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Efesios 5
Vivir en la luz
1Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.🗨📝 2Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a símismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.🗨📝 3Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos;🗨📝 4ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias.🗨📝 5Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.🗨📝 6Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.🗨📝 7No seáis, pues, partícipes con ellos.🗨📝 8Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz🗨📝 9(porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),🗨📝 10comprobando lo que es agradable al Señor.🗨📝 11Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;🗨📝 12porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.🗨📝 13Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.🗨📝 14Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.🗨📝Vivir por el poder del Espíritu
15Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,🗨📝 16aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.🗨📝 17Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.🗨📝 18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,🗨📝 19hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;🗨📝 20dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.🗨📝Relaciones guiadas por el Espíritu: el matrimonio
21Someteos unos a otros en el temor de Dios.🗨📝 22Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;🗨📝 23porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.🗨📝 24Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.🗨📝 25Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,🗨📝 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,🗨📝 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.🗨📝 28Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.🗨📝 29Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,🗨📝 30porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.🗨📝 31Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.🗨📝 32Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.🗨📝 33Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.🗨📝Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos
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Efesios 5: RV60
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Efesios 5:1
5.1-2 Practicando ser Dios, interesante. No que seamos dioses, pero como sus hijos debemos imitarle. La vida tiene muchas influencias; están los padres en los primeros años, los familiares, esa maestra de preescolar o los demás maestros seculares, los amigos y demás personas que conocemos en la vida; o también podemos considerar como influencias a la televisión, los libros y revistas, el cine, el teatro, etc. Hay personas que marcan la vida con recuerdos y experiencias que modifican para siempre el rumbo y destino nuestro. Espero poder hacer una huella en los corazones humanos de mi generación y de las que vendrán, lo suficientemente significativa para cambiar el mundo. Pero de todas las influencias que podamos tener, hay una que por excelencia debe prevalecer: Dios. Pablo nos habla de imitarle, al respecto, diría el padre de la iglesia del segundo siglo, Clemente de Alejandría: «el verdadero sabio cristiano practica el ser Dios». En esta temeraria y profunda declaración, hay por lo menos dos verdades relacionadas con las palabras del apóstol Pablo que hoy nos ocupan: primero, el ser; y segundo, el hacer. Ser: “Sed pues, imitadores de Dios, como hijos amados” (Efesios 5:1). Ser por imitación como Dios. El estándar más alto. Cuando alguno ejerce influencia en nosotros solemos imitarlo, ya sea consciente o inconscientemente, queremos ser semejantes. El estándar cristiano es ser como Dios, esa es la medida. Quisiera que dijera como Pedro o al menos como Pablo, pero dice como Dios. Puedo imitar a David y quizá esforzarme como José, pero la Palabra dice «Dios»; ¡wow! ¡Eso es verdaderamente alto! En última instancia, la vida cristiana en este mundo es la reproducción de Dios, es encarnar una y otra vez el Verbo en el hombre común. He visto que los que cambian su lugar de residencia con el tiempo cambian también su acento y sus costumbres son influenciadas por la nueva cultura que los rodea. He visto por la fe, también que aquellos que se mudan al cielo hablan el idioma del cielo y comienzan a tomar los hábitos del cielo también. Por la forma de conducirse del hombre se de dónde viene, y también puedo saber a dónde va. Si sé a quién se parece conoceré su destino. Veo a los seres humanos y parecieran traer un cartel en la frente que dice quiénes son y hacia dónde se dirigen. La Biblia habla de ser por naturaleza como hijos y no sólo parecerlo. Cuando la palabra habla de imitar a Dios, no se refiere a mera apariencia, imitación no simulación; por ello especifica que debemos imitarle “como hijos”. ¿Has visto cómo los hijos se parecen a los padres? Tienen características semejantes, se paran igual, gestos similares, actitudes, no es solo algo aprendido, sino algo heredado. Si has nacido de nuevo no eres un imitador de Dios como un mimo, sino un imitador como hijo, tienes su ADN, su naturaleza, hay una vida en tu interior motivándote a conducirte semejante a Dios. La religión te dice cómo parecer, pero la vida como ser. El cristianismo contiene mandamientos, pero no es un conjunto de mandamientos; el cristianismo contiene ceremonias, pero no podemos definirlo sólo como ceremonias; el cristianismo tiene reglas, pero es mucho más que reglas. El cristianismo es la vida de Cristo en los hombres. Esta clase vida es un fuego y un poder. Un impulso y una impresionante motivación. Esta vida es pasión y energía; es Dios dentro. Ser por relación, como hijos amados. Más no sólo lo imitamos y no sólo lo imitamos como hijos impulsados por una naturaleza interior, sino que lo imitamos por una relación. Todos los hijos se parecen en algo a sus padres, pero no todos los hijos tienen una buena relación con sus padres. Nosotros imitamos a Dios no sólo como hijos, sino como hijos amados; ¡tenemos su genética y también su corazón! ¡Aleluya! Así que ser un verdadero cristiano no es un asunto prefabricado, no se trata de una de esas sopas “instantáneas” que sólo agregas agua, un minuto en el microondas y listo; ¡no!, Ser cristiano verdadero, uno que ama, implica elección y sacrificio del hijo por relacionarse con su Padre Celestial. Además de ser, tenemos que hacer de Dios: “Y andad en amor como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2). Andar en amor es un mandamiento. Es un imperativo, una orden; por algo el primer y más grande mandamiento es amar a Dios y el segundo amar al prójimo. No son sugerencias ni tampoco meros sentimientos. Amar es una elección, un mandamiento que primero Dios te da y que luego tú debes darte a ti mismo. Cuando dices «no puedo», en realidad estás diciendo «no quiero». Cuando dices «no siento», en realidad estás diciendo «decido desobedecer a Dios porque tengo más amor por mí (egoísmo) que amor por Dios». Andar en amor es un sacrificio. Amar como Cristo nos amó, amar sin reservas. El cristianismo no es un intento de ser bueno, sino el sacrificio del todo quemado, olor fragante, carne en el altar. El amor es un sacrificio; se cuando es amor porque duele. Tal clase de amor no es fácil; es un sacrificio. Cualquiera se enamora y dice «quiero», pero amar requiere renuncia y dar. La gente hace muchas cosas por las personas que ama, ¿qué eres capaz de hacer por Dios? Te decía que es carne en el altar porque todos los días tengo carne por quemar, a cada instante debo decidir entre obedecer a Dios o ser esclavo de mi carne y cada vez que elijo a Dios, mi carne empieza a arder… este sacrificio agrada a Dios. ¿A cuántos les gusta el aroma de carne en el fuego? A Dios también. Andar en amor es un estilo de vida. Andar en amor no es intermitente, no amas a veces y aborreces en otras ocasiones. O amar o aborreces. ¿Quién se sentiría amado si un día lo acarician y al otro lo golpean? ¿Quién se mantendría con alguien que dice amarte, pero te corre una y otra vez? Me gustaría amar con mis capacidades, pero el versículo dice que ame como Cristo nos amó. Considera las muestras de su amor en los evangelios, su amor al publicano y a la mujer adúltera; su amor al leproso y a la mujer encorvada; su amor a los desposeídos y a los poseídos; su amor extendido en la cruz. En conclusión: al nacer, aprendemos a respirar, a comer y después a caminar y a hablar. Con el tiempo vamos perfeccionando el trabajo de ser humanos. Semejante es ser cristiano, nacemos de nuevo y aprendemos a respirar y vivir por el Espíritu, a comer la Palabra, y después a hacer buenas obras y hablar el lenguaje del cielo; poco a poco vamos perfeccionando el arte de ser hijos de Dios… sólo espero tener tiempo y vida suficiente para lograrlo.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:2
5.1-2 Practicando ser Dios, interesante. No que seamos dioses, pero como sus hijos debemos imitarle. La vida tiene muchas influencias; están los padres en los primeros años, los familiares, esa maestra de preescolar o los demás maestros seculares, los amigos y demás personas que conocemos en la vida; o también podemos considerar como influencias a la televisión, los libros y revistas, el cine, el teatro, etc. Hay personas que marcan la vida con recuerdos y experiencias que modifican para siempre el rumbo y destino nuestro. Espero poder hacer una huella en los corazones humanos de mi generación y de las que vendrán, lo suficientemente significativa para cambiar el mundo. Pero de todas las influencias que podamos tener, hay una que por excelencia debe prevalecer: Dios. Pablo nos habla de imitarle, al respecto, diría el padre de la iglesia del segundo siglo, Clemente de Alejandría: «el verdadero sabio cristiano practica el ser Dios». En esta temeraria y profunda declaración, hay por lo menos dos verdades relacionadas con las palabras del apóstol Pablo que hoy nos ocupan: primero, el ser; y segundo, el hacer. Ser: “Sed pues, imitadores de Dios, como hijos amados” (Efesios 5:1). Ser por imitación como Dios. El estándar más alto. Cuando alguno ejerce influencia en nosotros solemos imitarlo, ya sea consciente o inconscientemente, queremos ser semejantes. El estándar cristiano es ser como Dios, esa es la medida. Quisiera que dijera como Pedro o al menos como Pablo, pero dice como Dios. Puedo imitar a David y quizá esforzarme como José, pero la Palabra dice «Dios»; ¡wow! ¡Eso es verdaderamente alto! En última instancia, la vida cristiana en este mundo es la reproducción de Dios, es encarnar una y otra vez el Verbo en el hombre común. He visto que los que cambian su lugar de residencia con el tiempo cambian también su acento y sus costumbres son influenciadas por la nueva cultura que los rodea. He visto por la fe, también que aquellos que se mudan al cielo hablan el idioma del cielo y comienzan a tomar los hábitos del cielo también. Por la forma de conducirse del hombre se de dónde viene, y también puedo saber a dónde va. Si sé a quién se parece conoceré su destino. Veo a los seres humanos y parecieran traer un cartel en la frente que dice quiénes son y hacia dónde se dirigen. La Biblia habla de ser por naturaleza como hijos y no sólo parecerlo. Cuando la palabra habla de imitar a Dios, no se refiere a mera apariencia, imitación no simulación; por ello especifica que debemos imitarle “como hijos”. ¿Has visto cómo los hijos se parecen a los padres? Tienen características semejantes, se paran igual, gestos similares, actitudes, no es solo algo aprendido, sino algo heredado. Si has nacido de nuevo no eres un imitador de Dios como un mimo, sino un imitador como hijo, tienes su ADN, su naturaleza, hay una vida en tu interior motivándote a conducirte semejante a Dios. La religión te dice cómo parecer, pero la vida como ser. El cristianismo contiene