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Lucas 10
Jesús envía a sus discípulos
1Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir.🗨📝 2Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.🗨📝 3Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.📝 4No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino.🗨📝 5En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.🗨📝 6Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.🗨📝 7Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa.🗨📝 8En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante;🗨📝 9y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios.🗨📝 10Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid:🗨📝 11Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros.🗨📝 12Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad.🗨📝 13¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.🗨📝 14Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.🗨📝 15Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida.🗨📝 16El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.🗨📝 17Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.🗨📝 18Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.🗨📝 19He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.🗨📝 20Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.🗨📝Jesús da gracias al Padre
21En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó.🗨📝 22Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.🗨📝 23Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis;🗨📝 24porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.🗨📝El mandamiento más importante
25Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?🗨📝 26El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?🗨📝 27Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.🗨📝 28Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.🗨📝 29Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?🗨📝Parábola del buen samaritano
30Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.🗨📝 31Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.🗨📝 32Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.🗨📝 33Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;🗨📝 34y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.🗨📝 35Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.🗨📝 36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?🗨📝 37El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.🗨📝Jesús visita a Marta y a María
38Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.🗨📝 39Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.🗨📝 40Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.🗨📝 41Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.🗨📝 42Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Lucas 10: RV60
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Lucas 10:1
10.1 Después de enviar a los doce, el Señor reforzó el testimonio del evangelio comisiionando a setenta discípulos. Similar a los setenta ancianos que eligió Moisés como jueces de Israel. Estos setenta serían testigos, ya que los envió de dos en dos. Testigos de Jesús, pues irían delante de Él o preparando el camino en toda ciudad para su llegada hasta Jerusalén. Cada aldea, pueblo y ciudad era evangelizada primero por los setenta y luego llegaba el Rabí Jesús. Nosotros hacemos un trabajo semejante evangelizando el mundo antes del retorno del Señor Jesús. Los cristianos somos como los setenta llenando el mundo con el testimonio de Jesucristo, sus virtudes, su evangelio. ¿Eres tú de los setenta? ¿O eres un simple espectador de la llegada del reino a tu ciudad?
— Roberto Tinoco
Lucas 10:2
10.2 Doce no fueron suficientes. Setenta tampoco serían suficientes. Jesús quería que todo creyente se involucrara en la extensión del reino de Dios, lo cual comienza pidiendo al Señor más obreros. Les enseñó una oración que ellos podían y debían responder: más obreros para la mies. Tu debes orar y tu debes responder esta oración predicando el evangelio y haciendo discípulos. Es una ironía: pide lo que debes dar. Pide que te envíe. Pide y ve. Por eso en el siguiente versículo les dice “yo os envío…”
— Roberto Tinoco
10.3 Dios no envía a los discípulos para ser devorados, sino para establecer el reino de Dios. La conquista del mundo de los lobos se lleva a cabo por los corderos. Ese es tanto el poder del evangelio como la fuerza de la integridad. Conservar la naturaleza de hijos de Dios entre aquellos que aún no tienen su naturaleza y tener la disposición y capacidad de compatirles dicha naturaleza. No es una tarea fácil, la historia da cuenta de ello; pero si es una tarea gloriosa, el cielo da testimonio al respecto. Lo que decidas de aquí en adelante definirá si estás entre los corderos que van obedeciendo el llamado del Señor o entre los lobos desobedeciendo.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:4
10.4 Los setenta debían ir practicamente en absoluta dependencia a Dios, sin llevar nada para el camino. Algo que habría de cambiar más adelante con la muerte del Señor. La diferencia era tener o no al Señor fisicamente entre ellos. Iban y volvían a Él; así que Él se encargaba de sustentarlos. Pero una vez que muriera, resucitara y ascendiera a los cielos, habrían de llevar todo lo necesario para esta vida. Ellos serían ahora los encargados de sustentarse humanamente hablando, a fin de no depender de los demás y no comercializar el evangelio, como tristemente ha sucedido con el correr de los siglos. Los setenta no debían saludar a nadie en el camino, similar al profeta joven mencionado en 1 Reyes 13 que murió al desobedecer a Dios comiendo y conversando con un profeta viejo. Es un asunto de enfoque: vivir en absoluta obediencia. Dios no está en contra de la comunión, por el contrario, Él la ordena; pero tratándose de obreros en el inicio de su llamado, deben aprender a obedecer exactamente lo que se les ha mandado, sin cambio ni dilación. ¡No te distraigas! ¡Obedece!
