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Hechos 4

Pedro y Juan ante el Concilio

1Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos,🗨 2resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos.🗨 3Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.🗨 4Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.🗨 5Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas,🗨 6y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes;🗨 7y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?🗨 8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel:🗨 9Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado,🗨 10sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.🗨 11Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.🗨 12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.🗨 13Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.🗨 14Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra.🗨 15Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí,🗨 16diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar.🗨 17Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre.🗨 18Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.🗨 19Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;🗨 20porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.🗨 21Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho,🗨 22ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.🗨

Los creyentes oran por valentía

23Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.🗨 24Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;🗨 25que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas?🗨 26Se reunieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo.🗨 27Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel,🗨 28para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.🗨 29Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,🗨 30mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.🗨 31Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.🗨

Los creyentes comparten sus bienes

32Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.🗨 33Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.🗨 34Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,🗨 35y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.🗨 36Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre,🗨 37como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Hechos 4: RV60

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Hechos 4:1

Comentario general

4.1 A raíz del milagro del paralítico sanado, el apóstol Pedro junto con Juan predicaban a la multitud reunida; esto despertó la envidia y alarma de los principales de entre los judíos representados en tres grupos: los sacerdotes encabezando la religión; el jefe de la guardia, representando la milicia y el orden; y los saduceos, representativos de la aristocracia y política judía. La religión se oponía para no perder sus ritos y ceremonias, base y fundamento de su existencia. La milicia se oponía para no perder el “orden” del templo, sustento de su propia estabilidad. Y la política se oponía para no perder sus privilegios y ganancias económicas (recordemos que los saduceos, de cuyo linaje eran los sumo-sacerdotes controlaban toda la venta en el templo). Estos temían que ante una insubordinación del pueblo, el imperio Romano del que eran vasallos lo quitaría de su lugar de enriquecimiento. Así son los líderes religiosos, militares y políticos que no tienen a Dios como su amor principal, buscan más su beneficio que el del reino de Dios.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:2

Comentario general

4.2 Resentidos (gr. diaponoumenoi), literalmente “muy molestos” ¡porque enseñaban al pueblo a amar a Dios y al prójimo! La razón de su enojo era que ni Pedro ni Juan contaban con la aprobación de ellos para predicar, es decir, no habían estudiado y graduado con ellos; por lo que a juicio de los sacerdotes y de los saduceos no estaban autorizados para enseñar en el templo al pueblo, de allí que trajeron al jefe de la guardia para arrestarles (véanse los versículos 1,2 y 7). Los religiosos son sectarios. Y peor aún era el enojo de los saduceos, siendo que éstos no creían en la resurrección de los muertos (Hch.23:8); y ni unos ni otros creían en el Señor Jesús (eran sus asesinos) por lo que la enseñanza de los apóstoles les resultaba herética a sus oídos. ¡Vaya mezcla que escuchaban. “…en Jesús la resurrección de los muertos”! El problema del hombre religioso y codicioso entre los hombres es que difícilmente puede escuchar a otro y generalmente defiende intolerable sus ideas estrechas.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:3

Comentario general

4.3 Siendo la intención de los sacerdotes y saduceos callar a los discípulos los arrestaron aún cuando era ya avanzado el día. Imposibilitados para juzgarles durante la noche, ya que la ley de Moisés lo prohíbe, los dejaron en la cárcel hasta el día siguiente. Esto fue maliciosamente a propósito. Conviene que los enemigos “echen mano” a la iglesia, porque es entonces cuando “Dios extiende su mano para hacer sanidades, señales y prodigios en el nombre de Jesús” (Hch.4:29-30). Después de todo, cualquier cárcel que los hombres cierren contra los siervos de Dios tendrá que abrirse al salir Cristo, el sol de Justicia… sólo puede durar la noche de este mundo entre tanto venga la luz. Por otro lado, consideremos que si los discípulos comenzaron a predicar pasados las tres de la tarde y siendo que estaba por terminar el día, el cual, según los judíos finalizaba a las seis, entonces los discípulos tenían aproximadamente dos horas enseñando la palabra en el templo antes de su arresto. Con relación a la cárcel en la que fueron puestos los apóstoles, el versículo dice literalmente que “los pusieron en custodia” (gr. téresis), es decir, en un “lugar para guardar”; lo que significa que no se trataba de una cárcel romana propiamente dicha, sino de algún lugar en el templo o anexo al templo con una guardia de soldados judíos del templo que los vigilasen. Esto estaba bastante cerca de lo ilegal.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:4

Comentario general

4.4 Lo primero que salta a la mente en este pasaje es: ¿había tanta gente oyendo a Pedro y a Juan? ¿o se trata de un número que recapitula las conversiones desde Pentecostés? Lugar para tanta gente había en el templo, tan sólo el atrio de los gentiles (donde judíos y gentiles podían entrar) formaba un cuadrado de 230 mts.; si suponemos que el número de cinco mil varones se refería al total de convertidos (siendo 3000 en el primer mensaje de Pedro); de modo que, contando las mujeres y los niños la iglesia tenía ya más de 30,000 almas. ¡Un número considerable para impactar Jerusalén! Con razón se despertaron las envidias religiosas. Nadie defienda la iglesia pequeña porque afrenta al que murió por todos y niega el nacimiento de la iglesia que rápidamente se multiplicó. Este versículo también nos enseña que aún cuando los siervos de Dios sean encarcelados, su Palabra no está presa (2Tim.2:8-9). Dios puede permitir la cárcel a alguno de sus siervos, pero Él jamás será encarcelado, por tanto, su Palabra hará todo aquello para lo cual fue enviada (Is.55:11). Arrestaron a dos apóstoles, pero cinco mil varones más estaban libres para anunciar las buenas nuevas; no hay manera de que el diablo detenga el avance de la iglesia, “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt.16:18). También, tenemos que ver que los cinco mil varones eran considerados en el número, no de alguna organización ni religión, sino en el número de los que creyeron, la familia de la fe. Es muy posible si no ciertísimo, que después de que creyeron fueron bautizados y así agregados a la iglesia tal y como en 2:41.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:5

Comentario general

4.5-6 Este pasaje nos describe al Sanedrín, el tribunal judío que se componía de los gobernantes, a saber, 24 de los principales sacerdotes; de los ancianos, entiéndase los 24 principales líderes o cabezas de familias del pueblo; los escribas, compuesto de los 22 principales de entre ellos, en su mayoría fariseos, y del sumo sacerdote, que en este caso eran dos: uno puesto por su linaje: Anás; y el otro por el poder de Roma: Caifás, yerno de Anás. Así que en principio este tribunal se componía de 70 más 1 (salvo en esta ocasión) proviniendo tradicionalmente de Moisés y los 70 ancianos con quienes compartió el Espíritu y los juicios de Israel (Nm.11:16-17). ¡Allí estaba la estirpe de Israel para enjuiciar a dos pescadores! Mas esos dos pescadores eran de la estirpe real del reino de los cielos. El versículo dice que todos éstos se reunieron “al día siguiente”; me los imagino maquinando durante la noche cómo habrían de hacer callar a los discípulos, cómo los intimidarían; y gozándose en el poder y autoridad que creían tener para aprobar o desaprobar el hablar de otros. Repasaban mentalmente los argumentos a usar, sonreían y de cuando en cuando soltaban la carcajada, mezcla de burla, de ira y de impotencia. ¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! (Mal.2:1).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:6

Comentario general

4.5-6 Este pasaje nos describe al Sanedrín, el tribunal judío que se componía de los gobernantes, a saber, 24 de los principales sacerdotes; de los ancianos, entiéndase los 24 principales líderes o cabezas de familias del pueblo; los escribas, compuesto de los 22 principales de entre ellos, en su mayoría fariseos, y del sumo sacerdote, que en este caso eran dos: uno puesto por su linaje: Anás; y el otro por el poder de Roma: Caifás, yerno de Anás. Así que en principio este tribunal se componía de 70 más 1 (salvo en esta ocasión) proviniendo tradicionalmente de Moisés y los 70 ancianos con quienes compartió el Espíritu y los juicios de Israel (Nm.11:16-17). ¡Allí estaba la estirpe de Israel para enjuiciar a dos pescadores! Mas esos dos pescadores eran de la estirpe real del reino de los cielos. El versículo dice que todos éstos se reunieron “al día siguiente”; me los imagino maquinando durante la noche cómo habrían de hacer callar a los discípulos, cómo los intimidarían; y gozándose en el poder y autoridad que creían tener para aprobar o desaprobar el hablar de otros. Repasaban mentalmente los argumentos a usar, sonreían y de cuando en cuando soltaban la carcajada, mezcla de burla, de ira y de impotencia. ¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! (Mal.2:1).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:7

