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Hechos 24
Pablo ante Félix
1Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo.🗨📝 2Y cuando éste fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia,🗨📝 3oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud.🗨📝 4Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad.🗨📝 5Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos.🗨📝 6Intentó también profanar el templo; y prendiéndole, quisimos juzgarle conforme a nuestra ley.🗨📝 7Pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos,🗨📝 8mandando a sus acusadores que viniesen a ti. Tú mismo, pues, al juzgarle, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos.🗨📝 9Los judíos también confirmaban, diciendo ser así todo.🗨📝 10Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa.🗨📝 11Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén;🗨📝 12y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad;🗨📝 13ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.🗨📝 14Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas;🗨📝 15teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.🗨📝 16Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.🗨📝 17Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas.🗨📝 18Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto.🗨📝 19Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo.🗨📝 20O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio,🗨📝 21a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros.🗨📝 22Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro asunto.🗨📝 23Y mandó al centurión que se custodiase a Pablo, pero que se le concediese alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos servirle o venir a él.🗨📝 24Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.🗨📝 25Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.🗨📝 26Esperaba también con esto, que Pablo le diera dinero para que le soltase; por lo cual muchas veces lo hacía venir y hablaba con él.🗨📝 27Pero al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Hechos 24: RV60
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Hechos 24:1
24.1 Ananías tomó la causa del intento de matar a Pablo como su propia causa; de manera que no solo compareció ante el gobernador de Judea en Cesarea, acompañado de ancianos o principales del Concilio de Jerusalén, sino que también contrató para llevar consigo a Tértulo, un afamado orador que presentaría sus argumentos profesionalmente, de manera que hicieran ver culpable de muerte al apóstol. Había una estrategia hecha por mentes brillantes; así como respaldo financiero para lograr su cometido. …pero les faltaba Dios.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:2
24.2 Tértulo sabía usar las palabras y comenzó con elogios hacia el gobernador. A todo político le gusta el elogio de sus obras y persona. Frecuentemente los debates no los gana quien tiene la razón, sino el que presenta mejor sus argumentos. …engañosos son los besos del enemigo (Pr. 27:6). De manera que es imperativo saber hablar, no para lisonja, sino para presentar mejor la justicia. La elocuencia no es enemiga de la verdad.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:3
24.3 El término excelentísimo era propio de nobles y principales en el imperio y muy bien usado en esta disertación. La cortesía presentada por Tértulo era en extremo fina y de buen gusto. Al decirle le recibimos en todo tiempo y lugar el orador intenta posicionar al gobernador del lado de los acusadores. Siendo que el mundo también tiene palabras y domina la diplomacia, los creyentes debemos crecer en este arte, a fin de que nada estorbe la presentación de la Palabra del Señor.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:4
24.4 Muestra solicitud por la comodidad del gobernador, le ruega y además elogia su justicia solicitando se aplique en su caso. Todo esto está profesionalmente presentado para que Félix considere a los judíos como los que están del lado de la ley. La palabra dicha como conviene, cuán buena es. Lo malo en este caso es que son buenas palabras para presentar un mal caso. El mal no se convierte en bien porque sea bien dicho; pero confunde. Pero si el mal puede ser bien presentado, ¡mucho más el bien debe expresarse bien!
