Antiguo Testamento
Nuevo Testamento
Tamaño de letra
Fondo de lectura
Lucas 21
La ofrenda de la viuda
1Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas.🗨📝 2Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas.🗨📝 3Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos.🗨📝 4Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.🗨📝Jesús habla acerca del futuro
5Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo:🗨📝 6En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.🗨📝 7Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?🗨📝 8El entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos.🗨📝 9Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente.🗨📝 10Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino;🗨📝 11y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.🗨📝 12Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre.🗨📝 13Y esto os será ocasión para dar testimonio.🗨📝 14Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa;🗨📝 15porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan.🗨📝 16Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros;🗨📝 17y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.🗨📝 18Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.🗨📝 19Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.🗨📝 20Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.🗨📝 21Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.🗨📝 22Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.🗨📝 23Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo.🗨📝 24Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.🗨📝 25Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;🗨📝 26desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.🗨📝 27Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.🗨📝 28Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.🗨📝 29También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.🗨📝 30Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.🗨📝 31Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.🗨📝 32De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.🗨📝 33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.🗨📝 34Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.🗨📝 35Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.🗨📝 36Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.🗨📝 37Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.🗨📝 38Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
Actualmente seleccionado
Lucas 21: RV60
Elige un fondo
Compartir versículo
Comparar versiones
Cargando...
Lucas 21:1
21.1-4 Tu ofrenda es tu vida; considera como la viuda pobre ofrendó su vida. “Dio todo su sustento”. La palabra “sustento”, griego bios, “vida”. Cuando ofrendamos, damos nuestra vida traducida en dinero. Invertimos, por ejemplo, ocho horas diarias en el trabajo, al final de la semana recibimos un pago; sin embargo, dicho pago no es sólo por el trabajo desempeñado, sino por la vida invertida. De manera que al ofrendar o diezmar estamos dando en forma de dinero nuestra propia vida. Las ofrendas, desde el principio nacieron como la dádiva de una vida; es poner en el altar una vida sacrificada. La viuda pobre ofreció lo agradable. Jesús consideró mejor y más agradable la ofrenda de la viuda que las ofrendas de los ricos. Él estaba mirando más a la mujer que a su dinero. Otro ejemplo similar es Caín y Abel: Dios miró a Caín y a su ofrenda y no le agradó; mientras que recibió la ofrenda de Abel diciendo que daba testimonio de su fe. ¿Por qué? Porque primero lo vio a él y a su fe, era agradable. Dios primero mira al ofrendador antes de mirar a la ofrenda. Los hombre miran qué se ha dado, pero Dios mira quién lo ha dado. Se trata de dar tu corazón y no sólo tu dinero. La vida de Caín no era agradable como para aceptarla. Segundo, la ofrenda de Caín no incluía sangre. Levítico dice que la vida está en la sangre; es decir, la ofrenda de Caín no incluía vida. Y tercero, su corazón, a diferencia de Abel, era para sí mismo, pues se dedicó a la tierra para satisfacerse; mientras que Abel se dedicó a cuidar ovejas, aunque todavía no podían comer carne, eran para satisfacer a Dios. Tu ofrenda define tu concepto de Dios. No es tu dogma, sino tu ofrenda lo que declara Quién es Dios para ti. La viuda pobre “echó todo lo que tenía”. Es decir, Dios era todo para ella (a diferencia de los ricos, que daban lo que les sobraba). Hebreos 11:4 declara que la ofrenda de Abel da testimonio de su fe; es decir, de lo que creía de Dios. Las ofrendas de los ricos eran grandes cantidades de dinero; mientras que la ofrenda de la viuda fueron sólo dos blancas (unos cuantos centavos), pero Jesús dijo que ella ofrendó más que todos los demás porque ella dio todo lo que tenía. Esto implica que Dios no mide tu ofrenda según lo que das, sino de acuerdo a con cuanto te quedas después de ofrendar (recuerda que se trata de cuánta vida retuviste).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:2
21.1-4 Tu ofrenda es tu vida; considera como la viuda pobre ofrendó su vida. “Dio todo su sustento”. La palabra “sustento”, griego bios, “vida”. Cuando ofrendamos, damos nuestra vida traducida en dinero. Invertimos, por ejemplo, ocho horas diarias en el trabajo, al final de la semana recibimos un pago; sin embargo, dicho pago no es sólo por el trabajo desempeñado, sino por la vida invertida. De manera que al ofrendar o diezmar estamos dando en forma de dinero nuestra propia vida. Las ofrendas, desde el principio nacieron como la dádiva de una vida; es poner en el altar una vida sacrificada. La viuda pobre ofreció lo agradable. Jesús consideró mejor y más agradable la ofrenda de la viuda que las ofrendas de los ricos. Él estaba mirando más a la mujer que a su dinero. Otro ejemplo similar es Caín y Abel: Dios miró a Caín y a su ofrenda y no le agradó; mientras que recibió la ofrenda de Abel diciendo que daba testimonio de su fe. ¿Por qué? Porque primero lo vio a él y a su fe, era agradable. Dios primero mira al ofrendador antes de mirar a la ofrenda. Los hombre miran qué se ha dado, pero Dios mira quién lo ha dado. Se trata de dar tu corazón