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Romanos 2
Juicio de Dios contra el pecado
1Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.🗨📝 2Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.🗨📝 3¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?🗨📝 4¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?🗨📝 5Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,🗨📝 6el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:🗨📝 7vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,🗨📝 8pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;🗨📝 9tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego,🗨📝 10pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego;🗨📝 11porque no hay acepción de personas para con Dios.🗨📝 12Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados;🗨📝 13porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.🗨📝 14Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,🗨📝 15mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos,🗨📝 16en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.🗨📝Los judíos y la ley
17He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios,🗨📝 18y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor,🗨📝 19y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,🗨📝 20instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad.🗨📝 21Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas?🗨📝 22Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?🗨📝 23Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?🗨📝 24Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.🗨📝 25Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.🗨📝 26Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión?🗨📝 27Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley.🗨📝 28Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne;🗨📝 29sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Romanos 2: RV60
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Romanos 2:1
2.1 Literalmente indefendible. No hay manera de defender ni justificar a quien eligió el mal. El mundo es irónico y absurdo: los humanos se escandalizan de los pecados de sus semejantes que ellos mismos cometen; pero no solo se escandalizan, sino que juzgan y procuran castigar a otros por hacer lo que ellos hacen. Nos gusta que la ley se aplique, pero en los demás. La sentencia en la boca del pecador es una sentencia boomerang; y el juicio que emite el culpable termina siendo su espejo. Entonces, ¿dejaremos la justicia para no ser juzgados? No, busquemos ser justificados en Cristo para ser librados. El tratado a los Romanos se dirige precisamente hacia el tema de la justificación por la fe en Él.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:2
2.2 El juicio de los hombres, al que hace referencia el escritor en el versículo anterior, es nulo por tratarse de otros pecadores. Pero el juicio de Dios no está basado en un defecto divino, sino en la virtud de su santidad; por ello, siendo según lo genuino, la realidad, lo auténtico (significado de verdad), es un juicio justo, fiel y que condena a todos los hombres, por cuanto todos pecamos. Es una certeza, a ciencia cierta lo sabemos: el juicio de Dios es fiel y verdadero, finalmente se ejecutará sobre todo ser humano, ya sea en sus pecados o justificado por medio del Señor Jesucristo.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:3
2.3 El mayor problema de ser juez de los demás es quedar desnudo ante el juicio de Dios. La única diferencia entre un juez y un acusado es que sólo uno de ellos lleva toga. El hombre juzga a su prójimo para no sentirse tan malo, pero dicha actitud lo hace caer en las manos del juicio de Dios. Los hombres podrían engañar a otros y aún engañarse a sí mismos respecto de su culpabilidad, pero nadie puede engañar a Dios ni escapar a ningún detalle de su juicio. La justicia de Dios es perfecta. ¿No es necio pensar que escaparemos al juicio de Dios sintiéndonos jueces de nuestros semejantes? De hecho, con la medida que medimos, seremos medidos. Conviene ser misericordiosos, para no tener un juicio sin misericordia. En el día del juicio no escaparemos de Dios; por tanto, en lugar de intentar huir de Él, hay que huir hacia Él. No te escondas de Dios; mejor escóndete en Dios por medio de Jesucristo. En los siguientes capítulos el apóstol nos dejará muy claro cómo escondernos del juicio de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:4
2.4 Intentar justificarse a uno mismo es menospreciar las virtudes divinas que te permiten salvación. ¿No es una locura? ¿Cuánto vale para ti la bondad de Dios? No supongas que puedes hacer algo para salvarte a ti mismo o supondrás que eres más bueno que Dios. Pero, por otro lado, si valoras la bondad de Dios, entonces esta apreciación te impulsará a arrepentirte delante de Él para dejar el pecado. Alguien que hace el mal escudándose en que Dios es bueno, no valora la bondad divina, por el contrario, la menosprecia. Benignidad, griego jrestótes. Significa literalmente utilidad y se usaba para referirse a lo que es moralmente excelente, verdaderamente bueno, de carácter bondadoso. Dios no solo hace el bien, sino que lo hace muy bien. Paciencia, griego anoje, significa dominarse a uno mismo. Dios siempre está en control, no castiga por vengativo ni por desahogo. Que tarde en castigar no debe ser visto como ausencia de fuerza ni de justicia; sino precisamente control, fuerza contenida hasta el día del juicio. Longanimidad, griego macrodsumía, que implica un temperamento largo, que soporta, con aguante y soporte. Estas virtudes son parte de la bondad de Dios que al valorarse correctamente hacen del creyente uno que cambia su conducta, da vuelta a sus pasos y comienza a vivir diferente a partir de pensar distinto (arrepentimiento, metanoía, “cambio de mente).
— Roberto Tinoco
Romanos 2:5
2.5 Dios es justo y dará a cada uno según lo que cada uno elija. Si alguno endurece su voluntad y no se arrepiente de corazón, esto es, verdaderamente, ha elegido la ira de Dios en lugar de la justificación. En consecuencia, el día del juicio llamado el día de la ira, recibirá castigo. Esto es el justo juicio de Dios. El Juez no está en juicio, Él es justo. El hombre es quien estará en juicio según lo que él mismo decida ser; en cierto modo, cada uno se juzgará a sí mismo, como dijo el Señor: por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado (Mateo 12:37). La ira se puede atesorar, guardar o reservar para el tiempo final. Nuestra vida presente no es irrelevante, estamos haciendo un tesoro de vida o de condenación, según sea el caso. El juicio de Dios será revelado. Hoy parece un misterio, como detrás del velo. Parece irreal pensar en que el Dios bueno condenará a quienes se pierdan, pero es una realidad que habrá de manifestarse en lo que la Biblia llama el día de la ira o el día del juicio de Dios. Todos los días ha tenido misericordia de todos, pero uno será el día de la ira.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:6
2.6-8 Dios pagará, jamás criatura alguna podrá decir que Dios es deudor o que le debe. Sólo que su pago será de acuerdo a nuestras obras y no a nuestros deseos. Cabe considerar que el juicio de las obras no es para salvación, puesto que nadie puede salvarse a si mismo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Una doctrina sumamente expuesta por el apóstol Pablo. Entonces, ¿por qué dice el siguiente versículo que Dios pagará vida eterna o condenación? Como habrá de explicar el apóstol Pablo a lo largo de su carta a los Romanos, la salvación fue obtenida por Jesucristo y es dada a todos los que crean en Él como un regalo; pero existe grados distintos de recompensa dentro de la vida eterna; por ejemplo, tierra nueva, cielos nuevos, nueva Jerusalén y un sinfín de cosas distintas en cada uno de estos estados de salvación. El pago a los salvos será diferenciado a partir de las obras de cada uno. Ahora bien, ¿qué se toma en consideración para dicho juicio de recompensas a los salvos? En forma resumida, el apóstol Pablo dice, primero, perseverar en hacer el bien. Es fácil desistir, cansarse en este mundo de hacer buenas obras. La injusticia mundana cansa a muchos y pierden su virtud, ya sea como defensa o como desilusión, pero no todos perseveran en bien hacer. Segundo, las intenciones del corazón, ¿por qué hacemos lo que hacemos? Los que reciben recompensa buscan gloria, evidentemente la gloria de Dios en ellos y no solamente parecer buenos en esta vida. Buscan honra, dice el texto; representar a Dios dignamente. No es la búsqueda del aplauso, sino la expresión del propósito. Los que buscan inmortalidad, continúa diciendo el apóstol, refiriéndose a quienes vivieron para lo eterno y no para lo temporal o las cosas bajo el sol. Pero, por otro lado, los que sean condenados, recibirán la ira y el enojo de Dios. ¿Tienes idea de lo terrible que esto es? No puedo imaginar siquiera cuan malo podría llegar a ser esto. No estoy de acuerdo en lo absoluto con el infierno de Dante, pero quedarse sin Dios, sin luz y sin el bien eternamente me resulta inimaginable. ¿Para quienes? El resumen es los contenciosos, refiriéndose a opositores al evangelio. Los que no obedecen a la verdad, sino a la injusticia, esto es, aquellos que decidan realizar obras de maldad, contrarios a la Palabra de Dios. Si Cristo no nos salva, ¿Quién podría salvarse?
— Roberto Tinoco
Romanos 2:7
2.6-8 Dios pagará, jamás criatura alguna podrá decir que Dios es deudor o que le debe. Sólo que su pago será de acuerdo a nuestras obras y no a nuestros deseos. Cabe considerar que el juicio de las obras no es para salvación, puesto que nadie puede salvarse a si mismo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Una doctrina sumamente expuesta por el apóstol Pablo. Entonces, ¿por qué dice el siguiente versículo que Dios pagará vida eterna o condenación? Como habrá de explicar el apóstol Pablo a lo largo de su carta a los Romanos, la salvación fue obtenida por Jesucristo y es dada a todos los que crean en Él como un regalo; pero existe grados distintos de recompensa dentro de la vida eterna; por ejemplo, tierra nueva, cielos nuevos, nueva Jerusalén y un sinfín de cosas distintas en cada uno de estos estados de salvación. El pago a los salvos será diferenciado a partir de las obras de cada uno. Ahora bien, ¿qué se toma en consideración para dicho juicio de recompensas a los salvos? En forma resumida, el apóstol Pablo dice, primero, perseverar en hacer el bien. Es fácil desistir, cansarse en este mundo de hacer buenas obras. La injusticia mundana cansa a muchos y pierden su virtud, ya sea como defensa o como desilusión, pero no todos perseveran en bien hacer. Segundo, las intenciones del corazón, ¿por qué hacemos lo que hacemos? Los que reciben recompensa buscan gloria, evidentemente la gloria de Dios en ellos y no solamente parecer buenos en esta vida. Buscan honra, dice el texto; representar a Dios dignamente. No es la búsqueda del aplauso, sino la expresión del propósito. Los que buscan inmortalidad, continúa diciendo el apóstol, refiriéndose a quienes vivieron para lo eterno y no para lo temporal o las cosas bajo el sol. Pero, por otro lado, los que sean condenados, recibirán la ira y el enojo de Dios. ¿Tienes idea de lo terrible que esto es? No puedo imaginar siquiera cuan malo podría llegar a ser esto. No estoy de acuerdo en lo absoluto con el infierno de Dante, pero quedarse sin Dios, sin luz y sin el bien eternamente me resulta inimaginable. ¿Para quienes? El resumen es los contenciosos, refiriéndose a opositores al evangelio. Los que no obedecen a la verdad, sino a la injusticia, esto es, aquellos que decidan realizar obras de maldad, contrarios a la Palabra de Dios. Si Cristo no nos salva, ¿Quién podría salvarse?
— Roberto Tinoco
Romanos 2:8
2.6-8 Dios pagará, jamás criatura alguna podrá decir que Dios es deudor o que le debe. Sólo que su pago será de acuerdo a nuestras obras y no a nuestros deseos. Cabe considerar que el juicio de las obras no es para salvación, puesto que nadie puede salvarse a si mismo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Una doctrina sumamente expuesta por el apóstol Pablo. Entonces, ¿por qué dice el siguiente versículo que Dios pagará vida eterna o condenación? Como habrá de explicar el apóstol Pablo a lo largo de su carta a los Romanos, la salvación fue obtenida por Jesucristo y es dada a todos los que crean en Él como un regalo; pero existe grados distintos de recompensa dentro de la vida eterna; por ejemplo, tierra nueva, cielos nuevos, nueva Jerusalén y un sinfín de cosas distintas en cada uno de estos estados de salvación. El pago a los salvos será diferenciado a partir de las obras de cada uno. Ahora bien, ¿qué se toma en consideración para dicho juicio de recompensas a los salvos? En forma resumida, el apóstol Pablo dice, primero, perseverar en hacer el bien. Es fácil desistir, cansarse en este mundo de hacer buenas obras. La injusticia mundana cansa a muchos y pierden su virtud, ya sea como defensa o como desilusión, pero no todos perseveran en bien hacer. Segundo, las intenciones del corazón, ¿por qué hacemos lo que hacemos? Los que reciben recompensa buscan gloria, evidentemente la gloria de Dios en ellos y no solamente parecer buenos en esta vida. Buscan honra, dice el texto; representar a Dios dignamente. No es la búsqueda del aplauso, sino la expresión del propósito. Los que buscan inmortalidad, continúa diciendo el apóstol, refiriéndose a quienes vivieron para lo eterno y no para lo temporal o las cosas bajo el sol. Pero, por otro lado, los que sean condenados, recibirán la ira y el enojo de Dios. ¿Tienes idea de lo terrible que esto es? No puedo imaginar siquiera cuan malo podría llegar a ser esto. No estoy de acuerdo en lo absoluto con el infierno de Dante, pero quedarse sin Dios, sin luz y sin el bien eternamente me resulta inimaginable. ¿Para quienes? El resumen es los contenciosos, refiriéndose a opositores al evangelio. Los que no obedecen a la verdad, sino a la injusticia, esto es, aquellos que decidan realizar obras de maldad, contrarios a la Palabra de Dios. Si Cristo no nos salva, ¿Quién podría salvarse?
— Roberto Tinoco
Romanos 2:9
2.9-11 Literalmente, la condenación en el día del juicio será tribulación y angustia, esto es, presión y estrechez. Si alguna vez te has sentido mal, imagina sentirte absolutamente mal en toda área de tu ser y tendrás una idea de lo que estas palabras significan. “Sobre todo ser humano”, ninguno podrá escapar de dar cuentas delante de Dios, si bien el que es justificado mediante la fe en Cristo Jesús es recompensado y no condenado. Pero la condenación es sobre todo ser humano que hace lo malo, sin excepción. No es posible esconderse de la justicia de Dios ni evadirla, de ninguna manera tendrá Dios por inocente al culpable. Hacer lo malo acaba mal. En el tiempo del apóstol Pablo solía tenerse un doble parámetro en el pensamiento general para medir quién era pueblo de Dios y por ende salvación; hoy se tiene un poco de eso mismo considerando muchos a los judíos como el pueblo verdadero de Dios y los no judíos o gentiles como un pueblo de segunda agregado a los judíos al convertirse; pero algo que Pablo dejará en claro en su carta y más, dirigiéndola a los romanos, es decir, gentiles, es que no hay distinción ni acepción de personas para con Dios en el día del juicio: en la fe de Cristo Jesús se es salvo y sin Cristo se es condenado, se trate de judíos o de gentiles. Solo es pueblo de Dios quien está en Cristo Jesús. Y los grados de castigo acorde a la medida de las malas obras no tienen nada que ver con ser judíos o gentiles tampoco. Como en lo referente al castigo, tampoco hay acepción de personas para con Dios en las recompensas. Sin distingo de judíos y gentiles, simplemente cristianos o hijos de Dios, se dará gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno. Gloria es una referencia a ser glorificado, puede un creyente recibir un cuerpo más glorioso que otro, como explica el mismo apóstol a los corintios: “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (1 Corintios 15:40-41). La honra prometida es el grado de autoridad que habrá de tenerse en la eternidad, ya que si habrá jerarquía celestial, por decirlo así. La recompensa de la paz es la completa, absoluta y perfecta satisfacción de todas las cosas para el que es salvo.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:10
2.9-11 Literalmente, la condenación en el día del juicio será tribulación y angustia, esto es, presión y estrechez. Si alguna vez te has sentido mal, imagina sentirte absolutamente mal en toda área de tu ser y tendrás una idea de lo que estas palabras significan. “Sobre todo ser humano”, ninguno podrá escapar de dar cuentas delante de Dios, si bien el que es justificado mediante la fe en Cristo Jesús es recompensado y no condenado. Pero la condenación es sobre todo ser humano que hace lo malo, sin excepción. No es posible esconderse de la justicia de Dios ni evadirla, de ninguna manera tendrá Dios por inocente al culpable. Hacer lo malo acaba mal. En el tiempo del apóstol Pablo solía tenerse un doble parámetro en el pensamiento general para medir quién era pueblo de Dios y por ende salvación; hoy se tiene un poco de eso mismo considerando muchos a los judíos como el pueblo verdadero de Dios y los no judíos o gentiles como un pueblo de segunda agregado a los judíos al convertirse; pero algo que Pablo dejará en claro en su carta y más, dirigiéndola a los romanos, es decir, gentiles, es que no hay distinción ni acepción de personas para con Dios en el día del juicio: en la fe de Cristo Jesús se es salvo y sin Cristo se es condenado, se trate de judíos o de gentiles. Solo es pueblo de Dios quien está en Cristo Jesús. Y los grados de castigo acorde a la medida de las malas obras no tienen nada que ver con ser judíos o gentiles tampoco. Como en lo referente al castigo, tampoco hay acepción de personas para con Dios en las recompensas. Sin distingo de judíos y gentiles, simplemente cristianos o hijos de Dios, se dará gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno. Gloria es una referencia a ser glorificado, puede un creyente recibir un cuerpo más glorioso que otro, como explica el mismo apóstol a los corintios: “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (1 Corintios 15:40-41). La honra prometida es el grado de autoridad que habrá de tenerse en la eternidad, ya que si habrá jerarquía celestial, por decirlo así. La recompensa de la paz es la completa, absoluta y perfecta satisfacción de todas las cosas para el que es salvo.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:11
2.9-11 Literalmente, la condenación en el día del juicio será tribulación y angustia, esto es, presión y estrechez. Si alguna vez te has sentido mal, imagina sentirte absolutamente mal en toda área de tu ser y tendrás una idea de lo que estas palabras significan. “Sobre todo ser humano”, ninguno podrá escapar de dar cuentas delante de Dios, si bien el que es justificado mediante la fe en Cristo Jesús es recompensado y no condenado. Pero la condenación es sobre todo ser humano que hace lo malo, sin excepción. No es posible esconderse de la justicia de Dios ni evadirla, de ninguna manera tendrá Dios por inocente al culpable. Hacer lo malo acaba mal. En el tiempo del apóstol Pablo solía tenerse un doble parámetro en el pensamiento general para medir quién era pueblo de Dios y por ende salvación; hoy se tiene un poco de eso mismo considerando muchos a los judíos como el pueblo verdadero de Dios y los no judíos o gentiles como un pueblo de segunda agregado a los judíos al convertirse; pero algo que Pablo dejará en claro en su carta y más, dirigiéndola a los romanos, es decir, gentiles, es que no hay distinción ni acepción de personas para con Dios en el día del juicio: en la fe de Cristo Jesús se es salvo y sin Cristo se es condenado, se trate de judíos o de gentiles. Solo es pueblo de Dios quien está en Cristo Jesús. Y los grados de castigo acorde a la medida de las malas obras no tienen nada que ver con ser judíos o gentiles tampoco. Como en lo referente al castigo, tampoco hay acepción de personas para con Dios en las recompensas. Sin distingo de judíos y gentiles, simplemente cristianos o hijos de Dios, se dará gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno. Gloria es una referencia a ser glorificado, puede un creyente recibir un cuerpo más glorioso que otro, como explica el mismo apóstol a los corintios: “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (1 Corintios 15:40-41). La honra prometida es el grado de autoridad que habrá de tenerse en la eternidad, ya que si habrá jerarquía celestial, por decirlo así. La recompensa de la paz es la completa, absoluta y perfecta satisfacción de todas las cosas para el que es salvo.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:12
2.12 Los que sin ley han pecado es una alusión a los gentiles y los que bajo la ley han pecado se refiere a los judíos. Unos y otros juzgados por Dios en el llamado día de la ira. La única posibilidad de librarse de la condenación es por medio de la fe en Cristo Jesús, ni ser descendiente de los patriarcas ni la ley (de Moisés) ni obra alguna puede salvar fuera del Salvador. Los gentiles no tuvieron la ley de Moisés, por lo que serán juzgados sin la ley de Moisés. Más adelante el apóstol explicará que la ley de Dios estaba en la conciencia de todos ellos, de modo que no tienen excusa. Los judíos tuvieron la ley de Dios, su juicio comprenderá lo que dicha ley dicta, así que tampoco tienen excusa.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:13
2.13 El juicio de Dios se realizará conforme a la verdad, no se tratará de ideología, sino de práctica. Los oidores de la ley sin duda fueron judíos, pero no serán salvos por haber escuchado la ley de Moisés o la Torah, sino por obedecerla. Ahora bien, el apóstol dice que los hacedores de la ley serán justificados, esto podría parecer que existen quienes serán salvos por guardar la ley sin la fe de Cristo, pero en realidad, el apóstol va a aclarar que nadie pudo guardar la ley y que Cristo, el único que guardó la ley, salvará a todos los que crean en Él. Está llevando su disertación al justo juicio de Dios, concluirá que todos necesitamos al Salvador porque todos, judíos y gentiles, estamos bajo pecado (Romanos 3:9-20).
