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Lucas 18

Parábola de la viuda persistente

1También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,🗨 2diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.🗨 3Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.🗨 4Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre,🗨 5sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.🗨 6Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto.🗨 7¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?🗨 8Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?🗨

Parábola del fariseo y el cobrador de impuestos

9A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola:🗨 10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.🗨 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;🗨 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.🗨 13Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.🗨 14Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.🗨

Jesús bendice a los niños

15Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron.🗨 16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.🗨 17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.🗨

El hombre rico

18Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?🗨 19Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.🗨 20Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.🗨 21El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.🗨 22Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.🗨 23Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.🗨 24Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!🗨 25Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.🗨 26Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?🗨 27El les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.🗨 28Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.🗨 29Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,🗨 30que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.🗨

Jesús predice otra vez su muerte

31Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre.🗨 32Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido.🗨 33Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará.🗨 34Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía.🗨

Jesús sana a un mendigo ciego

35Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;🗨 36y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.🗨 37Y le dijeron que pasaba Jesús nazareno.🗨 38Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!🗨 39Y los que iban delante le reprendían para que callase; pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!🗨 40Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó,🗨 41diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.🗨 42Jesús le dijo: Recíbela, tu fe te ha salvado.🗨 43Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Lucas 18: RV60

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Lucas 18:1

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18.1 La motivación para orar se basa en sus beneficios; sin embargo, el propósito para orar siempre radica en la comunión con Dios. Se trata de una relación. Leyendo la Biblia escuchamos a Dios y orando le hablamos. Nos motiva la enorme cantidad de beneficios, tanto por las respuestas contestadas como por la transformación que tenemos orando. ¡Es glorioso! Pero nada se compara a amar a Dios siendo amado por Él. Por otro lado, el desmayo en la oración es menor que el desmayo por no orar; así que no ceses, sigue hablando con Dios.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:2

Comentario general

18.2 El juez de la parábola no representa a Dios, sino que lo contrasta, pues no se parece en nada a Dios. He allí la maravilla de la enseñanza de la parábola: si un juez sin fe ni respeto por nadie podía hacer justicia, Dios lo haría aún más. Y lo que es más duro todavía: pensar que Dios no responda a la oración es insultarlo considerándolo una mala persona, peor que el mal juez. La incredulidad es una ofensa, ya sea al no orar o no creer que Dios responderá a la oración, la incredulidad es un insulto. A eso se debe que la incredulidad se encuentre en la lista bíblica de los pecados y de los condenados.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:3

Comentario general

18.3 La mujer viuda es como todo ser humano, desamparado. Una mujer que enviudaba en tiempos bíblicos entraba en una enorme necesidad y si tenía enemigos, especialmente que procuraran despojarla de sus bienes, sin un marido que la defendiera, se encontraba en severo riesgo de perderlo todo, incluyendo su libertad. Lo único que quedaba era solicitar rogando la intervención de un juez, lo cual, en este caso, se trataba de un mal juez sin respeto alguno. Dicha autoridad no tenía cuidado de ella. Pedía justicia, pero tendría que rogar por ella. La enseñanza radica en que tu tienes necesidades, pero Dios, a diferencia del juez, no solo será justo, sino bueno contigo.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:4

Comentario general

18.4 El juez no solo era incrédulo e irrespetuoso, también era injusto, por lo que no atendió la súplica de la viuda, a pesar de que dicha mujer tenía razón y en justicia, debería haber sido defendida. El juez era injusto y malo. Siendo que el Señor nos está enseñando a orar con esta parábola, ten confianza, Dios sí es justo y sí es bueno. Él sí quiere ayudarte.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:5

Comentario general

18.5 El juez injusto hizo justicia a la viuda por la insistencia de la mujer; según él, para que no agote su paciencia, como pudiendo ser aún peor de lo que ya había sido con su indiferencia. Tal fue la religiosidad en Israel, tuvo al pueblo de Dios como una viuda, sin Marido, sin Dios; y de cuando en cuando lo atendía ante la insistente presentación de ofrendas y sacrificios. Sin amor. Sin compasión. La ley no tiene paciencia.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:6

Comentario general

18.6 El Señor Jesús aplica la enseñanza de la parábola diciendo que escuchen lo que dijo el juez injusto. Nunca enseñó en contra de la Ley y tampoco condenó los sacrificios y demás actividades del templo; pero tampoco llamó justo a sus autoridades. En el siguiente versículo va a sar la conclusión de la enseñanza.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:7

Comentario general

18.7 Si un juez injusto hizo justicia a una viuda por su insistencia; Dios mayormente lo hará sin necesidad de tanto clamor. Primero, porque Él sí es justo; y segundo, porque Él sí es bueno. La iglesia clama día y noche, permanentemente hay hombres y mujeres orando por todo el mundo y Dios no se tardará en responder a cada uno. Confía. Si Dios atendió los incontables sacrificios y ofrendas presentados en la Ley, ¡cuánto más escuchará y responderá con bendición a quienes le buscan orando en el Nombre de su Hijo!