y no sólo tu dinero. La vida de Caín no era agradable como para aceptarla. Segundo, la ofrenda de Caín no incluía sangre. Levítico dice que la vida está en la sangre; es decir, la ofrenda de Caín no incluía vida. Y tercero, su corazón, a diferencia de Abel, era para sí mismo, pues se dedicó a la tierra para satisfacerse; mientras que Abel se dedicó a cuidar ovejas, aunque todavía no podían comer carne, eran para satisfacer a Dios. Tu ofrenda define tu concepto de Dios. No es tu dogma, sino tu ofrenda lo que declara Quién es Dios para ti. La viuda pobre “echó todo lo que tenía”. Es decir, Dios era todo para ella (a diferencia de los ricos, que daban lo que les sobraba). Hebreos 11:4 declara que la ofrenda de Abel da testimonio de su fe; es decir, de lo que creía de Dios. Las ofrendas de los ricos eran grandes cantidades de dinero; mientras que la ofrenda de la viuda fueron sólo dos blancas (unos cuantos centavos), pero Jesús dijo que ella ofrendó más que todos los demás porque ella dio todo lo que tenía. Esto implica que Dios no mide tu ofrenda según lo que das, sino de acuerdo a con cuanto te quedas después de ofrendar (recuerda que se trata de cuánta vida retuviste).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:3
21.1-4 Tu ofrenda es tu vida; considera como la viuda pobre ofrendó su vida. “Dio todo su sustento”. La palabra “sustento”, griego bios, “vida”. Cuando ofrendamos, damos nuestra vida traducida en dinero. Invertimos, por ejemplo, ocho horas diarias en el trabajo, al final de la semana recibimos un pago; sin embargo, dicho pago no es sólo por el trabajo desempeñado, sino por la vida invertida. De manera que al ofrendar o diezmar estamos dando en forma de dinero nuestra propia vida. Las ofrendas, desde el principio nacieron como la dádiva de una vida; es poner en el altar una vida sacrificada. La viuda pobre ofreció lo agradable. Jesús consideró mejor y más agradable la ofrenda de la viuda que las ofrendas de los ricos. Él estaba mirando más a la mujer que a su dinero. Otro ejemplo similar es Caín y Abel: Dios miró a Caín y a su ofrenda y no le agradó; mientras que recibió la ofrenda de Abel diciendo que daba testimonio de su fe. ¿Por qué? Porque primero lo vio a él y a su fe, era agradable. Dios primero mira al ofrendador antes de mirar a la ofrenda. Los hombre miran qué se ha dado, pero Dios mira quién lo ha dado. Se trata de dar tu corazón y no sólo tu dinero. La vida de Caín no era agradable como para aceptarla. Segundo, la ofrenda de Caín no incluía sangre. Levítico dice que la vida está en la sangre; es decir, la ofrenda de Caín no incluía vida. Y tercero, su corazón, a diferencia de Abel, era para sí mismo, pues se dedicó a la tierra para satisfacerse; mientras que Abel se dedicó a cuidar ovejas, aunque todavía no podían comer carne, eran para satisfacer a Dios. Tu ofrenda define tu concepto de Dios. No es tu dogma, sino tu ofrenda lo que declara Quién es Dios para ti. La viuda pobre “echó todo lo que tenía”. Es decir, Dios era todo para ella (a diferencia de los ricos, que daban lo que les sobraba). Hebreos 11:4 declara que la ofrenda de Abel da testimonio de su fe; es decir, de lo que creía de Dios. Las ofrendas de los ricos eran grandes cantidades de dinero; mientras que la ofrenda de la viuda fueron sólo dos blancas (unos cuantos centavos), pero Jesús dijo que ella ofrendó más que todos los demás porque ella dio todo lo que tenía. Esto implica que Dios no mide tu ofrenda según lo que das, sino de acuerdo a con cuanto te quedas después de ofrendar (recuerda que se trata de cuánta vida retuviste).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:4
21.1-4 Tu ofrenda es tu vida; considera como la viuda pobre ofrendó su vida. “Dio todo su sustento”. La palabra “sustento”, griego bios, “vida”. Cuando ofrendamos, damos nuestra vida traducida en dinero. Invertimos, por ejemplo, ocho horas diarias en el trabajo, al final de la semana recibimos un pago; sin embargo, dicho pago no es sólo por el trabajo desempeñado, sino por la vida invertida. De manera que al ofrendar o diezmar estamos dando en forma de dinero nuestra propia vida. Las ofrendas, desde el principio nacieron como la dádiva de una vida; es poner en el altar una vida sacrificada. La viuda pobre ofreció lo agradable. Jesús consideró mejor y más agradable la ofrenda de la viuda que las ofrendas de los ricos. Él estaba mirando más a la mujer que a su dinero. Otro ejemplo similar es Caín y Abel: Dios miró a Caín y a su ofrenda y no le agradó; mientras que recibió la ofrenda de Abel diciendo que daba testimonio de su fe. ¿Por qué? Porque primero lo vio a él y a su fe, era agradable. Dios primero mira al ofrendador antes de mirar a la ofrenda. Los hombre miran qué se ha dado, pero Dios mira quién lo ha dado. Se trata de dar tu corazón y no sólo tu dinero. La vida de Caín no era agradable como para aceptarla. Segundo, la ofrenda de Caín no incluía sangre. Levítico dice que la vida está en la sangre; es decir, la ofrenda de Caín no incluía vida. Y tercero, su corazón, a diferencia de Abel, era para sí mismo, pues se dedicó a la tierra para satisfacerse; mientras que Abel se dedicó a cuidar ovejas, aunque todavía no podían comer carne, eran para satisfacer a Dios. Tu ofrenda define tu concepto de Dios. No es tu dogma, sino tu ofrenda lo que declara Quién es Dios para ti. La viuda pobre “echó todo lo que tenía”. Es decir, Dios era todo para ella (a diferencia de los ricos, que daban lo que les sobraba). Hebreos 11:4 declara que la ofrenda de Abel da testimonio de su fe; es decir, de lo que creía de Dios. Las ofrendas de los ricos eran grandes cantidades de dinero; mientras que la ofrenda de la viuda fueron sólo dos blancas (unos cuantos centavos), pero Jesús dijo que ella ofrendó más que todos los demás porque ella dio todo lo que tenía. Esto implica que Dios no mide tu ofrenda según lo que das, sino de acuerdo a con cuanto te quedas después de ofrendar (recuerda que se trata de cuánta vida retuviste).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:5