— Roberto Tinoco
Hechos 24:5
24.5 ¡Como cambió el tono de las palabras de Tértulo! …pero en esencia era lo mismo, de los elogios falsos giró hacia las acusaciones falsas. El que miente, miente a todos; y lo mismo difama el que lisonja. Llama plaga a Pablo por extender su fe; y efectivamente, una vida que se extiende puede ser considerada así por aquellos cuya creencia es puesta en riesgo; sin embargo, no es plaga quien da vida. Lo califica de promotor de sediciones entre todos los judíos de todo el mundo; la verdad es que Pablo era promotor, pero de unidad; y no solo entre los judíos, sino para todo el mundo. Su predicación era el misterio de Cristo, que judíos y gentiles por la fe en Cristo somos un solo cuerpo. Los que se dividían sediciosamente eran ellos. También, tiene a Pablo como cabecilla de los nazarenos (así se denominaba a los cristianos por seguir a Jesús de Nazaret, aunque no eran una secta, sino el genuino plan de Dios, eran los judíos los que se separaron del propósito divino), y aunque el apóstol no era cabeza de la iglesia, si era el principal exponente de la misma y quien más había trabajado; por ello era visto de semejante manera. Iba a la cabeza del mover de Dios.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:6
24.6 Se acusó al apóstol Pablo de intentar profanar el templo porque en las mentiras de la turba dijeron que metió griegos al mismo, lo cual era totalmente falso. Algunos colaboradores de Pablo eran judío – griegos y por eso la maliciosa confusión. Dijeron haberle prendido para juzgarle, lo cual era completamente falso, pues intentaron matarlo en un tumulto tipo linchamiento y si no fuera por la guardia romana que se hallaba presente, lo habrían conseguido. Quien miente en las cosas santas, mentirá aun más en las cosas terrenales. No te extrañe si se presentan argumentos falsos contra ti por servir a Cristo, tanto el Señor como los primeros apóstoles fueron acusados con mentiras y con frecuencia en la historia la fuerza estuvo del lado de los que se oponen al evangelio, pero finalmente el poder y la verdad de Dios prevalecen. El trabajo del mal es difamarte; tu trabajo es que sean mentiras lo que dice contra ti.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:7
24.7 Como haciéndose víctimas, Tértulo dice que los soldados romanos fueron violentos contra ellos cuando trataban de juzgar a Pablo se acuerdo a su ley; esto es un argumento bajo y mentiroso. Ellos fueron los violentos y no hicieron nada de acuerdo a la ley. Es común que aquellos persiguen, acusen a los demás de intolerantes; y que los violentos, se quejen de ser violentados. Por lo cual, no tomes actitud de víctima, pues cuando las cosas cambien te convertirás en tirano.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:8
24.8 Después de mucho elogiar al gobernador, de hacerse las víctimas y de hablar mal de Pablo contando mentiras acerca de los hechos, Tértulo no dijo realmente nada concreto, ninguna acusación específica. Como orador profesional, pero carente de una causa, trató de marear el sentido común y buen juicio del gobernador una veces con miel y otras con vinagre. Más que una sentencia, parecían buscar que se les otorgara la libertad de ser ellos los jueces del apóstol, teniendo así la oportunidad de hacer con el lo que bien les pareciere. En las muchas palabras no falta pecado. Evita la palabrería y a los palabreros.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:9
24.9 Los judíos a los que se hace referencia habían venido de parte de los acusadores, así que procuraban por aclamación condenar al apóstol. Es bien sabido que la multitud inclina a los políticos. Si te encuentras presionado por la opinión pública a causa de la verdad, solo necesitas la aprobación de uno: Dios.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:10
24.10 La defensa de Pablo fue mejor que la acusación del orador profesional Tértulo, pagado por los judíos. No se dedicó a intentar contradecir las palabras de sus acusadores ni echar abajo sus mentiras, de esta manera no permitió que las palabras de los malignos fueran el centro del juicio. Su inicio fue también un ejemplo de diplomacia, no se enfocó en la persona del gobernador como un lisonjero cualquiera, sino en la experiencia del gobernador para juzgar. Con esto le dio honor y al mismo tiempo procuró la justicia. Presentó su defensa con buen ánimo, como lo dijo. Aunque cabe aclarar que Pablo todo lo hacía con entusiasmo. El estado de ánimo es con frecuencia la diferencia entre el éxito y el fracaso, y en este caso, entre la vida y la muerte. Tu vida es proporcional a tu ánimo.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:11
