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Romanos 9

Dios elige a Israel

1Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo,🗨 2que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.🗨 3Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;🗨 4que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas;🗨 5de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.🗨 6No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas,🗨 7ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia.🗨 8Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.🗨 9Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo.🗨 10Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre🗨 11(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),🗨 12se le dijo: El mayor servirá al menor.🗨 13Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.🗨 14¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.🗨 15Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.🗨 16Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.🗨 17Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.🗨 18De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.🗨 19Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?🗨 20Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?🗨 21¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?🗨 22¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,🗨 23y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria,🗨 24a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?🗨 25Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada.🗨 26Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, Allí serán llamados hijos del Dios viviente.🗨 27También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo;🗨 28porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud.🗨 29Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, Como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos semejantes.🗨

Incredulidad de Israel

30¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe;🗨 31mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.🗨 32¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo,🗨 33como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en él, no será avergonzado.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Romanos 9:1

Comentario general

Romanos 9.1-2 Pablo era un hombre feliz; hay cartas, como la que escribe a los filipenses en donde muestra su regocijo constante aún estando en la cárcel; sin embargo, había algo que le robaba su alegría. No se trataba de un asunto banal, sino de suma importancia; Pablo tenía gran tristeza, no solo tristeza, sino gran tristeza y una especie de punzada en el pecho permanentemente por la salvación de los judíos, a quienes llama sus hermanos. Cuando habla al respecto, Pablo dice que se trata de algo verdadero, en Cristo, a conciencia con el estimonio del Espíritu Santo. No hablaba por hablar, de otro modo no habría involucrado a dos Personas de la Deidad. Tal ejemplo de amor es comparable al amor de Cristo que murió por nosotros. Nos hace cuestionarnos sobre el deseo que tenemos de salvación de nuestros semejantes, ¿verdaderamente queremos que sean salvos? ¿Estamos dispuestos a dar algo de nuestra vida para lograrlo?

— Roberto Tinoco

Romanos 9:2

Comentario general

Romanos 9.1-2 Pablo era un hombre feliz; hay cartas, como la que escribe a los filipenses en donde muestra su regocijo constante aún estando en la cárcel; sin embargo, había algo que le robaba su alegría. No se trataba de un asunto banal, sino de suma importancia; Pablo tenía gran tristeza, no solo tristeza, sino gran tristeza y una especie de punzada en el pecho permanentemente por la salvación de los judíos, a quienes llama sus hermanos. Cuando habla al respecto, Pablo dice que se trata de algo verdadero, en Cristo, a conciencia con el estimonio del Espíritu Santo. No hablaba por hablar, de otro modo no habría involucrado a dos Personas de la Deidad. Tal ejemplo de amor es comparable al amor de Cristo que murió por nosotros. Nos hace cuestionarnos sobre el deseo que tenemos de salvación de nuestros semejantes, ¿verdaderamente queremos que sean salvos? ¿Estamos dispuestos a dar algo de nuestra vida para lograrlo?