21.5-6 El templo de Jerusalén era una obra arquitectónica asombrosa. Todos los que lo veían se admiraban y solían comentar al respecto. Especialmente cuando lo adornaban para la celebración de las fiestas judías. Pero Jesús vino por un mejor templo, uno que no es hecho de manos de hombres, sino de Dios. Jesús vino a edificar la iglesia y Dios nunca más habitaría en templos hechos por hombres (Hechos 17:24). Por ello, cuando el Señor dijo que no quedaría piedra sobre piedra, que no fuese destruida, estaba dejando en claro el cambio del Antiguo al Nuevo Pacto. El templo de Jerusalén fue destruido en el año 70 dC; sin embargo, quedó un muro del mismo, que hoy conocemos como “el muro de los lamentos”; de manera que el cumplimiento de las palabras de Jesús iba más allá del templo físico, se refería a que terminaría el sistema de sacrificios y ceremonias judías, acabaría el sacerdocio, las piedras vivas o ministros del Antiguo Pacto; sustituyéndolos con las piedras vivas o creyentes del Nuevo Pacto.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:6
21.5-6 El templo de Jerusalén era una obra arquitectónica asombrosa. Todos los que lo veían se admiraban y solían comentar al respecto. Especialmente cuando lo adornaban para la celebración de las fiestas judías. Pero Jesús vino por un mejor templo, uno que no es hecho de manos de hombres, sino de Dios. Jesús vino a edificar la iglesia y Dios nunca más habitaría en templos hechos por hombres (Hechos 17:24). Por ello, cuando el Señor dijo que no quedaría piedra sobre piedra, que no fuese destruida, estaba dejando en claro el cambio del Antiguo al Nuevo Pacto. El templo de Jerusalén fue destruido en el año 70 dC; sin embargo, quedó un muro del mismo, que hoy conocemos como “el muro de los lamentos”; de manera que el cumplimiento de las palabras de Jesús iba más allá del templo físico, se refería a que terminaría el sistema de sacrificios y ceremonias judías, acabaría el sacerdocio, las piedras vivas o ministros del Antiguo Pacto; sustituyéndolos con las piedras vivas o creyentes del Nuevo Pacto.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:7
21.7 Le llamaron Maestro y querían aprender; sin embargo, podría ser más el morbo común de conocer “el fin” como sucede constantemente a los creyentes. Esto no debe ser así. Debemos inquirir en el conocimiento de Dios y no del fin. Las palabras que el Señor va a responder a continuación, deben entenderse en el contexto de las preguntas que le estaban realizando: ¿cuándo será esto? Es decir, el fin del templo. ¿Y qué seál habría? Esto es, de que esté a punto de ser destruido el templo. Eso es lo que realmente se estaba preguntando, por lo que la mayoría de la respuesta de Jesús se cumpliría en el año 70 dC.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:8
21.8 La primera característica descrita por el Señor antes de la destrucción del templo de Jerusalén, fue la proliferación de falsos Mesías y falsos profetas que decían venir en Nombre de Jesús engañando a los judíos. De hecho, esto provocó el levantamiento de las masas y en consecuencia, que los ejércitos romanos sitiaran y destruyeran no solo el templo, sino la ciudad de Jerusalén. Una característica de los falsos profetas es que son fatalistas y utilizan el miedo para atraer a las masas de gente. Hablan del tiempo del fin y de las desgracias que esto implica. El Señor nos advirtió expresamente que no vayamos en pos de ellos.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:9
21.9 Los años sesentas del primer siglo estuvieron llenos de guerras y sediciones; especialmente la guerra llevada a cabo en el año 66 dC y que culminó en la destrucción de Jerusalén y la disolución del Estado judío en el año 70 dC. Por parte del General Romano Tito. Guerras que continuaron hasta el último baluarte judío que se atrincheró en la fortaleza de Masada y que finalmente se suicidaron en el año 73 dC. El Señor Jesús nos dijo que no nos alarmaramos porque esto debía acontecer. Era necesario, pues e otro modo, el cristianiosmo no habría pasado de ser otra secta judía. También, dejó en claro que el fin no vendría inmediatamente, de hecho, llevamos casi dos mil años y no sólo no ha llegado, sino que tarda aún más (considerando que, si la venida del Señor fuera en este momento, todavía Él establecería su reino en todo el mundo por mil o miles de años).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:10
21.10 Después de la destrucción de Jerusalén, el mundo entró en un continuo devenir de guerras entre naciones y reinos por muchos siglos, culminando en la primera y segunda guerra mundial del siglo XX. Teniendo sólo breves momentos de paz mundial. Actualmente, en el siglo XXI, tenemos guerras entre naciones, sin embargo, no parecen, de momento, crecer a nivel mundial.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:11
21.11 Siglo a siglo han existido guerras, terremotos, hambres y pestilencia o pandemias. Literalmente no ha existido un solo siglo sin que esto suceda. Más allá de una señal final, es un ciclo de tragedia constante en el mundo. De manera que vivimos en la inminencia de la venida del Señor, pero no del fin del mundo. Acerca de las señales del cielo, de nuevo, este mundo es cíclico, por lo que constantemente vemos fenómenos atmósféricos y universales que pueden interpretarse como señales. La idea no era definir un tiempo del fin, sino de prococar la expectativa de la inminente venida del Señor.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:12
21.12-13 Antes de lo que habría de suceder siglo a siglo, la primera generación de cristianos, incluyendo a los apóstoles iniciales, los doce, habrían de ser perseguidos, encarcelados, juzgados y aún muertos. Dios permitiría esto para llevar evangelio a todo el mundo, aún a los principales de las naciones. Además de darle al cristianismo la legitimidad de la verdad con los mártires que dieron sus vidas por dicho evangelio. El testimonio de la sangre no puede ser callado ni olvidado.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:13