Comentario general

4.7 Imaginemos el escenario: setenta y dos personas en semicírculo en derredor de dos sencillos pescadores que han sido traídos al centro para ser cuestionados acerca de su fe. ¿Te has sentido alguna vez así, que todo el mundo está en tu derredor contra ti? Pero podemos imaginar cuán difícil ha de ser mantener la entereza en tales circunstancias. Similar experiencia enfrentó Lutero cuando tuvo que mantenerse firme ante la dieta de Worms sin retractarse de su fe reformista; pero también, similar es al ama de casa que mantiene su confianza en el Señor ante la violencia de su marido; y semejante al campesino que pierde sus tierras antes que al Señor, cuando los incrédulos arremeten contra él a causa de su conversión, quedándole sólo el fuego del Espíritu en el alma para calentarse él y su familia en el invierno. La embestida del sanedrín era clara: ¿con qué potestad? Significaba decir: “¿quién los autorizó a enseñar?” Siendo obvio que no eran graduados de ninguna escuela del judaísmo. ¿Cuáles son sus credenciales? ¿qué autoridad hay detrás de ustedes que les permita ejercer el magisterio? Luego, al decir: ¿en qué nombre…? estaban diciendo: ¿de dónde viene su autoridad (poder) para sanar? Sin embargo, el siervo de Jesucristo no es autorizado por los hombres, sino por el Dios de los hombres. No es el nombre de las organizaciones, sino el Nombre de Jesús el que autoriza y respalda. El sólo hecho de cuestionar quién fue el Sanador implica blasfemia. Sin que se me acuse de rebelde he de decir que lo único verdaderamente necesario para enseñar y sanar es el respaldo divino. El sacerdote, el rey y el profeta lo eran por la unción con aceite, y si esto que era sólo la sombra y en ella había gloria que respaldaba a los tales, ¡cuánto más la unción neotestamentaria, el Espíritu Santo es la autorización necesaria para el ministerio! Sin esta unción no hay credenciales ni estudios ni organizaciones ni asuntos humanos que sirvan. Porque si un hombre levanta, otro puede hacerle caer; pero si es Dios quien levanta, ¿quién le hará caer? Esto nos muestra también cuán estrecha es la mente del religioso, el cual cree que Dios no puede moverse fuera de su religión; pero Dios no recita mi declaración de fe ni se sujeta a mi constitución; Él prometió derramar de su Espíritu sobre toda carne. La envidiosa burocracia de los diferentes sanedrines eclesiásticos contemporáneos es la más pesada loza que los avivamientos deben soportar.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:8

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4.8 Acerca de ser lleno del Espíritu Santo, distíngase el aspecto interno del externo en la nota 2:4. En este caso, Pedro recibió la llenura externa (gr. pletho = derramamiento, llenura externa. Contrástese con pleróo, llenura interna). Pedro era lleno del Espíritu, por lo cual su respuesta y defensa fue en el Espíritu. Esto es lo primero que debemos asegurarnos para presentar defensa: no si tengo argumentos convincentes, no si tengo la razón ni si la verdad está de mi lado, no si tengo probabilidades de ganar; antes de todo esto debo estar plenamente seguro de ser lleno del Espíritu Santo, porque entonces mi palabra será Su Palabra; mis emociones serán Su Corazón; y mi defensa será Su Ofensiva. La defensa, cualquiera que sea, ha de ser en primer término ungida; porque así, sea cual fuese el veredicto si culpable o inocente, siempre saldré vencedor. Es entonces cuando el Espíritu del Padre habla en nosotros y por nosotros (Mt.10:16-20). Una característica frecuente en las defensas apostólicas fue siempre la cortesía y el respeto. Pedro se dirige al sanedrín con los debidos títulos: “gobernantes y ancianos”. Sabe que las autoridades judías no son el enemigo, y, como buen soldado, evita las bajas de civiles. Es el diablo el enemigo y el hombre ha de ser libertado de él. Por su parte, la división de gobernantes y ancianos sienta las bases de una buena defensa. Más de treinta mil almas (contando mujeres y niños) están de su lado, así que los gobernantes del pueblo se ven obligados a ver al pueblo en Pedro y en Juan, y más aún, tratándose del beneficio del pueblo, como lo es la sanidad del paralítico (vr.9). Así también, siendo que Israel ha sido visitada por Dios con señales y milagros en el nombre de Jesús, lo cual ninguno en la nación puede negar (véase 2:22; 4:16), los ancianos como representantes de Israel, están obligados a atender y no a rechazar, si es que no quieren oponerse al Dios de Israel. El fruto siempre es evidencia de Dios.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:9

Comentario general

4.9 ¡Vaya defensa! La espada que Pedro estaba esgrimiendo contra el concilio era más efectiva que la que usó contra el soldado Malco, y sus oídos sufren aun más. Era como si dijese: “¿nos traen a juicio por haber sido un conducto de bendición? ¿Nos cuestionan porque un hombre paralítico de nacimiento ahora camina? ¿Es que acaso no les importa el beneficio del pueblo a ustedes, que son los gobernantes y ancianos del pueblo? ¿Qué no están para procurar su bien?” Cuando el hombre se ensoberbece, ya sea por el poder o por la religión, sus intereses personales están por encima de las necesidades de los demás. Si el ejercicio de un puesto preeminente no es por la intención de servir al prójimo, entonces no sólo se es indigno de ostentarlo, sino traidor al que se lo encomendó. Este mismo mal ya les tenía infectados cuando se opusieron al Señor Jesús; contra quien se enojaban por sanar en sábado, exaltando las leyes por encima de las necesidades humanas (véase Jn.7:23). Toda religión rígida, dura, que procura más el cumplimiento de normas y preceptos que la bendición a los hombres no procede de Dios ni “re-liga” (lat. Religare = religión) al hombre con Dios. El énfasis de las leyes no son la búsqueda del beneficio del prójimo, sino para no perder el poder por parte de quien enfatiza dichas leyes; pero tampoco se trata de quebrantar todas las leyes, lo cual es anarquía, sino puntualizar el fondo de todo asunto: si existe una ley, ¿para qué existe? Y si existe una necesidad, ¿cómo solventarla?

— Roberto Tinoco

Hechos 4:10

Comentario general

4.10 Esta palabra es muy rica en contenido. Sea notorio, es decir, que todos lo noten, lo vean y lo conozcan. En gr. gnostos, “conocido”, destacablemente conocido. ¿A quién habría de ser conocido? A todos –dice el texto. A todo el concilio y a toda la nación israelita. Este era el alcance que la vida divina tenía propuesto entonces, así que todos debían enterarse. ¿Y que era lo que todos debían conocer? Que el Nombre de Jesucristo, es decir, la Persona, tiene el poder de sanar aún a los paralíticos de nacimiento. Que este Nombre poderoso trata de Jesús Cristo, el Mesías nacido en Nazaret; identificándole así con el mismo carpintero hacedor de milagros que el concilio y el pueblo conocían; el mismo a quien crucificaron; pero también, el mismo a quien Dios resucitó. ¡Aleluya! Esto es el evangelio. Véanse las notas 2:22b, 2:23, 2:24 para la muerte y resurrección del Señor; y la nota 3:6 para la sanidad en el Nombre de Jesús. El concilio les cuestionó respecto de con qué poder habían sanado al paralítico. La respuesta apostólica fue en el Nombre de Jesús Cristo de Nazaret. Así también, les habían preguntado con qué autoridad enseñaban (véase la nota 4:7), la respuesta era la misma: con la autoridad o permiso o investidura de Jesús Cristo de Nazaret. Estoy seguro de que si hubiesen actuado a nombre del concilio habrían fracasado rotundamente. No hay fruto en el ministerio a nombre de una religión o denominación específica. Al decirles que al mismo Jesús que ellos crucificaron Dios lo resucitó, se les mostraba el por qué del poder en su Nombre que vencía toda enfermedad… ¡Si venció la muerte, que no vencerá! Es también comentable el hecho de que no sólo Pedro y Juan estaban ante el Concilio, sino que el paralítico sanado también estaba allí: …este hombre está en vuestra presencia sano ¡Qué juicio más ridículo: llevaron al paralítico a ver por qué y cómo lo habían sanado como si se tratase de algo malo! Este es el evangelio: en el Nombre de Jesús millones de personas que nacimos lisiados e imposibilitados para andar en el reino de los cielos, estamos en presencia del mundo completamente sanos ¡Aleluya!

