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Romanos 4

La fe de Abraham

1¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?🗨 2Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.🗨 3Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.🗨 4Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;🗨 5mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.🗨 6Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,🗨 7diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.🗨 8Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.🗨 9¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.🗨 10¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.🗨 11Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia;🗨 12y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.🗨 13Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.🗨 14Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.🗨 15Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.🗨 16Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.🗨 17(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.🗨 18El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.🗨 19Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.🗨 20Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,🗨 21plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido;🗨 22por lo cual también su fe le fue contada por justicia.🗨 23Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada,🗨 24sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro,🗨 25el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Romanos 4:1

Comentario general

4.1 La pregunta retórica de Pablo sobre Abraham es semejante a decir: ¿cuáles son los méritos humanos de Abraham por los cuales Dios lo justificó? Y en los siguientes versículos dirá que ninguno. Los seres humanos tenemos cualidades y podemos ser merecedores de muchas cosas, pero jamás alcanzaremos la justicia de Dios por nosotros mismos. Para tal efecto, necesitaríamos santidad como la de Dios. El apóstol Pablo usa al patriarca Abraham como base de la justificación por la fe, no sólo porque efectivamente Abraham fue justificado por la fe, sino porque es anterior a la ley de Moisés y además el origen del pueblo judío. La idea es ir al principio, algo que el Señor Jesús solía hacer explicando alguna doctrina contriversial.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:2

Comentario general

4.2 Este versículo parece responder a la carta de Santiago: “No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?” “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:21, 24). El apóstol Pablo, que siempre tuvo que soportar a los enviados judaizantes de Jacobo (Santiago), que lo perseguían por las iglesias griegas tratando de llevarlas a la ley (Gálatas 2:12), escribió en buena medida estas palabras a los romanos para que los judaizanes de Jerusalén dejaran de malinterpretar las palabras de Jacobo. Creían que se necesitaban las obras, además de la fe, para justificar al hombre con Dios; sin embargo, Jacobo tiene como propósito hablar de la justificación o ser tenidos por discípulos de Cristo ante los hombres, los cuales no pueden ver la fe, sino solo las obras. Pablo habla de la justificación ante Dios, la cual no necesita las obras, sino solo la fe. Las obras serán un resultado de dicha fe, pero no la causa de la justificación para con Dios. Por eso dice que si Abraham se puede gloriar de obras, no será para con Dios.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:3

Comentario general

4.3 El argumento del apóstol es contundente: la Escritura dice que Abraham fue justificado ante Dios cuando creyó a Dios, esto es, por fe. No existía la ley de Moisés aún como para que fuese necesaria en la justificación. La Escritura no dice que Dios justificó a Abraham por lo que hizo, sino por lo que creyó. No por ofrecer a Isaac como dice Santiago en su carta, sino por creer que Dios lo podía resucitar: “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir” (Hebreos 11:17-19). La fe de Abraham le fue contada por justicia, contada. Significa que Dios consideró la fe de Abraham al mismo nivel que la promesa que Dios había hablado. La fe del patriarca estuvo a la altura de la Palabra de Dios. El cheque de Abraham tenía fondos en el tesoro der Dios.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:4

Comentario general

4.4 Si Abraham o cualquiera de nosotros presentáramos nuestras obras a Dios buscando que nos justificara o recibiera como justos, por buenas obras que esas fueran, lograríamos el resultado contrario. Ni un solo pecado sería borrado y se nos añadiría la culpa de la arrogancia de hacer a un lado el sacrificio del Hijo de Dios intentando salvarnos por nosotros mismos. Sería mayor la deuda con Dios.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:5

Comentario general

4.5 “Mas al que no obra” no significa que no hace buenas obras, sino que no presenta ninguna obra a Dios como medio de justificación ni se jacta en sí mismo como si mereciera ser salvo. Sabe que es un impío, pero cree en la bondad que Dios nos ha manifestado en Cristo. El que justifica es Dios (Romanos 8:33). Y justifica al impío cuando el impío cree que Jesús llevó sus pecados en la cruz pagando por ellos. Así la fe es contada por justicia. ¿Quién es el impío? Todos lo somos.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:6