— Roberto Tinoco

Romanos 9:3

Comentario general

Romanos 9.3 Desde el bebé hasta el hombre anciano, todos tenemos innumerables deseos a lo largo de nuestra vida; y casi la totalidad de ellos se basan en alguna especie de bienestar personal, tal es la naturaleza humana. Por eso resulta sorprendente el deseo que expresa el apóstol Pablo en su carta a los romanos: desea ser anatema si esto en manera alguna consiguiera la salvación de su nación. Está dispuesto a separarse de Cristo y perder su alma eternamente si pudiera lograr con ello que los israelitas estuvieran en el fe y comunión del Señor. Si lo dijera otro, sería difícil creerle, pero lo dice un hombre que ha dejado todo por predicar el evangelio (y todo es todo). Viaja incansablemente pueblo por pueblo intentando ganar al mundo entero para Dios. Predica, enseña, sana enfermos, escribe, y cuida a la iglesia con sobrada dedicación. Me recordó a otro hombre semejante, se llamaba Moisés. Él también estuvo dispuesto a perder la vida eterna en una discusión con Dios intercediendo por su pueblo. Le dijo: “si no los salvas a ellos, ráeme del libro que has escrito”; en otras palabras, Tu siendo mi Dios y yo, romperemos relaciones para siempre si no perdonas a Israel” (habían pecado gravemente, pero a Moisés eso no le detuvo). Así son los hombres que tienen el sentir de Cristo; están dispuestos a dejarlo todo por la salvación de los demás. ¿Has leído? En la carta a los filipenses, también escrita por Pablo, describe la pasión de Cristo como el que se despojó a sí mismo dejando los cielos, así como sus atributos divinos, es decir, se vació de su deidad no utilizando nada relativo a su identidad como Dios, se hizo Hombre, Hombre siervo muriendo de la forma más cruenta posible: la cruz. Todo esto con el propósito de salvarnos a todos los que recibamos por la fe su gracia. Tu también debes estar dispuesto a salvar a cuantos puedas, especialmente a los tuyos. No debes descansar si tu cónyuge o tu hijo, tu padre o tu madre, tu amigo, vecino o compañero de trabajo, se encuentran sin Cristo. Si tienes el sentir del Señor estarás dispuesto a hacer lo que sea, incluyendo llevar su afrenta, con tal de que reciban a Cristo Jesús como Señor y Salvador todos ellos. Que no sea más importante quién eres, lo que tienes o recibes por encima de que todos conozca a Jesús y entren en su amor. No suena creíble tener a Cristo sin la pasión de Cristo y nada es tan bendecido como uno que gana almas. Por cierto, desde el principio Dios bendijo al hombre y a la mujer diciéndoles que fueran fructíferos y se multiplicaran; si en verdad deseas la bendición de Dios, reconoce que ésta consiste en ganar almas. Sé un árbol de vida…aunque costara parecer volverse anatema. El apóstol Pablo habría de poner en práctica su sacrificio-anatema por amor a sus hermanos los judíos cuando desobedeció a Cristo al no ir a Roma por dirigirse a Jerusalén; y ya en dicha ciudad, pagó el sacrificio de unos jóvenes judíos y se presentó en el templo donde se ofrecería el sacrificio respectivo. Si no fuera porque el Señor se lo impidió levantándose una revuelta judía y obligando a los soldados romanos a sacarlo en peso; y, después de varios juicios, llevarlo a Roma, donde Cristo quería que testificara al César. No fue un arrebato editorial, lo que Pablo dijo, verdaderamente en Cristo y con el testimonio del Espíritu Santo, era su pasión (Romanos 9:1-3).

— Roberto Tinoco

Romanos 9:4

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Romanos 9.4 Actualmente se entiende de forma diferente israelita, hebreo y judío; ya que dichos términos, que originalmente se referían al pueblo descendiente de Abraham, fueron evolucionando históricamente hasta llegar a ser diferentes. Hoy se dice que hebreo es la definición étnica, judío el concepto religioso, e israelita lo referente a la condición civil o de Estado, por resumirlo lo más posible. Pero en los tiempos en los que el apóstol Pablo escribió, israelita era el pueblo de Dios descendiente de Abraham, legal y de sangre, así como de religión. Por ello expresa el apóstol que eran israelitas, los de la adopción o pueblo de Dios herederos de su Pacto, con el honor de su gloria, la ley de Moisés o religión, el culto judío y las promesas que Dios hiciera a sus patriarcas. Todo junto en el término israelitas. La adopción se refiere a la promesa de heredarles la autoridad del reino de Dios, ser sus representantes y gobernantes en la tierra cuando llegasen a la mayoría de edad como pueblo (por demás está decir que no lo alcanzaron). La gloria de Israel fue ser el pueblo de Dios que debían llevar el honor divino a las naciones dando a conocer la fe del Dios único y verdadero, así como sus atributos gloriosos al mundo entero. El Pacto fue el Antiguo Pacto, llamado de Moisés. La promulgación de la Ley se trató del contenido del Antiguo Pacto y a la vez, la base de la justicia para todas las naciones de la tierra. Mandamientos, preceptos, decretos y demás aspectos de la ley de Moisés. El culto fue el sacerdocio aarónico con todos sus rituales, ceremonias, sacrificios, ofrendas, etc. Y las promesas, todo aquello prometido originalmente a sus padres, Abraham, Isaac y Jacob; más lo que fue añadido con el pasar de los siglos bajo el Antiguo Testamento que habría de cumplirse una vez que fuese manifestado el Nuevo Pacto en Cristo Jesús. Por eso Pablo sufría por Israel; le dolía que pudiesen perderse (Romanos 9:1-3) habiendo recibido tantas bendiciones y promesas; ante lo cual, se esforzaba predicándoles, pues nada les serviría ser llamados el pueblo de Dios si rechazaban al Mesías, Cristo Jesús. Ya que este sólo acto de incredulidad los dejaba fuera del pueblo de Dios, no serían considerados más israelitas, como demuestra en sus siguientes palabras.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:5