— Roberto Tinoco

Hechos 4:11

Comentario general

4.11 Este Jesús, el Cristo histórico (véanse las notas 2:22 y 4:10). El apóstol Pedro está citando el Salmo 118:22 de la misma forma como lo hiciese el Señor Jesucristo cuando estos mismos principales sacerdotes y ancianos de Israel cuestionaron la autoridad de Jesús (Mt.21:23,42). Este es precisamente el centro del problema. Dios está edificándose una casa y los dirigentes israelitas que fueron llamados a edificarla estaban construyéndose a sí mismos una casa diferente. Por eso crucificaron a Cristo y por eso Dios lo resucitó, porque estaban haciendo un edificio distinto a lo que Dios está edificando y la Piedra principal les estorbaba: Él es la Piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Por lo visto seguían edificando por su cuenta, pues el mismo sanedrín que rechazó al Señor ahora se oponía a sus discípulos. Pero sólo hay un fundamento y una sola edificación. Los edificadores judíos reprobaron, es decir, no aprobaron a Cristo Jesús como piedra para su construcción; dicho de otro modo, no convenía a sus intereses. Todo constructor examina las piedras que usará para edificar, aprobando aquellas que corresponden a su idea del edificio y rechazando aquellas que no concuerdan con su concepto. Tal es el caso de los dirigentes de Israel, quienes perdieron de vista en algún momento los planos de la casa de Dios. Ellos seguían edificando su religión judía mientras que Dios estaba edificando su iglesia (Mt.16:18; 1 P.2:4-8). Desde el Edén Dios nos ha mostrado su deseo de morar entre los hombres (Gn.3:8); lo vemos también, por mencionar sólo un ejemplo con Jacob; cuando éste usa la piedra cabecera como el fundamento de Bet-el (casa de Dios), de allí que le llamara a dicha piedra señal (Gn.28:11,18,22), porque es símbolo de Cristo la Piedra-Fundamento del edificio de Dios (Ef.2:20-22). Todo edificio es tan grande como lo permita su fundamento; así también, el edificio del judaísmo que no quiso construir sobre Jesucristo finalmente es desechado como Casa de Dios; ya que esta Piedra desechada vino a ser a través de la resurrección la cabeza del ángulo, a saber, la piedra final que cierra y sostiene el edificio como si se tratase de una bóveda o un arco. De modo que el Señor Jesucristo es no sólo el fundamento, la piedra primera que sustenta y define los ángulos de la construcción, sino también la piedra final que termina y fortalece el edificio. Él es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:12

Comentario general

4.12 En primera instancia el apóstol está respondiendo al interrogatorio del sanedrín diciendo que la autoridad y poder para enseñar y sanar viene directa y únicamente del Señor Jesús, pero tenemos también que el mensaje encerrado en estas palabras es aún más profundo. La clave de este versículo la encontramos en las palabras traducidas como “otro”. La primera de ellas en griego es “allos” que se refiere a otro de la misma clase; mientras que la segunda palabra es “eteros” que señala a otro diferente, esto es, una distinción genérica. Así que lo que Pedro está diciendo por el Espíritu y ligado a sus anteriores palabras es que no hay Piedra-Fundamento como Jesús, Él es único en su género, por esto no existe otro, a saber de clase diferente que Dios haya dado para salvación fuera de Jesucristo. Siendo único nadie puede tomar su lugar como Salvador y Piedra-Fundamento del edificio de Dios. Por lo tanto, Cualquier edificación fundada aparte de Jesucristo está fuera de la salvación de Dios. Este pasaje nos muestra también la deidad del Señor Jesús, pues según Joel 2:32 comparándolo con el texto de Hechos en cuestión nos muestran que sólo hay un Nombre para Salvación, el Nombre de Dios. Joel dice: el que invocare el Nombre de Yahwéh, mientras que Hechos cita: y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre… refiriéndose a Jesús. ¡Aleluya! Jesús es Dios y la salvación es sólo a través de Él; en este sentido, Él es exclusivo. Por otro lado, el único Nombre bajo el cielo dado a os hombres porque sólo él es el Hijo del Hombre que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lc.19:10). Porque hay un sólo Dios y un sólo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1Tim.2:5). Este es el único camino para extender la vida divina.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:13

Comentario general

4.13 Aún no habían terminado de asimilar el milagro de la sanidad del paralítico cuando el sanedrín tuvo que enfrentar un segundo milagro: frente a ellos se encontraban dos hombres comunes y corrientes con una extraordinaria habilidad retórica y una elocuencia difícilmente alcanzada por un profesional de la palabra. Al referirse a ellos como “hombres sin letras” no trataban de decir que fuesen ignorantes ni analfabetos; los discípulos habían asistido a las escuelas rabínicas de la época como cualquier otro ciudadano judío. Sus cartas nos muestran que sabían leer y escribir. A lo que el concilio se refería con dicho comentario era a definirles como faltos de una carrera teológica. Los discípulos mostraban una excelente capacidad para la enseñanza a pesar de no haber sido instruidos para ello con algún maestro oficialmente reconocido por las autoridades judíos, como por ejemplo Gamaliel. Por tanto, se maravillaban. Su maravillarse radicaba, a mi parecer, en admitir la espléndida enseñanza que les diese Jesús: les reconocían que habían estado con Jesús. No podían negar que el Carpintero Galileo había hecho con ellos un trabajo magisterial fuera de serie, en sólo tres años les había dado tal educación religiosa que sobrepujaba a sus propios eruditos. El Carpintero Divino es experto en moldear la madera humana. Siempre se reconoce cuando un predicador o maestro ha estado con Jesús. Este es también el milagro de la gracia: que hombres pecadores puedan estar con Jesús. Y la multiplicación del milagro radica en que sean transformados en luminares del mundo por estar con Jesús. Aquí existe una semilla en la interpretación y recto entendimiento del libro de los Hechos: el mundo miró la vida divina en Pedro y en Juan. Es cierto que el pasaje se refiere a que algunos miembros del concilio se acordaron de haber visto a Pedro y a Juan como discípulos del Maestro, reconocieron que estaban con Él. Pero ahora les parecía ver en ellos a Jesús; hablaban como Él; se movían como Él; sanaban como Él; tenían autoridad como Él. ¡Estaban viendo la vida de Jesús en ellos! La vida divina que Dios mostró en Cristo ahora se expresaba multiplicada en dos ex-pescadores. Esto era obvio.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:14

Comentario general

4.14-16 Si les hubiera parecido poco la sorprendente capacidad de los discípulos y si aún hubiesen intentado negar su transformación, la evidencia ante sus ojos era tan obvia e inobjetable que no les quedó otra cosa que la confusión. Es asombroso como fueran capaces de traer ante ellos al paralítico sanado y aún así no reconocer que estaban equivocados; ¡cuánta ceguera produce la religiosidad, la envidia y la codicia! Reconocían la señal, eran conscientes de la intervención divina; reconocían que esto no lo podían negar, ¡pero continuaban empecinados en no creer! ¡Todo Jerusalén lo sabía! Pero aquí vemos cuál es la actitud de la ceguera voluntaria: hacer salir la luz (les ordenaron que saliesen del concilio), así como también dejar de oír a Dios para escucharse entre sí: conferenciaban entre sí. Frecuentemente quien cierra su corazón se atribuye la blasfema prerrogativa de decidir por Dios: ¿qué haremos con estos hombres? La luz vino al mundo, y los hombre amaron más las tinieblas que la luz (Jn.3:19).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:15

Comentario general

4.14-16 Si les hubiera parecido poco la sorprendente capacidad de los discípulos y si aún hubiesen intentado negar su transformación, la evidencia ante sus ojos era tan obvia e inobjetable que no les quedó otra cosa que la confusión. Es asombroso como fueran capaces de traer ante ellos al paralítico sanado y aún así no reconocer que estaban equivocados; ¡cuánta ceguera produce la religiosidad, la envidia y la codicia! Reconocían la señal, eran conscientes de la intervención divina; reconocían que esto no lo podían negar, ¡pero continuaban empecinados en no creer! ¡Todo Jerusalén lo sabía! Pero aquí vemos cuál es la actitud de la ceguera voluntaria: hacer salir la luz (les ordenaron que saliesen del concilio), así como también dejar de oír a Dios para escucharse entre sí: conferenciaban entre sí. Frecuentemente quien cierra su corazón se atribuye la blasfema prerrogativa de decidir por Dios: ¿qué haremos con estos hombres? La luz vino al mundo, y los hombre amaron más las tinieblas que la luz (Jn.3:19).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:16

