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1 Corintios 13

La mayor es el amor

1Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.🗨 2Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.🗨 3Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.🗨 4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;🗨 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;🗨 6no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.🗨 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.🗨 8El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.🗨 9Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;🗨 10mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.🗨 11Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.🗨 12Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.🗨 13Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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1 Corintios 13:1

Comentario general

13.1 Pablo inserta magistralmente este capítulo en su disertación acerca de la unidad del Cuerpo y los dones espirituales. La solución para todo conflicto en la iglesia es el amor. Volver a la esencia de Dios es el remedio para todo. ¿De qué sirven los idiomas sin el amor? El razonamiento paulino es profundo: el propósito de la comunicación es la comunión y sin ésta no existe verdadera comunicación, las lenguas se resumen a ruidos sin sentido, golpes caprichosos de metales sin vida. Hay idiomas humanos e idiomas celestiales, pero tanto para los unos como para los otros, el regulador de la comunicación es el amor.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:2

Comentario general

13.2 La profecía hace al profeta; el entendimiento define a los sabios; y la fe a los santos; sin embargo, si profetas, sabios y santos no aman, pierden por completo su ser. La profecía se tiene, la ciencia se obtiene, y la fe se posee; pero solo el amor es. La profecía predice; los misterios y la ciencia informan; y la fe hace milagros; pero solo el amor vive. Con lo demás haces, pero con el amor eres. La medida de tu ser es el amor y no el hacer, menos aún el tener.

— Roberto Tinoco

Comentario general

13.2 La profecía hace al profeta; el entendimiento define a los sabios; y la fe a los santos; sin embargo, si profetas, sabios y santos no aman, pierden por completo su ser. La profecía se tiene, la ciencia se obtiene, y la fe se posee; pero solo el amor es. La profecía predice; los misterios y la ciencia informan; y la fe hace milagros; pero solo el amor vive. Con lo demás haces, pero con el amor eres. La medida de tu ser es el amor y no el hacer, menos aún el tener.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:3

Comentario general

13.3 Puedes hacer buenas obras sin amor; pero jamás podrás amar sin hacer buenas obras. Por tanto, el verdadero servicio está en el amor. Repartir los bienes a los pobres o entregar el cuerpo a ser quemado es dar lo que se tiene, ya sea en bienes o en cuerpo, posesiones. Pero amar es darse a sí mismo. Sólo esto tiene recompensa, sólo eso te sirve; de hecho, amar es en sí la recompensa.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:4

Comentario general

13.4 Después de lo anteriormente expuesto, ¿qué es amar? ¿Cómo se define el amor? Primeramente, se usa el término agápe, refiriéndose al amor verdadero (en contraste con filadelfía, amor fraternal; eros, amor de pareja; y fílos, amor de amigo). El amor es sufrido, griego makrodsuméo, “de espíritu largo o grande”. Ante todo, el amor verdadero es espiritual, de gran conciencia, intuición y discernimiento. Aguanta bastante; no se rinde, no sabe retroceder. El amor es benigno, griego jresteúomai, “mostrarse útil”, quien ama actúa con benevolencia, busca ser de provecho al amado. El amor no tiene envidia, griego zelóo, “tener calor” por o en contra de. El ardor producto de la desconfianza no tiene nada que ver con el amor, sino con el egoísmo. Es anteponer al amor propio el amor a otro. El amor no es jactancioso, griego perpereúomai, “presuntuoso, fanfarrón”. Solo quien no ama se esconde tras mentiras; el amor verdadero prefiere manifestarse a provocar que se ame una fantasía. El amor no se envanece, griego fusióo, “soplar, inflar”. Se puede inflar lo que está vacío; y está vacío lo que carece de amor. La gente orgullosa es gente vacía; a falta de amor se llena de aire.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:5

Comentario general

13.5 El amor es santo; Dios es amor. Lo que busca el mal carece de amor. Dios es bueno. Lo que es impropio no es amor. Dios es justo. El amor es generoso, no busca lo suyo. Renuncia a sus derechos propios por el bien del amado. El amor no se irrita. Puede pensarse que el amor es pasional y aunque tiene gran pasión, no carece de control, no explota. El amor no guarda rencor, no lleva cargas que le impidan volar.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:6

Comentario general

13.6 La naturaleza caída se alegra del mal. La injusticia y el amor son opuestos; los injustos no aman, al menos no aman con verdadero amor. Por tanto, el amor se goza en la verdad, griego alédseia, lo verdadero, sin nada oculto. El amor es luz y no convive con las tinieblas.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:7