21.12-13 Antes de lo que habría de suceder siglo a siglo, la primera generación de cristianos, incluyendo a los apóstoles iniciales, los doce, habrían de ser perseguidos, encarcelados, juzgados y aún muertos. Dios permitiría esto para llevar evangelio a todo el mundo, aún a los principales de las naciones. Además de darle al cristianismo la legitimidad de la verdad con los mártires que dieron sus vidas por dicho evangelio. El testimonio de la sangre no puede ser callado ni olvidado.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:14
21.14 La defensa del cristianismo en la primera generación de mártires ni siquiera debían preparar sus argumentos. No debían distraerse pensando en ello, sino continuar enfocados en la extensión del evangelio. Cuando estás preocupado por cuidarte o proteger lo tuyo y a los tuyos, puedes perder el enfoque del reino de Dios. Algunos creyentes no ganan almas ni tienen discípulos porque están dedicados a sus propios asuntos. Toda su energía, capacidades y recursos, están consagrados, por decirlo así, a las cosas temporales. Se han vuelto inútiles a la fe, aunque mantengan el credo cristiano.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:15
21.15 Si en lugar de estar dedicado a defenderse, la primera generación cristiana se consagraba a extender el evangelio, Dios los ayudaría dándoles palabra, así como sabiduría para dar respuesta de su vida y de su fe. Nadie podría debatir con ellos, como la historia misma nos muestra. Así fueron los mártires del cristianismo del primer siglo y muchos más a lo largo de la historia de la iglesia. Las palabras y la sabiduría de los primeros cristianos no fue natural, sino sobrenatural. Pusieron las bases de la indestructible iglesia de Cristo. Vive para Cristo y Él verá por tu vida. No te fallará, eternamente serás recompensado.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:16
21.16 Las persecuciones que ha sufrido la iglesia, especialmente las del primer siglo, se han caracterizado por la traición de los seres queridos, incluyendo a la familia. Padres, hermanos, parientes y amigos entregando a los cristianos sometiéndolos al riesgo de la muerte, que, desafortunadamente, algunos sufrieron. Ama a Dios por encima de cualquier otro amor. Es el primer y más grande mandamiento. Después de todo, es el único realmente fiel, ya que todo ser humano tiene límites y las persecusiones lo hicieron evidente.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:17
21.17 El amor de Dios lo vale. Jamás nombre alguno fue perseguido, difamado e intentado desaparecer como el Nombre del Señor Jesús. La causa de los mártires fue el Cristo de los mártires. Seguimos al crucificado, así que no es de extrañar que también padezcamos por Él. Ningún otro nombre es perseguido, pues pertenece al mundo, es un nombre temporal; pero el Nombre de Cristo Jesús si es perseguido porque Él es la verdad. Los cristianos en muchas épocas de la historia fueron perseguidos hasta la muerte, aborrecidos. El amor más grande puede ser odiado con el aborrecimiento más grande como los insectos son atraídos a la luz no pudiendo resistirla.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:18
21.18 En palabras anteriores el Señor les dice que algunos morirán, pero ahora menciona que ni un cabello de su cabeza perecerá. Parecen dos frases contradictorias; pero en realidad, son complementarias. Pueden matarnos, pero no dañarnos. Jamás pereceremos los que hemos recibido vida eterna y, hasta nuestro cuerpo mortal será remplazado por un cuerpo de gloria eterna. De hecho, somos inmortales entre tanto no hayamos terminado de predicar el evangelio al que fuimos llamados y si es que somos diligentes en servirle.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:19
21.19 Muchos de esa primera generación perdieron sus bienes, familiares, amigos y también, muchos de ellos, sus vidas; pero mantuvieron la fe. Hubiera sido fácil amargarse, llenarse de odio y desanimarse del cristianismo; pero mantuvieron la paciencia. Fueron pacientes esperando la eternidad, por lo que ganaron las almas. No que fueran salvos respecto a la vida eterna a causa de su muerte, pues solo podemos ser salvos en este sentido por la muerte de Cristo. Lo que el Señor está diciendo es acerca de como sus almas maduraron, sus pensamientos, emociones y voluntad totalmente rendidas a Cristo. A eso se refiere con la salvación de sus almas. Por conservar su fe pacientemente en medio de la injusticia, mantuvieron sus pensamientos intocables, sus emociones inofendibles y su voluntad rendida a Cristo. Esa es la salvación del alma no respecto al perdón de los pecados, sino a la consagración de las virtudes de su alma (voluntad, pensamientos y emociones).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:20
21.20 Del 14 de abril al 8 de septiembre del año 70 después de Cristo, el emperador Tito sitió la ciudad de Jerusalén y luego la destruyó. Algunos historiadores dicen que un millón de judíos fueron asesinados en dicho evento. El Señor Jesús les advirtió de esto, incluso lloró por Jerusalén cuando entró la última vez a la ciudad antes de su crucifixión: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23:37-39). Todo esto podría haberse evitado si se hubiesen convertido a Cristo en su primera venida.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:21
21.21 No habiéndole escuchado antes de que llegara la calamidad, el Señor tiernamente y con dolor, les dice cómo deben actuar cuando dicho mal se presente. Debían huir, irse de la ciudad y los que estén fuera en ese momento, no intentar volver a Jerusalén. El imperio romano sería implacable y mataría a cuando judío hallase. “El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño” (Proverbios 22.3). La iglesia también ha pasado tiempos de persecución con intenciones de exterminio, ¡más gracias sean dadas a Dios ha sobrevivido siempre! Como Israel. En los malos tiempos necesitamos ser prudentes y no desafiar al poder. Ante el mal, siempre resistiremos, pero no siempre la resistencia es acción visible. En ocasiones la resistencia consiste sólo en la sobrevivencia, tanto de la vida, como de no dejarse afectar el alma.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:22