— Roberto Tinoco
Romanos 2:14
2.14-15 No se puede negar que existieron muchos gentiles que se comportaron más decentemente y con justicia que muchos judíos, sin tener ellos la ley de Dios escrita en papiros o pergaminos; aunque sí la tenían en sus corazones, más específicamente en su conciencia. Todo ser humano tiene una ley en su ser interior que le hace saber el bien y el mal de forma instintiva, si obedece o dicha ley, eso es otro asunto que se tomará en cuenta en el día del juicio de Dios. La conciencia da testimonio del bien y del mal, luego el hombre toma su decisión de obedecer o no la ley de Dios en su conciencia y, en consecuencia, razona con esta ley para actuar congruente o en contra de la misma, ya sea acusándose si hace lo malo o defendiéndose si hace lo bueno. El bien y el mal de forma instintiva está en todos los seres humanos. Por eso, sin importar la época y la cultura, todo ser humano tiene la generalidad del bien y del mal, ¡hasta el caníbal más ignorante de la tribu más apartada sabe que comerse al prójimo está mal!, por eso lo hace sólo con los enemigos; y por eso también, hasta el psicópata se esconde para no ser descubierto en su maldad.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:15
2.14-15 No se puede negar que existieron muchos gentiles que se comportaron más decentemente y con justicia que muchos judíos, sin tener ellos la ley de Dios escrita en papiros o pergaminos; aunque sí la tenían en sus corazones, más específicamente en su conciencia. Todo ser humano tiene una ley en su ser interior que le hace saber el bien y el mal de forma instintiva, si obedece o dicha ley, eso es otro asunto que se tomará en cuenta en el día del juicio de Dios. La conciencia da testimonio del bien y del mal, luego el hombre toma su decisión de obedecer o no la ley de Dios en su conciencia y, en consecuencia, razona con esta ley para actuar congruente o en contra de la misma, ya sea acusándose si hace lo malo o defendiéndose si hace lo bueno. El bien y el mal de forma instintiva está en todos los seres humanos. Por eso, sin importar la época y la cultura, todo ser humano tiene la generalidad del bien y del mal, ¡hasta el caníbal más ignorante de la tribu más apartada sabe que comerse al prójimo está mal!, por eso lo hace sólo con los enemigos; y por eso también, hasta el psicópata se esconde para no ser descubierto en su maldad.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:16
2.16 Existe un día designado por Dios para juzgar a todos los seres humanos de todos los tiempos; se le conoce como el día del juicio de Dios o el día de la ira. Esto también es parte del evangelio, pues las buenas noticias del mismo tratan acerca de la salvación de la condenación a las que seríamos sentenciados en el juicio de Dios. El Juez será el Señor Jesucristo, “porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo” (Juan 5:22). Pablo llama al evangelio, “su evangelio”. Ha llegado a compenetrarse tanto con él, que ya es su vida misma. No hay más de un evangelio (Gálatas 1.7), pero el predicador de Cristo debe llegar a ser uno con su mensaje; como si el Logos se encarnase en ellos.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:17
2.17 Notemos que se tiene el sobrenombre, lo cual no es el nombre verdadero. Se trata de una imitación; externamente, los judíos sin Cristo son judíos, pero internamente no lo son. Puedes apoyarse en la ley y gloriarse en Dios, pero carecen de vida interior, lo cual es demostrado en sus obras hasta el punto de haber provocado deshonra a Dios ante los gentiles (vrs. 17-24). Apoyarse no es lo mismo que guardar u obedecer. Apoyarse es buscar fundamento de lo que se cree, pero no necesariamente buscar la verdad que se debe creer. La religión es una imitación exterior de la vida interior y procura apoyarse en leyes, incluso usa a Dios como la excusa de su existencia, pero en realidad tiene su propia ley y no la de Dios, así como se gloría en sus obras y nos en los méritos divinos.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:18
2.18 El imitador de la vida interior, es decir, el religioso, conoce la voluntad de Dios en el sentido objetivo de mandamientos y leyes, incluso tiene una ética alta y procura enseñar a otros a vivirla, como si fuese luz; sin embargo, él mismo, por carecer de vida interior genuina, no practica lo que enseña, sino que le resulta inevitable el pecado. ¿Por qué? Porque necesita la circuncisión del corazón (vrs. 19-29).
— Roberto Tinoco
Romanos 2:19
2.19-20 La confianza del imitador de la verdad son sus obras religiosas; pero guiar ciegos no te hace luz y tampoco instruir niños te hace docto; puedes tener la forma de la ciencia y de la verdad, pero eso no significa que tengas la esencia de la ciencia y de la verdad. No confíes en ti aparte de Cristo; si tu eres tu propio fundamento, ¡qué pobre edificación! Los judíos se consideraban a sí mismos como los únicos que poseían la revelación de Dios y blas cosas eternas. Los demás, para ellos, estaban ciegos, en tinieblas. La ciencia a la que Pablo se refiere no es lo que entendemos en el siglo 21 como ciencia, sino al conocimiento, el gnosis, al saber según los conocimientos de la época, que en ocasiones eran más filosofía. Mientras que la verdad de la que Pablo habla es la realidad, aquello que no cambia, lo verdadero, eterno y no lo temporal. Para los judíos, la ley de Moisés era la luz, el conocimiento verdadero y la revelación de Dios y las cosas eternas. No estaban lejos ni equivocados del todo, pero hablaban lo que no entendían ni podían vivir.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:20
2.19-20 La confianza del imitador de la verdad son sus obras religiosas; pero guiar ciegos no te hace luz y tampoco instruir niños te hace docto; puedes tener la forma de la ciencia y de la verdad, pero eso no significa que tengas la esencia de la ciencia y de la verdad. No confíes en ti aparte de Cristo; si tu eres tu propio fundamento, ¡qué pobre edificación! Los judíos se consideraban a sí mismos como los únicos que poseían la revelación de Dios y blas cosas eternas. Los demás, para ellos, estaban ciegos, en tinieblas. La ciencia a la que Pablo se refiere no es lo que entendemos en el siglo 21 como ciencia, sino al conocimiento, el gnosis, al saber según los conocimientos de la época, que en ocasiones eran más filosofía. Mientras que la verdad de la que Pablo habla es la realidad, aquello que no cambia, lo verdadero, eterno y no lo temporal. Para los judíos, la ley de Moisés era la luz, el conocimiento verdadero y la revelación de Dios y las cosas eternas. No estaban lejos ni equivocados del todo, pero hablaban lo que no entendían ni podían vivir.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:21
2.21-23 Es más fácil enseñar a otros que enseñarse a uno mismo, no requiere compromiso. Es más fácil predicar ética que vivirla, no necesita obediencia. Cualquiera dice, pero sólo los santos hacen. El imitador de la vida interior procura esconder su falsedad cargando a otros con lo que desearía guardar, es una especie de proyección psicológica al mandar a los demás acerca de aquello que carece. Esto no es santidad. Pablo ilustra ese punto con mandamientos que el judío sabe y enseña que deben guardarse, pero que dicho judío no ha obedecido a cabalidad. Como consecuencia de esto, los gentiles sin la ley de Dios blasfeman der Dios rechazando su ley, considerando falso el testimonio judío. La nación de Israel falló como testigo de la verdad no pudiendo llevar el Nombre de Dios a los gentiles, esto es su gloria y su fe, por no haberlo vivido.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:22
2.21-23 Es más fácil enseñar a otros que enseñarse a uno mismo, no requiere compromiso. Es más fácil predicar ética que vivirla, no necesita obediencia. Cualquiera dice, pero sólo los santos hacen. El imitador de la vida interior procura esconder su falsedad cargando a otros con lo que desearía guardar, es una especie de proyección psicológica al mandar a los demás acerca de aquello que carece. Esto no es santidad. Pablo ilustra ese punto con mandamientos que el judío sabe y enseña que deben guardarse, pero que dicho judío no ha obedecido a cabalidad. Como consecuencia de esto, los gentiles sin la ley de Dios blasfeman der Dios rechazando su ley, considerando falso el testimonio judío. La nación de Israel falló como testigo de la verdad no pudiendo llevar el Nombre de Dios a los gentiles, esto es su gloria y su fe, por no haberlo vivido.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:23
2.21-23 Es más fácil enseñar a otros que enseñarse a uno mismo, no requiere compromiso. Es más fácil predicar ética que vivirla, no necesita obediencia. Cualquiera dice, pero sólo los santos hacen. El imitador de la vida interior procura esconder su falsedad cargando a otros con lo que desearía guardar, es una especie de proyección psicológica al mandar a los demás acerca de aquello que carece. Esto no es santidad. Pablo ilustra ese punto con mandamientos que el judío sabe y enseña que deben guardarse, pero que dicho judío no ha obedecido a cabalidad. Como consecuencia de esto, los gentiles sin la ley de Dios blasfeman der Dios rechazando su ley, considerando falso el testimonio judío. La nación de Israel falló como testigo de la verdad no pudiendo llevar el Nombre de Dios a los gentiles, esto es su gloria y su fe, por no haberlo vivido.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:24
2.24 Lee el comentario anterior. El peor mal de la imitación es la difamación; invocar el Nombre de Dios y no vivir conforme a su carácter produce que aquellos que son ajenos a la fe hablen mal de Dios y de su camino. ¿Por qué culpar a Dios por los imitadores? No debiera hacerse, pero, ¿cómo reconocerá el mundo la verdad si los religiosos la imitan tan bien? Medita acerca de lo que dicen de Dios y de su camino aquellos que están cerca de ti. Si quieres saber cómo eres como cristiano, preguntale a quienes te conocen y no son cristianos.