mandamientos, pero no es un conjunto de mandamientos; el cristianismo contiene ceremonias, pero no podemos definirlo sólo como ceremonias; el cristianismo tiene reglas, pero es mucho más que reglas. El cristianismo es la vida de Cristo en los hombres. Esta clase vida es un fuego y un poder. Un impulso y una impresionante motivación. Esta vida es pasión y energía; es Dios dentro. Ser por relación, como hijos amados. Más no sólo lo imitamos y no sólo lo imitamos como hijos impulsados por una naturaleza interior, sino que lo imitamos por una relación. Todos los hijos se parecen en algo a sus padres, pero no todos los hijos tienen una buena relación con sus padres. Nosotros imitamos a Dios no sólo como hijos, sino como hijos amados; ¡tenemos su genética y también su corazón! ¡Aleluya! Así que ser un verdadero cristiano no es un asunto prefabricado, no se trata de una de esas sopas “instantáneas” que sólo agregas agua, un minuto en el microondas y listo; ¡no!, Ser cristiano verdadero, uno que ama, implica elección y sacrificio del hijo por relacionarse con su Padre Celestial. Además de ser, tenemos que hacer de Dios: “Y andad en amor como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2). Andar en amor es un mandamiento. Es un imperativo, una orden; por algo el primer y más grande mandamiento es amar a Dios y el segundo amar al prójimo. No son sugerencias ni tampoco meros sentimientos. Amar es una elección, un mandamiento que primero Dios te da y que luego tú debes darte a ti mismo. Cuando dices «no puedo», en realidad estás diciendo «no quiero». Cuando dices «no siento», en realidad estás diciendo «decido desobedecer a Dios porque tengo más amor por mí (egoísmo) que amor por Dios». Andar en amor es un sacrificio. Amar como Cristo nos amó, amar sin reservas. El cristianismo no es un intento de ser bueno, sino el sacrificio del todo quemado, olor fragante, carne en el altar. El amor es un sacrificio; se cuando es amor porque duele. Tal clase de amor no es fácil; es un sacrificio. Cualquiera se enamora y dice «quiero», pero amar requiere renuncia y dar. La gente hace muchas cosas por las personas que ama, ¿qué eres capaz de hacer por Dios? Te decía que es carne en el altar porque todos los días tengo carne por quemar, a cada instante debo decidir entre obedecer a Dios o ser esclavo de mi carne y cada vez que elijo a Dios, mi carne empieza a arder… este sacrificio agrada a Dios. ¿A cuántos les gusta el aroma de carne en el fuego? A Dios también. Andar en amor es un estilo de vida. Andar en amor no es intermitente, no amas a veces y aborreces en otras ocasiones. O amar o aborreces. ¿Quién se sentiría amado si un día lo acarician y al otro lo golpean? ¿Quién se mantendría con alguien que dice amarte, pero te corre una y otra vez? Me gustaría amar con mis capacidades, pero el versículo dice que ame como Cristo nos amó. Considera las muestras de su amor en los evangelios, su amor al publicano y a la mujer adúltera; su amor al leproso y a la mujer encorvada; su amor a los desposeídos y a los poseídos; su amor extendido en la cruz. En conclusión: al nacer, aprendemos a respirar, a comer y después a caminar y a hablar. Con el tiempo vamos perfeccionando el trabajo de ser humanos. Semejante es ser cristiano, nacemos de nuevo y aprendemos a respirar y vivir por el Espíritu, a comer la Palabra, y después a hacer buenas obras y hablar el lenguaje del cielo; poco a poco vamos perfeccionando el arte de ser hijos de Dios… sólo espero tener tiempo y vida suficiente para lograrlo.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:3
5.3 En contraste con andar en amor, debemos evitar siquiera hablar aquellas cosas que desvirtúan el amor, como la fornicación, la inmundicia y la avaricia. Tres excesos que el solo hablar de ellos ocasiona contagio por morbo. Pecados de los cuales no debemos saber. No es que no tengamos libertad para tratar el tema que sea; sino que estas cosas en especial, por su carácter corruptor, no conviene en la boca de los santos. Fornicación refiere a toda inmoralidad sexual; inmundicia a lo impuro, lo sucio, degenerado; y la avaricia es la pasión desmedida por acumular dinero. Hablar de esto corrompe y degrada.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:4
5.4 Junto con lo anteriormente dicho, tampoco debe existir en la palabra de los creyentes las palabras deshonestas (obscenas); ni las necedades (charla insulsa); ni truhanerías (vulgaridad). Estas cosas tampoco convienen. Los creyentes debemos tener otra clase de conversación, nuestro idioma es el lenguaje del reino de los cielos, hablamos con propósito, con ingenio y con clase. Una forma de hablar propia de quienes estamos agradecidos con Dios por habernos redimido.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:5
5.5 La iglesia cristiana no ignora quien no alcanza el cumplimiento de las promesas de Dios; a eso se refiere con herencia en el reino de Cristo y de Dios, no habla directamente de la salvación eterna o perdón de pecados, aunque podría ponerla en riesgo; sino de alcanzar a vivir la tierra prometida, por decirlo así, acorde a las promesas de Dios. ¿Por qué algunos viven en las promesas y otros como si no fuesen creyentes? Podría deberse precisamente a esto mismo. Lo mismo anteriormente mencionado: fornicario, inmundo y avaro, añadiéndosele idólatra, pues en cierto modo, tener algo más en lugar del Señor es idolatría. Los que tienen relaciones sexuales ilícitas, los inmorales y los que jamás tienen suficiente no pueden experimentar la clase de vida que Dios desea darles. No alcanzan la calidad de la vida del reino. Se dice del reino de Cristo y de Dios porque se trata de la manifestación del reino de Dios en este mundo. En el evangelio según Mateo se le llama el reino de los cielos.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:6
5.6 Los que engañan con palabras vanas eran aquellos que procuran suavizar las prácticas que el apóstol está prohibiendo. Personas que intentan justificar una vida de excesos, pero lo único que consiguen sobre sí mismos es la ira de Dios sobre los que prefirieron desobedecer la Palabra de Dios. Son peores que los practicantes de maldad, pues no solo hacen el mal, sino que intentan corromper a los demás hacia lo mismo. En este sentido con como diablos.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:7
5.7 Aléjate de quienes enseñen el pecado como normal (mira el versículo anterior); así como aquellos que se dedican a los excesos sin culpa. Podrías perderte igualmente, no tengas nada que ver con ellos. Jesús podía juntarse con todos porque su luz y su gloria podía alcanzarlos a todos; pero tú no. Sé prudente y escoge tus amistades, sólo puedes permanecer en aquellas reuniones o en compañía de personas en donde tu luz sigue brillando y salvando. Si no es así, retírate.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:8
5.8 Llevar la condición de la vida acorde a la posición en la Vida. Ya no somos tinieblas, sino luz en el Señor, por lo que es normal alumbrar. Lo anormal es conducirse conforme a las tinieblas, el pecado lo mismo que la indiferencia a la extensión del reino, son condiciones deformes anticristianas. Andar como hijos de luz es la vida cristiana normal, corresponde a la nueva posición e identidad que nos fue dada en Cristo Jesús. Simplemente es expresar la nueva vida que nos fue dada. No puede negarse que antes éramos tinieblas; pero de la misma manera, debe ser igualmente evidente que ahora somos luz. Si supimos ser mundanos, sepamos ser cristianos. Andar en tinieblas era conducirse como ciegos, en ignorancia y propensos a sufrir cualquier cosa, incluyendo la condenación. Andar como hijos de luz es tener los ojos abiertos en el conocimiento de Dios, pisar seguros por donde debemos andar, al tiempo que alumbramos a otros librándolos de las tinieblas igualmente.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:9
5.9 La razón por la que podemos comportarnos como hijos de luz, conducta exigida en el versículo anterior, es que se trata del fruto del Espíritu; esto es, la vida divina dentro nuestro. Dios es de cierta manera y lógicamente, si se expresa a través de nosotros, se manifestará en la misma manera. La nueva conducta cristiana es fruto del Espíritu de Dios y no del esfuerzo humano. No se trata de sugestión ni de adoctrinamiento, menos aún de imposición, es la Vida del Señor. Un asunto orgánico, viviente. Él es. El Espíritu Santo expresa en el cristiano normal bondad, justicia y verdad. La bondad se expresa hacia los demás; la justicia para con Dios; y la verdad o realidad respecto a uno mismo. Bueno con todos; justificado por Dios y genuino ante la propia conciencia.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:10
5.10 La caída de los primeros hombres y todos los males que esto ha traído al mundo se basan en que Adán y Eva aprobaron lo que Dios había desaprobado. El reino de los cielos es aprobar lo que Dios aprueba; a eso se refiere con “comprobando lo que es agradable al Señor”. Prácticamente todo lo que sucede en tu vida es el resultado directo o indirecto de lo que apruebas. Tus decisiones son muy relevantes. Pero, ¿está tu voluntad alineada a la voluntad de Dios? ¿Buscas lo que le agrada? Nota que se trata de lo que es agradable al Señor y no solo lo que es de acuerdo a la ley del Señor. Por ejemplo, la ley está fundad en la justicia, pero Dios suele ir más allá con la misericordia al amar a quien no se lo merece; allí la misericordia triunfa sobre el juicio. Tú debes ir más allá de la regla de la ley al corazón del Legislador, qué agrada a Dios. Haz feliz a Dios. Un ejemplo de esto es cuando Dios dijo a Moisés que destruiría al pueblo y de Moisés sacaría otro pueblo; Moisés se opuso a esto rogando por Israel. ¿Comprendes? Moisés sabía lo que realmente Dios quería por encima de lo que parecía que haría. Buscó lo que le agradaba y no solo lo que parecía justo.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:11
5.11 La pasividad es complicidad. No participar de las obras de las tinieblas, pero permanecer impávido ante ellas es como apoyarlas. Por eso es que el cristiano no solo se abstiene de lo malo, sino que procura detenerlo. El que procura la santidad se abstiene de las tinieblas; pero el que busca ser lleno de vida no solo se abstiene, también las reprende. “No participéis” incluye en su terminología griega que no las comuniques o que no estés en la comunicación de las obras de tinieblas. Esto es muy significativo, pues hacer el mal es ser un promotor del mal; ser parte en obras de tinieblas es extender las tinieblas. Las obras de las tinieblas son obras infructuosas; no tienen fruto respecto del reino de Dios. Son muerte. ¡Cuán grave es que un creyente tenga obras muertas! La muerte es peor que el pecado; el pecador puede ser limpiado, pero el muerto no tiene más esperanza. Participar de obras muertas es como un hombre que, infectado de peste, va llevando la muerte a donde quiera que va. Se frontal; tratándose del mal, no voltees para otro lado y combátelo. Repréndelo, redarguye a quien así haga.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:12
5.12 En el versículo anterior, el apóstol nos exhorta a ser frontales contra el mal; en este, lleva la integridad de los creyentes al punto de conservar sus conversaciones sin el morbo de la maldad. No solo no tomar parte en malas obras, ¡ni siquiera hablar de ellas! Las tinieblas son corruptoras y contaminan hasta cuando se habla de ellas. Los creyentes debemos sentir pudor no hablando siquiera de las obras de las tinieblas. Reprender el mal, pero disfrutar el chisme de sus obras contamina y promueve el mismo mal que reprendimos. Hasta el mundo se esconde para su maldad; las obras de las tinieblas suelen hacerse en secreto. Y si el mundo, siendo mundo, esconde su vergüenza, ¿por qué habría el hijo de Dios de ser desvergonzado hablado de dichas cosas?
