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Efesios 3

El plan secreto de Dios

1Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles;🗨 2si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros;🗨 3que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente,🗨 4leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo,🗨 5misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu:🗨 6que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio,🗨 7del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.🗨 8A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,🗨 9y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas;🗨 10para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,🗨 11conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,🗨 12en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;🗨 13por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria.🗨

Pablo ora por crecimiento espiritual

14Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,🗨 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,🗨 16para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;🗨 17para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,🗨 18seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,🗨 19y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.🗨 20Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,🗨 21a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Efesios 3:1

Comentario general

3.1 Pablo no era preso de Roma ni del César; sino de Jesucristo. Y no por causas políticas o religiosas por parte del imperio o de los judíos; sino por la causa del reino de Dios: la salvación del mundo. Dedicó su vida a la salvación de los gentiles y lo estaba cumpliendo, era su causa, como lo explica en el capítulo anterior. Para quien vive para Cristo nada de lo que sucede es ocasionado por el mal o las tinieblas, el diablo, el mundo o persona alguna fuera del control del Señor. Dándole la vida a Cristo, todo lo que experimentes en esta vida, habrás de tomarlo como de parte de Cristo.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:2

Comentario general

3.2 El ministerio del apóstol Pablo no se había realizado en un rincón del mundo o en el anonimato; por el contrario, fue público y bien conocido tanto por judíos como por gentiles. Griegos, romanos y judíos fueron testigos del arduo trabajo del apóstol y de su empeño por ganar el mundo para Cristo. El impacto de Pablo en la historia de la humanidad sólo podrá ser conocido en la eternidad y es comparable con cualquiera de los más grandes de la tierra de todos los tiempos. Dios administra su gracia dispensándola en distinta medida a cada uno de sus llamados, según el propósito de dicho ministerio. En el caso del apóstol Pablo, siendo que habría de escribir la mayoría del Nuevo Testamento y de que su ministerio sería de alcance mundial, como apóstol a los gentiles fundando la mayoría de las iglesias de su tiempo, la gracia de Dios había sido sobremanera abundante para con él, tanto en revelación como en poder. Probablemente el hombre más ungido, por decirlo así, después del Señor Jesucristo. Y así como Dios administra su gracia, nosotros también debemos ser fieles administradores de la misma dando de gracia, lo que de gracia hemos recibido. ¿Cómo medimos la eficacia de dicha administración? Lo hacemos mediante los frutos. Si tenemos resultados favorables para el reino de Dios como el alcance de almas y la edificación de la iglesia, su gracia no ha sido en vano para con nosotros. El apóstol sabía que la gracia que le había sido dada, la recibió por causa de los gentiles y así debería administrarla. La gracia recibida es para darla a otros. Si únicamente nosotros disfrutamos los beneficios de la bondad divina sin bendecir a los demás, seremos hallados malos administradores de la multiforme gracia de Dios.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:3

Comentario general

3.3 La gracia sobreabundante que Dios concedió a Pablo, le permitió conocer asuntos relacionados con el reino de Dios que nadie más había conocido nunca; esto es revelación, aquello que no puede ser aprendido por medios naturales, sino única y directamente de Dios. El apóstol le llama misterio, un secreto que Dios tuvo guardado para sí, escondido desde siempre sólo para Él (Col. 1:26-27); y que tuvo a bien darlo a conocer al apóstol Pablo debido a la inmensidad de su llamado y el propósito que Dios tenía de que todos conocieran dicho secreto a través de la predicación y enseñanza apostólica. Además de la carta a los Efesios, el apóstol escribió acerca del misterio revelado aquí en otras cartas (por ejemplo, Romanos 1:25; 16:25 y Col. 1:26-27). Las cartas del Nuevo Testamento son ricas en sabiduría celestial. Léelas diariamente.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:4