24.11 El apóstol se centró en los hechos y no en las palabras de sus acusadores. Un excelente ejemplo de defensa, ya que de esta manera se posiciona en el centro de la argumentación y se puede dirigir la misma. Lo que hablaba era cerciorable, muy diferente a las especulaciones de sus acusadores, que si se investigaban, se notaría que no era así. Pablo no llevaba más de doce días de haber subido a Jerusalén (a la ciudad de Dios, lo mismo que a las cosas de Dios, no se baja ni se va, sino se sube); además de que subió a adorar, de lo cual todos eran testigos, lo que significaba que no había tenido el tiempo de ser un sedicioso como lo acusaban; pues, ¿cómo se organiza una revolución en una semana? ¡En qué poco tiempo conmovió la ciudad! Vive de tal manera que se sienta tu presencia.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:12
24.12 Pablo subió a adorar a Jerusalén y lo encontraron adorando; ¿cómo entonces lo acusaban de sedicioso? La mejor prueba de que mentían es que estaba prácticamente solo delante de Dios. Así debes ser visto por todos, como uno que vive delante del Señor. El apóstol no mostró actitud conflictiva con nadie, tampoco convocó a las personas a seguirle a revuelta alguna. El siervo de Dios lleva las almas a Dios. Fue así tanto en la ciudad, como en el templo y en las sinagogas; se congruente siendo el mismo cristiano en el templo, en la casa, el trabajo, la familia y donde quiera que te encuentres. Realmente eres lo que eres cuando nadie te ve; pero el hombre o la mujer de Dios es igual en todos lados
— Roberto Tinoco
Hechos 24:13
24.13 La función de las tinieblas es acusarte; la tuya es que no pueda probar aquello de lo que te acusa.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:14
24.14 La confesión del apóstol es también su oportunidad de testificar de Jesucristo. Si omite esto saldría fácilmente exonerado del juicio, pero Pablo no va a perder la oportunidad de presentarle el evangelio mediante su testimonio al gobernador. La fe cristiana era conocida en el primer siglo como el Camino; el cual era conocido por todos, para los incrédulos una herejía, pero para los creyentes su vida misma y la única manera de servir a Dios. Pablo refiere a Dios como el Dios de sus padres, cuyas cosas el cree y están escritas en la ley y los profetas; con esto les da oportunidad de reflexionar acerca de si están del lado equivocado de la historia. Los cristianos no solo creemos en Dios, sino que por cuanto creemos en Él, le servimos. Quien no sirve, tampoco cree realmente. Por otro lado, la fe cristiana es completamente demostrable por las Sagradas Escrituras, incluso por encima del judaísmo.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:15
24.15 La esperanza en Dios es y ha sido a lo largo de la historia de la humanidad un fundamento para vivir. Con ella se han superado todos los obstáculos que esta vida pueda presentar. De hecho, la esperanza se encuentra en cierta medida en todos los seres humanos y más en aquellos que han tenido contacto con la fe de Dios, tanto cristianos como judíos. Pablo hace referencia a esto conocedor de que todos los presentes de una u otra forma, tienen esperanza. Sin embargo, el apóstol lleva la esperanza más allá, de la amplitud a la especificación, al enfocarla en la esperanza de la resurrección de los muertos tanto para salvación como para condenación. Vida más allá de la muerte. La muerte no es el final. Fuimos hechos para la eternidad; de manera que hay vida más allá de la muerte. La vida eterna es doctrina cardinal de la fe cristiana conocida como salvación y existencia eterna respecto de condenación: Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua (Dan. 12:2). La resurrección del cuerpo es fundamental para completar la salvación. La muerte no puede quedarse con la victoria sobre nada, esto hace necesario e indispensable la resurrección. Sin la resurrección no existe ninguna base para nada más relativo a la fe cristiana. He allí su gran importancia: Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe (1 Cor. 15:13-14). Tanto en el Antiguo como en el Nuevo testamento encontramos casos de personas resucitadas por el poder de Dios. Dichos casos, a excepción de la resurrección del señor Jesucristo, son resurrecciones temporales (volvieron a morir físicamente), pero ilustran la resurrección final donde viviremos para siempre. La doctrina de la resurrección es una esperanza profetizada a lo largo de las Escrituras; desde los tiempos patriarcales, ya se creía en ella (Job 19:25-26). Y en los tiempos del reino de Israel era cantado en sus salmos (Sal. 16:9-10; 49:15). Los profetas lo anunciaron (Is. 26:19; Dan. 12:2-3); y el mismo Señor Jesucristo, además de demostrar la resurrección, enseñó acerca de ella (Lucas 