— Roberto Tinoco
Efesios 5:13
5.13 La luz a la que el apóstol se refiere que debe poner de manifiesto las obras infructuosas de las tinieblas, es a tu luz. Está hablando de ti. No para que salgas a contarlo todo, pues es vergonzoso hablar de ello, como dice el versículo anterior; sino a reprenderlas, a confrontarlas impidiéndoles seguir. Que alguno se esconda para hacer el mal y luego sea confrontado sobre lo que hace en secreto puede ayudarle a dejar de hacerlo. Esa es la luz de la que habla. Sé luz, enfrenta y pon en evidencia el mal reprendiéndolo. El mal necesita el secreto, lo oculto para existir; es muy frágil ante la luz. La luz es eminentemente confrontativa, jamás negocia ni se esconde. Se manifiesta haciendo huir las tinieblas.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:14
5.14 Siendo la luz frontal, no permite la muerte, menos la simulación. Por tanto, todos aquellos que somos luz, debemos despertar y manifestar dicha luz. El creyente que no está alumbrando está durmiendo, paso cercano a la muerte figurativamente hablando. Es muy posible que el apóstol esté citando un cántico de su tiempo; pero es sello del apóstol Pablo exhortar a las iglesias a ser luz despertándose de toda actitud indiferente. Lo dice a los cristianos en Roma: Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz (Rom. 13:11-12). A Los cristianos en Corinto: Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo (1 Cor. 15:34). A los tesalonicenses: Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios (1 Tes. 5:6). Y aquí también a los efesios. Despertarse es vivir conscientemente de la influencia que debemos tener en este mundo con una vida integra, acorde al evangelio de Cristo. En principio, la canción que cita Pablo, parecen palabras para una persona que necesita convertirse; pero por el contexto en el cual cita, es evidente que se trata de un mensaje para cristianos. Algunos duermen, son como muertos por no ejercer la influencia de su luz. Nada tan patético como un cristiano desánimado; y nada tan sensurable como un cristiano indiferente. Por otro lado, quien se decide a alumbrar, será alumbrado por Cristo. El Señor respaldará con su gracia y su poder a quien se disponga a ser luz reprendiendo las tinieblas. Ser indiferente no alumbrando es llenarse de tinieblas y de muerte.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:15
5.15 Mirar, poner atención, ser conscientes. Un llamado a no distraerse en esta vida teniendo la Vida, así, con mayúscula por ser celestial. Con diligencia, literal es: “con exactitud”. Somos llamados a la excelencia, al comportmiento exacto según nuestra fe. Ser excelente y ser cristiano son caras de una misma virtud. Cómo andar es lo mismo que, cómo comportarse. Debemos ser atentos a la exactitud con la que nos conducimos. Dios da oportunidad, pero el mundo suele no hacerlo. Dios perdona, pero el mundo suele marcar o etiquetar al que yerra. No te es permitido conducirte como necio; decidir según te parezca es necedad. Comportarse según tu propio criterio es propio de necios. Tu debes vivir por la Palabra de Dios, ser excelente, exacto. Sé sabio. Independientemente de tu capacidad intelctual, sé sabio por la Palabra de Dios. Sin importar el grado de tus estudios seculares, sé sabio. Comportate según las reglas divinas expresadas en su Palabra, la Biblia. El necio tiene su propia opinión; el sabio vive por el temor de Dios. Sé sabio comportándote según la voluntad divina. Sin justificantes ni excepciones; sin excusas ni argumentaciones; vive por la palabra de Dios.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:16
5.16-17 Aprovechar el tiempo es aprovechar la vida; y, según el versículo anterior, es vivir con sabiduría. La vida se compone de tiempo y cuando el tiempo no se aprovecha o no se administra sabiamente, los días se convierten en malos. El apóstol sabe que la iglesia está pasando malos tiempos a causa de la persecusión; por lo que es expecialmente importante usar sabiamente cada minuto. Hay otra revelación más alta detrás de estas palabras, el apóstol Pablo utilizó el griego exagorazo, traducido como aprovechando, pero su significado literal es “redimiendo”. Exagorazo es pagar un rescate para recuperar algo o alguien. Esto es muy significativo, pues se trtata de recuperar el tiempo. Siendo malos los días, debemos usar la Vida eterna para recuperar el tiempo perdido. La vida no es fugaz, sino el tiempo es fugaz. Imaginémonos un mundo sin relojes. Nadie llega tarde, pero tampoco temprano. La vida sigue adelante, pero sin orden. Trata de controlar las terminales de aviones, trenes, barcos y camiones sin reloj. Cocina sin medir el tiempo. Intenta el deporte sin límite de tiempo. Vivimos en una época donde el tiempo no alcanza. El tiempo se ha convertido en un gran tesoro; es la verdadera moneda universal. En cierto modo, perder el tiempo es un suicidio, si bien la vida no solo es la que aquí vivimos. Con tan poco tiempo el reino cobra urgencia. Aún Albert Einstein miró está verdad con su teoría de la relatividad: el movimiento y los campos gravitatorios afectan al paso del tiempo. Estos efectos fueron predichos en 1905 por Einstein en su teoría de la relatividad restringida y se observaron en experimentos llevados a cabo en las décadas de 1960 y 1970. En uno de estos experimentos, realizado en 1971, se transportaron relojes atómicos en dos aviones que viajaban a gran velocidad. Uno de ellos volaba hacia el Este, es decir, en el sentido de rotación de la Tierra, y el otro hacia el Oeste. Después del vuelo, los relojes transportados estaban atrasados o adelantados en relación con un reloj atómico que permaneció en tierra según se hubieran desplazado en uno u otro sentido, con lo que se confirmó una de las predicciones de la relatividad. No tienes porque vivir lamentando el tiempo que se fue. La Palabra dice que es posible recuperar años perdidos. No puedes viajar al pasado y cambiar lo que has hecho, pero puedes traerte el tiempo pasado a tu futuro (añadir vida) para vivirlo mejor. Esto es bíblico; veamos… Hay una gran diferencia entre redimir el tiempo y administrar o aprovechar el tiempo. Como vimos, la Escritura dice exagorazo, recuperar mediante un pago lo perdido. Considera el significado e redimir, Jesús es el Redentor, no el administrador de los perdidos. Como la Ley de Moisés, que incluía la posibilidad de rescatar a las personas que habían sido tomadas como esclavas. Eran liberadas, no aprovechadas. Cuando tú empeñas algún bien, puedes recuperarlo pagando el monto debido. Esto significa que vuelves a poseer lo que perdiste. No es algo que se fue inevitablemente. La Biblia da un ejemplo de esto mismo en el rey Ezequías, a quien se le agregaron quince años más de vida (2 Reyes 20:1-6). Lee el pasaje. Dios agregó años a Ezequías. El profeta le decretó su muerte cuando le dio la Palabra de Dios. El mensaje fue genuino, sin embargo, Ezequías había invertido en Dios y podía sacar del banco del reino, por eso le dijo al Señor: “te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti...” Redimió años, recuperó vida por cuanto había sembrado vida para Dios. Si Ezequías no hubiera invertido en el reino no hubiera podido “cobrar” las ganancias del reino. Dios lo escuchó, primero, porque Él es bueno; y segundo, porque Él es justo y oyó la oración de Ezequías acerca de su integridad, supo que era verdad y aprobó su oración; y tercero, Él es miseridioso, vio sus lágrimas, su quebranto auténtico. Otro ejemplo es el Señor Jesús hablando del hombre rico que desperdició su vida cambiándola por dinero (Luc. 12:16-21). Dicho hombre rico no podía cobrar nada en el reino porque no había invertido en Él. Ni siquiera le fue notificado que moriría. Sin depósito no hay retiro. No podía redimir vida por carecer de relación con la vida de Dios. Interesantemente, después de decir esto, Jesús comenzó a hablar de la imposibilidad del hombre de añadir a su estatura un codo y la importancia de la vida sobre las cosas temporales (Luc. 12:22-31). Habló de la hierba porque en la Biblia la vida humana es comparada con la hierba en su rapidez. Nota cómo el hombre no puede agregar estatura, pero si vida, el rico invirtió mal su vida y le fue cortada; pero quien invierte en el reino tiene la aprobación de Dios para seguir viviendo. Somos como la hierba cuando somos “hombres de poca fe”; pero podemos ser como los montes que permanecen cuando confiamos en el Señor (Sal. 125:1 los que confían en el Señor son como el monte de Sion que no se mueve, sino que permanece para siempre). ¿Quieres más ejemplos? Moisés recibió c uarenta años de ministerio sustituyendo los cuarenta años en el desierto. ¿Y por qué redimir el tiempo? Porque los días son malos. Notemos que Pablo habla de que los días son malos, no que su vida sea mala. Lo que sucede en derredor nuestro no es necesariamente lo que nos está sucediendo a nosotros. Pueden caer a nuestro lado mil y diez mil a nuestra diestra, pero no llegar a nosotros (Sal. 91:7). Es posible tener prosperidad en los días malos, como dice el Señor: “Conoce YHWH los días de los perfectos, y la heredad de ellos será para siempre. No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados” (Sal. 37:18-19). Podemos traer años buenos a los días malos. ¿Hay mal tiempo? Afróntalo con una buena actitud (fe), lo que importa no es lo que pasa afuera de nosotros, sino dentro. Persevera. Dios prometió sostenernos hasta las canas (Isaías 46:4) y que aun en la vejez fructificaríamos y estaríamos vigorosos. (Sal. 92:14). El mal tiempo sólo es una estación diferente, pero necesaria en el ciclo de la cosecha. El tiempo tiene que ser redimido, pues Dios no pierde nada. Tú creíste que llegaste tarde al evangelio, pero Dios nunca llega tarde. Su plan es perfecto, a pesar de nuestra apreciación o aplicación personal. Hasta nuestras experiencias malas de cuando vivíamos sin Dios son necesarias en el reino, pues a través del testimonio muchos otros son consolados; ¿no dice la Palabra que Dios hizo hasta al impío para el día malo y también, que es necesario que vengan tropiezos? (Sal. 16:4; Mat. 18:7). Tu creías que le diste al mundo tus mejores años; pero Dios no ha estado cruzado de brazos. Dios es Rey no solo del cielo y de la iglesia, sino también del mundo y del infierno. Nada escapa de su potestad. Parece que le diste al mundo tus mejores años por cuanto viviste según el mundo, pero de alguna forma, Dios sacará provecho de eso y te dará aún los mejores años de tu vida. Comienza a invertir ahora mismo tu vida en su reino. Tú pensabas que no había oportunidad para ti, pero lo mejor está por empezar. El anciano Abraham tendrá un heredero; Sara volverá a reír; Moisés recuperará sus sueños de libertador; Simeón mirará a Jesús y Ana profetizará su gloria. Por anciano que seas, Dios no ha terminado contigo. ¿Y cómo redimir el tiempo? Lo leemos en los versículos del 15 al 17. Vuelve a leerlos. Primero, con diligencia recuperamos años de vida (vr. 15). Mirad atentamente. Mirad con cuidado. Mirad dedicadamente. Mirad con prudencia. Es como mirar a través de un vidrio, podemos detener nuestra mirada en el vidrio o ir más allá mirando lo que está detrás. Debemos aprender a mirar más allá de lo aparente; como dice la Escritura: “no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven” (2 Cor. 4:18). El tiempo es de gran precio; un inversionista examina con mucha precaución y cuidado donde debe invertir los bienes, especialmente los bienes más preciados. Quien invierte su vida en asuntos infructuosos como los “pasatiempos”, perderá su inversión; es decir, perderá su vida. La pereza es otra forma de suicidio. ¿A qué dedicas tu vida? ¿Qué inversión estás haciendo? El tiempo es la verdadera moneda universal, ¿cómo lo usas? No vivas como un hámster dando vueltas sin propósito. Ningún banco te entregará dinero para construir una casa de la que no tienes planos; así tampoco Dios te dará más recursos si no tienes ningún plan. Invierte tu vida en Cristo y Dios invertirá en ti. Los años que no se viven de acuerdo al reino no cuentan como inversión; por ejemplo: en 1 Reyes 6:1 dice que pasaron 480 años para cuando Salomón comenzó a edificar el Templo de Jerusalén; en su 4º año de reinado. Sin embargo, en Hechos 13:18-22 dice que pasaron 573 años: suma 40 más 450 (versículos 18-19), más 40 más 40 (vrs. 21-22); además de los 3 años del reinado de Salomón, previos a comenzar a edificar. El resultado es 573 años. ¿Qué no eran 480 años? ¡La diferencia son 93 años! ¿Acaso la Biblia está equivocada? ¿Es un error? Veamos qué pasó en el tiempo de los Jueces cuando los israelitas estuvieron rebeldes al Señor y gobernados por enemigos: Jueces 3:8……………..