— Roberto Tinoco

Lucas 18:8

Comentario general

18.8 Dios responde pronto. Él no tarda ni es indiferente. No tienes que aplacar su ira como los ídolos de las naciones ni esforzarte por agradarlo para sacarle una bendición. ¡Dios es bueno! Dios responde con justicia. Jamás dará una respuesta afirmativa a la oración injusta que alguno le hiciera. Que ores no obliga a Dios a realizar nada contrario a su voluntad y justicia, así que asegúrate que tus oraciones serán justas conforme a los parámetros bíblicos. Con todo, la oración tiene otra condición: la fe. El Señor Jesús concluye su enseñanza hablando acerca de su retorno. Cuando venga, ¿hallará fe en la tierra? ¿Qué creerá la humanidad para el día de su venida? ¿Tendrás fe cristiana o serán ajenos a ella? El mundo no estará en su mejor condición respecto a confiar en Dios para la venida del Señor. ¿Serás tú uno de los que sí confían y practican diariamente la oración?

— Roberto Tinoco

Lucas 18:9

Comentario general

18.9 Siendo la oración el tema que está enseñando el Señor, no dejó pasar la oportunidad para referirse a los religiosos que pensaban de sí mismos como justos y que, evidentemente, en su falsa autojusticia, menospreciaba a los demás considerándolos menos justos que ellos. Un error común del religioso es tomar una actitud de aparente piedad y santidad, no como resultado de una relación con Dios, sino de haber aprendido los dogmas y practicar los rituales propios de su religión. Esto produce arrogancia, un pensamiento elevado de sí mismo y también, de menosprecio a los demás. El Señor Jesús no solía mostrar aversión a los pecadores, por el contrario, era compasivo; pero siempre se manifestó molesto con los que se justificaban a sí mismos. Recordemos que Él viene del cielo y sabe lo que el orgullo puede hacer transformando a un querubín en diablo. Quien se reconoce pecador puede ser salvado; pero quien se considera justo por sus propias obras no aceptará al Salvador. No servirá de mucho orar a quien tiene su confianza en sí mismo en lugar de Dios. Por ello les dirigió la parábola contexto de este versículo.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:10

Comentario general

18.10 Como agua y aceite, absolutamente contrarios uno del otro. El fariseo era religioso, perteneciente a la secta más estricta del judaísmo. Celoso, tremendamente escrupuloso en el cumplimiento de la ley de Moisés hasta el más mínimo detalle. Se veía a sí mismo como el remanente de los santos y despreciaba a los pecadores, especialmete al publicano, quien representaba lo más bajo en la escala moral de la época; el traidor al pueblo de Dios cobrando impuestos para Roma y, en consecuencia, traidor a Dios. Alguien capaz de cualquier bajeza por dinero. Pero ambos subieron a orar, dicho sea de paso, a orar no se acude ni se baja, se sube. La oración es el camino a las alturas. Ambos subieron a orar, la expresión implica el templo, ya que estaba en alto. Tanto necesita orar el “justo” como el injusto, el religioso como el impío. Todos necesitamos a Dios.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:11

Comentario general

18.11 La oración del religioso era acorde a la confianza que tenía en sí mismo; es más una oración acerca de sí mismo que de Dios; parece dirigirse a Dios, pero sólo presume lo que supone ser, en realidad oraba consigo mismo deleitándose en su propia voz. Dice dar gracias a Dios, pero enfatiza más lo que él es que lo que Dios ha hecho. A sus ojos, Dios tiene suerte de tenerlo entre sus santos. ¿Qué opina de los demás el religioso? Habla de ellos como si no fueran semejantes, como si él perteneciera a una especie aparte; en realidad, los llama en términos de pecados que seguramente él desearía practicar: ladrones, injustos, adúlteros. Seguramente alguna vez pecó en su corazón igualmente. Luego dirige sus palabras al publicano, el estereotipo de la maldad que aborrece a manera de espejo, intentando callar su propia conciencia.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:12

Comentario general

18.12 Siguiendo con su arrogancia, el fariseo comienza a enumerar sus hazañas al Señor (en realidad se las decía a sí mismo). Ayunaba dos veces por semana, su ascetismo era notable y sacrificado, pero no habría recompensa celestial para él a causa de su orgullo. Quería notoriedad ante los hombres y la había obtenido. El fariseo también daba diezmos de todo lo que ganaba; Jesús había dicho que donde está el tesoro, allí está el corazón; pero en este caso, el tesoro del fariseo era la adulación y no el dinero, así que tampoco habría recompensa por ello. No tenía su corazón en Dios. No se trataba de que dejara de ayunar ni de diezmar, sino de que realmente lo hiciera para el Señor. El que presume lo que hace no lo hace por buen motivo, aunque haga lo justo.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:13