Comentario general

3.4 Las distintas cartas que escribió el apóstol Pablo y se conservan en la Biblia permiten en conjunto comprender mejor el misterio de Cristo. Dicho misterio consiste en Cristo en carne, su manifestación en la iglesia y por medio de la iglesia. La cual, dicho sea de paso, se compone sin distingo de judíos y gentiles como miembros del mismo Cuerpo, el Cuerpo de Cristo. Para más detalles al respecto del misterio de Cristo, conviene leer las palabras del apóstol en Colosenses 1:26-28 y comentarlas: El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre (Col. 1:26-28). Primero, es un hecho, Dios tenía un secreto, un misterio. Algo oculto, más no por esto negativo, que sólo Él conocía. El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades. Me pregunto ¿cuántos secretos más tendrá? ¿Cuántas cosas más nos revelará en el futuro? Dicho misterio se había mantenido oculto desde tiempos eternos (Rom. 16:25). ¿Por qué lo ocultó el Señor? La gama de respuestas es infinita. Dios en su sabiduría sabe qué cosa debe mantenerse en secreto, por qué ocultarlo y en qué tiempo revelarlo si es que ha de ser abierto. ¿Cómo pudo Dios guardar tanto tiempo el misterio? O debo decir mejor, ¿cómo se atrevió a mostrarlo? No mostró lo que había en su corazón manteniéndolo oculto no solo desde los siglos, sino también a través de las edades. Los siglos y las edades son dos cosas diferentes. Los siglos definen el tiempo cronológico, pero las edades nos hablan de las épocas que han transcurrido para la creación. Siglos es tiempo, edades se refiere a los acontecimientos sucedidos durante un lapso, son dispensaciones o períodos específicos del trato divino. Segundo, el misterio de Dios ha sido revelado: pero que ahora ha sido manifestado. Me fascina pensar que durante miles de años nadie supo nada del asunto y Dios haya decidido revelárnoslo a nosotros. Me hace sentir especial; no puedo jactarme de ser mejor que mis antecesores, pero aún así no puedo evitar sentirme privilegiado. El apóstol Pablo, quizá el primero en comprender a cabalidad el misterio de Dios y darlo a conocer, solía decir: A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia (Efes. 3:8). Manifestar es exteriorizar, aclarar, es casi lo mismo que revelar. Y revelar es remover o quitar el velo que oculta algo. En este caso, Dios removió nuestra incapacidad de conocer sus planes. Él quitó la envoltura y ha sacado el regalo. Notemos que el pasaje bíblico en cuestión no dice que Dios está revelando el misterio y tampoco dice que lo revelará. La Palabra dice que ahora ha sido manifestado, lo cual es un hecho consumado, algo que ya sucedió. El misterio es un asunto público en el sentido de que puede ser conocido ahora. Sin embargo, no todos conocen este misterio, ¿por qué? La respuesta nos lleva al siguiente inciso. Tercero, el misterio ha sido manifestado a sus santos. Si Dios guardó en secreto desde la eternidad su misterio, ¿por qué habría de revelarlo a cualquier desobediente? Si personas eminentes como Abraham o como Moisés no tuvieron el honor de que les fuese manifestado el misterio de Dios, ¿Por qué habría Él de darlo a conocer a cualquier negligente y rebelde? El misterio ha sido manifestado a sus santos. Aquí hay por lo menos dos cosas: la primera, Dios muestra sus secretos a los suyos, a sus santos, a los que han sido apartados o viven para Él. Y segunda, Dios es Santo por lo que sólo abre su corazón a los que son como Él: La comunión íntima de Yahwéh es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto (Salmo 25:14). Porque Yahwéh abomina al perverso; más su comunión íntima es con los justos (Pr. 3:32). Cuarto, la voluntad de Dios fue dar a conocer este misterio, por tanto, no debemos ignorarlo: a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio. Hay personas que sólo se