— Roberto Tinoco
Lucas 10:5
10.5 Los hijos de Dios somos una fuente de bendición; antes de procurar nuestro bien, debemos procurar la paz o bendición de los demás. Las casas se abrirían a los setenta discípulos enviados, por tanto, debían bendecirles con paz antes de comer o beber lo que les den. El shalom, la satisfación en todo de quienes se abran a nuestro ministerio va primero que nuestras necesidades. Jamás midas tu ministerio por lo que obtienes, sino por lo que das.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:6
10.6 La bendición, cuando está basada en la Palabra de Dios, está viva. Va hacia aquel a quien se dirigió la palabra y si el tal fuese digno, será bendito de acuerdo a la Palabra que se le ha dado; pero si no fuese digno, la bendición regresará hacia el que la ha declarado, haciéndolo a él bendito. ¿No es esto maravilloso? No en todos los hogares hay hijos de paz; solo aquellos en los que se encuentran quienes decidieron recibir el mensaje de paz con Dios, el evangelio.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:7
10.7 Que el ministro reciba no está en duda, es digno de su salario. La razón por la que les dice que no lleven nada está explicado en las notas anteriores. Con todo, debían recibir con agradecimiento lo que les diesen. Veamos bien: el Señor menciona cosas básicas para el sustento de la vida como comida, bebida y posada, no habla de riquezas y mucho menos les permite aprovecharse de la fe de la iglesia pasando de casa en casa. La relación entre el ministro y la iglesia debe ser la de familia en donde el mayor bendice al menor. La dignidad del ministerio está por encima de la riqueza del ministro. Pudiera alguno ser enormemente prosperado financieramente, solo si ha prosperado la vida de incontables discípulos.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:8
10.8 Mostrar respeto ante la generosidad de los demás puede mostrarse en cosas tan sencillas como aceptar la comida sin prejuicio. No solo es permitido para satisfacer la necesidad de alimento, sino de satisfacer la necesidad de honra del que hospeda. El ministerio se encuentra con mucha gente buena que muestra generosidad y cuidado. Si sirves a Dios, serán muchos más los que te amarán que los opositores. Habrá más mesas servidas que días de estómago vacío. Dios es bueno y sabe cuidar a sus llamados.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:9
10.9 Los setenta fueron enviados a predicar el reino de Dios y en su llamado, también fueron comisionados con el poder de Dios para sanar enfermos como demostración de la llegada del reino. Tu también debes anunciar el reino de Dios y puedes, por la fe en Dios, sanar enfermos conforme a la voluntad de Dios. Después de todo, es obra de Dios y no nuestra. Nosotros sólo obedecemos. Los enfermos a sanar pueden ser físicos, pero también espirituales y morales. Todo el ser humano ha de ser sanado y lo externo sólo es una evidencia de la sanidad interna. Desde los tiempos de Juan el bautista el reino de los cielos se ha acercado y su expresión es vida, sanidad, salvación y perdón, entre muchas otras cosas.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:10
10.10-11 Habrá rechazos, es un hecho. Anunciaremos el reino de Dios a todos, pero no todos lo recibirán; en consecuencia, debemos continuar, pues adelante habrá otros que sí creerán. Pero no debemos salir del rechazo como anónimos, sino dejando en claro que nos despojamos por completo de todo lo relativo a los incrédulos. Ni el polvo de los pies nos llevaremos, ¡menos el rencor o dolor del rechazo! ¿Te han rechazado? No lleves por la vida ni la carga del recuerdo de los tales. No sólo debían sacudirse el polvo, sino sacudirse el polvo contra ellos, públicamente. Y decírselos. Una acción profética de repudio, como declarando: “rechazaron el reino, quedan fuera del reino”. !Desaprovecharon la oportunidad eterna!
— Roberto Tinoco
Lucas 10:11
10.10-11 Habrá rechazos, es un hecho. Anunciaremos el reino de Dios a todos, pero no todos lo recibirán; en consecuencia, debemos continuar, pues adelante habrá otros que sí creerán. Pero no debemos salir del rechazo como anónimos, sino dejando en claro que nos despojamos por completo de todo lo relativo a los incrédulos. Ni el polvo de los pies nos llevaremos, ¡menos el rencor o dolor del rechazo! ¿Te han rechazado? No lleves por la vida ni la carga del recuerdo de los tales. No sólo debían sacudirse el polvo, sino sacudirse el polvo contra ellos, públicamente. Y decírselos. Una acción profética de repudio, como declarando: “rechazaron el reino, quedan fuera del reino”. !Desaprovecharon la oportunidad eterna!
— Roberto Tinoco
Lucas 10:12
10.12 El mal de Sodoma no es comparable al mal de rechazar a Jesús. El Padre Celestial considera mucho más grave que rechacen a su Hijo que la inmoralidad de la ciudad que prefigura la bajeza de la historia. Habrá castigo después de esta vida. Y no será el mismo castigo para todos. Existen grados en el mal y asimismo también grados en la sentencia. Pocos azotes para los que hayan pecado poco y muchos azotes para los que mucho hayan pecado. Líbrate del juicio: acepta a Jesús obedeciéndole como tu Señor.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:13
10.13 Las palabras de Jesús demuestran que tanto Él como los setenta hicieron y habrían de hacer milagros en las ciudades de corazín y de betsaida. Y no pocos, sino muchos y espectaculares milagros. Pero no creyeron rechazando al Hijo de Dios y su reino. ¿Por qué recibirían tales ciudades peor castigo de Tiro y Sidón? (ciudades malvadas con muchos gentiles). Porque el Señor les concedió mayor gracia, tanto en milagros como en el mensaje de la Palabra. Al que más se le da, más se le demanda. Cabe la pregunta: si Tiro y sidón sí se habrían arrepentido en cilicio y ceniza si les hubiesen dado tantos milagros como a Corazín y Betsaida, ¿por qué no hizo allí el Señor tales milagros? Jesús no da la respuesta, pero podemos suponer que la vida así es, no todas las personas reciben las mismas oportunidades; y, sin embargo, no son inocentes, pues con las oportunidades recibidas decidieron no creer y hacer el mal. Sin embargo, el juicio en el día final será justo (lee la siguiente nota).