Comentario general

18.13 El publicano, por su parte, no necesitaba los reproches del fariseo para recordar quién era, su propia conciencia lo denunciaba ante Dios y ante sí mismo. Era un pecador, un gran pecador. Tanto, que oraba a lo lejos. ¿Quién se acerca a las cosas de Dios sabiéndose indigno? Se supone que el enfermo no huye del médico, pero el pecador, desde el primer hombre en el Edén, suele esconderse de Dios. El publicano estaba tan cargado por sus pecados, sabía que era indigno, tanto, que no levantaba los ojos al cielo. Pertenecía a las bestias de la tierra, a los brutos que perecen. Irónicamente, esta actitud de humillación lleva a las alturas celestiales. Se golpeaba el pecho, intentaba igualar físicamentte el dolor de su alma; el sufrimiento de un condenado antes de su sentencia eterna. ¡Qué cerca están los tales de la vida eterna! Rogaba a Dios que fuera propicio a él, a él, a un pecador. Propicio traduce una palabra griega que implica tanto reconciliación como expiación. Rogaba el perdón, que sus pecados fueran quitados, una oración que siempre funciona con Dios cuando es de corazón. El Salvador es especialista en salvar.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:14

Comentario general

18.14 Las palabras de Jesús seguramente fueron un sorpresivo insulto a los religiosos que le escuchaban. Escribas, fariseos y demás personas practicantes del judaísmo debieron escandalizarse por lo dicho. Ellos eran los santos a sus ojos, ¿cómo es que Dios los despreciaría? ¿Poner primero a los publicanos que a ellos? ¡Semejante insulto! -pensarían ellos. Pero el Señor estaba poniendo el fundamento de la oración: no está basado en las palabras que se usan, sino el corazón del cual salen. Los judíos enfatizaban qué frases debían usarse y las formas en las que deberían repetirlas, así como los tiempos y ocasiones; todos asutos externos; pero Jesús cambia las cosas o mejor dicho, las pone como debieron ser siempre, de dentro hacia fuera. El orgullo lleva hacia abajo y la humildad hacia arriba; enaltecerse provoca que Dios lo humille; mientras que humillarse ante Él lo motiva a salvar y enaltecer, verdadera justicia es la justificación.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:15

Comentario general

18.15 Lucas acomodó su libro en orden cronológico. Su propósito era presentar de forma veraz y en orden el evangelio; así que registra el acontecimiento de los niños traídos a Jesús cuando Él está hablando de la oración. Esto es muy significativo, ya que la oración se ve muy bien ilustrada en la actitud humilde y dependiente, así como de confianza por parte de los niños. Traían a los niños para que jesús los tocase; una forma de imposición de manos y que más tarde, habrá de ser considerado como parte de los rudimentos de las doctrinas de Cristo. ¿Has orado por tus hijos imponiendo las manos? ¿Has llevado a tus hijos ante los ministros de la iglesia para que oren por ellos? Deberías hacerlo. Los discípulos, para este momento, ya estaban tomando actitudes más propias de los fariseos que de verdaderos discípulos de Jesús. Consideraron a los niños un estorbo al ministerio del Maestro y reprendieron a quienes los traían, para ellos, solo quitaban el tiempo. ¡Qué fácil es convertirse en un frío e indiferente religioso! ¡Cuidado!

— Roberto Tinoco

Lucas 18:16

Comentario general

18.16 Aquí está la base de la oración: Dios está dispuesto a recibir a quien humildemente le busca. El reino de los cielos, su reino, está disponible a quienes lo buscan como niños confiados, llenos de fe y alegría por verle. Nota que el Maestro no se refiere a quienes los traen, sino a los niños; pues más allá de la fe de los padres, se encuentra la confianza de los niños. Así es como se debe orar, como niños dependientes, confiados, felices. Un niño no cuestiona, no sospecha lo malo. Puede recibir sin preguntar qué debe dar a cambio. Carece de culpas y más aún, de orgullo. Si le das, lo acepta con alegría, sabe recibir. No todos los creyentes saben recibir; hay quienes suponen que Dios es malo, pues al orar intentan convencerlo, como creyéndolo inflexible, molesto. Nunca estorbes a quien tiene actitud de niño para orar. No le des una larga lista de requisitos “para que Dios pueda escucharle”; no lo llenes de orgullo centrando la fe en sus méritos y tampoco le impidas orar retirándolo de su relación con Cristo. Pensarás: “¿Retirarlo de Cristo? ¿Cómo haría alguien esto?” Pero esto haces cuando hablas mal de la Casa y familia de Dios.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:17