24:37-39; Juan 5:29). De hecho, no solamente enseñó acerca de la resurrección, sino que mandó a sus apóstoles a que predicaran el evangelio y resucitaran muertos en su Nombre (Mateo 10:8). Los primeros cristianos eran conocidos como testigos de la resurrección del Señor Jesús y se caracterizaban por enseñar acerca de la resurrección, no sólo del Señor, sino de los creyentes; por ejemplo, escribió el apóstol Pablo: quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con Él (1 Tes. 5:10). El apóstol habla de velar como permanecer vivo sin morir físicamente hasta la venida del Señor y de dormir como experimentar la muerte física del cuerpo; pero en uno y otro caso, la promesa es que vivamos con el Señor; lo cual también implica resucitar. Surgen muchas preguntas, cuándo será esto, cómo será, qué clase de cuerpo tendremos, volveremos a vivir, etc. Atendamos esto… La resurrección del cuerpo también es conocida como la glorificación (porque Dios le pone de su gloria a nuestro cuerpo). ¿Y con qué cuerpo resucitaremos? Esta es una pregunta que también los primeros cristianos se hacían. La respuesta vino a través de la carta a los Corintios: Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo (1Cor. 15:35-38). Así como es diferente la semilla al árbol y fruto que sale de ella; así es mucho mejor el cuerpo resucitado con relación al cuerpo terrenal que tenemos actualmente. Nuestro cuerpo físico es una especie de semilla, no porque en él se encuentren los elementos necesarios para producir el cuerpo de gloria, sino porque se ha pasado por la muerte o siembra del cuerpo para esperar el ser después vivificado por el poder de Dios. Otra metáfora que ilustra la misma verdad es la de un edifico en comparación a una tienda de campaña: Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; 3pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida (1 Cor. 5:1-4). El cuerpo de carne es una simple tienda de campaña (eso es lo que significa tabernáculo) en comparación con el cuerpo de gloria que es como un edificio. La tienda es temporal, el edificio es permanente; así nuestro cuerpo de carne es para unos cuantos años, mientras que el cuerpo de gloria es para la eternidad. Ser desnudados de nuestro cuerpo de carne significa morir físicamente, Pablo dice que preferimos ser revestidos con el cuerpo de gloria; esto es, ser glorificados sin necesidad de morir. ¿Es esto posible? La Biblia enseña que sí. Cuando Jesús resucitó podía hacer lo mismo que antes de morir como comer y beber (Luc. 24:39-43), pero también podía sobrepasar las leyes naturales que hoy limitan al cuerpo de carne; por ejemplo, traspasaba material sólido e incluso podía aparecerse en otro lugar (Juan 20:19) y se trasladaba de la tierra al tercer cielo ida y vuelta en el mismo día (Juan 20:17-19), entre otras muchas cosas como no cansarse ni enfermarse, tampoco estar atado a los instintos de la carne como la sexualidad (Mateo 22:30), etc. A pesar de que podía tomar la forma humana exacta a la que tenía en carne, pues mostró las cicatrices de la crucifixión (Juan 20:20), siendo que en otra ocasión lo vieron sin reconocerlo (Luc. 24:13-31). El apóstol Juan declaró por el Espíritu: seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es (1 Juan 3:2). Otro pasaje declara: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (Fil. 3:20-21). Ser como Él es, es mucho más que recuperar la gloria que perdió Adán, es más que regresar al inicio, es llegar a la meta. A Jesús se le llama “el segundo Adán” porque nos lleva más allá que el primero. El primer Adán era “alma viviente”, es decir, recibió el aliento de Dios para vivir (Gen. 2:7); pero Cristo, el segundo Adán, es “espíritu vivificante”, produce vida a los demás (1 Cor. 15:45). La resurrección hace del hombre un ser glorioso lleno de vida que vivifica lo que toca, no lo inanimado, sino lo que ya vive. El orden de la resurrección: ¿Resucitaremos todos al mismo tiempo? ¿Recibiremos todos los resucitados un cuerpo exactamente igual en virtudes o algunos tendrán más habilidades que otros? Es importante saber que no todas las resurrecciones se efectuarán al mismo tiempo ni con la misma gloria (1 Cor. 15:38-42), existe un orden en las mismas ilustrado por medio del ciclo de la cosecha agrícola (la iglesia es como una labranza según 1 Cor. 3:9). La Palabra nos enseña: Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia (1 Cor. 15:23-24). Tres partes de ese orden: 1.- Primicias (clara referencia al orden de la cosecha). 2.- La venida. 3.- El fin. Esto corresponde con los tiempos en los que se levantaba la cosecha, a saber: 1.- Primicias, que se llevaba al templo como ofrenda a Dios (Ex. 22:29; 23:19; 34:26; Ap. 14:1-5). 2.