Comentario general

Romanos 9.5 Léanse las notas a los tres versículos anteriores. De estos mismos israelitas llenos de promesas y bendiciones, eran también los patriarcas, ya que descendían de Abraham, Isaac y Jacob, a quienes Dios les prometió muchas cosas para bien de ellos; la mayor promesa y bendición de todas era la venida del Mesías como uno de ellos, israelita, judío. Jesús, quien no solo fue Hombre de Israel, sino Dios entre los judíos. Pablo asegura directamente que Jesucristo es Dios, bendito por los siglos. La divinidad de Jesucristo no es una doctrina inferida o a la que tengamos que llegar por conclusión, sino la declaración directa y expresa, doctrina revelada. Jesucristo es Dios, si bien en los días de su carne no usó sus atributos divinos, sujetándose así a la naturaleza humana para salvarnos, es el verdadero Dios y la Vida eterna (1 Juan 5:20). El apóstol no podía acabar este enunciado sin bendecir a Dios, en este caso, a Jesucristo; antes de sentenciar “amén”, así sea.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:6

Comentario general

Romanos 9.6 Después de elevar a su nación israelita presentando su gloria y privilegio y el por qué de su amor por ella, el apóstol Pablo comienza a develar un misterio: no todos los descendientes de sangre de Israel son considerados en el reino de Dios, es decir, por Dios, como israelitas. ¿Y qué de las promesas de las Sagradas Escrituras? -podría decir alguno. Precisamente por las cosas profetizadas en las Sagradas Escrituras es que no todos los israelitas cumplen los requisitos para serlo. Necesitan la fe de Abraham. Nuestro Señor Jesucristo dijo a los judíos que querían matarle que no eran hijos de Abraham, sino del diablo por tales deseos de homicidio y mentira (Juan 8:44); necesitaban nacer de nuevo. Por tanto, no todos los que en este momento ostentan ciudadanía de Israel son considerados como israelitas por Dios, a menos que se conviertan a Cristo Jesús. Sólo entonces vendrán sobre ellos las promesas espirituales hechas a sus padres.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:7

Comentario general

Romanos 9.7 Véase el contexto. El argumento del por qué no todos los descendientes de Abraham según la carne son israelitas o hijos genuinos, según la perspectiva o parámetros del reino de los cielos, es la diferencia entre el nacimiento de Isaac e Ismael. La descendencia prometida era Isaac, figura de Cristo, la simiente prometida; esto es, según el milagro de Dios que fue posible por la fe cuando ya la carne de Abraham estaba como muerta y no por la fuerza de la carne de Abraham, como el caso de Ismael. Según la revelación del Nuevo Pacto, únicamente son tenidos como hijos de Dios, como su pueblo, es decir, Israel, aquellos que tienen la fe de la Simiente, la cual es Cristo. Como escribe el mismo autor a los Gálatas: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gálatas 3:16). No es un asunto de carne, sino de espíritu; no es genética terrenal, sino celestial que viene por la fe en Cristo. Obra de Dios y no del hombre.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:8

Comentario general

Romanos 9.8 Siguiendo la línea del versículo anterior, el argumento por el cual se demuestra quienes son los verdaderos israelitas se basa en si los tales son obra de hombre o son la obra de Dios. Los que descienden según la carne no son tenidos como descendientes, son obra de la carne, terrenales; mientras que los descendientes por la fe en la Simiente, a saber Cristo, son nacidos de nuevo como hijos de Dios, éstos son obra de Dios y por tanto, los verdaderos israelitas. ¿Eres hijo de Abraham por sangre terrenal o por la sangre de Cristo? Sólo en Cristo serás contado como descendiente, hijo de Abraham e hijo de Dios. ¿En cuál promesa te encuentras: la de la carne o la del espíritu?

— Roberto Tinoco

Romanos 9:9

Comentario general

Romanos 9.9 Lee los comentarios a los dos versículos anteriores. Ser israelita, según el lenguaje del Nuevo Pacto, se fundamenta en la promesa que Dios le hiciese a Abraham de que tendría un hijo. Dicho hijo era Isaac; el cual no nacería de carne y sangre, por decirlo así, no sería por la fuerza de Abraham ni tampoco la fecundidad de Sara haría posible su concepción, sino el poder de Dios mediante la fe de Abraham. Fue Dios quien vivificó al viejo Abraham y a la estéril Sara. De manera que los israelitas genuinos, de acuerdo a la revelación del Nuevo Pacto no son la obra de la carne o producto de la fuerza humana; no nacen de carne y sangre, sino del poder de Dios activado mediante la fe en la promesa de Dios (la promesa representada en Isaac en realidad es Cristo). Si esás en Cristo eres israelita; si no estás en Cristo no lo eres, aunque tu sangre sea tenida por hebrea.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:10