— Roberto Tinoco
Romanos 2:25
2.25-29 El sello del judaísmo es la circuncisión; y es también la señal del Antiguo Pacto. Los judíos estaban muy satisfechos de tener la religión más antigua basada en Dios; su patriarca era Abraham y contaban entre sus héroes a Moisés. Cuando el Señor les ordenó la circuncisión, tenía como propósito cortar la suficiencia en la carne. Mira como inicia el mandamiento de la circuncisión: en Génesis 16 Abram engendró a Ismael, pero en Génesis 17 Dios aparece a Abram amonestándole andar delante de Él, prometiéndole a Isaac y ordenándole la circuncisión; es decir, a no volver a confiar en su carne, sino en el poder de Dios. Pablo está tomando el mismo principio para explicarle a los romanos y de paso a los judíos, que los que están circuncidados en su cuerpo, pero que no han dejado su carnalidad (pues desobedecen la ley), es como si no estuvieran circuncidados. Sus obras son ismaeles y no son aceptadas por Dios. A diferencia de aquellos cuyos cuerpos de carne no están circuncisos, pero sus almas se han sometido a las disposiciones de Dios, son vistos como judíos circuncidados. ¿Qué es la circuncisión del corazón? La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Dt. 10:16; Jer. 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jer. 31:33; Eze. 36:25-27; Heb. 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La diferencia entre la vida interior y la imitación es la circuncisión del corazón. Conforme crece la iglesia en número de miembros y avanza el tiempo de mi servicio como pastor, he podido observar que algunas personas de las que se congregan conservan aspectos pecaminosos de su vida anterior; también reacciones carnales, descontrol emocional, actitudes egoístas y demás cosas que debieran haber sido superadas ya. No me refiero a quienes comienzan a caminar en la fe, sino a personas que debiendo presentar madurez, actúan no sólo como niños, sino como inconversos. El peor mal contra la iglesia no procede del mundo y ni siquiera de Satanás, sino de esa clase de hermanos que afrentan la reputación del evangelio. Al respecto de terminar con la pasada manera de vivir y dar inicio a la nueva, la Biblia utiliza algunas figuras para ilustrarlo; entre ellas se encuentra la circuncisión. Sabemos lo que este acto significa en lo natural, pero, ¿cuál es su significado espiritual? La circuncisión es una figura de la obra de Dios en el corazón humano que tiene en propósito de despojarle de la carnalidad a fin de que el hombre pueda amar a Dios y hacer su voluntad. Veamos ejemplos de personas a quienes Dios ordenó la circuncisión, incluyendo el origen de la misma, entendemos su significado más pleno y su aplicación a nuestra vida: La circuncisión de Abraham. Primero veamos lo que le sucedió para cortar las obras de la carne, simbolizadas en la producción de Ismael. En el capítulo 15 del Génesis lo vemos pactando con Dios; pero en el capítulo 16 desesperado por la presión de Sara, engendra a Ismael. Dios espera 13 años para luego volver a hablarle a Abraham. Hay creyentes que teniendo las promesas de Dios desesperan y se lanzan a hacer las cosas según su propia voluntad y no conforme a lo que Dios ha dicho. Luego se preguntan por qué Dios no les habla (o lo que es peor, creen que les sigue hablando confundiendo su voz con la de Dios). El Señor esperará lo necesario para volver a hablar; es decir, hasta que el hombre carnal esté lo suficientemente frustrado como para no poder engendrar nada más. Sólo después de esto, Abraham fue circuncidado a los 99 años. Abraham fue circuncidado antes de cumplir el siglo de vida. La Biblia considera a la presente era como “el siglo” (Mateo 24:24); el fin del siglo y el comienzo del nuevo siglo es una forma de decir que ha pasado lo terrenal y comenzado lo celestial. Abraham fue circuncidado a los noventa y nueve años de vida a fin de comenzar el nuevo siglo según la nueva vida que Dios le había dado, la vida de resurrección con un nuevo nombre, llevando el Nombre de Dios sobre él y recibiendo el nacimiento del hijo prometido, la simiente que habría de venir. ¿En qué siglo vives? A la era terrenal se le llama “el presente siglo malo” (Gálatas 1:4); y a Satanás se le llama el dios de este siglo (2 Corintios 4:4); y también la Palabra habla de los príncipes de este siglo (1 Corintios 2:8). Por eso se necesita la circuncisión espiritual, para cortar con todo lo terrenal y comenzar lo celestial, la nueva vida, la vida de resurrección. Tu problema para producir vida no es falta de vida; sino sobrante de carne. Dios saca lo que primero puso en ti; si no tienes semilla no tendrás cosecha; pero en ocasiones sí tienes semilla, sólo que la carne estorba su germinación. Hay que cortarla, así como se ablanda la tierra para sembrar. Desafortunadamente algunos se aferran a su carne y desean que Dios les de fruto respaldando sus obras sin circuncisión. La Palabra enseña que Abraham insistió por Ismael: “Y dijo Abraham a Dios: Ojala Ismael viva delante de ti” (Génesis 17:18). Cuando tenemos frutos de obras de la carne, no me refiero a pecados, sino a cosas que consideramos buenas o provechosas (aunque para Dios están muertas por nacer de la carne), solemos insistir en testificar de ellas o en que sean consideradas como provechosas para el reino. No nos gusta que tales obras sean descalificadas y queremos ponerlas junto a los trofeos del reino como frutos aprobados. “yo hice esto y aquello”-decimos, como si el fin justificara los medios. Pero lo que es nacido de la carne, carne es. De ningún modo Ismael puede vivir delante de Dios, hay promesas para él, pero no puede ser la simiente prometida, pues no es producto de la fe en el poder de Dios. ¿Qué cosas has hecho tú que no viven delante de Dios? ¿Insistes en que te sean tomadas en cuenta aunque sabes que las hiciste por los motivos o de la forma equivocada? Por esto se necesita la circuncisión, quiar la carnalidad como señal y prueba del Pacto con Dios. “…y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1b). Una vez que Dios vuelve a hablarle a Abraham, le especifica que ande delante de Él y sea perfecto. Comprendamos: el patriarca ha andado delante de Sara, pues le hizo caso a su consejo en lugar de a la promesa de Dios. Andar delante de Dios es vivir según lo que Él dice y no según la opinión de los hombres. ¿Vives tú delante de Dios? Esto es lo que significa ser perfecto; es ser completo, obediente. No es impecable, sino completo. Has alcanzado lo que se espera de ti en el nivel que debes estar. Un bebé es completo si corresponde a lo que debe ser a los seis meses cuando tiene seis meses; y un joven es perfecto si corresponde a lo que debe ser a los quince años cuando tiene quince años. El bebé no está igualmente desarrollado que el joven, pero es igualmente completo que él según el nivel de cada uno. Eso es ser perfecto. Entonces Dios confirma su Pacto con Abraham, sólo que esta vez le pondrá una señal: la circuncisión: “este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros” (Génesis 17:10). Esta señal tiene varios propósitos: Primero, así como un judío es reconocido por la cicatriz de su cuerpo; así un cristiano es reconocido por la cicatriz de su corazón. Por eso dijo Dios que el no circuncidado es excluido de su pueblo: “y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto” (Génesis 17:14). Segundo, cortar la carne es recordar que somos engendrados y podemos engendrar sólo por el poder de Dios y no por el poder de los hombres. El propósito de la circuncisión es la procreación; lo contrario a esto es cuando los hijos de Jacob presionaron a Siquem y su gente que se circuncidaran para unirse a ellos y luego los mataron terriblemente vengando la violación de su hermana Dina (Génesis 34:15-25).Circuncisión sin engendrar hijos es mortandad. La religiosidad quita por quitar, pero sin dar vida. Tercero, circuncidar es doloroso; es como el esclavo marcado con hierro candente, que donde quiera que va recuerda que tiene Dueño. Abraham circuncidó a todos los de su casa (Génesis 17:23). No hay excepciones, todo el que quiera pertenecer al la casa del Padre ha de circuncidarse, cortar la carnalidad. Esto no es sencillo, sino doloroso, tanto el circuncidado como el que circuncida podrían negarse, pero no les está permitido. Dejar lo que es de la carne no es una opción, sino un mandamiento. El pasaje dice que fueron circuncidados tanto los nacidos en casa como los esclavos. En la iglesia tenemos los mismos derechos, pero algunos viven como hijos y otros como esclavos. Debes preguntarte si estás viviendo como hijo o como esclavo. La circuncisión tiene como objetivo transformar al hombre; es un contrato en el corazón: “Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (Génesis 17:11). La Palabra escrita en el corazón. La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Por lo que quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deuteronomio 10:16; Jeremías 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jeremías 31:33; Ezequiel 36:25-27; Hebreos 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Recuerda que tú no fuiste comprado por dinero como para menospreciar la circuncisión, sino que fuiste rescatado de la vana manera de vivir no con oro ni con plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19), ¡vive para Cristo! Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La circuncisión de Moisés. Ilustra cómo andar en el Nuevo Pacto. Sin excepción. Moisés recibió la encomienda de ir a sacar a los israelitas de Egipto cuando se le manifestó en la zarza. En dicha encomienda, el Señor le anunció que mataría a los primogénitos en Egipto que no estaban en su Pacto. ¿Recuerdas que la circuncisión es la señal de ese Pacto? Sin embargo, cuando iba hacia Egipto con su familia, Dios le salió al encuentro para matar a su hijo primogénito; ¡no lo había circuncidado! (Éxodo 4:24). Hay personas que intentan andar en el camino del Señor sin obedecer al Señor; o que buscan recibir los beneficios sin estar en su Pacto. Sin importar cuán gloriosa fuera la experiencia de Moisés con Dios, no podía evadir la señal del Pacto en su vida. Sin descanso. Sucedió en una posada, un lugar de descanso. Las posadas de aquellos tiempos eran lugares de descanso para los viajeros. ¿Cómo es posible que Moisés pudiera descansar siendo comisionado como libertador, pero andando fuera del Pacto de Dios? Hay personas cuyos hogares son un cultivo de aflicciones e intentan restaurar el hogar sin someterse al Nuevo Pacto. Dios había dicho a Moisés “Yo os sacaré de la aflicción... a una tierra que fluye leche y miel” (Éxodo 3:17). Solamente el Señor hace descansar (“venid a mí...”). “…a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127). La posada de muchos, con la que intentan descansar sin Dios son: diversiones, familia, pasatiempos, etc. Pero fuera del Pacto de Dios tu familia corre peligro. -“iré contigo y te daré descanso” –diría Dios a Moisés tiempo después (Éxodo 33). ¡Es su Presencia! Para dar libertad. Por falta de circuncisión se sigue en Egipto. Dios había encomendado a Moisés la liberación de los israelitas y Moisés se encaminó a cumplir con dicha misión a pesar de no estar en conformidad con el pacto entre Dios y su pueblo de circuncidar a sus hijos (Génesis 17: 14). Moisés intentó hacer la obra de Dios “a su manera” y si no fuera por la intervención de su esposa respecto de su hijo, Israel habría tenido que esperar a otro libertador para sacarlos de Egipto. Cuando no hay circuncisión del corazón, los creyentes siguen en Egipto bajo la influencia de faraón. La esposa de Moisés circuncidó a su hijo salvándole la vida. No creo que fuese sencillo tomar una piedra de pedernal y circuncidar a un muchacho sin anestesia ni atención médica; sin embargo, lo hizo por temor y obediencia a Dios. Demasiadas familias siguen en Egipto aunque asisten a la iglesia porque se han negado el dolor de decir: “basta, es hora de cortar la carne”. ¡Salva tu vida y a tu familia atreviéndote a circuncidar aquellas cosas que te mantienen en esclavitud! Todo esto es para dar a luz al primoigénito de Dios. Para Dios sólo hay lugar para un primogénito. De igual forma que Abraham produjo a Isaac después de ser circuncidado, Dios produjo a su primogénito Israel después de la circuncisión sacándolo de Egipto: “y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito” (Éxodo 4:22-23). ¿Sabes por qué Cristo no es formado en algunos creyentes? Porque no circuncidan su corazón. La carne estorba. Uno de los dos va a morir; no hay lugar para dos primogénitos, será el hijo de la carne o el hijo del espíritu, pero sólo uno sobrevivirá. Caín y Abel están dentro de ti; tú eres el huerto en donde la carne y el espíritu ofrecen sus ofrendas a Dios. No puedes evitarlo, sólo la ofrenda de uno será aceptada y la sangre correrá. Egipto o Israel. Esaú o Jacob. Hay una guerra en tu interior; así como Rebeca deseo la muerte al saber de la guerra en su vientre, así los creyentes tenemos una guerra a muerte en nuestro interior entre la carne y el espíritu. No puedes rehuirlo, la sangre va a ser derramada y sólo uno permanecerá en pie. La circuncisión de Josué. El propósito es dar herencia. “En aquel tiempo Yahwéh dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot. 4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. 5Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado” (Josué 5:2-5). Antes de cada nuevo nivel, habrá algo más que dejar de la antigua creación. ¿Crees que sólo una circuncisión necesitas? El alma necesita varias experiencias; de hecho, necesita muchas experiencias que le corten la carne. Esta no es la idea del hombre, sino de Dios. Fue Él quien le dijo a Josué que hiciera cuchillos afilados; es Él quien te persigue con un cuchillo afilado. Cuando detecta carne afila su cuchillo y comienza a perseguir. No te enojes conmigo, si por mi fuera te dejaría en paz; pero Él no te dejará en paz. Después de cada circuncisión vendrá una nueva recompensa. Dios mandó a Josué que circuncidara al pueblo no por un deseo insano contra ellos, sino para que pudieran heredar la tierra prometida. Eran el primogénito que salió de Egipto y venían por su doble porción de herencia. ¿Recuerdas que al primogénito se le daba una doble porción? Después de la circuncisión recibirían la leche y miel. Tu lo ves persiguiéndote con un cuchillo afilado, y es verdad; ¡pero también viene con un título de propiedad! El dolor será sólo un momento, pero la recompensa para siempre. La circuncisión le permite a Dios obtener su tierra; entonces Él dará la tierra al circuncidado. Después de ordenar la circuncisión a Abraham le prometió la tierra; y después de que Josué circuncidó al pueblo, obtuvo la tierra. La circuncisión le da algo a Dios y en consecuencia, Dios le da algo al hombre. El hombre y la tierra están íntimamente relacionados. El hombre fue hecho de tierra… Se nos llama “moradores del polvo” (Isaías 26:19) y “los que habitan en casa de barro” (Job 4:19). Y en el Nuevo Testamento Jesús preguntó: “cuando el Hijo del hombre venga, hallará fe en la tierra” (Lucas 18:8). La tierra no tiene fe, sino que se refiere al hombre. Siendo que Dios nos creó de tierra, ¿cómo escogió Dios la clase de tierra con la que haría al hombre? Desde el principio somos tierra deseable y el anhelo de Dios es que volvamos a serlo (Malaquías 3:12). Tan sólo consideremos el término “tierra” y la palabra “hombre”: Adamah se usa para “tierra” y Adam para “hombre”. La bendición de adamah depende de Adam, por ejemplo Génesis 2:5 expresa que mientras no había hombre que labrara la tierra, tampoco había hecho Dios llover. Y por eso es que una vez que Adam pecó, entonces Adamah fue maldecida (“por cuanto esto hicisteis, maldita será la tierra” Gén. 3:17); y cuando aumentó la maldad de Adam en el pecado de Caín, entonces Adamah perdía su fuerza (“la tierra no volverá a darte su fuerza” Génesis 4:12). Una de las últimas cosas que dice la Biblia es que la primera tierra pasó y había una nueva tierra (Apocalipsis 22:1). Ese es parte del plan divino, cambiar la vieja tierra en nueva. Por eso se habla de un viejo hombre y de un nuevo hombre. La tierra vieja está bajo maldición y produce espinos y cardos; pero la tierra nueva tiene amor, vida, gozo, etc. (Apocalipsis 22:1-4; 22:1-4). Cuando la tierra fija estaba llena de violencia, Dios destruyó a la tierra que caminaba; es decir, a los hombres; los cuales causaban dicha violencia (Génesis 6:13). Una vez que terminó el juicio del diluvio (nota que es poner la tierra bajo el agua; es decir, sepultar la tierra), y que sólo quedó “tierra santa”; a saber, Noé que hizo un altar y ofreció sacrificios a Dios; entonces Dios prometió no volver a ocultar su rostro de la tierra (no más diluvio de agua). Para Dios, “la faz de la tierra” era sólo de violencia. La faz significa el rostro. El rostro de la tierra no era más a su imagen y semejanza, sino a imagen de Satanás; por eso Dios “lavó el rostro a la tierra”, a la vez que ocultó su propio Rostro de ella, hasta que volvió a quedar la tierra con un rostro limpio y que sólo veía en ella su propia imagen y semejanza. También a eso se debe que una vez que Dios le ordena a Abraham circuncidarse, el patriarca pusiera su rostro en tierra; esto es, que sólo el Rostro de Dios prevalezca (Génesis 17:17). El cumplimiento en Jesús. En cierto modo, Josué es la mezcla de ambas circuncisiones, la de Abraham y la de Moisés. Josué es Jesús, Cristo. Tiene el propósito de dejar atrás Egipto como la circuncisión de Moisés; pero también de producir al primogénito de Dios: Israel en la tierra prometida. No te quedes sólo fuera de Egipto viviendo en el desierto; ¡avanza hasta poseer el reino, la tierra prometida! En Jesús hay tres circuncisiones: a) Para engendrarlo en el vientre de María. Dios no utilizó semilla de carne (hombre), anuló a José. b) A los ocho días de nacido para vivir como el Hijo del Hombre guardando los mandamientos de Moisés. c) En la cruz, cuando le fue quitada su carne y con ella, las limitaciones de esta vida liberando al Hombre espiritual: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:3-4). Antes de la circuncisión de la cruz, Jesús es llamado el Hijo Unigénito de Dios (Juan 1:18); pero después de la circuncisión de la cruz es llamado el Primogénito de Dios (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5). La cruz fue la circuncisión que liberó la herencia y la nueva relación de la nueva creación. Por eso dice la Palabra que la muerte no lo pudo retener, el griego lo expresa como una matriz que no puede retener el nacimiento de un hijo (Hechos 2:24). El cumplimiento en la iglesia. Nosotros tenemos las mismas circuncisiones que Jesús: a) En el nuevo nacimiento fuimos engendrados de Dios y no de los hombres (Juan 1:12-13). b) En el bautismo al recién convertirnos para comenzar a ser cristianos (Romanos 6:4). c) En la experiencia de la vida cristiana quitando progresivamente la carnalidad para guardar los mandamientos de Dios. Esta es la circuncisión del corazón. La circuncisión es tanto una obra de Dios como una obra de los hombres. Obra de Dios: “Y circuncidará Yahwéh tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia” (Deuteronomio 30:6). Su mano llega más adentro que la mía. Imagina la extracción de una bala de tu cuerpo: hay cierto punto de dolor en donde no irías más allá por el dolor mismo o por desfallecimiento de fuerzas. Necesitas al Médico que puede ir más allá. Además, Él circuncidará también a la descendencia. ¿Quién sino Dios para llegar al interior de los hijos y de los nietos? ¿Cómo alcanzarás a los hijos de tus nietos y a los hijos de ellos? Abraham tuvo a Ismael sin ser circuncidado e Ismael fue un varón fiero. Luego tuvo a Isaac ya siendo circuncidado y fue el hijo de la promesa. Al circuncidar Dios tu corazón adquieres promesas para tus hijos y los hijos de tus hijos. Obra tuya: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz” (Deuteronomio 10:16). Hay cosas que sólo Dios puede cortar; pero hay otras cosas en nosotros que aunque Él puede cortarlas, las deja allí para que seamos nosotros quienes las quitemos. ¿Por qué? Son los sacrificios del amor. Por un lado, cortar. Cortar requiere dividir, separar y es doloroso. La autosuficiencia y los hábitos de maldad necesitan ser cortados. Decisiones firmes de dependencia, humildad y consagración. Ser cristiano no es para aquellos que se desmayan al ver sangre. Por otro lado, ablandar. Ablandar requiere golpear y ceder. La cerviz es una metáfora de cómo los bueyes terminaban rindiéndose al yugo del arado. Endurecer la cerviz es como el buey que jalonea y patalea tratando de quitarse el yugo del arado. Hay personas que se lastiman por independientes. Rechazan el yugo, se resisten a la obediencia y quieren escoger por sí mismos el camino a andar. Jesús dijo que si llevamos su yugo podremos hallar descanso para nuestra alma: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). El estrés se origina en un corazón no circuncidado, una cerviz endurecida. Y a todo esto, ¿cuál es el propósito de la circuncisión? “…para que ames a Yahwéh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y que vivas” (Dt. 30:6).
