la sal de la tierra y la luz del mundo 5:13-16); comparando la Nueva Ley con las Leyes anteriores (respecto de su cumplimiento 5:17-20 y respecto de su carácter interno 5:21-48); y por cuanto está hablando de leyes, expresó la justicia que estas buscan guardar (en cuanto a la justicia 6:1-4); así como la prioridad del reino sobre todo lo demás (en la oración 6:5-15; en el ayuno 6:16-18; sobre las riquezas terrenales 6:19-24; incluso, en relación a las necesidades básicas para la vida 6:25-34); y por último, la nueva ley en las relaciones humanas (Mt.7:1-6). Los textos a analizar son parte de las conclusiones de todas las leyes dadas con anterioridad. Así llegamos a pedid de 7:7-8 como la conclusión a la nueva ley del reino de los cielos respecto de la oración (lo que inicio en Mateo 6:5-15 con el Padre Nuestro y el ayuno en 6:16-18. Buscad es la conclusión a la nueva ley del reino de los cielos respecto de su prioridad sobre los bienes materiales (6:19-34), resumida en 6:33 Mas buscad primeramente el reino. Y llamad de 7:7-8 es un puente entre todo lo anteriormente mencionado y lo que habrá de disertar a continuación el Maestro (entrad por la puerta estrecha 7:13-14). Analizando cada uno en detalle, encontramos que la palabra usada para pedid (7:7) es el término griego “aiteo”, que significa “fuego”. Es la petición que se hace a uno que ocupa una posición más alta; la palabra usada para describir el oficio pordiosero de aquél hombre cojo de nacimiento que pedía limosna a la entrada de la puerta del templo (Hch. 3:2). Pedid es un imperativo griego en el presente, no está en pasado ni en futuro, por lo que denota una petición continua, permanente, insistente. Y así como pedid es un imperativo presente, así mismo lo es la respuesta divina todo aquél que pide, recibe (Mt.7:8). Esto implica que mientras oras ya estás recibiendo, porque ¿habrá algo más valioso que la comunión con Dios y el saberse escuchado por Él? El que pide, recibe. Es un regalo, Dios no le vende nada a nadie que le pide, tampoco le pone condiciones, simplemente da. ¿Habrá algo más hermoso que la gracia de Dios? Cuando Dios da algo, lo da gratuitamente, para que sea por gracia. Cuando no está de acuerdo en aquello que se le está pidiendo, simplemente no da. La segunda palabra usada en esta conclusión del mensaje del Maestro es buscad. Buscad concluye la prioridad del reino sobre los bienes materiales: mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mat. 6:33). Buscad va más allá de pedid. Además de un ruego como pedir, implica una acción. Es procurar conseguir lo que se pide. Es la palabra usada para describir la oración de la mujer que al perder una de sus diez dracmas, enciende la lámpara, barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla (Luc. 15:8). Buscad es la prueba de que la oración no es pasividad, sino una acción; siempre y cuando se insista sobre lo que es conforme al reino de Dios. Es la verdad enseñada por el apóstol Juan en su primera carta: Y cualquier cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él (1 Juan 3:22). Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho (1 Juan 5:14-15). Y por supuesto, en congruencia con el reino, más allá de buscar las bendiciones de Dios, es buscar al Dios del las bendiciones. Buscar a Dios ya, rápido, ¡en este momento! Buscad a Yahwéh mientras puede ser hallado! ¡Llamadle en tanto que está cercano! (Is.55:6). Buscar a Dios sinceramente: Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón (Jer.29:12b). Buscar íntima y espiritualmente a Dios: Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro, tu rostro buscaré, oh Yahwéh (Sal. 27:8). Buscar a Dios, por la vida misma: Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón (Sal. 69:32). Buscadme y viviréis (Am. 5:4). Buscar a Dios con alabanza: Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: ¡Engrandecido sea Dios! (Sal. 70:4). Buscar a Dios con amor y como lo primero del día: Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan (Prov. 8:17). Buscar a Dios con fe: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6). Buscar a Dios con insistencia y una vez hallado, ¡no dejarle nunca! Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma; lo busqué y no lo hallé…hallé luego al que ama mi alma; lo así, y no lo dejé (Cant. 3:2-4). Después de concluir este punto, el Rey habrá de hablar acerca de la puerta estrecha. Una puerta que pocos usan pero que es fácil de abrir, basta con llamar. Y así como al que pide recibe, y el que busca halla, así también al que llama, se le abre. Todo está en presente indicativo; aun cuando nuestra traducción al castellano dice “se le abrirá”, el griego original dice: “al que llama a la puerta, será abierto.” Esto quiere decir que mientras estemos llamando la puerta estará abierta, ¡cuánto es el amor divino!

— Roberto Tinoco

Mateo 7:9

Comentario general

7.9-11 Las dos primeras preguntas son las dos ilustraciones y la moraleja de éstas, junto con su respectiva pregunta, es la razón que fundamenta la seguridad de que el Padre celestial responderá favorablemente. En estas preguntas el Señor utilizó la ironía, una mezcla de sarcasmo y sabiduría. Una piedra puede ser semejante a un pan; pero imaginemos el cuadro, a un padre engañando a su hijo, dándole una piedra en lugar de un pan cuando éste tiene hambre. O bien, dándole una serpiente, específicamente una anguila, considerado un animal inmundo y peligroso en lugar del pescado. ¿Qué padre lo haría? - dice Jesús. La respuesta lógica y común que podemos imaginar surgió de los labios de los discípulos fue: ¡Ninguno! Entonces viene la aplicación: Pues si vosotros siendo malos, vosotros, cuya naturaleza es caída, vosotros cuyos instintos están inclinados al mal, sabéis dar buenas dádivas, buenos regalos a vuestros hijos, es simple y obvio esperar mucho más de Dios, quien es el Padre lleno de amor, bondad y misericordia. ¡Aleluya! ¡Qué hermoso es tener a Dios por nuestro Padre! Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen…Como el Padre se compadece de los hijos, se compadece Yahwéh de los que le temen (Sal. 103:11,13). El evangelista Mateo dice que el Padre dará buenas cosas a los que le pidan, a diferencia de Lucas, quien escribió dará el Espíritu Santo (Luc. 11:13). Lucas se refirió al Espíritu Santo porque el enfoque de su evangelio es la bendición del evangelio, Lucas presenta a Jesús como Hombre, específicamente, como el Hombre perfecto y lleno del Espíritu Santo, de modo que el énfasis y centro del evangelio de Lucas es el Espíritu Santo en el hombre. Por otro lado, Mateo se refiere a buenas cosas que el Padre dará a los que le pidan; ¿cuáles son esas buenas cosas? Siendo que el evangelio según Mateo tiene un énfasis en el reino de los cielos donde Jesús es el Rey, entonces las buenas cosas de las que habla son las bendiciones que los súbditos recibimos al estar dentro del reino; Y de una forma más particular, lo mencionado en los capítulos 5 al 7 de Mateo. En forma alegórica y no doctrinal podemos tomar algunas enseñanzas: En el reino de los cielos el pan es símbolo del sustento de Dios para la vida espiritual, y es precisamente la vida espiritual la primera recompensa de buscar a Dios en oración. Cuando oramos, no recibimos una piedra, una cosa sin vida, no permanecemos sin ser vivificados; Dios no se burlará de nosotros dándonos muerte en lugar de vida; Él saciará nuestra hambre espiritual con el Pan Vivo que descendió del cielo. Así mismo, el pescado en el reino de los cielos es símbolo del fruto evangelístico; venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres –dijo el Señor, de este modo, si acudimos a Dios en oración y cultivamos una vida devocional permanente de comunión con Dios, nuestro ministerio, sea cual fuere, será altamente bendecido y prosperado, recibiremos pescado y no serpientes; pero si por otro lado, no acudimos a Dios pidiendo su bendición, corremos el riesgo de producir serpientes en lugar de pescados, anguilas en lugar de peces, que aunque parecidos, son de naturaleza opuesta. Si no oramos, nuestro ministerio puede recibir falsos hermanos; pero si buscamos a Dios, seguro que los peces serán abundantes. Otra cosa más que debemos resaltar en los versículos que estamos analizando, es: porque todo aquél que pide, recibe (vr. 8). ¡Todo aquél! La gracia de Dios no es sólo para un grupo de gente especial. ¡Alabado sea Dios! Sus bendiciones son para todos los que las pidan.

— Roberto Tinoco

Mateo 7:10

Comentario general

7.9-11 Las dos primeras preguntas son las dos ilustraciones y la moraleja de éstas, junto con su respectiva pregunta, es la razón que fundamenta la seguridad de que el Padre celestial responderá favorablemente. En estas preguntas el Señor utilizó la ironía, una mezcla de sarcasmo y sabiduría. Una piedra puede ser semejante a un pan; pero imaginemos el cuadro, a un padre engañando a su hijo, dándole una piedra en lugar de un pan cuando éste tiene hambre. O bien, dándole una serpiente, específicamente una anguila, considerado un animal inmundo y peligroso en lugar del pescado. ¿Qué padre lo haría? - dice Jesús. La respuesta lógica y común que podemos imaginar surgió de los labios de los discípulos fue: ¡Ninguno! Entonces viene la aplicación: Pues si vosotros siendo malos, vosotros, cuya naturaleza es caída, vosotros cuyos instintos están inclinados al mal, sabéis dar buenas dádivas, buenos regalos a vuestros hijos, es simple y obvio esperar mucho más de Dios, quien es el Padre lleno de amor, bondad y misericordia. ¡Aleluya! ¡Qué hermoso es tener a Dios por nuestro Padre! Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen…Como el Padre se compadece de los hijos, se compadece Yahwéh de los que le temen (Sal. 103:11,13). El evangelista Mateo dice que el Padre dará buenas cosas a los que le pidan, a diferencia de Lucas, quien escribió dará el Espíritu Santo (Luc. 11:13). Lucas se refirió al Espíritu Santo porque el enfoque de su evangelio es la bendición del evangelio, Lucas presenta a Jesús como Hombre, específicamente, como el Hombre perfecto y lleno del Espíritu Santo, de modo que el énfasis y centro del evangelio de Lucas es el Espíritu Santo en el hombre. Por otro lado, Mateo se refiere a buenas cosas que el Padre dará a los que le pidan; ¿cuáles son esas buenas cosas? Siendo que el evangelio según Mateo tiene un énfasis en el reino de los cielos donde Jesús es el Rey, entonces las buenas cosas de las que habla son las bendiciones que los súbditos recibimos al estar dentro del reino; Y de una forma más particular, lo mencionado en los capítulos 5 al 7 de Mateo. En forma alegórica y no doctrinal podemos tomar algunas enseñanzas: En el reino de los cielos el pan es símbolo del sustento de Dios para la vida espiritual, y es precisamente la vida espiritual la primera recompensa de buscar a Dios en oración. Cuando oramos, no recibimos una piedra, una cosa sin vida, no permanecemos sin ser vivificados; Dios no se burlará de nosotros dándonos muerte en lugar de vida; Él saciará nuestra hambre espiritual con el Pan Vivo que descendió del cielo. Así mismo, el pescado en el reino de los cielos es símbolo del fruto evangelístico; venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres –dijo el Señor, de este modo, si acudimos a Dios en oración y cultivamos una vida devocional permanente de comunión con Dios, nuestro ministerio, sea cual fuere, será altamente bendecido y prosperado, recibiremos pescado y no serpientes; pero si por otro lado, no acudimos a Dios pidiendo su bendición, corremos el riesgo de producir serpientes en lugar de pescados, anguilas en lugar de peces, que aunque parecidos, son de naturaleza opuesta. Si no oramos, nuestro ministerio puede recibir falsos hermanos; pero si buscamos a Dios, seguro que los peces serán abundantes. Otra cosa más que debemos resaltar en los versículos que estamos analizando, es: porque todo aquél que pide, recibe (vr. 8). ¡Todo aquél! La gracia de Dios no es sólo para un grupo de gente especial. ¡Alabado sea Dios! Sus bendiciones son para todos los que las pidan.

— Roberto Tinoco

Mateo 7:11

Comentario general

7.9-11 Las dos primeras preguntas son las dos ilustraciones y la moraleja de éstas, junto con su respectiva pregunta, es la razón que fundamenta la seguridad de que el Padre celestial responderá favorablemente. En estas preguntas el Señor utilizó la ironía, una mezcla de sarcasmo y sabiduría. Una piedra puede ser semejante a un pan; pero imaginemos el cuadro, a un padre engañando a su hijo, dándole una piedra en lugar de un pan cuando éste tiene hambre. O bien, dándole una serpiente, específicamente una anguila, considerado un animal inmundo y peligroso en lugar del pescado. ¿Qué padre lo haría? - dice Jesús. La respuesta lógica y común que podemos imaginar surgió de los labios de los discípulos fue: ¡Ninguno! Entonces viene la aplicación: Pues si vosotros siendo malos, vosotros, cuya naturaleza es caída, vosotros cuyos instintos están inclinados al mal, sabéis dar buenas dádivas, buenos regalos a vuestros hijos, es simple y obvio esperar mucho más de Dios, quien es el Padre lleno de amor, bondad y misericordia. ¡Aleluya! ¡Qué hermoso es tener a Dios por nuestro Padre! Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen…Como el Padre se compadece de los hijos, se compadece Yahwéh de los que le temen (Sal. 103:11,13). El evangelista Mateo dice que el Padre dará buenas cosas a los que le pidan, a diferencia de Lucas, quien escribió dará el Espíritu Santo (Luc. 11:13). Lucas se refirió al Espíritu Santo porque el enfoque de su evangelio es la bendición del evangelio, Lucas presenta a Jesús como Hombre, específicamente, como el Hombre perfecto y lleno del Espíritu Santo, de modo que el énfasis y centro del evangelio de Lucas es el Espíritu Santo en el hombre. Por otro lado, Mateo se refiere a buenas cosas que el Padre dará a los que le pidan; ¿cuáles son esas buenas cosas? Siendo que el evangelio según Mateo tiene un énfasis en el reino de los cielos donde Jesús es el Rey, entonces las buenas cosas de las que habla son las bendiciones que los súbditos recibimos al estar dentro del reino; Y de una forma más particular, lo mencionado en los capítulos 5 al 7 de Mateo. En forma alegórica y no doctrinal podemos tomar algunas enseñanzas: En el reino de los cielos el pan es símbolo del sustento de Dios para la vida espiritual, y es precisamente la vida espiritual la primera recompensa de buscar a Dios en oración. Cuando oramos, no recibimos una piedra, una cosa sin vida, no permanecemos sin ser vivificados; Dios no se burlará de nosotros dándonos muerte en lugar de vida; Él saciará nuestra hambre espiritual con el Pan Vivo que descendió del cielo. Así mismo, el pescado en el reino de los cielos es símbolo del fruto evangelístico; venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres –dijo el Señor, de este modo, si acudimos a Dios en oración y cultivamos una vida devocional permanente de comunión con Dios, nuestro ministerio, sea cual fuere, será altamente bendecido y prosperado, recibiremos pescado y no serpientes; pero si por otro lado, no acudimos a Dios pidiendo su bendición, corremos el riesgo de producir serpientes en lugar de pescados, anguilas en lugar de peces, que aunque parecidos, son de naturaleza opuesta. Si no oramos, nuestro ministerio puede recibir falsos hermanos; pero si buscamos a Dios, seguro que los peces serán abundantes. Otra cosa más que debemos resaltar en los versículos que estamos analizando, es: porque todo aquél que pide, recibe (vr. 8). ¡Todo aquél! La gracia de Dios no es sólo para un grupo de gente especial. ¡Alabado sea Dios! Sus bendiciones son para todos los que las pidan.

— Roberto Tinoco

Mateo 7:12

Comentario general

7.12 Esta es la llamada “regla de oro”. Y aunque algunos han expresado pensamientos semejantes, lo han hecho sólo en sentido negativo y limitado. Confucio enseñó: “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti.” Los romanos tenían en su ley: “Hay que dar a cada uno lo suyo.” Y, “no se debe dañar a otros.” El libro apócrifo de Tobías (4:15) dice: “lo que odias, no lo hagas a nadie.” El maestro judío Hillel dice en el Talmud: “lo que te es odioso no lo hagas a otro.” Filón expresó: “No debe uno hacer lo que le disgusta que le hagan.” Lo mismo dice el código de Manú de la India, y el código de Hamurabi Caldeo, así como el código Azteca mexicano. Sin embargo, repito, todos tienen un sentido negativo: “no hagas”. Mas Cristo viene con el mandamiento más sublime, con la regla de oro, así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Es una voz positiva, no habla de pecados ni de afrentas ni de males, sino de buenas obras, de amor y de bondad. Y lo resume diciendo. Porque esto es la ley y los profetas. Nadie había entendido el verdadero sentido de las Escrituras mejor que Jesucristo, solamente el Hijo de Dios entendió, y así lo expresó, que el corazón de Padre es para bien de sus hijos, que la intención de sus mandamientos, de sus leyes y del mensaje de los profetas es para bendición del hombre; no para atarle, sino para liberarle; no son negativos, sino vivificantes. Está escrito: No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no codiciarás y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor (Rom. 13.8-10).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:13