21.22 La nación de Israel ha padecido en muchas ocasiones y casi siempre fue de manera injusta; sin embargo, en la destrucción de Jerusalén del año 70 se trató de una retribución; esto es, de un pago o cosecha por sus acciones. Primero, quedándose sin la protección de Dios al rechazar a su Hijo, el Señor Jesucristo llevándolo a una cruz; y segundo, al levantar revueltas una y otra vez contra Roma provocando su ira e invasión. Y tercero, todo esto había sido profetizado, no para que pasara, sino para alertar que pasaría, pero no escucharon a los profetas. Si te va mal, nunca culpes a Dios; analízalo y verás que algo pudiste hacer o dejar de hacer para evitarlo; incluso podrías haberlo provocado tú mismo.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:23
21.23 Como suele suceder en toda guerra, los que llevan las consecuencias y el sufrimiento sin poder hacer mucho son los más débiles, como las mujeres y niños. Israel estuvo bajo la ira de Roma y al haber rechazado a Jesucristo, también bajo la ira de Dios. ¿Qué podían hacer? Quizá fue la peor época para el pueblo judío de todos los tiempos; incluso peor que el cautiverio babilónico. Algo semejante sucede en las familias cuyo padre se aparta de Dios para hacer el mal; todos sufren las consecuencias.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:24
21.24 Después de destruir Jerusalén en el año 70 dC, después de asesinar a cerca de un millón de judíos, el emperador Tito hizo llevar cautivos a los sobrevivientes de todo Judea a las naciones. Seis siglos antes habían sido llevados a Babilonia en una invasión y destrucción semejante; pero ahora serían dispersos por todo el mundo conocido. Se procuró su exterminio tanto del cuerpo como de su cultura nacional. Pero sobrevivieron. Estuvieron en la diáspora, dispersos, desde ese año hasta 1948 cuando pudieron regresar a su tierra y recuperar su nación. Fueron necesarios 19 siglos y la segunda guerra mundial con el intento de otro extermino para que volvieran. Fue el tiempo de los gentiles; esto es, los tiempos que Dios permitió a los gentiles gobernar Jerusalén a lo largo de estos siglos.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:25
21.25-26 Generalmente, al leer estas palabras del Señor Jesús, solemos buscar dichas señales en el cielo; sin embargo, en realidad, el Señor está hablando de la nación de Israel con las figuras de lo que soñó José (Génesis 37) en donde vio a su padre Jacob como el sol, a su madre Raquel como la luna y a sus hermanos, incluyéndolo, como doce estrellas. Esto mismo es visto en Apocalipsis 12 como una mujer vestida de sol, luna y estrellas, también símbolo del pueblo de Israel. La nación judía tiene señales de lo que sucede en el plano espiritual antes del retorno de nuestro Señor Jesucristo (lee Lucas 21:25-28). Ver a Israel según la carne nos ayuda a comprender al Israel espiritual, la iglesia; y esto a su vez, nos permite estar más atentos a la segunda venida de Cristo. La angustia de las gentes es la incertidumbre de la situación mundial; el temor a otra guerra mundial y el mal resultante de esto. El bramido del mar y de las olas se refiere a la quejumbrosa información de las multitudes por todo el planeta Las potencias de los cielos conmovidas debe interpretarse como el cambio de cosmovisión mundial; como si potestades fueran removidas.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:26
21.25-26 Generalmente, al leer estas palabras del Señor Jesús, solemos buscar dichas señales en el cielo; sin embargo, en realidad, el Señor está hablando de la nación de Israel con las figuras de lo que soñó José (Génesis 37) en donde vio a su padre Jacob como el sol, a su madre Raquel como la luna y a sus hermanos, incluyéndolo, como doce estrellas. Esto mismo es visto en Apocalipsis 12 como una mujer vestida de sol, luna y estrellas, también símbolo del pueblo de Israel. La nación judía tiene señales de lo que sucede en el plano espiritual antes del retorno de nuestro Señor Jesucristo (lee Lucas 21:25-28). Ver a Israel según la carne nos ayuda a comprender al Israel espiritual, la iglesia; y esto a su vez, nos permite estar más atentos a la segunda venida de Cristo. La angustia de las gentes es la incertidumbre de la situación mundial; el temor a otra guerra mundial y el mal resultante de esto. El bramido del mar y de las olas se refiere a la quejumbrosa información de las multitudes por todo el planeta Las potencias de los cielos conmovidas debe interpretarse como el cambio de cosmovisión mundial; como si potestades fueran removidas.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:27
21.27 Ya no falta nada para el regreso de nuestro Señor Jesucristo, todo lo que habría de cumplirse, ya se cumplió. Sólo resta la manifestación de su venida. Según lo dicho por los ángeles cuando se fue en Hechos 1, volverá igualmente visible y conforme al resto de las Sagradas Escrituras, lo hará con gran poder y gran gloria. No más como un Hombre sencillo; sino como el poderoso Rey que impondrá su reino en todas la tierra con vara de hierro. Metafóricamente es escrito en Apocalipsis esto, acompañándole los santos glorificados al establecimiento de su reino: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:11-16).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:28
21.28 Para los judíos a los cuales Jesús estaba hablando, faltaban casi cuarenta años que comenzaran a suceder; pero para nosotros, ya sucedieron todas estas cosas. No debemos esperar que comience alguna señal, pues nada falta. Por tanto, vivamos con la cabeza levantada, figura de dignidad como quien esta viendo hacia el horizonte la llegada del Rey. Nuestra redención, la llegada de Cristo que transformará nuestro cuerpo de carne en cuerpo de gloria celestial y que cambiará nuestra situación de humanos por la de nuevas criaturas gobernando con Él toda la tierra por mil años (Ap. 20), por no decir miles de años, todo esto, está cerca. Cristo viene, ¡Sí, ven Señor Jesús!