interesan en conocer lo relacionado con su salvación y las bendiciones que Dios tiene para ellos, pero ignoran voluntariamente el misterio de Dios diciendo: “0h, eso es difícil de entender, no me interesa pues no es práctico para mi vida”. Te aseguro que no hay nada más práctico y de mayor bendición que las cosas que Dios ha guardado en misterio. Él suele reservar lo mejor para quienes esperan hasta el final y que van por lo más profundo. ¿Cómo habríamos de pecar de indiferencia ante lo que Dios ha considerado cómo lo más importante? ¿Cómo ser apáticos ante lo que Dios reservó por milenios escondiéndolo a todos, pero manifestándolo a nosotros? Quinto, este misterio es rico en gloria: Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio. Todas las cosas pertenecen a Dios, de manera que, si alguien puede hablar de riquezas, ese es Dios. Más apreciemos que el Señor no habla de riquezas materiales ni gloria temporal como la fama, el poder o el dinero. No, el Señor ha dado a conocer que su misterio es rico en gloria; esto es, rico en Su Presencia. Dichas riquezas consisten en mostrarnos a Dios. El misterio de Dios nos revela a Dios y no hay nada más valioso que esto. Sexto, la voluntad de Dios es que su misterio sea dado a conocer a todas las naciones: dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles. Lo guardó por tanto tiempo que una vez que ha abierto su misterio no está dispuesto a que sea reservado para unos pocos. En el pasado manifestó algunos de sus secretos únicamente a su pueblo Israel; sin embargo, ahora anhela que también aquellos que estábamos ajenos a sus pactos y promesas participemos de todas sus riquezas. ¿Por qué entonces nos entretenemos con banalidades? Te aseguro que este no es un tema de libro de mayor venta, pero sí de mayor importancia. Sí algo debe predicarse, ese algo es el misterio de Dios. Cuando el hermano Pablo escribió a los creyentes de Roma les envió una carta con lo mejor de toda su fe y esperanza. En esa carta concentró su teología como una presentación ante una iglesia que no lo conocía. La carta es una obra maestra apostólica. ¿Y cómo crees que la terminó? ¿Cuál crees que fue el clímax? ¡El misterio de Dios! Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que, por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe (Rom. 16:25-26). Séptimo, el misterio es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. Es Dios mismo manifestado en un vaso corporativo, la iglesia. Durante milenios Dios ha estado preparando una vasija a su imagen y semejanza. Dicha vasija no se compone de un hombre individual, sino de millones de seres humanos que, entre todos, somos llamados «el nuevo hombre» (Efesios 2:14-15). De manera que el misterio es Cristo, pero Cristo en vosotros, a saber, la iglesia. Así que el misterio es que Cristo se ha manifestado nuevamente en carne y esta carne somos los creyentes que participamos de Cristo por la fe. Volvamos a leer: que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (Efesios 3:3-6). En la eternidad Dios tuvo un anhelo y concibió un plan para llevarlo a cabo. A este misterio le puso nombre, lo llamó: Cristo. Sin embargo, nadie se confunda pensando que se refiere al Carpintero Galileo, eso sólo es parte del plan. El misterio es Cristo en vosotros, esto es, Cristo en la iglesia, la nueva manifestación de Cristo en carne. La iglesia es Cristo. Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre: Cristo (Col. 2:2). Si tu manejas una Biblia Reina Valera de 1960 te sorprenderás que no diga exactamente igual, pero la traducción literal es la que acabo de escribir. Otras versiones traducen: el misterio de Dios, es decir, Cristo mismo. Esa es la traducción correcta. EL MISTERIO DE DIOS SE LLAMA CRISTO Y CONSISTE EN LA IGLESIA.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:5