Comentario general

7.13-14 Todo lo anterior es un llamado a la decisión; pues toda enseñanza, por excelsa que sea, si carece de aplicación práctica, es vana. El Rey Jesús sabía esto, su palabra no era la del filósofo que gusta de disertar conocimiento con el único fin de la exposición filosófica en sí. ¡Él es el Maestro que transforma vidas, habla para dar espíritu y vida; todo lo que expresa va encaminado a bendecir al hombre, por lo que jamás dejó alguna de sus enseñanzas sin aplicación, sin un llamado a la decisión. Tajante como nadie, siempre puso delante del hombre la vida y la muerte, la bendición y la maldición, para dar oportunidad a éste de escoger bien, de escoger la vida y la bendición. Cuando el Rey llamó a tomar una decisión, lo hizo con ilustraciones sumamente gráficas: Dos puertas (7:13-14). Dos caminos (7:13-14). Dos árboles frutales (7:15-20). Dos clases de siervos (7:21-23). Dos constructores (7:24-27). Todas estas ilustraciones guardan los mismos principios generales, pero son vistos de diferente ángulo para aplicar o enriquecer los mismos. Todos hablan de tomar una decisión; una decisión que habrá de definir el resto de la vida y de trascender a la eternidad; sin embargo, cada ilustración le añade a la anterior una pincelada maestra de sabiduría, un nuevo enfoque a la vida, una razón más para no eludir el compromiso de la decisión: ¿Qué haré con lo que Jesús ha dicho? La puerta habla de entrar; el camino de avanzar en aquello en lo cual se entró; los frutos, de producir lo requerido en ese camino; el siervo, de obedecer para producir los frutos; y el constructor, del reto final de actuar en consecuencia a las enseñanzas del Maestro. Desde el principio Dios ha presentado dos alternativas al hombre, desde el Edén puso delante de él, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Dos opciones opuestas entre sí; no se puede ser neutral, o se come del árbol de la vida o se come del árbol que producirá la muerte. Frecuentemente se escuchan frases como: “todos los caminos llevan a Roma” o “todas las religiones son buenas.” El Rey Jesús no está de acuerdo con estas aseveraciones, para Él sólo existen dos metas diferentes y dos formas de llegar a esos destinos; esa es la enseñanza bíblica que impide tanto la neutralidad, esto es la indiferencia; como la posibilidad de un lugar intermedio. El cielo o el infierno; el bien o el mal; la vida o la muerte; la salvación o la condenación; y sea que lo queramos o no, es imposible desechar los dos, quien se resiste a la puerta estrecha, inmediatamente está entrando en la puerta ancha. Caín tiene ante sí el hacer lo bueno o el pecado a la puerta, la decisión es tuya Caín; O dejas que el pecado te seduzca o tu te enseñorearás de él (Gen. 4:7). Entrar en la puerta estrecha significa nacer de nuevo, Jesús explicó a Nicodemo acerca de la necesidad del nuevo nacimiento para entrar en el reino de Dios (Juan 3); le explicó sobre la fe en el sacrificio de Cristo, creer en el hijo del hombre que es levantado en la cruz, para que todo aquel que en Él crea no se pierda mas tenga vida eterna (Juan 3:16). Y le explicó la misma verdad de la decisión: El que en Él cree no es condenado, pero el que no cree ya ha sido condenado (Juan 3:18). Entrar a una o a otra puerta es ineludible. De modo que la manija que mueve la puerta es la fe (o la incredulidad según sea el caso). fue la fe la que permitió la entrada de Josué y de Caleb a la tierra prometida; así como fue la incredulidad la que excluyó de Canaán a la primera generación de Israel que salió de Egipto; y mientras la puerta de la tierra prometida se les cerraba por su incredulidad, la puerta de la muerte en el desierto se les abría: En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun (Nm.14:29-31). Este paralelo entre Israel a la entrada de Canaán y el entrar por la puerta estrecha no es algo nuevo, ya el escritor a los hebreos lo contempla diciendo: Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad (Heb.3:19). Enseguida nos amonesta a no actuar como ellos para no perder la oportunidad de entrar al reposo prometido de Dios: Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron (Heb.4:2). Entrar en la puerta estrecha es en primer estancia, creer en Jesucristo. Ahora bien, respecto de las características de dicha puerta, es una puerta “estrecha”. La puerta que lleva a la vida es estrecha y pocos son los que la hallan. Cuando a Jesús le preguntaron acerca del número de los que se salvan, si estos serían pocos, el Maestro respondió que se esforzaran por entrar por la puerta angosta, incluso les advirtió que muchos procurarían entrar, y no podrían (Luc. 13:23-24). Según las Sagradas Escrituras Cristo es la única puerta, buscar fuera de Él es extraviarse. Lo dijo claramente: De cierto, de cierto os digo: Yo Soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo Soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos (Juan 10:7-9). Cuando dijo que muchos procurarían entrar y no podrían se estaba refiriendo a la sinceridad de su intención, un verdadero arrepentimiento: si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente (Luc. 13:5). Por otro lado, la puerta que lleva a la perdición es ancha y muchos entran por ella (7:13). Mientras que la salvación es exclusiva en Jesucristo, la condenación tiene muchas maneras para perder al hombre; son innumerables las razones por las cuales la gente se pierde, mas podían resumirse en dos: Por incredulidad: El que no cree ya ha sido condenado (Juan 3:18). Y por el amor al pecado: Y esta es la condenación: Que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Juan 3:19). En ambas razones se rechaza la puerta a la vida. ¡Cuántas excusas pone el hombre para no creer y obedecer a la verdad!: “Tengo mi religión”; “no soy tan mala persona”; “hago buenas obras”; “eso de la fe es para los ignorantes”; “todas las religiones y doctrinas llevan a Dios”; “la condenación del infierno no existe”; “Jesús fue un religioso más”; “Dios es demasiado bueno para condenar al hombre”; “no importa lo que creas, siempre y cuando hagas lo correcto”; “Dios nos hizo libres para hacer lo que queramos”; ¡son incontables los argumentos con los que la humanidad intenta escudarse! Desde los más absurdos, pasando por los incrédulos, hasta los más audaces como: “Dios es amor y no condena a nadie” o “Todos tenemos a Dios.” ¡Satanás es mentiroso y padre de mentira! (Juan 8:44). Ambas puertas, la angosta de la vida y la ancha de la condenación están siempre disponibles, pero hay algunas diferencias. La puerta ancha está abierta a toda hora y acepta a todo tipo de personas sin ninguna condición; mientras que la puerta angosta, que es Cristo, aún cuando está disponible a toda hora y acepta a todo tipo de personas, tiene dos condiciones para abrirse, la fe y el arrepentimiento. Sin fe es imposible agradar a Dios (Heb. 1:6) y sin arrepentimiento es imposible ser salvo (Luc. 13:5). Además de que una vez dentro se requiere obediencia para permanecer en el camino. Solo esta puerta pone condiciones porque es la única que vale la pena. Cristo pone a sus oyentes frente a una encrucijada, la decisión que tomen será determinante en el rumbo y destino final de sus vidas: Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; …a los cielos y a la tierra llamó por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Dt. 30:15,19). ¿Cuál será su decisión? También, el Rey Jesús mencionó dos caminos, uno angosto y otro ancho. Ambos caminos tienen las mismas implicaciones que las dos puertas, también nos hablan de elección. Una vez que se ha entrado en el reino por la puerta es necesario andar en el camino. El camino del mundo, que es ancho, es fácil de transitar, no se requiere ningún esfuerzo ni dedicación especial, sea lo que se haga se permanece en él, a no ser que el hombre opte por el otro camino, el más angosto. El camino ancho admite a todo tipo de personas y promueve todo tipo de ideas, no importa que tan malo o que tan bueno se es, simplemente acepta a todos prometiéndoles vida y paz sin poder realmente cumplir. El mundo tiene un camino espacioso, pues ofrece la satisfacción de los sentidos y placeres sin consecuencias; el mundo tiene un camino espacioso, pues ofrece salvación sin importar la fe ni el arrepentimiento, ni la santidad; mas, acerca de esto dice la Palabra de Dios: Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte (Pr. 14:12). Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no ha sido lavada de su inmundicia (Pr. 30:12). De modo que la mayoría de la gente corre por el camino ancho hacia la perdición, según lo dijo el Señor. Bien comentó sobre esto Matthew Henry: “Los peces muertos son los que siguen la corriente.” ¡Solos no van a estar, pues muchos andan por ese camino! Seguir las multitudes no es garantía de hacer lo correcto, la suma de errores jamás conduce a la verdad. Por su parte, el camino angosto es Jesucristo, Él lo dijo: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Jn.14:6). Este camino es angosto y menos transitado. Es angosto porque tiene grandes demandas; para caminar en Él se requiere: Tener al Señor en primer lugar y sobre todas las cosas: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo (Luc. 14:26). Se requiere morir a uno mismo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mat. 16:24). Se requiere ser capaz de renunciar a todo por Cristo, a darlo todo por Él: Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo (Luc. 14:33). Se requiere ser justo, pues ningún injusto heredará el reino de los cielos: En el camino de la justicia está la vida; y en sus caminos no hay muerte (Pr. 12:28). Se requiere de un continuo apartarse del pecado, ya que al no hacerlo, el pecado termina apartándolo a uno del camino del Señor: Procurad…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb.12:14). Se requiere de obediencia, el camino angosto no es un camino místico, irreal; el camino del Señor es un camino de obediencia práctica, constante, real y verdadera: El que me ama, mi Palabra guardará (Juan 14:23). Se requiere de fidelidad y constancia, no se puede estar entrando y saliendo del camino del Señor, el Camino es una Persona, por lo que lo afrentamos si somos infieles: Permaneced en mí y yo en vosotros (Juan 15:4). Ninguno que poniendo su mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios (Luc. 9:62). Si te has sentido tentado a abandonar el camino de la fe, si tus pies se han hecho más pesados, tu andar lento y cansado, espero en Dios que la siguiente ilustración venga a reavivarte: Cierto general fue candidato para el senado de los Estados Unidos un poco después de la guerra civil. En aquél tiempo los senadores eran elegidos por el cuerpo legislativo del estado. Un antiguo compañero del general durante la guerra, pertenecía a aquel cuerpo legislativo. Por una causa u otra se había enfadado con el general y había decidido votar en contra de él. La votación se levantaba al pasar lista, y el general estaba presente en aquella ocasión sentado en la plataforma. Cuando llamaron el nombre del antiguo soldado, se levantó para votar en contra de ese hombre a cuyo lado peleó por cuatro largos y amargos años. De pronto vio la fea cicatriz que cruzaba el rostro del general, un testimonio de su valor y sufrimiento como un gran dirigente. El soldado vaciló un momento y luego dijo tranquilamente y con gran emoción: “No puedo votar en contra de él; había olvidado la cicatriz.” Si hemos tenido la tentación de “votar” en contra de Cristo siendo infieles a él cuando seamos tentados, recordemos las cicatrices que le dejaron los sufrimientos que él padeció por nosotros en la cruz. Se requieren muchísimas cosas más, por lo que sí es verdaderamente angosto el camino a la vida, es tan angosto que pasan de uno por uno, pues la salvación es personal, el camino de la vida es una relación personal con Jesucristo; sin embargo, yo que lo he caminado algunos años puedo declarar confiado y lleno de gozo. ¡El camino angosto de la vida vale la pena! ¡Es la vida más maravillosa que se puede vivir! ¡Es la anticipación del cielo y de la eternidad!

— Roberto Tinoco

Mateo 7:14

Comentario general

7.13-14 Todo lo anterior es un llamado a la decisión; pues toda enseñanza, por excelsa que sea, si carece de aplicación práctica, es vana. El Rey Jesús sabía esto, su palabra no era la del filósofo que gusta de disertar conocimiento con el único fin de la exposición filosófica en sí. ¡Él es el Maestro que transforma vidas, habla para dar espíritu y vida; todo lo que expresa va encaminado a bendecir al hombre, por lo que jamás dejó alguna de sus enseñanzas sin aplicación, sin un llamado a la decisión. Tajante como nadie, siempre puso delante del hombre la vida y la muerte, la bendición y la maldición, para dar oportunidad a éste de escoger bien, de escoger la vida y la bendición. Cuando el Rey llamó a tomar una decisión, lo hizo con ilustraciones sumamente gráficas: Dos puertas (7:13-14). Dos caminos (7:13-14). Dos árboles frutales (7:15-20). Dos clases de siervos (7:21-23). Dos constructores (7:24-27). Todas estas ilustraciones guardan los mismos principios generales, pero son vistos de diferente ángulo para aplicar o enriquecer los mismos. Todos hablan de tomar una decisión; una decisión que habrá de definir el resto de la vida y de trascender a la eternidad; sin embargo, cada ilustración le añade a la anterior una pincelada maestra de sabiduría, un nuevo enfoque a la vida, una razón más para no eludir el compromiso de la decisión: ¿Qué haré con lo que Jesús ha dicho? La puerta habla de entrar; el camino de avanzar en aquello en lo cual se entró; los frutos, de producir lo requerido en ese camino; el siervo, de obedecer para producir los frutos; y el constructor, del reto final de actuar en consecuencia a las enseñanzas del Maestro. Desde el principio Dios ha presentado dos alternativas al hombre, desde el Edén puso delante de él, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Dos opciones opuestas entre sí; no se puede ser neutral, o se come del árbol de la vida o se come del árbol que producirá la muerte. Frecuentemente se escuchan frases como: “todos los caminos llevan a Roma” o “todas las religiones son buenas.” El Rey Jesús no está de acuerdo con estas aseveraciones, para Él sólo existen dos metas diferentes y dos formas de llegar a esos destinos; esa es la enseñanza bíblica que impide tanto la neutralidad, esto es la indiferencia; como la posibilidad de un lugar intermedio. El cielo o el infierno; el bien o el mal; la vida o la muerte; la salvación o la condenación; y sea que lo queramos o no, es imposible desechar los dos, quien se resiste a la puerta estrecha, inmediatamente está entrando en la puerta ancha. Caín tiene ante sí el hacer lo bueno o el pecado a la puerta, la decisión es tuya Caín; O dejas que el pecado te seduzca o tu te enseñorearás de él (Gen. 4:7). Entrar en la puerta estrecha significa nacer de nuevo, Jesús explicó a Nicodemo acerca de la necesidad del nuevo nacimiento para entrar en el reino de Dios (Juan 3); le explicó sobre la fe en el sacrificio de Cristo, creer en el hijo del hombre que es levantado en la cruz, para que todo aquel que en Él crea no se pierda mas tenga vida eterna (Juan 3:16). Y le explicó la misma verdad de la decisión: El que en Él cree no es condenado, pero el que no cree ya ha sido condenado (Juan 3:18). Entrar a una o a otra puerta es ineludible. De modo que la manija que mueve la puerta es la fe (o la incredulidad según sea el caso). fue la fe la que permitió la entrada de Josué y de Caleb a la tierra prometida; así como fue la incredulidad la que excluyó de Canaán a la primera generación de Israel que salió de Egipto; y mientras la puerta de la tierra prometida se les cerraba por su incredulidad, la puerta de la muerte en el desierto se les abría: En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun (Nm.14:29-31). Este paralelo entre Israel a la entrada de Canaán y el entrar por la puerta estrecha no es algo nuevo, ya el escritor a los hebreos lo contempla diciendo: Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad (Heb.3:19). Enseguida nos amonesta a no actuar como ellos para no perder la oportunidad de entrar al reposo prometido de Dios: Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron (Heb.4:2). Entrar en la puerta estrecha es en primer estancia, creer en Jesucristo. Ahora bien, respecto de las características de dicha puerta, es una puerta “estrecha”. La puerta que lleva a la vida es estrecha y pocos son los que la hallan. Cuando a Jesús le preguntaron acerca del número de los que se salvan, si estos serían pocos, el Maestro respondió que se esforzaran por entrar por la puerta angosta, incluso les advirtió que muchos procurarían entrar, y no podrían (Luc. 13:23-24). Según las Sagradas Escrituras Cristo es la única puerta, buscar fuera de Él es extraviarse. Lo dijo claramente: De cierto, de cierto os digo: Yo Soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo Soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos (Juan 10:7-9). Cuando dijo que muchos procurarían entrar y no podrían se estaba refiriendo a la sinceridad de su intención, un verdadero arrepentimiento: si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente (Luc. 13:5). Por otro lado, la puerta que lleva a la perdición es ancha y muchos entran por ella (7:13). Mientras que la salvación es exclusiva en Jesucristo, la condenación tiene muchas maneras para perder al hombre; son innumerables las razones por las cuales la gente se pierde, mas podían resumirse en dos: Por incredulidad: El que no cree ya ha sido condenado (Juan 3:18). Y por el amor al pecado: Y esta es la condenación: Que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Juan 3:19). En ambas razones se rechaza la puerta a la vida. ¡Cuántas excusas pone el hombre para no creer y obedecer a la verdad!: “Tengo mi religión”; “no soy tan mala persona”; “hago buenas obras”; “eso de la fe es para los ignorantes”; “todas las religiones y doctrinas llevan a Dios”; “la condenación del infierno no existe”; “Jesús fue un religioso más”; “Dios es demasiado bueno para condenar al hombre”; “no importa lo que creas, siempre y cuando hagas lo correcto”; “Dios nos hizo libres para hacer lo que queramos”; ¡son incontables los argumentos con los que la humanidad intenta escudarse! Desde los más absurdos, pasando por los incrédulos, hasta los más audaces como: “Dios es amor y no condena a nadie” o “Todos tenemos a Dios.” ¡Satanás es mentiroso y padre de mentira! (Juan 8:44). Ambas puertas, la angosta de la vida y la ancha de la condenación están siempre disponibles, pero hay algunas diferencias. La puerta ancha está abierta a toda hora y acepta a todo tipo de personas sin ninguna condición; mientras que la puerta angosta, que es Cristo, aún cuando está disponible a toda hora y acepta a todo tipo de personas, tiene dos condiciones para abrirse, la fe y el arrepentimiento. Sin fe es imposible agradar a Dios (Heb. 1:6) y sin arrepentimiento es imposible ser salvo (Luc. 13:5). Además de que una vez dentro se requiere obediencia para permanecer en el camino. Solo esta puerta pone condiciones porque es la única que vale la pena. Cristo pone a sus oyentes frente a una encrucijada, la decisión que tomen será determinante en el rumbo y destino final de sus vidas: Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; …a los cielos y a la tierra llamó por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Dt. 30:15,19). ¿Cuál será su decisión? También, el Rey Jesús mencionó dos caminos, uno angosto y otro ancho. Ambos caminos tienen las mismas implicaciones que las dos puertas, también nos hablan de elección. Una vez que se ha entrado en el reino por la puerta es necesario andar en el camino. El camino del mundo, que es ancho, es fácil de transitar, no se requiere ningún esfuerzo ni dedicación especial, sea lo que se haga se permanece en él, a no ser que el hombre opte por el otro camino, el más angosto. El camino ancho admite a todo tipo de personas y promueve todo tipo de ideas, no importa que tan malo o que tan bueno se es, simplemente acepta a todos prometiéndoles vida y paz sin poder realmente cumplir. El mundo tiene un camino espacioso, pues ofrece la satisfacción de los sentidos y placeres sin consecuencias; el mundo tiene un camino espacioso, pues ofrece salvación sin importar la fe ni el arrepentimiento, ni la santidad; mas, acerca de esto dice la Palabra de Dios: Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte (Pr. 14:12). Hay generación limpia en su propia opinión, si bien no ha sido lavada de su inmundicia (Pr. 30:12). De modo que la mayoría de la gente corre por el camino ancho hacia la perdición, según lo dijo el Señor. Bien comentó sobre esto Matthew Henry: “Los peces muertos son los que siguen la corriente.” ¡Solos no van a estar, pues muchos andan por ese camino! Seguir las multitudes no es garantía de hacer lo correcto, la suma de errores jamás conduce a la verdad. Por su parte, el camino angosto es Jesucristo, Él lo dijo: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Jn.14:6). Este camino es angosto y menos transitado. Es angosto porque tiene grandes demandas; para caminar en Él se requiere: Tener al Señor en primer lugar y sobre todas las cosas: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo (Luc. 14:26). Se requiere morir a uno mismo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mat. 16:24). Se requiere ser capaz de renunciar a todo por Cristo, a darlo todo por Él: Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo (Luc. 14:33). Se requiere ser justo, pues ningún injusto heredará el reino de los cielos: En el camino de la justicia está la vida; y en sus caminos no hay muerte (Pr. 12:28). Se requiere de un continuo apartarse del pecado, ya que al no hacerlo, el pecado termina apartándolo a uno del camino del Señor: Procurad…la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb.12:14). Se requiere de obediencia, el camino angosto no es un camino místico, irreal; el camino del Señor es un camino de obediencia práctica, constante, real y verdadera: El que me ama, mi Palabra guardará (Juan 14:23). Se requiere de fidelidad y constancia, no se puede estar entrando y saliendo del camino del Señor, el Camino es una Persona, por lo que lo afrentamos si somos infieles: Permaneced en mí y yo en vosotros (Juan 15:4). Ninguno que poniendo su mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios (Luc. 9:62). Si te has sentido tentado a abandonar el camino de la fe, si tus pies se han hecho más pesados, tu andar lento y cansado, espero en Dios que la siguiente ilustración venga a reavivarte: Cierto general fue candidato para el senado de los Estados Unidos un poco después de la guerra civil. En aquél tiempo los senadores eran elegidos por el cuerpo legislativo del estado. Un antiguo compañero del general durante la guerra, pertenecía a aquel cuerpo legislativo. Por una causa u otra se había enfadado con el general y había decidido votar en contra de él. La votación se levantaba al pasar lista, y el general estaba presente en aquella ocasión sentado en la plataforma. Cuando llamaron el nombre del antiguo soldado, se levantó para votar en contra de ese hombre a cuyo lado peleó por cuatro largos y amargos años. De pronto vio la fea cicatriz que cruzaba el rostro del general, un testimonio de su valor y sufrimiento como un gran dirigente. El soldado vaciló un momento y luego dijo tranquilamente y con gran emoción: “No puedo votar en contra de él; había olvidado la cicatriz.” Si hemos tenido la tentación de “votar” en contra de Cristo siendo infieles a él cuando seamos tentados, recordemos las cicatrices que le dejaron los sufrimientos que él padeció por nosotros en la cruz. Se requieren muchísimas cosas más, por lo que sí es verdaderamente angosto el camino a la vida, es tan angosto que pasan de uno por uno, pues la salvación es personal, el camino de la vida es una relación personal con Jesucristo; sin embargo, yo que lo he caminado algunos años puedo declarar confiado y lleno de gozo. ¡El camino angosto de la vida vale la pena! ¡Es la vida más maravillosa que se puede vivir! ¡Es la anticipación del cielo y de la eternidad!