— Roberto Tinoco
Lucas 10:14
10.14 Que alguno reciba más oportunidad que otro de salvación parece injusto, pero no lo es, ya que el justicia se dejará ver en el juicio final. Dios tomará en cuenta cuánta luz recibió cada quien y lo que hizo con ello. ¿Cuánta oportunidad has recibido tú? ¿Has visto el poder de Dios? ¿has tenido ante ti la riqueza de Su Palabra? ¡Puede adorar con libertad? ¿Puedes congregarte? Has tenido mucha luz, así que debes dar mucho fruto. Alcanza a los demás con el evangelio.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:15
10.15 Capernaum recibió oportunidad respecto de Dios y su reino como pocas ciudades. Jesús tenía casa en dicha ciudad; hizo allí muchos milagros y predicó incontables veces. Pero no dio fruto a la altura de la gracia concedida. El cielo se acercó, pero no lo recibieron; de manera que les esperaba el Hades, la muerte y destrucción. O cielo o infierno, vida o muerte, salvación o condenación. La decisión es ineludible, incluso no decidir es una decisión.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:16
10.16 La identificación del enviado con el que envía es perfecta. Escuchar aquí al ministro, significa creer el evangelio y el anuncio del reino de Dios que dicho ministro hace; y desecharlo significa oponerse a su ministerio, incluso perseguirlo; lo cual constituye en oponerse a Cristo. Saulo de Tarso lo entendió bien cuando el Señor le dijo que Él era Jesús a quien Saulo perseguía (Hechos 9:5). Evidentemente, no se refiere a que todo lo que el ministro dice o hace debe ser aceptado como si fuese Cristo quien lo dice o lo hace. Esto aplica únicamente en lo relativo a Cristo Jesús y su reino. Tenemos por ejemplo, en cierta ocasión, el apóstol Pablo resistió cara a cara al apóstol Pedro porque lo que hacía Pedro -dijo Pablo, era de condenar (Gálatas 2:11-14).
— Roberto Tinoco
Lucas 10:17
10.17 Jesús había comisionado a setenta discípulos para crecer el anuncio del reino de Dios, los doce no eran suficientes y el tiempo era corto. Cuando lo setenta regresaron, venían sumamente felices de haber visto la manifestación del poder de Dios. Hicieron sanidades y anunciaron el reino, pero lo que más les sorprendía era que los demonios se les sujetaran en el Nombre de Jesús. Existe cierta fascinación de los creyentes por la guerra espiritual y algunos la enfatizan por encima de las demás maravillas. El Nombre de Jesús es sobre todo nombre. De hecho, la salvación está relacionada con la declaración en fe de Jesús como el Señor. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).
— Roberto Tinoco
Lucas 10:18
10.18 El enemigo de nuestras almas fue vencido a la velocidad de la luz porque fue la Luz quien lo venció. El que se jactaba de haber arrastrado tras de sí a la tercera parte de las estrellas del cielo y de engañar a los que habitan en carne cayó. Jesús lo vio y lo declaró: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”. No se deslizó ni se fue degradando su ilegítima autoridad poco a poco; sino de súbito, ha sido hecho como nada. Una cruz en el monte a las afueras de Jerusalén y una tumba vacía lo hicieron posible. Satanás es un enemigo vencido. Su dominio en las regiones celestes le fue quitado; mientras que toda potestad le ha sido dada al Señor Jesús en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Algunos todavía en su ceguera podrían tenerlo por dios, pero solo hay un Dios; Jesucristo, Él es el verdadero Dios y la Vida eterna (1 Juan 5:20). Sé libre.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:19
10.19 Eres poderoso. Jesús lo dijo y no miente. En su palabra a los setenta dio también su promesa a todos los creyentes. No se trata de una posibilidad, sino de la realidad. Os doy potestad, autoridad, dominio, -dijo el Señor. No solo de resistir ni enfrentar al enemigo, sino de pisotearlo. No importa si es mortalmente astuto como serpiente o peligroso como escorpión, cualquiera que sea su fuerza, toda, absolutamente sobre toda fuerza del enemigo y nada nos dañará. ¿Comprendes esto? Las tinieblas nada pueden hacerte. Ni los demonios ni el mismo diablo pueden perjudicarte. Tratándose del enemigo, tú eres invencible. No lo olvides nunca: sólo tú puedes lastimar tu alma. No lo hagas.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:20
10.20 La alegría cristiana nunca está basada en lo que se puede sobre otro, sino en lo que somos para con Dios. Ni siquiera el tener poder sobre los espíritus inmundos debe ser la fuente de nuestro gozo; el verdadero regocijo, no solo gozo, regocijo, es que nuestro nombre esté en el libro de la vida, el libro de Dios. Ser conocidos en los cielos siempre será mayor que ser temido en el infierno. Ser aceptado en el cielo es mayor felicidad que librarse del infierno. Ser amado por Dios es infinitamente superior a culquier otro sentimiento sobre cualquier criatura. Los setenta se alegraron del poder manifestado liberando personas de la posesión demoniaca; pero el Señor Jesús los ubica en la verdadera felicidad, no basada en lo que hicieron, por bueno que sea, sino en lo que Dios ha hecho por ellos. Esta es la salvación de sí mismo, la cual, dicho sea de paso, es más duradera que la salvación de los demonios. Es la vida eterna.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:21