- Cosecha, que se llevaba al granero (Ex. 23:16; Ap. 14:14-16). 3.- Rebusca, se le llamaba así a lo que no se recogía o maduraba después y que se dejaba para los huérfanos, las viudas, los pobres y los forasteros (Lev. 23:22; Dt. 24:19-21; Mateo 13:39-43). De manera que el orden de la resurrección es: 1.- Cristo y todos los que sean resucitados antes de su venida son tenidos como primicias y pasarán su eternidad en intimidad con Dios para su deleite. 2.- Todos los que resuciten en la venida de Señor (1 Tes. 4:15-17), teniendo acceso a la Presencia de Dios, pero sin morar permanentemente con Él. 3.- Por último, los que sean resucitados hasta el final de los tiempos habiendo de pasar por el juicio y con riesgo de condenación (Ap. 20:11-15). Esto corresponde a los tres lugares del tabernáculo de Moisés: atrio, donde todo el pueblo podía entrar; lugar santo, donde sólo los sacerdotes ministraban; y Lugar Santísimo, donde sólo el Sumo Sacerdote tenía acceso. Y también puede verse como la tierra nueva para los salvos a duras penas; los cielos nuevos para los salvos; y la Nueva Jerusalén para los vencedores o sobresalientes en la fe (Ap. 21:1-2). Estos tres niveles de recompensa se ven a lo largo de toda la Biblia; para ser parte de las primicias o de la mayor recompensa; es decir, para ser de los que están con Cristo son llamados y elegidos y fieles (Ap. 17:14). Muchos son llamados, pocos son escogidos; y de entre los escogidos hay que ser hallado fiel.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:16
24.16 La vida santa es una vida de conciencia. El apóstol presenta en su defensa que ha mantenido su conciencia sin ofensa. Se refiere a una conciencia que no le acusa de mala conducta, no tiene remordimiento ni reprensión. La conciencia es una virtud del espíritu humano que le trae sentido del bien y del mal. Por un lado, cuando el hombre cayó, su espíritu murió, pero por otro, su espíritu recibió una infusión de la ley de Dios a fin de acusar o defender al hombre en su conducta: mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos (Rom. 2:15). Durante el juicio de Pablo todo parecía en contra, los acusadores judíos, el orador y abogado Tértulo; Felix, el Gobernador corrupto que buscaba soborno, todo estaba preparado para destruirlo, parecía sin escape. Más, ¿cuál fue la defensa de Pablo? ¡Una conciencia sin ofensa ante Dios y los hombres! Conciencia limpia ante Dios y los hombres. Si la conciencia se ensucia, la fe se confunde y el hombre se extravía: que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia (1 Tim. 3:9). La fe es apenas el punto de partida, debe guardarse con limpia conciencia. Si la conciencia se ensucia, la fe es tinieblas y el hombre no escucha al Señor. La conciencia es la voz de Dios: Bendeciré a Yahwéh que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia (Sal. 16:7). Si no sabes cuál es la voluntad de Dios para tu vida, escucha a tu conciencia, Dios te está guiando a través de ella. La conciencia desobedecida se cauteriza: pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia… (1 Tim. 4:1-4). Con todo, la cauterización de la conciencia es un proceso lento. Primero se ofende o lastima a la conciencia desobedeciéndola en algo; lo cual produce dolor. Luego, dicho dolor es ignorado por lo que la herida produce cicatriz que insensibiliza. Así como los árboles, que son más duros donde antes fueron golpeados. Con el tiempo, lo que hacía sentir mal al individuo deja de dolerle y lo endurece. Ya no reacciona ante el mal, no tiene remordimiento. El hombre cauteriza su conciencia en un intento de obtener paz sin Dios, como analgésicos del alma que solo esconden el dolor. Si la conciencia se ensucia, el hombre perderá su fe y se condenará: Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería (1 Tim. 1:5-6). Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar (1 Tim. 1:18-20). ¡Entregados al mal y a Satanás por cauterizar su conciencia! ¡Vaya existencia espantosa que llegan a tener! Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo (Heb. 13:18). Aún los demonios creen y tiemblan, pero no pueden hacer nada con esa fe. Con la conciencia limpia, el hombre es útil a Dios: Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día (2 Tim. 1:3). Un soldado limpia sus armas; un artista sus pinceles; un obrero sus herramientas; y un cristiano limpia su conciencia. Con la conciencia limpia el hombre retiene a Dios: Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros (2 Tim. 1:14). Como recipiente, el hombre fue creado para contener a Dios y todo lo que Él desee confiarle. Una conciencia culpable es una vasija con grietas por donde escapan aquellas cosas que la fe debiera apropiarse y que el favor de Dios ha dado. Cuando