…………8 años. Jueces 3:14……………….……18 años. Jueces 4:2-3…………….…...20 años. Jueces 6:1………………..………7 años. Jueces 13:1……………….……40 años. Total………………….…………...93 años. ¡Aleluya! Dios no contó dentro de su historia los años en los que los entregó a sus enemigos por rebelarse contra Él. Asimismo, Dios no tomó en cuenta dentro del reino de los cielos los años que Abram anduvo bajo el principio de Ismael. También, comprendiendo la voluntad de Dios recuperamos vida: La necedad acorta la vida: “…andéis, no como necios, sino como sabios… no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Una persona necia es aquella que desconoce (por su actitud y no por ignorancia) la voluntad de Dios; y por ende, sus acciones acortan su vida en lugar de alargarla. Por ejemplo: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:2-3). “El que maldice a su padre o á su madre, Su lámpara será apagada en oscuridad tenebrosa” (Prov. 20:20). Tener una idea equivocada acerca de Dios puede acortar la vida. Piensa que la voluntad de Dios es que se envejezca y sufra dolores y achaques muriendo a no mucha edad; pero la Biblia dice que “renovemos nuestro entendimiento para que comprobemos que la voluntad de Dios es buena, es agradable y es perfecta” (Rom. 12:2). Las Escrituras presentan constantemente la larga vida como una de las promesas de Dios. Esa es su voluntad y deseo para nosotros, por ello nos invita a obtener vida, tanto en calidad como en cantidad, así física como espiritual. “Si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:3). Gustar es probar o disfrutar. No solo debemos creer teológicamente que Dios es bueno, sino experimentarlo. Y no solo se experimenta la bondad de Dios en asuntos espirituales como la salvación, sino también en asuntos cotidianos. Mira la bondad de Dios en la persona de Jesús, como “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos” (Hech. 10:38). Dios es vida y su voluntad es la vida: “Vida te demandó, y se la diste; largura de días eternamente y para siempre” (Sal. 21:4). Demandar es pedir, buscar, perseguir. No hay egoísmo en la búsqueda de la vida, Dios mismo capacitó a todas sus criaturas con el instinto de conservación, a fin de que buscaran y retuvieran la vida. Este principio de vida es válido tanto para el cuerpo como para el espíritu. Por eso nos dio vida cuando estábamos muertos (Ef. 2) y por ello resucita a los muertos. Él mismo se presenta como la Vida y nos invita a buscarle. Integridad, justicia y paz, semillas de larga vida: “¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (Sal. 34:12-14). Aún personas sin Cristo alargan su vida en este mundo cuando se conducen adecuadamente. La siembra y la cosecha es una ley que funciona sin distingo de credo; ¡cuánto más aún con aquel que amando al Señor se apega a sus promesas! Al respecto dice la Palabra: “Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación” (Sal. 91:16). ¿A quién la dará Dios larga vida y salvación? El versículo primero de este salmo lo explica: “al que habita bajo el abrigo del Altísimo”. Habitar es mucho más que visitar. Juan 8:32 dice “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Nota que no es el conocimiento, sino la verdad lo que libera al hombre. La palabra “verdad literalmente significa “realidad”. Cuando el hombre conoce la realidad tiene la oportunidad de ser libertado. Al tener una idea distorsionada de Dios somos esclavizados, más cuando renovamos nuestra mente comprobando cuál es la realidad de la voluntad de Dios para nosotros y ponemos en práctica dicha verdad, recibimos libertad de toda atadura y prejuicio que acorta la vida. Necesitamos aprender a vivir la realidad de Dios y no los temores del mundo. Si deseas recuperar vida debes conservar una conducta sabia. “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo” (Col. 4:5). No pierdas el tiempo, ¡gánalo! ¿Cómo podemos ganar u obtener más tiempo? El pasaje dice que esto está relacionado con el trato con los demás. Podemos obtener tiempo ganando almas y representando dignamente al Señor. Cuando la tierra estaba llena de violencia Dios envió al diluvio y por el pecado del hombre acortó su vida de casi 1000 años a sólo 120. La relación con los demás es vista por Dios como un examen sobre el uso de la vida. ¡Vive al máximo en intensidad y tiempo! “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán. …Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra” (Prov. 3:1-2, 16). “Oye, hijo mío, y recibe mis razones, y se te multiplicarán años de vida. Retén el consejo, no lo dejes, guárdalo, porque eso es tu vida” (Prov. 4:10, 16). “Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán” (Prov. 9:11). Una persona sabia aumenta su vida por dos razones: primero, administra su cuerpo correctamente. Y segundo, Dios le bendice con más días. Los consejos de Dios no tienen como propósito acortar la vida, sino alargarla. La muerte es ausencia de vida, tal cosa es abominación al Señor (salvo la excepción de sus mártires). Vive cada día de la mejor manera posible. Ponle propósito a cada día. Esta bien tener metas a largo plazo, pero sin dejar de vivir intensamente diariamente: “enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12). No menosprecies un día, al que desaprovechó un talento le fue quitado y dado a quien tenía diez talentos. Usa bien tu vida y recibirás más vida. La vida de desierto debe alcanzar por lo menos 70 años de vida (Sal. 90:10); ¡cuánto más la vida de reino! También examina en 1 Corintios 11 cómo el discernir el Cuerpo del Señor, que es la iglesia, es un medio de sanidad, fortaleza y ampliación de vida. No rechazamos el paso del tiempo ni tememos a la vejez. Al contrario, afirmo con insistencia en que el hombre, por viejo que parezca ser, no está terminado, mientras no acepte que está acabado. Es posible redimir los años perdidos y tener una vida aún más larga de lo previsto; y es posible también colgarse las mejores medallas al final de una extensa vida. ¿Le parece a alguno extraño mi mensaje? Creo en el poder sobrenatural del Espíritu de Dios que da vida a los muertos, estén éstos en la fosa o sólo envejecidos. Abraham puede tener al hijo de la promesa a los cien años. Moisés se convirtió en el poderoso libertador de Israel a partir de los ochenta años. …y por cuarenta años más! Caleb reclamó su montaña a los ochenta y cinco años. Simeón miró a Cristo en el templo casi a los cien años. Ana servía con ayunos y oraciones a Dios siendo de más de 105 años. El apóstol Juan escribió el último libro de la Biblia casi a los cien años de edad. Max Lucado escribió: Sus años finales pueden ser los mejores. Winston Churchill merecía tomarse un descanso al finalizar la Segunda Guerra Mundial pero no lo hizo. Tomó en cambio una pluma y ganó el premio Nobel de literatura a la edad de setenta y cinco años. Algunos envejecen y deciden salir a pescar. Otros envejecen y salen a cazar aquello que siempre desearon hacer. …y lo logran. Un amigo del difunto jurista americano Oliver Wendell Holmes le preguntó por qué había decidido estudiar griego a la edad de noventa y cuatro años. Holmes respondió: «Verá mi estimado señor, es ahora o nunca».
— Roberto Tinoco
Efesios 5:17
5.16-17 Aprovechar el tiempo es aprovechar la vida; y, según el versículo anterior, es vivir con sabiduría. La vida se compone de tiempo y cuando el tiempo no se aprovecha o no se administra sabiamente, los días se convierten en malos. El apóstol sabe que la iglesia está pasando malos tiempos a causa de la persecusión; por lo que es expecialmente importante usar sabiamente cada minuto. Hay otra revelación más alta detrás de estas palabras, el apóstol Pablo utilizó el griego exagorazo, traducido como aprovechando, pero su significado literal es “redimiendo”. Exagorazo es pagar un rescate para recuperar algo o alguien. Esto es muy significativo, pues se trtata de recuperar el tiempo. Siendo malos los días, debemos usar la Vida eterna para recuperar el tiempo perdido. La vida no es fugaz, sino el tiempo es fugaz. Imaginémonos un mundo sin relojes. Nadie llega tarde, pero tampoco temprano. La vida sigue adelante, pero sin orden. Trata de controlar las terminales de aviones, trenes, barcos y camiones sin reloj. Cocina sin medir el tiempo. Intenta el deporte sin límite de tiempo. Vivimos en una época donde el tiempo no alcanza. El tiempo se ha convertido en un gran tesoro; es la verdadera moneda universal. En cierto modo, perder el tiempo es un suicidio, si bien la vida no solo es la que aquí vivimos. Con tan poco tiempo el reino cobra urgencia. Aún Albert Einstein miró está verdad con su teoría de la relatividad: el movimiento y los campos gravitatorios afectan al paso del tiempo. Estos efectos fueron predichos en 1905 por Einstein en su teoría de la relatividad restringida y se observaron en experimentos llevados a cabo en las décadas de 1960 y 1970. En uno de estos experimentos, realizado en 1971, se transportaron relojes atómicos en dos aviones que viajaban a gran velocidad. Uno de ellos volaba hacia el Este, es decir, en el sentido de rotación de la Tierra, y el otro hacia el Oeste. Después del vuelo, los relojes transportados estaban atrasados o adelantados en relación con un reloj atómico que permaneció en tierra según se hubieran desplazado en uno u otro sentido, con lo que se confirmó una de las predicciones de la relatividad. No tienes porque vivir lamentando el tiempo que se fue. La Palabra dice que es posible recuperar años perdidos. No puedes viajar al pasado y cambiar lo que has hecho, pero puedes traerte el tiempo pasado a tu futuro (añadir vida) para vivirlo mejor. Esto es bíblico; veamos… Hay una gran diferencia entre redimir el tiempo y administrar o aprovechar el tiempo. Como vimos, la Escritura dice exagorazo, recuperar mediante un pago lo perdido. Considera el significado e redimir, Jesús es el Redentor, no el administrador de los perdidos. Como la Ley de Moisés, que incluía la posibilidad de rescatar a las personas que habían sido tomadas como esclavas. Eran liberadas, no aprovechadas. Cuando tú empeñas algún bien, puedes recuperarlo pagando el monto debido. Esto significa que vuelves a poseer lo que perdiste. No es algo que se fue inevitablemente. La Biblia da un ejemplo de esto mismo en el rey Ezequías, a quien se le agregaron quince años más de vida (2 Reyes 20:1-6). Lee el pasaje. Dios agregó años a Ezequías. El profeta le decretó su muerte cuando le dio la Palabra de Dios. El mensaje fue genuino, sin embargo, Ezequías había invertido en Dios y podía sacar del banco del reino, por eso le dijo al Señor: “te ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti...” Redimió años, recuperó vida por cuanto había sembrado vida para Dios. Si Ezequías no hubiera invertido en el reino no hubiera podido “cobrar” las ganancias del reino. Dios lo escuchó, primero, porque Él es bueno; y segundo, porque Él es justo y oyó la oración de Ezequías acerca de su integridad, supo que era verdad y aprobó su oración; y tercero, Él es miseridioso, vio sus lágrimas, su quebranto auténtico. Otro ejemplo es el Señor Jesús hablando del hombre rico que desperdició su vida cambiándola por dinero (Luc. 12:16-21). Dicho hombre rico no podía cobrar nada en el reino porque no había invertido en Él. Ni siquiera le fue notificado que moriría. Sin depósito no hay retiro. No podía redimir vida por carecer de relación con la vida de