Comentario general

18.17 Lee el comentario anterior. El reino de los cielos está disponible a todos, pero no todos lo reciben. Se necesita ser confiado y agradecido como un niño. No puedes entrar en él o lo que es lo mismo, experimentar el reino de los cielos, con arrogancia al basarte en tus méritos. El cumplimiento de las promesas divinas escritas en su Palabra no estarán para quienes no sean crédulos -permíteme el término- como niños. Cristo no será formado en cuyos corazones sean duros; los religiosos cuestionadores de todo; los auto llamados justos y santos; los que se ven a sí mismo mejores que su prójimo. Sé un niño, dispuesto a hacer el ridículo por una paleta; capaz de creer en un cuento; con la risa explotando a la mínima oportunidad. No por qué el reino sea una paleta ni porque la Palabra sea un cuento, pues digo esto acerca de nuestra actitud, no la de Dios.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:18

Comentario general

18.18 En contraste con la actitud de los niños descrita en los versículos anteriores, tenemos a un hombre principal preguntando a Jesús qué debía hacer para heredar la vida eterna. Dicho hombre no había entendido nada. Pensaba que el reino de los cielos era para “el mas allá” y que dependería de sus méritos y no de la bondad de Dios obtenerlo. Llamó bueno al Señor, pero no para elogiar su bondad, sino porque se consideraba bueno a sí mismo, de ahí la respuesta del Maestro.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:19

Comentario general

18.19 “¿Por qué me llamas bueno? ¿Te consideras bueno?” -parecía decir el Maestro. La respuesta del Señor Jesús no niega su bondad propia y tampoco su divinidad; todo lo contrario, si aceptas que Él es bueno, tienes que aceptar también que Él es Dios; y si niegas su bondad, ¿dirás que es malo? Lo que el Señor estaba haciendo era confrontar al hombre principal con su arrogancia, ya que se creía capaz de hacer lo necesario para ganarse la vida eterna. Ninguno hay bueno, sino solo Dios y ninguno puede salvar fuera de Él.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:20

Comentario general

18.20 Para mostrar al principal que realmente no era bueno como él se consideraba, le puso un espejo en el cual ver su injusticia: los mandamientos. Desafortunadamente dicho hombre no vería su verdadera imagen de sí mismo a la luz de la ley. Le mencionó solo cinco de los diez, todos en relación al trato con sus semejantes, lo que significa que ese hombre no era bueno con su prójimo. Es verdad que guardando los mandamientos de Dios podemos experimentar su reino, ya que detrás de cada mandamiento hay promesas de bendición; sin embargo, nadie puede guardarlos aparte de Cristo. Pero en Cristo, quien sí obedece los mandamientos, podemos guardarlos y vivir el reino de los cielos. No es mérito nuestro en absoluto, sólo de Cristo.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:21

Comentario general

18.21 Lejos de ver su reflejo en el espejo de la ley reconociendo su condición de pecador, el principal ¡aseguró haber guardado los mandamientos desde su juventud! A sus ojos, no sólo era santo en ese momento, sino de toda la vida. La soberbia enceguece la conciencia. Según él, era justo y podía “tutearse entre buenos” con Jesús. ¿De verdad? ¿Toda la ley? Era realmente absurdo, un desconocimiento impresionante de la naturaleza humana; algo que no se esperaría de un principal, suponemos de la sinagoga.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:22

Comentario general

18.22 Ante la actitud orgullosa del principal, no quedaba otra que confrontarlo con lo que realmente había en su corazón: avaricia. No porque Jesús deseara que todos los seres humanos regalen sus bienes a los pobres en una suerte de comunismo y el mundo entero se dedique a la indigencia (pues no lo exigió a nadie más), sino porque se requería un golpe de realidad moral. Ese hombre era avaro y necesitaba saberlo para reconocer que no era bueno ni justo como se consideraba a sí mismo. La confrontación del Maestro puede ayudarnos a todos a descubrir nuestra verdadera condición. Consiste en ir en contra de algún pecado realizando de forma radical una acción bondadosa en sentido opuesto. Piensa en regalar tus bienes y sabrás si eres avaro; considera hacerle bien a quien te ha hecho mal para descubrir si verdaderamente le has perdonado; imagina que eres célibe para descubrir tu lascivia; y así sucesivamente. Se bueno al extremo en aquello que es más dificil para ti y descubrirás cuál es tu estatura moral. Ir contra tu naturaleza con acciones de bondad más allá de tus limitaciones y pecados puede producirte tesoro en los cielos. Que el pecador se esfuerce por no serlo haciendo bondades, es altamente recompensado. Pero una vez que descubras tu condición, no sea esta razón de apartarte del Maestro como hiciera el principal. Jesús dijo: “y ven, sígueme”. Saber quién eres y lo mucho que te falta debe hacer que te acerques al Salvador, no que te retires de Él, a menos que sea enorme el orgullo.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:23