Comentario general

4.6 El apóstol cita a David para ilustrar la bienaventuranza de la justificación, la cual consiste en la alegría de haber sido perdonado y tenido por justo, sin culpa, como si jamás hubiese pecado. Esto es la gracia de Dios para salvación. Bienaventurado significa “inmensamente feliz”. La salvación alegra sobremanera, es liberado de culpa. La tristeza en el creyente es una anomalía.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:7

Comentario general

4.7 El perdón produce felicidad. Es bienaventurado, que significa inmensamente feliz, el que sabe que Dios lo ha justificado en Cristo Jesús. La culpa es el dolor de la conciencia, es una carga que hace infeliz a quien la lleva. En el Antiguo Pacto (Pablo cita el Salmo 32), los pecados sólo eran cubiertos, pero no quitados; pero ahora en el Nuevo Pacto son quitados como si nunca hubiesen sido cometidos. “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:11-14).

— Roberto Tinoco

Romanos 4:8

Comentario general

4.8 4.9 La pregunta no es una duda, sino la excusa para explicar cómo Dios ha extendido esta gracia a todo el mundo. La vida feliz, producto de la justificación, no es solo para los judíos, los de la circunsición; sino para todos, sin distingo de nacionalidad, los de la incircunsición. Todo se basa en la fe, como fue justificado Abraham al creer, es justificado todo ser humano al confiar en Jesús. No necesitas ceremonias, rituales ni obras para que Dios te perdone; pero si es imprescindible creer en Jesucristo su Hijo como Señor y Salvador de tu alma. Al hacerlo serás bienaventurado, feliz. ¡Qué felicidad haber sido perdonado por Dios! Y más allá de ser perdonado, ¡qué felicidad ser tratado por Él como si nunca hubiese pecado! ¡Dios es bueno! Esta clase de relación con Dios resulta de la justificación en Cristo Jesús. Por eso los cristianos somos la gente más feliz de la tierra. ¿Te falta alegría? ¿No será que te falta ponerte a cuentas con Dios por medio de su Hijo Jesucristo?

— Roberto Tinoco

Romanos 4:9

Comentario general

4.9 La pregunta no es una duda, sino la excusa para explicar cómo Dios ha extendido esta gracia a todo el mundo. La vida feliz, producto de la justificación, no es solo para los judíos, los de la circunsición; sino para todos, sin distingo de nacionalidad, los de la incircunsición. Todo se basa en la fe, como fue justificado Abraham al creer, es justificado todo ser humano al confíar en Jesús. No necesitas ceremonias, rituales ni obras para que Dios te perdone; pero si es imprescindible creer en Jesucristo su Hijo como Señor y Salvador de tu alma. Al hacerlo serás bienaventurado, feliz.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:10

Comentario general

4.10 El argumento de Pablo para la justificación sin necesidad de judaizar (ser parte del judaísmo) es contundente: Abraham fue justificado por Dios al haber creído siendo aún incircunciso. No había señal del pacto judío todavía y la ley no había llegado; ¿Cómo entonces algunos exigían la circuncisión y la ley de Moisés para ser salvos? A lo largo de la historia del cristianismo han surgido movimientos intentando amalgamar al cristianismo con versiones judías parecidas. Palabras hebreas, guardar el sábado, las fiestas hebreas, hacer ciertos rituales, etc. Necesitan regresar a las palabras de la carta a los Romanos.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:11

Comentario general

4.11 Para los judíos, la circuncisión era la señal de ser parte del pueblo de Dios y de hecho, lo fue antes de que viniera la fe de Cristo. Por su parte, la persona incircuncisa era tenida como extranjera, ajena al pueblo de Dios (Génesis 17:11, 14). Cuando esta señal comenzó, fue en el capítulo 17 del libro el Génesis; a diferencia de la justificación por la fe que Abraham recibió en el capítulo 15 también del Génesis. En otras palabras, no fue necesaria la circuncisión ni el judaísmo que representa para que Dios llamara justo a Abraham. Esto significa que tanto los judíos circuncidados como los gentiles no circuncidados podemos ser justificados ante Dios por medio de la la Simiente prometida a Abraham, la fe de Cristo Jesús. Salvos por gracia. En este sentido todos los cristianos sin distingo nacional, somos el verdadero pueblo de Dios e hijos de Abraham.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:12