Comentario general

Romanos 9.10 Un segundo argumento que esgrime el apóstol Pablo para demostrar quienes son los verdaderos israelitas, es el nacimiento del primer Israel, a saber, Jacob. Como Isaac su padre, también Jacob era producto de un milagro, ya que Rebeca era estéril como lo fue Sara. No era la obra de la carne, sino del poder de Dios. Los verdaderos israelitas e hijos de Dios somos nacidos de Dios y no de carne y sangre (Juan 1:12-13). Lee la explicación a los siguientes versículos para ampliar ese comentario.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:11

Comentario general

Romanos 9.11 Siendo que en los versículos precedentes, el apóstol ha estado utilizando como argumento para demostrar quienes son los verdaderos israelitas el que sea obra de Dios y no de la carne, casos específicos de Isaac y Jacob; en este versículo utiliza un tercer argumento: los hijos prometidos fueron profetizados como hijos cuando ni siquiera habían nacido, esto es, no habían hecho mérito alguno para ser tenidos por hijos. En otras palabras, no hay obras que una persona pueda hacer o dejar de hacer para ser considerado hijo de Dios e israelita; esto es obra absoluta de Dios. Para apropiarse de dicha obra de Dios, solo se podrá recibirla, esto es, aceptarla por la fe, creer (la fe o es considerada una obra, sino lo contrario a las obras). Nadie puede hacerse a si mismo hijo de Dios ni israelita; sólo Dios puede hacer esto. Lo único que se nos permite es aceptar que nos hizo hijos o rechazarlo según creamos o no en Cristo Jesús. ¿Por qué hablo de la fe como la forma de apropiarse de esta elección? Porque de eso ha estado hablando el apóstol Pablo en toda la carta a los Romanos, que la elección es Cristo y para estar en Cristo, a saber, en la elección, es necesaria la fe. ¿Crees que Dios te hace su hijo e israelita al creer en Cristo?

— Roberto Tinoco

Romanos 9:12

Comentario general

Romanos 9.12 Dios eligió a Jacob como principal y Esaú como segundo en el plan de la redención y del Mesías prometido; la grandeza de Jacob sería mayor que la de Esaú. ¿Significa esto que Dios hizo que Jacob creyera y Esaú no? Esa no es la respuesta; pues Dios elige en su conocimiento anticipado. El apóstol en realidad está hablando de nosotros y de nuestra elección. Te explico: La elección de Dios es Cristo, ya que somos aceptables a Dios en Cristo Jesús y no en nosotros mismos (Efesios 1:6); y en dicha elección hay obras que Dios preparó de antemano para que cada uno andemos en ellas; esto es, conforme al propósito que hemos sido llamados. En el caso de Jacob y Esaú, sabiendo Dios que Jacob estaría en la elección, pues a los que antes conoció, también los predestino para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29), preparó todo lo necesario para cumplir su propósito en Él. Como le había prometido: “no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (Génesis 28:15).

— Roberto Tinoco

Romanos 9:13

Comentario general

Romanos 9.13 Lee el comentario al versículo anterior. En el contexto de la elección, amar y aborrecer no significa literalmente amor y desprecio, sino preferencia, elegir a uno y a otro no. Incluso nuestro Señor Jesucristo habló acerca de que si no se aborrece padre, madre, cónyuge e hijos no puedes ser su discípulo; por supuesto que no se refiere a odiar a los seres queridos y menos desear para ellos el infierno, como interpretan equivocadamente algunos el “aborrecimiento” de Esaú; sino elegir a Cristo, encima de la familia y en consecuencia, se tiene una mejor familia. De esa manera, Dios eligió a Jacob por encima de Esaú. No predestina a nadie para condenarse, pero sí elige algunos a servirle.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:14

Comentario general

Romanos 9.14 Previendo Pablo que sus lectores confundirían sus palabras interpretándolas como injusticia, en este caso, de parte de Dios (pues el hombre tiene la tendencia de buscar igualdad a pesar de ser y comportarnos diferente), se anticipa a preguntar en forma irónica si hay injusticia en Dios, respondiéndose él mismo diciendo que de ninguna manera la hay. Luego dejará en claro, en los siguientes versículos, que Dios es Dios y tiene plena autoridad para hacer lo que desee con sus criaturas (lo que no significa que condenará a alguno arbitrariamente, pues no sólo es Soberano, sino también es Bueno); recordemos que está hablando de la elección en el servicio de su plan divino para revelar a Cristo y no de cielo e infierno.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:15