Comentario general

18.23 Si la ley no sirvió para confrontar al orgulloso, la Palabra de Cristo lo hizo. No había cómo evadir una orden tan directa, el hombre principal era muy rico y no estaba dispuesto a dejar de serlo, menos por darle su riqueza a los pobres. Se sintió muy triste no pudiendo cumplir lo solicitado. La avaricia llenaba su corazón, aunque su verdadero problema no era la avaricia, sino la soberbia. Razón por la cual fue confrontado por el Señor. ¿Entregarías todos tus bienes a los pobres? Dificilmente lo harías, de manera que todos somos igualmente culpables. Pero, ¿reconocemos que somos pecadores y necesitamos al Salvador? Si, casi todos lo hacemos; entonces podemos ser salvados por Él. Es totalmente irónico que alguno se ponga muy triste siendo muy rico. ¡hasta qué punto llega la insensatez humana: el codicioso sufre por lo que no tiene y luego siendo avaro sufre por lo que sí tiene! El tal nunca ha tenido riquezas, sino que las riquezas lo han tenido a él. Es así que la avaricia es idolatría (Colosenses 3:5), por cuanto es el centro de su corazón. Si quieres ser feliz, sea Dios tu primer amor, tu amor más importante.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:24

Comentario general

18.24 Las palabras del Maestro dejan fuera del reino de Dios a todos, no solo a los ricos, sino a todos. ¿Cuánto se considera tener riquezas? Es demasiado variable según a quien le preguntemos. Un millón de dólares para un billonario será nada; pero unos cuantos miles para el que tiene unos cuantos dólares será una riqueza. De manera que las palabras del Señor no están dividiendo al mundo entre ricos y pobres como lo hacen los sistemas económicos humanos, tanto el socialismo como el capitalismo. Jesús no es elitista. Él no está separando las clases sociales y menos con parámetros económicos. Lo que Jesús está haciendo es poniendo la vara de la salvación inalcanzable para los méritos humanos. No existe un solo ser humano capaz de salvarse por sí mismo, pues todos tenemos riquezas en el corazón de distintas índoles. Necesitamos amar a Dios sobre todo para ser considerados sin riquezas; que nuestra confianza esté en él y no en los bienes. Jesús vio al joven rico y vio su tristeza, por cuanto no estaba dispuesto a dejar nada por Él. Jesús ve las intenciones del corazón, por qué sentimos lo que sentimos y por qué hacemos lo que hacemos. Siempre fue al corazón, al interior, a la fuente de los deseos. Su obra no maquilla, rehace todo nuevo; no se trata de apariencias, sino de nueva vida, verdadera vida. Tuvo que sentenciar: “¡cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” ¿Estaba llamando el Señor a la pobreza? ¿Quería que viviéramos todos completamente desposeídos? ¿Es el evangelio un llamado a lo básico para subsistir? Porque finalmente, ¿qué es riqueza? Lo que para unos significará abundancia, para otros será el inicio. No. Lo que el Señor Jesús estaba enseñando era vivir para Dios y que todo lo que eres o tengas sea de Dios, no solo bienes materiales, sino familia e incluso tú mismo, tu ser, vida y tiempo.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:25

Comentario general

18.25 ¡Muy gráfico! Seguramente hubo carcajadas de los pobres y muecas en los ricos! ¿Cómo se habrá sentido el principal? Se dice que el Señor usó las costumbres de la época para describir la dificultad de salvación cuando se tiene avaricia, a partir de hacer mención a una pequeña puerta de la muralla de la ciudad, conocida como “la aguja”, por donde se permitía entra cuando la puerta de la ciudad se cerraba de noche. Era pequeña, así que los camello era descargado de todo y luego introducido a rastras entre grandes esfuerzos. Esto puede ser cierto y es sumamente gráfico; no lo dudo. Sin embargo, tengo una discrepancia con la idea común de interpretación del pasaje. El camello finalmente entraba, con muchos esfuerzos, pero entraba; lo que significaría que la salvación puede alcanzarse con esfuerzo humano, lo cual no es así. Es una base firme en la doctrina de la salvación que no puede alcanzarse por obras, sino que Dios la concede por gracia, en su bondad, requiriendo únicamente la fe del pecador para ser salvado: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). ¿A qué se refería el Maestro? Considero que lo que el Señor estaba diciendo no se relacionaba al esfuerzo por entrar, sino al esfuerzo por confiar; lo que nos cuesta a todos confiar en Dios y no en las cosas materiales. Eso es cruzar la aguja. La salvación es imposible alcanzarla para el hombre, pero es posible para Dios salvarnos (versículo 27).