Comentario general

4.12 Lee el comentario al versículo anterior. ¿Estás en Abraham antes de la circuncisión o después de la circuncisión? Porque antes de la señal fue llamado justo por la fe ante Dios; pero después tuvo que ser circuncidado por su transgresión de la que resultó Ismael. ¿Estás en la fe de Cristo o en el legalismo? La ley fue agregada a causa de las transgresiones (Gálatas 3:19), de manera que si andas en legalismo es porque tu transgresión te ha sacado de la vida de fe.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:13

Comentario general

4.13 La ley de Moisés llegó alrededor de quinientos años después de Abraham; de manera que la promesa de un hijo no le fue dada a Abraham porque haya guardado la ley, sus mandamientos, obras ni ceremonias. De la misma manera, Dios no le prometió a Abraham ni a su descendencia que heredaría el mundo por haber cumplido con la ley mosaica, sino porque creyó a Dios y entonces fue justificado. Simplemente la ley de Israel es innecesaria para el cristianismo, no que vivamos sin ley, pues tenemos la ley de Cristo; pero ni la salvación ni las promesas derivadas de la misma requieren nada del judaísmo.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:14

Comentario general

4.14 En base al argumento del versículo anterior, que Abraham recibió la justificación y la promesa de un hijo, figura de Cristo, la Simiente prometida, sin la ley ni la circunsición, continúa el apóstol su disertación diciendo la antitesis: si hiciera falta guardar la ley de Moisés para ser justificado ante Dios, entonces no hace falta la fe (de Cristo) ni la promesa de la Simiente de Abraham, es decir, Cristo. O tienes lo uno o lo otro, pero no ambos. Los hijos de Dios y herederos de Dios son los de la fe de Cristo Jesús y no los de la ley de Moisés. Actualmente algunos se dejan llevar por judaizantes intentando añadir costumbres e idioma hebreo a la fe cristiana, pero tal cosa es una nueva y peligrosa forma de judaizar, que eventualmente lleva a la apostasía.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:15

Comentario general

4.15 ¿Y por qué razón no se puede tener la ley de Moisés junto con el cristianismo? Porque la ley produce ira, ya que sólo existe para señalar el pecado y en consecuencia, el castigo o condenación respectiva. Mientras que la fe en Cristo Jesús satisface la justicia de Dios dejando inoperante la aplicación de la ley. No hay ley ni transgresión a causa de que Jesús pagó por nuestros pecados, su perdón es absoluto. ¿Deseas vivir por la ley judía? Entonces estarás bajo el juicio de Dios. ¿Vives bajo la fe de Cristo? Entonces no habrá para ti ninguna condenación.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:16

Comentario general

4.16 La salvación es por fe, sólo así es por gracia. Es la única manera que sea un regalo de Dios. Y ya sean judíos o gentiles, llamados los de la ley o los de la fe, ambos podemos ser salvos creyendo que Jesucristo pagó con su muerte por nuestros pecados reconciliándonos de esta manera con Dios. Existen dos descendencias de Abraham: los nacidos de carne y los que son de la fe. Ambos podemos salvarnos o ser justificados ante Dios únicamente mediante los méritos de Cristo Jesús. No hay otro medio alterno, ni siquiera la ley de Moisés. No hay obra que podamos hacer para salvarnos; es imposible santidad completa sin pecado alguno, sólo Cristo salva. Los tales somos hijos de Abraham en el sentido de que él es el padre de la fe, el primero en ser justificado ante Dios por creer. La simiente de la fe es más poderosa que la simiente de la carne; ya que la simiente de la fe es eterna; mientras que la simiente de la carne es temporal y necesita de creer igualmente para recibir la vida eterna.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:17