la conciencia está ofendida, ya sea por causa del Señor o por causa de los hombres, la fe depositada en ella se escapa, por lo cual, no hay crecimiento en la fe, sino extravío. Ahora entiendes por qué algunos escuchan y escuchan y al salir pierden lo recibido. Con la conciencia limpia el hombre será recompensado: Yo Yahwéh, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras (Jer. 17:10). La versión Reina Valera del 95 lo traduce: Yo Yahwéh, que escudriño el corazón y examino la conciencia... Hay personas que hacen las cosas correctas, pero con los motivos equivocados. Por ejemplo, Pablo habla de algunos que predicaban la Palabra por contienda y otros lo hacían por ganancia deshonesta, más otros de buena voluntad, por amor (Flp. 1:15). ¡Gloria a Dios porque Cristo es predicado! Pero no habrá recompensa para quienes lo hacían con una mala conciencia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (Mat. 5:8). No son los trabajadores ni los más exitosos (según los hombres), sino los de limpio corazón, lo cual involucra la conciencia, quienes mirarán a Dios. La gloria recibida es equivalente a la conciencia mantenida: Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros (2 Cor. 1:12). ¿Con cuanto depósito llegarás al día de las recompensas? Cuando la conciencia es limpia, el hombre tiene testimonio de agradar a Dios: Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo (Rom. 1:9). El testimonio conjunto de nuestro espíritu (la conciencia) y el Espíritu Santo. Cuando la conciencia es limpia, el hombre tiene acceso a Dios: acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura (Heb. 10:16-22). La conciencia es una terrible carga, no podemos avanzar hacia Dios cargados. Por algo dice la Palabra que nos despojemos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante (Rom. 12:1).
— Roberto Tinoco
Hechos 24:17
24.17 El apóstol Pablo presentó en su defensa que su conducta fue la de un judío piadoso cuando atentaron contra él acusándole. Fue a Jerusalén a presentar limosnas y ofrendas cuando lo difamaron de traidor a la nación. Una actitud totalmente incongruente por parte de aquellos que se dicen protectores de su patria. Muchas veces los héroes de una nación fueron martirizados y muertos por otros en nombre de la misma tierra; con el tiempo se justifica el nombre de los tales. Haz el bien sin esperar que necesariamente aquellos que reciben tu bien lo agradecerán. Sirve a Dios aunque surjan hombres que se incomoden por ello.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:18
24.18 Fue acusado por judíos de Asia, ni siquiera de Jerusalén. Esto implica una persecución de la cual estaba siendo objeto antes de llegar a la ciudad. ¿Cómo es que es acusado de algo en ese momento cuando los inquisidores dolosamente ya decían tener asuntos previos contra él? Además, estaba purificado en el templo, todos los que se hallaban presentes vieron los rituales de purificación que Pablo efectuó (y que por cierto no debería haber hecho). Tampoco había multitud alrededor de él ni alboroto alguno, esto lo ocasionaron los judíos de Asia y no Pablo. Se armarse un caso en tu contra y confabularse todos contra ti, espera en Dios que Él defenderá tu causa.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:19
24.19 ¿Dónde estaban los acusadores? Quebrantando la ley, Pablo estaba siendo juzgado por el dicho de unos que no comparecían. Este solo argumento debería haber dado por nulo el juicio. Cuando el mal está determinado en el corazón de alguno, no procura la razón ni la justicia y estará dispuesto a la injusticia tratando de usar la justicia para lograr su cometido; ¡increíblemente, cree estar haciendo lo correcto! Guarda tu corazón no intentando hacer lo que consideras bueno haciendo lo malo. Si tal haces, las intenciones de tu corazón no son conforme a la verdad.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:20
24.20 El apóstol exige que se presenten hechos concretos, acusaciones claras y no solo declaraciones ambiguas. La historia ha demostrado que toda vez que un concilio religioso se reúne a juzgar, puede más la ira colectiva que la razón. Las alianzas no deben ser para cerrar puños, sino para abrir manos.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:21
24.21 Ridiculizando a sus acusadores, el apóstol expone como única “falta” haber sido apasionado en la presentación de su fe ante el concilio. Los detuvo así la primera vez y estaba burlándose en cierto modo de ellos a causa de eso. Por otro lado, dejaba ver al gobernador Félix que en realidad le habían llevado a juicio solo por asuntos de doctrinas (cosas en las cuales no intervenía el imperio). La perspicacia es propia de personas inteligentes.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:22