— Roberto Tinoco

Lucas 18:26

Comentario general

18.26 La pregunta de los presentes tiene mucho sentido. Entendieron que no podían salvarse, ¡qué nadie podría salvarse! Y entendieron bien, ya que la salvación no puede alcanzarse por méritos humanos. En todo el contexto el Señor Jesús esta combatiendo el orgullo y la soberbia humanas, ¿cómo habría de decirles ahora que si se esforzaban como un camello en una pequeña puerta lo lograrían? Lo que realmente les dijo fue que confiar en Dios era como dejarlo todo. Un camello debía confiar verdaderamente en su amo para doblar sus patas y dejarse arrastrar entre la pequeña puerta llamada “la aguja”. Es algo que él no podía hacer, sino que lo harían hacer. ¿Quién pues podrá ser salvo? Por sí mismo, nadie. Pero como aclara en las siguientes palabras, Dios puede salvarlo.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:27

Comentario general

18.27 Le las notas alusivas a los versículos anteriores. La salvación es obra exclusiva de Dios, por misericordia cuyo único requisito es la fe, es decir, la confianza en Dios. Es imposible para los hombres, no hay mérito, obra ni esfuerzo alguno que podamos hacer para merecer ser salvos. En el contexto se está combatiendo el orgullo humano y la soberbia del corazón; de manera que las palabras de este versículo son un resumen y climax de la enseñanza del Maestro: sólo Dios puede salvar. Ni el fariseo ni los demás religiosos, ni el joven rico, nadie puede salvarse; pero si lo alcanzará el publicano que reconoce su condición, los que son como niños por su disposición a recibir el reino y todos los que confíen en la bondad de Dios.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:28

Comentario general

18.28 Pedro no entendió muy bien el tema; el Señor Jesús no estaba pidiendo darlo todo para ganar la vida eterna, sino poniendo en evidencia a un principal de los judíos cuya soberbia le hacía creer que se merecía el cielo. Todo esto en el contexto de un fariseo que se jactaba delate de Dios de no ser como un publicano mientras oraba en el templo; de manera que el comentario de Pedro llegó en el peor momento, como sintiéndose mejor persona moralmente hablando, que los reprendidos en el contexto. Con todo, el Señor habría de aprovechar el momento para abrir las promesas del tesoro celestial.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:29

Comentario general

18.29-30 Los tesoros celestiales abiertos en recompensa a los verdaderos seguidores de Cristo. Todo el que deje algo por el reino de Dios recibirá mucho más, Mateo escribió: cien veces más en esta vida, además de las recompensas eternas. ¿Eres tú “nadie”? ¿Uno de los que dejaron algo por Cristo? El reino de Dios en esta vida demanda cosas distintas a cada persona, algunos tuvieron que darlo todo, otros mantuvieron una vida llena de favor en compañía de sus seres queridos. No hay nada escrito al respecto, no hay una lista de demandas; lo que sí es muy claro es que la mejor inversión que existe aquí y en la eternidad es el reino de Dios. Se pagará mucho más, incomparablemente mucho más. Baste considerar tan sólo que se recibe lo eterno dando lo perecedero, mucho más glorioso. El problema de algunos es que tienen una mala opinión de Dios, lo consideran malo, indiferente o mezquino, pues suponen tner menos si dan algo o dejan algo por el reino de Dios. ¡Eso es imposible! En Dios, siempre se tendrá mucho más; Él es magnánimo, generoso sin medida.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:30

Comentario general

18.29-30 Los tesoros celestiales abiertos en recompensa a los verdaderos seguidores de Cristo. Todo el que deje algo por el reino de Dios recibirá mucho más, Mateo escribió: cien veces más en esta vida, además de las recompensas eternas. ¿Eres tú “nadie”? ¿Uno de los que dejaron algo por Cristo? El reino de Dios en esta vida demanda cosas distintas a cada persona, algunos tuvieron que darlo todo, otros mantuvieron una vida llena de favor en compañía de sus seres queridos. No hay nada escrito al respecto, no hay una lista de demandas; lo que sí es muy claro es que la mejor inversión que existe aquí y en la eternidad es el reino de Dios. Se pagará mucho más, incomparablemente mucho más. Baste considerar tan sólo que se recibe lo eterno dando lo perecedero, mucho más glorioso. El problema de algunos es que tienen una mala opinión de Dios, lo consideran malo, indiferente o mezquino, pues suponen tner menos si dan algo o dejan algo por el reino de Dios. ¡Eso es imposible! En Dios, siempre se tendrá mucho más; Él es magnánimo, generoso sin medida.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:31

Comentario general

18.31 Habiendo Pedro preguntado por la recompensa de haberlo dejado todo por Él; y, en el contexto de fariseos y principales egoístas que se sentían dignos de la vida eterna; el Señor Jesús ilustra cómo funciona el reino de Dios en el dar y recibir explicando que Él mismo está por subir a Jerusalén y morir dándolo todo. El mejor entrega a Dios jamás igualado es el Señor Jesús: se vació de sus atributos y semejanza divina para vivir como hombre, luego despojarse de la vida humana muriendo en una cruz con el pecado de todos sobre Él, además de la maldición de Dios. Pero también, la recompesa sería equivalente, se hizo nada, pero fue exaltado sobre todo. Esto dijo a los doce, no a la multitud, pues aunque los doce aún no comprendían, sí serían ellos los encargados de extender posteriormente el mensaje del evangelio. A la ciudad de Dios se sube, no sólo se entra. Símbolo de la Nueva Jerusalén, la iglesia gloriosa. ¿Estás subiendo? ¿Sigues mejorando en Vida? Tanto la encarnación como la muerte de Cristo fue anunciada por los profetas. No se trató de una improvisación y mucho menos de circunstancias fuera de control. Jesús murió y resucitó conforme a las Escrituras. Se le llama al Mesías el Hijo del Hombre porque es el nuevo Adán, la cabeza de una nueva humanidad, la especie de los hijos de Dios. Conforme a la ley del reino de Dios, sólo un Hombre podía recuperar lo que un hombre perdió: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos” (1 Corintios 15:21).