— Roberto Tinoco

Mateo 7:15

Comentario general

7.15-20 Mira los versículos anteriores, por si fuera poco que la puerta es estrecha y el camino es angosto, está además el obstáculo de los falsos maestros, o como les llamó el Rey, los falsos profetas. Gente mal intencionada que conoceremos en el camino. Siempre que Dios siembra la buena semilla vendrá el enemigo a sembrar cizaña; donde hay ovejas también vendrán lobos. El camino de la religión es sumamente atrayente, sobre todo porque es posible enriquecerse en él. Desde el tiempo de Moisés existe advertencia contra los falsos profetas (Dt. 13:1-3; 18:22). El Rey Jesús dijo acerca de ellos “guardaos”; una orden y una necesidad protegerse de ellos porque hacen errar al pueblo, según dice el profeta Miqueas (Miq. 3:5-7). Así como también escribió al respecto el apóstol Pedro: …guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza (2 P. 3:17). Son tan peligrosos que el apóstol Pablo se refirió a ellos duramente: Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, ¡guardaos de los mutiladores del cuerpo! (Fil. 3:2). El mandamiento es guardarse de ellos, tener los ojos bien abiertos mirando que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col.2:8). Hubo falsos profetas antes de Cristo (Jer. 5:31; 6:14; Ez. 8:1-15), lo mismo que después de Él. El Señor advirtió que habrían de levantarse falsos profetas que engañarían a muchos (Mat. 24:11,24). La iglesia es advertida acerca de este peligro: Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado (2 P. 2:1-3). La apariencia de dichos profetas, según dijo el Rey, es similar a la de los verdaderos creyentes, vienen “vestidos de ovejas.” Esto es lo que los hace aún más peligrosos; tienen apariencia agradable, son tenidos por buenas personas. Desafortunadamente las tinieblas siempre llevan algo de verdad, si no fuese así, nadie sería engañado. La mentira jamás se manifiesta como tal, al diablo le gusta vestirse de ángel de luz, por lo que a sus obreros también les gusta disfrazarse de verdaderos siervos de Dios (2 Cor. 11:13-15). Tienen apariencia de piedad, pero niegan su eficacia (2 Tim. 3:5). Sin embargo, a pesar de su apariencia tan similar a la de los verdaderos cristianos, su naturaleza es diametralmente opuesta; por mucho que la cizaña se parezca al trigo, pertenece a diferente género. El trigo habrá de dar fruto dorado, mientras que la cizaña negro, esto se debe a su verdadera naturaleza. Pero por dentro –dijo el Maestro, refiriéndose a que su interior es malo. El verdadero carácter del falso profeta es maligno, Jesús les llamó “lobos rapaces”; el mismo término usado por el apóstol Pablo para referirse a los tales. Cuando Pablo se despidió de los hermanos en Efeso les dio algunos consejos respecto del cuidado de la iglesia y lo hizo con gran dedicación, pues sabía que ninguno de ellos vería más su rostro, era una despedida final y sumamente cargada de emoción, por lo mismo, el anciano apóstol estaba preocupado por la salud de la iglesia después de su partida; con sus últimas palabras describió la naturaleza de los falsos profetas en el propósito de su supuesto ministerio: yo se que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hch. 20:25-35). Después de estas palabras les refirió que no codició el oro de nadie y que incluso se mantuvo a sí mismo y a los que le acompañaban por lo que el término de “lobos rapaces”, como calificó junto con Cristo a los falsos maestros se refiere a los “mercaderes de la palabra”; hombres mal intencionados, que como los lobos rapaces buscan alimentarse de las ovejas, ellos viven de los creyentes; engañándoles con palabras para enriquecerse, profesionales del error que usan la predicación como fuente de ganancia; estas personas, dice la Escritura: no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos (Rom. 16:18). ¡No te dejes engañar por el falso profeta, aunque parezca genuino, si enfatiza o busca ganancia es falso! La Biblia dice que: Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda y su perdición no se duerme (2 P. 3:3). ¡Ay de los que presionan con engaños a las ovejas para que les enriquezcan! ¡Ay de los que tergiversan con astucia la sana doctrina, usando incluso la misma Palabra para sacar mayor provecho de los congregantes! …su perdición no se duerme. Lo denunció Isaías: Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado (Is. 56:10-11). Lee además Sofonías 3:3-5 y Ezequiel 22:27-28). Por todo esto, comprendemos que el versículo que estamos analizando (7:15-20) no se refiere a las masas en general, no habla del pueblo, sino de los líderes, los dirigentes de esas masas. Si aplicáramos estos versos a la gente común, a todo congregante (aunque excepcionalmente puede un lobo esconderse entre creyentes comunes), el resultado sería una inmisericorde confusión, pues existen verdaderos creyentes que, ya sea por estar comenzando en el camino del Señor o por haberle fallado en algo (como todo hombre ha fallado alguna vez), sería catalogado de falso profeta y de lobo rapaz. La forma recomendada por el Señor para distinguir al falso profeta, es el examinar sus frutos. Un fruto es el resultado y la manifestación de la vida de una planta, su propia genética le lleva a producir, al producto de su naturaleza se le conoce como fruto. Siempre es de acuerdo a la planta, la higuera no produce aceitunas ni la vid higos, una misma fuente no puede dar agua dulce y salada (Stg.3:12). Sin embargo, no te apresures a catalogar a nadie por alguna obra que haya hecho, pues debes esperar al fruto, el resultado final, la suma de sus obras. Pues podría tener alguna falla al no ser impecable y esto no lo descalifica. Ahora bien, los frutos mencionados por el Señor fueron las uvas y los higos en contraposición con los espinos y los abrojos. Las uvas y los higos son mencionados en las Sagradas Escrituras como símbolo de abundancia, por ejemplo, cuando los espías hebreos que recorrieron Canaán regresaron al pueblo, llevaron consigo uvas e higos como muestra de la prosperidad de la tierra que Dios les daba (Num. 13:23); del mismo modo, el creyente puede distinguir a un falso profeta si este no muestra con su vida y testimonio el fruto del Espíritu, la vida de Dios en él, uvas e higos espirituales; así como el resultado final de sus actos conforme al reino de Dios. Hasta el final o después de cierto tiempo se sabrá que es buena tierra; con el paso del tiempo se confirmará que tal hombre o mujer es bendición de Dios a su pueblo. Palabras antes cité a Pablo, quien en sus palabras alertaba a la iglesia acerca de que los falsos profetas habrían de salir incluso de entre ellos mismos, ¿cómo es esto posible? ¿Pudiera ser que un líder de la iglesia se convierta en un lobo rapaz? Desafortunadamente, la respuesta es positiva. Esto es a causa de una mutación anormal de naturaleza. Por ejemplo, la Biblia nos presenta el cántico de la viña de Isaías, en donde Dios expresa su dolor por causa de que Israel le ha defraudado mutando en una planta distinta a la que sembró, dice así: Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas y dio uvas silvestres … ¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? …¡Le quitaré su vallado y será consumida!… haré que quede desierta… la viña de Yahwéh… la casa de Israel (Is. 5:1-7). Es decisión de cada quien responder o no a la gracia y vida de Dios; Dios ha hecho todo lo necesario para que la iglesia produzca uvas, con todo, han salido y seguirán saliendo de ella algunas uvas silvestres, gente mal intencionada de carácter réprobo. Seamos sabios para reconocer a los falsos profetas; y seamos también prudentes para no rechazar a la iglesia por causa de esos pocos. Y más aun, no seamos nosotros quienes se corrompan como falsos obreros. Por otra parte, cuando hablamos de por sus frutos los conoceréis, tenemos que mencionar también como dar buenos frutos, no sea que alguno de nosotros se deslice. Las uvas y los higos son el fruto de una vida rendida a Dios, son la manifestación del fruto del Espíritu, y como tal, es imposible producirlos con medios humanos; solamente cuando el creyente está unido verdaderamente a Jesús puede dar fruto; sólo si Dios está actuando en su vida, limpiándolo y perfeccionándolo dará fruto: Yo Soy la Vid verdadera, y mi Padre es el Labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquél que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:1-5). Cuando alguno da malos frutos está demostrando que no está en Cristo. Y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 7:19). Todo supuesto líder, pastor, profeta o maestro de la iglesia que da malos frutos, que su vida deshora la fe de Cristo, que su propósito es el provecho personal, termina siendo maldecido por Dios. Sus frutos no son otra cosa que “espinos y abrojos”, lo mismo que produce la tierra una vez que Dios la ha maldecido, como en el juicio de Dios contra el hombre cuando este cayó (Gen. 3:18). Cuando un miembro de la iglesia tiene voluntariamente una vida pecaminosa, y más si se trata de un líder que añade a su pecado el aprovecharse de la fe e ingenuidad de los hermanos, es una persona que se ha separado de Cristo, por lo que sus frutos, sus obras, son el resultado de una vida terrenal. Dios maldijo la tierra, por lo que ésta produce espinos y cardos al hombre todos los días de su vida (Gen. 3:17-18); el hombre sin Dios, aun cuando parezca oveja, por estar sin Dios, su vida produce frutos terrenales, está viviendo bajo la maldición de la tierra. La única forma de no estar en esta condición es estar en Cristo, quien, en su unión con Él, desarrolla en nosotros buenas obras, uvas e higos, porque su vida está en nosotros como la sabia en la vid, y Él vive su vida, la vida espiritual a través nuestro. Dichos espinos y cardos ahogan la Palabra de Dios (Mat. 13:7,22) en esa vida, por lo que se envanece; y así como la paja sirve para el fuego, así los espinos y abrojos arden fácilmente (Sal. 118:12); también, todo falso profeta será finalmente condenado (2 P. 2:3). Cuando Cristo venga en gloria, será por llama, que abrase y consuma en un día los cardos y espinos de Israel (Is. 10:17). Así de grave es no producir el fruto para el cual fuimos hechos, como dice el escritor a los hebreos: Si ya fuimos iluminados; si ya gustamos el don celestial; si ya participamos del Espíritu Santo; si ya gustamos la buena Palabra de Dios; y si ya probamos los poderes del siglo venidero ¡El Amado hizo todo por su viña! ¡Y aun así volvimos atrás!, ya no podemos ser renovados. Porque la tierra que bebe la lluvia muchas veces sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:4-8).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:16

Comentario general

7.15-20 Mira los versículos anteriores, por si fuera poco que la puerta es estrecha y el camino es angosto, está además el obstáculo de los falsos maestros, o como les llamó el Rey, los falsos profetas. Gente mal intencionada que conoceremos en el camino. Siempre que Dios siembra la buena semilla vendrá el enemigo a sembrar cizaña; donde hay ovejas también vendrán lobos. El camino de la religión es sumamente atrayente, sobre todo porque es posible enriquecerse en él. Desde el tiempo de Moisés existe advertencia contra los falsos profetas (Dt. 13:1-3; 18:22). El Rey Jesús dijo acerca de ellos “guardaos”; una orden y una necesidad protegerse de ellos porque hacen errar al pueblo, según dice el profeta Miqueas (Miq. 3:5-7). Así como también escribió al respecto el apóstol Pedro: …guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza (2 P. 3:17). Son tan peligrosos que el apóstol Pablo se refirió a ellos duramente: Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, ¡guardaos de los mutiladores del cuerpo! (Fil. 3:2). El mandamiento es guardarse de ellos, tener los ojos bien abiertos mirando que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col.2:8). Hubo falsos profetas antes de Cristo (Jer. 5:31; 6:14; Ez. 8:1-15), lo mismo que después de Él. El Señor advirtió que habrían de levantarse falsos profetas que engañarían a muchos (Mat. 24:11,24). La iglesia es advertida acerca de este peligro: Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado (2 P. 2:1-3). La apariencia de dichos profetas, según dijo el Rey, es similar a la de los verdaderos creyentes, vienen “vestidos de ovejas.” Esto es lo que los hace aún más peligrosos; tienen apariencia agradable, son tenidos por buenas personas. Desafortunadamente las tinieblas siempre llevan algo de verdad, si no fuese así, nadie sería engañado. La mentira jamás se manifiesta como tal, al diablo le gusta vestirse de ángel de luz, por lo que a sus obreros también les gusta disfrazarse de verdaderos siervos de Dios (2 Cor. 11:13-15). Tienen apariencia de piedad, pero niegan su eficacia (2 Tim. 3:5). Sin embargo, a pesar de su apariencia tan similar a la de los verdaderos cristianos, su naturaleza es diametralmente opuesta; por mucho que la cizaña se parezca al trigo, pertenece a diferente género. El trigo habrá de dar fruto dorado, mientras que la cizaña negro, esto se debe a su verdadera naturaleza. Pero por dentro –dijo el Maestro, refiriéndose a que su interior es malo. El verdadero carácter del falso profeta es maligno, Jesús les llamó “lobos rapaces”; el mismo término usado por el apóstol Pablo para referirse a los tales. Cuando Pablo se despidió de los hermanos en Efeso les dio algunos consejos respecto del cuidado de la iglesia y lo hizo con gran dedicación, pues sabía que ninguno de ellos vería más su rostro, era una despedida final y sumamente cargada de emoción, por lo mismo, el anciano apóstol estaba preocupado por la salud de la iglesia después de su partida; con sus últimas palabras describió la naturaleza de los falsos profetas en el propósito de su supuesto ministerio: yo se que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hch. 20:25-35). Después de estas palabras les refirió que no codició el oro de nadie y que incluso se mantuvo a sí mismo y a los que le acompañaban por lo que el término de “lobos rapaces”, como calificó junto con Cristo a los falsos maestros se refiere a los “mercaderes de la palabra”; hombres mal intencionados, que como los lobos rapaces buscan alimentarse de las ovejas, ellos viven de los creyentes; engañándoles con palabras para enriquecerse, profesionales del error que usan la predicación como fuente de ganancia; estas personas, dice la Escritura: no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos (Rom. 16:18). ¡No te dejes engañar por el falso profeta, aunque parezca genuino, si enfatiza o busca ganancia es falso! La Biblia dice que: Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda y su perdición no se duerme (2 P. 3:3). ¡Ay de los que presionan con engaños a las ovejas para que les enriquezcan! ¡Ay de los que tergiversan con astucia la sana doctrina, usando incluso la misma Palabra para sacar mayor provecho de los congregantes! …su perdición no se duerme. Lo denunció Isaías: Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado (Is. 56:10-11). Lee además Sofonías 3:3-5 y Ezequiel 22:27-28). Por todo esto, comprendemos que el versículo que estamos analizando (7:15-20) no se refiere a las masas en general, no habla del pueblo, sino de los líderes, los dirigentes de esas masas. Si aplicáramos estos versos a la gente común, a todo congregante (aunque excepcionalmente puede un lobo esconderse entre creyentes comunes), el resultado sería una inmisericorde confusión, pues existen verdaderos creyentes que, ya sea por estar comenzando en el camino del Señor o por haberle fallado en algo (como todo hombre ha fallado alguna vez), sería catalogado de falso profeta y de lobo rapaz. La forma recomendada por el Señor para distinguir al falso profeta, es el examinar sus frutos. Un fruto es el resultado y la manifestación de la vida de una planta, su propia genética le lleva a producir, al producto de su naturaleza se le conoce como fruto. Siempre es de acuerdo a la planta, la higuera no produce aceitunas ni la vid higos, una misma fuente no puede dar agua dulce y salada (Stg.3:12). Sin embargo, no te apresures a catalogar a nadie por alguna obra que haya hecho, pues debes esperar al fruto, el resultado final, la suma de sus obras. Pues podría tener alguna falla al no ser impecable y esto no lo descalifica. Ahora bien, los frutos mencionados por el Señor fueron las uvas y los higos en contraposición con los espinos y los abrojos. Las uvas y los higos son mencionados en las Sagradas Escrituras como símbolo de abundancia, por ejemplo, cuando los espías hebreos que recorrieron Canaán regresaron al pueblo, llevaron consigo uvas e higos como muestra de la prosperidad de la tierra que Dios les daba (Num. 13:23); del mismo modo, el creyente puede distinguir a un falso profeta si este no muestra con su vida y testimonio el fruto del Espíritu, la vida de Dios en él, uvas e higos espirituales; así como el resultado final de sus actos conforme al reino de Dios. Hasta el final o después de cierto tiempo se sabrá que es buena tierra; con el paso del tiempo se confirmará que tal hombre o mujer es bendición de Dios a su pueblo. Palabras antes cité a Pablo, quien en sus palabras alertaba a la iglesia acerca de que los falsos profetas habrían de salir incluso de entre ellos mismos, ¿cómo es esto posible? ¿Pudiera ser que un líder de la iglesia se convierta en un lobo rapaz? Desafortunadamente, la respuesta es positiva. Esto es a causa de una mutación anormal de naturaleza. Por ejemplo, la Biblia nos presenta el cántico de la viña de Isaías, en donde Dios expresa su dolor por causa de que Israel le ha defraudado mutando en una planta distinta a la que sembró, dice así: Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas y dio uvas silvestres … ¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? …¡Le quitaré su vallado y será consumida!… haré que quede desierta… la viña de Yahwéh… la casa de Israel (Is. 5:1-7). Es decisión de cada quien responder o no a la gracia y vida de Dios; Dios ha hecho todo lo necesario para que la iglesia produzca uvas, con todo, han salido y seguirán saliendo de ella algunas uvas silvestres, gente mal intencionada de carácter réprobo. Seamos sabios para reconocer a los falsos profetas; y seamos también prudentes para no rechazar a la iglesia por causa de esos pocos. Y más aun, no seamos nosotros quienes se corrompan como falsos obreros. Por otra parte, cuando hablamos de por sus frutos los conoceréis, tenemos que mencionar también como dar buenos frutos, no sea que alguno de nosotros se deslice. Las uvas y los higos son el fruto de una vida rendida a Dios, son la manifestación del fruto del Espíritu, y como tal, es imposible producirlos con medios humanos; solamente cuando el creyente está unido verdaderamente a Jesús puede dar fruto; sólo si Dios está actuando en su vida, limpiándolo y perfeccionándolo dará fruto: Yo Soy la Vid verdadera, y mi Padre es el Labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquél que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:1-5). Cuando alguno da malos frutos está demostrando que no está en Cristo. Y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 7:19). Todo supuesto líder, pastor, profeta o maestro de la iglesia que da malos frutos, que su vida deshora la fe de Cristo, que su propósito es el provecho personal, termina siendo maldecido por Dios. Sus frutos no son otra cosa que “espinos y abrojos”, lo mismo que produce la tierra una vez que Dios la ha maldecido, como en el juicio de Dios contra el hombre cuando este cayó (Gen. 3:18). Cuando un miembro de la iglesia tiene voluntariamente una vida pecaminosa, y más si se trata de un líder que añade a su pecado el aprovecharse de la fe e ingenuidad de los hermanos, es una persona que se ha separado de Cristo, por lo que sus frutos, sus obras, son el resultado de una vida terrenal. Dios maldijo la tierra, por lo que ésta produce espinos y cardos al hombre todos los días de su vida (Gen. 3:17-18); el hombre sin Dios, aun cuando parezca oveja, por estar sin Dios, su vida produce frutos terrenales, está viviendo bajo la maldición de la tierra. La única forma de no estar en esta condición es estar en Cristo, quien, en su unión con Él, desarrolla en nosotros buenas obras, uvas e higos, porque su vida está en nosotros como la sabia en la vid, y Él vive su vida, la vida espiritual a través nuestro. Dichos espinos y cardos ahogan la Palabra de Dios (Mat. 13:7,22) en esa vida, por lo que se envanece; y así como la paja sirve para el fuego, así los espinos y abrojos arden fácilmente (Sal. 118:12); también, todo falso profeta será finalmente condenado (2 P. 2:3). Cuando Cristo venga en gloria, será por llama, que abrase y consuma en un día los cardos y espinos de Israel (Is. 10:17). Así de grave es no producir el fruto para el cual fuimos hechos, como dice el escritor a los hebreos: Si ya fuimos iluminados; si ya gustamos el don celestial; si ya participamos del Espíritu Santo; si ya gustamos la buena Palabra de Dios; y si ya probamos los poderes del siglo venidero ¡El Amado hizo todo por su viña! ¡Y aun así volvimos atrás!, ya no podemos ser renovados. Porque la tierra que bebe la lluvia muchas veces sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:4-8).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:17