— Roberto Tinoco
Lucas 21:29
21.29-30 La parábola tiene el propósito de desarrollar la misma enseñanza que ha venido diciendo el Señor (lee el comentario respectivo a los versículos previos): La higuera y los demás árboles tienen un ciclo que permite identificar qué tiempo se está viviendo. Se sabe cuando viene el verano a partir de qué está sucediendo con el árbol. Israel es la higuera, la cual, dicho sea de paso, el Señor había secado camino a Jerusalén como ilustración de las consecuencias al rechazo judío en la destrucción de Jerusalén (año 70 dC).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:30
21.29-30 La parábola tiene el propósito de desarrollar la misma enseñanza que ha venido diciendo el Señor (lee el comentario respectivo a los versículos previos): La higuera y los demás árboles tienen un ciclo que permite identificar qué tiempo se está viviendo. Se sabe cuando viene el verano a partir de qué está sucediendo con el árbol. Israel es la higuera, la cual, dicho sea de paso, el Señor había secado camino a Jerusalén como ilustración de las consecuencias al rechazo judío en la destrucción de Jerusalén (año 70 dC).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:31
21.31 A partir de la destrucción del templo de Jerusalén y del final de su diáspora consolidándose el Estado de Israel, no hace falta nada más para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Todo lo que necesitaba cumplirse se ha cumplido. Puede parecernos mucho dos mil años, pero no olvidemos que entre el anuncio del Mesías y su primera venida pasaron cuatro mil años. El reino de Dios está cerca de manifestarse, podría comenzar ya o pasar aún miles de años. A la luz de la eternidad un día es como mil años y viceversa.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:32
21.32 Algunos llegaron a pensar que el Señor se refería a que no pasaría una generación desde el establecimiento del Estado de Israel en 1948 y se pusieron a contar, primero cuarenta años, luego 70 y algunos más, 80 años. Pero el Señor estaba hablándole a su generación (cerca del año 30-33), es decir, que no llegarían a cuarenta años para cuando sucediera la destrucción del templo (recuerda que de ahí se desprendió la pregunta inicial 21:5-7); y, efectivamente, sucedió en el año 70 de nuestra era, cumpliéndose así, la Palabra del Señor. Esto es semejante a lo dicho desde el monte conocido como “sermón del monte”, cuando el Señor les dijo que algunos de los que estaban ahí no morirían sin ver antes al Hijo del Hombre viniendo en su reino (Mateo 16:28) y apenas siete días después, Pedro, Jacobo y Juan lo vieron transfigurarse y mostrar su gloria en las alturas de un monte junto con Moisés y Elías (Mateo 17:1-3).
— Roberto Tinoco
Lucas 21:33
21.33 La certeza de la Palabra de Cristo es tal, que permanece más allá de la creación presente. Esto es lo más lógico, ya que la creación entera fue hecha con la Palabra del Señor y se sustenta también por ella (Hebreos 11:3). La creación es temporal, su Palabra es eterna. Cristo mismo es la Palabra de Dios: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-3). Podemos confiar plenamente que todo lo que dijo es fiel; no sólo aquello relativo a la vida cristiana, sino también, su Palabra profética.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:34
21.34 Habiendo establecido el hecho de que Israel padecería, Jerusalén y el templo serían destruidos; y que la iglesia viviría en la inminencia del retorno de nuestro Señor Jesucristo, el Maestro los amonesta a vivir dedicados, consagrados, a no descuidarse. Un consejo sumamente útil en nuestra era, ya que el siglo XXI se ha caracterizado por la abundancia material, lo que fácilmente puede llevar a los creyentes a distraerse y volverse cómodos, olvidando así, la venida de nuestro Señor Jesucristo. Antes de que el cuerpo se cargue con glotonería y excesos, primero se carga el corazón. Una persona indulgente consigo misma tiene un problema de corazón, de voluntad e intenciones. La falta de dominio propio es provocado por un corazón indolente y sin compromiso con Dios. Asimismo, los afanes propios de la era moderna se vuelven una carga que impide vivir para Cristo. Viven para pagar cuentas y atender cosas temporales, incluyendo a su familia y afectos personales. Demasiados creyentes están enfocados en lo que pueden recibir de Dios y no piensan en servirle. Buscan el minimo esfuerzo para ser bendecidos, pero su corazón no está realmente dado al Señor. Los tales corren el riesgo de ser sorprendidos negativamente con la venida del Señor, lo cual redundaría en su mal, como afirma el siguiente versículo.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:35
21.35 La presencia del Señor debe ser considerada como un evento de enorme alegría. He escuchado a algunos decir que, si pudieran ir al pasado, tratarían de conocer a Jesús; pero los mismos no procuran su Presencia por la fe, ¿cómo es que la buscarían verdaderamente en carne? Si nos descuidamos cargando nuestro corazón con excesos y afanes, corremos el riesgo que la venida del Señor no resulte en un motivo de alegría, sino de vergüenza y de pérdida. Un lazo, algo que acarre la consecuencia de entrar vivos en carne a su reino milenial, como simples humanos sin ser glorificados y perdiendo para siempre la posibilidad de ser la Esposa del Cordero, ni su Lugar Santísimo y tampoco los íntimos de Dios. Una pérdida eterna. Con oportunidad de salvación aún, pero sin muchas bendiciones. “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Juan 2:28). El lazo será un gobierno impuesto por fuerza