Comentario general

4.14-16 Si les hubiera parecido poco la sorprendente capacidad de los discípulos y si aún hubiesen intentado negar su transformación, la evidencia ante sus ojos era tan obvia e inobjetable que no les quedó otra cosa que la confusión. Es asombroso como fueran capaces de traer ante ellos al paralítico sanado y aún así no reconocer que estaban equivocados; ¡cuánta ceguera produce la religiosidad, la envidia y la codicia! Reconocían la señal, eran conscientes de la intervención divina; reconocían que esto no lo podían negar, ¡pero continuaban empecinados en no creer! ¡Todo Jerusalén lo sabía! Pero aquí vemos cuál es la actitud de la ceguera voluntaria: hacer salir la luz (les ordenaron que saliesen del concilio), así como también dejar de oír a Dios para escucharse entre sí: conferenciaban entre sí. Frecuentemente quien cierra su corazón se atribuye la blasfema prerrogativa de decidir por Dios: ¿qué haremos con estos hombres? La luz vino al mundo, y los hombre amaron más las tinieblas que la luz (Jn.3:19).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:17

Comentario general

4.17 ¡Trataban de callar a Dios! Qué incomprensible, tal parece que hubieran preferido que el paralítico hubiera seguido arrastrándose el resto de su vida. Les importaba más la opinión de la gente, esto es, no perder su posición delante del pueblo que el mismo pueblo en sí y que la misericordia y voluntad de Dios. Pero, ¿pueden las amenazas de los hombres detener la vida divina? La preocupación del concilio era que el nombre del Señor Jesús no siguiera creciendo; sin embargo la historia de la humanidad nos muestra que no existe un nombre más grande (Fil.2:9). Por tal Nombre millones han dado sus vidas y millones más acrecentaríamos el río de sangre gustosamente. En el Nombre de Jesús se han inspirado la mayor parte de poetas, pintores, músicos y escultores para sus obras inmortales. El Nombre de Jesús define los puntos cardinales de la geografía, de la historia y del progreso de las ciencias. Esta Roca enclavada en la eternidad es el punto de partida y de final del hombre; creados por Él y para Él (Col.1:16); salidos de Él para finalmente venir a postrarnos ante Él, todos, aún los enemigos, incluyendo a los torpes engreídos del concilio que trató de detener su Nombre (Fil.2:10-11).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:18

Comentario general

4.18 Aún sabiendo que habían hecho el bien, ¡los intimaron a no seguir! Como no podían vencerles usaron la conducta de los cobardes, la intimidación. Imaginemos lo absurdo de la escena: poco más de setenta barbados y celosos judíos, con ojos encrespados y nervios tensos traen ante sí a dos pescadores toscos de rostro curtido y vestidos humildes. Los ponen en medio, un comisionado del sumo sacerdote comienza las amenazas blandiendo su dedo índice frente a los discípulos; el concilio se endereza hacia adelante en sus asientos , el sumo sacerdote se meza la barba. ¿Qué clase de amenazas les harían? ¿Azotes? “¡Si volvéis a hablar les descarnaremos la espalda! “¿La crucifixión? “¿Queréis acaso acabar como vuestro maestro?” ¡es imposible acobardar a quien ya no vive para sí! Por otro lado, intentaban impedirles no sólo enseñar en el Nombre de Jesús, sino también que en ninguna manera hablasen en su Nombre. ¡Vaya arrogancia del concilio! ¿Cómo podían siquiera intentar callar el testimonio de los redimidos? ¿Cómo no hablar de Quién nos ha salvado de las llamas eternas? ¿Qué enamorada deja un día siquiera de hablar acerca de su Amado? ¡Sólo al diablo se le pudo ocurrir el absurdo de intentar callar la expresión entre los hombres del Verbo de Dios!

— Roberto Tinoco

Hechos 4:19

Comentario general

4.19 Respecto de la identidad de Pedro léase la nota 1:13. Respecto de la identidad de Juan léase la nota 1:13. Dos hombres llenos del Espíritu no pueden ser acobardados; no es que fueran valientes en sí mismos, pues en la crucifixión del Señor les vemos carentes de valor, Pedro negando y Juan incapaz de levantar un dedo. Pero ahora no han recibido espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2Tim.1:7). Han de haber dejado al concilio boquiabierto. Una prueba inequívoca de la unción del Espíritu Santo es el valor para testificar del Señor en medio de la oposición. Como si los apóstoles dijeran al concilio: “¿son jueces representando la justicia de Dios? ¿son un tribunal? ¡entonces juzguen con justicia, pero según Dios y no según su propio beneficio!” El punto clave de dicho juicio es simple: en asuntos de decisión como en todos los asuntos, Dios siempre es prioridad. Cuando la autoridad humana se opone a la voluntad divina debe tenerse en cuenta que Dios es la autoridad principal. Esto no autoriza a nadie para actuar rebeldemente ni da pie a la anarquía; por el contrario, el espíritu sumiso dimensiona la autoridad priorizándola. El concilio era respetable, lo mismo que cualquier otra autoridad, puesto que las tales han sido puestas por Dios (Rom.13:1-2), pero si dicha autoridad intenta obligar al creyente a infringir la ley de Dios, la moral superior y la recta conciencia dictan anteponer obediencia a Dios antes que a los hombres. La vida divina jamás deberá subordinarse a la vida humana.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:20

Comentario general

4.20 Cuando el Señor Jesucristo anunció que el derramamiento del Espíritu los haría testigos hasta lo último de la tierra (1:8), se refería no sólo a que con el poder del Espíritu podrían testificar, sino también a que el Espíritu sería en ellos un fuego tal que los impulsaría a ser testigos. Una antorcha que es encendida no puede evitar dar luz y calor; un hombre encendido por el Espíritu Santo no puede callar su testimonio. Así pues, Pedro y Juan no hablaban de una obligación impuesta (aunque la tenían), sino de un impulso interno que los movía. Eran como el profeta Jeremías, con un fuego ardiente metido en sus huesos y en su corazón imposible de sufrir, esto es, de detener (Jer.20:9). Tampoco los movía el dinero, no eran predicadores de ganancia deshonesta ni por envidias o contiendas (Fil.1:15) como muchos que cobran por anunciar a Cristo o por competir con otros ministerios o incluso por destruirlos; sino que eran dos hombres sencillos inflamados por la vida divina en el corazón, testigos de la experiencia de Dios en el espíritu que hablaban lo que habían visto y oído, no lo que les sucedió a otros ni lo que leyeron en algún libro, que, aunque loable, no califica como testigo. No había más compromiso de por medio que la pasión apostólica, la vida de Dios en su interior. Incentivo tan grande que los hacía desafiar al concilio, a Roma, al mundo, al infierno y a la muerte misma. En comparación a semejante fuego los institutos, escuelas y seminarios religiosos actuales no son sino obsoletas estructuras incapaces de sostener la evangelización del mundo; pobres intentos humanos por hacer la obra divina; cuerpos sin espíritu; intelectos sin pasión. No rechazo las escuelas, sólo intento subordinarles al fuego del Espíritu Santo y de la vida divina. Si comprendemos bien este principio no necesitaremos forzar a nadie a la evangelización como de obligación; tampoco tendremos necesidad de emocionar a nadie con historias tristes y sentimentales para la obra misionera. La vida divina es suficiente.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:21

Comentario general

4.21-22 Dios dominaba la ciudad, por lo que Pedro y Juan, portadores del milagro, estaban bien protegidos. Sin embargo, ¡cuán necios eran los religiosos que aún así buscaban modo de dañarles! Todos sabían que era Dios quien estaba tras el milagro, todos, menos los “expertos” de las Escrituras y de la religión. El paralítico sanado tenía más de cuarenta años, cuando Dios testifica a tu favor, preparó su testimonio con mucha anticipación. Tuvieron que liberarlos; y ahora, ante el ataque del enemigo, en los siguientes versículos veamos el contraataque de la iglesia.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:22