— Roberto Tinoco

Lucas 18:32

Comentario general

18.32 Las palabras de este versículo son el epítome de la degradación humana. El escarnio de Jesús es la hora más oscura de la humanidad, la miseria con mayúsculas, el pecado más pecaminoso. Odiaron al Amor y fueron malos con la Bondad. No existe descripción que le haga justicia a la burla de las burlas. Todo el que rechaza al Hijo escoge la fila de los escarnecedores; este sólo hecho es suficiente motivo para la condenación. Los gentiles son los no judíos; en este caso, Jesús murió en manos de los romanos. Escarnecer significa burlarse cruelmente. Afrentar traduce una palabra griega (jubrízo) que significa “ejercer violencia, maltratar”.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:33

Comentario general

18.33 Lo medular del evangelio se encuentra en este versículo. Jesús fue muerto, pero también resucitado al tercer día. El anuncio anticipado del Salvador demuestra que se trató de la obra de Dios. Si solo hubiera muerto tendríamos un gran ejemplo en el cual inspirarnos; pero siendo que resucitó tal y como lo dijo, tenemos mucho más que un ejemplo, tenemos evidencia de la vida eterna. Su muerte no fue aparente, como tampoco lo fue su resurrección. Efectivamente fue azotado y crucificado e igualmete cierto e histórico es que resucitó venciendo la muerte. De esto no solo da testimonio la Escritura, sino los contemporáneos históricos de Jesús, tanto creyentes como incrédulos. Tan real que los seguidores que fueron testigos de estas cosas estuvieron dispuestos a dar su vida por este mensaje, siendo muertos como mártires la mayoría de ellos. Sabemos la certeza de lo que creemos por la disposición y el compromiso que tenemos con ello.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:34

Comentario general

18.34 Los discípulos tenían velado el entendimiento relacionado con la muerte y resurrección del Señor; solían pensar que se trataba de alguna especie de alegoría. Posiblemente esto se debía a que todavía no podían llevar semejante carga. “Esta palabra les era encubierta”, dice el pasaje. Encubierta traduce el griego krúpto, de donde se deriva encriptar. No había posibilidad de comprenderlo aún porque estaba velada sobrenaturalmente. El evangelio es una revelación. No entenderían lo que se les decía porque en el plan de Dios debían entenderlo después de que resucitara. Dios no te mostrará todas las cosas inmediatamente, con frecuencia te llevará paso a paso, sólo con lo que puedas vivir. No te desesperes por saber, el Maestro sabe cuando y cómo enseñarte.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:35

Comentario general

18.35 El ciego a la puerta de la ciudad de Jericó es una buena descripción de la ciudad misma. “La ciudad de las palmeras”, como solía llamársele, se había convertido en la ciudad de la ceguera o de la oscuridad. Llamada también, la primera ciudad amurallada del mundo, lo fuese o no, en tiempos del Maestro no tenía protección, sin muralla y a merced de los enemigos. Ahora era “la ciudad de paso”, el atajo para llegar a Jerusalén. La antiquísima y gran ciudad era como nada, como un indigente ciego junto al camino. Así puede perderse la gloria y deteriorarse la vida cuando se pierde la relación con Dios.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:36

Comentario general

18.36 El ciego no podía ver, pero si podía oír. Como los habitantes del barro, los seres humanos antes de conocer al Señor Jesús: no tenemos la capacidad de ver el reino de Dios y en consecuencia, tampoco de andar por él; pero sí podemos escuchar que el Señor está cerca y su Palabra puede cambiar todas las cosas. Si clamamos a Él, nuestros ojos, lo mismo que la vida eterna, se abrirá a nosotros. Las multitudes se van tras Jesús, el Salvador es irresistible.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:37

Comentario general

18.37 No puedes tener una mejor noticia. Independientemente de tu condición y necesidad, tú necesitas al Salvador, al Señor Jesucristo. Jesús nazareno; su Nombre significa que Dios salva y su procedencia que Dios se hizo carne. Puedes oír muchas cosas, pero lo que realmente necesitas escuchar es que Dios está cerca de ti. La distancia entre Dios y tú, eres tú. El Salvador, lo mismo que tu salvación, están cerca. Si Dios se hizo Hombre para venir a darnos vida eterna, ¿habría de pasar de largo si clamas a Él?