sobre las naciones de la tierra que sobrevivan a su juicio en su venida. “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mateo 25:31-32). En esta vida hay peligros; peligros de los que hemos podido escapar, un accidente, algún pecado, malas calificaciones, una mala relación romántica, ¡de toda clase! Pero también hay momentos en la vida cuando las fuerzas propias no son suficientes para escapar; ya sea de una enfermedad, de una deuda económica, de un divorcio, de un accidente, de un enemigo, en ocasiones no tenemos fuerza suficiente. Hay cargas que agobian a los seres humanos. A causa de mi trabajo, he visto a los hombres y mujeres caminar con cuerpos normales, pero almas dobladas por afanes y dolores que no debieran de llevar. Si no escapamos reventaremos o pereceremos bajo el peso de dichas cargas. Así como el cuerpo tiene una capacidad de carga, también la tiene el alma. ¿Cuánto puede cargar un ser humano promedio? ¿Qué sucede si intentamos llevarlo más allá? Morirá. Lo mismo sucede con su alma. El corazón también tiene una capacidad de carga. ¿Cuánto puede soportar un corazón? Si eres de las personas que van almacenando cosas en el corazón, permíteme preguntarte: ¿cuánto falta para llegar al límite? Locos en manicomios y suicidas son claro ejemplo de ir más allá del límite. Seguramente llegaron a esa condición almacenando cargas poco a poco en su corazón. …hasta que reventó. ¿Conoces a alguna de esas personas que todo lo guardan y les es imposible deshacerse de cosas? También hay empresas cuyo “archivo muerto” es excesivamente grande. ¿De qué tamaño es tu archivo? ¿Cuánto almacena tu alma? ¿Estás llegando a tu límite? La historia habla de un hombre al que apodaron Mahatma Ghandi, que significa “Alma Grande”. Tenía una enorme capacidad, pues cargaba al pueblo hindú. Nuestro Señor Jesucristo era aún más Grande, pues cargó en Él el pecado y las enfermedades de todos los seres humanos de todos los tiempos. ¡Impresionante! Con todo, hay un límite en el ser humano. No tienes idea de lo terrible que podría ser tu vida si lo rebasas. Hay cargas que tu corazón emocional y espiritual no pueden llevar. El alma se carga con cosas que no debiera cargar; pero de las cuales podemos desistir. Hay cosas de las cuales no podrías prescindir; pero hay otras que sí. ¿De qué cosas podrías prescindir y seguir viviendo? Si lo analizas, la mayoría de las cosas que tienes o que haces (incluso personas, profesión, gustos), si las perdieras, podrías seguir adelante. El ser humano es un extraordinario sobreviviente. A pesar del dolor, puede volver a sonreír; pero una vida disipada o descuidada carga el alma. Con frecuencia, estas cargas son peores que las cargas infligidas por otros. El pasaje que leímos habla de cargas del corazón que son producto de una vida descuidada (glotonería, embriaguez y afanes). Jesús halló muchas almas cargadas (Mat. 11:28). Miro las hormigas y con frecuencia las encuentro cargando cosas más grandes que su propio tamaño. Admiro su fuerza y la diligencia de su trabajo, incluso su carácter previsor para el invierno; pero que vida tan limitada: ¡vivir para cargar y cargar para vivir! ¿Y no son muchas personas iguales? ¿Quieres ejemplos? La glotonería. Griego kraipale, se refiere al vértigo y dolor de cabeza resultantes de beber o comer en exceso. La enseñanza principal es no excederse en el placer. Comer es bueno y placentero, pero su exceso es mortal. La vida es maravillosa y debe disfrutarse, pero excederse en las cosas de esta vida puede matar tu alma. La embriaguez. Griego methe, significa “bebida fuerte, intoxicante”; y se refiere a la práctica de tomar licor. Su aplicación espiritual es la conducta que reiteradamente pierde el sentido común y constantemente toma malas decisiones por estar intoxicado de las cosas de este mundo. Los afanes de esta vida. Griego merimna, significa “atraer en diferentes direcciones, distraer”. Muchas cosas de esta vida no son malas ni tienen relación con el pecado; pero resultan ser sólo distracciones del propósito de nuestra existencia. Diviértete, pásala bien cada día, pero ten cuidado de no distraer la razón por la cual Dios te creó. El Señor habló de un día que vendría de repente. Queremos vivir la vida y no estamos atemorizados ante el futuro; esperamos cosas buenas; sin embargo, no somos distraídos. Pensemos en conducir un auto, podemos disfrutarlo, pero no sólo tenemos cuidado de lo que nosotros hacemos, sino de lo que hacen los demás conductores y aún del medio ambiente. ¿No es la vida similar? ¿No debemos estar atentos para no ser sorprendidos nunca por la calamidad? Vivimos con fe y no asustados, pero compramos seguros contra accidente y seguros de vida. La vida descuidada, sin principios espirituales suele ser sorprendida por los problemas y luego dice: ¿por qué me pasó esto a mí? Prepárate para no ser sorprendido por ese día de repente. Los soldados que sobreviven la guerra por lo general son los que estuvieron mejor preparados. Igual pasa con bomberos y policías. Y también sucede lo mismo en el juego de la vida; los preparados generalmente son los más exitosos. La buena vida no es un accidente, sino un resultado de la preparación basada en las leyes establecidas por Dios para vivir. El grave problema de vivir descuidadamente cargándose es caer en un lazo o trampa de una vida sin sentido, pero con muchas consecuencias. Jesús habló del lazo que vendrá. Se refiere a una trampa puesta a propósito. No son hoyos hechos por casualidad, sino trampas preparadas por cazadores. ¿Haz jugado ese juego de niños llamado “la