Comentario general

Romanos 9.15 Las palabras del apóstol pudieran tomarse en sentido negativo, como diciendo que Dios condenará al que quiera condenar al no tener misericordia del que no quiera tenerla; pero eso no es el tema que Pablo está tratando. Su tema no es cielo ni infierno, sino la elección para revelar a Cristo. Dios eligió al pueblo de Israel y lo ejemplifica diciendo que Dios eligió a Jacob y no a Esaú para manifestar al Hijo (resumidamente). Dios le dijo a Moisés que el tendría misericordia del que quisiera tener misericordia cuando Moisés intercedía por el pueblo de Israel, ya que debido a la rebelión del pueblo, Dios le ofreció sacar un pueblo de Moisés dejando fuera a los demás de su plan. Cosa que Moisés no aceptó y que finalmente fue respaldado por Dios continuando su plan con Israel. De nuevo vemos que no tiene que ver con salvación y condenación, sino con la elección de quien revelaría a su Hijo. Muchos murieron en el desierto sin entrar a la tierra prometida, pero eso no implica que se condenaron, sino que no alcanzaron las promesas para esta vida.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:16

Comentario general

Romanos 9.16 Lee los versículos precedentes y su comentario respectivo. Para elegir quien habría de llevar su plan al mundo y manifestar finalmente al Hijo, Dios tomó la decisión en su sola voluntad. Si bien Dios conoció anticipadamente quién habría de obedecer y quién no lo haría, nadie reunía completamente los elementos necesarios para ser elegido; por lo que la decisión recayó únicamente en Dios. Él es el sólo Soberano Dios y en su soberanía eligió a los israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo (Romanos 9:4-5). Serían ellos la nación que habría de manifestar al Hijo. Dios tuvo misericordia de ellos eligiéndolos para esto; ¿estaremos celosos por ello? ¿Acaso no la tuvo de nosotros también misericordia dándonos a su Hijo por medio de ellos?

— Roberto Tinoco

Romanos 9:17

Comentario general

Romanos 9.17 Y así como Dios eligió a Israel para revelarnos a su Hijo (lee la nota anterior); así también fue necesario la contraparte que permitiera la manifestación de su poder. ¿Cómo llevar la gloria de Dios al mundo sin la manifestación de su poder? ¿Y cómo manifestar su poder sin la oposición e imposición del mismo? Para esto era necesario que la nación más poderosa del momento se opusiera a Israel y que el hombre que dirigiera a dicha nación, fuera necio y duro hacia lo ordenado por Dios. De manera que Dios se encargó de que el hombre que tuviera tales características llegase a ser faraón de Egipto. No que Dios lo hiciera ser malo, pues Dios no tiene nada de tinieblas; pero sí que aquel que tenía tal maldad fuese levantado faraón. Que Dios te levante o engrandezca no necesariamente significa que tú estás del lado de Dios. Para esto debes obedecer su Palabra escrita de Dios.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:18

Comentario general

Romanos 9.18 Lee las notas a Romanos 9:14-16. De nueva cuenta, el apóstol está hablando de la elección para manifestar al Hijo por medio de Israel y no de salvación y condenación. Dios fue Soberano mostrando su misericordia eligiendo a Israel para mosrar su gloria al mundo sin que la nación se lo mereciera; y Dios también fue Soberano al provocar que faraón se endureciera en su maldad al ir contra su orgullo en cada orden y plaga respectiva, ya que también esto era necesario en su plan. Nadie escapa a la soberanía divina y seas obediente o desobediente, Dios aprovechará tu ser para engrandecerse.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:19

Comentario general

Romanos 9.19 En el mismo hilo del pensamiento apostólico y por si alguno no ha entendido el tema del capítulo 9 de la carta a los Romanos, Pablo se anticipa a la pregunta del lector cuestionando por qué Dios inculpa si fue Él quien eligió a faraón para mostrar la gloria de su poder con su endurecimiento, especialmente si consideramos que la voluntad de Dios respecto no puede ser resistida. La respuesta la dará en los siguientes versículos, por lo que lo explicaré en el comentario respectivo a los mismos. Acerca de si la voluntad de Dios puede o nos ser resistida, debemos comprender la diferencia entre decreto y precepto de Dios. Cuando Dios da un decreto es irresisible, como el día que dijo Dios “sea la luz” y la luz fue. Nada ni nadie puede impedirlo. En este mismo sentido, Dios decretó la elección de Israel y faraón para mostrar su gloria en su respectivo papel. A diferencia del precepto, el cual sí depende de la criatura para ser obedecido o desobedecido, por ejemplo, los diez mandamientos: Dios dice: “no te harás imagen…”, pero si alguno es idólatra no guarda el mandamiento de Dios, a saber, su voluntad.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:20