Comentario general

4.21-22 Dios dominaba la ciudad, por lo que Pedro y Juan, portadores del milagro, estaban bien protegidos. Sin embargo, ¡cuán necios eran los religiosos que aún así buscaban modo de dañarles! Todos sabían que era Dios quien estaba tras el milagro, todos, menos los “expertos” de las Escrituras y de la religión. El paralítico sanado tenía más de cuarenta años, cuando Dios testifica a tu favor, preparó su testimonio con mucha anticipación. Tuvieron que liberarlos; y ahora, ante el ataque del enemigo, en los siguientes versículos veamos el contraataque de la iglesia.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:23

Comentario general

4.23 Si fueses puesto en prisión a causa del ministerio y luego liberado, ¿a dónde irías primeramente? ¿Qué clase de compañía buscarías? Pienso que la vida lleva a donde está la vida. Sólo quien ha sido libertado puede congregarse. Un preso no puede congregarse. Hay mucha gente que no puede asistir a la iglesia por hallarse atado, aprisionado con diversas cadenas. Bástenos ver en Lucas 14:15-24 en la parábola del gran banquete para darnos cuenta de por lo menos tres cadenas, que, sin ser pecados, también aprisionan impidiendo congregarse: los bienes, el trabajo y la familia. Todo aquello que impide congregarse con la iglesia se constituye en una prisión. Por otro lado, pudiéramos pensar que alguno que es liberado guarde algún resentimiento contra aquellos que lo pusieron en la cárcel, o bien, contra los suyos, si éstos no lo visitaron. Dicho sentimiento no daría plena libertad; mas no vemos esto en Pedro y en Juan, pues con total alegría se reúnen con la iglesia para continuar el ministerio. Muchos salen del fuego de la prueba, pero a diferencia de Misael, Ananías y Azarías, sus ropas sí huelen a fuego (Dn.3:27); es decir, salen llenos de amargura, rencor y resentimiento. Esto no es verdadera libertad, ya que la amargura finalmente retira de la iglesia y de Dios, es una terrible cárcel. …Una cárcel muy contagiosa: Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados (Heb.12:15). Otros, no pueden congregarse por ataduras de indiferencia, cadenas tan sutiles que fácilmente pasan desapercibidos; cadenas que además de aprisionar hacen culpable al prisionero, por lo que al fin y al cabo también le condenan: No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados (Heb.10:25-26). Así que, cuando la Palabra dice que los apóstoles puestos en libertad, vinieron a los suyos está mostrándonos que eran verdaderamente libres, sin ataduras, sin amarguras, sin indiferencia ni ningún otro pecado. Pedro y Juan, una vez liberados de la cárcel vinieron a los suyos, es decir, a la iglesia, para testificarles lo que les había acontecido. Ellos informan a la iglesia porque dependen de la iglesia; no son señores de ella, sino sus siervos: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey (1P.5:2-3). Sólo puede ser un testigo eficaz aquel que puede conducirse con libertad; un mensajero de Dios requiere libertad de movimiento. Los apóstoles podían dar testimonio porque estaban libres; esto nos muestra que, cuando alguno no puede testificar es porque no es verdaderamente libre. Se testifica lo que se vive (Jn.3:11), quien no puede testificar del Señor es porque no ha vivido mucho, es decir, es pobre en relación a la vida divina en él. Quien vive como terrenal, testifica cosas terrenales, quien vive como celestial, testifica cosas celestiales (Jn.3:32-34). Los apóstoles fueron con la iglesia a testificarles lo que les había acontecido por causa del evangelio por cuanto son libres y tienen vida en el Señor; ¡cuán diferentes son sus palabras a los “testimonios” medrosos y lastimeros de muchos! Necesitamos aprender del mover de Dios en la iglesia de los Hechos; ellos testificaban por cuanto Dios los movía a hacerlo y por cuanto esto edifica a la iglesia. Todo testimonio en el Señor trae crecimiento y unidad a la iglesia; el apóstol Juan aprendió esto muy bien, pues lo escuchamos en su primera epístola universal decir: Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido (1Jn.1:3-4). ¡Para que también vosotros tengáis comunión con nosotros! Testificar une a la iglesia. Pedro y Juan fueron encarcelados, quizá esto hiciera dudar a alguno y lo tentó a separarse; por ello, Pedro y Juan al ser liberados, inmediatamente fueron a testificar su victoria a la iglesia para hacer partícipes de ella a los demás y así unirlos y edificarlos. Nunca calles las victorias de la fe.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:24

Comentario general

4.24 En el versículo anterior vimos la edificación que recibe la iglesia cuando se le testifica en el Señor; ahora tenemos que analizar el otro lado de la moneda. Sólo si hacemos partícipes de nuestras necesidades ministeriales a la iglesia es que podemos recibir de ella el apoyo de la oración. Pedro y Juan contaron a la iglesia las amenazas del concilio; esto no trajo temor a la iglesia, por el contrario, siempre que la iglesia ha sido retada con la persecución se ha fortalecido y crecido. Al oír la iglesia la necesidad, la tomó como suya. Esto es real no sólo con los ministros, sino con todos los miembros. La iglesia es un cuerpo que no debe ignorar la necesidad de alguno de sus miembros (Stg.5:14-16). Esta es la vida divina: la oración solidaria. La palabra griega para unánimes que usa Lucas es homothumadon. De homos, “mismo”; y thumos, “mente”. La iglesia con una misma mente. Esta es la oración poderosa, la que una iglesia levanta en un solo propósito. El Señor Jesucristo dijo: Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos (Mt.18:19). ¿Significa esto que la iglesia oró una letanía en donde todos repitieron las mismas palabras? ¡claro que no! La oración de la iglesia tenía la misma dirección, la misma idea y el mismo propósito, pero no las mismas palabras. Por ejemplo, en el texto que citamos de Mateo dice se pusieron de acuerdo, en griego sumphoneo, de sum, “junto”, y phoneo, “sonar”. Significa sonar simultáneamente, estar en armonía. De sumphoeo viene sinfonía, de allí que la oración unida, como una gran orquesta, toca la misma melodía, pero no en el mismo sonido. La oración unida es música a Dios en donde cada creyente interpreta una parte de la melodía en armonía con sus hermanos. Sin armonía no es escuchada la oración (ejemplo 1 P.3:7); un solo instrumento y un solo sonido no hacen orquesta. El incienso que se ofrecía en el tabernáculo no tiene un solo ingrediente. Mira cómo exaltaron al Señor orando. La oración eficaz siempre reconoce Quién es Dios. La iglesia le llamó Soberano Señor, en griego despotes, que significa “Autoridad suprema”. De allí viene el término “déspota”. En su origen etimológico “déspota” no se utilizaba despectivamente; un déspota era la más alta autoridad, el dueño, el único con el poder de hacer según le placiera, de allí que el único a quien verdaderamente es aplicable el término es a Dios, Él es Despotes, Él puede hacer lo que quiera sin rendirle cuentas a nadie. Con respecto a la traducción Soberano Señor vemos un reconocimiento de la identidad divina: Como Soberano, Dios es la máxima autoridad, el Dueño. Como Señor, la iglesia le reconoce su reino haciéndose así sus siervos. Mas luego se le llama también Creador; como tal, se le reconoce su Poder. Al respecto es muy aplicable leer Mal.1:6-8,13-14.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:25

Comentario general

4.25-30 Este es un diamante de la oración. Tal y como hiciera Daniel al escudriñar las Escrituras para descubrir cuál es la voluntad de Dios y luego orar buscando se llevara a cabo (Dn.9:2-3) así la iglesia consultó las Escrituras acerca de las circunstancias que estaban experimentando, supieron discernir el plan de Dios y esto los llevó a orar con propósito. A causa de esto no oraron pidiendo protección ni nada para sí, sino que supieron interesarse en lo que Dios está interesado. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1 Jn.5:14). Esta ha sido la gran faltante en la oración del creyente cuando le ha faltado algo: la oración con discernimiento. Daniel descubrió el plan de Dios en las Sagradas Escrituras, oró por él e Israel regresó a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Cuando la iglesia ignora qué desea Dios, ora por todo tipo de cosas frustrándose porque ninguna de ellas se lleva a cabo. Dice en Isaías 45:11 Así dice Yahwéh, el Santo de Israel, y su Formador: preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Este es el orden: Primero el discernimiento, ¿qué desea Dios? Por eso debemos preguntarle acerca de cuál es su voluntad, ¿y dónde hallaremos esto si no en su Palabra? Segundo: ¡orar por ello! Mandadme acerca de mis hijos y acerca de mis obras. Vemos también en Apocalipsis 8:1-6 que no es sino hasta que se ofrece el incienso (las oraciones de la iglesia Ap.5:8) que se llevan a cabo los juicios divinos. No porque Dios nos necesite, sino porque nos ha hecho partícipes de sus planes al hacernos uno con Él. De allí que la Esposa, la iglesia, debe unirse al Espíritu diciendo: ven Señor Jesús, para que Él venga (Ap.22:17). Pero además, la iglesia oró con dependencia: mira… concede… extiendes… (vrs.29-30). Sabiendo que nada sucedería si Dios no lo hacía. Y por último, la iglesia oró por sus ministros: concede a tus siervos (vr.29). No hay ministro firme y exitoso sin una iglesia que ore por él; de allí que el apóstol Pablo frecuentemente pidiera oración por él a las iglesias que les escribía (Col.4:3); mas no para cosas personales, sino para el buen desempeño del ministerio.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:26