— Roberto Tinoco
Romanos 2:26
2.25-29 El sello del judaísmo es la circuncisión; y es también la señal del Antiguo Pacto. Los judíos estaban muy satisfechos de tener la religión más antigua basada en Dios; su patriarca era Abraham y contaban entre sus héroes a Moisés. Cuando el Señor les ordenó la circuncisión, tenía como propósito cortar la suficiencia en la carne. Mira como inicia el mandamiento de la circuncisión: en Génesis 16 Abram engendró a Ismael, pero en Génesis 17 Dios aparece a Abram amonestándole andar delante de Él, prometiéndole a Isaac y ordenándole la circuncisión; es decir, a no volver a confiar en su carne, sino en el poder de Dios. Pablo está tomando el mismo principio para explicarle a los romanos y de paso a los judíos, que los que están circuncidados en su cuerpo, pero que no han dejado su carnalidad (pues desobedecen la ley), es como si no estuvieran circuncidados. Sus obras son ismaeles y no son aceptadas por Dios. A diferencia de aquellos cuyos cuerpos de carne no están circuncisos, pero sus almas se han sometido a las disposiciones de Dios, son vistos como judíos circuncidados. ¿Qué es la circuncisión del corazón? La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Dt. 10:16; Jer. 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jer. 31:33; Eze. 36:25-27; Heb. 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La diferencia entre la vida interior y la imitación es la circuncisión del corazón. Conforme crece la iglesia en número de miembros y avanza el tiempo de mi servicio como pastor, he podido observar que algunas personas de las que se congregan conservan aspectos pecaminosos de su vida anterior; también reacciones carnales, descontrol emocional, actitudes egoístas y demás cosas que debieran haber sido superadas ya. No me refiero a quienes comienzan a caminar en la fe, sino a personas que debiendo presentar madurez, actúan no sólo como niños, sino como inconversos. El peor mal contra la iglesia no procede del mundo y ni siquiera de Satanás, sino de esa clase de hermanos que afrentan la reputación del evangelio. Al respecto de terminar con la pasada manera de vivir y dar inicio a la nueva, la Biblia utiliza algunas figuras para ilustrarlo; entre ellas se encuentra la circuncisión. Sabemos lo que este acto significa en lo natural, pero, ¿cuál es su significado espiritual? La circuncisión es una figura de la obra de Dios en el corazón humano que tiene en propósito de despojarle de la carnalidad a fin de que el hombre pueda amar a Dios y hacer su voluntad. Veamos ejemplos de personas a quienes Dios ordenó la circuncisión, incluyendo el origen de la misma, entendemos su significado más pleno y su aplicación a nuestra vida: La circuncisión de Abraham. Primero veamos lo que le sucedió para cortar las obras de la carne, simbolizadas en la producción de Ismael. En el capítulo 15 del Génesis lo vemos pactando con Dios; pero en el capítulo 16 desesperado por la presión de Sara, engendra a Ismael. Dios espera 13 años para luego volver a hablarle a Abraham. Hay creyentes que teniendo las promesas de Dios desesperan y se lanzan a hacer las cosas según su propia voluntad y no conforme a lo que Dios ha dicho. Luego se preguntan por qué Dios no les habla (o lo que es peor, creen que les sigue hablando confundiendo su voz con la de Dios). El Señor esperará lo necesario para volver a hablar; es decir, hasta que el hombre carnal esté lo suficientemente frustrado como para no poder engendrar nada más. Sólo después de esto, Abraham fue circuncidado a los 99 años. Abraham fue circuncidado antes de cumplir el siglo de vida. La Biblia considera a la presente era como “el siglo” (Mateo 24:24); el fin del siglo y el comienzo del nuevo siglo es una forma de decir que ha pasado lo terrenal y comenzado lo celestial. Abraham fue circuncidado a los noventa y nueve años de vida a fin de comenzar el nuevo siglo según la nueva vida que Dios le había dado, la vida de resurrección con un nuevo nombre, llevando el Nombre de Dios sobre él y recibiendo el nacimiento del hijo prometido, la simiente que habría de venir. ¿En qué siglo vives? A la era terrenal se le llama “el presente siglo malo” (Gálatas 1:4); y a Satanás se le llama el dios de este siglo (2 Corintios 4:4); y también la Palabra habla de los príncipes de este siglo (1 Corintios 2:8). Por eso se necesita la circuncisión espiritual, para cortar con todo lo terrenal y comenzar lo celestial, la nueva vida, la vida de resurrección. Tu problema para producir vida no es falta de vida; sino sobrante de carne. Dios saca lo que primero puso en ti; si no tienes semilla no tendrás cosecha; pero en ocasiones sí tienes semilla, sólo que la carne estorba su germinación. Hay que cortarla, así como se ablanda la tierra para sembrar. Desafortunadamente algunos se aferran a su carne y desean que Dios les de fruto respaldando sus obras sin circuncisión. La Palabra enseña que Abraham insistió por Ismael: “Y dijo Abraham a Dios: Ojala Ismael viva delante de ti” (Génesis 17:18). Cuando tenemos frutos de obras de la carne, no me refiero a pecados, sino a cosas que consideramos buenas o provechosas (aunque para Dios están muertas por nacer de la carne), solemos insistir en testificar de ellas o en que sean consideradas como provechosas para el reino. No nos gusta que tales obras sean descalificadas y queremos ponerlas junto a los trofeos del reino como frutos aprobados. “yo hice esto y aquello”-decimos, como si el fin justificara los medios. Pero lo que es nacido de la carne, carne es. De ningún modo Ismael puede vivir delante de Dios, hay promesas para él, pero no puede ser la simiente prometida, pues no es producto de la fe en el poder de Dios. ¿Qué cosas has hecho tú que no viven delante de Dios? ¿Insistes en que te sean tomadas en cuenta aunque sabes que las hiciste por los motivos o de la forma equivocada? Por esto se necesita la circuncisión, quiar la carnalidad como señal y prueba del Pacto con Dios. “…y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1b). Una vez que Dios vuelve a hablarle a Abraham, le especifica que ande delante de Él y sea perfecto. Comprendamos: el patriarca ha andado delante de Sara, pues le hizo caso a su consejo en lugar de a la promesa de Dios. Andar delante de Dios es vivir según lo que Él dice y no según la opinión de los hombres. ¿Vives tú delante de Dios? Esto es lo que significa ser perfecto; es ser completo, obediente. No es impecable, sino completo. Has alcanzado lo que se espera de ti en el nivel que debes estar. Un bebé es completo si corresponde a lo que debe ser a los seis meses cuando tiene seis meses; y un joven es perfecto si corresponde a lo que debe ser a los quince años cuando tiene quince años. El bebé no está igualmente desarrollado que el joven, pero es igualmente completo que él según el nivel de cada uno. Eso es ser perfecto. Entonces Dios confirma su Pacto con Abraham, sólo que esta vez le pondrá una señal: la circuncisión: “este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros” (Génesis 17:10). Esta señal tiene varios propósitos: Primero, así como un judío es reconocido por la cicatriz de su cuerpo; así un cristiano es reconocido por la cicatriz de su corazón. Por eso dijo Dios que el no circuncidado es excluido de su pueblo: “y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto” (Génesis 17:14). Segundo, cortar la carne es recordar que somos engendrados y podemos engendrar sólo por el poder de Dios y no por el poder de los hombres. El propósito de la circuncisión es la procreación; lo contrario a esto es cuando los hijos de Jacob presionaron a Siquem y su gente que se circuncidaran para unirse a ellos y luego los mataron terriblemente vengando la violación de su hermana Dina (Génesis 34:15-25).Circuncisión sin engendrar hijos es mortandad. La religiosidad quita por quitar, pero sin dar vida. Tercero, circuncidar es doloroso; es como el esclavo marcado con hierro candente, que donde quiera que va recuerda que tiene Dueño. Abraham circuncidó a todos los de su casa (Génesis 17:23). No hay excepciones, todo el que quiera pertenecer al la casa del Padre ha de circuncidarse, cortar la carnalidad. Esto no es sencillo, sino doloroso, tanto el circuncidado como el que circuncida podrían negarse, pero no les está permitido. Dejar lo que es de la carne no es una opción, sino un mandamiento. El pasaje dice que fueron circuncidados tanto los nacidos en casa como los esclavos. En la iglesia tenemos los mismos derechos, pero algunos viven como hijos y otros como esclavos. Debes preguntarte si estás viviendo como hijo o como esclavo. La circuncisión tiene como objetivo transformar al hombre; es un contrato en el corazón: “Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (Génesis 17:11). La Palabra escrita en el corazón. La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Por lo que quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deuteronomio 10:16; Jeremías 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jeremías 31:33; Ezequiel 36:25-27; Hebreos 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Recuerda que tú no fuiste comprado por dinero como para menospreciar la circuncisión, sino que fuiste rescatado de la vana manera de vivir no con oro ni con plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19), ¡vive para Cristo! Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La circuncisión de Moisés. Ilustra cómo andar en el Nuevo Pacto. Sin excepción. Moisés recibió la encomienda de ir a sacar a los israelitas de Egipto cuando se le manifestó en la zarza. En dicha encomienda, el Señor le anunció que mataría a los primogénitos en Egipto que no estaban en su Pacto. ¿Recuerdas que la circuncisión es la señal de ese Pacto? Sin embargo, cuando iba hacia Egipto con su familia, Dios le salió al encuentro para matar a su hijo primogénito; ¡no lo había circuncidado! (Éxodo 4:24). Hay personas que intentan andar en el camino del Señor sin obedecer al Señor; o que buscan recibir los beneficios sin estar en su Pacto. Sin importar cuán gloriosa fuera la experiencia de Moisés con Dios, no podía evadir la señal del Pacto en su vida. Sin descanso. Sucedió en una posada, un lugar de descanso. Las posadas de aquellos tiempos eran lugares de descanso para los viajeros. ¿Cómo es posible que Moisés pudiera descansar siendo comisionado como libertador, pero andando fuera del Pacto de Dios? Hay personas cuyos hogares son un cultivo de aflicciones e intentan restaurar el hogar sin someterse al Nuevo Pacto. Dios había dicho a Moisés “Yo os sacaré de la aflicción... a una tierra que fluye leche y miel” (Éxodo 3:17). Solamente el Señor hace descansar (“venid a mí...”). “…a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127). La posada de muchos, con la que intentan descansar sin Dios son: diversiones, familia, pasatiempos, etc. Pero fuera del Pacto de Dios tu familia corre peligro. -“iré contigo y te daré descanso” –diría Dios a Moisés tiempo después (Éxodo 33). ¡Es su Presencia! Para dar libertad. Por falta de circuncisión se sigue en Egipto. Dios había encomendado a Moisés la liberación de los israelitas y Moisés se encaminó a cumplir con dicha misión a pesar de no estar en conformidad con el pacto entre Dios y su pueblo de circuncidar a sus hijos (Génesis 17: 14). Moisés intentó hacer la obra de Dios “a su manera” y si no fuera por la intervención de su esposa respecto de su hijo, Israel habría tenido que esperar a otro libertador para sacarlos de Egipto. Cuando no hay circuncisión del corazón, los creyentes siguen en Egipto bajo la influencia de faraón. La esposa de Moisés circuncidó a su hijo salvándole la vida. No creo que fuese sencillo tomar una piedra de pedernal y circuncidar a un muchacho sin anestesia ni atención médica; sin embargo, lo hizo por temor y obediencia a Dios. Demasiadas familias siguen en Egipto aunque asisten a la iglesia porque se han negado el dolor de decir: “basta, es hora de cortar la carne”. ¡Salva tu vida y a tu familia atreviéndote a circuncidar aquellas cosas que te mantienen en esclavitud! Todo esto es para dar a luz al primoigénito de Dios. Para Dios sólo hay lugar para un primogénito. De igual forma que Abraham produjo a Isaac después de ser circuncidado, Dios produjo a su primogénito Israel después de la circuncisión sacándolo de Egipto: “y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito” (Éxodo 4:22-23). ¿Sabes por qué Cristo no es formado en algunos creyentes? Porque no circuncidan su corazón. La carne estorba. Uno de los dos va a morir; no hay lugar para dos primogénitos, será el hijo de la carne o el hijo del espíritu, pero sólo uno sobrevivirá. Caín y Abel están dentro de ti; tú eres el huerto en donde la carne y el espíritu ofrecen sus ofrendas a Dios. No puedes evitarlo, sólo la ofrenda de uno será aceptada y la sangre correrá. Egipto o Israel. Esaú o Jacob. Hay una guerra en tu interior; así como Rebeca deseo la muerte al saber de la guerra en su vientre, así los creyentes tenemos una guerra a muerte en nuestro interior entre la carne y el espíritu. No puedes rehuirlo, la sangre va a ser derramada y sólo uno permanecerá en pie. La circuncisión de Josué. El propósito es dar herencia. “En aquel tiempo Yahwéh dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot. 4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. 5Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado” (Josué 5:2-5). Antes de cada nuevo nivel, habrá algo más que dejar de la antigua creación. ¿Crees que sólo una circuncisión necesitas? El alma necesita varias experiencias; de hecho, necesita muchas experiencias que le corten la carne. Esta no es la idea del hombre, sino de Dios. Fue Él quien le dijo a Josué que hiciera cuchillos afilados; es Él quien te persigue con un cuchillo afilado. Cuando detecta carne afila su cuchillo y comienza a perseguir. No te enojes conmigo, si por mi fuera te dejaría en paz; pero Él no te dejará en paz. Después de cada circuncisión vendrá una nueva recompensa. Dios mandó a Josué que circuncidara al pueblo no por un deseo insano contra ellos, sino para que pudieran heredar la tierra prometida. Eran el primogénito que salió de Egipto y venían por su doble porción de herencia. ¿Recuerdas que al primogénito se le daba una doble porción? Después de la circuncisión recibirían la leche y miel. Tu lo ves persiguiéndote con un cuchillo afilado, y es verdad; ¡pero también viene con un título de propiedad! El dolor será sólo un momento, pero la recompensa para siempre. La circuncisión le permite a Dios obtener su tierra; entonces Él dará la tierra al circuncidado. Después de ordenar la circuncisión a Abraham le prometió la tierra; y después de que Josué circuncidó al pueblo, obtuvo la tierra. La circuncisión le da algo a Dios y en consecuencia, Dios le da algo al hombre. El hombre y la tierra están íntimamente relacionados. El hombre fue hecho de tierra… Se nos llama “moradores del polvo” (Isaías 26:19) y “los que habitan en casa de barro” (Job 4:19). Y en el Nuevo Testamento Jesús preguntó: “cuando el Hijo del hombre venga, hallará fe en la tierra” (Lucas 18:8). La tierra no tiene fe, sino que se refiere al hombre. Siendo que Dios nos creó de tierra, ¿cómo escogió Dios la clase de tierra con la que haría al hombre? Desde el principio somos tierra deseable y el anhelo de Dios es que volvamos a serlo (Malaquías 3:12). Tan sólo consideremos el término “tierra” y la palabra “hombre”: Adamah se usa para “tierra” y Adam para “hombre”. La bendición de adamah depende de Adam, por ejemplo Génesis 2:5 expresa que mientras no había hombre que labrara la tierra, tampoco había hecho Dios llover. Y por eso es que una vez que Adam pecó, entonces Adamah fue maldecida (“por cuanto esto hicisteis, maldita será la tierra” Gén. 3:17); y cuando aumentó la maldad de Adam en el pecado de Caín, entonces Adamah perdía su fuerza (“la tierra no volverá a darte su fuerza” Génesis 4:12). Una de las últimas cosas que dice la Biblia es que la primera tierra pasó y había una nueva tierra (Apocalipsis 22:1). Ese es parte del plan divino, cambiar la vieja tierra en nueva. Por eso se habla de un viejo hombre y de un nuevo hombre. La tierra vieja está bajo maldición y produce espinos y cardos; pero la tierra nueva tiene amor, vida, gozo, etc. (Apocalipsis 22:1-4; 22:1-4). Cuando la tierra fija estaba llena de violencia, Dios destruyó a la tierra que caminaba; es decir, a los hombres; los cuales causaban dicha violencia (Génesis 6:13). Una vez que terminó el juicio del diluvio (nota que es poner la tierra bajo el agua; es decir, sepultar la tierra), y que sólo quedó “tierra santa”; a saber, Noé que hizo un altar y ofreció sacrificios a Dios; entonces Dios prometió no volver a ocultar su rostro de la tierra (no más diluvio de agua). Para Dios, “la faz de la tierra” era sólo de violencia. La faz significa el rostro. El rostro de la tierra no era más a su imagen y semejanza, sino a imagen de Satanás; por eso Dios “lavó el rostro a la tierra”, a la vez que ocultó su propio Rostro de ella, hasta que volvió a quedar la tierra con un rostro limpio y que sólo veía en ella su propia imagen y semejanza. También a eso se debe que una vez que Dios le ordena a Abraham circuncidarse, el patriarca pusiera su rostro en tierra; esto es, que sólo el Rostro de Dios prevalezca (Génesis 17:17). El cumplimiento en Jesús. En cierto modo, Josué es la mezcla de ambas circuncisiones, la de Abraham y la de Moisés. Josué es Jesús, Cristo. Tiene el propósito de dejar atrás Egipto como la circuncisión de Moisés; pero también de producir al primogénito de Dios: Israel en la tierra prometida. No te quedes sólo fuera de Egipto viviendo en el desierto; ¡avanza hasta poseer el reino, la tierra prometida! En Jesús hay tres circuncisiones: a) Para engendrarlo en el vientre de María. Dios no utilizó semilla de carne (hombre), anuló a José. b) A los ocho días de nacido para vivir como el Hijo del Hombre guardando los mandamientos de Moisés. c) En la cruz, cuando le fue quitada su carne y con ella, las limitaciones de esta vida liberando al Hombre espiritual: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:3-4). Antes de la circuncisión de la cruz, Jesús es llamado el Hijo Unigénito de Dios (Juan 1:18); pero después de la circuncisión de la cruz es llamado el Primogénito de Dios (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5). La cruz fue la circuncisión que liberó la herencia y la nueva relación de la nueva creación. Por eso dice la Palabra que la muerte no lo pudo retener, el griego lo expresa como una matriz que no puede retener el nacimiento de un hijo (Hechos 2:24). El cumplimiento en la iglesia. Nosotros tenemos las mismas circuncisiones que Jesús: a) En el nuevo nacimiento fuimos engendrados de Dios y no de los hombres (Juan 1:12-13). b) En el bautismo al recién convertirnos para comenzar a ser cristianos (Romanos 6:4). c) En la experiencia de la vida cristiana quitando progresivamente la carnalidad para guardar los mandamientos de Dios. Esta es la circuncisión del corazón. La circuncisión es tanto una obra de Dios como una obra de los hombres. Obra de Dios: “Y circuncidará Yahwéh tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia” (Deuteronomio 30:6). Su mano llega más adentro que la mía. Imagina la extracción de una bala de tu cuerpo: hay cierto punto de dolor en donde no irías más allá por el dolor mismo o por desfallecimiento de fuerzas. Necesitas al Médico que puede ir más allá. Además, Él circuncidará también a la descendencia. ¿Quién sino Dios para llegar al interior de los hijos y de los nietos? ¿Cómo alcanzarás a los hijos de tus nietos y a los hijos de ellos? Abraham tuvo a Ismael sin ser circuncidado e Ismael fue un varón fiero. Luego tuvo a Isaac ya siendo circuncidado y fue el hijo de la promesa. Al circuncidar Dios tu corazón adquieres promesas para tus hijos y los hijos de tus hijos. Obra tuya: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz” (Deuteronomio 10:16). Hay cosas que sólo Dios puede cortar; pero hay otras cosas en nosotros que aunque Él puede cortarlas, las deja allí para que seamos nosotros quienes las quitemos. ¿Por qué? Son los sacrificios del amor. Por un lado, cortar. Cortar requiere dividir, separar y es doloroso. La autosuficiencia y los hábitos de maldad necesitan ser cortados. Decisiones firmes de dependencia, humildad y consagración. Ser cristiano no es para aquellos que se desmayan al ver sangre. Por otro lado, ablandar. Ablandar requiere golpear y ceder. La cerviz es una metáfora de cómo los bueyes terminaban rindiéndose al yugo del arado. Endurecer la cerviz es como el buey que jalonea y patalea tratando de quitarse el yugo del arado. Hay personas que se lastiman por independientes. Rechazan el yugo, se resisten a la obediencia y quieren escoger por sí mismos el camino a andar. Jesús dijo que si llevamos su yugo podremos hallar descanso para nuestra alma: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). El estrés se origina en un corazón no circuncidado, una cerviz endurecida. Y a todo esto, ¿cuál es el propósito de la circuncisión? “…para que ames a Yahwéh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y que vivas” (Dt. 30:6).