24.22 El gobernador Félix era un hombre corrupto, pero no era ignorante; se había informado bien acerca de lo que es el cristianismo (llamado este Camino), y aunque debería haberlo dejado inmediatamente en libertad al ver que no existía ninguna falta real y concreta en el apóstol, aplazó las cosas. Su argumento era esperar el testimonio del tribuno Lisias, pero en realidad, como leemos más adelante, procuraba recibir un soborno de cualquiera de las partes (si fuese de Pablo, mejor). Las personas del mundo no siempre procuran la justicia y podrían prestarse a la corrupción, por tanto, sé diligente en mantener tu integridad aun a riesgo propio.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:23
24.23 Injustamente el apóstol Pablo tendría que esperar hasta la resolución de su juicio; sin embargo, el centurión a cargo de la fortaleza recibió instrucciones directamente del gobernador Félix de proteger a Pablo más que apresarlo. No estaría libre para irse, pero si tendría cierto grado de libertad teniendo contacto con los creyentes y amigos y pudiendo moverse aunque bajo vigilancia. Así vivimos en este mundo (metafóricamente), libres, pero vigilados. Todo lo que hacemos está bajo escrutinio y aunque tenemos mucha libertad, debemos conducirnos como si no la tuviésemos. ¿Injusto? Probablemente, pero conveniente para ser luz del mundo.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:24
24.24 Posiblemente Félix llevó a Drusila su mujer a escuchar a Pablo porque esta se lo pidió ante la fama del apóstol, y también cabe la posibilidad de que fuese útil su opinión siendo judía. Esta vez no se trató de escuchar la defensa de Pablo, sino el evangelio de Jesucristo. Pablo no perdía tiempo. Debemos presentar el evangelio en todo momento, no siempre las condiciones nos parecerán alentadoras para ello, pero como el mismo Pablo llegó a escribirlo: predica la Palabra, insta a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Tim. 4:2). No predicamos por cómo nos sentimos, sino por cómo lo necesitan y por cuanto Dios lo ordena.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:25
24.25 Como parte fundamental de la doctrina de Cristo, Pablo les habló de la justicia, el dominio propio y el juicio venidero. Puede parecer demasiado pronto o agresivo hablarles de ello en esta primera entrevista, pero el apóstol daba todo el consejo para tener todo convertidos. El gobernador se espantó, pues un hombre a quien la historia tiene por corrupto no le sería grato considerar que debía vivir con límites o que estaba dirigiéndose a la condenación eterna. Nada se nos dice de que la esposa del gobernador se asustara, lo que podría significar que ella si creyese en alguna medida. La semilla de Dios siempre dará fruto, ya sea en uno, ya sea en otro. El apóstol había sido llevado hasta allá y la Palabra comenzaba a penetrar en la clase alta de la sociedad judeo – romana. Félix le dijo a Pablo que se fuera, lo que marca cierto grado de libertad, pues no le dijo al centurión que se lo llevase.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:26
24.26 Marco Antonio Félix pasó a la historia como un gobernador en extremo corrupto, como este versículo también atestigua. Hacía venir a Pablo a su presencia una y otra vez, pues viendo la importancia del mismo y la cantidad tan grande de personas que lo procuraban, así como la enorme influencia del siervo de Dios en toda Asia Menor y Judea, suponía que podía juntar una buena suma de dinero para pagarle soborno por su libertad. Evidentemente no creía en la integridad de nadie ni de los cristianos, pero esta vez se había topado con un hombre sin precio, pues Pablo no se pertenecía a si mismo como para venderse, sino a Dios, quien lo compró con la sangre de su Hijo. Mientras tanto, el apóstol aprovechaba para seguir compartiendo el evangelio entre las personalidades a las que estaba teniendo acceso.
— Roberto Tinoco
Hechos 24:27
24.27 No está claro si Pablo permaneció dos años en ese lugar, pero parece más exacto pensar que el gobernador fue sustituido después de dos años de estadía en Cesarea. Y posiblemente fue a causa de su corrupción. Su sucesor fue Porcio Festo, hombre menos corrupto, de mejor juicio, pero también influenciable por las masas. El gobernador saliente intentó quedar bien con los judíos, ya sin la posición de gobernador les necesitaría para sus negocios, así que dejó preso a Pablo, suponemos que se limitaron un poco más las libertades del apóstol. Este mundo no ofrece garantías y podría volverse hostil; pero no servimos a Dios por la comodidad, pues en tal caso evitaríamos el ministerio. Vivimos para Cristo venga el bien o venga adversidad.
— Roberto Tinoco