Comentario general

13.7 El amor todo lo sufre, griego stégo, todo lo cubre, le pone techo, cobertura. No exhibe ni avergüenza, sino protege con silencio. El amor todo lo cree, griego pisteúo, tiene fe, convicción, crédito. La desconfianza le es ajena. El amor todo lo espera, griego elpízo, esperar con anhelo, con deseo, placer. Gusta del encuentro y de que el bien le sorprenda. No espera el mal, no es pesimista. El amor todo lo soporta, griego jupoméno, “quedarse debajo”, permanecer, perseverar con entereza. No huye, sino levanta.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:8

Comentario general

13.8 Una excelente descripción del amor verdadero es “sin límites”, nunca deja de ser, no se acaba ni sufre desgaste. El amor es eterno. Pablo retorna al primer versículo del capítulo: las profecías, dones y ciencia terminarán, pero no el amor; por tanto, no hagamos de las cosas temporales la prioridad, evitemos así el error corinto, la división. La Escritura no dice que ya acabaron estas cosas, sino que acabarán algún día. Todavía hay profecía, todavía se manifiestan los dones espirituales y todavía vemos ciencia y conocimiento creciente por doquier.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:9

Comentario general

13.9 La presente era es imperfecta, tenemos conocimiento imperfecto y hablamos la Palabra de Dios sin completa exactitud. La idea es vivir por el amor, pues a diferencia de nuestra condición, el amor es perfecto. Ama y no errarás.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:10

Comentario general

13.10 Algunos piensan que lo perfecto aquí referido son las Sagradas Escrituras, pero se equivocan, la Biblia es perfecta, pero el escritor no está hablando de eso; si tal fuera el caso, ya veríamos cara a cara y tendríamos un conocimiento perfecto, celestial (vr. 12). En semejante caso, todo lo temporal, todo lo que es en parte ya habría desaparecido, incluyendo la fe y la esperanza (vr. 13). Lo perfecto vendrá hasta la glorificación de nuestro ser a la venida del Señor.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:11