10.21 La alegría que el Señor Jesús intentaba enseñar a los setenta, le sobrecogió. Se regocijó en el Espíritu, mucho más que la alegría del alma o de los sentimientos. Fue una especie de explosión de felicidad. Hizo según lo que había en su interior: alabó al Padre Celestial declarándolo Señor del cielo y de la tierra. Así como Jesús es nuestro Señor, el Padre es Señor del Hijo. ¿Y qué motivaba tanta alegría? Que el Padre permitiera entender el reino de los cielos a las personas sencillas, aquellos que, como niños, estaban dispuestos a asombrarse y ser enseñados por Dios. Eso es lo que agrada al Padre: mostrar sus misterios a quienes tienen el corazón más grande que el cerebro. Cuando amar y creer son mayores al saber, se puede recibir revelación de las cosas profundas del reino de los cielos. Es lo que no se aprende con el estudio, sino con la intimidad.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:22
10.22 El Hijo de Dios, Jesús, es dueño de todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, y aún, debajo de la tierra. Todo lo que existe le fue dado por Dios Padre a Jesús por haber satisfecho completamente su justicia y voluntad. Ninguna criatura comprendemos la dimensión de la relación e identidad del Hijo de Dios y de Dios Padre. Creemos saber, pero solo el infinito conoce el infinito. Y la única posibilidad que tenemos de llegar a conocer a Dios, con nuestra limitación, es por medio de Jesucristo, sólo Él puede revelarnos al Padre y al Hijo. Él es la manifestación de la deidad, la expresión exacta de su gloria y la imagen misma del todopoderoso. Conocer a Cristo no es una opción, es la única opción para llegar a Dios. “Aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” -dijo el Señor. Nadie puede obtener la revelación verdadera de quién es Dios, a menos de que el Hijo de Dios le dé dicha revelación. El requisito es la fe, confiar plenamente en Jesús como su Señor y Salvador.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:23
10.23 Entendemos que se trataba de los doce, pues aunque el contexto era la experiencia de los setenta, las cosas que el Señor enseñaba en secreto, lo hacía solo a los doce. Los llamó bienaventurados, literalmente, “inmensamente felices”. Los doce pudieron experimentar lo que nadie en la historia de la humanidad ha experimentado jamás: ser enseñados por Dios en carne. Lo vieron, como dice el apóstol Juan en su primera carta, con sus ojos y tocaron al verbo de Vida. La felicidad verdadera está en proporción del grado de intimidad con Dios que se tenga. Tan real como sea tu experiencia con Dios será de real la alegría duradera de tu ser. Si no te sientes pleno o feliz, necesitas relacionarte con Dios de forma genuina.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:24
10.24 Las Sagradas Escrituras que nos fueron dadas antes de la venida del Señor Jesucristo, están llenas de personas privilegiadas que tuvieron, muchas de ellas, experiencias espectaculares con Dios. Hazañas como Abraham comiendo con Dios bajo un árbol o la zarza que ardía sin consumirse llamando a Moisés; tenemos a Elías haciendo descender fuego del cielo o a maravillados padres de Sansón hablando con Dios; pero todos, aunque tuvieron esta clase de maravillas, son inferiores a la experiencia de los doce apóstoles. Todos los héroes de las Escrituras tuvieron sombras y figuras de Dios, pero no la realidad; fueron inspirados por el Espíritu para señalar hacia el futuro la venida del Hijo, pero los doce estuvieron físicamente con Él. Fueron los espectadores del cumplimiento de todo lo anteriormente profetizado. ¡La envidia de los reyes y la esperanza de los profetas! -por decirlo así. Los doce fueron mayores que todos sus antecesores; vieron a Jesús, oyeron a Jesús, estuvieron con Jesús. Vivieron a Dios en carne y después tuvieron a Dios en su interior. Algo que antes de ellos no tuvo nadie más. Tu y yo no tendremos su privilegio respecto a Dios en carne, pero si podemos ser semejantes a ellos teniendo a Dios en el espíritu. Cree.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:25