— Roberto Tinoco

Lucas 18:38

Comentario general

18.38 El ciego clamó por misericordia al Señor Jesús. Quien ve el dolor desde el cielo también escuchará el clamor desde la tierra. Dio voces, repetida e insistentemente. Era la oportunidad de su vida y no la dejaría pasar. He visto algunos orar como si no necesitaran salvación, de forma indiferente y tímida. Los tales no ven su condición, para esto, el ciego veía mucho mejor. La fama del Salvador ya era bien conocida por todos, pero no todos son conscientes de la necesidad personal. Le llamó “Hijo de David”. Título mesiánico que la mayoría no se animaba a pronunciar y menos los religiosos. La teología del ciego tenía muy buena vista, pues sabía que Jesús es el Cristo. Le pidió misericordia. Evidentemente había escuchado de sus milagros. Todos pensaban que el Mesías habría de ser una especie de rey militar que los libraría de los romanos y les regresaría la gloria de los días de Salomón entre las naciones; pero este ciego veía mejor, él sabía que Jesús es el Salvador, el que abre los ojos y da luz; el Rey de un reino superior.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:39

Comentario general

18.39 No todos los que parecen ir delante en el reino de Dios claman al Rey de dicho reino. Algunos ya se sienten señores y con la autoridad de callar a los que sí claman. Como Elí reprendiendo a Ana. Lucas no dice que fuesen los discípulos, pero posiblemente lo fuesen; el hecho es que los que iban delante se escandalizaron de la gritería del ciego. Los que reconocen su necesidad del Salvador son escandalosos, rompen el orden, muestran demasiada euforia. Son los incómodos a la religión; los que quieren a Jesús y nada más, sin imitaciones ni falsificaciones. Son los que lejos de callar, al ser reprendidos, clamarán mucho más. Claman al Rey y su misericordia; claman al Salvador y sus milagros. Claman a Jesús y no a las ceremonias ni rituales. En buena medida, tu clamor es el reconocimiento de tu condición.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:40

Comentario general

18.40 Jesús se detuvo. El Salvador encontró propósito. El Soberano del universo tiene por freno la misericordia. Y mandó traerle a su Presencia; ese es el objetivo del evangelio y de cuanto se predique acerca de Dios: traer a la criatura a Su Presencia. “Y cuando llegó” -dice el texto. A paso lento, pero llegó, como también nosotros llegaremos. Parece una distancia imposible de sortear, pero llegaremos. Nos sentimos tan lejos, pero estamos tan cerca de Dios. Llegaremos.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:41

Comentario general

18.41 La pregunta del Salvador parece obvia e innecesaria, pero no lo es. “¿Qué quieres que te haga?” ¿Qué necesita un ciego, sino recobrar la vista? Pero el Maestro pregunta para que el hombre confiese tanto su necesidad como su fe. Que reconozca lo que necesita y que crea que el Salvador lo concede. Con la boca se confiesa para salvación (Romanos 10:10). “¿Qué quieres que te haga?” -te pregunta también a ti y a cada uno de nosotros. ¿Cuál es tu solicitud?, sé claro, directo. Que tu oración esté definida, ¿sabes qué quieres? O lo que es más importante, ¿sabes realmente qué necesitas? Pide por ello, entre tu necesidad y tu milagro sólo hay una oración. El ciego pidió recibir la vista. ¿Qué quieres recibir tú? Algunos se oponen a que oremos por necesidades terrenales, pero el Salvador no está entre los que se oponen, así que puedes pedir y recibirás.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:42

Comentario general

18.42 La liberación del milagro estuvo en la Palabra de Jesús, pero la obtención del mismo en la fe del hombre. Si hay algo por lo que oras y no has recibido, podría deberse a que en realidad o crees que recibirás. Dios poe su misericordia y poder, ¿podrías ponerle tu confianza? “Tu fe te ha salvado” -dijo el Salvador al hombre para que recibiera su vista. Cree, cree, ¡cree! Estás tan cerca de tu bendición, de que tus ojos se abran al reino sobrenatural de Dios; al que cree, todo le es posible.

— Roberto Tinoco

Lucas 18:43

Comentario general

18.43 No podía suceder algo distinto al milagro cuando se trata de Jesús y el que clama cree en Él. Pero aunque tenemos aquí el milagro de la vista para el ciego, existe un milagro aún más importante sucedido: ya no está tirado junto al camino pidiendo limosna, ahora sigue a Jesús y lo hace glorificando a Dios. Algunos no reciben su milagro y otros lo reciben, pero luego siguen con su vida como si no lo hubieran recibido. El milagro de los ojos abiertos es superado por el milagro del alma abierta, capaz de ver al Rey y a su reino. Si el ciego sanado se hubiese quedado en el mismo lugar, pocos habrían visto el milagro, pero al verlo seguir al Salvador, alegre, glorificando a Dios, todo el pueblo, tanto de Jericó como el que le seguía, pudo ver la salvación y dar alabanza a Dios por ello.

— Roberto Tinoco

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