Comentario general

7.15-20 Mira los versículos anteriores, por si fuera poco que la puerta es estrecha y el camino es angosto, está además el obstáculo de los falsos maestros, o como les llamó el Rey, los falsos profetas. Gente mal intencionada que conoceremos en el camino. Siempre que Dios siembra la buena semilla vendrá el enemigo a sembrar cizaña; donde hay ovejas también vendrán lobos. El camino de la religión es sumamente atrayente, sobre todo porque es posible enriquecerse en él. Desde el tiempo de Moisés existe advertencia contra los falsos profetas (Dt. 13:1-3; 18:22). El Rey Jesús dijo acerca de ellos “guardaos”; una orden y una necesidad protegerse de ellos porque hacen errar al pueblo, según dice el profeta Miqueas (Miq. 3:5-7). Así como también escribió al respecto el apóstol Pedro: …guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza (2 P. 3:17). Son tan peligrosos que el apóstol Pablo se refirió a ellos duramente: Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, ¡guardaos de los mutiladores del cuerpo! (Fil. 3:2). El mandamiento es guardarse de ellos, tener los ojos bien abiertos mirando que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col.2:8). Hubo falsos profetas antes de Cristo (Jer. 5:31; 6:14; Ez. 8:1-15), lo mismo que después de Él. El Señor advirtió que habrían de levantarse falsos profetas que engañarían a muchos (Mat. 24:11,24). La iglesia es advertida acerca de este peligro: Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado (2 P. 2:1-3). La apariencia de dichos profetas, según dijo el Rey, es similar a la de los verdaderos creyentes, vienen “vestidos de ovejas.” Esto es lo que los hace aún más peligrosos; tienen apariencia agradable, son tenidos por buenas personas. Desafortunadamente las tinieblas siempre llevan algo de verdad, si no fuese así, nadie sería engañado. La mentira jamás se manifiesta como tal, al diablo le gusta vestirse de ángel de luz, por lo que a sus obreros también les gusta disfrazarse de verdaderos siervos de Dios (2 Cor. 11:13-15). Tienen apariencia de piedad, pero niegan su eficacia (2 Tim. 3:5). Sin embargo, a pesar de su apariencia tan similar a la de los verdaderos cristianos, su naturaleza es diametralmente opuesta; por mucho que la cizaña se parezca al trigo, pertenece a diferente género. El trigo habrá de dar fruto dorado, mientras que la cizaña negro, esto se debe a su verdadera naturaleza. Pero por dentro –dijo el Maestro, refiriéndose a que su interior es malo. El verdadero carácter del falso profeta es maligno, Jesús les llamó “lobos rapaces”; el mismo término usado por el apóstol Pablo para referirse a los tales. Cuando Pablo se despidió de los hermanos en Efeso les dio algunos consejos respecto del cuidado de la iglesia y lo hizo con gran dedicación, pues sabía que ninguno de ellos vería más su rostro, era una despedida final y sumamente cargada de emoción, por lo mismo, el anciano apóstol estaba preocupado por la salud de la iglesia después de su partida; con sus últimas palabras describió la naturaleza de los falsos profetas en el propósito de su supuesto ministerio: yo se que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hch. 20:25-35). Después de estas palabras les refirió que no codició el oro de nadie y que incluso se mantuvo a sí mismo y a los que le acompañaban por lo que el término de “lobos rapaces”, como calificó junto con Cristo a los falsos maestros se refiere a los “mercaderes de la palabra”; hombres mal intencionados, que como los lobos rapaces buscan alimentarse de las ovejas, ellos viven de los creyentes; engañándoles con palabras para enriquecerse, profesionales del error que usan la predicación como fuente de ganancia; estas personas, dice la Escritura: no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos (Rom. 16:18). ¡No te dejes engañar por el falso profeta, aunque parezca genuino, si enfatiza o busca ganancia es falso! La Biblia dice que: Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda y su perdición no se duerme (2 P. 3:3). ¡Ay de los que presionan con engaños a las ovejas para que les enriquezcan! ¡Ay de los que tergiversan con astucia la sana doctrina, usando incluso la misma Palabra para sacar mayor provecho de los congregantes! …su perdición no se duerme. Lo denunció Isaías: Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado (Is. 56:10-11). Lee además Sofonías 3:3-5 y Ezequiel 22:27-28). Por todo esto, comprendemos que el versículo que estamos analizando (7:15-20) no se refiere a las masas en general, no habla del pueblo, sino de los líderes, los dirigentes de esas masas. Si aplicáramos estos versos a la gente común, a todo congregante (aunque excepcionalmente puede un lobo esconderse entre creyentes comunes), el resultado sería una inmisericorde confusión, pues existen verdaderos creyentes que, ya sea por estar comenzando en el camino del Señor o por haberle fallado en algo (como todo hombre ha fallado alguna vez), sería catalogado de falso profeta y de lobo rapaz. La forma recomendada por el Señor para distinguir al falso profeta, es el examinar sus frutos. Un fruto es el resultado y la manifestación de la vida de una planta, su propia genética le lleva a producir, al producto de su naturaleza se le conoce como fruto. Siempre es de acuerdo a la planta, la higuera no produce aceitunas ni la vid higos, una misma fuente no puede dar agua dulce y salada (Stg.3:12). Sin embargo, no te apresures a catalogar a nadie por alguna obra que haya hecho, pues debes esperar al fruto, el resultado final, la suma de sus obras. Pues podría tener alguna falla al no ser impecable y esto no lo descalifica. Ahora bien, los frutos mencionados por el Señor fueron las uvas y los higos en contraposición con los espinos y los abrojos. Las uvas y los higos son mencionados en las Sagradas Escrituras como símbolo de abundancia, por ejemplo, cuando los espías hebreos que recorrieron Canaán regresaron al pueblo, llevaron consigo uvas e higos como muestra de la prosperidad de la tierra que Dios les daba (Num. 13:23); del mismo modo, el creyente puede distinguir a un falso profeta si este no muestra con su vida y testimonio el fruto del Espíritu, la vida de Dios en él, uvas e higos espirituales; así como el resultado final de sus actos conforme al reino de Dios. Hasta el final o después de cierto tiempo se sabrá que es buena tierra; con el paso del tiempo se confirmará que tal hombre o mujer es bendición de Dios a su pueblo. Palabras antes cité a Pablo, quien en sus palabras alertaba a la iglesia acerca de que los falsos profetas habrían de salir incluso de entre ellos mismos, ¿cómo es esto posible? ¿Pudiera ser que un líder de la iglesia se convierta en un lobo rapaz? Desafortunadamente, la respuesta es positiva. Esto es a causa de una mutación anormal de naturaleza. Por ejemplo, la Biblia nos presenta el cántico de la viña de Isaías, en donde Dios expresa su dolor por causa de que Israel le ha defraudado mutando en una planta distinta a la que sembró, dice así: Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas y dio uvas silvestres … ¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? …¡Le quitaré su vallado y será consumida!… haré que quede desierta… la viña de Yahwéh… la casa de Israel (Is. 5:1-7). Es decisión de cada quien responder o no a la gracia y vida de Dios; Dios ha hecho todo lo necesario para que la iglesia produzca uvas, con todo, han salido y seguirán saliendo de ella algunas uvas silvestres, gente mal intencionada de carácter réprobo. Seamos sabios para reconocer a los falsos profetas; y seamos también prudentes para no rechazar a la iglesia por causa de esos pocos. Y más aun, no seamos nosotros quienes se corrompan como falsos obreros. Por otra parte, cuando hablamos de por sus frutos los conoceréis, tenemos que mencionar también como dar buenos frutos, no sea que alguno de nosotros se deslice. Las uvas y los higos son el fruto de una vida rendida a Dios, son la manifestación del fruto del Espíritu, y como tal, es imposible producirlos con medios humanos; solamente cuando el creyente está unido verdaderamente a Jesús puede dar fruto; sólo si Dios está actuando en su vida, limpiándolo y perfeccionándolo dará fruto: Yo Soy la Vid verdadera, y mi Padre es el Labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquél que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:1-5). Cuando alguno da malos frutos está demostrando que no está en Cristo. Y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 7:19). Todo supuesto líder, pastor, profeta o maestro de la iglesia que da malos frutos, que su vida deshora la fe de Cristo, que su propósito es el provecho personal, termina siendo maldecido por Dios. Sus frutos no son otra cosa que “espinos y abrojos”, lo mismo que produce la tierra una vez que Dios la ha maldecido, como en el juicio de Dios contra el hombre cuando este cayó (Gen. 3:18). Cuando un miembro de la iglesia tiene voluntariamente una vida pecaminosa, y más si se trata de un líder que añade a su pecado el aprovecharse de la fe e ingenuidad de los hermanos, es una persona que se ha separado de Cristo, por lo que sus frutos, sus obras, son el resultado de una vida terrenal. Dios maldijo la tierra, por lo que ésta produce espinos y cardos al hombre todos los días de su vida (Gen. 3:17-18); el hombre sin Dios, aun cuando parezca oveja, por estar sin Dios, su vida produce frutos terrenales, está viviendo bajo la maldición de la tierra. La única forma de no estar en esta condición es estar en Cristo, quien, en su unión con Él, desarrolla en nosotros buenas obras, uvas e higos, porque su vida está en nosotros como la sabia en la vid, y Él vive su vida, la vida espiritual a través nuestro. Dichos espinos y cardos ahogan la Palabra de Dios (Mat. 13:7,22) en esa vida, por lo que se envanece; y así como la paja sirve para el fuego, así los espinos y abrojos arden fácilmente (Sal. 118:12); también, todo falso profeta será finalmente condenado (2 P. 2:3). Cuando Cristo venga en gloria, será por llama, que abrase y consuma en un día los cardos y espinos de Israel (Is. 10:17). Así de grave es no producir el fruto para el cual fuimos hechos, como dice el escritor a los hebreos: Si ya fuimos iluminados; si ya gustamos el don celestial; si ya participamos del Espíritu Santo; si ya gustamos la buena Palabra de Dios; y si ya probamos los poderes del siglo venidero ¡El Amado hizo todo por su viña! ¡Y aun así volvimos atrás!, ya no podemos ser renovados. Porque la tierra que bebe la lluvia muchas veces sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:4-8).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:18

Comentario general

7.15-20 Mira los versículos anteriores, por si fuera poco que la puerta es estrecha y el camino es angosto, está además el obstáculo de los falsos maestros, o como les llamó el Rey, los falsos profetas. Gente mal intencionada que conoceremos en el camino. Siempre que Dios siembra la buena semilla vendrá el enemigo a sembrar cizaña; donde hay ovejas también vendrán lobos. El camino de la religión es sumamente atrayente, sobre todo porque es posible enriquecerse en él. Desde el tiempo de Moisés existe advertencia contra los falsos profetas (Dt. 13:1-3; 18:22). El Rey Jesús dijo acerca de ellos “guardaos”; una orden y una necesidad protegerse de ellos porque hacen errar al pueblo, según dice el profeta Miqueas (Miq. 3:5-7). Así como también escribió al respecto el apóstol Pedro: …guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza (2 P. 3:17). Son tan peligrosos que el apóstol Pablo se refirió a ellos duramente: Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, ¡guardaos de los mutiladores del cuerpo! (Fil. 3:2). El mandamiento es guardarse de ellos, tener los ojos bien abiertos mirando que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col.2:8). Hubo falsos profetas antes de Cristo (Jer. 5:31; 6:14; Ez. 8:1-15), lo mismo que después de Él. El Señor advirtió que habrían de levantarse falsos profetas que engañarían a muchos (Mat. 24:11,24). La iglesia es advertida acerca de este peligro: Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado (2 P. 2:1-3). La apariencia de dichos profetas, según dijo el Rey, es similar a la de los verdaderos creyentes, vienen “vestidos de ovejas.” Esto es lo que los hace aún más peligrosos; tienen apariencia agradable, son tenidos por buenas personas. Desafortunadamente las tinieblas siempre llevan algo de verdad, si no fuese así, nadie sería engañado. La mentira jamás se manifiesta como tal, al diablo le gusta vestirse de ángel de luz, por lo que a sus obreros también les gusta disfrazarse de verdaderos siervos de Dios (2 Cor. 11:13-15). Tienen apariencia de piedad, pero niegan su eficacia (2 Tim. 3:5). Sin embargo, a pesar de su apariencia tan similar a la de los verdaderos cristianos, su naturaleza es diametralmente opuesta; por mucho que la cizaña se parezca al trigo, pertenece a diferente género. El trigo habrá de dar fruto dorado, mientras que la cizaña negro, esto se debe a su verdadera naturaleza. Pero por dentro –dijo el Maestro, refiriéndose a que su interior es malo. El verdadero carácter del falso profeta es maligno, Jesús les llamó “lobos rapaces”; el mismo término usado por el apóstol Pablo para referirse a los tales. Cuando Pablo se despidió de los hermanos en Efeso les dio algunos consejos respecto del cuidado de la iglesia y lo hizo con gran dedicación, pues sabía que ninguno de ellos vería más su rostro, era una despedida final y sumamente cargada de emoción, por lo mismo, el anciano apóstol estaba preocupado por la salud de la iglesia después de su partida; con sus últimas palabras describió la naturaleza de los falsos profetas en el propósito de su supuesto ministerio: yo se que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hch. 20:25-35). Después de estas palabras les refirió que no codició el oro de nadie y que incluso se mantuvo a sí mismo y a los que le acompañaban por lo que el término de “lobos rapaces”, como calificó junto con Cristo a los falsos maestros se refiere a los “mercaderes de la palabra”; hombres mal intencionados, que como los lobos rapaces buscan alimentarse de las ovejas, ellos viven de los creyentes; engañándoles con palabras para enriquecerse, profesionales del error que usan la predicación como fuente de ganancia; estas personas, dice la Escritura: no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos (Rom. 16:18). ¡No te dejes engañar por el falso profeta, aunque parezca genuino, si enfatiza o busca ganancia es falso! La Biblia dice que: Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda y su perdición no se duerme (2 P. 3:3). ¡Ay de los que presionan con engaños a las ovejas para que les enriquezcan! ¡Ay de los que tergiversan con astucia la sana doctrina, usando incluso la misma Palabra para sacar mayor provecho de los congregantes! …su perdición no se duerme. Lo denunció Isaías: Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado (Is. 56:10-11). Lee además Sofonías 3:3-5 y Ezequiel 22:27-28). Por todo esto, comprendemos que el versículo que estamos analizando (7:15-20) no se refiere a las masas en general, no habla del pueblo, sino de los líderes, los dirigentes de esas masas. Si aplicáramos estos versos a la gente común, a todo congregante (aunque excepcionalmente puede un lobo esconderse entre creyentes comunes), el resultado sería una inmisericorde confusión, pues existen verdaderos creyentes que, ya sea por estar comenzando en el camino del Señor o por haberle fallado en algo (como todo hombre ha fallado alguna vez), sería catalogado de falso profeta y de lobo rapaz. La forma recomendada por el Señor para distinguir al falso profeta, es el examinar sus frutos. Un fruto es el resultado y la manifestación de la vida de una planta, su propia genética le lleva a producir, al producto de su naturaleza se le conoce como fruto. Siempre es de acuerdo a la planta, la higuera no produce aceitunas ni la vid higos, una misma fuente no puede dar agua dulce y salada (Stg.3:12). Sin embargo, no te apresures a catalogar a nadie por alguna obra que haya hecho, pues debes esperar al fruto, el resultado final, la suma de sus obras. Pues podría tener alguna falla al no ser impecable y esto no lo descalifica. Ahora bien, los frutos mencionados por el Señor fueron las uvas y los higos en contraposición con los espinos y los abrojos. Las uvas y los higos son mencionados en las Sagradas Escrituras como símbolo de abundancia, por ejemplo, cuando los espías hebreos que recorrieron Canaán regresaron al pueblo, llevaron consigo uvas e higos como muestra de la prosperidad de la tierra que Dios les daba (Num. 13:23); del mismo modo, el creyente puede distinguir a un falso profeta si este no muestra con su vida y testimonio el fruto del Espíritu, la vida de Dios en él, uvas e higos espirituales; así como el resultado final de sus actos conforme al reino de Dios. Hasta el final o después de cierto tiempo se sabrá que es buena tierra; con el paso del tiempo se confirmará que tal hombre o mujer es bendición de Dios a su pueblo. Palabras antes cité a Pablo, quien en sus palabras alertaba a la iglesia acerca de que los falsos profetas habrían de salir incluso de entre ellos mismos, ¿cómo es esto posible? ¿Pudiera ser que un líder de la iglesia se convierta en un lobo rapaz? Desafortunadamente, la respuesta es positiva. Esto es a causa de una mutación anormal de naturaleza. Por ejemplo, la Biblia nos presenta el cántico de la viña de Isaías, en donde Dios expresa su dolor por causa de que Israel le ha defraudado mutando en una planta distinta a la que sembró, dice así: Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas y dio uvas silvestres … ¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? …¡Le quitaré su vallado y será consumida!… haré que quede desierta… la viña de Yahwéh… la casa de Israel (Is. 5:1-7). Es decisión de cada quien responder o no a la gracia y vida de Dios; Dios ha hecho todo lo necesario para que la iglesia produzca uvas, con todo, han salido y seguirán saliendo de ella algunas uvas silvestres, gente mal intencionada de carácter réprobo. Seamos sabios para reconocer a los falsos profetas; y seamos también prudentes para no rechazar a la iglesia por causa de esos pocos. Y más aun, no seamos nosotros quienes se corrompan como falsos obreros. Por otra parte, cuando hablamos de por sus frutos los conoceréis, tenemos que mencionar también como dar buenos frutos, no sea que alguno de nosotros se deslice. Las uvas y los higos son el fruto de una vida rendida a Dios, son la manifestación del fruto del Espíritu, y como tal, es imposible producirlos con medios humanos; solamente cuando el creyente está unido verdaderamente a Jesús puede dar fruto; sólo si Dios está actuando en su vida, limpiándolo y perfeccionándolo dará fruto: Yo Soy la Vid verdadera, y mi Padre es el Labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquél que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:1-5). Cuando alguno da malos frutos está demostrando que no está en Cristo. Y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 7:19). Todo supuesto líder, pastor, profeta o maestro de la iglesia que da malos frutos, que su vida deshora la fe de Cristo, que su propósito es el provecho personal, termina siendo maldecido por Dios. Sus frutos no son otra cosa que “espinos y abrojos”, lo mismo que produce la tierra una vez que Dios la ha maldecido, como en el juicio de Dios contra el hombre cuando este cayó (Gen. 3:18). Cuando un miembro de la iglesia tiene voluntariamente una vida pecaminosa, y más si se trata de un líder que añade a su pecado el aprovecharse de la fe e ingenuidad de los hermanos, es una persona que se ha separado de Cristo, por lo que sus frutos, sus obras, son el resultado de una vida terrenal. Dios maldijo la tierra, por lo que ésta produce espinos y cardos al hombre todos los días de su vida (Gen. 3:17-18); el hombre sin Dios, aun cuando parezca oveja, por estar sin Dios, su vida produce frutos terrenales, está viviendo bajo la maldición de la tierra. La única forma de no estar en esta condición es estar en Cristo, quien, en su unión con Él, desarrolla en nosotros buenas obras, uvas e higos, porque su vida está en nosotros como la sabia en la vid, y Él vive su vida, la vida espiritual a través nuestro. Dichos espinos y cardos ahogan la Palabra de Dios (Mat. 13:7,22) en esa vida, por lo que se envanece; y así como la paja sirve para el fuego, así los espinos y abrojos arden fácilmente (Sal. 118:12); también, todo falso profeta será finalmente condenado (2 P. 2:3). Cuando Cristo venga en gloria, será por llama, que abrase y consuma en un día los cardos y espinos de Israel (Is. 10:17). Así de grave es no producir el fruto para el cual fuimos hechos, como dice el escritor a los hebreos: Si ya fuimos iluminados; si ya gustamos el don celestial; si ya participamos del Espíritu Santo; si ya gustamos la buena Palabra de Dios; y si ya probamos los poderes del siglo venidero ¡El Amado hizo todo por su viña! ¡Y aun así volvimos atrás!, ya no podemos ser renovados. Porque la tierra que bebe la lluvia muchas veces sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:4-8).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:19