10.25 Imagina la escena: un intérprete de la ley quiere probar a Jesús, ¡a Jesús! ¡Al Juez de vivos y muertos! Además, trata de probarlo preguntando acerca de la vida eterna, esto es, perdiéndola por probarlo. El intérprete de la ley no interpretaba los tiempos; se levantó físicamente de su asiento, pero se hundió espiritualmente de su condición. Con todo, Jesús le dio otra oportunidad con la parábola del buen samaritano. El intérprete hablaba de hacer algo para ganarse la vida eterna, se movía en la ley, sin entender la gracia de Dios. Hablaba de heredar y a la vez de conseguir, estaba confundido. La parábola del buen samaritano tiene como propósito que no tomemos la actitud del intérprete de la ley del contexto en que la parábola fue dada: El intérprete de la ley es un religioso clásico: gusta de interpretar no de obedecer lo que dice Dios; y en esto, hace de todo una ley. El intérprete de la ley llama Maestro al Señor Jesús, sólo quiere conocer, no vivir ni intimar con Dios. El intérprete de la ley cree que no hay ninguno digno de que él lo ame: ¿y quién es mi prójimo? –preguntó (vr. 29). El Señor le muestra que es él quien necesita de un prójimo que le ame.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:26
10.26 la respuesta de Jesús al intérprete de la ley fue por medio de la ley. Le enseñaría que aun la ley habla de la gracia y, a la vez, le daría la oportunidad de redefinir su comprensión de la ley desde la perspectiva correcta, la del reino de los cielos. Permíteme la pregunta: Y tú, ¿cómo lees? Supongo que sí lees asiduamente la Biblia, pero, ¿la estás leyendo desde el espíritu?
— Roberto Tinoco
Lucas 10:27
10.27 El intérprete de la ley, conocía el corazón de la ley. Su respuesta fue correcta. Anteriormente Jesús había hablado de esto, así que es probable que el intérprete haya usado la enseñanza de Jesús para quedar bien con Jesús. Este es el centro de la ley y de todo mandamiento: amar a Dios y al prójimo. Como la cruz, un madero vertical (amor a Dios) y recargándo sobre él, el amor al prójimo (un madero horizontal). No se puede estar en la cruz sin estar totalmente crucificado, amando a Dios con todo el corazón, la fuente de las intenciones; con toda el alma, a saber, pensamientos, emociones y voluntad; con todas las fuerzas, con todo lo que se puede; y con toda la mente, que, aunque es virtud del alma, su repetición enfatiza que se trata de un amor consciente, a propósito, en plena reflexión. Asimismo, amar al prójimo como a uno mismo -declaró el intérprete de la ley. La Palabra da por entendido que sí nos amamos a nosotros mismos, no como algunos dicen por ahí que debes amarte primero a ti para poder amar a otro, cuando en realidad, todos mostramos un gran amor a nosotros mismos. Hasta el suicida erróneamente se intenta quitar la vida en busca de su propia paz, esto es, lo hace porque se ama. Pues así como uno se ama a si mismo, pero sanamente, procurando siempre su bienestar, así debemos amar al prójimo procurando su bien.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:28
10.28 La evaluación del Maestro a las palabras del intérprete de la ley, fue de aprobación. No solo respondió conforme a la verdad de la ley, sino que lo hizo según las enseñanzas de Jesús. Era evidente que lo había escuchado anteriormente de Él. Sin embargo, aunque su respusta era correcta, no se trataba solo de saberlo, sino de vivirlo, lo cual no era la práctica del intérprete, pues si así fuera, no estaría intentando probar a Jesús con sus preguntas. Muchos saben lo que deben creer y practicar, pero no lo hacen. Tranquilizan su conciencia en el hecho de que conocen la verdad, pero no andan en ella. Esta es una falsa esperanza, no tendrán la vida eterna. Jesús le dijo que si amaba a Dios y al prójimo viviría, lo que significa que en realidad no tenía vida permanente en él. Debes preguntarte: ¿estoy vivo de verdad? ¿Tengo la vida del cielo, la vida eterna? ¿O solo tengo la vida terrenal? Tu respuesta depende de tu amor a Dios y al prójimo.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:29
10.29 El intérprete entendió la confrontación de la verdad. Sabía que realmente no amaba a su prójimo y, por tanto, tampoco tenía vida eterna o verdadera. Con todo, en lugar de humillarse y comenzar a amar, intentó justificarse a sí mismo preguntando quién era su prójimo. Estaba lejos de la justificación que Dios nos da en Cristo Jesús. Es Dios quien justifica y todo el que intenta justificarse a sí mismo, lo único que provoca es hundirse más. Nadie puede justificarse ante Dios, no somos justos. Sólo Dios puede declarar justo al pecador poniendo sus pecados sobre su Hijo y aplicar la salvación por la fe en el creyente. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia (Romanos 8:4-5). No preguntes quién es tu prójimo y sé tu el prójimo. Ama.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:30