— Roberto Tinoco
Romanos 2:27
2.25-29 El sello del judaísmo es la circuncisión; y es también la señal del Antiguo Pacto. Los judíos estaban muy satisfechos de tener la religión más antigua basada en Dios; su patriarca era Abraham y contaban entre sus héroes a Moisés. Cuando el Señor les ordenó la circuncisión, tenía como propósito cortar la suficiencia en la carne. Mira como inicia el mandamiento de la circuncisión: en Génesis 16 Abram engendró a Ismael, pero en Génesis 17 Dios aparece a Abram amonestándole andar delante de Él, prometiéndole a Isaac y ordenándole la circuncisión; es decir, a no volver a confiar en su carne, sino en el poder de Dios. Pablo está tomando el mismo principio para explicarle a los romanos y de paso a los judíos, que los que están circuncidados en su cuerpo, pero que no han dejado su carnalidad (pues desobedecen la ley), es como si no estuvieran circuncidados. Sus obras son ismaeles y no son aceptadas por Dios. A diferencia de aquellos cuyos cuerpos de carne no están circuncisos, pero sus almas se han sometido a las disposiciones de Dios, son vistos como judíos circuncidados. ¿Qué es la circuncisión del corazón? La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Dt. 10:16; Jer. 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jer. 31:33; Eze. 36:25-27; Heb. 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La diferencia entre la vida interior y la imitación es la circuncisión del corazón. Conforme crece la iglesia en número de miembros y avanza el tiempo de mi servicio como pastor, he podido observar que algunas personas de las que se congregan conservan aspectos pecaminosos de su vida anterior; también reacciones carnales, descontrol emocional, actitudes egoístas y demás cosas que debieran haber sido superadas ya. No me refiero a quienes comienzan a caminar en la fe, sino a personas que debiendo presentar madurez, actúan no sólo como niños, sino como inconversos. El peor mal contra la iglesia no procede del mundo y ni siquiera de Satanás, sino de esa clase de hermanos que afrentan la reputación del evangelio. Al respecto de terminar con la pasada manera de vivir y dar inicio a la nueva, la Biblia utiliza algunas figuras para ilustrarlo; entre ellas se encuentra la circuncisión. Sabemos lo que este acto significa en lo natural, pero, ¿cuál es su significado espiritual? La circuncisión es una figura de la obra de Dios en el corazón humano que tiene en propósito de despojarle de la carnalidad a fin de que el hombre pueda amar a Dios y hacer su voluntad. Veamos ejemplos de personas a quienes Dios ordenó la circuncisión, incluyendo el origen de la misma, entendemos su significado más pleno y su aplicación a nuestra vida: La circuncisión de Abraham. Primero veamos lo que le sucedió para cortar las obras de la carne, simbolizadas en la producción de Ismael. En el capítulo 15 del Génesis lo vemos pactando con Dios; pero en el capítulo 16 desesperado por la presión de Sara, engendra a Ismael. Dios espera 13 años para luego volver a hablarle a Abraham. Hay creyentes que teniendo las promesas de Dios desesperan y se lanzan a hacer las cosas según su propia voluntad y no conforme a lo que Dios ha dicho. Luego se preguntan por qué Dios no les habla (o lo que es peor, creen que les sigue hablando confundiendo su voz con la de Dios). El Señor esperará lo necesario para volver a hablar; es decir, hasta que el hombre carnal esté lo suficientemente frustrado como para no poder engendrar nada más. Sólo después de esto, Abraham fue circuncidado a los 99 años. Abraham fue circuncidado antes de cumplir el siglo de vida. La Biblia considera a la presente era como “el siglo” (Mateo 24:24); el fin del siglo y el comienzo del nuevo siglo es una forma de decir que ha pasado lo terrenal y comenzado lo celestial. Abraham fue circuncidado a los noventa y nueve años de vida a fin de comenzar el nuevo siglo según la nueva vida que Dios le había dado, la vida de resurrección con un nuevo nombre, llevando el Nombre de Dios sobre él y recibiendo el nacimiento del hijo prometido, la simiente que habría de venir. ¿En qué siglo vives? A la era terrenal se le llama “el presente siglo malo” (Gálatas 1:4); y a Satanás se le llama el dios de este siglo (2 Corintios 4:4); y también la Palabra habla de los príncipes de este siglo (1 Corintios 2:8). Por eso se necesita la circuncisión espiritual, para cortar con todo lo terrenal y comenzar lo celestial, la nueva vida, la vida de resurrección. Tu problema para producir vida no es falta de vida; sino sobrante de carne. Dios saca lo que primero puso en ti; si no tienes semilla no tendrás cosecha; pero en ocasiones sí tienes semilla, sólo que la carne estorba su germinación. Hay que cortarla, así como se ablanda la tierra para sembrar. Desafortunadamente algunos se aferran a su carne y desean que Dios les de fruto respaldando sus obras sin circuncisión. La Palabra enseña que Abraham insistió por Ismael: “Y dijo Abraham a Dios: Ojala Ismael viva delante de ti” (Génesis 17:18). Cuando tenemos frutos de obras de la carne, no me refiero a pecados, sino a cosas que consideramos buenas o provechosas (aunque para Dios están muertas por nacer de la carne), solemos insistir en testificar de ellas o en que sean consideradas como provechosas para el reino. No nos gusta que tales obras sean descalificadas y queremos ponerlas junto a los trofeos del reino como frutos aprobados. “yo hice esto y aquello”-decimos, como si el fin justificara los medios. Pero lo que es nacido de la carne, carne es. De ningún modo Ismael puede vivir delante de Dios, hay promesas para él, pero no puede ser la simiente prometida, pues no es producto de la fe en el poder de Dios. ¿Qué cosas has hecho tú que no viven delante de Dios? ¿Insistes en que te sean tomadas en cuenta aunque sabes que las hiciste por los motivos o de la forma equivocada? Por esto se necesita la circuncisión, quiar la carnalidad como señal y prueba del Pacto con Dios. “…y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1b). Una vez que Dios vuelve a hablarle a Abraham, le especifica que ande delante de Él y sea perfecto. Comprendamos: el patriarca ha andado delante de Sara, pues le hizo caso a su consejo en lugar de a la promesa de Dios. Andar delante de Dios es vivir según lo que Él dice y no según la opinión de los hombres. ¿Vives tú delante de Dios? Esto es lo que significa ser perfecto; es ser completo, obediente. No es impecable, sino completo. Has alcanzado lo que se espera de ti en el nivel que debes estar. Un bebé es completo si corresponde a lo que debe ser a los seis meses cuando tiene seis meses; y un joven es perfecto si corresponde a lo que debe ser a los quince años cuando tiene quince años. El bebé no está igualmente desarrollado que el joven, pero es igualmente completo que él según el nivel de cada uno. Eso es ser perfecto. Entonces Dios confirma su Pacto con Abraham, sólo que esta vez le pondrá una señal: la circuncisión: “este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros” (Génesis 17:10). Esta señal tiene varios propósitos: Primero, así como un judío es reconocido por la cicatriz de su cuerpo; así un cristiano es reconocido por la cicatriz de su corazón. Por eso dijo Dios que el no circuncidado es excluido de su pueblo: “y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto” (Génesis 17:14). Segundo, cortar la carne es recordar que somos engendrados y podemos engendrar sólo por el poder de Dios y no por el poder de los hombres. El propósito de la circuncisión es la procreación; lo contrario a esto es cuando los hijos de Jacob presionaron a Siquem y su gente que se circuncidaran para unirse a ellos y luego los mataron terriblemente vengando la violación de su hermana Dina (Génesis 34:15-25).Circuncisión sin engendrar hijos es mortandad. La religiosidad quita por quitar, pero sin dar vida. Tercero, circuncidar es doloroso; es como el esclavo marcado con hierro candente, que donde quiera que va recuerda que tiene Dueño. Abraham circuncidó a todos los de su casa (Génesis 17:23). No hay excepciones, todo el que quiera pertenecer al la casa del Padre ha de circuncidarse, cortar la carnalidad. Esto no es sencillo, sino doloroso, tanto el circuncidado como el que circuncida podrían negarse, pero no les está permitido. Dejar lo que es de la carne no es una opción, sino un mandamiento. El pasaje dice que fueron circuncidados tanto los nacidos en casa como los esclavos. En la iglesia tenemos los mismos derechos, pero algunos viven como hijos y otros como esclavos. Debes preguntarte si estás viviendo como hijo o como esclavo. La circuncisión tiene como objetivo transformar al hombre; es un contrato en el corazón: “Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (Génesis 17:11). La Palabra escrita en el corazón. La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Por lo que quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deuteronomio 10:16; Jeremías 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jeremías 31:33; Ezequiel 36:25-27; Hebreos 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Recuerda que tú no fuiste comprado por dinero como para menospreciar la circuncisión, sino que fuiste rescatado de la vana manera de vivir no con oro ni con plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19), ¡vive para Cristo! Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La circuncisión de Moisés. Ilustra cómo andar en el Nuevo Pacto. Sin excepción. Moisés recibió la encomienda de ir a sacar a los israelitas de Egipto cuando se le manifestó en la zarza. En dicha encomienda, el Señor le anunció que mataría a los primogénitos en Egipto que no estaban en su Pacto. ¿Recuerdas que la circuncisión es la señal de ese Pacto? Sin embargo, cuando iba hacia Egipto con su familia, Dios le salió al encuentro para matar a su hijo primogénito; ¡no lo había circuncidado! (Éxodo 4:24). Hay personas que intentan andar en el camino del Señor sin obedecer al Señor; o que buscan recibir los beneficios sin estar en su Pacto. Sin importar cuán gloriosa fuera la experiencia de Moisés con Dios, no podía evadir la señal del Pacto en su vida. Sin descanso. Sucedió en una posada, un lugar de descanso. Las posadas de aquellos tiempos eran lugares de descanso para los viajeros. ¿Cómo es posible que Moisés pudiera descansar siendo comisionado como libertador, pero andando fuera del Pacto de Dios? Hay personas cuyos hogares son un cultivo de aflicciones e intentan restaurar el hogar sin someterse al Nuevo Pacto. Dios había dicho a Moisés “Yo os sacaré de la aflicción... a una tierra que fluye leche y miel” (Éxodo 3:17). Solamente el Señor hace descansar (“venid a mí...”). “…a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127). La posada de muchos, con la que intentan descansar sin Dios son: diversiones, familia, pasatiempos, etc. Pero fuera del Pacto de Dios tu familia corre peligro. -“iré contigo y te daré descanso” –diría Dios a Moisés tiempo después (Éxodo 33). ¡Es su Presencia! Para dar libertad. Por falta de circuncisión se sigue en Egipto. Dios había encomendado a Moisés la liberación de los israelitas y Moisés se encaminó a cumplir con dicha misión a pesar de no estar en conformidad con el pacto entre Dios y su pueblo de circuncidar a sus hijos (Génesis 17: 14). Moisés intentó hacer la obra de Dios “a su manera” y si no fuera por la intervención de su esposa respecto de su hijo, Israel habría tenido que esperar a otro libertador para sacarlos de Egipto. Cuando no hay circuncisión del corazón, los creyentes siguen en Egipto bajo la influencia de faraón. La esposa de Moisés circuncidó a su hijo salvándole la vida. No creo que fuese sencillo tomar una piedra de pedernal y circuncidar a un muchacho sin anestesia ni atención médica; sin embargo, lo hizo por temor y obediencia a Dios. Demasiadas familias siguen en Egipto aunque asisten a la iglesia porque se han negado el dolor de decir: “basta, es hora de cortar la carne”. ¡Salva tu vida y a tu familia atreviéndote a circuncidar aquellas cosas que te mantienen en esclavitud! Todo esto es para dar a luz al primoigénito de Dios. Para Dios sólo hay lugar para un primogénito. De igual forma que Abraham produjo a Isaac después de ser circuncidado, Dios produjo a su primogénito Israel después de la circuncisión sacándolo de Egipto: “y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito” (Éxodo 4:22-23). ¿Sabes por qué Cristo no es formado en algunos creyentes? Porque no circuncidan su corazón. La carne estorba. Uno de los dos va a morir; no hay lugar para dos primogénitos, será el hijo de la carne o el hijo del espíritu, pero sólo uno sobrevivirá. Caín y Abel están dentro de ti; tú eres el huerto en donde la carne y el espíritu ofrecen sus ofrendas a Dios. No puedes evitarlo, sólo la ofrenda de uno será aceptada y la sangre correrá. Egipto o Israel. Esaú o Jacob. Hay una guerra en tu interior; así como Rebeca deseo la muerte al saber de la guerra en su vientre, así los creyentes tenemos una guerra a muerte en nuestro interior entre la carne y el espíritu. No puedes rehuirlo, la sangre va a ser derramada y sólo uno permanecerá en pie. La circuncisión de Josué. El propósito es dar herencia. “En aquel tiempo Yahwéh dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot. 4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. 5Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado” (Josué 5:2-5). Antes de cada nuevo nivel, habrá algo más que dejar de la antigua creación. ¿Crees que sólo una circuncisión necesitas? El alma necesita varias experiencias; de hecho, necesita muchas experiencias que le corten la carne. Esta no es la idea del hombre, sino de Dios. Fue Él quien le dijo a Josué que hiciera cuchillos afilados; es Él quien te persigue con un cuchillo afilado. Cuando detecta carne afila su cuchillo y comienza a perseguir. No te enojes conmigo, si por mi fuera te dejaría en paz; pero Él no te dejará en paz. Después de cada circuncisión vendrá una nueva recompensa. Dios mandó a Josué que circuncidara al pueblo no por un deseo insano contra ellos, sino para que pudieran heredar la tierra prometida. Eran el primogénito que salió de Egipto y venían por su doble porción de herencia. ¿Recuerdas que al primogénito se le daba una doble porción? Después de la circuncisión recibirían la leche y miel. Tu lo ves persiguiéndote con un cuchillo afilado, y es verdad; ¡pero también viene con un título de propiedad! El dolor será sólo un momento, pero la recompensa para siempre. La circuncisión le permite a Dios obtener su tierra; entonces Él dará la tierra al circuncidado. Después de ordenar la circuncisión a Abraham le prometió la tierra; y después de que Josué circuncidó al pueblo, obtuvo la tierra. La circuncisión le da algo a Dios y en consecuencia, Dios le da algo al hombre. El hombre y la tierra están íntimamente relacionados. El hombre fue hecho de tierra… Se nos llama “moradores del polvo” (Isaías 26:19) y “los que habitan en casa de barro” (Job 4:19). Y en el Nuevo Testamento Jesús preguntó: “cuando el Hijo del hombre venga, hallará fe en la tierra” (Lucas 18:8). La tierra no tiene fe, sino que se refiere al hombre. Siendo que Dios nos creó de tierra, ¿cómo escogió Dios la clase de tierra con la que haría al hombre? Desde el principio somos tierra deseable y el anhelo de Dios es que volvamos a serlo (Malaquías 3:12). Tan sólo consideremos el término “tierra” y la palabra “hombre”: Adamah se usa para “tierra” y Adam para “hombre”. La bendición de adamah depende de Adam, por ejemplo Génesis 2:5 expresa que mientras no había hombre que labrara la tierra, tampoco había hecho Dios llover. Y por eso es que una vez que Adam pecó, entonces Adamah fue maldecida (“por cuanto esto hicisteis, maldita será la tierra” Gén. 3:17); y cuando aumentó la maldad de Adam en el pecado de Caín, entonces Adamah perdía su fuerza (“la tierra no volverá a darte su fuerza” Génesis 4:12). Una de las últimas cosas que dice la Biblia es que la primera tierra pasó y había una nueva tierra (Apocalipsis 22:1). Ese es parte del plan divino, cambiar la vieja tierra en nueva. Por eso se habla de un viejo hombre y de un nuevo hombre. La