Comentario general

3.5 El misterio de Cristo estuvo escondido, fue el secreto de Dios guardado desde el principio. No sabemos si en esferas celestiales el secreto era conocido, suponemos que no; pero lo que sí sabemos de cierto, es lo que Pablo declara en este versículo, que el misterio fue abierto o conocido por los hijos de los hombres en el tiempo apostólico. Revelado, como escondido por un velo. Siempre estuvo ahí hasta que los apóstoles y profetas, comenzando con Pablo, lo dieron a conocer. No se refiere a los profetas del Antiguo Testamento, sino a los profetas del Nuevo Pacto. Dicha revelación llegó de forma sobrenatural por medio del Espíritu Santo a los ministerios principales, los dedicados al establecimiento del fundamento de la iglesia: apóstoles y profetas. Como requisito de la revelación, se especifica “santos” antes de apóstoles y profetas. No se llama hijos de Dios, sino hijos de los hombres a los receptores de la revelación del misterio; pues se trata de un mensaje universal y no sólo eclesiástico. Todos los hijos de Dios pueden ser vistos como hijos de los hombres; pero no todos los hijos de los hombres son hijos de Dios.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:6

Comentario general

3.6 Los gentiles son todos aquellos que no son israelitas. Una forma genérica para referirse en otro tiempo a quienes pertenecían a una diferente nacionalidad respecto de la judía. El plan que Dios tuvo oculto es que finalmente los gentiles también tomarían parte en los mismos beneficios eternos prometidos a los judíos sin distingo; pudiendo ser parte del mismo pueblo de Dios considerado en el Nuevo Pacto el Cuerpo de Cristo. Tenemos, mediante la fe, las mismas promesas de pueblo e hijos de Dios. Todo esto es posible gracias a Jesucristo y se recibe creyendo el evangelio. El evangelio consiste en que Jesús es el Hijo de Dios que fue hecho Hijo del Hombre encarnándose para morir, resucitar y ascender hasta sentarse a la diestra del Padre en favor nuestro y para nuestra vida eterna. Si Dios ha quitado toda distinción racial, sexual, económica y de cualquier índole, ¿no debemos hacerlo también nosotros?

— Roberto Tinoco

Efesios 3:7

Comentario general

3.7 Pablo no pierde tiempo cada vez que tiene oportunidad, de testificar que fue hecho ministro del evangelio como un acto gratuito y generoso de Dios a su persona. Fue el apóstol más cuestionado del primer siglo; incluso los primeros doce tuvieron problemas para aceptarlo por haber sido antes perseguir de la iglesia; sin embargo, llegó también a ser el apóstol más relevante en cuanto a resultados, iglesias fundadas y la extensión del reino de los cielos en el mundo conocido. Por eso es que, junto con su afirmación ministerial, también declara haber sido dotado con abundante poder sobrenatural de parte de Dios para realizar dicha empresa. Su ministerio estaba lleno de frutos y de obras portentosas. Lo mejor que puede hacer el ministro ante quienes lo cuestionan, es volverse más fructífero y manifestar el poder y la gracia de Dios. El don al que Pablo se refiere es el llamado. Don divino respaldado por su poder. Es maravilloso que no reclama derechos (aunque los tenía), sino que considera su posición apostólica, la cual le ubicaba como máxima autoridad en este mundo sobre sus iglesias, como un don o regalo de Dios. Y esto, según “la energía de su dunámis”, parafraseando el griego. La energía de la dinamita de Dios en él. Jamás presumas tus títulos, mejor muestra los frutos de lo que Dios hace por medio tuyo.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:8

Comentario general

3.8 Pablo decía de si mismo ser menos que el más pequeño de todos los santos porque había sido perseguidor de la iglesia (llama santos a los cristianos). No solo el más pequeño, sino menos que el más pequeño. Vivía como en deuda. Empequeñecido por haber obligado a otros a blasfemar. Pero no se dedicó a llorar su falta ni a amargarse por su pasado; tampoco permitió que su pasado lo definiera ni que lo incapacitara; por el contrario, usó su ruina como impulso de su grandeza. Si hizo mal, haría mucho mayor bien. Con todo, a pesar de su pequeñez y de su deuda, Pablo había sido escogido por Dios como el primero de los hombres de todos los tiempos en descubrir y dar a conocer el misterio de Cristo: que todos podemos tomar parte mediante la fe en Cristo Jesús en su pueblo, su Cuerpo y su herencia. El hombre que otrora fue tan celoso de su religión y tan patriota de su nación como para perseguir la iglesia, fue el instrumento denominado “apóstol de los gentiles”. Llamado no ligero, pues si no hubiese sido por su extraordinaria dedicación a dicho llamado y por su incondicional perseverancia, por la gracia de Dios, el cristianismo no habría pasado de ser otra secta más del judaísmo. Pablo predicaba el evangelio desde la perspectiva de las inescrutables riquezas de Cristo, es decir, haciendo a Cristo el centro, atractivo y maravilloso, lleno de virtudes y digno de ser creído. No era el evangelio que toma al hombre como centro de beneficios (aunque son muchos), sino a Cristo, el centro Benefactor. Inescrutables traduce un termino griego que significa “abundante e irrastreable”; esto es, de tan abundante, no puede medirse ni contarse. Habla el evangelio, describe las maravillas, virtudes y riquezas de Jesucristo.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:9