quemada”? Consistía en arrojar una pelota pequeña para tocar a otros jugadores, los que eran tocados eran señalados como “quemados” y debían dejar el juego hasta que quedaba un solo jugador. El juego de la vida tiene gran parecido; parece como si muchos fueran quemados perdiendo sus sueños y quedando al margen para mirar a los que aún siguen jugando. Puedes decir: “yo no jugaré”; pero no podrás evitarlo; se trata de un “juego” mundial; el Señor se refirió a este como “los que habitan en la tierra”. Todos estamos dentro y sea que quieras o no participar, tu elección es en sí misma una participación, ya sea para competir o para rendirte. De manera que si no puedes evitar ser participante, ¡prepárate y hazlo bien! Sólo hay una vida y no debes pasarla sentado o peor aún, preso en el lazo. Mira la Palabra: “las cosas que vendrán”. Se nos avisa. Si estás atento a las señales será más seguro el camino y evitarás accidentes. Pon atención, prácticamente todo tiene una razón de ser y está dentro de un gran engranaje. No hay piezas sueltas ni cosas al azar. Mira con cuidado, piensa bien todo lo que decides. Aprende a recibir el bien y a evitar el mal. La mayoría de las cosas malas por las que oras pidiendo ser librado hubieras podido evitarlas siendo diligente. ¿Te imaginas si hubieras podido evitar algunas cosas que no supiste que vendrían? ¿Te imaginas si pudieras conocer el futuro? ¿Habrías tomado las mismas decisiones que has hecho? Y si pudieras desde hoy comenzar a anticiparte a las cosas que vendrán, ¿lo harías? Por eso el Maestro nos encargó velar; estar despierto, vigilante. ¿Cómo se mantiene uno despierto en el reino de Dios? ¡Orando! Mira el contexto y te darás cuenta de que Jesús enseñaba la oración como la forma de velar en el espíritu. …algunos tienen demasiado tiempo dormidos, pues hace mucho que no oran de verdad. Y lo peor, comienzan a orar cuando ya el ladrón entró a su casa. ¡Veladores despertados por el ladrón! Están cargados porque no oran. Es lo mismo que dormirse. No están atentos ni involucrados en los asuntos espirituales ni con visión entendida de los tiempos que se viven. Algunos se duermen con los mensajes, otros cuando oran y algunos usan la Biblia como somnífero; ¿cómo se librarán de los problemas que pudieran venirles? “¡Velad en todo tiempo!” –es la encomienda. Perseverando, ser como soldados adiestrados siempre listos para la batalla. El hombre no deja de comer ni de respirar hasta que muere, ¿por qué deja de orar? ¿Seguirá vivo espiritualmente sin relación con el que dijo “Yo Soy la Vida?
— Roberto Tinoco
Lucas 21:36
21.36 Sin esta perseverancia en la oración no se es “tenido por digno de escapar”. Una cosa es ser digno y otra es ser tenido por digno. Quizá no seas hallado el mejor, pero al menos debes ser hallado luchando con todas tus fuerzas, intentándolo con toda tu pasión y toda tu alma. Quizá aunque pongas todo tu empeño y seas diligente y esforzado, aún así te falten fuerzas para librarte de algunas cosas que pueden venir sobre ti; es allí donde Dios te mirará y dará las fuerzas adicionales para librarte. Llega hasta el límite y Dios te llevará a partir de allí. Esto es estar de pie”. Sobrevivir, seguir con vida. Cuando el polvo haya bajado y la lucha termine, ¿quién estará en pie? Aquellos que hicieron cuanto pudieron y que fueron tenidos por dignos de ser sostenidos por Dios. Dirán en aquel día: “¿cómo siguen de pie si vino todo lo que pudo venir contra ellos? ¿Cómo siguen de pie si el infierno les cayó encima?” Y responderemos: “no nos dimos cuenta, estábamos ocupados en engrandecer a nuestro Dios con todas nuestras fuerzas”.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:37
21.37-38 Durante su estadía en Jerusalén, en sus últimos días en carne, el Señor Jesús acostumbró trabajar durante el día enseñando en el templo y luego se retiraba al monte de los olivos, que estaba cerca de ahí, para descansar con sus discípulos. Esto era una jornada intensa de trabajo e igualmente muy incómoda por no tener los servicios más elementales necesarios para la vida humana. No había tiempo que perder, la cruz estaba a la vista y daría hasta lo último de su ser. No perdería tiempo ni en trasladarse. Además, el monte de los olivo se prestaba para la oración que el Señor gustaba hacer. Dedicó lo más que pudo a la intimidad con el Padre. A la mañana siguiente estaba listo, ungido, descansado y sabio para escuchar y atender a las multitudes que venían a Él en el templo desde temprana hora. Si eres ministro, dedica dos terceras partes de tu tiempo ministerial a la oración y a la Palabra y el resto a la gente.
— Roberto Tinoco
Lucas 21:38
21.37-38 Durante su estadía en Jerusalén, en sus últimos días en carne, el Señor Jesús acostumbró trabajar durante el día enseñando en el templo y luego se retiraba al monte de los olivos, que estaba cerca de ahí, para descansar con sus discípulos. Esto era una jornada intensa de trabajo e igualmente muy incómoda por no tener los servicios más elementales necesarios para la vida humana. No había tiempo que perder, la cruz estaba a la vista y daría hasta lo último de su ser. No perdería tiempo ni en trasladarse. Además, el monte de los olivo se prestaba para la oración que el Señor gustaba hacer. Dedicó lo más que pudo a la intimidad con el Padre. A la mañana siguiente estaba listo, ungido, descansado y sabio para escuchar y atender a las multitudes que venían a Él en el templo desde temprana hora. Si eres ministro, dedica dos terceras partes de tu tiempo ministerial a la oración y a la Palabra y el resto a la gente.
— Roberto Tinoco