Comentario general

Romanos 9.20 Lee los comentarios a los versículos anteriores para tener contexto al presente. Pablo no defiende a Dios ni da explicaciones; y puede hacerlo, pero si lo hiciera colocaría al hombre como juez de la divinidad. Al no entender el por qué de las palabras del apóstol, algunos suponen que Dios toma una actitud desinteresada del hombre, salvando y condenado a su arbitrio; pero la Palabra no está hablando acerca de ello. El tema es la elección de Israel para traernos al Hijo, así como de la necedad de faraón para mostrar la gloria de Dios al mundo. Ahora bien, en ese mismo tenor de no justificar a Dios y respondiendo la pregunta del versículo anterior de por qué Dios inculpa, en este caso, a faraón, el escritor inspirado por el Espíritu Santo deja en claro que Dios tiene el derecho como Creador de faraón de usarlo en la misma manera que un artesano hace lo que desea con el barro. El hombre fue sacado de la tierra y su Creador puede volverlo a la tierra si así lo desea. En el versículo 22 va a ser claro que el Creador soportó con paciencia su ira. ¿Por qué inculpa? Porque son culpables y Dios fue paciente alargando el tiempo de oportunidad hasta su ira. No te quejes de la vida que tienes, mejor cambia la persona que eres. Tampoco reclames a Dios por tus experiencias cuando podrías experimentarlo a Él.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:21

Comentario general

Romanos 9.21 En el tema del capítulo, Dios hizo de Israel un vaso de honra y de faraón, un vaso de deshonra. ¿Significa esto que Dios hizo bueno a Israel y malo a faraón; así como que salvó a Israel y condenó a faraón? No, ya que ese no es el objetivo del capítulo. Pablo inicia el capítulo llorando a causa de su dolor por Israel, su nación, ya que la mayoría de los israelitas, al rechazar al Hijo de Dios están perdidos. Así que no los eligió Dios salvándolos en automático. Luego Pablo habla de que no debemos menospreciar a Israel, pues Dios eligió a dicha nación para manifestar a su Hijo (Escrituras, profetas y demás hasta llegar al Hijo). En esa elección, fue necesario también que hubiese personajes como faraón que al oponerse en su necedad, diesen con ello oportunidad de manifestar la gloria de Dios al mundo. No es que Dios haya hecho a uno bueno y a otro malo (Dios no es el origen del mal, ya que la maldad es la ausencia de Dios); ni a uno salvo y a otro condenado, pues Dios desea que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4-6; 2 Pedro 3:9); sino que Dios usó a uno que era útil para mostrar su misericordia y a otro que era útil para mostrar su gloria. Israel servía en su necesidad para traer al Hijo y faraón servía en su necedad para mostrar su poder. “Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en Él” (1 Juan 1:5).

— Roberto Tinoco

Romanos 9:22

Comentario general

Romanos 9.22 Esto deja en claro que ninguno de los vasos de deshonra como faraón eran inocentes, ya que Dios tuvo que soportar con mucha paciencia hasta derramar su ira o castigar completamente. Y mientras esperaba, aprovechó la situación para manifestar su poder al mundo. ¿Podía Dios obligar a faraón dejar ir a Israel si hubiera realizado la muerte de los primogénitos al principio? Sí. Pero decidió llevar a cabo primeramente las otras plagas como si cada plaga fuera un vaso de ira que le permitiera ir mostrando más y más de su poder hasa dejar a Egipto destruido. De esa manera el mundo politeísta supo de la gloria del único y verdadero Dios. Por cierto, lo que hizo con Egipto lo hará al final con el mundo.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:23

Comentario general

Romanos 9.23 Si bien mostró Dios su poder y con esto parte de su gloria mediante faraón y Egipto; manifestó mucho de su gloria más mediante Israel. Los vasos de deshonra sirven; pero sirven aún más los vasos de honra. La ira habla; pero la misericordia es mucho más elocuente. Para que las riquezas de la gracia de Dios fueran notorias al mundo, es decir, para que se supiera más de la bondad, misericordia, amor, generosidad, etc. de Dios, Él hizo uso de misericordia para con una nación, Israel, dándole la adopción, el Pacto, las Sagradas Escrituras, el sacerdocio y las promesas entre muchas cosas más, siendo la mayor riqueza de todas, su propio Hijo Jesucristo. Especialmente, engrandeció la manifestación de dichas riquezas en el misterio de la piedad que expresará en el siguiente versículo. Todo esto era un plan de Dios antes de la creación del mundo.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:24

Comentario general

Romanos 9.24 Por si fuera poca la manifestación de la gloria de Dios mediante los vasos de misericordia, a saber, Israel, de lo cual habla el versículo anterior, Dios amplió dicha manifestación a todos sin distingo entre judíos y gentiles; a saber, la iglesia como el misterio de la piedad, Dios manifestado en carne. En otras palabras, en Cristo somos parte de la gloria de Israel para mostrar la gloria de Dios (lee Efesios desde el capítulo 2, versículo 13 hasta Efesios capítulo 3, versículo 6).