Comentario general

3.9 El apóstol Pablo fue comisionado para asegurarse que el secreto que Dios había guardado desde el principio y que nadie más había podido conocer, a saber, que judíos y gentiles sin distinción somos mediante la fe en Jesús miembros del Cuerpo de Cristo, fuese dado a conocer a todos. Predicado y enseñado con cuidado y dedicación. El secreto fue anterior a la creación, pero la creación tenía su cronograma a manera de dispensaciones o épocas distintas en las que Dios se relacionó con la humanidad. Las épocas pasaron y en la era apostólica llegó el tiempo o la dispensación para dar a conocer dicho secreto. ¿Conoces los tiempos? Te encuentras en la era de la gracia de Dios, valora la bendición de vivir en esta época.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:10

Comentario general

3.10 Para comprender estas palabras, debemos conocer primero el contexto que hace necesario dar a conocer el misterio de Cristo en lugares celestiales. Primero, el cielo necesitó reparación. Cuando un querubín se reveló en el cielo puso en entredicho la gloria de Dios por medio de sus contrataciones (Ez. 28:13-19; Isaías 14:12-17); puso en duda ante las criaturas celestiales el honor divino con sus mentiras; así que uno de los objetivos de la iglesia es restaurar dichos honor y gloria. ¿Cómo puede la iglesia dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios? Si la gloria fue difamada cuando un ser celestial se comportó como terrenal, por decirlo así; entonces la gloria será restaurada cuando un ser terrenal se comporte como celestial. Lo crees, lo decretas y lo vives. Míralo de esta manera: cuando alguno es despedido de la compañía donde trabajaba y dicha persona habla mal de su jefe, suele pensarse mal del jefe; pero, ¿cómo se sabrá si tal jefe es bueno o es malo? Por medio de otros trabajadores. La iglesia es la vindicación de Dios. He allí la importancia de que la iglesia aprenda a hablar como quien vive en el cielo. Si alguno habla, hable conforme a las palabras que Dios da (1 pedro 4:11). ¿Qué clase de palabras da el Señor? ¿Serán soeces o que incomoden a sus oyentes por ser impropias? ¿Serán pesimistas o derrotistas? ¿Serán lastimeras y lloronas? ¡No! ¡El Señor habla fe, verdad, victoria y gozo! El sentido de propósito te da verdadera vida. Ligado a esto tenemos la oración de autoridad u oración ascendida. ¿Cómo orarías si te encontraras en medio de una guerra, mientras las balas pasan zumbando sobre tu cabeza? ¡Lastimeramente! Con ruegos y súplicas. ¿Tiene algo de malo? Por supuesto que no, pero es limitado. Pero, ¿cómo hablarías a Dios si estás sentado a su derecha en el cielo? ¡Lleno de confianza y seguridad! ¡Pues allí te encuentras en Cristo! Tu lengua me dice donde vives: el acento señala tu origen terrenal y las palabras tu morada actual. Demos a conocer la gracia de Dios en todas sus múltiples manifestaciones, hablando y viviendo. Somos el evangelio de las criaturas celestiales; en nosotros pueden conocer la gracia de Dios y por nuestra variedad, su variedad.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:11