Dios. Interesantemente, después de decir esto, Jesús comenzó a hablar de la imposibilidad del hombre de añadir a su estatura un codo y la importancia de la vida sobre las cosas temporales (Luc. 12:22-31). Habló de la hierba porque en la Biblia la vida humana es comparada con la hierba en su rapidez. Nota cómo el hombre no puede agregar estatura, pero si vida, el rico invirtió mal su vida y le fue cortada; pero quien invierte en el reino tiene la aprobación de Dios para seguir viviendo. Somos como la hierba cuando somos “hombres de poca fe”; pero podemos ser como los montes que permanecen cuando confiamos en el Señor (Sal. 125:1 los que confían en el Señor son como el monte de Sion que no se mueve, sino que permanece para siempre). ¿Quieres más ejemplos? Moisés recibió c uarenta años de ministerio sustituyendo los cuarenta años en el desierto. ¿Y por qué redimir el tiempo? Porque los días son malos. Notemos que Pablo habla de que los días son malos, no que su vida sea mala. Lo que sucede en derredor nuestro no es necesariamente lo que nos está sucediendo a nosotros. Pueden caer a nuestro lado mil y diez mil a nuestra diestra, pero no llegar a nosotros (Sal. 91:7). Es posible tener prosperidad en los días malos, como dice el Señor: “Conoce YHWH los días de los perfectos, y la heredad de ellos será para siempre. No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados” (Sal. 37:18-19). Podemos traer años buenos a los días malos. ¿Hay mal tiempo? Afróntalo con una buena actitud (fe), lo que importa no es lo que pasa afuera de nosotros, sino dentro. Persevera. Dios prometió sostenernos hasta las canas (Isaías 46:4) y que aun en la vejez fructificaríamos y estaríamos vigorosos. (Sal. 92:14). El mal tiempo sólo es una estación diferente, pero necesaria en el ciclo de la cosecha. El tiempo tiene que ser redimido, pues Dios no pierde nada. Tú creíste que llegaste tarde al evangelio, pero Dios nunca llega tarde. Su plan es perfecto, a pesar de nuestra apreciación o aplicación personal. Hasta nuestras experiencias malas de cuando vivíamos sin Dios son necesarias en el reino, pues a través del testimonio muchos otros son consolados; ¿no dice la Palabra que Dios hizo hasta al impío para el día malo y también, que es necesario que vengan tropiezos? (Sal. 16:4; Mat. 18:7). Tu creías que le diste al mundo tus mejores años; pero Dios no ha estado cruzado de brazos. Dios es Rey no solo del cielo y de la iglesia, sino también del mundo y del infierno. Nada escapa de su potestad. Parece que le diste al mundo tus mejores años por cuanto viviste según el mundo, pero de alguna forma, Dios sacará provecho de eso y te dará aún los mejores años de tu vida. Comienza a invertir ahora mismo tu vida en su reino. Tú pensabas que no había oportunidad para ti, pero lo mejor está por empezar. El anciano Abraham tendrá un heredero; Sara volverá a reír; Moisés recuperará sus sueños de libertador; Simeón mirará a Jesús y Ana profetizará su gloria. Por anciano que seas, Dios no ha terminado contigo. ¿Y cómo redimir el tiempo? Lo leemos en los versículos del 15 al 17. Vuelve a leerlos. Primero, con diligencia recuperamos años de vida (vr. 15). Mirad atentamente. Mirad con cuidado. Mirad dedicadamente. Mirad con prudencia. Es como mirar a través de un vidrio, podemos detener nuestra mirada en el vidrio o ir más allá mirando lo que está detrás. Debemos aprender a mirar más allá de lo aparente; como dice la Escritura: “no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven” (2 Cor. 4:18). El tiempo es de gran precio; un inversionista examina con mucha precaución y cuidado donde debe invertir los bienes, especialmente los bienes más preciados. Quien invierte su vida en asuntos infructuosos como los “pasatiempos”, perderá su inversión; es decir, perderá su vida. La pereza es otra forma de suicidio. ¿A qué dedicas tu vida? ¿Qué inversión estás haciendo? El tiempo es la verdadera moneda universal, ¿cómo lo usas? No vivas como un hámster dando vueltas sin propósito. Ningún banco te entregará dinero para construir una casa de la que no tienes planos; así tampoco Dios te dará más recursos si no tienes ningún plan. Invierte tu vida en Cristo y Dios invertirá en ti. Los años que no se viven de acuerdo al reino no cuentan como inversión; por ejemplo: en 1 Reyes 6:1 dice que pasaron 480 años para cuando Salomón comenzó a edificar el Templo de Jerusalén; en su 4º año de reinado. Sin embargo, en Hechos 13:18-22 dice que pasaron 573 años: suma 40 más 450 (versículos 18-19), más 40 más 40 (vrs. 21-22); además de los 3 años del reinado de Salomón, previos a comenzar a edificar. El resultado es 573 años. ¿Qué no eran 480 años? ¡La diferencia son 93 años! ¿Acaso la Biblia está equivocada? ¿Es un error? Veamos qué pasó en el tiempo de los Jueces cuando los israelitas estuvieron rebeldes al Señor y gobernados por enemigos: Jueces 3:8……………..…………8 años. Jueces 3:14……………….……18 años. Jueces 4:2-3…………….…...20 años. Jueces 6:1………………..………7 años. Jueces 13:1……………….……40 años. Total………………….…………...93 años. ¡Aleluya! Dios no contó dentro de su historia los años en los que los entregó a sus enemigos por rebelarse contra Él. Asimismo, Dios no tomó en cuenta dentro del reino de los cielos los años que Abram anduvo bajo el principio de Ismael. También, comprendiendo la voluntad de Dios recuperamos vida: La necedad acorta la vida: “…andéis, no como necios, sino como sabios… no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Una persona necia es aquella que desconoce (por su actitud y no por ignorancia) la voluntad de Dios; y por ende, sus acciones acortan su vida en lugar de alargarla. Por ejemplo: “Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:2-3). “El que maldice a su padre o á su madre, Su lámpara será apagada en oscuridad tenebrosa” (Prov. 20:20). Tener una idea equivocada acerca de Dios puede acortar la vida. Piensa que la voluntad de Dios es que se envejezca y sufra dolores y achaques muriendo a no mucha edad; pero la Biblia dice que “renovemos nuestro entendimiento para que comprobemos que la voluntad de Dios es buena, es agradable y es perfecta” (Rom. 12:2). Las Escrituras presentan constantemente la larga vida como una de las promesas de Dios. Esa es su voluntad y deseo para nosotros, por ello nos invita a obtener vida, tanto en calidad como en cantidad, así física como espiritual. “Si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:3). Gustar es probar o disfrutar. No solo debemos creer teológicamente que Dios es bueno, sino experimentarlo. Y no solo se experimenta la bondad de Dios en asuntos espirituales como la salvación, sino también en asuntos cotidianos. Mira la bondad de Dios en la persona de Jesús, como “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos” (Hech. 10:38). Dios es vida y su voluntad es la vida: “Vida te demandó, y se la diste; largura de días eternamente y para siempre” (Sal. 21:4). Demandar es pedir, buscar, perseguir. No hay egoísmo en la búsqueda de la vida, Dios mismo capacitó a todas sus criaturas con el instinto de conservación, a fin de que buscaran y retuvieran la vida. Este principio de vida es válido tanto para el cuerpo como para el espíritu. Por eso nos dio vida cuando estábamos muertos (Ef. 2) y por ello resucita a los muertos. Él mismo se presenta como la Vida y nos invita a buscarle. Integridad, justicia y paz, semillas de larga vida: “¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela” (Sal. 34:12-14). Aún personas sin Cristo alargan su vida en este mundo cuando se conducen adecuadamente. La siembra y la cosecha es una ley que funciona sin distingo de credo; ¡cuánto más aún con aquel que amando al Señor se apega a sus promesas! Al respecto dice la Palabra: “Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación” (Sal. 91:16). ¿A quién la dará Dios larga vida y salvación? El versículo primero de este salmo lo explica: “al que habita bajo el abrigo del Altísimo”. Habitar es mucho más que visitar. Juan 8:32 dice “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Nota que no es el conocimiento, sino la verdad lo que libera al hombre. La palabra “verdad literalmente significa “realidad”. Cuando el hombre conoce la realidad tiene la oportunidad de ser libertado. Al tener una idea distorsionada de Dios somos esclavizados, más cuando renovamos nuestra mente comprobando cuál es la realidad de la voluntad de Dios para nosotros y ponemos en práctica dicha verdad, recibimos libertad de toda atadura y prejuicio que acorta la vida. Necesitamos aprender a vivir la realidad de Dios y no los temores del mundo. Si deseas recuperar vida debes conservar una conducta sabia. “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo” (Col. 4:5). No pierdas el tiempo, ¡gánalo! ¿Cómo podemos ganar u obtener más tiempo? El pasaje dice que esto está relacionado con el trato con los demás. Podemos obtener tiempo ganando almas y representando dignamente al Señor. Cuando la tierra estaba llena de violencia Dios envió al diluvio y por el pecado del hombre acortó su vida de casi 1000 años a sólo 120. La relación con los demás es vista por Dios como un examen sobre el uso de la vida. ¡Vive al máximo en intensidad y tiempo! “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán. …Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra” (Prov. 3:1-2, 16). “Oye, hijo mío, y recibe mis razones, y se te multiplicarán años de vida. Retén el consejo, no lo dejes, guárdalo, porque eso es tu vida” (Prov. 4:10, 16). “Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán” (Prov. 9:11). Una persona sabia aumenta su vida por dos razones: primero, administra su cuerpo correctamente. Y segundo, Dios le bendice con más días. Los consejos de Dios no tienen como propósito acortar la vida, sino alargarla. La muerte es ausencia de vida, tal cosa es abominación al Señor (salvo la excepción de sus mártires). Vive cada día de la mejor manera posible. Ponle propósito a cada día. Esta bien tener metas a largo plazo, pero sin dejar de vivir intensamente diariamente: “enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12). No menosprecies un día, al que desaprovechó un talento le fue quitado y dado a quien tenía diez talentos. Usa bien tu vida y recibirás más vida. La vida de desierto debe alcanzar por lo menos 70 años de vida (Sal. 90:10); ¡cuánto más la vida de reino! También examina en 1 Corintios 11 cómo el discernir el Cuerpo del Señor, que es la iglesia, es un medio de sanidad, fortaleza y ampliación de vida. No rechazamos el paso del tiempo ni tememos a la vejez. Al contrario, afirmo con insistencia en que el hombre, por viejo que parezca ser, no está terminado, mientras no acepte que está acabado. Es posible redimir los años perdidos y tener una vida aún más larga de lo previsto; y es posible también colgarse las mejores medallas al final de una extensa vida. ¿Le parece a alguno extraño mi mensaje? Creo en el poder sobrenatural del Espíritu de Dios que da vida a los muertos, estén éstos en la fosa o sólo envejecidos. Abraham puede tener al hijo de la promesa a los cien años. Moisés se convirtió en el poderoso libertador de Israel a partir de los ochenta años. …y por cuarenta años más! Caleb reclamó su montaña a los ochenta y cinco años. Simeón miró a Cristo en el templo casi a los cien años. Ana servía con ayunos y oraciones a Dios siendo de más de 105 años. El apóstol Juan escribió el último libro de la Biblia casi a los cien años de edad. Max Lucado escribió: Sus años finales pueden ser los mejores. Winston Churchill merecía tomarse un descanso al finalizar la Segunda Guerra Mundial pero no lo hizo. Tomó en cambio una pluma y ganó el premio Nobel de literatura a la edad de setenta y cinco años. Algunos envejecen y deciden salir a pescar. Otros envejecen y salen a cazar aquello que siempre desearon hacer. …y lo logran. Un amigo del difunto jurista americano Oliver Wendell Holmes le preguntó por qué había decidido estudiar griego a la edad de noventa y cuatro años. Holmes respondió: «Verá mi estimado señor, es ahora o nunca».