tierra vieja está bajo maldición y produce espinos y cardos; pero la tierra nueva tiene amor, vida, gozo, etc. (Apocalipsis 22:1-4; 22:1-4). Cuando la tierra fija estaba llena de violencia, Dios destruyó a la tierra que caminaba; es decir, a los hombres; los cuales causaban dicha violencia (Génesis 6:13). Una vez que terminó el juicio del diluvio (nota que es poner la tierra bajo el agua; es decir, sepultar la tierra), y que sólo quedó “tierra santa”; a saber, Noé que hizo un altar y ofreció sacrificios a Dios; entonces Dios prometió no volver a ocultar su rostro de la tierra (no más diluvio de agua). Para Dios, “la faz de la tierra” era sólo de violencia. La faz significa el rostro. El rostro de la tierra no era más a su imagen y semejanza, sino a imagen de Satanás; por eso Dios “lavó el rostro a la tierra”, a la vez que ocultó su propio Rostro de ella, hasta que volvió a quedar la tierra con un rostro limpio y que sólo veía en ella su propia imagen y semejanza. También a eso se debe que una vez que Dios le ordena a Abraham circuncidarse, el patriarca pusiera su rostro en tierra; esto es, que sólo el Rostro de Dios prevalezca (Génesis 17:17). El cumplimiento en Jesús. En cierto modo, Josué es la mezcla de ambas circuncisiones, la de Abraham y la de Moisés. Josué es Jesús, Cristo. Tiene el propósito de dejar atrás Egipto como la circuncisión de Moisés; pero también de producir al primogénito de Dios: Israel en la tierra prometida. No te quedes sólo fuera de Egipto viviendo en el desierto; ¡avanza hasta poseer el reino, la tierra prometida! En Jesús hay tres circuncisiones: a) Para engendrarlo en el vientre de María. Dios no utilizó semilla de carne (hombre), anuló a José. b) A los ocho días de nacido para vivir como el Hijo del Hombre guardando los mandamientos de Moisés. c) En la cruz, cuando le fue quitada su carne y con ella, las limitaciones de esta vida liberando al Hombre espiritual: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:3-4). Antes de la circuncisión de la cruz, Jesús es llamado el Hijo Unigénito de Dios (Juan 1:18); pero después de la circuncisión de la cruz es llamado el Primogénito de Dios (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5). La cruz fue la circuncisión que liberó la herencia y la nueva relación de la nueva creación. Por eso dice la Palabra que la muerte no lo pudo retener, el griego lo expresa como una matriz que no puede retener el nacimiento de un hijo (Hechos 2:24). El cumplimiento en la iglesia. Nosotros tenemos las mismas circuncisiones que Jesús: a) En el nuevo nacimiento fuimos engendrados de Dios y no de los hombres (Juan 1:12-13). b) En el bautismo al recién convertirnos para comenzar a ser cristianos (Romanos 6:4). c) En la experiencia de la vida cristiana quitando progresivamente la carnalidad para guardar los mandamientos de Dios. Esta es la circuncisión del corazón. La circuncisión es tanto una obra de Dios como una obra de los hombres. Obra de Dios: “Y circuncidará Yahwéh tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia” (Deuteronomio 30:6). Su mano llega más adentro que la mía. Imagina la extracción de una bala de tu cuerpo: hay cierto punto de dolor en donde no irías más allá por el dolor mismo o por desfallecimiento de fuerzas. Necesitas al Médico que puede ir más allá. Además, Él circuncidará también a la descendencia. ¿Quién sino Dios para llegar al interior de los hijos y de los nietos? ¿Cómo alcanzarás a los hijos de tus nietos y a los hijos de ellos? Abraham tuvo a Ismael sin ser circuncidado e Ismael fue un varón fiero. Luego tuvo a Isaac ya siendo circuncidado y fue el hijo de la promesa. Al circuncidar Dios tu corazón adquieres promesas para tus hijos y los hijos de tus hijos. Obra tuya: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz” (Deuteronomio 10:16). Hay cosas que sólo Dios puede cortar; pero hay otras cosas en nosotros que aunque Él puede cortarlas, las deja allí para que seamos nosotros quienes las quitemos. ¿Por qué? Son los sacrificios del amor. Por un lado, cortar. Cortar requiere dividir, separar y es doloroso. La autosuficiencia y los hábitos de maldad necesitan ser cortados. Decisiones firmes de dependencia, humildad y consagración. Ser cristiano no es para aquellos que se desmayan al ver sangre. Por otro lado, ablandar. Ablandar requiere golpear y ceder. La cerviz es una metáfora de cómo los bueyes terminaban rindiéndose al yugo del arado. Endurecer la cerviz es como el buey que jalonea y patalea tratando de quitarse el yugo del arado. Hay personas que se lastiman por independientes. Rechazan el yugo, se resisten a la obediencia y quieren escoger por sí mismos el camino a andar. Jesús dijo que si llevamos su yugo podremos hallar descanso para nuestra alma: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). El estrés se origina en un corazón no circuncidado, una cerviz endurecida. Y a todo esto, ¿cuál es el propósito de la circuncisión? “…para que ames a Yahwéh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y que vivas” (Dt. 30:6).
— Roberto Tinoco
Romanos 2:28
2.25-29 El sello del judaísmo es la circuncisión; y es también la señal del Antiguo Pacto. Los judíos estaban muy satisfechos de tener la religión más antigua basada en Dios; su patriarca era Abraham y contaban entre sus héroes a Moisés. Cuando el Señor les ordenó la circuncisión, tenía como propósito cortar la suficiencia en la carne. Mira como inicia el mandamiento de la circuncisión: en Génesis 16 Abram engendró a Ismael, pero en Génesis 17 Dios aparece a Abram amonestándole andar delante de Él, prometiéndole a Isaac y ordenándole la circuncisión; es decir, a no volver a confiar en su carne, sino en el poder de Dios. Pablo está tomando el mismo principio para explicarle a los romanos y de paso a los judíos, que los que están circuncidados en su cuerpo, pero que no han dejado su carnalidad (pues desobedecen la ley), es como si no estuvieran circuncidados. Sus obras son ismaeles y no son aceptadas por Dios. A diferencia de aquellos cuyos cuerpos de carne no están circuncisos, pero sus almas se han sometido a las disposiciones de Dios, son vistos como judíos circuncidados. ¿Qué es la circuncisión del corazón? La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Dt. 10:16; Jer. 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jer. 31:33; Eze. 36:25-27; Heb. 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La diferencia entre la vida interior y la imitación es la circuncisión del corazón. Conforme crece la iglesia en número de miembros y avanza el tiempo de mi servicio como pastor, he podido observar que algunas personas de las que se congregan conservan aspectos pecaminosos de su vida anterior; también reacciones carnales, descontrol emocional, actitudes egoístas y demás cosas que debieran haber sido superadas ya. No me refiero a quienes comienzan a caminar en la fe, sino a personas que debiendo presentar madurez, actúan no sólo como niños, sino como inconversos. El peor mal contra la iglesia no procede del mundo y ni siquiera de Satanás, sino de esa clase de hermanos que afrentan la reputación del evangelio. Al respecto de terminar con la pasada manera de vivir y dar inicio a la nueva, la Biblia utiliza algunas figuras para ilustrarlo; entre ellas se encuentra la circuncisión. Sabemos lo que este acto significa en lo natural, pero, ¿cuál es su significado espiritual? La circuncisión es una figura de la obra de Dios en el corazón humano que tiene en propósito de despojarle de la carnalidad a fin de que el hombre pueda amar a Dios y hacer su voluntad. Veamos ejemplos de personas a quienes Dios ordenó la circuncisión, incluyendo el origen de la misma, entendemos su significado más pleno y su aplicación a nuestra vida: La circuncisión de Abraham. Primero veamos lo que le sucedió para cortar las obras de la carne, simbolizadas en la producción de Ismael. En el capítulo 15 del Génesis lo vemos pactando con Dios; pero en el capítulo 16 desesperado por la presión de Sara, engendra a Ismael. Dios espera 13 años para luego volver a hablarle a Abraham. Hay creyentes que teniendo las promesas de Dios desesperan y se lanzan a hacer las cosas según su propia voluntad y no conforme a lo que Dios ha dicho. Luego se preguntan por qué Dios no les habla (o lo que es peor, creen que les sigue hablando confundiendo su voz con la de Dios). El Señor esperará lo necesario para volver a hablar; es decir, hasta que el hombre carnal esté lo suficientemente frustrado como para no poder engendrar nada más. Sólo después de esto, Abraham fue circuncidado a los 99 años. Abraham fue circuncidado antes de cumplir el siglo de vida. La Biblia considera a la presente era como “el siglo” (Mateo 24:24); el fin del siglo y el comienzo del nuevo siglo es una forma de decir que ha pasado lo terrenal y comenzado lo celestial. Abraham fue circuncidado a los noventa y nueve años de vida a fin de comenzar el nuevo siglo según la nueva vida que Dios le había dado, la vida de resurrección con un nuevo nombre, llevando el Nombre de Dios sobre él y recibiendo el nacimiento del hijo prometido, la simiente que habría de venir. ¿En qué siglo vives? A la era terrenal se le llama “el presente siglo malo” (Gálatas 1:4); y a Satanás se le llama el dios de este siglo (2 Corintios 4:4); y también la Palabra habla de los príncipes de este siglo (1 Corintios 2:8). Por eso se necesita la circuncisión espiritual, para cortar con todo lo terrenal y comenzar lo celestial, la nueva vida, la vida de resurrección. Tu problema para producir vida no es falta de vida; sino sobrante de carne. Dios saca lo que primero puso en ti; si no tienes semilla no tendrás cosecha; pero en ocasiones sí tienes semilla, sólo que la carne estorba su germinación. Hay que cortarla, así como se ablanda la tierra para sembrar. Desafortunadamente algunos se aferran a su carne y desean que Dios les de fruto respaldando sus obras sin circuncisión. La Palabra enseña que Abraham insistió por Ismael: “Y dijo Abraham a Dios: Ojala Ismael viva delante de ti” (Génesis 17:18). Cuando tenemos frutos de obras de la carne, no me refiero a pecados, sino a cosas que consideramos buenas o provechosas (aunque para Dios están muertas por nacer de la carne), solemos insistir en testificar de ellas o en que sean consideradas como provechosas para el reino. No nos gusta que tales obras sean descalificadas y queremos ponerlas junto a los trofeos del reino como frutos aprobados. “yo hice esto y aquello”-decimos, como si el fin justificara los medios. Pero lo que es nacido de la carne, carne es. De ningún modo Ismael puede vivir delante de Dios, hay promesas para él, pero no puede ser la simiente prometida, pues no es producto de la fe en el poder de Dios. ¿Qué cosas has hecho tú que no viven delante de Dios? ¿Insistes en que te sean tomadas en cuenta aunque sabes que las hiciste por los motivos o de la forma equivocada? Por esto se necesita la circuncisión, quiar la carnalidad como señal y prueba del Pacto con Dios. “…y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1b). Una vez que Dios vuelve a hablarle a Abraham, le especifica que ande delante de Él y sea perfecto. Comprendamos: el patriarca ha andado delante de Sara, pues le hizo caso a su consejo en lugar de a la promesa de Dios. Andar delante de Dios es vivir según lo que Él dice y no según la opinión de los hombres. ¿Vives tú delante de Dios? Esto es lo que significa ser perfecto; es ser completo, obediente. No es impecable, sino completo. Has alcanzado lo que se espera de ti en el nivel que debes estar. Un bebé es completo si corresponde a lo que debe ser a los seis meses cuando tiene seis meses; y un joven es perfecto si corresponde a lo que debe ser a los quince años cuando tiene quince años. El bebé no está igualmente desarrollado que el joven, pero es igualmente completo que él según el nivel de cada uno. Eso es ser perfecto. Entonces Dios confirma su Pacto con Abraham, sólo que esta vez le pondrá una señal: la circuncisión: “este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros” (Génesis 17:10). Esta señal tiene varios propósitos: Primero, así como un judío es reconocido por la cicatriz de su cuerpo; así un cristiano es reconocido por la cicatriz de su corazón. Por eso dijo Dios que el no circuncidado es excluido de su pueblo: “y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto” (Génesis 17:14). Segundo, cortar la carne es recordar que somos engendrados y podemos engendrar sólo por el poder de Dios y no por el poder de los hombres. El propósito de la circuncisión es la procreación; lo contrario a esto es cuando los hijos de Jacob presionaron a Siquem y su gente que se circuncidaran para unirse a ellos y luego los mataron terriblemente vengando la violación de su hermana Dina (Génesis 34:15-25).Circuncisión sin engendrar hijos es mortandad. La religiosidad quita por quitar, pero sin dar vida. Tercero, circuncidar es doloroso; es como el esclavo marcado con hierro candente, que donde quiera que va recuerda que tiene Dueño. Abraham circuncidó a todos los de su casa (Génesis 17:23). No hay excepciones, todo el que quiera pertenecer al la casa del Padre ha de circuncidarse, cortar la carnalidad. Esto no es sencillo, sino doloroso, tanto el circuncidado como el que circuncida podrían negarse, pero no les está permitido. Dejar lo que es de la carne no es una opción, sino un mandamiento. El pasaje dice que fueron circuncidados tanto los nacidos en casa como los esclavos. En la iglesia tenemos los mismos derechos, pero algunos viven como hijos y otros como esclavos. Debes preguntarte si estás viviendo como hijo o como esclavo. La circuncisión tiene como objetivo transformar al hombre; es un contrato en el corazón: “Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (Génesis 17:11). La Palabra escrita en el corazón. La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Por lo que quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deuteronomio 10:16; Jeremías 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jeremías 31:33; Ezequiel 36:25-27; Hebreos 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Recuerda que tú no fuiste comprado por dinero como para menospreciar la circuncisión, sino que fuiste rescatado de la vana manera de vivir no con oro ni con plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19), ¡vive para Cristo! Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La circuncisión de Moisés. Ilustra cómo andar en el Nuevo Pacto. Sin excepción. Moisés recibió la encomienda de ir a sacar a los israelitas de Egipto cuando se le manifestó en la zarza. En dicha encomienda, el Señor le anunció que mataría a los primogénitos en Egipto que no estaban en su Pacto. ¿Recuerdas que la circuncisión es la señal de ese Pacto? Sin embargo, cuando iba hacia Egipto con su familia, Dios le salió al encuentro para matar a su hijo primogénito; ¡no lo había circuncidado! (Éxodo 4:24). Hay personas que intentan andar en el camino del Señor sin obedecer al Señor; o que buscan recibir los beneficios sin estar en su Pacto. Sin importar cuán gloriosa fuera la experiencia de Moisés con Dios, no podía evadir la señal del Pacto en su vida. Sin descanso. Sucedió en una posada, un lugar de descanso. Las posadas de aquellos tiempos eran lugares de descanso para los viajeros. ¿Cómo es posible que Moisés pudiera descansar siendo comisionado como libertador, pero andando fuera del Pacto de Dios? Hay personas cuyos hogares son un cultivo de aflicciones e intentan restaurar el hogar sin someterse al Nuevo Pacto. Dios había dicho a Moisés “Yo os sacaré de la aflicción... a una tierra que fluye leche y miel” (Éxodo 3:17). Solamente el Señor hace descansar (“venid a mí...”). “…a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127). La posada de muchos, con la que intentan descansar sin Dios son: diversiones, familia, pasatiempos, etc. Pero fuera del Pacto de Dios tu familia corre peligro. -“iré contigo y te daré descanso” –diría Dios a Moisés tiempo después (Éxodo 33). ¡Es su Presencia! Para dar libertad. Por falta de circuncisión se sigue en Egipto. Dios había encomendado a Moisés la liberación de los israelitas y Moisés se encaminó a cumplir con dicha misión a pesar de no estar en conformidad con el pacto entre Dios y su pueblo de circuncidar a sus hijos (Génesis 17: 14). Moisés intentó hacer la obra de Dios “a su manera” y si no fuera por la intervención de su esposa respecto de su hijo, Israel habría tenido que esperar a otro libertador para sacarlos de Egipto. Cuando no hay circuncisión del corazón, los creyentes siguen en Egipto bajo la influencia de faraón. La esposa de Moisés circuncidó a su hijo salvándole la vida. No creo que fuese sencillo tomar una piedra de pedernal y circuncidar a un muchacho sin anestesia ni atención médica; sin embargo, lo hizo por temor y obediencia a Dios. Demasiadas familias siguen en Egipto aunque asisten a la iglesia porque se han negado el dolor de decir: “basta, es hora de cortar la carne”. ¡Salva tu vida y a tu familia atreviéndote a circuncidar aquellas cosas que te mantienen en esclavitud! Todo esto es para dar a luz al primoigénito de Dios. Para Dios sólo hay lugar para un primogénito. De igual forma que Abraham produjo a Isaac después de ser circuncidado, Dios produjo a su primogénito Israel después de la circuncisión sacándolo de Egipto: “y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito” (Éxodo 4:22-23). ¿Sabes por qué Cristo no es formado en algunos creyentes? Porque no circuncidan su corazón. La carne estorba. Uno de los dos va a morir; no hay lugar para dos primogénitos, será el hijo de la carne o el hijo del espíritu, pero sólo uno sobrevivirá. Caín y Abel están dentro de ti; tú eres el huerto en donde la carne y el espíritu ofrecen sus ofrendas a Dios. No puedes evitarlo, sólo la ofrenda de uno será aceptada y la sangre correrá. Egipto o Israel. Esaú o Jacob. Hay una guerra en tu interior; así como Rebeca deseo la muerte al saber de la guerra en su vientre, así los creyentes tenemos una guerra a muerte en nuestro interior entre la carne y el espíritu. No puedes rehuirlo, la sangre va a ser derramada y sólo uno permanecerá en pie. La circuncisión de Josué. El propósito es dar herencia. “En aquel tiempo Yahwéh dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot. 4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. 5Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado” (Josué 5:2-5). Antes de cada nuevo nivel, habrá algo más que dejar de la antigua creación. ¿Crees que sólo una circuncisión necesitas? El alma necesita varias experiencias; de hecho, necesita muchas experiencias que le corten la carne. Esta no es la idea del hombre, sino de Dios. Fue Él quien le dijo a Josué que hiciera cuchillos afilados; es Él quien te persigue con un cuchillo afilado. Cuando detecta carne afila su cuchillo y comienza a perseguir. No te enojes conmigo, si por mi fuera te dejaría en paz; pero Él no te dejará en paz. Después de cada circuncisión vendrá una nueva recompensa. Dios mandó a Josué que circuncidara al pueblo no por un deseo insano contra ellos, sino para que pudieran heredar la tierra prometida. Eran el primogénito que salió de Egipto y venían por su doble porción de herencia. ¿Recuerdas que al primogénito se le daba una doble porción? Después de la circuncisión recibirían la leche y miel. Tu lo ves persiguiéndote con un cuchillo afilado, y es verdad; ¡pero también viene con un título de propiedad! El dolor será sólo un momento, pero la recompensa para siempre. La circuncisión le permite a Dios obtener su tierra; entonces Él dará la tierra al circuncidado. Después de ordenar la circuncisión a Abraham le prometió la tierra; y después de que Josué circuncidó al pueblo, obtuvo la tierra. La circuncisión le da algo a Dios y en consecuencia, Dios le da algo al hombre. El hombre y la tierra están íntimamente relacionados. El hombre fue hecho de tierra… Se nos llama “moradores del polvo” (Isaías 26:19) y “los que habitan en casa de barro” (Job 4:19). Y en el Nuevo Testamento Jesús preguntó: “cuando el Hijo del hombre venga, hallará fe en la tierra” (Lucas 18:8). La tierra no tiene fe, sino que se refiere al hombre. Siendo que Dios nos creó de tierra, ¿cómo escogió Dios la clase de tierra con la que haría al hombre? Desde el principio somos tierra deseable y el anhelo de Dios es que volvamos a serlo (Malaquías 3:12). Tan sólo consideremos el término “tierra” y la palabra “hombre”: Adamah se usa para “tierra” y Adam para “hombre”. La bendición de adamah depende de Adam, por ejemplo Génesis 2:5 expresa que mientras no había hombre que labrara la tierra, tampoco había hecho Dios llover. Y por eso es que una vez que Adam pecó, entonces Adamah fue maldecida (“por cuanto esto hicisteis, maldita será la tierra” Gén. 3:17); y cuando aumentó la maldad de Adam en el pecado de Caín, entonces Adamah perdía su fuerza (“la tierra no volverá a darte su fuerza” Génesis 4:12). Una de las últimas cosas que dice la Biblia es que la primera tierra pasó y había una nueva tierra (Apocalipsis 22:1). Ese es parte del plan divino, cambiar la vieja tierra en nueva. Por eso se habla de un viejo hombre y de un nuevo hombre. La tierra vieja está bajo maldición y produce espinos y cardos; pero la tierra nueva tiene amor, vida, gozo, etc. (Apocalipsis 22:1-4; 22:1-4). Cuando la tierra fija estaba llena de violencia, Dios destruyó a la tierra que caminaba; es decir, a los hombres; los cuales causaban dicha violencia (Génesis 6:13). Una vez que terminó el juicio del diluvio (nota que es poner la tierra bajo el agua; es decir, sepultar la tierra), y que sólo quedó “tierra santa”; a saber, Noé que hizo un altar y ofreció sacrificios a Dios; entonces Dios prometió no volver a ocultar su rostro de la tierra (no más diluvio de agua). Para Dios, “la faz de la tierra” era sólo de violencia. La faz significa el rostro. El rostro de la tierra no era más a su imagen y semejanza, sino a imagen de Satanás; por eso Dios “lavó el rostro a la tierra”, a la vez que ocultó su propio Rostro de ella, hasta que volvió a quedar la tierra con un rostro limpio y que sólo veía en ella su propia imagen y semejanza. También a eso se debe que una vez que Dios le ordena a Abraham circuncidarse, el patriarca pusiera su rostro en tierra; esto es, que sólo el Rostro de Dios prevalezca (Génesis 17:17). El cumplimiento en Jesús. En cierto modo, Josué es la mezcla de ambas circuncisiones, la de Abraham y la de Moisés. Josué es Jesús, Cristo. Tiene el propósito de dejar atrás Egipto como la circuncisión de Moisés; pero también de producir al primogénito de Dios: Israel en la tierra prometida. No te quedes sólo fuera de Egipto viviendo en el desierto; ¡avanza hasta poseer el reino, la tierra prometida! En Jesús hay tres circuncisiones: a) Para engendrarlo en el vientre de María. Dios no utilizó semilla de carne (hombre), anuló a José. b) A los ocho días de nacido para vivir como el Hijo del Hombre guardando los mandamientos de Moisés. c) En la cruz, cuando le fue quitada su carne y con ella, las limitaciones de esta vida liberando al Hombre espiritual: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:3-4). Antes de la circuncisión de la cruz, Jesús es llamado el Hijo Unigénito de Dios (Juan 1:18); pero después de la circuncisión de la cruz es llamado el Primogénito de Dios (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5). La cruz fue la circuncisión que liberó la herencia y la nueva relación de la nueva creación. Por eso dice la Palabra que la muerte no lo pudo retener, el griego lo expresa como una matriz que no puede retener el nacimiento de un hijo (Hechos 2:24). El cumplimiento en la iglesia. Nosotros tenemos las mismas circuncisiones que Jesús: a) En el nuevo nacimiento fuimos engendrados de Dios y no de los hombres (Juan 1:12-13). b) En el bautismo al recién convertirnos para comenzar a ser cristianos (Romanos 6:4). c) En la experiencia de la vida cristiana quitando progresivamente la carnalidad para guardar los mandamientos de Dios. Esta es la circuncisión del corazón. La circuncisión es tanto una obra de Dios como una obra de los hombres. Obra de Dios: “Y circuncidará Yahwéh tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia” (Deuteronomio 30:6). Su mano llega más adentro que la mía. Imagina la extracción de una bala de tu cuerpo: hay cierto punto de dolor en donde no irías más allá por el dolor mismo o por desfallecimiento de fuerzas. Necesitas al Médico que puede ir más allá. Además, Él circuncidará también a la descendencia. ¿Quién sino Dios para llegar al interior de los hijos y de los nietos? ¿Cómo alcanzarás a los hijos de tus nietos y a los hijos de ellos? Abraham tuvo a Ismael sin ser circuncidado e Ismael fue un varón fiero. Luego tuvo a Isaac ya siendo circuncidado y fue el hijo de la promesa. Al circuncidar Dios tu corazón adquieres promesas para tus hijos y los hijos de tus hijos. Obra tuya: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz” (Deuteronomio 10:16). Hay cosas que sólo Dios puede cortar; pero hay otras cosas en nosotros que aunque Él puede cortarlas, las deja allí para que seamos nosotros quienes las quitemos. ¿Por qué? Son los sacrificios del amor. Por un lado, cortar. Cortar requiere dividir, separar y es doloroso. La autosuficiencia y los hábitos de maldad necesitan ser cortados. Decisiones firmes de dependencia, humildad y consagración. Ser cristiano no es para aquellos que se desmayan al ver sangre. Por otro lado, ablandar. Ablandar requiere golpear y ceder. La cerviz es una metáfora de cómo los bueyes terminaban rindiéndose al yugo del arado. Endurecer la cerviz es como el buey que jalonea y patalea tratando de quitarse el yugo del arado. Hay personas que se lastiman por independientes. Rechazan el yugo, se resisten a la obediencia y quieren escoger por sí mismos el camino a andar. Jesús dijo que si llevamos su yugo podremos hallar descanso para nuestra alma: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). El estrés se origina en un corazón no circuncidado, una cerviz endurecida. Y a todo esto, ¿cuál es el propósito de la circuncisión? “…para que ames a Yahwéh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y que vivas” (Dt. 30:6).
— Roberto Tinoco
Romanos 2:29
2.25-29 El sello del judaísmo es la circuncisión; y es también la señal del Antiguo Pacto. Los judíos estaban muy satisfechos de tener la religión más antigua basada en Dios; su patriarca era Abraham y contaban entre sus héroes a Moisés. Cuando el Señor les ordenó la circuncisión, tenía como propósito cortar la suficiencia en la carne. Mira como inicia el mandamiento de la circuncisión: en Génesis 16 Abram engendró a Ismael, pero en Génesis 17 Dios aparece a Abram amonestándole andar delante de Él, prometiéndole a Isaac y ordenándole la circuncisión; es decir, a no volver a confiar en su carne, sino en el poder de Dios. Pablo está tomando el mismo principio para explicarle a los romanos y de paso a los judíos, que los que están circuncidados en su cuerpo, pero que no han dejado su carnalidad (pues desobedecen la ley), es como si no estuvieran circuncidados. Sus obras son ismaeles y no son aceptadas por Dios. A diferencia de aquellos cuyos cuerpos de carne no están circuncisos, pero sus almas se han sometido a las disposiciones de Dios, son vistos como judíos circuncidados. ¿Qué es la circuncisión del corazón? La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Dt. 10:16; Jer. 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jer. 31:33; Eze. 36:25-27; Heb. 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La diferencia entre la vida interior y la imitación es la circuncisión del corazón. Conforme crece la iglesia en número de miembros y avanza el tiempo de mi servicio como pastor, he podido observar que algunas personas de las que se congregan conservan aspectos pecaminosos de su vida anterior; también reacciones carnales, descontrol emocional, actitudes egoístas y demás cosas que debieran haber sido superadas ya. No me refiero a quienes comienzan a caminar en la fe, sino a personas que debiendo presentar madurez, actúan no sólo como niños, sino como inconversos. El peor mal contra la iglesia no procede del mundo y ni siquiera de Satanás, sino de esa clase de hermanos que afrentan la reputación del evangelio. Al respecto de terminar con la pasada manera de vivir y dar inicio a la nueva, la Biblia utiliza algunas figuras para ilustrarlo; entre ellas se encuentra la circuncisión. Sabemos lo que este acto significa en lo natural, pero, ¿cuál es su significado espiritual? La circuncisión es una figura de la obra de Dios en el corazón humano que tiene en propósito de despojarle de la carnalidad a fin de que el hombre pueda amar a Dios y hacer su voluntad. Veamos ejemplos de personas a quienes Dios ordenó la circuncisión, incluyendo el origen de la misma, entendemos su significado más pleno y su aplicación a nuestra vida: La circuncisión de Abraham. Primero veamos lo que le sucedió para cortar las obras de la carne, simbolizadas en la producción de Ismael. En el capítulo 15 del Génesis lo vemos pactando con Dios; pero en el capítulo 16 desesperado por la presión de Sara, engendra a Ismael. Dios espera 13 años para luego volver a hablarle a Abraham. Hay creyentes que teniendo las promesas de Dios desesperan y se lanzan a hacer las cosas según su propia voluntad y no conforme a lo que Dios ha dicho. Luego se preguntan por qué Dios no les habla (o lo que es peor, creen que les sigue hablando confundiendo su voz con la de Dios). El Señor esperará lo necesario para volver a hablar; es decir, hasta que el hombre carnal esté lo suficientemente frustrado como para no poder engendrar nada más. Sólo después de esto, Abraham fue circuncidado a los 99 años. Abraham fue circuncidado antes de cumplir el siglo de vida. La Biblia considera a la presente era como “el siglo” (Mateo 24:24); el fin del siglo y el comienzo del nuevo siglo es una forma de decir que ha pasado lo terrenal y comenzado lo celestial. Abraham fue circuncidado a los noventa y nueve años de vida a fin de comenzar el nuevo siglo según la nueva vida que Dios le había dado, la vida de resurrección con un nuevo nombre, llevando el Nombre de Dios sobre él y recibiendo el nacimiento del hijo prometido, la simiente que habría de venir. ¿En qué siglo vives? A la era terrenal se le llama “el presente siglo malo” (Gálatas 1:4); y a Satanás se le llama el dios de este siglo (2 Corintios 4:4); y también la Palabra habla de los príncipes de este siglo (1 Corintios 2:8). Por eso se necesita la circuncisión espiritual, para cortar con todo lo terrenal y comenzar lo celestial, la nueva vida, la vida de resurrección. Tu problema para producir vida no es falta de vida; sino sobrante de carne. Dios saca lo que primero puso en ti; si no tienes semilla no tendrás cosecha; pero en ocasiones sí tienes semilla, sólo que la carne estorba su germinación. Hay que cortarla, así como se ablanda la tierra para sembrar. Desafortunadamente algunos se aferran a su carne y desean que Dios les de fruto respaldando sus obras sin circuncisión. La Palabra enseña que Abraham insistió por Ismael: “Y dijo Abraham a Dios: Ojala Ismael viva delante de ti” (Génesis 17:18). Cuando tenemos frutos de obras de la carne, no me refiero a pecados, sino a cosas que consideramos buenas o provechosas (aunque para Dios están muertas por nacer de la carne), solemos insistir en testificar de ellas o en que sean consideradas como provechosas para el reino. No nos gusta que tales obras sean descalificadas y queremos ponerlas junto a los trofeos del reino como frutos aprobados. “yo hice esto y aquello”-decimos, como si el fin justificara los medios. Pero lo que es nacido de la carne, carne es. De ningún modo Ismael puede vivir delante de Dios, hay promesas para él, pero no puede ser la simiente prometida, pues no es producto de la fe en el poder de Dios. ¿Qué cosas has hecho tú que no viven delante de Dios? ¿Insistes en que te sean tomadas en cuenta aunque sabes que las hiciste por los motivos o de la forma equivocada? Por esto se necesita la circuncisión, quiar la carnalidad como señal y prueba del Pacto con Dios. “…y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto” (Génesis 17:1b). Una vez que Dios vuelve a hablarle a Abraham, le