Comentario general

3.11 El propósito divino de manifestarse a las criaturas no inició a partir de la rebelión angélica; ni siquiera cuando trajo a existencia toda su creación; no. El propósito divino de manifestarse a sus criaturas es eterno, siempre lo quiso y por ello lo llevó a cabo. Es su anhelo de comunión, su deseo eterno de amor. Dicho propósito o anhelo, lo planeo en la eternidad que se realizara en el Hijo. El plan es Cristo como Señor para llevar todo a la comunión con Dios. En el desarrollo del plan, fue necesario que el Hijo fuese hecho Hombre, de ahí su Nombre Jesús (Yah Salvador). Jamás fue una improvisación a causa de la caída; sino el desarrollo planificado y sistemático del plan divino. Puedes estar tranquilo, Dios está en control. Ponte del lado de quien gobierna los hilos de tu destino.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:12

Comentario general

3.12 Siendo el plan divino reunir todas las cosas en Cristo para llevarlas a Dios; nosotros que hemos creído en Él, en Cristo, tenemos acceso sin demanda ni problema alguno a Dios por medio de Jesucristo. Todo el que se presente ante Dios en su nombre propio deberá ser juzgado; pero quien se presente en el Nombre de Jesucristo ya ha sido juzgado y hallado justo para ser admitido en Presencia de Dios. El tal puede tener absoluta confianza y la seguridad de ser recibido. La única condición para tal acceso es la fe en Cristo Jesús, confiar su vida a Él. Puedes hablar con Dios por cuanto crees en Cristo Jesús, nada impide su comunión.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:13

Comentario general

3.13 El ministerio del apóstol Pablo no era sencillo, por el contrario, estaba lleno de enemistades y persecuciones. Las cuales incluían la difamación de Pablo, tanto griegos y romanos como la iglesia misma de Jerusalén, desacreditaba la vida de este siervo de Dios. En consecuencia, era fácil que alguno se avergonzara de él o llegara a pensar negativamente de su persona. Esto redundaría en el desanimo de dicho creyente respecto de su fe cristiana o lo que es lo mismo, desmayaría. Por ello el apóstol Pablo invoca el Nombre de Jesús sobre su persona y reputación; así como el que fuese a él a quien Dios le reveló su misterio eterno (el Cuerpo de Cristo), como aval de confianza. Por el contrario, ser perseguido por tantos debía ser visto como algo honorable, glorioso; no se trataba de cualquier hombre, sino del siervo de Dios que les traía a los efesios y la iglesia en general, más gloria que cualquier otro.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:14

Comentario general

3.14 Debido al conocimiento que Pablo tenía del misterio de Dios y a que la iglesia era sometida a prueba con las tribulaciones de Pablo (nota 3.13), el apóstol dedicaba tiempo a orar a Dios por ellos. No sea que alguno desmayase ante la constante difamación que se realizaba contra el apóstol. La oración se dirige a Dios Padre en el Nombre de Jesucristo. Esa fue la misma indicación que nos diera el Señor en su enseñanza sobre la oración conocida como “el Padre nuestro”. Hablar a Dios Padre en el Nombre de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Existe un orden para acceder a Dios y haremos bien en respetarlo. Aunque el Padre nos ama de forma personal, con todo, debemos dirigirnos a Él en el Nombre de su Hijo (Juan 16:26-27). Notemos la humildad de orar doblando las rodillas; señal de sometimiento. Así ha de ser la actitud de todo el que se dirija a Dios, humillado, sin soberbia, aun cuando orase de pie.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:15

Comentario general

3.15 Existen innumerables familias, tanto en la tierra como en el cielo, en este siglo y en todos los siglos antes y después de nosotros. No solo de humanos, sino también familias angelicales y criaturas celestiales, de las cuales no podemos hablar ahora (pues aun a Pablo se le prohibió hablar de ello). Dios Padre es la fuente de todas estas familias, de Él procede la vida de todos y de Él tomamos nombre o existencia patrística todos.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:16