Comentario general

4.25-30 Este es un diamante de la oración. Tal y como hiciera Daniel al escudriñar las Escrituras para descubrir cuál es la voluntad de Dios y luego orar buscando se llevara a cabo (Dn.9:2-3) así la iglesia consultó las Escrituras acerca de las circunstancias que estaban experimentando, supieron discernir el plan de Dios y esto los llevó a orar con propósito. A causa de esto no oraron pidiendo protección ni nada para sí, sino que supieron interesarse en lo que Dios está interesado. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1 Jn.5:14). Esta ha sido la gran faltante en la oración del creyente cuando le ha faltado algo: la oración con discernimiento. Daniel descubrió el plan de Dios en las Sagradas Escrituras, oró por él e Israel regresó a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Cuando la iglesia ignora qué desea Dios, ora por todo tipo de cosas frustrándose porque ninguna de ellas se lleva a cabo. Dice en Isaías 45:11 Así dice Yahwéh, el Santo de Israel, y su Formador: preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Este es el orden: Primero el discernimiento, ¿qué desea Dios? Por eso debemos preguntarle acerca de cuál es su voluntad, ¿y dónde hallaremos esto si no en su Palabra? Segundo: ¡orar por ello! Mandadme acerca de mis hijos y acerca de mis obras. Vemos también en Apocalipsis 8:1-6 que no es sino hasta que se ofrece el incienso (las oraciones de la iglesia Ap.5:8) que se llevan a cabo los juicios divinos. No porque Dios nos necesite, sino porque nos ha hecho partícipes de sus planes al hacernos uno con Él. De allí que la Esposa, la iglesia, debe unirse al Espíritu diciendo: ven Señor Jesús, para que Él venga (Ap.22:17). Pero además, la iglesia oró con dependencia: mira… concede… extiendes… (vrs.29-30). Sabiendo que nada sucedería si Dios no lo hacía. Y por último, la iglesia oró por sus ministros: concede a tus siervos (vr.29). No hay ministro firme y exitoso sin una iglesia que ore por él; de allí que el apóstol Pablo frecuentemente pidiera oración por él a las iglesias que les escribía (Col.4:3); mas no para cosas personales, sino para el buen desempeño del ministerio.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:27

Comentario general

4.25-30 Este es un diamante de la oración. Tal y como hiciera Daniel al escudriñar las Escrituras para descubrir cuál es la voluntad de Dios y luego orar buscando se llevara a cabo (Dn.9:2-3) así la iglesia consultó las Escrituras acerca de las circunstancias que estaban experimentando, supieron discernir el plan de Dios y esto los llevó a orar con propósito. A causa de esto no oraron pidiendo protección ni nada para sí, sino que supieron interesarse en lo que Dios está interesado. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1 Jn.5:14). Esta ha sido la gran faltante en la oración del creyente cuando le ha faltado algo: la oración con discernimiento. Daniel descubrió el plan de Dios en las Sagradas Escrituras, oró por él e Israel regresó a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Cuando la iglesia ignora qué desea Dios, ora por todo tipo de cosas frustrándose porque ninguna de ellas se lleva a cabo. Dice en Isaías 45:11 Así dice Yahwéh, el Santo de Israel, y su Formador: preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Este es el orden: Primero el discernimiento, ¿qué desea Dios? Por eso debemos preguntarle acerca de cuál es su voluntad, ¿y dónde hallaremos esto si no en su Palabra? Segundo: ¡orar por ello! Mandadme acerca de mis hijos y acerca de mis obras. Vemos también en Apocalipsis 8:1-6 que no es sino hasta que se ofrece el incienso (las oraciones de la iglesia Ap.5:8) que se llevan a cabo los juicios divinos. No porque Dios nos necesite, sino porque nos ha hecho partícipes de sus planes al hacernos uno con Él. De allí que la Esposa, la iglesia, debe unirse al Espíritu diciendo: ven Señor Jesús, para que Él venga (Ap.22:17). Pero además, la iglesia oró con dependencia: mira… concede… extiendes… (vrs.29-30). Sabiendo que nada sucedería si Dios no lo hacía. Y por último, la iglesia oró por sus ministros: concede a tus siervos (vr.29). No hay ministro firme y exitoso sin una iglesia que ore por él; de allí que el apóstol Pablo frecuentemente pidiera oración por él a las iglesias que les escribía (Col.4:3); mas no para cosas personales, sino para el buen desempeño del ministerio.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:28

Comentario general

4.25-30 Este es un diamante de la oración. Tal y como hiciera Daniel al escudriñar las Escrituras para descubrir cuál es la voluntad de Dios y luego orar buscando se llevara a cabo (Dn.9:2-3) así la iglesia consultó las Escrituras acerca de las circunstancias que estaban experimentando, supieron discernir el plan de Dios y esto los llevó a orar con propósito. A causa de esto no oraron pidiendo protección ni nada para sí, sino que supieron interesarse en lo que Dios está interesado. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1 Jn.5:14). Esta ha sido la gran faltante en la oración del creyente cuando le ha faltado algo: la oración con discernimiento. Daniel descubrió el plan de Dios en las Sagradas Escrituras, oró por él e Israel regresó a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Cuando la iglesia ignora qué desea Dios, ora por todo tipo de cosas frustrándose porque ninguna de ellas se lleva a cabo. Dice en Isaías 45:11 Así dice Yahwéh, el Santo de Israel, y su Formador: preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Este es el orden: Primero el discernimiento, ¿qué desea Dios? Por eso debemos preguntarle acerca de cuál es su voluntad, ¿y dónde hallaremos esto si no en su Palabra? Segundo: ¡orar por ello! Mandadme acerca de mis hijos y acerca de mis obras. Vemos también en Apocalipsis 8:1-6 que no es sino hasta que se ofrece el incienso (las oraciones de la iglesia Ap.5:8) que se llevan a cabo los juicios divinos. No porque Dios nos necesite, sino porque nos ha hecho partícipes de sus planes al hacernos uno con Él. De allí que la Esposa, la iglesia, debe unirse al Espíritu diciendo: ven Señor Jesús, para que Él venga (Ap.22:17). Pero además, la iglesia oró con dependencia: mira… concede… extiendes… (vrs.29-30). Sabiendo que nada sucedería si Dios no lo hacía. Y por último, la iglesia oró por sus ministros: concede a tus siervos (vr.29). No hay ministro firme y exitoso sin una iglesia que ore por él; de allí que el apóstol Pablo frecuentemente pidiera oración por él a las iglesias que les escribía (Col.4:3); mas no para cosas personales, sino para el buen desempeño del ministerio.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:29