especifica que ande delante de Él y sea perfecto. Comprendamos: el patriarca ha andado delante de Sara, pues le hizo caso a su consejo en lugar de a la promesa de Dios. Andar delante de Dios es vivir según lo que Él dice y no según la opinión de los hombres. ¿Vives tú delante de Dios? Esto es lo que significa ser perfecto; es ser completo, obediente. No es impecable, sino completo. Has alcanzado lo que se espera de ti en el nivel que debes estar. Un bebé es completo si corresponde a lo que debe ser a los seis meses cuando tiene seis meses; y un joven es perfecto si corresponde a lo que debe ser a los quince años cuando tiene quince años. El bebé no está igualmente desarrollado que el joven, pero es igualmente completo que él según el nivel de cada uno. Eso es ser perfecto. Entonces Dios confirma su Pacto con Abraham, sólo que esta vez le pondrá una señal: la circuncisión: “este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros” (Génesis 17:10). Esta señal tiene varios propósitos: Primero, así como un judío es reconocido por la cicatriz de su cuerpo; así un cristiano es reconocido por la cicatriz de su corazón. Por eso dijo Dios que el no circuncidado es excluido de su pueblo: “y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto” (Génesis 17:14). Segundo, cortar la carne es recordar que somos engendrados y podemos engendrar sólo por el poder de Dios y no por el poder de los hombres. El propósito de la circuncisión es la procreación; lo contrario a esto es cuando los hijos de Jacob presionaron a Siquem y su gente que se circuncidaran para unirse a ellos y luego los mataron terriblemente vengando la violación de su hermana Dina (Génesis 34:15-25).Circuncisión sin engendrar hijos es mortandad. La religiosidad quita por quitar, pero sin dar vida. Tercero, circuncidar es doloroso; es como el esclavo marcado con hierro candente, que donde quiera que va recuerda que tiene Dueño. Abraham circuncidó a todos los de su casa (Génesis 17:23). No hay excepciones, todo el que quiera pertenecer al la casa del Padre ha de circuncidarse, cortar la carnalidad. Esto no es sencillo, sino doloroso, tanto el circuncidado como el que circuncida podrían negarse, pero no les está permitido. Dejar lo que es de la carne no es una opción, sino un mandamiento. El pasaje dice que fueron circuncidados tanto los nacidos en casa como los esclavos. En la iglesia tenemos los mismos derechos, pero algunos viven como hijos y otros como esclavos. Debes preguntarte si estás viviendo como hijo o como esclavo. La circuncisión tiene como objetivo transformar al hombre; es un contrato en el corazón: “Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros” (Génesis 17:11). La Palabra escrita en el corazón. La parte más sensible del varón es su sexualidad. Quitar la carne del prepucio es exponer al hombre a plena debilidad; nada más claro para expresar la necesidad de depender de Dios y recordarle al hombre por toda su vida tal dependencia. Por lo que quitar el prepucio vino a ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Deuteronomio 10:16; Jeremías 4:4); esto es, la purificación del alma. ¿Quiénes guardan el Nuevo Pacto? Aquellos que tienen un nuevo corazón (Jeremías 31:33; Ezequiel 36:25-27; Hebreos 8:10, 16). Mientras el hombre mantenga el corazón y la mente corrompidos no puede jactarse de estar dentro del Nuevo Pacto, no tiene la señal del Pacto, pues no ha sido circuncidado en su hombre interior. Un verdadero cristiano tiene evidencia de haber nacido de nuevo. Hay personas que tienen años practicando una religión y aún no han llegado al octavo día ni han sido circuncidadas del corazón, no tienen vida nueva ni han cambiado en lo interior. ¿Eres practicante de una religión o has sido circuncidado? Recuerda que tú no fuiste comprado por dinero como para menospreciar la circuncisión, sino que fuiste rescatado de la vana manera de vivir no con oro ni con plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro 1:18-19), ¡vive para Cristo! Tú sabes que has sido circuncidado no sólo por que has sido bautizado, sino porque tienes una nueva vida y además, una cicatriz en el alma. La circuncisión del corazón implica un gran dolor de arrepentimiento y conversión que marca el alma. La circuncisión de Moisés. Ilustra cómo andar en el Nuevo Pacto. Sin excepción. Moisés recibió la encomienda de ir a sacar a los israelitas de Egipto cuando se le manifestó en la zarza. En dicha encomienda, el Señor le anunció que mataría a los primogénitos en Egipto que no estaban en su Pacto. ¿Recuerdas que la circuncisión es la señal de ese Pacto? Sin embargo, cuando iba hacia Egipto con su familia, Dios le salió al encuentro para matar a su hijo primogénito; ¡no lo había circuncidado! (Éxodo 4:24). Hay personas que intentan andar en el camino del Señor sin obedecer al Señor; o que buscan recibir los beneficios sin estar en su Pacto. Sin importar cuán gloriosa fuera la experiencia de Moisés con Dios, no podía evadir la señal del Pacto en su vida. Sin descanso. Sucedió en una posada, un lugar de descanso. Las posadas de aquellos tiempos eran lugares de descanso para los viajeros. ¿Cómo es posible que Moisés pudiera descansar siendo comisionado como libertador, pero andando fuera del Pacto de Dios? Hay personas cuyos hogares son un cultivo de aflicciones e intentan restaurar el hogar sin someterse al Nuevo Pacto. Dios había dicho a Moisés “Yo os sacaré de la aflicción... a una tierra que fluye leche y miel” (Éxodo 3:17). Solamente el Señor hace descansar (“venid a mí...”). “…a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127). La posada de muchos, con la que intentan descansar sin Dios son: diversiones, familia, pasatiempos, etc. Pero fuera del Pacto de Dios tu familia corre peligro. -“iré contigo y te daré descanso” –diría Dios a Moisés tiempo después (Éxodo 33). ¡Es su Presencia! Para dar libertad. Por falta de circuncisión se sigue en Egipto. Dios había encomendado a Moisés la liberación de los israelitas y Moisés se encaminó a cumplir con dicha misión a pesar de no estar en conformidad con el pacto entre Dios y su pueblo de circuncidar a sus hijos (Génesis 17: 14). Moisés intentó hacer la obra de Dios “a su manera” y si no fuera por la intervención de su esposa respecto de su hijo, Israel habría tenido que esperar a otro libertador para sacarlos de Egipto. Cuando no hay circuncisión del corazón, los creyentes siguen en Egipto bajo la influencia de faraón. La esposa de Moisés circuncidó a su hijo salvándole la vida. No creo que fuese sencillo tomar una piedra de pedernal y circuncidar a un muchacho sin anestesia ni atención médica; sin embargo, lo hizo por temor y obediencia a Dios. Demasiadas familias siguen en Egipto aunque asisten a la iglesia porque se han negado el dolor de decir: “basta, es hora de cortar la carne”. ¡Salva tu vida y a tu familia atreviéndote a circuncidar aquellas cosas que te mantienen en esclavitud! Todo esto es para dar a luz al primoigénito de Dios. Para Dios sólo hay lugar para un primogénito. De igual forma que Abraham produjo a Isaac después de ser circuncidado, Dios produjo a su primogénito Israel después de la circuncisión sacándolo de Egipto: “y dirás a Faraón: Yahwéh ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito” (Éxodo 4:22-23). ¿Sabes por qué Cristo no es formado en algunos creyentes? Porque no circuncidan su corazón. La carne estorba. Uno de los dos va a morir; no hay lugar para dos primogénitos, será el hijo de la carne o el hijo del espíritu, pero sólo uno sobrevivirá. Caín y Abel están dentro de ti; tú eres el huerto en donde la carne y el espíritu ofrecen sus ofrendas a Dios. No puedes evitarlo, sólo la ofrenda de uno será aceptada y la sangre correrá. Egipto o Israel. Esaú o Jacob. Hay una guerra en tu interior; así como Rebeca deseo la muerte al saber de la guerra en su vientre, así los creyentes tenemos una guerra a muerte en nuestro interior entre la carne y el espíritu. No puedes rehuirlo, la sangre va a ser derramada y sólo uno permanecerá en pie. La circuncisión de Josué. El propósito es dar herencia. “En aquel tiempo Yahwéh dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel. 3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot. 4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. 5Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado” (Josué 5:2-5). Antes de cada nuevo nivel, habrá algo más que dejar de la antigua creación. ¿Crees que sólo una circuncisión necesitas? El alma necesita varias experiencias; de hecho, necesita muchas experiencias que le corten la carne. Esta no es la idea del hombre, sino de Dios. Fue Él quien le dijo a Josué que hiciera cuchillos afilados; es Él quien te persigue con un cuchillo afilado. Cuando detecta carne afila su cuchillo y comienza a perseguir. No te enojes conmigo, si por mi fuera te dejaría en paz; pero Él no te dejará en paz. Después de cada circuncisión vendrá una nueva recompensa. Dios mandó a Josué que circuncidara al pueblo no por un deseo insano contra ellos, sino para que pudieran heredar la tierra prometida. Eran el primogénito que salió de Egipto y venían por su doble porción de herencia. ¿Recuerdas que al primogénito se le daba una doble porción? Después de la circuncisión recibirían la leche y miel. Tu lo ves persiguiéndote con un cuchillo afilado, y es verdad; ¡pero también viene con un título de propiedad! El dolor será sólo un momento, pero la recompensa para siempre. La circuncisión le permite a Dios obtener su tierra; entonces Él dará la tierra al circuncidado. Después de ordenar la circuncisión a Abraham le prometió la tierra; y después de que Josué circuncidó al pueblo, obtuvo la tierra. La circuncisión le da algo a Dios y en consecuencia, Dios le da algo al hombre. El hombre y la tierra están íntimamente relacionados. El hombre fue hecho de tierra… Se nos llama “moradores del polvo” (Isaías 26:19) y “los que habitan en casa de barro” (Job 4:19). Y en el Nuevo Testamento Jesús preguntó: “cuando el Hijo del hombre venga, hallará fe en la tierra” (Lucas 18:8). La tierra no tiene fe, sino que se refiere al hombre. Siendo que Dios nos creó de tierra, ¿cómo escogió Dios la clase de tierra con la que haría al hombre? Desde el principio somos tierra deseable y el anhelo de Dios es que volvamos a serlo (Malaquías 3:12). Tan sólo consideremos el término “tierra” y la palabra “hombre”: Adamah se usa para “tierra” y Adam para “hombre”. La bendición de adamah depende de Adam, por ejemplo Génesis 2:5 expresa que mientras no había hombre que labrara la tierra, tampoco había hecho Dios llover. Y por eso es que una vez que Adam pecó, entonces Adamah fue maldecida (“por cuanto esto hicisteis, maldita será la tierra” Gén. 3:17); y cuando aumentó la maldad de Adam en el pecado de Caín, entonces Adamah perdía su fuerza (“la tierra no volverá a darte su fuerza” Génesis 4:12). Una de las últimas cosas que dice la Biblia es que la primera tierra pasó y había una nueva tierra (Apocalipsis 22:1). Ese es parte del plan divino, cambiar la vieja tierra en nueva. Por eso se habla de un viejo hombre y de un nuevo hombre. La tierra vieja está bajo maldición y produce espinos y cardos; pero la tierra nueva tiene amor, vida, gozo, etc. (Apocalipsis 22:1-4; 22:1-4). Cuando la tierra fija estaba llena de violencia, Dios destruyó a la tierra que caminaba; es decir, a los hombres; los cuales causaban dicha violencia (Génesis 6:13). Una vez que terminó el juicio del diluvio (nota que es poner la tierra bajo el agua; es decir, sepultar la tierra), y que sólo quedó “tierra santa”; a saber, Noé que hizo un altar y ofreció sacrificios a Dios; entonces Dios prometió no volver a ocultar su rostro de la tierra (no más diluvio de agua). Para Dios, “la faz de la tierra” era sólo de violencia. La faz significa el rostro. El rostro de la tierra no era más a su imagen y semejanza, sino a imagen de Satanás; por eso Dios “lavó el rostro a la tierra”, a la vez que ocultó su propio Rostro de ella, hasta que volvió a quedar la tierra con un rostro limpio y que sólo veía en ella su propia imagen y semejanza. También a eso se debe que una vez que Dios le ordena a Abraham circuncidarse, el patriarca pusiera su rostro en tierra; esto es, que sólo el Rostro de Dios prevalezca (Génesis 17:17). El cumplimiento en Jesús. En cierto modo, Josué es la mezcla de ambas circuncisiones, la de Abraham y la de Moisés. Josué es Jesús, Cristo. Tiene el propósito de dejar atrás Egipto como la circuncisión de Moisés; pero también de producir al primogénito de Dios: Israel en la tierra prometida. No te quedes sólo fuera de Egipto viviendo en el desierto; ¡avanza hasta poseer el reino, la tierra prometida! En Jesús hay tres circuncisiones: a) Para engendrarlo en el vientre de María. Dios no utilizó semilla de carne (hombre), anuló a José. b) A los ocho días de nacido para vivir como el Hijo del Hombre guardando los mandamientos de Moisés. c) En la cruz, cuando le fue quitada su carne y con ella, las limitaciones de esta vida liberando al Hombre espiritual: “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:3-4). Antes de la circuncisión de la cruz, Jesús es llamado el Hijo Unigénito de Dios (Juan 1:18); pero después de la circuncisión de la cruz es llamado el Primogénito de Dios (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5). La cruz fue la circuncisión que liberó la herencia y la nueva relación de la nueva creación. Por eso dice la Palabra que la muerte no lo pudo retener, el griego lo expresa como una matriz que no puede retener el nacimiento de un hijo (Hechos 2:24). El cumplimiento en la iglesia. Nosotros tenemos las mismas circuncisiones que Jesús: a) En el nuevo nacimiento fuimos engendrados de Dios y no de los hombres (Juan 1:12-13). b) En el bautismo al recién convertirnos para comenzar a ser cristianos (Romanos 6:4). c) En la experiencia de la vida cristiana quitando progresivamente la carnalidad para guardar los mandamientos de Dios. Esta es la circuncisión del corazón. La circuncisión es tanto una obra de Dios como una obra de los hombres. Obra de Dios: “Y circuncidará Yahwéh tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia” (Deuteronomio 30:6). Su mano llega más adentro que la mía. Imagina la extracción de una bala de tu cuerpo: hay cierto punto de dolor en donde no irías más allá por el dolor mismo o por desfallecimiento de fuerzas. Necesitas al Médico que puede ir más allá. Además, Él circuncidará también a la descendencia. ¿Quién sino Dios para llegar al interior de los hijos y de los nietos? ¿Cómo alcanzarás a los hijos de tus nietos y a los hijos de ellos? Abraham tuvo a Ismael sin ser circuncidado e Ismael fue un varón fiero. Luego tuvo a Isaac ya siendo circuncidado y fue el hijo de la promesa. Al circuncidar Dios tu corazón adquieres promesas para tus hijos y los hijos de tus hijos. Obra tuya: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz” (Deuteronomio 10:16). Hay cosas que sólo Dios puede cortar; pero hay otras cosas en nosotros que aunque Él puede cortarlas, las deja allí para que seamos nosotros quienes las quitemos. ¿Por qué? Son los sacrificios del amor. Por un lado, cortar. Cortar requiere dividir, separar y es doloroso. La autosuficiencia y los hábitos de maldad necesitan ser cortados. Decisiones firmes de dependencia, humildad y consagración. Ser cristiano no es para aquellos que se desmayan al ver sangre. Por otro lado, ablandar. Ablandar requiere golpear y ceder. La cerviz es una metáfora de cómo los bueyes terminaban rindiéndose al yugo del arado. Endurecer la cerviz es como el buey que jalonea y patalea tratando de quitarse el yugo del arado. Hay personas que se lastiman por independientes. Rechazan el yugo, se resisten a la obediencia y quieren escoger por sí mismos el camino a andar. Jesús dijo que si llevamos su yugo podremos hallar descanso para nuestra alma: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). El estrés se origina en un corazón no circuncidado, una cerviz endurecida. Y a todo esto, ¿cuál es el propósito de la circuncisión? “…para que ames a Yahwéh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y que vivas” (Dt. 30:6).
— Roberto Tinoco