Comentario general

13.11 La perfección es madurez, es el estado completo, sin faltante. Los corintos eran niños (3:1) que hablaban, pensaban y juzgaban como niños; es decir, de forma imperfecta, incompleta. Si valorar todos los factores y con muchas limitaciones. Si aprendían a amar tendrían posibilidades de madurar, dejar su estado infantil. El crecimiento está en el amor. El problema de los niños es que son dependientes; mientras que la virtud de la madurez, a saber, de amar, es que procura el bien de lo que ama. Conviene dedicar unas palabras a los varones en base a este versículo. El hombre debe celebrar su masculinidad. Ser hombre no es aburrido ni insignificante; pero por alguna extraña razón estamos dando una idea equivocada de ser hombres; ¡pareciera que la pasamos mal como hombres! Mira a las mujeres, ellas celebran su femineidad, a pesar de que tienen que enfrentar muchos retos como mujeres. ¡Pero les gusta serlo! Se llenan el cuerpo de cremas y aceites, buscan vestidos de colores y formas, su ropa grita que son mujeres. Se ven tan llenas de energía y felices de ser mujeres. Se pintan y hablan como mujeres, caminan contoneándose y sonríen deliciosamente. Celebran su femineidad en todo lo que hacen. Los hombres debemos volver a la celebración de nuestra masculinidad; y no me refiero al machismo inseguro que aplasta ni a las malas costumbres propias de un mono, como eructar. Estoy hablando de expresar que somos hombres; sí, al rasurarnos nos cortamos y en lugar de gritar miramos la cuchilla con ganas de morderla. Sí, nos saludamos con apretones de manos que romperían los huesos de las damiselas. Sí, nos comemos cosas que hasta el perro rechaza con tal de no lastimar a la hermosa mujer que lo cocinó para nosotros. ¡Somos hombres y estamos orgullosos de serlo! Las mujeres se conocen a sí mismas perfectamente. Cuidan su ciclo mensual; se miran al espejo y se atienden regularmente. Celebra tu masculinidad, no mires sólo el bíceps en el espejo, sino también la llanta que ha salido. Conócete. No tienes por qué sentirte menos hombre cuando pierdes el empleo o sufres una falta de erección. Eres un hombre que va a vivir por encima de eso también. Tendrás que hacerte exámenes para revisar tu próstata con la misma realidad que no podías evitar una emisión nocturna en la adolescencia. Eres hombre y debes estar orgulloso de ello. Dios se hizo Hombre y eso me llena de gusto para celebrar ser un hombre también. El pasaje que leímos tiene varios “cuandos”; el primero de ellos se refiere a la etapa de niños, mientras que el segundo “cuando” habla del cambio hacia ser hombre. La transición no siempre es fácil ni rápida. Las mujeres tienen su segundo “cuando” de una forma traumática en su primer sangrado, luego su madre le enseña que ya es una mujer y comienza a celebrar su femineidad de forma clara y definida; pero el segundo “cuando” del hombre no está tan definido y a pesar de los cambios físicos resulta subjetivo, abstracto, vergonzoso y difuso. Una etapa que a veces se arrastra por toda la vida, inmadurez permanente. ¿Cómo pasamos al otro lado de la vida? El primer cuando te lo explicaré con otro texto bíblico: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4:35-41). Pasemos al otro lado. Necesitamos dejar lo que es de niño. Los discípulos tuvieron en esta experiencia el conocimiento de que todavía no habían pasado al otro lado dejando lo que es de niño para ser hombres. Tanto los hombres como sus mujeres están preguntando: ¿cuando? ¡¿hasta cuando?! Cuando era niño hablaba como niño. Los niños no tienen un lenguaje pulido, refinado. De tanto hablarles como bebés aprenden a hablar mal. Es similar el hombre inmaduro, su lenguaje no ha sido perfeccionado y puede ser altisonante y grosero; incluso vulgar. En otros casos es mudo y habla con monosílabos: ¿cómo te fue? Bien. ¿Quieres comer? Sí. ¿Estás enojado? No. Mmm. Ligado a esta falta de lenguaje, los niños adultos no oran; simplemente no saben relacionarse ni pedir ayuda. ¿Cuándo un hombre va al médico? Primero se le pudre el hígado o lo lleva su mujer como si fuera su mamá. ¿Cuándo pide direcciones? Primero se pierde o se acaba la gasolina dando vueltas. El hombre se mira hombre pero la tormenta vendrá. Tiene sus bíceps abultados y su espalda ancha; habla con voz ronca; pero cuando viene la tempestad se manifiesta quién es verdaderamente, y si es un niño, entonces habla como niño. No puede evitarlo; primero, las tempestades de la vida vendrán, los vientos soplarán y las olas se levantarán. Es un hecho, la tormenta es real. Curiosamente las tormentas se levantan precisamente cuando decidimos cruzar al otro lado. No importa cuanto reprendas o canceles el problema, las tempestades existen en esta vida y te harán hablar; entonces tus palabras dirán quién eres verdaderamente. ¿Y qué dicen los niños? Primero buscan a su papá. Los marinos expertos buscaron al Carpintero. Jesús estaba cansado y decidió aprovechar el viaje al otro lado para dormir; qué mejor manera de hacerlo que guiado por pescadores, ellos sabrían llevarlo. Pero cuando vino la tormenta ¡hablaron como niños! “…y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Hicieron bien en acudir a Jesús, pero no en la forma en la que acudieron. Los niños dicen: ¿dónde está Dios en medio de mis problemas? ¿Acaso no tiene cuidado de mi? Un día murió una mujer que había sido madre soltera; y sus familiares me pidieron que fuese yo quien explicara al niño que su madre había muerto. Ensayé lo que iba a decir y usé las palabras más tiernas que pude, ¿resultado? Ni una lágrima, sólo la frase: “¿y ahora quién me va a cuidar?” ¡Era todo lo que le preocupaba! Los niños hablan como niños. El segundo cuando es el pensamiento. Cuando era niño pensaba como niño. El pensamiento de los niños es inocente, pero no solo inocente, sino también incauto y sin prudencia. Se dice comúnmente: “como quitarle un dulce a un niño”, para referirse a lo que es fácil, engaño sin complicación. Los niños piensan de forma limitada, el bebé supone inconscientemente que la cuna es todo el mundo y el niño hace del patio de juegos su universo. Es el hombre el que va a la luna y quien también explora las profundidades del mar (si un niño habla de esto es porque un adulto le ha contado de ello). Jesús llamó a sus discípulos, les prometió un reino y los capacitó para sanar enfermos y enviarlos a predicar. Literalmente los estaba discipulando para la conquista del mundo, ¡y ellos pensaron que esa noche morirían ahogados! ¿Cómo podían olvidar todo lo que el Maestro les había dicho? Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Los niños ven monstruos en el closet y debajo de la cama; los niños adultos ven monstruos en el trabajo y en la economía mundial. Unos y otros se esconden; los primeros bajo las cobijas, los segundos debajo de las excusas. ¿Cómo no tienen fe? El niño no quiere ir a clases porque otro niño le pegó; pero el hombre está entrenando para romperle los dientes. Los hombres piensan en soluciones y no en imposibilidades. Tu mundo no está fuera de ti. Quien dijo que cada cabeza es un mundo tiene razón, allí está sucediendo todo en realidad. Antes de que un edificio fuera construido, alguien lo pensó. Antes de que un avión levantara el vuelo, alguien lo pensó. Son adultos que dejaron de pensar como niños. Los niños piensan como niños y los hombres han dejado de pensar como niños; ya no viven de sueños, sino de fe. ¿Te has fijado en los sueños de los niños? Suelen ser totalmente descabellados y sin sentido. Los hombres tienen fe, apuntan hacia algo y luchan por alcanzarlo. Los hombres que piensan como niños suelen esconder sus frustraciones detrás de los juguetes. Por ejemplo, es común que un niño que vive en un hogar con violencia familiar, mientras el padre golpea a su madre o ambos se traban en una lucha de gritos, el niño corre a su cuarto y esconde su dolor detrás de sus juguetes; trata de no escuchar, distrae su atención, pierde consciencia de su realidad por unos momentos. Así le sucede a los niños adultos; cuando llegan los problemas se esconde detrás de un auto o de una motocicleta; otros son más refinados y se esconden en la oficina detrás de los negocios. Su traje y corbata les hace ver más responsables, su auto elegante esconde bien su frustración; pero son niños huyendo de la vida. Están distraídos sin conciencia. Huyen de una hija que vive en fiestas; se esconde de las cuentas por pagar; huye de una mujer que le reclama su falta de atención. Hermanas: ¿no lo han visto? Entre más le peleas, más se esconde de ti. ¿No te dice esto nada? ¡Eres su mamá y él se está escondiendo detrás de sus juguetes! Un nuevo cuando es el juicio maduro: cuando era niño juzgaba como niño. Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen? Los niños son dependientes de los adultos. Los discípulos juzgaron que era responsabilidad de Jesús resolver el problema de la tormenta y luego se asustaron que lo hiciera. ¿No es esto paradójico? Los creyentes niños suelen estirar la mano hacia el cielo esperando que Dios solucione todos sus problemas e incluso son perezosos que se justifican con doctrinas argumentando que Dios lo hará todo y que nosotros no debemos hacer nada. Permíteme un ejemplo que ilustre le diferencia entre niño y hombre, es la diferencia entre la generación de Moisés y la generación de Josué. El Jordán fue su “cuando”: Los niños no van a la guerra. Aún cuando todo el pueblo de Israel en su segunda generación después del Éxodo debía entrar a la tierra prometida; sólo los varones mayores de veinte años fueron llamados como soldados para la conquista. Esto significa que los niños no van a la guerra. Bástenos considerar ue Dios rodeó a los filisteos cuando sacó a Israel de Egipto diciendo: no sea que al ver la guerra, el pueblo se regrese a Egipto (Ex. 13:17). Eso fue precisamente lo que sucedió cuando llegaron a Canaán (Núm. 14:1-4). Son los hombres quienes conquistan la tierra y edifican reinos. Llegaremos lejos como iglesia con una mentalidad madura de reino. La generación de Josué era diferente a la generación de Moisés. Generacionalmente, estaban cambiando de niños a hombres. Los niños tienen todo gratis; lloran y mamá se los da todo. Pero los hombres salen a conseguir su sustento. En Moisés lloraron y Dios les dio agua de la Roca. Lloraron de nuevo y Dios les dio Maná. Volvieron a llorar y Dios les dio carne. Jamás sembraron y nunca les faltó comida. Nunca hilaron y siempre tuvieron ropa. Sin esfuerzo alguno y jamás les faltó calzado. Eran niños cuidados por Papá. De día una nube protegiéndolos del sol y de noche columna de fuego para darles calor. No conocían el desierto y Dios los guió por cuarenta años. Ellos sólo tenían que seguirle. Pero en Josué las cosas cambiaron: en cuanto entraron a la tierra prometida cesó el maná del cielo. Ahora tendrían que trabajar para obtener pan. En lugar de una nube de gloria y columna de fuego tenían gigantes frente a ellos. Ahora no sería tan sencillo seguir a Dios; de hecho, ahora Dios los seguiría a ellos (Josué 1:9). Los niños son llevados por su mamá a la escuela; pero los jóvenes sienten vergüenza si los lleva su mamá. Juzgar como hombre. Otra cosa que cambió fue su manera de juzgar; ya no lo harían en base a una mente individual, sino a una perspectiva corporativa. El niño dice “mío”, el hombre dice “nuestro”. Nota cómo en Moisés no había ejército, todo era individual. Cuando alguno pecaba, como por ejemplo Coré, moría el que pecaba. Pero en Josué sí había ejército, todo era corporativo; cuando alguno pecaba, por ejemplo Acán, todo el pueblo sufría la derrota. La mentalidad corporativa produce ejército. Israel en Moisés fue sacado por el poder de Dios sin intervención alguna del pueblo; pero a Israel en Josué, la generación de conquista, fue introducido a la tierra prometida con el poder de Dios a través de ellos; luchando y batallando. Dios no envió plagas a sus enemigos, ¡ellos eran la plaga de Dios! (Dt. 7:2). Los niños corren a esconderse al lado de papá para que los defienda y saque de problemas; pero los hombres están al lado de su padre en la guerra. Los niños esperan regalos en Navidad y sólo piensan quién los cuidará cuando mueren sus padres; pero los hombres van por las recompensas y hacen que el año sea bueno cuidando a los demás. Si continúas viviendo como niño seguirás recibiendo trato de niño: “mientras el heredero es niño, en nada difiere con el esclavo, aunque es señor de todo” (Gál. 4:1). ¿Haz visto cómo manda su mamá a un niño repitiéndole todo lo que va a hacer palabra por palabra y textualmente le indica lo que debe decir? ¡Es trato de niño! Pero, ¿te haz fijado que la misma mujer no hace lo mismo con su marido, sino que espera que él intuya lo que ella desea? ¡Es trato de hombre! Entiende entonces el trato de Dios, Él espera que tú hagas lo correcto en Él sin que te tenga que tratar como a un niño. Debes entender su corazón. El niño vive por la “gracia”; pero el adulto por el compromiso. No es lo mismo don que recompensa. Una iglesia de niños no va a ningún lado, vienen cada domingo por su biberón; pero una iglesia adulta conquista la tierra prometida, va a nuevos niveles, porque conoce el compromiso. Después viene el cuando del cambio: cuando ya fui hombre dejé lo que era de niño. Hay otra tormenta en los evangelios en la que se vieron envueltos los discípulos. Yo veo en esta segunda ocasión la oportunidad de tener su “cuando”, esto es, de dejar de ser niños para transformarse en hombres: “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (Mat. 14:22-28). En la segunda tormenta Papá no está con ellos. Cuando Dios considera que eres un hombre te envía y aparentemente se esconde esperando que actúes como hombre. Te dejará temporalmente solo y permitirá que las olas azoten tu barca y el viento te sea contrario. Fueron tentados a seguir pensando como niños, pues al ver a Jesús pensaron que era un fantasma. En la adversidad, la mente infantil piensa más fácilmente en el mal que en el bien; mira un fantasma antes que la Presencia de Dios. Pero decidieron ser hombres cuando uno de ellos caminó en las aguas. Eso es juzgar como hombre, ya no fue decir: ¿quién es este? El que caminó en las aguas; sino, ¿Quién soy en Él? ¿Y por qué no camino sobre el agua? Los niños piden que cese la tormenta, pero los hombres piden caminar sobre ella.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:12