— Roberto Tinoco
Efesios 5:18
5.18 El contraste entre ser llenos del vino y ser llenos del Espíritu es, en cierto modo, también una comparación. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre los ciento veinte en el aposento alto, fueron llenos del Espíritu y la gente atraída al lugar llegó a confundirlos con ser llenos del vino o ebrios. Incluso el apóstol Pedro tuvo que explicarles que esto no era así. Puedes leer al respecto en Hechos capítulo dos. La razón de dicha comparación y contraste es que ambas llenuras producen síntomas en las mismas áreas. Por ejemplo, los llenos del vino modifican su manera de hablar y los llenos del Espíritu hablaron en lenguas, además de que reciben el poder de hablar con denuedo para testificar de Cristo. Los llenos del vino son alterados en sus pensamientos y emociones, incluso hechos valientes; mientras que los llenos del Espíritu son transformados por el poder de Dios en poderosos testigos del evangelio, tienen la mente de Cristo y sus sentimientos muestran mayor empatía y compasión. Los llenos del vino pierden el equilibrio y alteran su andar; mientras que los llenos del Espíritu andan en vida nueva. Y así sucesivamente podríamos seguir comparándolos en contraste. La exhortación apostólica es no llenarse de vino, sino del Espíritu. Si algo va a alterar tus sentidos, que sea Dios y no un enervante que solo lleva a disolución, degradación y vergüenza. La Palabra enseña que el vino es para los amargados, pero no para los reyes (Prov. 31:4-6); quien aspira a una vida de reino, debe rechazar el vino.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:19
5.19 La forma para ser llenos del Espíritu (vr. 18) es mantener una vida de alabanza a Dios. Si cotidianamente elogias a Dios, atraerás su Espíritu. Tres formas de alabanza, no las únicas, son: salmos, himnos y cánticos espirituales. Los salmos es referencia a cantar la Biblia, lo que Dios ha compuesto o inspirado registrado en las Sagradas Escrituras. Los himnos o las canciones que la iglesia ha compuesto. Y los cánticos espirituales o canciones que el Espíritu Santo inspira espontáneamente (1 Cor. 14:15). Esta es la vida cotidiana del cristiano, en ocasiones cantando audiblemente y en otras únicamente en el corazón; pero siempre alabando a Dios.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:20
5.20 Ligado al versículo anterior, para ser llenos del Espíritu Santo, debe practicarse un espíritu agradecido. Siempre dando gracias a Dios Padre, Él es la fuente de toda buena dádiva y de todo don perfecto; por tanto, debe ser a Él a quien se dirija la acción de gracias. Sin embargo, debe agradecerse en el Nombre del Señor Jesucristo, pues no hay otro Nombre entre Dios y los hombres, no podemos relacionarnos con Dios Padre directamente; sólo por medio de su Hijo Jesucristo. Agradécelo todo, aunque no todo sea agradable. Pues si no parece ser una bendición, te servirá de superación.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:21
5.21 Puede parecer que el tema cambia abruptamente, pero no es así. En realidad, si se ha de tener una relación con el Espíritu Santo es necesario conservar las relaciones menores bajo su temor. La autoridad es altamente apreciada en el reino de los cielos; Dios se mueve bajo el principio de autoridad y los que son llenos del Espíritu se someten unos a otros conforme las distintas funciones que desempeñan (las cuales serán detalladas en los próximos versículos). Toda sujeción debe realizarse en el temor de Dios o lo que es lo mismo, con el propósito de honrarle y sujetarse a Él. Esto implica que no debemos obedecer cuando se trata de algo contrario al Señor.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:22
5.22 Como ejemplo de sujeción, las casadas estén sujetas a sus propios maridos. Nota que no es un asunto de género, sino de función en el matrimonio; pues no se sujetan las mujeres a todos los hombres, sino a su marido. ¿Significa esto que ella es inferior a Él? De ninguna manera, pues sería tanto como decir que el Hijo es inferior al Padre por cuanto se sujeta a Él. No confundas la función con el valor y tampoco con la capacidad. Las mujeres casadas se sujetan a sus maridos como al Señor; esto significa que se trata de un acto de fe hacia el Señor y no por méritos del marido. Se trata de un acto de autoridad delegado y no merecido.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:23
5.23 Dios instituyó el orden de autoridad dentro del matrimonio como ilustración de Cristo y de la iglesia. A eso se debe que en los próximos versículos hable de Cristo y de la iglesia como del esposo y la esposa. El marido es cabeza de la mujer significa que vive para proveer cuanto requiera la mujer, así como una cabeza siempre procura el bien del cuerpo. Que el hombre sea cabeza no anula la voluntad de la esposa; como tampoco la cabeza se desconecta del cuerpo. Por el contrario, la cabeza necesita la retroalimentación de estímulos y conocimiento del cuerpo para decidir a favor del cuerpo mismo. Así el esposo sabio escucha a su mujer para procurar el bien de la familia. El esposo representa a Cristo y la esposa a la iglesia o Cuerpo de Cristo. El marido debe, por tanto, ser salvador de la mujer respecto de las cosas de esta vida. Ser quien la proteja y vea por su bien. Vive el misterio de Cristo y la iglesia en tu hogar y serás feliz. Como cabeza, el hombre no debe rehuir a su responsabilidad de tomar la decisión final de su casa. Huir pone cargas en la esposa que no debería llevar y el hombre tendrá consecuencias a causa de ello.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:24
5.24 El apóstol Pablo asegura que la iglesia está sujeta a Cristo. No vemos que todos los cristianos estemos totalmente sujetos a Cristo; sin embargo, la declaración es el ideal y la expresión de la vida normal. De la misma manera las mujeres han de estar sujetas a sus maridos como el ideal para la familia cristiana. “En todo” debe entenderse a la luz del contexto: “en el temor de Dios.”
— Roberto Tinoco
Efesios 5:25
5.25 Cristo amó a la iglesia. Pero, ¿qué es la iglesia? El diseño de Dios para el hombre es corporativo. Desde el principio lo creó para vivir en comunidad y el ser humano no haya plena satisfacción si no encuentra su lugar dentro de tal colectividad. Fuimos hechos para ser la iglesia. La palabra iglesia proviene del término griego ekklesía; la cual a su vez, tiene su origen en la etimología ek-kaleo, “llamar fuera”. Para los griegos, la ekklesía era una asamblea o congregación pública convocada por un mensajero oficial con algún propósito definido. De allí acuñaron la expresión los primeros cristianos, tanto así, que al primer hombre que se le pone en los labios la responsabilidad del concepto es a Cristo mismo, cuando dijo: edificaré mi iglesia (Mateo 16:18). Y digo se le pone en los labios porque el Señor habló en arameo, pero sus palabras se registraron en griego. De manera que la iglesia lo es, cuando sus miembros han obedecido a salir de la condición que tenían cuando fueron llamados oficialmente por un mensajero de Cristo. No hay iglesia sin obedecer un llamado. Ninguna persona puede llamarse a sí misma miembro de la iglesia de Cristo a no ser que haya cambiado de posición, antes apartada de Cristo, ahora en Cristo. No podemos decirnos cristianos sin salir de nosotros mismos para seguir a Cristo, esto es, convertirnos a Cristo y reunirnos con otros igualmente convertidos. En el Antiguo Testamento el término qajal (hebreo) tiene la misma connotación que ekklesía en el Nuevo Testamento. Incluso la versión griega del Antiguo testamento llamada La Septuaginta traduce como ekklesía la palabra qajal. De manera que el concepto iglesia es Antiguotestamentario, pero encuentra su final formación en el Nuevo Pacto. He aquí algunos ejemplos: Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación (iglesia) de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo (Dt. 31:30). Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación (iglesia) te alabaré (Sal. 22:22). Y aún en el Nuevo Testamento encontramos claramente que la iglesia fue vista por Dios prefigurada en el pueblo de Israel muchos años antes de Cristo. Esteban anunció lleno del Espíritu: Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto (literal, la iglesia en el desierto) con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos (Hch. 7:38). Respecto al origen de la iglesia.; tenemos la tendencia individual a sentirnos el centro del universo. Extrañamente vivimos como si todo girara en torno nuestro y olvidamos que somos tan solo una pequeñísima parte en todo el engranaje universal. Somos tan absurdos que hasta pensamos que Dios nos está dando una señal cuando vemos la noticia de que un avión se estrelló del otro lado del mundo, ¡cómo si Dios fuese a matar a decenas de personas para llamar nuestra atención! En la ciudad que vivo el clima es desértico, por lo que llueve tan escasamente que pueden pasar años sin conocer una verdadera lluvia y, ¿a que no sabe lo que sucede cada vez que comienza a llover? ¡No faltan grupos cristianos que nos apropiamos del privilegio de la lluvia diciendo que fue porque nosotros oramos por ella! No menosprecio la oración, me refiero a que solemos presumir que llovió por nuestra oración. Así también, asombrosamente, solemos imaginar que la iglesia existe para suplir nuestras necesidades. Decimos humildemente que no pensamos así, pero solemos congregarnos en donde piensan como nosotros y nos ofrecen aquello que andamos buscando para nuestro beneficio. Buscamos la iglesia que se amolda a nuestras necesidades, no sólo espirituales, sino emocionales, familiares y hasta de localización. La verdad es exactamente lo inverso. Dios no creó la iglesia por causa de nosotros, sino por el contrario, Dios nos creó a nosotros a causa de su iglesia, su misterio llamado Cristo. De hecho, Dios creó todas las cosas por causa de la iglesia (y para Sí mismo), la cual, planeó desde la eternidad: …y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; …conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor (Ef. 3:9,11). Dios creó todas las cosas a causa de su propósito eterno. Dicho propósito es el misterio al que llamó Cristo en vosotros. De manera que bajo el mismo principio debemos entender que vivimos por causa del misterio de Dios, a saber, la iglesia. Nuestra vida, familia, trabajo, tiempo, posesiones, etc. Son por causa de la iglesia y para la iglesia. No vayamos a la iglesia para recibir bendición para nuestra vida, familia, trabajo o posesiones, pues aunque recibiremos bendición, tal enfoque es completamente contrario a Cristo. La actitud correcta que Dios planeó en su corazón es que pongamos a disposición de la iglesia todas estas cosas. Usted tiene familia para servir a Cristo a través de la iglesia; usted tiene trabajo para financiar el reino de Dios; usted tiene vida para expresar a Cristo. Y lo mismo podemos decir de cualquier otra bendición con que contemos. Dios nos bendice porque está bendiciendo su iglesia y a través de lo que nos da, espera que nosotros avancemos su propósito eterno. …porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten; y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia… (Col. 1:16-18). La Palabra de Dios nos muestra en la creación de Adán y Eva el símbolo de todo esto. El Señor los creó a su imagen y semejanza. Obviamente, el plan de Dios no era crearlos por causa de ellos, pues aún no habían venido a ser como para que tuvieran alguna necesidad. Los creó por causa de sí mismo, para llevar a cabo su propósito. Los creó a su imagen y semejanza para que fuesen un vaso corporativo que lo contuviera; asimismo, para que fuesen la expresión y representación de Dios, así como su compañía por la eternidad futura. Dios erigió al hombre a su imagen porque desea habitar en el hombre y manifestarse a través de él. De modo que el hombre sea un recipiente de Dios. Un recipiente siempre es hecho de acuerdo a lo que va a contener. Si es redondo contendrá algo redondo; si es cuadrado contendrá algo cuadrado. Nosotros somos un ser espiritual en un cuerpo físico, ¡Somos vasos para contener a Dios! (2Cor. 4:7; Rom.9:21,23; 2Tim. 2:20-21). Nuestro contenido debe ser Dios, ¡llenos de Dios! (Ef. 5:18). ¡Llenos de vida, de amor, de luz, de poder, de santidad, etc.! Dios es Espíritu (Jn.4:24). Un espíritu necesita de un cuerpo para expresarse físicamente. El cuerpo a través del cual Dios se expresa es el hombre. Ya vimos que el hombre fue creado a la imagen de Dios. Una imagen expresa al original; por ejemplo, si yo deseo ser conocido por una persona del otro lado del mundo; antes de reunirnos, puedo enviarle una fotografía, a través de la cual, dicha persona conozca como soy yo. De la misma forma, el propósito de Dios es expresarse a través del hombre corporativo (la iglesia) antes de la consumación y reunión final con Él. El hombre tenía la imagen de Dios para expresar a Dios: fe, amor, justicia, santidad, bondad, etc. La electricidad existió antes de que Edison inventara el foco, pero fue a través de dicho invento que la electricidad se manifiesta en luz y calor. Dios existe desde la eternidad, pero creó al hombre para manifestar su Luz, Presencia y Persona. Dios es amor, pero el amor requiere un objeto para amar; no hay amante sin amado; por lo tanto, Dios creó al hombre para expresar Su amor a través de él y para Él. Para que Dios expresara su amor al hombre, el hombre debía tener su imagen. Esto lo vemos cuando Dios creó al hombre pero aún no había creado a Eva (Lea Gn. 2:7,15,18-23). ¡Adán estaba incompleto! No había ninguna criatura semejante a él, con su imagen, a la cual él pudiera amar; más cuando Dios creó a Eva, entonces Adán fue completo en su amor y su ser. Del mismo modo, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza para expresarle su amor y expresar amor a través de él. La segunda parte del propósito de la creación del hombre la encontramos también el Gn. 1:26: señoree en... Dios es Señor de todas las cosas. El Señor se expresa a través del hombre. Dios le dio al hombre autoridad sobre la creación para que le representara. En el original hebreo la palabra "señoree" está en plural de modo que Dios está refiriéndose a toda la humanidad y no sólo a Adán. Más específicamente, está refiriéndose a la iglesia, la cual ha recuperado la imagen de Dios, a saber, Cristo (2 Cor. 4:4; Col. 1:15). La humanidad entera tiene como propósito de su existencia el representar a Dios a través del dominio de la creación (Gn. 1:26-28). Esto sólo puede cumplirse exitosamente a través de la iglesia, el vaso de Dios. Todo esto nos muestra que la iglesia no nace como resultado de que los hombres se organizaran y formalizaran sus inclinaciones religiosas, sino que Dios planeó la iglesia desde antes de la fundación del mundo para expresarse a través de ella; haciéndose para esto necesario crear a la humanidad.