10.30 “No pensé que me fuera a pasar a mí” –suelen decir aquellos que experimentan un mal tiempo. Cáncer, accidente, divorcio. “No pensé que me fuera a pasar a mí” –he oído decir. Tratándose de necesitar misericordia es semejante, pues normalmente nos colocamos en la posición de ser quienes ayuden a otros y de no necesitar ayuda de nadie. Somos los santos, otros los caídos; somos los sanos, otros los enfermos; somos los bendecidos, otros los sufrientes. Pero la Palabra de Jesús nos ubica haciéndonos saber que si tenemos una nueva identidad y posición, se debe a la misericordia divina que nos rescató. Según la parábola, un hombre descendía de Jerusalén, que significa ciudad de paz, a Jericó, que representa la ciudad anatema que no debía ser reconstruida. La humanidad entera descendió desde el primer mordisco en el Edén. El intérprete de la ley seguramente era una persona considerada decente, moral, buena. El no se siente caído, al contrario, para él, son los demás quienes necesitan misericordia. Más no todos, pues preguntó quién es su prójimo para guardar el segundo mandamiento selectivamente, sólo con quien lo sea. El mayor descenso del hombre suele estar en el interior y no en el exterior. Son las caídas imperceptibles de momento. Es como la iglesia de Éfeso, a quien el Señor dijo que recordara de dónde había caído. ¿Quién olvida que se cayó, sino sólo quien se cayó poco a poco? Descender poco a poco también es caer. El intérprete había descendido y no lo sabía; era como el hermano del pródigo, ¿recuerdas? El pródigo descendió hasta los cerdos; pero su hermano mayor descendió en la propia casa de su Padre. La humanidad cayó en manos de ladrones. Muchos han sido los ladrones de la humanidad. El primero fue una serpiente en el huerto, los últimos al tiempo de Jesús, eran los religiosos judíos que despojaban al pueblo de la posibilidad de una vida abundante mediante sus constantes condenaciones. Ladrones que vinieron a matar, hurtar y destruir; y religiosos asalariados que huyeron al ver venir al lobo (Juan 10). Incluso, los mismos religiosos fueron hechos ladrones cuando hallando a un prosélito lo hacían dos veces más hijo del infierno que ellos. Pero también, el pecado que entró como veneno de la serpiente en la naturaleza humana fue un ladrón. Incluso aprovechó el poder de la ley (1 Cor. 15:56) para despojar condenando al hombre y declarándolo incapaz de ayudarse a si mismo. La humanidad fue gravemente herida, de muerte. El hombre quedó despojado. Viviendo la vida que no debió de vivir. Sobreviviendo. Quedó herido. La humanidad es un andar de almas heridas, corazones defraudados e identidades dolientes. Quedó medio muerto. Su cuerpo con muerte incipiente, su alma moribunda y su espíritu muerto. Sueños muertos, esperanza muerta, fe muerta. Hay heridas del cuerpo que parecen no matar de momento, pero con el tiempo acarrean la muerte, por ejemplo, un golpe en la cabeza podría ser luego un coágulo y derrame cerebral. El pecado hiere el alma y aunque de momento parece el hombre reponerse, si no hay tratamiento, mata el alma.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:31
10.31 La religiosidad, en todas sus formas, incluyendo el judaísmo, no pudieron ayudar a la humanidad. El sacerdote representa el riitualismo indiferente. El sacerdote descendió por el mismo camino. Pudo pasarle a él. ¿No estamos todos igualmente expuestos al mal y necesitados de protección? El sacerdote le vio. Pensó: no puedo contaminarme, voy al templo. ¿Qué sentido tiene la religión cuando no ayuda a nadie más? Un sacerdote se supone se dedica a mediar entre Dios y el hombre, pero si no lleva al hombre a Dios, ¿para qué es sacerdote? ¿Acaso es médico el que no sana a nadie? El sacerdote pasó de largo. Fervoroso en rituales, hielo en el alma. Cuida el ritual despreciando a su hermano, ¿aceptará Dios su ceremonia? ¿No debe llevar el pueblo a Dios? Lo intenta con rituales, no con amor. Israel tuvo mil quinientos años de religión y no ayudó a la humanidad, sino que se cerró a su necesidad. Con la religiosidad, nos sentimos como visita en el pabellón de infectados cuando en realidad somos uno más de los enfermos.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:32
10.32 El levita representa el servicio religioso y la adoración ritualista; ambas son inútiles para salvar al hombre. El levita llegó cerca del lugar, pero no del hombre. Sabe lo que tiene que hacer, pero olvidó para quien hacerlo. El levita es un servidor, pero olvidó a quien servir. Se supone que contribuye con el culto a Dios y su adoración lleva a los hombres a Dios; lo intenta con liturgias, pero es más cuidadoso del tono que del corazón. Está más interesado en la grabación, en el concierto, en el autógrafo, en la técnica, en la logística y la adminiistración. El levita le vio, pero tampoco se detuvo. El problema no es tanto la visión como la pasión. Quizá pensó: el culto está por empezar. O bien supuso: yo sirvo a los sacerdotes no a los impuros. El levita también pasó de largo. Dentro de poco lo veremos con las manos levantadas diciéndole a Dios: “te amo” - ¿en serio? ¿Cuándo fue la última vez que le trajiste un alma a Dios?