Comentario general

4.17 Abraham era un hombre sin posibilidades de tener hijo. Viejo de casi cien años, casado con mujer estéril y también anciana. Pero Dios le concedió un hijo mediante la fe profética. ¿Cuál es la fe profética? Es la fe de Dios, que llama a las cosas que no son como si fuesen. Dios llamó a su amigo “Abraham”, que significa “padre de multitudes”. Abraham fue llamado amigo de Dios y antes de tener a su hijo Isaac podía pasar una tarde de carne asada comiendo con Dios (Génesis 18). Sin embargo, una vez que tuvo a su hijo tan esperado, cayó temporalmente en idolatría familiar; la relación con Dios fue remplazada por la relación con su hijo. Dios tuvo que pedirle a su hijo en sacrificio, le dijo: “dame a quien amas”. Como diciéndole: “me remplazaste por él” (Génesis 22:2). “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mat. 10:37). Y fue mediante la fe profética que Abraham fue rescatado de la idolatría en la que había caído. Para ser rescatado de la idolatría familiar, Abraham tuvo que regresar a la fe profética que había tenido para engendrarlo. “Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras” (Heb. 11:17-20). La fe profética creyó en la resurrección y en profetizar la bendición a las generaciones futuras. Dejó la idolatría para ser un profeta. No se puede dejar la idolatría sin ser profético. Tomemos advertencia para no tener un hablar desprolijo, idolatría verbal, por decirlo así. Corresponde a aquellos cuyo lenguaje es vano, vacío… como sus vidas. El vocabulario descuidado produce vidas sin cuidado. Por ejemplo: “Por la bendición de los rectos la ciudad será engrandecida; más por la boca de los impíos será trastornada” (Prov. 11:11). La gente que habla mal de su ciudad no se explica por qué le va tan mal. En lugar de la idolatría verbal, tengamos la creación profética hablando como Dios habla. Dios creó todo por medio de sus palabras: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Heb. 11:3). Solemos pensar que el versículo significa que necesitamos fe para entender que Dios hizo el universo por la Palabra; pero en realidad, el significado va más allá; es por la fe de Dios que Él habló a las cosas que no son como si fuesen y éstas cosas llegaron a existir. El capítulo 11 de Hebreos está hablando del testimonio de los hombres de fe (compara los versículos 2, 4, 5 y 39) para alentar a los creyentes hebreos a permanecer firmes en la fe. El escritor les dice lo que es la fe y cómo por medio de ella alcanzaron buen testimonio los antiguos (Hebreos 11:1); enseguida menciona la fe de Dios y cómo creó Dios todo por medio de su Palabra. El universo es su testimonio, sus obras cuentan su gloria (Salmo 19). Después de esto, comienza a relatar ejemplos de hombres y mujeres de fe que alcanzaron dicho testimonio; es decir, que así como Dios creó su universo con su fe llamando a las cosas que no son como si fuesen; así también esos hombres crearon el universo de su entorno o contexto de vida declarando las cosas que no son como si fuesen. Todo el capítulo trata de esos testimonios. Podría escribirse otro capítulo de aquellos que tienen una vida terrible por crear un universo de su entorno a base de hablar cosas vanas y vacías. Eso es idolatría verbal, hablar lo vano. En esa lista estarían: “Por su idolatría verbal Cam trajo maldición a todos sus descendientes porque murmuró de su padre Noé”. “Por la idolatría verbal perdió Esaú su primogenitura al jurar a su hermano Jacob que se la cambiaba por un plato de lentejas”. “Por la idolatría verbal murieron en el desierto más de un millón de personas porque dijeron que era imposible entrar a poseer la tierra prometida”. Y como estos, muchos ejemplos más. Tenemos pues, a personas idólatras verbales que hablan palabras vacías y tienen vidas vacías. Maldicientes y ligeros que no se explican por qué les va como les va. Éxodo 23:13 declara que no se oirá nombre de otros dioses en nuestra boca. Hay niños pronunciando conjuros de Harry Potter o de caricaturas japonesas sin saber que invocan demonios y sus padres no se dan por enterado de esto o les parece sin importancia. Es idolatría. La única posibilidad de salir de esas vidas de derrota es cambiar la idolatría verbal por la palabra profética llamando a las cosas que no son como si fuesen.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:18

Comentario general

4.18 Abraham tenía todos los argumentos para creer que no podría tener un hijo. Las evidencias físicas y naturales estaban contra la fe. Era viejo y con una mujer también vieja y que además había sido estéril toda su vida. Simplemente no había espacio para creer la promesa de Dios que tendría descendencia y ésta incontable. Esperaba morir sin hijos, pero decidió creerle a Dios teniendo la esperanza de muchos hijos. Esperanza espiritual contra esperanza carnal; esperanza sobrenatural contra esperanza natural; esperar en la Palabra de Dios o esperar en la experiencia de toda su vida. Abraham decidió creerle a Dios. ¿Por cuál Palabra vives? ¿Por lo que Dios ha dicho o por lo que tú y los demás han hablado? ¿En quién esperarás?