Comentario general

7.15-20 Mira los versículos anteriores, por si fuera poco que la puerta es estrecha y el camino es angosto, está además el obstáculo de los falsos maestros, o como les llamó el Rey, los falsos profetas. Gente mal intencionada que conoceremos en el camino. Siempre que Dios siembra la buena semilla vendrá el enemigo a sembrar cizaña; donde hay ovejas también vendrán lobos. El camino de la religión es sumamente atrayente, sobre todo porque es posible enriquecerse en él. Desde el tiempo de Moisés existe advertencia contra los falsos profetas (Dt. 13:1-3; 18:22). El Rey Jesús dijo acerca de ellos “guardaos”; una orden y una necesidad protegerse de ellos porque hacen errar al pueblo, según dice el profeta Miqueas (Miq. 3:5-7). Así como también escribió al respecto el apóstol Pedro: …guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza (2 P. 3:17). Son tan peligrosos que el apóstol Pablo se refirió a ellos duramente: Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, ¡guardaos de los mutiladores del cuerpo! (Fil. 3:2). El mandamiento es guardarse de ellos, tener los ojos bien abiertos mirando que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col.2:8). Hubo falsos profetas antes de Cristo (Jer. 5:31; 6:14; Ez. 8:1-15), lo mismo que después de Él. El Señor advirtió que habrían de levantarse falsos profetas que engañarían a muchos (Mat. 24:11,24). La iglesia es advertida acerca de este peligro: Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado (2 P. 2:1-3). La apariencia de dichos profetas, según dijo el Rey, es similar a la de los verdaderos creyentes, vienen “vestidos de ovejas.” Esto es lo que los hace aún más peligrosos; tienen apariencia agradable, son tenidos por buenas personas. Desafortunadamente las tinieblas siempre llevan algo de verdad, si no fuese así, nadie sería engañado. La mentira jamás se manifiesta como tal, al diablo le gusta vestirse de ángel de luz, por lo que a sus obreros también les gusta disfrazarse de verdaderos siervos de Dios (2 Cor. 11:13-15). Tienen apariencia de piedad, pero niegan su eficacia (2 Tim. 3:5). Sin embargo, a pesar de su apariencia tan similar a la de los verdaderos cristianos, su naturaleza es diametralmente opuesta; por mucho que la cizaña se parezca al trigo, pertenece a diferente género. El trigo habrá de dar fruto dorado, mientras que la cizaña negro, esto se debe a su verdadera naturaleza. Pero por dentro –dijo el Maestro, refiriéndose a que su interior es malo. El verdadero carácter del falso profeta es maligno, Jesús les llamó “lobos rapaces”; el mismo término usado por el apóstol Pablo para referirse a los tales. Cuando Pablo se despidió de los hermanos en Efeso les dio algunos consejos respecto del cuidado de la iglesia y lo hizo con gran dedicación, pues sabía que ninguno de ellos vería más su rostro, era una despedida final y sumamente cargada de emoción, por lo mismo, el anciano apóstol estaba preocupado por la salud de la iglesia después de su partida; con sus últimas palabras describió la naturaleza de los falsos profetas en el propósito de su supuesto ministerio: yo se que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hch. 20:25-35). Después de estas palabras les refirió que no codició el oro de nadie y que incluso se mantuvo a sí mismo y a los que le acompañaban por lo que el término de “lobos rapaces”, como calificó junto con Cristo a los falsos maestros se refiere a los “mercaderes de la palabra”; hombres mal intencionados, que como los lobos rapaces buscan alimentarse de las ovejas, ellos viven de los creyentes; engañándoles con palabras para enriquecerse, profesionales del error que usan la predicación como fuente de ganancia; estas personas, dice la Escritura: no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos (Rom. 16:18). ¡No te dejes engañar por el falso profeta, aunque parezca genuino, si enfatiza o busca ganancia es falso! La Biblia dice que: Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda y su perdición no se duerme (2 P. 3:3). ¡Ay de los que presionan con engaños a las ovejas para que les enriquezcan! ¡Ay de los que tergiversan con astucia la sana doctrina, usando incluso la misma Palabra para sacar mayor provecho de los congregantes! …su perdición no se duerme. Lo denunció Isaías: Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado (Is. 56:10-11). Lee además Sofonías 3:3-5 y Ezequiel 22:27-28). Por todo esto, comprendemos que el versículo que estamos analizando (7:15-20) no se refiere a las masas en general, no habla del pueblo, sino de los líderes, los dirigentes de esas masas. Si aplicáramos estos versos a la gente común, a todo congregante (aunque excepcionalmente puede un lobo esconderse entre creyentes comunes), el resultado sería una inmisericorde confusión, pues existen verdaderos creyentes que, ya sea por estar comenzando en el camino del Señor o por haberle fallado en algo (como todo hombre ha fallado alguna vez), sería catalogado de falso profeta y de lobo rapaz. La forma recomendada por el Señor para distinguir al falso profeta, es el examinar sus frutos. Un fruto es el resultado y la manifestación de la vida de una planta, su propia genética le lleva a producir, al producto de su naturaleza se le conoce como fruto. Siempre es de acuerdo a la planta, la higuera no produce aceitunas ni la vid higos, una misma fuente no puede dar agua dulce y salada (Stg.3:12). Sin embargo, no te apresures a catalogar a nadie por alguna obra que haya hecho, pues debes esperar al fruto, el resultado final, la suma de sus obras. Pues podría tener alguna falla al no ser impecable y esto no lo descalifica. Ahora bien, los frutos mencionados por el Señor fueron las uvas y los higos en contraposición con los espinos y los abrojos. Las uvas y los higos son mencionados en las Sagradas Escrituras como símbolo de abundancia, por ejemplo, cuando los espías hebreos que recorrieron Canaán regresaron al pueblo, llevaron consigo uvas e higos como muestra de la prosperidad de la tierra que Dios les daba (Num. 13:23); del mismo modo, el creyente puede distinguir a un falso profeta si este no muestra con su vida y testimonio el fruto del Espíritu, la vida de Dios en él, uvas e higos espirituales; así como el resultado final de sus actos conforme al reino de Dios. Hasta el final o después de cierto tiempo se sabrá que es buena tierra; con el paso del tiempo se confirmará que tal hombre o mujer es bendición de Dios a su pueblo. Palabras antes cité a Pablo, quien en sus palabras alertaba a la iglesia acerca de que los falsos profetas habrían de salir incluso de entre ellos mismos, ¿cómo es esto posible? ¿Pudiera ser que un líder de la iglesia se convierta en un lobo rapaz? Desafortunadamente, la respuesta es positiva. Esto es a causa de una mutación anormal de naturaleza. Por ejemplo, la Biblia nos presenta el cántico de la viña de Isaías, en donde Dios expresa su dolor por causa de que Israel le ha defraudado mutando en una planta distinta a la que sembró, dice así: Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas y dio uvas silvestres … ¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? …¡Le quitaré su vallado y será consumida!… haré que quede desierta… la viña de Yahwéh… la casa de Israel (Is. 5:1-7). Es decisión de cada quien responder o no a la gracia y vida de Dios; Dios ha hecho todo lo necesario para que la iglesia produzca uvas, con todo, han salido y seguirán saliendo de ella algunas uvas silvestres, gente mal intencionada de carácter réprobo. Seamos sabios para reconocer a los falsos profetas; y seamos también prudentes para no rechazar a la iglesia por causa de esos pocos. Y más aun, no seamos nosotros quienes se corrompan como falsos obreros. Por otra parte, cuando hablamos de por sus frutos los conoceréis, tenemos que mencionar también como dar buenos frutos, no sea que alguno de nosotros se deslice. Las uvas y los higos son el fruto de una vida rendida a Dios, son la manifestación del fruto del Espíritu, y como tal, es imposible producirlos con medios humanos; solamente cuando el creyente está unido verdaderamente a Jesús puede dar fruto; sólo si Dios está actuando en su vida, limpiándolo y perfeccionándolo dará fruto: Yo Soy la Vid verdadera, y mi Padre es el Labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquél que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:1-5). Cuando alguno da malos frutos está demostrando que no está en Cristo. Y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 7:19). Todo supuesto líder, pastor, profeta o maestro de la iglesia que da malos frutos, que su vida deshora la fe de Cristo, que su propósito es el provecho personal, termina siendo maldecido por Dios. Sus frutos no son otra cosa que “espinos y abrojos”, lo mismo que produce la tierra una vez que Dios la ha maldecido, como en el juicio de Dios contra el hombre cuando este cayó (Gen. 3:18). Cuando un miembro de la iglesia tiene voluntariamente una vida pecaminosa, y más si se trata de un líder que añade a su pecado el aprovecharse de la fe e ingenuidad de los hermanos, es una persona que se ha separado de Cristo, por lo que sus frutos, sus obras, son el resultado de una vida terrenal. Dios maldijo la tierra, por lo que ésta produce espinos y cardos al hombre todos los días de su vida (Gen. 3:17-18); el hombre sin Dios, aun cuando parezca oveja, por estar sin Dios, su vida produce frutos terrenales, está viviendo bajo la maldición de la tierra. La única forma de no estar en esta condición es estar en Cristo, quien, en su unión con Él, desarrolla en nosotros buenas obras, uvas e higos, porque su vida está en nosotros como la sabia en la vid, y Él vive su vida, la vida espiritual a través nuestro. Dichos espinos y cardos ahogan la Palabra de Dios (Mat. 13:7,22) en esa vida, por lo que se envanece; y así como la paja sirve para el fuego, así los espinos y abrojos arden fácilmente (Sal. 118:12); también, todo falso profeta será finalmente condenado (2 P. 2:3). Cuando Cristo venga en gloria, será por llama, que abrase y consuma en un día los cardos y espinos de Israel (Is. 10:17). Así de grave es no producir el fruto para el cual fuimos hechos, como dice el escritor a los hebreos: Si ya fuimos iluminados; si ya gustamos el don celestial; si ya participamos del Espíritu Santo; si ya gustamos la buena Palabra de Dios; y si ya probamos los poderes del siglo venidero ¡El Amado hizo todo por su viña! ¡Y aun así volvimos atrás!, ya no podemos ser renovados. Porque la tierra que bebe la lluvia muchas veces sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:4-8).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:20

Comentario general

7.15-20 Mira los versículos anteriores, por si fuera poco que la puerta es estrecha y el camino es angosto, está además el obstáculo de los falsos maestros, o como les llamó el Rey, los falsos profetas. Gente mal intencionada que conoceremos en el camino. Siempre que Dios siembra la buena semilla vendrá el enemigo a sembrar cizaña; donde hay ovejas también vendrán lobos. El camino de la religión es sumamente atrayente, sobre todo porque es posible enriquecerse en él. Desde el tiempo de Moisés existe advertencia contra los falsos profetas (Dt. 13:1-3; 18:22). El Rey Jesús dijo acerca de ellos “guardaos”; una orden y una necesidad protegerse de ellos porque hacen errar al pueblo, según dice el profeta Miqueas (Miq. 3:5-7). Así como también escribió al respecto el apóstol Pedro: …guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza (2 P. 3:17). Son tan peligrosos que el apóstol Pablo se refirió a ellos duramente: Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, ¡guardaos de los mutiladores del cuerpo! (Fil. 3:2). El mandamiento es guardarse de ellos, tener los ojos bien abiertos mirando que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col.2:8). Hubo falsos profetas antes de Cristo (Jer. 5:31; 6:14; Ez. 8:1-15), lo mismo que después de Él. El Señor advirtió que habrían de levantarse falsos profetas que engañarían a muchos (Mat. 24:11,24). La iglesia es advertida acerca de este peligro: Pero hubo falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado (2 P. 2:1-3). La apariencia de dichos profetas, según dijo el Rey, es similar a la de los verdaderos creyentes, vienen “vestidos de ovejas.” Esto es lo que los hace aún más peligrosos; tienen apariencia agradable, son tenidos por buenas personas. Desafortunadamente las tinieblas siempre llevan algo de verdad, si no fuese así, nadie sería engañado. La mentira jamás se manifiesta como tal, al diablo le gusta vestirse de ángel de luz, por lo que a sus obreros también les gusta disfrazarse de verdaderos siervos de Dios (2 Cor. 11:13-15). Tienen apariencia de piedad, pero niegan su eficacia (2 Tim. 3:5). Sin embargo, a pesar de su apariencia tan similar a la de los verdaderos cristianos, su naturaleza es diametralmente opuesta; por mucho que la cizaña se parezca al trigo, pertenece a diferente género. El trigo habrá de dar fruto dorado, mientras que la cizaña negro, esto se debe a su verdadera naturaleza. Pero por dentro –dijo el Maestro, refiriéndose a que su interior es malo. El verdadero carácter del falso profeta es maligno, Jesús les llamó “lobos rapaces”; el mismo término usado por el apóstol Pablo para referirse a los tales. Cuando Pablo se despidió de los hermanos en Efeso les dio algunos consejos respecto del cuidado de la iglesia y lo hizo con gran dedicación, pues sabía que ninguno de ellos vería más su rostro, era una despedida final y sumamente cargada de emoción, por lo mismo, el anciano apóstol estaba preocupado por la salud de la iglesia después de su partida; con sus últimas palabras describió la naturaleza de los falsos profetas en el propósito de su supuesto ministerio: yo se que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos (Hch. 20:25-35). Después de estas palabras les refirió que no codició el oro de nadie y que incluso se mantuvo a sí mismo y a los que le acompañaban por lo que el término de “lobos rapaces”, como calificó junto con Cristo a los falsos maestros se refiere a los “mercaderes de la palabra”; hombres mal intencionados, que como los lobos rapaces buscan alimentarse de las ovejas, ellos viven de los creyentes; engañándoles con palabras para enriquecerse, profesionales del error que usan la predicación como fuente de ganancia; estas personas, dice la Escritura: no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos (Rom. 16:18). ¡No te dejes engañar por el falso profeta, aunque parezca genuino, si enfatiza o busca ganancia es falso! La Biblia dice que: Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda y su perdición no se duerme (2 P. 3:3). ¡Ay de los que presionan con engaños a las ovejas para que les enriquezcan! ¡Ay de los que tergiversan con astucia la sana doctrina, usando incluso la misma Palabra para sacar mayor provecho de los congregantes! …su perdición no se duerme. Lo denunció Isaías: Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado (Is. 56:10-11). Lee además Sofonías 3:3-5 y Ezequiel 22:27-28). Por todo esto, comprendemos que el versículo que estamos analizando (7:15-20) no se refiere a las masas en general, no habla del pueblo, sino de los líderes, los dirigentes de esas masas. Si aplicáramos estos versos a la gente común, a todo congregante (aunque excepcionalmente puede un lobo esconderse entre creyentes comunes), el resultado sería una inmisericorde confusión, pues existen verdaderos creyentes que, ya sea por estar comenzando en el camino del Señor o por haberle fallado en algo (como todo hombre ha fallado alguna vez), sería catalogado de falso profeta y de lobo rapaz. La forma recomendada por el Señor para distinguir al falso profeta, es el examinar sus frutos. Un fruto es el resultado y la manifestación de la vida de una planta, su propia genética le lleva a producir, al producto de su naturaleza se le conoce como fruto. Siempre es de acuerdo a la planta, la higuera no produce aceitunas ni la vid higos, una misma fuente no puede dar agua dulce y salada (Stg.3:12). Sin embargo, no te apresures a catalogar a nadie por alguna obra que haya hecho, pues debes esperar al fruto, el resultado final, la suma de sus obras. Pues podría tener alguna falla al no ser impecable y esto no lo descalifica. Ahora bien, los frutos mencionados por el Señor fueron las uvas y los higos en contraposición con los espinos y los abrojos. Las uvas y los higos son mencionados en las Sagradas Escrituras como símbolo de abundancia, por ejemplo, cuando los espías hebreos que recorrieron Canaán regresaron al pueblo, llevaron consigo uvas e higos como muestra de la prosperidad de la tierra que Dios les daba (Num. 13:23); del mismo modo, el creyente puede distinguir a un falso profeta si este no muestra con su vida y testimonio el fruto del Espíritu, la vida de Dios en él, uvas e higos espirituales; así como el resultado final de sus actos conforme al reino de Dios. Hasta el final o después de cierto tiempo se sabrá que es buena tierra; con el paso del tiempo se confirmará que tal hombre o mujer es bendición de Dios a su pueblo. Palabras antes cité a Pablo, quien en sus palabras alertaba a la iglesia acerca de que los falsos profetas habrían de salir incluso de entre ellos mismos, ¿cómo es esto posible? ¿Pudiera ser que un líder de la iglesia se convierta en un lobo rapaz? Desafortunadamente, la respuesta es positiva. Esto es a causa de una mutación anormal de naturaleza. Por ejemplo, la Biblia nos presenta el cántico de la viña de Isaías, en donde Dios expresa su dolor por causa de que Israel le ha defraudado mutando en una planta distinta a la que sembró, dice así: Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas y dio uvas silvestres … ¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? …¡Le quitaré su vallado y será consumida!… haré que quede desierta… la viña de Yahwéh… la casa de Israel (Is. 5:1-7). Es decisión de cada quien responder o no a la gracia y vida de Dios; Dios ha hecho todo lo necesario para que la iglesia produzca uvas, con todo, han salido y seguirán saliendo de ella algunas uvas silvestres, gente mal intencionada de carácter réprobo. Seamos sabios para reconocer a los falsos profetas; y seamos también prudentes para no rechazar a la iglesia por causa de esos pocos. Y más aun, no seamos nosotros quienes se corrompan como falsos obreros. Por otra parte, cuando hablamos de por sus frutos los conoceréis, tenemos que mencionar también como dar buenos frutos, no sea que alguno de nosotros se deslice. Las uvas y los higos son el fruto de una vida rendida a Dios, son la manifestación del fruto del Espíritu, y como tal, es imposible producirlos con medios humanos; solamente cuando el creyente está unido verdaderamente a Jesús puede dar fruto; sólo si Dios está actuando en su vida, limpiándolo y perfeccionándolo dará fruto: Yo Soy la Vid verdadera, y mi Padre es el Labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquél que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15:1-5). Cuando alguno da malos frutos está demostrando que no está en Cristo. Y todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego (Mat. 7:19). Todo supuesto líder, pastor, profeta o maestro de la iglesia que da malos frutos, que su vida deshora la fe de Cristo, que su propósito es el provecho personal, termina siendo maldecido por Dios. Sus frutos no son otra cosa que “espinos y abrojos”, lo mismo que produce la tierra una vez que Dios la ha maldecido, como en el juicio de Dios contra el hombre cuando este cayó (Gen. 3:18). Cuando un miembro de la iglesia tiene voluntariamente una vida pecaminosa, y más si se trata de un líder que añade a su pecado el aprovecharse de la fe e ingenuidad de los hermanos, es una persona que se ha separado de Cristo, por lo que sus frutos, sus obras, son el resultado de una vida terrenal. Dios maldijo la tierra, por lo que ésta produce espinos y cardos al hombre todos los días de su vida (Gen. 3:17-18); el hombre sin Dios, aun cuando parezca oveja, por estar sin Dios, su vida produce frutos terrenales, está viviendo bajo la maldición de la tierra. La única forma de no estar en esta condición es estar en Cristo, quien, en su unión con Él, desarrolla en nosotros buenas obras, uvas e higos, porque su vida está en nosotros como la sabia en la vid, y Él vive su vida, la vida espiritual a través nuestro. Dichos espinos y cardos ahogan la Palabra de Dios (Mat. 13:7,22) en esa vida, por lo que se envanece; y así como la paja sirve para el fuego, así los espinos y abrojos arden fácilmente (Sal. 118:12); también, todo falso profeta será finalmente condenado (2 P. 2:3). Cuando Cristo venga en gloria, será por llama, que abrase y consuma en un día los cardos y espinos de Israel (Is. 10:17). Así de grave es no producir el fruto para el cual fuimos hechos, como dice el escritor a los hebreos: Si ya fuimos iluminados; si ya gustamos el don celestial; si ya participamos del Espíritu Santo; si ya gustamos la buena Palabra de Dios; y si ya probamos los poderes del siglo venidero ¡El Amado hizo todo por su viña! ¡Y aun así volvimos atrás!, ya no podemos ser renovados. Porque la tierra que bebe la lluvia muchas veces sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada (Heb.6:4-8).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:21