— Roberto Tinoco

Romanos 9:25

Comentario general

Romanos 9.25 El misterio de la piedad fue revelado por Dios hasta el apóstol Pablo (Efesios 3), pero ya anteriormente había sido dicho por los profetas en misterio. Pablo cita al profeta Oseas para demostrar lo que ha venido diciendo. Dios llamaría pueblo suyo, a saber, Israel, a quienes no éramos israelitas. Nos incluyó en un solo pueblo sin distinción étnica. Y tenemos la promesa de llegar a alcanzar, si somos fieles, el privilegio de ser la compañía más íntima de Dios, su amada, la esposa del Cordero. Conviene aclarar que así como no todo el cuerpo de Adán fue transformado en la mujer de Adán; así tampoco todo el Cuerpo de Cristo, será la Esposa de Cristo. Es una recompensa para los vencedores de entre la iglesia judío gentil.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:26

Comentario general

Romanos 9.26 El lugar predicho por el profeta es el mundo gentil. Ahora bien, el privilegio del Nuevo Pacto es extraordinario, ya que bajo el Antiguo Pacto no éramos ni siquiera pueblo de Dios, más en el Nuevo Pacto somos llamados hijos de Dios. Evidentemente es mucho más alto el privilegio de hijo que de ciudadano. El ciudadano tiene un estatus ante la ley de la nación, pero el hijo tiene la naturaleza del Padre, ya que nace del Padre; en este caso, no de cualquier padre, sino del Dios Viviente, ¡glorioso! ¡Espectacular! Primero engendrados y nacidos de Dios; y después, adoptados por Dios, esto es, recibiendo autoridad por haber alcanzado madurez.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:27

Comentario general

Romanos 9.27 Además del profeta Oseas, citado anteriormente, el apóstol Pablo toma las palabras del profeta Isaías, altamente respetado por el pueblo de Israel, para expresar el por qué sólo una parte de Israel conservaría su condición de pueblo de Dios. Esto fue profetizado por Dios; no todos los israelitas serán salvos, ya que la salvación es individual y no corporativa. Solo un remanente, una porción menor de entre todo el pueblo. Los israelitas como nación llegaron a ser numerosos, de ahí la alegoría “como la arena del mar”; pero respecto al reino de los cielos, sólo unos pocos creyeron en el Mesías, Jesús, por lo que sólo ese pequeño número tiene vida eterna.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:28

Comentario general

Romanos 9.28 Interesantemente, el apóstol Pablo une la salvación del remanente al juicio que el Señor ejecutará sobre los que no creyeron. La fe de uno pone en evidencia la incredulidad de otro y lo mismo podemos decir de salvación y condenación respectivamente. Dios es fiel en ambos sentidos y lo que ha de suceder no se tardará para ambos grupos. La pregunta al judío de sangre, (lo mismo que al gentil), ante las palabras del apóstol Pablo no es si pertenece a la nación de Israel, sino si está en Cristo Jesús, solo así puede ser considerado verdadero israelita conforme al reino de los cielos.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:29

Comentario general

Romanos 9.29 Israel podría ser considerada como una nación que dejó la fe del Dios verdadero, especialmente en la época profetizada por Isaías, a saber, el cautiverio babilónico; sin embargo, Dios siempre mantuvo un remanente fiel; descendencia de hijos de Israel e hijos de Dios que conservaron el Pacto. A pesar del juicio, no desaparecieron como Sodoma ni como Gomorra. Volvieron a levantarse. El apóstol Pablo toma esa experiencia del pueblo de Israel como figura del remanente que se mantuvo en Dios aceptando a Jesucristo. Una descendencia de hijos de Dios mediante el nuevo nacimiento.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:30