— Roberto Tinoco
5.25-33 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:26
5.25-32 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:27
5.25-32 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:28
5.25-32 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
5.28 Amar no es necesariamente agradar. ¿Puede un hombre llenar las expectativas de una mujer? Quizá sólo en la etapa de enamoramiento porque ella no quiere ver (por algo es enamora – miento). La ironía es que si lo intenta fracasa, pero si deja de intentarlo, la satisface. Dios usa la figura del matrimonio para referirse al amor más alto para nosotros, que es el amor entre Cristo y su iglesia. Aprender del amor matrimonial provee grandes riquezas para el amor eterno. Amar el cuerpo no es agradar al cuerpo: Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. Si intentas darle a tu cuerpo todo lo que desee caerás en excesos propios de pecados. ¿Qué es la gula sino agradarle en el comer? ¿Y qué es la lascivia sino la provisión o el deseo exagerados del sexo? Si lo consientes en dormir, querrá dormir más. Por tanto, amar el cuerpo es darle lo que necesita y no lo que desea. La mujer es comparada con el cuerpo, pues amarla es proveerle lo que necesita y no lo que desea. Sus deseos podrían volverse insaciables. ¿Cuántos zapatos son suficientes? ¿Cuántas palabras románticas? No solo somos la esposa del Cordero, también somos el Cuerpo de Cristo. Antes de amarnos como su Esposa, Cristo nos ama como su Cuerpo. ¿Acaso Cristo le da a la iglesia todo lo que desea? Y si su iglesia tratara de manipularle o controlarle, ¿lo lograría? De igual forma el hombre ama a su esposa como a su cuerpo, en todo lo que necesite, pero no en todo lo que quiera. Manteniendo su posición de cabeza, para mantener también su privilegio de amarla, cuidarla y sustentarla. Mantén tu identidad de cabeza, no te transformes en sus manos o sus pies. Amar el cuerpo es sustentar al cuerpo: Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. Comprende, la mujer tiene necesidfades porque el hombre tiene necesidades. Con esto quiero decir, que nada puede fortalecer mejor al hombre que el reto. El hombre que sustenta se vuelve aun más hombre. Mientras eras un niño dependías de mamá, cuando tuviste mujer te volviste hombre y ahora es una mujer quien depende de ti. ¿Habrás de volver a ser un niño dependiendo de ella? ¿Cambiaste de mamá? No, eres un hombre, y como tal, eres proveedor y sustentador. Si tu esposa necesita estás siendo retado a ser más hombre. ¿No habías soñado con ser un mejor hombre? Tus sueños y oraciones fueron escuchados. La principal característica de la cabeza es que dirige al cuerpo. La cabeza no usa el cuerpo para sí misma de forma egoísta, como no sea que esté enferma de algo semejante a la parálisis cerebral. Algunos hombres parecen tener emocionalmente una especie de parálisis, pues fueron puestos como cabeza y están sobre los hombros del cuerpo, pero desconectados, son el esposo y el padre, pero sin ejercer autoridad. ¿Cómo fue que les sucedió esto? Enfermaron, se desconectaron del cuerpo cuando comenzaron a desentenderse de él o peor aun, usarlo a capricho para sí mismos. Amar el cuerpo es hacerse bien: el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Considérate uno con ella. Recuerda que Eva fue primero el cuerpo de Adán antes de ser su mujer. Así, todo hombre mira a su mujer primero como una con él antes de considerarla una para él. Los beneficios de una mujer amada son similares a los beneficios de un cuerpo cuidado. No amar el cuerpo y confundir esto con agradarlo lo deforma y enferma, reduce sus capacidades y su vida. Lo mismo sucede con la esposa, descuidarla y tratar de agradarla sólo provoca que sus atributos que te hacen feliz se pierdan, la amargas y envejeces, peleará contigo y ninguno será feliz. Por otro lado, un cuerpo bien cuidado te llena de posibilidades, de salud y de servicio. Tienes no solo mejor apariencia, sino incluso felicidad evitándote dolores. Lo mismo pasa con la esposa bien amada, te llena de amor y servicio, te alarga la vida y te hace feliz. Si inviertes en limpieza y salud para ti, invierte en tu mujer. Si inviertes en gimnasio para verte y estar mejor, invierte en tu mujer.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:29
5.25-32 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:30
5.25-32 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:31
5.25-32 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
5.31-32 Propósito de la relación conyugal que ilustran la relación entre Cristo y su iglesia. Uno de los temas que más trata la Biblia es el sexo; ¿has leído el Cantar de los Cantares? Sin embargo, a causa de la caída de la humanidad en pecado, hablar acerca de sexo puede resultar para muchos un tema tabú. Pero debemos ver el tema desde la perspectiva bíblica. Primero, la sexualidad es un medio de conocimiento. Desde el principio ha sido así: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió…” (Gén. 4:1). La consagración en el Antiguo Testamento implicaba derramamiento de sangre, he allí la importancia de la virginidad; es una forma mutua de consagración. Las parejas que no llegaron vírgenes al matrimonio necesitan de arrepentimiento para tener oportunidad de colocar un cimiento verdadero en su matrimonio, pues batallarán en conocerse al no estar consagrados el uno al otro originalmente. La sexualidad es un medio de conocimiento. Una pareja se casa y comienza a conocerse y a medida que se entrega mutuamente a través de la sexualidad se va conociendo. El hombre y la mujer son tan diferentes que si no practican regularmente las relaciones sexuales placenteramente no llegarán a conocerse íntimamente para aprender a llevarse bien. Si fallan en las relaciones sexuales, fallan en conocerse; y si fallan en conocerse, fallarán como pareja. Esa es la importancia de las relaciones sexuales. En cierto modo, la sexualidad es más apremiante en la juventud, pues la pareja no sabe casi nada el uno del otro, ni de sí mismos, así que requiere conocerse para llevarse cada día mejor. Dios puso impulsos sexuales más intensos al principio como una herramienta de conocimiento (sin que esto implique que con el pasar de los años no pueda continuar su frecuencia voluntariamente en un matrimonio sano y sabio). Negarse a darse es negarse a conocerse. ¿Por qué Satanás tienta a quien deja de tener relaciones sexuales? Por su incontinencia. ¿Y qué es la incontinencia? ¿Acaso se refiere únicamente al hecho de no poder estar sin sexo? Esto sería demasiado simple; la razón es similar a la tentación sobre Eva en el huerto del Edén; fue tentada a probar del árbol del conocimiento. El ser humano fue diseñado para conocer y cuando no crece en el conocimiento de Dios busca el pecado; así mismo, cuando no crece en el conocimiento de su cónyuge, comienza a desear conocer a alguien más. El hombre no es un animal atado al sexo; sino ávido de conocimiento; es así que conocerá a su mujer a través de su vida por medio de la sexualidad. Adán y Eva fueron echados del huerto por probar del árbol del conocimiento del bien y del mal en vez del árbol de la vida. También el matrimonio es destruido cuando alguno de los dos o los dos conocen a quien no deberían conocer. Ambos son árbol de vida, pues al disfrutarse pueden formar hijos dentro de una familia; pero el adulterio es probar el árbol del conocimiento fuera del lineamiento divino. Por eso es que si las relaciones sexuales son sólo sexo y no un medio de conocimiento o de consagración; es decir, si no se dan verdaderamente el uno al otro para disfrutarse mutuamente; entonces pueden ser tentados de todas maneras. ¿Por qué el adulterio en un matrimonio que sí practicaban regularmente las relaciones conyugales? Podría ser porque tenían sexo, pero no como un medio de conocimiento. Eran monótonos y aburridos. Tenían la obligación, pero no el disfrute. Si bien darse es un deber, hay maneras de darse en verdad y de negarse aunque se tenga sexo. ¿Cómo es esto? Supongamos que pides una comida en un restaurante, el mesero trae tu pedido y te lo avienta a la mesa. Te lo ha dado, pero de tal forma que parece habértelo negado. Asimismo, en las relaciones conyugales uno de los dos puede ceder su cuerpo, pero tan de mala gana que está manifestando negarlo. En tal caso no habrá conocimiento verdadero, por lo que aún pueden ser tentados y el matrimonio sufrir problemas. ¿Conoces a tu cónyuge? ¿Sabes qué le produce placer y qué le desagrada? Debes tener conocimiento de los detalles íntimos de todo su cuerpo y de los gustos de su alma para darle placer de verdad. Aprende a hacer el amor en el trato y aprende a hacer el sexo en lo íntimo; desarrolla conocimiento, estúdiale, comunícate. También, la relación conyugal es un medio de conocerse a uno mismo en otro. El problema número uno del matrimonio son las diferencias. Somos tan diferentes que miramos todas las cosas de modo diferente y en ocasiones contrario; esto produce ocasión para muchos pleitos. La comunicación verbal ayuda mucho a llevarse mejor; pero la comunicación sexual es el factor primordial que Dios dispuso al matrimonio para conocerse. Los dichos de los abuelos tenían razón: “arréglenlo bajo las sábanas”. Es difícil pelear con quien te produce tu mayor placer. No digo que todo problema matrimonial se resuelva con las relaciones conyugales; pero las mismas producen el conocimiento mutuo necesario para llegar a resolverlos. En el principio Dios diseñó al ser humano hombre y mujer, para que fueran uno. La mujer salió del hombre para unirse al hombre. Esto no debiera ser un problema, entonces, ¿por qué presenta problemas? Fundamentalmente porque se ven a sí mismos como únicamente dos personas separadas y no como uno solo. Pero, ¿qué dice el Libro? “Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Gén. 2:23-25). Verse como uno: “esto es ahora”, no llegará a ser mañana. “Por tanto” implica que a causa de que son uno deben procurar la relación conyugal. Primero dejar para luego unirse. Exclusividad del matrimonio. Desnudos y sin vergüenza, es la libertad del matrimonio. No olvidemos que una vez que Adán y Eva pecaron, sintieron vergüenza por su desnudez; habían perdido su vestidura de gloria. Los complejos y la falta de libertad sexual en el matrimonio suele