Comentario general

13.12 La condición corintia describe muy bien la condición presente: borroso. Ver por un espejo es ver por reflejo, es decir, sin alcance a lo verdadero. Ver oscuramente es ver de forma limitada, sin precisión. La inmadurez no tiene alcance, no enfoca lo genuino y mira como a través de neblina (la carne es ese velo). Mientras no seamos glorificados tendremos estas limitaciones; ¡más llegará el día cuando estemos cara a cara con el Señor! Si en verdad decidimos amar. Entonces nuestro conocimiento y experiencia serán ampliados en grado sumo hasta poder relacionarnos en amor de forma tan plena como Dios nos ha amado.

— Roberto Tinoco

1 Corintios 13:13

Comentario general

13.13 Mientras tanto (ver nota anterior), tenemos recursos para nuestro estado imperfecto: fe, esperanza y sobre todo, el amor. La fe y la esperanza son diferentes, pues se dice de ellas, junto con el amor, que son tres y no dos. La fe es certeza (Heb. 11:1); la esperanza, anhelo, expectación placentera de ver el bien. Ambas son necesarias y maravillosas, pero es el amor lo perdurable. Un día no harán falta la fe y la esperanza, pero seguiremos amando. La vida de los creyentes en corinto exaltaba las virtudes de la fe, para ellos, todo eran manifestaciones y dones espirituales, pero el consejo apostólico es que regulen todo mediante el amor. El poder sin amor produce desorden; en cambio, el amor es poder creativo y ordenado.

— Roberto Tinoco

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