Comentario general

Romanos 9.30-31 En contraste con el pueblo de Israel, supuestamente dedicados a la ley de Moisés ofreciendo sacrificios por mil quinientos años, de los cuales venía prácticamente todo lo que tenía que ver con Dios, pero que no alcanzó la justicia de Dios (salvo un pequeño remanene salvo), los gentiles, eso es, los no judíos, alcanzaron la justicia de Dios siendo tenidos por justos al recibir a Cristo como su Salvador, cubiertos en su justicia. Una justicia que no podía ser alcanzada guardando la ley, pues nadie puede guardar toda la ley sin fallar alguna vez. ¿Cómo entonces alcanzó la justicia de Dios la iglesia, compuesta en su mayoría de gentiles? Por la fe. Se apropió de los méritos de Cristo, creyó que la obra del Salvador justifica a quienes confíen en Él. Los gentiles o buscaban ser justificados por Dios, pero al escuchar el evangelio, creyeron en Cristo Jesús; mientras que los judíos buscaban la justicia de Dios, cuyos requisitos no alcanzaban a cubrir, y para colmo, no creyeron en el Salvador Jesucristo.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:31

Comentario general

Romanos 9.30-31 En contraste con el pueblo de Israel, supuestamente dedicados a la ley de Moisés ofreciendo sacrificios por mil quinientos años, de los cuales venía prácticamente todo lo que tenía que ver con Dios, pero que no alcanzó la justicia de Dios (salvo un pequeño remanene salvo), los gentiles, eso es, los no judíos, alcanzaron la justicia de Dios siendo tenidos por justos al recibir a Cristo como su Salvador, cubiertos en su justicia. Una justicia que no podía ser alcanzada guardando la ley, pues nadie puede guardar toda la ley sin fallar alguna vez. ¿Cómo entonces alcanzó la justicia de Dios la iglesia, compuesta en su mayoría de gentiles? Por la fe. Se apropió de los méritos de Cristo, creyó que la obra del Salvador justifica a quienes confíen en Él. Los gentiles o buscaban ser justificados por Dios, pero al escuchar el evangelio, creyeron en Cristo Jesús; mientras que los judíos buscaban la justicia de Dios, cuyos requisitos no alcanzaban a cubrir, y para colmo, no creyeron en el Salvador Jesucristo.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:32

Comentario general

Romanos 9.32-33 ¿Por qué? Pregunta Pablo haciendo eco de sus lectores. ¿Por qué no pudieron los judíos ser justificados por Dios? Su fracaso se debió a procurar ser hallados justos por Dios mediante méritos propios. Se consideraron a si mismos justos y buenos, cuando eran pecadores, lo mismo que los demás. Esta falsa autojusticia les llevó a rechazar a Cristo. Tropezaron en Él como en una piedra. No era el Mesías de sus sueños, por no decir de sus ambiciones; sino un Mesías que hablaba de amar a los enemigos y convivir con los pecadores. Jesús fue una piedra de tropiezo y roca de escándalo; pero la culpa fue de los judíos, que no vieron en Él al Mesías ni escucharon a la Palabra de Dios encarnada. Como dice también el apóstol Pedro: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, 3 si es que habéis gustado la benignidad del Señor. 4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6 Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado. 7 Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8 y: piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (1 Pedro 2:1-8). No creer en Jesucristo es tropezar o caer eternamente en condenación; mientras que confiar en Él garantiza no ser avergonzado. Nuestra fe y esperanza son ciertas. No quedaremos esperando lo que no sucederá; sino que Dios cumplirá su Palabra tomándonos por justos en Cristo; y, junto con esto, dándonos acceso a su reino, gloria, herencia y cumplimiento de promesas.

— Roberto Tinoco

Romanos 9:33

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Romanos 9.32-33 ¿Por qué? Pregunta Pablo haciendo eco de sus lectores. ¿Por qué no pudieron los judíos ser justificados por Dios? Su fracaso se debió a procurar ser hallados justos por Dios mediante méritos propios. Se consideraron a si mismos justos y buenos, cuando eran pecadores, lo mismo que los demás. Esta falsa autojusticia les llevó a rechazar a Cristo. Tropezaron en Él como en una piedra. No era el Mesías de sus sueños, por no decir de sus ambiciones; sino un Mesías que hablaba de amar a los enemigos y convivir con los pecadores. Jesús fue una piedra de tropiezo y roca de escándalo; pero la culpa fue de los judíos, que no vieron en Él al Mesías ni escucharon a la Palabra de Dios encarnada. Como dice también el apóstol Pedro: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, 3 si es que habéis gustado la benignidad del Señor. 4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6 Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado. 7 Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8 y: piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (1 Pedro 2:1-8). No creer en Jesucristo es tropezar o caer eternamente en condenación; mientras que confiar en Él garantiza no ser avergonzado. Nuestra fe y esperanza son ciertas. No quedaremos esperando lo que no sucederá; sino que Dios cumplirá su Palabra tomándonos por justos en Cristo; y, junto con esto, dándonos acceso a su reino, gloria, herencia y cumplimiento de promesas.

— Roberto Tinoco

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