— Roberto Tinoco

Romanos 4:19

Comentario general

4.19 Abraham tenía evidencia física para debilitar su fe en su cuerpo como muerto de cien años. La impotencia era un hecho, a punto de cumplir el siglo, su cuerpo estaba «más para allá que para acá». Era absolutamente imposible que pudiera engendrar un hijo. Era como un muerto en esa área. ¿Tienes un caso muerto? ¿Algo verdaderamente imposible? ¡Pero Dios da vida a los muertos. Al de cien años lo hizo como de treinta! ¡Eso es la justificación: la suministración de la Vida del Justo! Una transfusión sanguínea proporciona elementos de vida, fuerza, vitaminas, minerales, proteínas, defensas, muchas cosas; que pueden salvar la vida. Tal es la justificación, la Vida del Justo en nosotros. Abraham tenía evidencia histórica para debilitar su fe en la esterilidad de Sara. No sólo se trataba de él, sino que su mujer había sido estéril toda la vida y ahora ya tenía 90 años de edad. La historia estaba en contra. Es más, ¡Sara dudó riéndose de la promesa! (No se rió de Dios ni se su palabra, sino de Abraham). ¿Tienes un caso de «jamás ha sido así» por lo que es imposible? Cuando no sólo depende de ti, sino que es imposible a causa de los demás. ¿Tienes un caso sin remedio? «Yo trabajo por todos» -dice el padre responsable en el modelo original de la familia. El hombre labra el huerto. Su esfuerzo es suficiente para sustentar a todos. La fe es semejante. el viejo Abraham tenía fe suficiente para él y para su familia, si Sara necesitaba un milagro en medio de sus dudas, Abraham podía creer por ambos; por algo fue llamado el padre de la fe; como Noé que construyó un arca en que su casa se salvase.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:20

Comentario general

4.20 La palabra para duda en griego significa «dividir»; se refiere a la mente entre dos pensamientos, inseguridad al creer pensando «y si si… y si no». La duda es un rechazo de la promesa de Dios que impide su cumplimiento. Dios dice: «ten», pero la duda responde: «no lo acepto». La incredulidad teológica también impide el cumplimiento de la promesa de Dios. Hay quienes simplemente tienen como norma de fe no creer en algunas cosas, sean dones espirituales, milagros, etc. También pueden haberse convencido que sufrir es bueno y que para ser cristianos hay que padecer. No sólo no creen dudando, sino que se convencieron para creer que no creen. Son negativos y pesimistas. “Dios no es así, por el contrario, Él llama las cosas que no son como si fueran”. Dios dice una cosa, ¿qué dices tú? ¿Eres de los que hablan el mal del mundo, el mal de la familia, el mal de tu cuerpo, el mal del trabajo, etc? Hay más gente en los aeropuertos que en los cementerios de aviones; las malas historias de dolor no atraen a nadie. En pasaje dice que Abraham se fortaleció, el término griego significa hacerse fuerte, vitalizado. Abraham se vitalizó por medio de la fe. Cuando ves el mal te preocupas y quizá puedes rogar; pero eso no es vitalizarse. Cuando ves a Dios das gloria a pesar de lo que ha sucedido; entonces te vitalizas o llenas de Vida. Las burlas humanas pueden ser terribles. ¿Cuántas burlas se harían en torno a Abram, que significa “padre exaltado”? ¡Y ahora Dios lo llamaba «Padre de Multitudes! Sin embargo, ¿alguna vez reclamó a Dios las burlas? Todo lo que Abraham decía acerca de Dios era exaltación y gloria. No le hables tanto a Dios de lo que eres y te pasa o como te sientes, no sea que te pierdas lo que Él es y lo que hace. Fortalece la convicción de que Dios puede. Si lo dijo lo hará, nada impide su capacidad de hacer lo que diga. Fortalece la convicción de que Dios quiere. Todos los que creemos en Dios sabemos que es Todopoderoso, pero algunos lo insultan pensando que no es Bueno.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:21