Comentario general

7.21-23 El peligro de ser engañados crece según los dones del impostor; por ello el Rey menciona como el falso profeta puede profetizar, echar fuera demonios e incluso hacer milagros. Aunque cabe aclarar, que en última instancia, somos engañados primero por nosotros mismos al suponer que los dones son evidencia de relación con Dios. Como la iglesia de Corinto, a quien el apóstol Pablo le dirige dos cartas en la Biblia y la cual, era una iglesia llena de dones, ministerios y operaciones. Tenían dones de sabiduría, de ciencia, de fe, de sanidades, de milagros, de profecía, de discernimiento, de lenguas, de interpretación de lenguas. Tenían ministerios de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Con todo y su aparente abundancia espiritual, Pablo se refiere a ellos como carnales, sectarios, inmorales, divisores, conflictivos, algunos idólatras y otros hasta se emborrachaban en la Cena del Señor; por lo que tiene que enseñarles: Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente (1 Cor. 12:31). Y luego trata su magistral capítulo acerca del amor (1 Cor. 13). En otras palabras, la evidencia de la relación con Dios y cristianismo genuinos, es el amor y no el ministerio ni los dones espirituales. De hecho, es fundamental conocer esto desde el principio de la fe cristiana en nuestra vida; pues para ser salvo basta invocar con fe el Nombre del Señor Jesús (Rom. 10:13); pero para entrar o participar de la clase de vida acorde al reino de los cielos, se necesita además de la fe, de la obediencia al Rey Jesucristo. En este sentido hay muchos invocadores y muchos trabajadores abundados de dones y de obras eclesiásticas, pero la verdad es triste para algunos de ellos: No conocen al Maestro, no obedecen al Rey, son hacedores de maldad. El texto dice no todo el que me dice: Señor y en tu nombre hicimos, lo que significa que el hecho de conocer el Nombre del Señor no es lo mismo que conocerlo a Él. Algunos conocen la sana doctrina y pueden ser expertos en el trabajo y obra del Señor, pero no todos ellos conocen al Creador de la Palabra y Señor de la obra. Son como el asalariado que trabaja y cumple su jornal sin llegar jamás a cruzar palabra con el dueño de la empresa. ¿Cómo sabemos quién sí y quién no conoce a Cristo? ¿O si yo le conozco en verdad? La respuesta de nuevo es simple: Si soy hacedor de maldad, no le conozco. Si le obedezco, entonces lo conozco. El que tiene mis mandamientos y los guarda, éste es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a Él (Juan 14:21).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:22

Comentario general

7.21-23 El peligro de ser engañados crece según los dones del impostor; por ello el Rey menciona como el falso profeta puede profetizar, echar fuera demonios e incluso hacer milagros. Aunque cabe aclarar, que en última instancia, somos engañados primero por nosotros mismos al suponer que los dones son evidencia de relación con Dios. Como la iglesia de Corinto, a quien el apóstol Pablo le dirige dos cartas en la Biblia y la cual, era una iglesia llena de dones, ministerios y operaciones. Tenían dones de sabiduría, de ciencia, de fe, de sanidades, de milagros, de profecía, de discernimiento, de lenguas, de interpretación de lenguas. Tenían ministerios de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Con todo y su aparente abundancia espiritual, Pablo se refiere a ellos como carnales, sectarios, inmorales, divisores, conflictivos, algunos idólatras y otros hasta se emborrachaban en la Cena del Señor; por lo que tiene que enseñarles: Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente (1 Cor. 12:31). Y luego trata su magistral capítulo acerca del amor (1 Cor. 13). En otras palabras, la evidencia de la relación con Dios y cristianismo genuinos, es el amor y no el ministerio ni los dones espirituales. De hecho, es fundamental conocer esto desde el principio de la fe cristiana en nuestra vida; pues para ser salvo basta invocar con fe el Nombre del Señor Jesús (Rom. 10:13); pero para entrar o participar de la clase de vida acorde al reino de los cielos, se necesita además de la fe, de la obediencia al Rey Jesucristo. En este sentido hay muchos invocadores y muchos trabajadores abundados de dones y de obras eclesiásticas, pero la verdad es triste para algunos de ellos: No conocen al Maestro, no obedecen al Rey, son hacedores de maldad. El texto dice no todo el que me dice: Señor y en tu nombre hicimos, lo que significa que el hecho de conocer el Nombre del Señor no es lo mismo que conocerlo a Él. Algunos conocen la sana doctrina y pueden ser expertos en el trabajo y obra del Señor, pero no todos ellos conocen al Creador de la Palabra y Señor de la obra. Son como el asalariado que trabaja y cumple su jornal sin llegar jamás a cruzar palabra con el dueño de la empresa. ¿Cómo sabemos quién sí y quién no conoce a Cristo? ¿O si yo le conozco en verdad? La respuesta de nuevo es simple: Si soy hacedor de maldad, no le conozco. Si le obedezco, entonces lo conozco. El que tiene mis mandamientos y los guarda, éste es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a Él (Juan 14:21).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:23

Comentario general

7.21-23 El peligro de ser engañados crece según los dones del impostor; por ello el Rey menciona como el falso profeta puede profetizar, echar fuera demonios e incluso hacer milagros. Aunque cabe aclarar, que en última instancia, somos engañados primero por nosotros mismos al suponer que los dones son evidencia de relación con Dios. Como la iglesia de Corinto, a quien el apóstol Pablo le dirige dos cartas en la Biblia y la cual, era una iglesia llena de dones, ministerios y operaciones. Tenían dones de sabiduría, de ciencia, de fe, de sanidades, de milagros, de profecía, de discernimiento, de lenguas, de interpretación de lenguas. Tenían ministerios de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Con todo y su aparente abundancia espiritual, Pablo se refiere a ellos como carnales, sectarios, inmorales, divisores, conflictivos, algunos idólatras y otros hasta se emborrachaban en la Cena del Señor; por lo que tiene que enseñarles: Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aún más excelente (1 Cor. 12:31). Y luego trata su magistral capítulo acerca del amor (1 Cor. 13). En otras palabras, la evidencia de la relación con Dios y cristianismo genuinos, es el amor y no el ministerio ni los dones espirituales. De hecho, es fundamental conocer esto desde el principio de la fe cristiana en nuestra vida; pues para ser salvo basta invocar con fe el Nombre del Señor Jesús (Rom. 10:13); pero para entrar o participar de la clase de vida acorde al reino de los cielos, se necesita además de la fe, de la obediencia al Rey Jesucristo. En este sentido hay muchos invocadores y muchos trabajadores abundados de dones y de obras eclesiásticas, pero la verdad es triste para algunos de ellos: No conocen al Maestro, no obedecen al Rey, son hacedores de maldad. El texto dice no todo el que me dice: Señor y en tu nombre hicimos, lo que significa que el hecho de conocer el Nombre del Señor no es lo mismo que conocerlo a Él. Algunos conocen la sana doctrina y pueden ser expertos en el trabajo y obra del Señor, pero no todos ellos conocen al Creador de la Palabra y Señor de la obra. Son como el asalariado que trabaja y cumple su jornal sin llegar jamás a cruzar palabra con el dueño de la empresa. ¿Cómo sabemos quién sí y quién no conoce a Cristo? ¿O si yo le conozco en verdad? La respuesta de nuevo es simple: Si soy hacedor de maldad, no le conozco. Si le obedezco, entonces lo conozco. El que tiene mis mandamientos y los guarda, éste es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a Él (Juan 14:21).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:24

Comentario general

7.24-27 Las últimas dos ilustraciones con las que el Rey Jesús resume la aplicación de las enseñanzas acerca de las leyes del reino de los cielos son los dos constructores, uno prudente y el otro insensato; ambas ilustraciones son también un llamado a la decisión: ¿Qué haré con las leyes del reino de los cielos? ¿Cuál será mi proceder respecto del reino celestial? ¿Qué respondo a Cristo? En esta parábola encontramos a dos constructores con algunas semejanzas y con algunas diferencias. Ambos oyen, ambos edifican una casa, y ambos enfrentan las mismas pruebas. Sin embargo, tenían naturalezas distintas: Uno era prudente (del griego “frónimos”, que significa previsor, considerado, cuidadoso, alguien atento a lo que hace); en cambio el otro era insensato (del griego “moros”, y que se refiere al imprevisor, necio, descuidado, a quien no se fija en lo que hace). El centro del mensaje bien puede resumirse en las palabras del anciano Juan: Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:17). Cualquiera, pues, además de ser el fin del discurso, es también una invitación a todo hombre, lo mismo que un desafío. El que me ha oído, hágalo; no importa su condición, ni quién sea, ni lo que tenga ni lo que necesite, “cualquiera, pues”. Cualquiera puede pedir, buscar y llamar; cualquiera puede entrar por la puerta estrecha y andar el camino angosto; cualquiera puede producir buenos frutos y cualquiera puede proclamarle Señor y obedecerle; la triste verdad es que también cualquiera puede oír y sin embargo hacer todo lo contrario a lo antes mencionado. El que me oye estas palabras. Definamos cuáles son esas palabras a las que el Rey está refiriéndose. Es claro que “estas palabras” son la alusión a todo lo dicho desde el capítulo 5 del mismo evangelio. “Estas palabras” resumen las bienaventuranzas (5:2-12); la sal y la luz del mundo (5:13-16); el cumplimiento interno de la ley (5:17- 6:4); la oración y el ayuno (6:5-18); la supremacía del reino sobre los afanes terrenales (6:19-34); las relaciones fraternas (7:1-6); y la disposición divina para bendecir al hombre (7:7-12). Pero el texto no sólo se refiere a las enseñanzas, sino al que oye dichas enseñanzas. Oír es una facultad sencilla, prácticamente al alcance de casi todo mortal; con todo, lo importante no está en oír con los oídos de la carne, sino en que la acción continúe a la audición. La actitud humana ante la Palabra de Dios es muy importante; se puede oír la misma voz de Dios y correr a esconderse como Adán y Eva en el huerto (Gen. 3:8); o bien, rendirse cual Pablo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hch. 9:6). El pueblo de Israel escuchó la voz de Dios, tuvo también la dirección de Moisés en base a la Palabra de Dios, sin embargo, la primera generación fracasó; el mandato para ellos (así como para nosotros) no fue solo si oyereis hoy su voz: sino además: no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:15). ¿Y a quienes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? …porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron (Heb. 3:18-4:2). Se requiere oír, pero con la sencillez del obediente siervo: habla, porque tu siervo oye (1 Sam. 3:10). El oír también implica lo maravilloso de la condescendencia divina, si se oye la Palabra, entonces hay Dios hablándola, ¡bendito sea su Nombre! ¡Cuán grande es su amor y cuán dispuesto! Si Dios se ha tomado la molestia de hablarnos, ¿quién es el necio que cierre sus oídos para no oírle? La Escritura nos presenta el tipo de esto en la consagración de los sacerdotes: puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos (Lev. 8:24). La sangre que toca el oído debe tocar también la mano y el pie. La Palabra de Dios oída debe ser también obedecida. Existen quienes han oído el evangelio al punto de poder enseñarlo, pero la sangre que tocó su oído no ha tocado los pasos de su conducta ni las manos de sus obras. Si no obedecen a la Palabra, entonces no han aplicado la sangre de Cristo a sus manos y a sus pies, aunque los lóbulos de sus orejas tengan sangre. El que oye las palabras de Cristo y las hace es comparado a un hombre prudente. Se refiere al previsor, al que puede anticiparse a los acontecimientos. El prudente es el que e el mal y se esconde (Pr. 22:3). Se ocupa en su salvación con temor y temblor (Fil. 2:12). Ese hombre prudente edificó una casa; edificar, en el contexto de la parábola no es realmente lo más importante; también el insensato fue un edificador; lo sobresaliente es la permanencia de su construcción. Si permaneciere la obra de alguno que sobre edificó, recibirá recompensa (1 Cor. 3:14). La permanencia de la casa construida, figura de la vida, se basa en el fundamento de dicha construcción: edificó su casa sobre la roca. Resaltan dos cosas: una casa y una roca. La casa es resultado de la necesidad humana, el hombre requiere de una casa para guardarse del clima, del sol, del medio ambiente, la casa es primeramente un lugar de refugio. Todo ser humano requiere de refugiarse en algo o en alguien. Para algunos la casa que los protege es la autosuficiencia, para otros las posesiones, para otros la misma religión o incluso amistades, familia; pero tanto para los unos como para los otros, su “casa” es demasiado insegura, no resistirá los embates de la vida (Pr. 28:26; 11:28). En segundo lugar la casa es un lugar de descanso, el sitio de reposo donde guarecerse de los afanes de la vida. Salomón, el hombre más sabio sobre la tierra, expresó en su vejez después de haber probado de todo sin el fundamento del Señor como su Roca, que todo esto era vanidad y aflicción (Ecl. 1:14). En tercer lugar, una casa es un lugar de comunión, en donde experimentamos el amor familiar; el ser humano es social, si carece de comunión carecerá de vida. Cuando se trata de edificar casa, de tener comunión como satisfacción para la vida, esta comunión debe ser con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1.3), sin Dios toda comunión será una “casa” vana e inútil, sin posibilidad de satisfacer la necesidad social humana. Se pueden tener muchos amigos, mas si se está enemistado con Dios, de nada sirve, el vacío del corazón seguirá allí. Además de la edificación de la casa, que como vimos, bien puede referirse a la vida y sus necesidades; Jesús habló de una roca. La roca es Cristo (1 Cor. 10:4). El fundamento más sólido para construir (sobre todo en tiempos bíblicos) es la roca, obra de Dios y no del hombre. El único fundamento estable es Cristo, por ello expresa Pablo al hablar de la base de la iglesia, que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Cor. 3:11). Por tanto, debemos basar la edificación de nuestra vida exclusivamente en Jesucristo, digamos cual David: ¡Él es mi Roca, mi fortaleza y mi libertador! …porque ¿quién es Roca fuera de nuestro Dios? (2 Sam. 22:2,32). De modo que edificar la casa sobre la roca equivale a obedecer a Cristo, tenerle a Él como el centro de nuestro vivir, en apego irrestricto a su Palabra, a tener por guía y mapa de nuestra vida a la leyes del reino de los cielos que el Maestro ha venido enseñando desde el capítulo 5 de este evangelio. La bendición del constructor diligente se encuentra en obedecer a Cristo, más directo, la bendición está en el obedecer lo que se ha oído: bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 11.28). Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis (Juan 2:3). El Señor dijo: descendió lluvia, vinieron ríos y soplaron vientos (7:25). Esta es una prueba triple, lo mismo que pruebas de diferentes direcciones. La lluvia viene de arriba, del cielo, por eso dice el texto que desciende, la lluvia prueba el techo de la casa y representa a las pruebas que vienen por parte de Dios; fue Dios quien abrió los cielos con lluvia de juicio, dejando vivos sólo a quienes se encontraban en el arca construida por Noé, del mismo modo que es Él quien prueba la fe del hombre, el techo de su casa (a donde alzamos los ojos); así como Dios pidió a Abraham a su hijo en sacrificio para probarlo, así mismo demandará de nosotros en diferentes ocasiones prueba de nuestra fe y del compromiso que tenemos con Él. Job preguntaba: ¿Qué es el hombre … para que lo visites todas las mañanas y todos los momentos lo pruebes? (Job 7:17-18). Mas, no confundamos la prueba con la tentación, porque Dios no tienta a nadie (Stg.1:13). La tentación incita al mal, en cambio la prueba es para motivar la obediencia incondicional del hombre y desarrollar su vida espiritual, ya que la prueba produce paciencia (Stg. 1:3). Aparte de la lluvia encontramos que la casa es golpeada por los ríos. Los ríos vienen de la tierra, simbolizan las pruebas a las que es sometido el súbdito del reino por parte del mundo. Se refiere a las críticas, a las persecuciones y a todo ataque que el mundo emprenda contra el creyente: A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan (1 P. 4:4). Es una verdad: El que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirá persecución (2 Tim. 3:12). ¿Qué debemos hacer? ¿Nos defenderemos del mundo? Si esto hiciéramos nos convertiríamos en ellos, debemos mantener nuestra manera de vivir entre ellos, para que en lo que murmuran de nosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar nuestras buenas obras (1 P. 2:12). Pero además de referirse al ataque de las personas del mundo, también habla del sistema del mundo, de todo lo que hay en el mundo para tentar al hombre a pecar. Todo aquel que se disponga seguir y servir a Cristo enfrentará tentaciones que prueben su fidelidad y su perseverancia en la fe del Señor. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:16-17). ¡El que resiste la tentación mantiene su casa en pie! Además de la lluvia que representa las pruebas de Dios y de los ríos que hablan del ataque del mundo, tenemos también el embate de los vientos. Los vientos representan al diablo y a sus huestes. Su labor es la destrucción, principalmente intentará destruir a todos aquellos que de algún modo se relacionan con el reino de Dios, atacará a los edificadores; pero si fundamos nuestra vida en Cristo no hay nada que temer ¡podemos con él y con sus huestes de maldad! Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Estas tres cosas, La lluvia, los ríos y los vientos; las pruebas de Dios, la tentación del mundo y los embates del enemigo darán con ímpetu contra la casa; esta frase se refiere a que golpearán violentamente, todo creyente pasará momentos en los que llegue a pensar que su vida se desmoronará, sin embargo, los que confían en Yahwéh son como el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre (Sal.125:1). La vida fundada en Cristo podrá ser atacada (que de hecho lo será), podrá ser afrentada (que de seguro así pasará), podrá pensarse que caerá, ¡mas no será así!, ¡jamás caerá! ¡Porque nadie puede tumbar a Aquél que la sostiene! Al estar en sus manos, nada nos puede arrebatar de allí (Juan 10:28); su amor ha sido probado con todo, por tanto no hay nada que nos pueda separar de Él (Rom. 8:35-39). La historia relatada por el Señor no terminó allí, él presentó la otra cara de la moneda, el contraste de un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Es insensato porque jamás pensó que algo le sucedería, fue confiado, creyó que era imposible su ruina. Como al sacerdote Elí, quien, confiado en que la promesa divina era el sacerdocio perpetuo para su familia edificó mal su vida y la de sus hijos, por lo que Dios le dijo: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Yahwéh: Nunca Yo tal haga porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco (1 Sm. 2:30). Este es el insensato que a pesar de oír la verdad no anda en ella, conoce el camino del Señor, pero no lo camina; escuchó el mensaje, mas no lo aplicó a sí mismo. Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismo (Stg. 1:22). La Palabra de Dios es viva, siempre actúa, es espada de dos filos, o salva al que la obedece, o condena al que la rechaza desobedeciendo. La arena es símbolo de inestabilidad, cualquier constructor sabe que la arena no es confiable como fundamento, así todo hombre debe saber que fuera de Cristo, todo es arena, ¿a quién iremos, si solamente Él tiene Palabras de vida eterna? (Juan 6:68). Pero además de la salvación, el texto se refiere a la obra del hombre, todos somos edificadores, de una o de otra forma, todos los cristianos trabajamos para el Señor; sin embargo, aunque las casas sean similares, aunque las obras se parezcan, no todas han sido hechas en Cristo y para su gloria (1 Cor. 3:10-15).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:25