Comentario general

4.25-30 Este es un diamante de la oración. Tal y como hiciera Daniel al escudriñar las Escrituras para descubrir cuál es la voluntad de Dios y luego orar buscando se llevara a cabo (Dn.9:2-3) así la iglesia consultó las Escrituras acerca de las circunstancias que estaban experimentando, supieron discernir el plan de Dios y esto los llevó a orar con propósito. A causa de esto no oraron pidiendo protección ni nada para sí, sino que supieron interesarse en lo que Dios está interesado. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1 Jn.5:14). Esta ha sido la gran faltante en la oración del creyente cuando le ha faltado algo: la oración con discernimiento. Daniel descubrió el plan de Dios en las Sagradas Escrituras, oró por él e Israel regresó a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Cuando la iglesia ignora qué desea Dios, ora por todo tipo de cosas frustrándose porque ninguna de ellas se lleva a cabo. Dice en Isaías 45:11 Así dice Yahwéh, el Santo de Israel, y su Formador: preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Este es el orden: Primero el discernimiento, ¿qué desea Dios? Por eso debemos preguntarle acerca de cuál es su voluntad, ¿y dónde hallaremos esto si no en su Palabra? Segundo: ¡orar por ello! Mandadme acerca de mis hijos y acerca de mis obras. Vemos también en Apocalipsis 8:1-6 que no es sino hasta que se ofrece el incienso (las oraciones de la iglesia Ap.5:8) que se llevan a cabo los juicios divinos. No porque Dios nos necesite, sino porque nos ha hecho partícipes de sus planes al hacernos uno con Él. De allí que la Esposa, la iglesia, debe unirse al Espíritu diciendo: ven Señor Jesús, para que Él venga (Ap.22:17). Pero además, la iglesia oró con dependencia: mira… concede… extiendes… (vrs.29-30). Sabiendo que nada sucedería si Dios no lo hacía. Y por último, la iglesia oró por sus ministros: concede a tus siervos (vr.29). No hay ministro firme y exitoso sin una iglesia que ore por él; de allí que el apóstol Pablo frecuentemente pidiera oración por él a las iglesias que les escribía (Col.4:3); mas no para cosas personales, sino para el buen desempeño del ministerio.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:30

Comentario general

4.25-30 Este es un diamante de la oración. Tal y como hiciera Daniel al escudriñar las Escrituras para descubrir cuál es la voluntad de Dios y luego orar buscando se llevara a cabo (Dn.9:2-3) así la iglesia consultó las Escrituras acerca de las circunstancias que estaban experimentando, supieron discernir el plan de Dios y esto los llevó a orar con propósito. A causa de esto no oraron pidiendo protección ni nada para sí, sino que supieron interesarse en lo que Dios está interesado. Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye (1 Jn.5:14). Esta ha sido la gran faltante en la oración del creyente cuando le ha faltado algo: la oración con discernimiento. Daniel descubrió el plan de Dios en las Sagradas Escrituras, oró por él e Israel regresó a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Cuando la iglesia ignora qué desea Dios, ora por todo tipo de cosas frustrándose porque ninguna de ellas se lleva a cabo. Dice en Isaías 45:11 Así dice Yahwéh, el Santo de Israel, y su Formador: preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos. Este es el orden: Primero el discernimiento, ¿qué desea Dios? Por eso debemos preguntarle acerca de cuál es su voluntad, ¿y dónde hallaremos esto si no en su Palabra? Segundo: ¡orar por ello! Mandadme acerca de mis hijos y acerca de mis obras. Vemos también en Apocalipsis 8:1-6 que no es sino hasta que se ofrece el incienso (las oraciones de la iglesia Ap.5:8) que se llevan a cabo los juicios divinos. No porque Dios nos necesite, sino porque nos ha hecho partícipes de sus planes al hacernos uno con Él. De allí que la Esposa, la iglesia, debe unirse al Espíritu diciendo: ven Señor Jesús, para que Él venga (Ap.22:17). Pero además, la iglesia oró con dependencia: mira… concede… extiendes… (vrs.29-30). Sabiendo que nada sucedería si Dios no lo hacía. Y por último, la iglesia oró por sus ministros: concede a tus siervos (vr.29). No hay ministro firme y exitoso sin una iglesia que ore por él; de allí que el apóstol Pablo frecuentemente pidiera oración por él a las iglesias que les escribía (Col.4:3); mas no para cosas personales, sino para el buen desempeño del ministerio.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:31

Comentario general

4.31 El concilio les prohibió hablar de Jesús (4:15-17), y precisamente el resultado de la oración les significó hablar con denuedo de Él. Sabemos cuando alguno tiene vida de oración en que también tiene vida de testigo del Señor Jesús. Cuando pasamos mucho tiempo en la compañía de un amigo, la comunión que tuvimos con ese amigo domina nuestra conversación con los demás, es decir, hablamos con otros sobre dicha persona. La vida de oración se percibe también en que los cimientos terrenales tiemblan: cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló. La oración no tiene el propósito de cambiar a Dios, sino de cambiar al hombre; quien ora hace temblar el lugar en el que está; es decir, trastoca todo lo terrenal, primeramente interno, pero seguido de repercusiones en su derredor. Y no sólo lo terrenal es conmovido o removido; también los cimientos espirituales tiemblan, pues todos fueron llenos del Espíritu Santo. ¡Vaya que es importante la oración! El versículo dice que todos fueron llenos del Espíritu Santo, ¿significa que todos hablaron en otras lenguas? ¡por supuesto que no! Ellos hablaron con denuedo la Palabra de Dios. Uno de los errores del pentecostalismo es confundir la llenura del Espíritu con los dones espirituales. La Palabra nos indica que, como producto de la oración congregacional todos fueron llenos del Espíritu, esto es plenitud de miembros, así como también plenitud de Espíritu. Y como resultado de dicha llenura hablaban con denuedo la Palabra, encontramos entonces la plenitud de mensaje. Todo por la oración la cual es la comunicación con Dios a través de la vida que puesto en la iglesia. La palabra “denuedo”, significa “sin nudo”. La llenura del Espíritu es expresada por el testificar sin ataduras, con plena libertad. Denuedo traduce el griego parrhesia, que significa “osadía para hablar, expresión sin reserva, libertad de palabra, con franqueza, candor, valor entusiasta, lo opuesto a la cobardía, timidez o temor”. Quien dice que no puede hablar de Cristo está diciendo con esto que no es lleno del Espíritu a la vez que no tiene vida de oración, pues la Palabra nos enseña que después de que oraron todos fueron llenos del Espíritu y todos hablaban con denuedo la Palabra de Dios.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:32

Comentario general

4.32 La multitud es la manera que tiene Lucas de decirnos que la iglesia era para este momento numéricamente muy grande (véase la nota 4:4). Sin embargo, a pesar de ser tantos, eran de un corazón y un alma. Mantenían un mismo propósito, un mismo pensamiento y los mismos sentimientos. En esto la iglesia expresa a Dios, puesto que Él tiene diversidad de personas en la Deidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo y aún así mantiene perfecta unidad. Esta expresión de la iglesia no es el resultado de alianzas humanas, sino de la llenura del Espíritu Santo (vr.31); todo plan unificador fallará mientras no sea el Espíritu Santo el Unificador (Ef. 4:3-4). Y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común (4:32b). Al leer este pasaje frecuentemente cometemos el error de pensar que su dejamos de ser egoístas entonces podemos estar verdaderamente unidos; en realidad esto no es así, por el contrario, la iglesia de ese momento no tenía egoísmo por ser llena del Espíritu Santo (véase la nota 4:32). No podemos dejar de ser egoístas para poder ser uno, sólo el Espíritu Santo puede despojarnos de nuestra naturaleza para expresar la suya en unidad y comunión. La falta de egoísmo en la iglesia no es una causa sino un resultado. De allí que todo intento de hacer de esta porción bíblica un argumento pro-comunista falla inevitablemente, ya que compartir los bienes por una causa trae inconformidad; más si reportar o poner los bienes a disposición de los demás es el resultado de la vida divina dentro de la iglesia, entonces sí que será una bendición, como lo fue el principio de la iglesia. Esto sólo es posible por medio de la fe (véase la nota 2:44-45).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:33