Comentario general

3.16 La oración de Pablo por los efesios buscaba primordialmente la fortaleza del hombre interior y no solo la comodidad o bienestar del hombre exterior. Dios nos ha regenerado, por lo que somos realmente lo que él puso dentro, un nuevo ser o espíritu con una nueva mente y un nuevo corazón. Nuestro hombre exterior se va desgastando dando paso al interior, al que verdaderamente somos. Dicho ser debe ser fortalecido por el Espíritu del Señor, eh allí la importancia de la oración apostólica. La vida terrenal es cansada. Quien carece de fe celestial vive afanado y preocupado por un sinfín de cosas. Si no te preocupas por una cosa te preocuparás por otra; lo que necesitas no son soluciones temporales de cosas terrenales, sino la visión de que todo ha sido concluido en bendición. Descansa en fe, confía. De esta manera todo tu trabajo será gozoso y feliz, podrás estar muy activo, pero no cansado. Esto también es lo que significa ser fortalecido en el hombre interior. Dios se relaciona con el hombre en su hombre interior, y esto antes que el exterior. El propósito de la fortaleza que Dios da es para ser habitación de su Espíritu. Él es el Señor y gusta de tener las mejores habitaciones. Sólo así podremos entre todos experimentar la inmensidad de su amor y ser llenos de su plenitud. Hablando de ser llenos de Cristo, quien no se llena es porque tiene su hombre interior como aprisionado y necesita liberarlo; es decir, está viviendo según las cosas externas. El hombre se compone de aspectos espirituales y aspectos materiales. La parte espiritual se le conoce como el “hombre interior” y a la parte material se le llama “hombre exterior”. El hombre exterior es lo visible, el cuerpo y las cosas externas. Y el hombre interior es lo relativo a su espíritu. El hombre sin Dios tiene unidos su hombre interior y su hombre exterior, aunque su hombre exterior gobierna al interior. El cristiano, por su parte, tiene divididos al hombre interior y al hombre exterior; siendo su lucha que el interior gobierne al hombre exterior. Es común encontrar hombres y mujeres luchando consigo mismos, como si dos personas totalmente diferentes la habitaran, como si un ángel y un demonio pelearan su voluntad (tómese como conceptos y naturalezas, pero no como seres reales. Rom. 7:22-24). Necesitamos aprender a ser gobernados por el Espíritu Santo a través del Hombre interior y Pablo intercedía por la iglesia pidiendo esto. Cuando la persona vive su fe a través del hombre exterior tiene su enfoque en lo que siente, es inestable; pero cuando el cristiano vive a través del hombre interior, entonces tiene el enfoque correcto, usa su capacidad sensorial para deleitarse en Dios y disfrutar la vida.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:17

Comentario general

3.17 La oración de Pablo por los efesios pedía lo mejor que puede tener el creyente: a Cristo morando en él. Grande es este misterio, que el Creador, siendo más grande que su creación, acepte habitar en su criatura. Esto es posible por cuanto Dios se acercó a nosotros en Cristo. Y siendo que el requisito para tal milagro es la fe, ¡grande es también la fe! ¿No crees que deberías creer aún más? Cristo está cercano a todo aquel que deposite su confianza en Él, al punto de habitar en él. El corazón es la forma metafórica de referirse a la parte más intima del ser humano. El corazón del espíritu es la conciencia; el corazón del alma es su mente; y el corazón del cuerpo es del todos conocido (aunque para los griegos se refería a las entrañas). Cristo vivirá en lo más íntimo de tu ser si crees en Él. El propósito de la Presencia viviente de Cristo en nosotros es que podamos echar raíces en su amor, con un cimiento estable donde edificar la vida.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:18