Comentario general

7.24-27 Las últimas dos ilustraciones con las que el Rey Jesús resume la aplicación de las enseñanzas acerca de las leyes del reino de los cielos son los dos constructores, uno prudente y el otro insensato; ambas ilustraciones son también un llamado a la decisión: ¿Qué haré con las leyes del reino de los cielos? ¿Cuál será mi proceder respecto del reino celestial? ¿Qué respondo a Cristo? En esta parábola encontramos a dos constructores con algunas semejanzas y con algunas diferencias. Ambos oyen, ambos edifican una casa, y ambos enfrentan las mismas pruebas. Sin embargo, tenían naturalezas distintas: Uno era prudente (del griego “frónimos”, que significa previsor, considerado, cuidadoso, alguien atento a lo que hace); en cambio el otro era insensato (del griego “moros”, y que se refiere al imprevisor, necio, descuidado, a quien no se fija en lo que hace). El centro del mensaje bien puede resumirse en las palabras del anciano Juan: Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:17). Cualquiera, pues, además de ser el fin del discurso, es también una invitación a todo hombre, lo mismo que un desafío. El que me ha oído, hágalo; no importa su condición, ni quién sea, ni lo que tenga ni lo que necesite, “cualquiera, pues”. Cualquiera puede pedir, buscar y llamar; cualquiera puede entrar por la puerta estrecha y andar el camino angosto; cualquiera puede producir buenos frutos y cualquiera puede proclamarle Señor y obedecerle; la triste verdad es que también cualquiera puede oír y sin embargo hacer todo lo contrario a lo antes mencionado. El que me oye estas palabras. Definamos cuáles son esas palabras a las que el Rey está refiriéndose. Es claro que “estas palabras” son la alusión a todo lo dicho desde el capítulo 5 del mismo evangelio. “Estas palabras” resumen las bienaventuranzas (5:2-12); la sal y la luz del mundo (5:13-16); el cumplimiento interno de la ley (5:17- 6:4); la oración y el ayuno (6:5-18); la supremacía del reino sobre los afanes terrenales (6:19-34); las relaciones fraternas (7:1-6); y la disposición divina para bendecir al hombre (7:7-12). Pero el texto no sólo se refiere a las enseñanzas, sino al que oye dichas enseñanzas. Oír es una facultad sencilla, prácticamente al alcance de casi todo mortal; con todo, lo importante no está en oír con los oídos de la carne, sino en que la acción continúe a la audición. La actitud humana ante la Palabra de Dios es muy importante; se puede oír la misma voz de Dios y correr a esconderse como Adán y Eva en el huerto (Gen. 3:8); o bien, rendirse cual Pablo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hch. 9:6). El pueblo de Israel escuchó la voz de Dios, tuvo también la dirección de Moisés en base a la Palabra de Dios, sin embargo, la primera generación fracasó; el mandato para ellos (así como para nosotros) no fue solo si oyereis hoy su voz: sino además: no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:15). ¿Y a quienes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? …porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron (Heb. 3:18-4:2). Se requiere oír, pero con la sencillez del obediente siervo: habla, porque tu siervo oye (1 Sam. 3:10). El oír también implica lo maravilloso de la condescendencia divina, si se oye la Palabra, entonces hay Dios hablándola, ¡bendito sea su Nombre! ¡Cuán grande es su amor y cuán dispuesto! Si Dios se ha tomado la molestia de hablarnos, ¿quién es el necio que cierre sus oídos para no oírle? La Escritura nos presenta el tipo de esto en la consagración de los sacerdotes: puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos (Lev. 8:24). La sangre que toca el oído debe tocar también la mano y el pie. La Palabra de Dios oída debe ser también obedecida. Existen quienes han oído el evangelio al punto de poder enseñarlo, pero la sangre que tocó su oído no ha tocado los pasos de su conducta ni las manos de sus obras. Si no obedecen a la Palabra, entonces no han aplicado la sangre de Cristo a sus manos y a sus pies, aunque los lóbulos de sus orejas tengan sangre. El que oye las palabras de Cristo y las hace es comparado a un hombre prudente. Se refiere al previsor, al que puede anticiparse a los acontecimientos. El prudente es el que e el mal y se esconde (Pr. 22:3). Se ocupa en su salvación con temor y temblor (Fil. 2:12). Ese hombre prudente edificó una casa; edificar, en el contexto de la parábola no es realmente lo más importante; también el insensato fue un edificador; lo sobresaliente es la permanencia de su construcción. Si permaneciere la obra de alguno que sobre edificó, recibirá recompensa (1 Cor. 3:14). La permanencia de la casa construida, figura de la vida, se basa en el fundamento de dicha construcción: edificó su casa sobre la roca. Resaltan dos cosas: una casa y una roca. La casa es resultado de la necesidad humana, el hombre requiere de una casa para guardarse del clima, del sol, del medio ambiente, la casa es primeramente un lugar de refugio. Todo ser humano requiere de refugiarse en algo o en alguien. Para algunos la casa que los protege es la autosuficiencia, para otros las posesiones, para otros la misma religión o incluso amistades, familia; pero tanto para los unos como para los otros, su “casa” es demasiado insegura, no resistirá los embates de la vida (Pr. 28:26; 11:28). En segundo lugar la casa es un lugar de descanso, el sitio de reposo donde guarecerse de los afanes de la vida. Salomón, el hombre más sabio sobre la tierra, expresó en su vejez después de haber probado de todo sin el fundamento del Señor como su Roca, que todo esto era vanidad y aflicción (Ecl. 1:14). En tercer lugar, una casa es un lugar de comunión, en donde experimentamos el amor familiar; el ser humano es social, si carece de comunión carecerá de vida. Cuando se trata de edificar casa, de tener comunión como satisfacción para la vida, esta comunión debe ser con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1.3), sin Dios toda comunión será una “casa” vana e inútil, sin posibilidad de satisfacer la necesidad social humana. Se pueden tener muchos amigos, mas si se está enemistado con Dios, de nada sirve, el vacío del corazón seguirá allí. Además de la edificación de la casa, que como vimos, bien puede referirse a la vida y sus necesidades; Jesús habló de una roca. La roca es Cristo (1 Cor. 10:4). El fundamento más sólido para construir (sobre todo en tiempos bíblicos) es la roca, obra de Dios y no del hombre. El único fundamento estable es Cristo, por ello expresa Pablo al hablar de la base de la iglesia, que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Cor. 3:11). Por tanto, debemos basar la edificación de nuestra vida exclusivamente en Jesucristo, digamos cual David: ¡Él es mi Roca, mi fortaleza y mi libertador! …porque ¿quién es Roca fuera de nuestro Dios? (2 Sam. 22:2,32). De modo que edificar la casa sobre la roca equivale a obedecer a Cristo, tenerle a Él como el centro de nuestro vivir, en apego irrestricto a su Palabra, a tener por guía y mapa de nuestra vida a la leyes del reino de los cielos que el Maestro ha venido enseñando desde el capítulo 5 de este evangelio. La bendición del constructor diligente se encuentra en obedecer a Cristo, más directo, la bendición está en el obedecer lo que se ha oído: bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 11.28). Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis (Juan 2:3). El Señor dijo: descendió lluvia, vinieron ríos y soplaron vientos (7:25). Esta es una prueba triple, lo mismo que pruebas de diferentes direcciones. La lluvia viene de arriba, del cielo, por eso dice el texto que desciende, la lluvia prueba el techo de la casa y representa a las pruebas que vienen por parte de Dios; fue Dios quien abrió los cielos con lluvia de juicio, dejando vivos sólo a quienes se encontraban en el arca construida por Noé, del mismo modo que es Él quien prueba la fe del hombre, el techo de su casa (a donde alzamos los ojos); así como Dios pidió a Abraham a su hijo en sacrificio para probarlo, así mismo demandará de nosotros en diferentes ocasiones prueba de nuestra fe y del compromiso que tenemos con Él. Job preguntaba: ¿Qué es el hombre … para que lo visites todas las mañanas y todos los momentos lo pruebes? (Job 7:17-18). Mas, no confundamos la prueba con la tentación, porque Dios no tienta a nadie (Stg.1:13). La tentación incita al mal, en cambio la prueba es para motivar la obediencia incondicional del hombre y desarrollar su vida espiritual, ya que la prueba produce paciencia (Stg. 1:3). Aparte de la lluvia encontramos que la casa es golpeada por los ríos. Los ríos vienen de la tierra, simbolizan las pruebas a las que es sometido el súbdito del reino por parte del mundo. Se refiere a las críticas, a las persecuciones y a todo ataque que el mundo emprenda contra el creyente: A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan (1 P. 4:4). Es una verdad: El que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirá persecución (2 Tim. 3:12). ¿Qué debemos hacer? ¿Nos defenderemos del mundo? Si esto hiciéramos nos convertiríamos en ellos, debemos mantener nuestra manera de vivir entre ellos, para que en lo que murmuran de nosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar nuestras buenas obras (1 P. 2:12). Pero además de referirse al ataque de las personas del mundo, también habla del sistema del mundo, de todo lo que hay en el mundo para tentar al hombre a pecar. Todo aquel que se disponga seguir y servir a Cristo enfrentará tentaciones que prueben su fidelidad y su perseverancia en la fe del Señor. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:16-17). ¡El que resiste la tentación mantiene su casa en pie! Además de la lluvia que representa las pruebas de Dios y de los ríos que hablan del ataque del mundo, tenemos también el embate de los vientos. Los vientos representan al diablo y a sus huestes. Su labor es la destrucción, principalmente intentará destruir a todos aquellos que de algún modo se relacionan con el reino de Dios, atacará a los edificadores; pero si fundamos nuestra vida en Cristo no hay nada que temer ¡podemos con él y con sus huestes de maldad! Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Estas tres cosas, La lluvia, los ríos y los vientos; las pruebas de Dios, la tentación del mundo y los embates del enemigo darán con ímpetu contra la casa; esta frase se refiere a que golpearán violentamente, todo creyente pasará momentos en los que llegue a pensar que su vida se desmoronará, sin embargo, los que confían en Yahwéh son como el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre (Sal.125:1). La vida fundada en Cristo podrá ser atacada (que de hecho lo será), podrá ser afrentada (que de seguro así pasará), podrá pensarse que caerá, ¡mas no será así!, ¡jamás caerá! ¡Porque nadie puede tumbar a Aquél que la sostiene! Al estar en sus manos, nada nos puede arrebatar de allí (Juan 10:28); su amor ha sido probado con todo, por tanto no hay nada que nos pueda separar de Él (Rom. 8:35-39). La historia relatada por el Señor no terminó allí, él presentó la otra cara de la moneda, el contraste de un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Es insensato porque jamás pensó que algo le sucedería, fue confiado, creyó que era imposible su ruina. Como al sacerdote Elí, quien, confiado en que la promesa divina era el sacerdocio perpetuo para su familia edificó mal su vida y la de sus hijos, por lo que Dios le dijo: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Yahwéh: Nunca Yo tal haga porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco (1 Sm. 2:30). Este es el insensato que a pesar de oír la verdad no anda en ella, conoce el camino del Señor, pero no lo camina; escuchó el mensaje, mas no lo aplicó a sí mismo. Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismo (Stg. 1:22). La Palabra de Dios es viva, siempre actúa, es espada de dos filos, o salva al que la obedece, o condena al que la rechaza desobedeciendo. La arena es símbolo de inestabilidad, cualquier constructor sabe que la arena no es confiable como fundamento, así todo hombre debe saber que fuera de Cristo, todo es arena, ¿a quién iremos, si solamente Él tiene Palabras de vida eterna? (Juan 6:68). Pero además de la salvación, el texto se refiere a la obra del hombre, todos somos edificadores, de una o de otra forma, todos los cristianos trabajamos para el Señor; sin embargo, aunque las casas sean similares, aunque las obras se parezcan, no todas han sido hechas en Cristo y para su gloria (1 Cor. 3:10-15).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:26

Comentario general

7.24-27 Las últimas dos ilustraciones con las que el Rey Jesús resume la aplicación de las enseñanzas acerca de las leyes del reino de los cielos son los dos constructores, uno prudente y el otro insensato; ambas ilustraciones son también un llamado a la decisión: ¿Qué haré con las leyes del reino de los cielos? ¿Cuál será mi proceder respecto del reino celestial? ¿Qué respondo a Cristo? En esta parábola encontramos a dos constructores con algunas semejanzas y con algunas diferencias. Ambos oyen, ambos edifican una casa, y ambos enfrentan las mismas pruebas. Sin embargo, tenían naturalezas distintas: Uno era prudente (del griego “frónimos”, que significa previsor, considerado, cuidadoso, alguien atento a lo que hace); en cambio el otro era insensato (del griego “moros”, y que se refiere al imprevisor, necio, descuidado, a quien no se fija en lo que hace). El centro del mensaje bien puede resumirse en las palabras del anciano Juan: Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:17). Cualquiera, pues, además de ser el fin del discurso, es también una invitación a todo hombre, lo mismo que un desafío. El que me ha oído, hágalo; no importa su condición, ni quién sea, ni lo que tenga ni lo que necesite, “cualquiera, pues”. Cualquiera puede pedir, buscar y llamar; cualquiera puede entrar por la puerta estrecha y andar el camino angosto; cualquiera puede producir buenos frutos y cualquiera puede proclamarle Señor y obedecerle; la triste verdad es que también cualquiera puede oír y sin embargo hacer todo lo contrario a lo antes mencionado. El que me oye estas palabras. Definamos cuáles son esas palabras a las que el Rey está refiriéndose. Es claro que “estas palabras” son la alusión a todo lo dicho desde el capítulo 5 del mismo evangelio. “Estas palabras” resumen las bienaventuranzas (5:2-12); la sal y la luz del mundo (5:13-16); el cumplimiento interno de la ley (5:17- 6:4); la oración y el ayuno (6:5-18); la supremacía del reino sobre los afanes terrenales (6:19-34); las relaciones fraternas (7:1-6); y la disposición divina para bendecir al hombre (7:7-12). Pero el texto no sólo se refiere a las enseñanzas, sino al que oye dichas enseñanzas. Oír es una facultad sencilla, prácticamente al alcance de casi todo mortal; con todo, lo importante no está en oír con los oídos de la carne, sino en que la acción continúe a la audición. La actitud humana ante la Palabra de Dios es muy importante; se puede oír la misma voz de Dios y correr a esconderse como Adán y Eva en el huerto (Gen. 3:8); o bien, rendirse cual Pablo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hch. 9:6). El pueblo de Israel escuchó la voz de Dios, tuvo también la dirección de Moisés en base a la Palabra de Dios, sin embargo, la primera generación fracasó; el mandato para ellos (así como para nosotros) no fue solo si oyereis hoy su voz: sino además: no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:15). ¿Y a quienes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? …porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron (Heb. 3:18-4:2). Se requiere oír, pero con la sencillez del obediente siervo: habla, porque tu siervo oye (1 Sam. 3:10). El oír también implica lo maravilloso de la condescendencia divina, si se oye la Palabra, entonces hay Dios hablándola, ¡bendito sea su Nombre! ¡Cuán grande es su amor y cuán dispuesto! Si Dios se ha tomado la molestia de hablarnos, ¿quién es el necio que cierre sus oídos para no oírle? La Escritura nos presenta el tipo de esto en la consagración de los sacerdotes: puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos (Lev. 8:24). La sangre que toca el oído debe tocar también la mano y el pie. La Palabra de Dios oída debe ser también obedecida. Existen quienes han oído el evangelio al punto de poder enseñarlo, pero la sangre que tocó su oído no ha tocado los pasos de su conducta ni las manos de sus obras. Si no obedecen a la Palabra, entonces no han aplicado la sangre de Cristo a sus manos y a sus pies, aunque los lóbulos de sus orejas tengan sangre. El que oye las palabras de Cristo y las hace es comparado a un hombre prudente. Se refiere al previsor, al que puede anticiparse a los acontecimientos. El prudente es el que e el mal y se esconde (Pr. 22:3). Se ocupa en su salvación con temor y temblor (Fil. 2:12). Ese hombre prudente edificó una casa; edificar, en el contexto de la parábola no es realmente lo más importante; también el insensato fue un edificador; lo sobresaliente es la permanencia de su construcción. Si permaneciere la obra de alguno que sobre edificó, recibirá recompensa (1 Cor. 3:14). La permanencia de la casa construida, figura de la vida, se basa en el fundamento de dicha construcción: edificó su casa sobre la roca. Resaltan dos cosas: una casa y una roca. La casa es resultado de la necesidad humana, el hombre requiere de una casa para guardarse del clima, del sol, del medio ambiente, la casa es primeramente un lugar de refugio. Todo ser humano requiere de refugiarse en algo o en alguien. Para algunos la casa que los protege es la autosuficiencia, para otros las posesiones, para otros la misma religión o incluso amistades, familia; pero tanto para los unos como para los otros, su “casa” es demasiado insegura, no resistirá los embates de la vida (Pr. 28:26; 11:28). En segundo lugar la casa es un lugar de descanso, el sitio de reposo donde guarecerse de los afanes de la vida. Salomón, el hombre más sabio sobre la tierra, expresó en su vejez después de haber probado de todo sin el fundamento del Señor como su Roca, que todo esto era vanidad y aflicción (Ecl. 1:14). En tercer lugar, una casa es un lugar de comunión, en donde experimentamos el amor familiar; el ser humano es social, si carece de comunión carecerá de vida. Cuando se trata de edificar casa, de tener comunión como satisfacción para la vida, esta comunión debe ser con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1.3), sin Dios toda comunión será una “casa” vana e inútil, sin posibilidad de satisfacer la necesidad social humana. Se pueden tener muchos amigos, mas si se está enemistado con Dios, de nada sirve, el vacío del corazón seguirá allí. Además de la edificación de la casa, que como vimos, bien puede referirse a la vida y sus necesidades; Jesús habló de una roca. La roca es Cristo (1 Cor. 10:4). El fundamento más sólido para construir (sobre todo en tiempos bíblicos) es la roca, obra de Dios y no del hombre. El único fundamento estable es Cristo, por ello expresa Pablo al hablar de la base de la iglesia, que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Cor. 3:11). Por tanto, debemos basar la edificación de nuestra vida exclusivamente en Jesucristo, digamos cual David: ¡Él es mi Roca, mi fortaleza y mi libertador! …porque ¿quién es Roca fuera de nuestro Dios? (2 Sam. 22:2,32). De modo que edificar la casa sobre la roca equivale a obedecer a Cristo, tenerle a Él como el centro de nuestro vivir, en apego irrestricto a su Palabra, a tener por guía y mapa de nuestra vida a la leyes del reino de los cielos que el Maestro ha venido enseñando desde el capítulo 5 de este evangelio. La bendición del constructor diligente se encuentra en obedecer a Cristo, más directo, la bendición está en el obedecer lo que se ha oído: bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 11.28). Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis (Juan 2:3). El Señor dijo: descendió lluvia, vinieron ríos y soplaron vientos (7:25). Esta es una prueba triple, lo mismo que pruebas de diferentes direcciones. La lluvia viene de arriba, del cielo, por eso dice el texto que desciende, la lluvia prueba el techo de la casa y representa a las pruebas que vienen por parte de Dios; fue Dios quien abrió los cielos con lluvia de juicio, dejando vivos sólo a quienes se encontraban en el arca construida por Noé, del mismo modo que es Él quien prueba la fe del hombre, el techo de su casa (a donde alzamos los ojos); así como Dios pidió a Abraham a su hijo en sacrificio para probarlo, así mismo demandará de nosotros en diferentes ocasiones prueba de nuestra fe y del compromiso que tenemos con Él. Job preguntaba: ¿Qué es el hombre … para que lo visites todas las mañanas y todos los momentos lo pruebes? (Job 7:17-18). Mas, no confundamos la prueba con la tentación, porque Dios no tienta a nadie (Stg.1:13). La tentación incita al mal, en cambio la prueba es para motivar la obediencia incondicional del hombre y desarrollar su vida espiritual, ya que la prueba produce paciencia (Stg. 1:3). Aparte de la lluvia encontramos que la casa es golpeada por los ríos. Los ríos vienen de la tierra, simbolizan las pruebas a las que es sometido el súbdito del reino por parte del mundo. Se refiere a las críticas, a las persecuciones y a todo ataque que el mundo emprenda contra el creyente: A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan (1 P. 4:4). Es una verdad: El que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirá persecución (2 Tim. 3:12). ¿Qué debemos hacer? ¿Nos defenderemos del mundo? Si esto hiciéramos nos convertiríamos en ellos, debemos mantener nuestra manera de vivir entre ellos, para que en lo que murmuran de nosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar nuestras buenas obras (1 P. 2:12). Pero además de referirse al ataque de las personas del mundo, también habla del sistema del mundo, de todo lo que hay en el mundo para tentar al hombre a pecar. Todo aquel que se disponga seguir y servir a Cristo enfrentará tentaciones que prueben su fidelidad y su perseverancia en la fe del Señor. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:16-17). ¡El que resiste la tentación mantiene su casa en pie! Además de la lluvia que representa las pruebas de Dios y de los ríos que hablan del ataque del mundo, tenemos también el embate de los vientos. Los vientos representan al diablo y a sus huestes. Su labor es la destrucción, principalmente intentará destruir a todos aquellos que de algún modo se relacionan con el reino de Dios, atacará a los edificadores; pero si fundamos nuestra vida en Cristo no hay nada que temer ¡podemos con él y con sus huestes de maldad! Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Estas tres cosas, La lluvia, los ríos y los vientos; las pruebas de Dios, la tentación del mundo y los embates del enemigo darán con ímpetu contra la casa; esta frase se refiere a que golpearán violentamente, todo creyente pasará momentos en los que llegue a pensar que su vida se desmoronará, sin embargo, los que confían en Yahwéh son como el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre (Sal.125:1). La vida fundada en Cristo podrá ser atacada (que de hecho lo será), podrá ser afrentada (que de seguro así pasará), podrá pensarse que caerá, ¡mas no será así!, ¡jamás caerá! ¡Porque nadie puede tumbar a Aquél que la sostiene! Al estar en sus manos, nada nos puede arrebatar de allí (Juan 10:28); su amor ha sido probado con todo, por tanto no hay nada que nos pueda separar de Él (Rom. 8:35-39). La historia relatada por el Señor no terminó allí, él presentó la otra cara de la moneda, el contraste de un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Es insensato porque jamás pensó que algo le sucedería, fue confiado, creyó que era imposible su ruina. Como al sacerdote Elí, quien, confiado en que la promesa divina era el sacerdocio perpetuo para su familia edificó mal su vida y la de sus hijos, por lo que Dios le dijo: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Yahwéh: Nunca Yo tal haga porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco (1 Sm. 2:30). Este es el insensato que a pesar de oír la verdad no anda en ella, conoce el camino del Señor, pero no lo camina; escuchó el mensaje, mas no lo aplicó a sí mismo. Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismo (Stg. 1:22). La Palabra de Dios es viva, siempre actúa, es espada de dos filos, o salva al que la obedece, o condena al que la rechaza desobedeciendo. La arena es símbolo de inestabilidad, cualquier constructor sabe que la arena no es confiable como fundamento, así todo hombre debe saber que fuera de Cristo, todo es arena, ¿a quién iremos, si solamente Él tiene Palabras de vida eterna? (Juan 6:68). Pero además de la salvación, el texto se refiere a la obra del hombre, todos somos edificadores, de una o de otra forma, todos los cristianos trabajamos para el Señor; sin embargo, aunque las casas sean similares, aunque las obras se parezcan, no todas han sido hechas en Cristo y para su gloria (1 Cor. 3:10-15).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:27