Comentario general

4.21 Abraham no sólo creyó, sino que Abraham se convenció plenamente de ello; de modo que argumentó en su interior en fe hasta derribar toda duda. Tus emociones seguirán a tus pensamientos. Luego las acciones seguirán a las emociones. Piensa el bien y no el mal. Piensa argumentos de fe; es decir, considera los atributos de Dios en vez de la imposibilidad. Buscar argumentos de fe es buscar la Palabra de Dios, a esto yo le llamo la semilla H. Antes que Sara fuera fecundada por Abram, Abram tenía que ser fecundado por Dios; por lo que recibió una Palabra de fe. De Abram a Abraham; de Padre Enaltecido a Padre de Multitudes. Con esta Palabra recibió la semilla H, la Vida del Justo para procrear; Dios se impartió en Abraham (YHWH). ¿Tienes la semilla «H»? Es la Vida del Justo impartida al creer. La H hebrea significa «ventana». Abraham tenía que ver las estrellas, por lo que recibió la semilla «H»; la Palabra de fe que le hizo ver hijos en el cielo contando estrellas. Por esto el capítulo 4 de la carta a los Romanos termina hablando que Jesús murió y resucitó y se aplica a nosotros. Dios tiene el poder de matar lo inútil y resucitar lo muerto en nosotros mediante la Vida indestructible del Justo.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:22

Comentario general

4.22 La fe de Abraham estaba a la altura de la promesa de Dios. El Señor cuantificó la fe de Abraham, la evaluó, la midió y la pesó comprobando que tenía las características de la Palabra de Dios. Dios cree en su Palabra y vió que Abraham tenía también esa fe. Por eso lo declaró justo, sin cuenta de males ante Dios, justificado como si jamás hubiera pecado. Sin embargo, esto va mucho más allá. Se trataba de tener un hijo y aún más, la promesa consistía en recibir la vida de Dios capaz de generar descendencia. La gente suele pensar que la justificación se trata del perdón de los pecados, pero, aunque lo incluye, en realidad se trata de vivificación. Cuando Dios justificó a Abraham le llenó de vida para producir descendencia incontable. Así también, cuando Dios nos justificó en Cristo, nos ha dado la vida del Justo para producir a Cristo en nosotros.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:23

Comentario general

4.23-24 Como vimos en las notas al versículo anterior, la justificación iba más allá de perdonar a Abraham, se trataba de vivificarlo para que produjera a la simiente prometida, tanto en la carne de donde vendría el Mesías, como en el espíritu a cuantos creamos en el Señor Jesús y quien tiene que formarse en nosotros. Ahora bien, es necesario que así como Abraham tuvo fe a la altura de la Palabra de Dios, así también nosotros creamos igualmente. Nuestra fe, para lograr la justificación con Dios debe estar plenamente convencida que la Vida indestructible trajo al Justo, a Cristo Jesús a ese mundo, muriendo por nosotros y efectivamente, sin lugar a dudas, resucitó incorruptible. Crees en Dios y le crees a Dios como Dios cree en su Palabra.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:24

Comentario general

4.23-24 Como vimos en las notas al versículo anterior, la justificación iba más allá de perdonar a Abraham, se trataba de vivificarlo para que produjera a la simiente prometida, tanto en la carne de donde vendría el Mesías, como en el espíritu a cuantos creamos en el Señor Jesús y quien tiene que formarse en nosotros. Ahora bien, es necesario que así como Abraham tuvo fe a la altura de la Palabra de Dios, así también nosotros creamos igualmente. Nuestra fe, para lograr la justificación con Dios debe estar plenamente convencida que la Vida indestructible trajo al Justo, a Cristo Jesús a ese mundo, muriendo por nosotros y efectivamente, sin lugar a dudas, resucitó incorruptible. Crees en Dios y le crees a Dios como Dios cree en su Palabra.

— Roberto Tinoco

Romanos 4:25

Comentario general

4.25 Todo el capítulo cuatro termina en este versículo: Jesús entregado a muerte bajo el permiso de Dios, un regalo divino que redunda en el perdón de nuestros pecados, toda transgresión es borrada como si nunca se hubiera cometido; y nosotros, los que creemos en Él, recibimos la vida de resurrección, la vida que vence esta creación y su caída; siendo así declarados justos ante Dios. Esto es más que una etiqueta que dice “justo”; es una vida que te hace justo.

— Roberto Tinoco

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