— Roberto Tinoco
Lucas 10:33
10.33 Veamos primero la identidad del buen samaritano. Los samaritanos eran los mezclados, mitad judíos, mitad gentiles. Producto del abuso asirio a mujeres judías cuando destruyeron el reino del norte. Rechazados, aborrecidos. Cristo es el buen Samaritano, mitad Hijo de Dios, mitad Hijo del Hombre. También fue aborrecido por los suyos. El buen samaritano va de camino, Él es el Camino. Tiene un propósito, hacer la voluntad del que le envió. El buen samaritano vino cerca de él, no del camino como el sacerdote ni del lugar como el levita. Es Cristo en su encarnación, uno de nosotros. Emanuel. El buen samaritano también le vio, pero no pasó de largo, sino fue movido a misericordia. Dios te ve, ese es un maravilloso misterio. Soy visto por Dios, amado por Él. Y en nuestra necesidad no pasa de largo, le duele, le interesa. Mi dolor fue su dolor. Dios fue movido, no pudo permanecer indiferente.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:34
10.34-35 La obra del buen samaritano ilustra la obra de Cristo. El buen samaritano se acercó aun mas. …hasta la muerte y muerte de cruz. No se puede estar más cerca de ti que eso. ¿Cómo puedes sentirte sólo? El buen samaritano vendó sus heridas. Por su llaga fuimos nosotros curados. Tu dejas tus heridas expuestas y a los hombres les gusta exponer a sus semejantes, pero Cristo te protege. El buen samaritano echó aceite y vino en las heridas del hombre. Es la unción de vida y de gozo que desinfecta el alma. Ahora reímos y hacemos fiesta. El buen samaritano le puso en su cabalgadura. No le hizo caminar ni le obligó a estar de pie. Lo cargó. ¿Sabes que Cristo usa sus recursos a tu favor? Si no puedes andar te carga, si no puedes seguir te lleva. Nunca te faltará gracia. El buen samaritano le llevó al mesón. Hay un lugar para recuperarse, le llamamos iglesia. Allí te cuida, allí pone sus denarios a tu favor, ministros, dones y lo que se requiera por ti. ¡Cristo pagó todo lo necesario por tu sanidad! Allí está el mesonero a quien conocemos como el Espíritu Santo. Allí serás cuidado con la promesa que todo lo que se invierta por cada hombre rescatado será pagado por Él a su retorno. Cristo volverá, ¡aleluya! No escatimes en ayudar que te será recompensado. Podría darse el caso de gastar de más, pero jamás de recibir de menos.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:35
10.34-35 La obra del buen samaritano ilustra la obra de Cristo. El buen samaritano se acercó aun mas. …hasta la muerte y muerte de cruz. No se puede estar más cerca de ti que eso. ¿Cómo puedes sentirte sólo? El buen samaritano vendó sus heridas. Por su llaga fuimos nosotros curados. Tu dejas tus heridas expuestas y a los hombres les gusta exponer a sus semejantes, pero Cristo te protege. El buen samaritano echó aceite y vino en las heridas del hombre. Es la unción de vida y de gozo que desinfecta el alma. Ahora reímos y hacemos fiesta. El buen samaritano le puso en su cabalgadura. No le hizo caminar ni le obligó a estar de pie. Lo cargó. ¿Sabes que Cristo usa sus recursos a tu favor? Si no puedes andar te carga, si no puedes seguir te lleva. Nunca te faltará gracia. El buen samaritano le llevó al mesón. Hay un lugar para recuperarse, le llamamos iglesia. Allí te cuida, allí pone sus denarios a tu favor, ministros, dones y lo que se requiera por ti. ¡Cristo pagó todo lo necesario por tu sanidad! Allí está el mesonero a quien conocemos como el Espíritu Santo. Allí serás cuidado con la promesa que todo lo que se invierta por cada hombre rescatado será pagado por Él a su retorno. Cristo volverá, ¡aleluya! No escatimes en ayudar que te será recompensado. Podría darse el caso de gastar de más, pero jamás de recibir de menos.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:36
10.36 La enseñanza del buen samaritano es que no busques quién es digno de tu servicio, sino que, por cuanto Cristo te amó rescatándote, ayuda, salva y sirve tú a los demás. Sé tu el prójimo. El amor no discrimina. Nunca serás el prójimo del semejante con la religiosidad, tampoco con el ritualismo. Sé como Jesús amando al necesitado y ayudándolo si puedes hacerlo, aun cuando sea su culpa dicha necesidad. Tú fuiste asaltado y rescatado, muestra tu gratitud ayudando a otros.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:37