Comentario general

3.18 El apóstol Pablo oraba por los efesios con el propósito de que pudieran entender tanto ellos como el resto de la iglesia, la grandeza del amor de Dios. Esto requería una capacitación divina, ya que dicho conocimiento no puede conseguirse mediante el estudio de la carne. No es un asunto de memoria o de la mente ni el razonamiento humanos, sino de la revelación que Dios da a nuestro espíritu; únicamente puede comprenderse por la mente de Cristo que Dios puso en nuestro espíritu y no la mente del alma. Es un conocimiento espiritual que no recibe un solo individuo, sino entre todo el Cuerpo de Cristo. Unos comprenden algunas facetas del amor de Dios y otros otras, pero entre todos llegamos a comprender el amor de Cristo. El amor de Cristo tiene anchura, longitud, profundidad y altura; es multidimensional. Es ancho, por su amplitud generosa sin importar la circunstancia; es largo, porque puede experimentarse siempre, en todo tiempo y lugar, eterno; es profundo, por cuanto es espiritual y no meramente sensorial; y es alto, por cuanto es celestial, no terrenal.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:19

Comentario general

3.19 Todo lo que Dios ha hecho tiene como propósito la comunión de su amor; por tanto, lo que Dios desea revelar de sí mismo lo hace en base al conocimiento de su amor. En la medida que podemos conocer su amor, experimentamos también su llenura: a más experiencia de su comunión, más llena de Dios es la iglesia. Cada creyente, llamado santo, tiene la oportunidad de descubrir facetas distintas del amor divino en Cristo (ver nota 3.18); de esta manera, sumando a toda la iglesia como Cuerpo de Cristo, es que se puede alcanzar entre todos el ser llenos de la plenitud de Dios. No es un asunto individual, sino corporativo; es la llenura del Cuerpo de Cristo del Espíritu de Dios por medio y causa de su amor. Esto es algo que todavía no ha terminado, el Cuerpo sigue creciendo y madurando, por lo que alcanzaremos la plenitud hasta que el Cuerpo de Cristo esté terminado; entonces Cristo será manifestado en su venida y consumado el misterio.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:20

Comentario general

3.20 Dios tiene el poder para que la iglesia alcance su madurez, el Cuerpo de Cristo sea completado y lleno por fin de la plenitud de Dios (ve las notas a los versículos anteriores). Debemos seguir en la comunión de su amor hasta que esto esté concluido. En base a todo lo anteriormente dicho, el apóstol declara confiadamente que Dios es poderoso para hacer posible su plan de la plenitud de Dios en la iglesia, algo que sin duda es mucho más abundante que cualquier cosa que podamos pedir o entender. Dios va a realizar su misterio de Cristo en nosotros o la plenitud de Dios en la iglesia por el poder que ha puesto en nosotros y que actúa en nosotros (el Espíritu Santo). No lo entendemos y no se trata de algo individual, sino de todo el Cuerpo de Cristo; pero Dios es poderoso para llevarlo a cabo. ¿Cómo puede ser posible que la iglesia llegue a ser la plenitud de Dios? ¿Cómo contribuye a esto cada frágil y pequeño cristiano? Es imposible entenderlo, ni siquiera es algo que nos atreveríamos a pedir si Dios no lo hubiese revelado; pero así es. Dios lo dice y su Espíritu lo hará actuando poderosamente en cada uno de nosotros.

— Roberto Tinoco

Efesios 3:21

Comentario general

3.21 El apóstol cierra el capítulo y las reflexiones del mismo emocionado con una doxología. No puede evitar alabar a Dios, aunque aun no ha terminado de escribir la carta. Simplemente su espíritu exultó. A Dios sea gloria siempre en todo lugar y criatura; pero Pablo dice “en la iglesia” porque ha estado hablando del misterio de Dios y de cómo la iglesia llegará, mediante la comunión con Dios, a ser su plenitud. Sin embargo, tiene cuidado de aclarar que esto sólo es posible en Cristo Jesús. Todo se trata de Él, aunque se hable de Él en nosotros. Por todas las edades debe entenderse como las edades de la iglesia, llevamos alrededor de dos mil años de estas edades. En ellas, la iglesia ha experimentado distintas épocas y cada una de las cuales han tenido sus propias características. Por los siglos de los siglos lleva a la iglesia mas allá de sus años en la carne, entra a los cielos y tierra nuevos. Amén significa “así sea”. Declaración o confirmación solemne de todo lo anteriormente dicho, especialmente la doxología de este versículo.

— Roberto Tinoco

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