Comentario general

4.33 Hasta el momento, el mensaje del Señor estaba centrado en los apóstoles; lo que no quiere decir que fuesen los únicos que testificaban, sino los que sobresalían en su ejercicio. Ellos eran sobresalientes entre la multitud debido al poder de Dios que se manifestaba en ellos: “con gran poder”. Poder, en griego es dunamis, que significa energía, capacidad, poder, gran fuerza, gran habilidad, fortaleza. De dunamis tenemos los términos “dinámico” y “dinamita”. La expresión de la viva divina en la iglesia cuando ésta es sana es la de líderes poderosos en el Espíritu de Dios, y éstos deben ser primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, etc. (1Cor.12:28). En esto los líderes debemos tener cuidado en no ir a buscar el poder en sí, pues seríamos semejantes al mago Simón (8:17-21), sino que debemos buscar la comunión con el Espíritu Santo (4:31). En relación al término apóstoles léase la nota 1:2. Por otro lado, la porción que aquí analizamos viene a ser el cumplimiento de lo anunciado por el Señor en 1:8. El poder de Dios en la iglesia sólo es válido cuando testifica de Él, si se ejerce con otro propósito como la gloria de algún ministro o intereses eclesiásticos terrenales viene a ser la usurpación del lugar de Dios, algo así como sentarse en el lugar de Dios, haciéndose pasar por Dios. No olvidemos que dicho poder es la expresión de Dios a través de y en la iglesia. De la resurrección del Señor Jesús (4:3b). El testimonio de la iglesia no es ninguna de sus prácticas, ni la calidad musical de su alabanza, ni los títulos de sus pastores, ni ninguna otra cosa, sino la resurrección del Señor Jesús. Testificar de la resurrección del Señor Jesús es anunciar todo el evangelio, pues si sólo se puede testificar que resucitó si primero murió; y sólo puede morir si primero se encarnó; y sólo puede encarnarse si primero descendió del cielo despojándose de sí mismo. Y si resucitó, luego también ascendió; y si ascendió, luego también fue glorificado; y si fue glorificado, luego también retomó su gloria; y si tomó su gloria, luego también tenemos la garantía de que nosotros seremos glorificados. ¡Aleluya! Además, se le llama “Señor Jesús” y no sólo Jesús pues se antepone su resurrección, porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven (Rom. 14:9). (vea Fil. 2:6-11). Es por eso que al invocar a Jesús lo hacemos llamándole Señor Jesús. Y abundante gracia era sobre todos ellos (4:33c). La expresión de la vida divina en la iglesia es abundante gracia, no sólo gracia. Se dice que la gracia es el don inmerecido de Dios, sin embargo, la gracia es mucho más que eso. La gracia es el disfrute de Dios; no es algo que recibimos de Dios, sino el disfrutar a Dios mismo. La iglesia estaba unida como Dios es Uno (vr.32); llena de poder daba testimonio de la resurrección del Señor que es en sí todo el evangelio (4:32b); de esta manera disfrutaban a Dios por cuanto Dios estaba expresándose plenamente a ellos, el ellos y por medio de ellos. La gracia (gr. charis) es Cristo mismo que os fue dado (2Cor. 8:9); Él es el Don inefable, ¡gracia! (2Cor.9:15). Él es la personificación de la gracia: aquél verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. La gracia de Dios es en sí la expresión de la vida divina, de modo que la frase abundante gracia era sobre todos ellos denota que la vida de Dios se expresaba abundantemente en ellos, es decir, Dios los saturaba. El apóstol Pablo confesó un día que tenía un “aguijón en la carne” y que había pedido a Dios que se lo quitara, pero Dios le respondió: bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad (2Cor. 12:9); es decir, la vida divina que Dios ha puesto en nosotros es suficiente, porque ésta crece y se fortalece hasta su plenitud cuando nuestra vida terrenal merma, cuando ya no vivo yo, más Cristo vive en mí (Gal. 2:20). (Entiéndase por vida divina al Espíritu Santo en su manifestación dentro de nosotros). Esta gracia abundante, el disfrute de Dios por parte de la iglesia no era de unos pocos, ni exclusivo de los apóstoles, sino sobre todos ellos. Dios desea que todos sus hijos le disfrutemos sin importar la edad o estatura que tengamos. Él es la fuente y suministro de vida que todos necesitamos. Si todos participamos de esta abundante gracia el resultado normal será el amor de todos entre sí que librará de necesidad a todos. Dios es amor y quien lo disfruta ama a sus hermanos.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:34

Comentario general

4.34-35 El resultado normal de disfrutar de Dios es amar a los hermanos. La vida divina fluía abundantemente entre todos ellos, de allí que se preocuparan los unos por los otros. En esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? –decía Juan. Con todo, no dejaban de ser prácticos, pues no daban las propiedades a la iglesia, sino que las vendían y traían el precio de lo vendido a los apóstoles para que éstos los administraran. Y la repartición no era por partes iguales, sino “a cada uno según su necesidad”, lo que claramente implica a unos más que a otros. Si la iglesia actual intenta imitar esto sin el mismo fluir de Dios en ella como al principio será un rotundo fracaso. Solo cuando Dios mismo que habita en la iglesia la satura con su vida entonces es posible esto, no por imposición apostólica, sino espontáneamente por parte de los miembros según el Espíritu Santo los mantiene individualmente en amor. La iglesia debe incrementar su disfrute de Dios para llegar a amar verdaderamente a los hermanos. Gran parte de la santificación de los miembros de la iglesia, Dios la da precisamente a través de la misma iglesia. Tener necesidades en ella es tener un testimonio negativo del carente fluir de Dios en la iglesia. Sin embargo, no debemos esperar que todos seamos movidos para actuar, ya que un individuo saturado con la vida divina no espera que otros amen para amar.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:35

Comentario general

4.34-35 El resultado normal de disfrutar de Dios es amar a los hermanos. La vida divina fluía abundantemente entre todos ellos, de allí que se preocuparan los unos por los otros. En esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? –decía Juan. Con todo, no dejaban de ser prácticos, pues no daban las propiedades a la iglesia, sino que las vendían y traían el precio de lo vendido a los apóstoles para que éstos los administraran. Y la repartición no era por partes iguales, sino “a cada uno según su necesidad”, lo que claramente implica a unos más que a otros. Si la iglesia actual intenta imitar esto sin el mismo fluir de Dios en ella como al principio será un rotundo fracaso. Solo cuando Dios mismo que habita en la iglesia la satura con su vida entonces es posible esto, no por imposición apostólica, sino espontáneamente por parte de los miembros según el Espíritu Santo los mantiene individualmente en amor. La iglesia debe incrementar su disfrute de Dios para llegar a amar verdaderamente a los hermanos. Gran parte de la santificación de los miembros de la iglesia, Dios la da precisamente a través de la misma iglesia. Tener necesidades en ella es tener un testimonio negativo del carente fluir de Dios en la iglesia. Sin embargo, no debemos esperar que todos seamos movidos para actuar, ya que un individuo saturado con la vida divina no espera que otros amen para amar.

— Roberto Tinoco

Hechos 4:36

Comentario general

4.36 José significa “que Él (Dios) añada” (heb. Yasaph), aunque también tiene la resonancia de una forma verbal que significa “El eleva”; por eso en Génesis 30:23-24 se juega con las dos etimologías. José-Bernabé fue ambas cosas: Fue un don añadido por Dios a la iglesia, un apóstol; y también, él fue “elevación” para la iglesia, de una iglesia local a una iglesia universal junto con el apóstol Pablo. A este José pusieron los apóstoles el sobrenombre de Bernabé, lo que implica que era conocido por ellos; y siendo que la iglesia ya contaba con algunos miles de varones implica que José sobresalía entre ellos como para que los doce principales lo notaran. Bernabé significa - como el mismo Lucas aclara - Hijo de Consolación. Sobrenombre que debió dársele a causa de su gran corazón y preocupación por las necesidades de sus hermanos. Pero que se cumple aún más cuando introdujo a la iglesia a Saulo de Tarso, un mayor tesoro y bien, a quien los apóstoles rechazaban (Hch. 9:26-27). Bernabé era levita, es decir, de la tribu de Leví y por tanto, uno de los encargados de todas las cosas santas del santuario, incluso un posible sacerdote. Era natural de Chipre, lo que significa que era un judío que se desarrolló en tierra de gentiles. Trasfondo que más tarde le traería beneficios en los viajes apostólicos que hiciera con el apóstol Pablo; así como también en el Concilio de Jerusalén cuando el asunto a tratar fue la con conversión de los gentiles (Hch. 14:27-15:35). De hecho, el primer viaje misionero que ambos apóstoles hicieron fue precisamente a Chipre, la casa de Bernabé (Hch. 13:4-6). Chipre (sig. “cobre”) es la isla más grande del Mediterráneo (9.251 kms.2); antiguamente poseía minas de cobre. Fue poblada originalmente por los hijos de Javán, hijo de Jafet, hijo de Noé (Gn.10:2-4 Quintim es Chipre).

— Roberto Tinoco

Hechos 4:37

Comentario general

4.37 La mención especial que Lucas dedica a Bernabé bien puede ser por el renombre que éste varón alcanzara después como apóstol junto con Pablo; o bien, debido a que su contribución económica fue sobresaliente, no sólo por la cantidad, ya que muchos hacían lo mismo, sino porque dio todo lo que poseía, su herencia. Sabemos quien se ha dado totalmente al Señor en que no guarda nada para sí, lo de o no, está dispuesto. “Heredad”, gr. agros (comp. agricultura), significa campo, hacienda, tierra.

— Roberto Tinoco

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