10.37 El intérprete de la ley preguntó quién era su prójimo para ayudarle, pero la respuesta del Señor fue que el prójimo es el que ayuda. Tuvo Dios misericordia de ti, se hizo tu prójimo en Cristo, el Hijo del Hombre; ahora sé tu el prójimo de los demás teniendo misericordia y salvando a cuantos puedas. No solo creas lo mismo, sino que debes hacer lo mismo.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:38
10.38 Jesús tiene un camino en su propósito redentor y llega a las aldeas. Donde haya almas, llegará la oportunidad de salvación. Pero lo notable del pasaje es que una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Era la casa de quienes serían sus amigos entrañables, Marta, María y Lázaro. Pero generalmente Marta es mencionada primero. A pesar de que en esta porción de la Escritura Marta se equivoca en sus afanes y es reconvenida por el Maestro, sigue siendo ella la mujer que abre la puerta a Jesús. Los laboriosos también pueden ser grandes oportunistas del reino, positivamente hablando. Marta fue amonestada por el Señor en su casa, pero fue de las pocas, muy pocas, que lo tuvieron en su casa. Como Pedro amonestado por hundirse en el mar, pero también, el único aparte de Jesús en caminar sobre el agua.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:39
10.39 María, hermana de Marta, era más dada a la contemplación. Se sentó a los pies del Maestro para escuchar su Palabra. Fue elogiada por ello. De todo lo que puedes hacer en esta vida, nada será tan importante como estar atento a Jesús. Muchos no están y otros, están sin escuchar. Pero María ha hecho de los pies de Jesús, su lugar. Humíllate a sus pies, nunca estarás más alto. Pregúntate: ¿paso tiempo con Jesús oyendo su palabra? De verdad, con Él realmente; no solo leyendo, escuchando.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:40
10.40 A diferencia de María, Marta esta preocupada por sus muchos quehaeceres. ¿Cada cuando tenía a Jesús en su casa? ¿Acaso no podrían esperar sus quehaceres? Algunos dicen no tener tiempo para leer la Biblia o para congregarse como iglesia; están muy ocupados y tienen preocupaciones. No entienden la importancia de la Presencia de Cristo en su vida o creen que lo tienen en su vida aunque no le pongan atención. Para colmo, Marta reclama a Jesús por estar indiferente ante la aparente pasividad de María no ayudándole? ¡Vaya confundida: regañó a Jesús! “¿No te da cuidado..?” Y luego le corrige solicitándole ordenarle a María que le ayude. ¡Le decía al Señor qué hacer! ¿Y no te ha pasado lo mismo? ¿Alguna vez oraste diciéndole a Dios lo que debería hacer o reclamándole por lo que otra persona hace mal a tus ojos? Desde luego, no dejó pasar la oportunidad de dejar en claro que lo que ella hacía, era servirle a Él. Los afanados se sienten dignos del aplauso de Dios; y por su mismo trabajo se suponen dignos de juzgar a quienes parecen servir menos.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:41
10.41 Jesús no reprendió a María como Marta quería; por el contrario, fue a ella a quien amonestó, mientras elogiaba a María. Pero no lo hizo de mala manera, primero la llamó por su nombres dos veces, como hiciera con sus mejores siervos de la antigüedad. Marta estaba afanada y turbada. Ser responsable es hacerse cargo de lo necesario, pero afanarse va más allá, implica estar ansioso; además, estaba turbada, preocupada por dichas ocupaciones. Si pasas más tiempo en la obra de Cristo que con Cristo, eres como Marta. Considera el tabernáculo, se divide en tres partes: atrio, lugar santo y lugar santísimo; dos de los tres lugares están dedicados a Dios y solo uno a la gente. Reorganiza tu vida y dedícate a Dios.
— Roberto Tinoco
Lucas 10:42
10.42 Este mundo tiene muchas tareas, pero en estricto apego a la palabra de Cristo: solo una cosa es necesaria, estar atento a la comunión y Palabra del Señor. Haz lo que tengas que hacer y hazlo con excelencia, pero sobre todas las cosas, sé íntimo de Cristo. La buena parte es la comunión de Cristo. Dios nos hizo para Él. Lo demás de la vida está bien, pero lo bueno, lo mejor, es la comunión con el Señor. Analiza tu vida y sé sincero, ¿has escogido la buena parte? Ve tu agenda y sé honesto, ¿a qué te dedicas? ¿Has escogido a Dios? La buena parte, a saber, la comunión de Cristo, no se perderá jamás. No será quitada. Quien intima con Dios pasará la eternidad con Dios y nada te dará más recompensa que esto. El trabajo arduo, como el de Marta, tiene su recompensa, pero no se compara a la comunión, al amor que tenemos a Dios. Mejor amante que siervo.
— Roberto Tinoco