Comentario general

7.24-27 Las últimas dos ilustraciones con las que el Rey Jesús resume la aplicación de las enseñanzas acerca de las leyes del reino de los cielos son los dos constructores, uno prudente y el otro insensato; ambas ilustraciones son también un llamado a la decisión: ¿Qué haré con las leyes del reino de los cielos? ¿Cuál será mi proceder respecto del reino celestial? ¿Qué respondo a Cristo? En esta parábola encontramos a dos constructores con algunas semejanzas y con algunas diferencias. Ambos oyen, ambos edifican una casa, y ambos enfrentan las mismas pruebas. Sin embargo, tenían naturalezas distintas: Uno era prudente (del griego “frónimos”, que significa previsor, considerado, cuidadoso, alguien atento a lo que hace); en cambio el otro era insensato (del griego “moros”, y que se refiere al imprevisor, necio, descuidado, a quien no se fija en lo que hace). El centro del mensaje bien puede resumirse en las palabras del anciano Juan: Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:17). Cualquiera, pues, además de ser el fin del discurso, es también una invitación a todo hombre, lo mismo que un desafío. El que me ha oído, hágalo; no importa su condición, ni quién sea, ni lo que tenga ni lo que necesite, “cualquiera, pues”. Cualquiera puede pedir, buscar y llamar; cualquiera puede entrar por la puerta estrecha y andar el camino angosto; cualquiera puede producir buenos frutos y cualquiera puede proclamarle Señor y obedecerle; la triste verdad es que también cualquiera puede oír y sin embargo hacer todo lo contrario a lo antes mencionado. El que me oye estas palabras. Definamos cuáles son esas palabras a las que el Rey está refiriéndose. Es claro que “estas palabras” son la alusión a todo lo dicho desde el capítulo 5 del mismo evangelio. “Estas palabras” resumen las bienaventuranzas (5:2-12); la sal y la luz del mundo (5:13-16); el cumplimiento interno de la ley (5:17- 6:4); la oración y el ayuno (6:5-18); la supremacía del reino sobre los afanes terrenales (6:19-34); las relaciones fraternas (7:1-6); y la disposición divina para bendecir al hombre (7:7-12). Pero el texto no sólo se refiere a las enseñanzas, sino al que oye dichas enseñanzas. Oír es una facultad sencilla, prácticamente al alcance de casi todo mortal; con todo, lo importante no está en oír con los oídos de la carne, sino en que la acción continúe a la audición. La actitud humana ante la Palabra de Dios es muy importante; se puede oír la misma voz de Dios y correr a esconderse como Adán y Eva en el huerto (Gen. 3:8); o bien, rendirse cual Pablo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hch. 9:6). El pueblo de Israel escuchó la voz de Dios, tuvo también la dirección de Moisés en base a la Palabra de Dios, sin embargo, la primera generación fracasó; el mandato para ellos (así como para nosotros) no fue solo si oyereis hoy su voz: sino además: no endurezcáis vuestros corazones (Heb. 3:15). ¿Y a quienes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? …porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron (Heb. 3:18-4:2). Se requiere oír, pero con la sencillez del obediente siervo: habla, porque tu siervo oye (1 Sam. 3:10). El oír también implica lo maravilloso de la condescendencia divina, si se oye la Palabra, entonces hay Dios hablándola, ¡bendito sea su Nombre! ¡Cuán grande es su amor y cuán dispuesto! Si Dios se ha tomado la molestia de hablarnos, ¿quién es el necio que cierre sus oídos para no oírle? La Escritura nos presenta el tipo de esto en la consagración de los sacerdotes: puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de sus orejas derechas, sobre los pulgares de sus manos derechas, y sobre los pulgares de sus pies derechos (Lev. 8:24). La sangre que toca el oído debe tocar también la mano y el pie. La Palabra de Dios oída debe ser también obedecida. Existen quienes han oído el evangelio al punto de poder enseñarlo, pero la sangre que tocó su oído no ha tocado los pasos de su conducta ni las manos de sus obras. Si no obedecen a la Palabra, entonces no han aplicado la sangre de Cristo a sus manos y a sus pies, aunque los lóbulos de sus orejas tengan sangre. El que oye las palabras de Cristo y las hace es comparado a un hombre prudente. Se refiere al previsor, al que puede anticiparse a los acontecimientos. El prudente es el que e el mal y se esconde (Pr. 22:3). Se ocupa en su salvación con temor y temblor (Fil. 2:12). Ese hombre prudente edificó una casa; edificar, en el contexto de la parábola no es realmente lo más importante; también el insensato fue un edificador; lo sobresaliente es la permanencia de su construcción. Si permaneciere la obra de alguno que sobre edificó, recibirá recompensa (1 Cor. 3:14). La permanencia de la casa construida, figura de la vida, se basa en el fundamento de dicha construcción: edificó su casa sobre la roca. Resaltan dos cosas: una casa y una roca. La casa es resultado de la necesidad humana, el hombre requiere de una casa para guardarse del clima, del sol, del medio ambiente, la casa es primeramente un lugar de refugio. Todo ser humano requiere de refugiarse en algo o en alguien. Para algunos la casa que los protege es la autosuficiencia, para otros las posesiones, para otros la misma religión o incluso amistades, familia; pero tanto para los unos como para los otros, su “casa” es demasiado insegura, no resistirá los embates de la vida (Pr. 28:26; 11:28). En segundo lugar la casa es un lugar de descanso, el sitio de reposo donde guarecerse de los afanes de la vida. Salomón, el hombre más sabio sobre la tierra, expresó en su vejez después de haber probado de todo sin el fundamento del Señor como su Roca, que todo esto era vanidad y aflicción (Ecl. 1:14). En tercer lugar, una casa es un lugar de comunión, en donde experimentamos el amor familiar; el ser humano es social, si carece de comunión carecerá de vida. Cuando se trata de edificar casa, de tener comunión como satisfacción para la vida, esta comunión debe ser con el Padre y con su Hijo Jesucristo (1 Juan 1.3), sin Dios toda comunión será una “casa” vana e inútil, sin posibilidad de satisfacer la necesidad social humana. Se pueden tener muchos amigos, mas si se está enemistado con Dios, de nada sirve, el vacío del corazón seguirá allí. Además de la edificación de la casa, que como vimos, bien puede referirse a la vida y sus necesidades; Jesús habló de una roca. La roca es Cristo (1 Cor. 10:4). El fundamento más sólido para construir (sobre todo en tiempos bíblicos) es la roca, obra de Dios y no del hombre. El único fundamento estable es Cristo, por ello expresa Pablo al hablar de la base de la iglesia, que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Cor. 3:11). Por tanto, debemos basar la edificación de nuestra vida exclusivamente en Jesucristo, digamos cual David: ¡Él es mi Roca, mi fortaleza y mi libertador! …porque ¿quién es Roca fuera de nuestro Dios? (2 Sam. 22:2,32). De modo que edificar la casa sobre la roca equivale a obedecer a Cristo, tenerle a Él como el centro de nuestro vivir, en apego irrestricto a su Palabra, a tener por guía y mapa de nuestra vida a la leyes del reino de los cielos que el Maestro ha venido enseñando desde el capítulo 5 de este evangelio. La bendición del constructor diligente se encuentra en obedecer a Cristo, más directo, la bendición está en el obedecer lo que se ha oído: bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Luc. 11.28). Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis (Juan 2:3). El Señor dijo: descendió lluvia, vinieron ríos y soplaron vientos (7:25). Esta es una prueba triple, lo mismo que pruebas de diferentes direcciones. La lluvia viene de arriba, del cielo, por eso dice el texto que desciende, la lluvia prueba el techo de la casa y representa a las pruebas que vienen por parte de Dios; fue Dios quien abrió los cielos con lluvia de juicio, dejando vivos sólo a quienes se encontraban en el arca construida por Noé, del mismo modo que es Él quien prueba la fe del hombre, el techo de su casa (a donde alzamos los ojos); así como Dios pidió a Abraham a su hijo en sacrificio para probarlo, así mismo demandará de nosotros en diferentes ocasiones prueba de nuestra fe y del compromiso que tenemos con Él. Job preguntaba: ¿Qué es el hombre … para que lo visites todas las mañanas y todos los momentos lo pruebes? (Job 7:17-18). Mas, no confundamos la prueba con la tentación, porque Dios no tienta a nadie (Stg.1:13). La tentación incita al mal, en cambio la prueba es para motivar la obediencia incondicional del hombre y desarrollar su vida espiritual, ya que la prueba produce paciencia (Stg. 1:3). Aparte de la lluvia encontramos que la casa es golpeada por los ríos. Los ríos vienen de la tierra, simbolizan las pruebas a las que es sometido el súbdito del reino por parte del mundo. Se refiere a las críticas, a las persecuciones y a todo ataque que el mundo emprenda contra el creyente: A estos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan (1 P. 4:4). Es una verdad: El que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús sufrirá persecución (2 Tim. 3:12). ¿Qué debemos hacer? ¿Nos defenderemos del mundo? Si esto hiciéramos nos convertiríamos en ellos, debemos mantener nuestra manera de vivir entre ellos, para que en lo que murmuran de nosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar nuestras buenas obras (1 P. 2:12). Pero además de referirse al ataque de las personas del mundo, también habla del sistema del mundo, de todo lo que hay en el mundo para tentar al hombre a pecar. Todo aquel que se disponga seguir y servir a Cristo enfrentará tentaciones que prueben su fidelidad y su perseverancia en la fe del Señor. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:16-17). ¡El que resiste la tentación mantiene su casa en pie! Además de la lluvia que representa las pruebas de Dios y de los ríos que hablan del ataque del mundo, tenemos también el embate de los vientos. Los vientos representan al diablo y a sus huestes. Su labor es la destrucción, principalmente intentará destruir a todos aquellos que de algún modo se relacionan con el reino de Dios, atacará a los edificadores; pero si fundamos nuestra vida en Cristo no hay nada que temer ¡podemos con él y con sus huestes de maldad! Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Estas tres cosas, La lluvia, los ríos y los vientos; las pruebas de Dios, la tentación del mundo y los embates del enemigo darán con ímpetu contra la casa; esta frase se refiere a que golpearán violentamente, todo creyente pasará momentos en los que llegue a pensar que su vida se desmoronará, sin embargo, los que confían en Yahwéh son como el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre (Sal.125:1). La vida fundada en Cristo podrá ser atacada (que de hecho lo será), podrá ser afrentada (que de seguro así pasará), podrá pensarse que caerá, ¡mas no será así!, ¡jamás caerá! ¡Porque nadie puede tumbar a Aquél que la sostiene! Al estar en sus manos, nada nos puede arrebatar de allí (Juan 10:28); su amor ha sido probado con todo, por tanto no hay nada que nos pueda separar de Él (Rom. 8:35-39). La historia relatada por el Señor no terminó allí, él presentó la otra cara de la moneda, el contraste de un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Es insensato porque jamás pensó que algo le sucedería, fue confiado, creyó que era imposible su ruina. Como al sacerdote Elí, quien, confiado en que la promesa divina era el sacerdocio perpetuo para su familia edificó mal su vida y la de sus hijos, por lo que Dios le dijo: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Yahwéh: Nunca Yo tal haga porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco (1 Sm. 2:30). Este es el insensato que a pesar de oír la verdad no anda en ella, conoce el camino del Señor, pero no lo camina; escuchó el mensaje, mas no lo aplicó a sí mismo. Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismo (Stg. 1:22). La Palabra de Dios es viva, siempre actúa, es espada de dos filos, o salva al que la obedece, o condena al que la rechaza desobedeciendo. La arena es símbolo de inestabilidad, cualquier constructor sabe que la arena no es confiable como fundamento, así todo hombre debe saber que fuera de Cristo, todo es arena, ¿a quién iremos, si solamente Él tiene Palabras de vida eterna? (Juan 6:68). Pero además de la salvación, el texto se refiere a la obra del hombre, todos somos edificadores, de una o de otra forma, todos los cristianos trabajamos para el Señor; sin embargo, aunque las casas sean similares, aunque las obras se parezcan, no todas han sido hechas en Cristo y para su gloria (1 Cor. 3:10-15).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:28

Comentario general

7.28-29 El resultado del sermón del monte fue la admiración de la gente, como una orquesta hace un majestuoso silencio exacto y perfecto después de elevar sus tonos, acordes y volumen. Cuando Jesús dejó de hablar, se podía escuchar el sonar de miles de emocionados y extasiados corazones de oyentes. Estaban maravillados, literalmente la frase griega significa: fueron golpeados fuera de los sentidos. ¿Cómo no había de tener autoridad Aquél por cuya Palabra se hicieron los cielos y la tierra? (Heb.11:3). Los escribas, que eran los más reconocidos en materia de enseñanza estaban muy por debajo del Mesías, se limitaban a decir “como dijo éste o aquél”; el más atrevido podía decir: “Dios dice”; pero ninguno de ellos se hubiese acercado siquiera a pronunciar: “Mas yo os digo.” En sus labios hubiera sido blasfemia. La palabra humana, por muy bien documentada y por muy elocuente sigue siendo de hombre, carece del poder vivificador de la Palabra de Dios. Jesús tiene la autoridad, toda la potestad del cielo y de la tierra (Mat. 28:18). Su Palabra implica el derecho, el poder, la libertad, la habilidad, la energía, la eficacia y el dominio. Su Palabra hace todo aquello para lo cual fue enviada (Is. 55:11).

— Roberto Tinoco

Mateo 7:29

Comentario general

7.28-29 El resultado del sermón del monte fue la admiración de la gente, como una orquesta hace un majestuoso silencio exacto y perfecto después de elevar sus tonos, acordes y volumen. Cuando Jesús dejó de hablar, se podía escuchar el sonar de miles de emocionados y extasiados corazones de oyentes. Estaban maravillados, literalmente la frase griega significa: fueron golpeados fuera de los sentidos. ¿Cómo no había de tener autoridad Aquél por cuya Palabra se hicieron los cielos y la tierra? (Heb.11:3). Los escribas, que eran los más reconocidos en materia de enseñanza estaban muy por debajo del Mesías, se limitaban a decir “como dijo éste o aquél”; el más atrevido podía decir: “Dios dice”; pero ninguno de ellos se hubiese acercado siquiera a pronunciar: “Mas yo os digo.” En sus labios hubiera sido blasfemia. La palabra humana, por muy bien documentada y por muy elocuente sigue siendo de hombre, carece del poder vivificador de la Palabra de Dios. Jesús tiene la autoridad, toda la potestad del cielo y de la tierra (Mat. 28:18). Su Palabra implica el derecho, el poder, la libertad, la habilidad, la energía, la eficacia y el dominio. Su Palabra hace todo aquello para lo cual fue enviada (Is. 55:11).

— Roberto Tinoco

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