ser resultado de haber perdido la gloria de Dios en alguna área familiar por causa del pecado. La promiscuidad roba placer. ¡Con cuánta frecuencia se presenta el sexo como algo vergonzoso! También, la relación conyugal es un medio de conocer a Dios. El plan de Dios al hacer de un hombre y una mujer uno es revelarle su propósito eterno de Cristo y la iglesia: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Efesios 5:29-32). En tu esposo o en tu esposa conocerás a Dios, sólo mira con el espíritu y pon atención al diseño. Que la caída no te prive ni distraiga del diseño original que está detrás de tu cónyuge. La sexualidad es un medio de procreación y protección de la especie humana; la transmisión de la simiente humana. Hay un poder tremendo en la sexualidad; es el poder de la procreación. El Libro enseña que después de que Adán conoció a su mujer está concibió un hijo; y lo mismo dice en muchos casos más. Es por todos conocido que la sexualidad es el medio diseñado por Dios para la procreación. En esto, el matrimonio imita a Dios en su poder creativo produciendo la vida de otros seres humanos; ¿no es esto maravilloso? El mundo dice que el conocimiento es poder; y la Biblia enseña que conocerse sexualmente tiene el poder de producir vida. Ante lo cual, las relaciones sexuales fuera del matrimonio resultan deplorables, pues implican poner ese poder fuera de control. El fuego en la estufa es una gran herramienta, pero el fuego suelto por la casa es una desgracia. No que el niño engendrado fuera del matrimonio tenga algo de malo; sino que sus padres han mal usado el don de la sexualidad afrentando a su Creador. Ahora bien, si conocerse por medio de la sexualidad tiene el poder de producir vida; entendemos por qué un matrimonio tiene mayor éxito cuando se conoce sexualmente. Están produciendo vida a su relación vivificando aquellas áreas que necesitan ayuda. No hay mejor consejero que una buena noche íntima. Cuando el hombre ama a su mujer es figura de Cristo amando a la iglesia; de manera que tiene grandes posibilidades de ser bendecido con la Simiente prometida, la cual es Cristo. La mujer tiene la capacidad de tomar una semilla y transformarla en un niño. Ese es el poder de la matriz. Una mujer sabia no menosprecia a su marido, sino que toma sus semillas, ya sea de ideas, finanzas, hijos, etc. y las multiplica. La sexualidad también es un medio de felicidad. Primero, por el placer de dar. Un hombre sabio comprende que la relación conyugal debe ser para felicidad de su mujer: “Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó” (Deut. 24:5). El mismo principio aplica a una mujer sabia. Sólo después de esto es que está capacitado para la guerra; es decir, es útil al reino de Dios. Algunos no necesitan esforzarse en el trabajo por un aumento de sueldo; sino en la casa por un aumento de autoridad. El término “alegrar” tiene una connotación sexual; por ejemplo, en Génesis 18:12 se menciona: “se rió, pues, Sara, entre sí diciendo: ¿después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”. Y lo vimos también en Prov. 5:18-19. Pero, ¿cómo alegrará a su mujer si no procura conocerla? Por algo es que la Escritura usa la palabra “conoció” para referirse a la relación sexual. “Conoció Adán a su mujer”; María dijo: “no conozco varón”. Varón: ¿conoces a tu mujer? Al respecto no necesitas saber mucho sobre sexo, sino sobre amor. Quien enamora sabiamente a su mujer tendrá una gran respuesta de ella en la intimidad sexual, por lo que aprenderá más sobre la relación conyugal. También produce felicidad por el placer de recibir; pro sanamente, no como el engaño de: “que me haga feliz”. Uno de los propósitos de la relación conyugal es el placer. La sexualidad no solo fue diseñada para tener hijos, sino para el deleite: “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre” (Prov. 5:18-19). Pero un hombre egoísta arruina el placer al procurar tener relaciones sexuales sólo para su satisfacción; perdiendo con ello su capacidad de liderazgo, su placer y el deseo que su esposa sentía por él; finalmente su esposa lo despreciará y menospreciará como líder. “Su deseo busca el que se desvía…” (Prov. 18:1). Uno de los propósitos del matrimonio es despojar al hombre de su egoísmo, a fin de enseñarle a amar. Dios lo está preparando para la eternidad. ¿Significa esto que no debes recibir placer? Por supuesto que no, por el contrario, significa que tu placer comienza en dar. Y ligado a lo anterior, una vez despojado el corazón de su egoísmo, la persona debe conocerse y descubrir qué le produce placer sexual. La falta de conocimiento propio en este rubro ocasiona frustración y puede llegar a impedir el orgasmo. Mientras que conocerse aumenta la intensidad del placer. Al respecto conviene ser abierto al expresar qué sí y que no le es placentero a su cónyuge. Por lo dicho, el placer tiene límites. ¿Qué se permite y que no? Hebreos 13:4 dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. Plena libertad mientras no involucre deshonra al cónyuge (no pase los límites de su cónyuge que la denigen o atenten contra su conciencia), ni fornicación (gr. Porneia, impureza sexual, pornografía) ni adulterio (otras personas). Otro límite es no pasar mucho tiempo sin relaciones conyugales: “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Cor. 7:5). La única acepción de la sexualidad es dedicarse a Dios; esto implica que el sexo es una manera de consagración. La Palabra enseña que sólo para dedicarse de manera especial a Dios y por poco tiempo (un retiro espiritual), es que la pareja puede dejar de tener relaciones sexuales (siempre y cuando los dos estén de acuerdo en esto). Cuando Dios se presentó ante el pueblo de Israel en el monte Sinaí, les amonestó a abstenerse de relaciones sexuales por tres días para consagrarse a Él (Ex. 19:15). No porque el sexo tenga algo de malo, sino porque tiene mucho de bueno; es decir, porque es un medio de consagración de dos personas entre sí, y Dios les estaba pidiendo consagrarse sólo hacia Él en ese momento. Por eso la gravedad del adulterio, nadie puede consagrarse a más de uno al mismo tiempo. “El que a dos amos sirve, con alguno queda mal” –advirtió el Señor. También vemos que las relaciones conyugales son tan importantes como la oración. Sólo pueden dejar de tener relaciones sexuales en el matrimonio si se ocupan temporalmente de la oración; pero especialmente si no están orando, entonces deben estar teniendo relaciones sexuales regularmente. La consagración es pertenecer a otro. La Palabra dice: “volved a juntaros en uno”; esto es consagración. La sexualidad hace posible el matrimonio. Y las relaciones fuera del matrimonio son como consagrarse a ídolos. Ídolo significa “sólo figura”, algo vano, vacío. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio son vanas, vacías. También, la sexualidad debe ser vista como un medio para desarrollar autoridad. El primer mandamiento que Dios dio a la primera pareja que creó fue la unión sexual: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Gén. 1:28). Antes que su trabajo de labrar y guardar el huerto. El hombre ha de cuidar su matrimonio por encima de su trabajo y ministerio. Cuando el hombre está solo debe labrar el huerto; antes de casarse hay que trabajar; pero una vez que se está casado, es imperativo dar prioridad a la esposa por encima del trabajo. Es también un mecanismo de dedarrollo personal. El dominio propio te desarrolla. Después de que Dios ordenó la unión y multiplicación del hombre, le mandó sojuzgad y señoread la creación; ¿por qué? ¡Porque si es dueño de sí mismo para dar felicidad a alguien más puede gobernar! “Es mejor el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Prov. 16:32). Muchos viven frustrados y en fracaso a causa de su mala relación conyugal. Al no aprender a darse a sí mismos en busca de la felicidad de su cónyuge pierden su capacidad de gobierno. El egoísmo despoja al egoísta. Un hombre que no hace feliz a su esposa pierde su liderazgo. Es despojado de su gobierno. La relación conyugal también es un medio de protección. Como guardar un depósito de gracia para el futuro. En cierto modo, la sexualidad es más apremiante en la juventud, pues la pareja no sabe casi nada el uno del otro, requiere conocerse para llevarse cada día mejor. Dios puso impulsos sexuales más intensos al principio como una herramienta de conocimiento (sin que esto implique que con el pasar de los años no pueda continuar su frecuencia voluntariamente en un matrimonio sano y sabio). La relación conyugal protege de la infidelidad. En 1 Cor. 7:1-6 dice: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; 2 pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. 3 El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. 4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia”. En principio se refiere a la protección del matrimonio. Pero, en segundo lugar, protegiendo al matrimonio se protege la autoridad en el reino. Si se destruye la relación conyugal se destruye la autoridad; por eso es que si un hombre es áspero con su mujer sus oraciones tienen estorbo; si un hombre pierde su honor matrimonial, pierde también su autoridad. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7). Vivir con la mujer exitosamente requiere sabiduría. Hay que conocerla y comprender su diseño; ¿qué le honra y qué le deshonra? En cuanto a la sexualidad, ¿qué le agrada y qué no le agrada? Eso está implícito en “el marido cumpla con la mujer el deber conyugal y la mujer con el marido” (1 Cor. 7:3). Como la trates de día, ella te tratará de noche.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:32
5.25-32 Tomemos también enseñanzas hacia el matrimonio, si bien el tema realmente es Cristo y la iglesia. Veamos cinco maneras de alentar a la esposa: Primera, ámala, vive para ella. Hablamos de amor quer se entrega. Cristo renunció a sus derechos para obtener a su esposa; pero se entregó a Dios por ella; más no se entregó a ella. No pierdas tu liderazgo. Sé cabeza haciendo todo en beneficio del cuerpo , es decir, la familia. Comprende que Jesús no entregó algo, sino que se entregó a sí mismo. Sé trabajador, pero no descuides tu hogar. Regalar cosas tampoco es darse a sí mismo. Incluso estar todo el día en casa no es darse a sí mismo. Vive para Dios amando a tu mujer de maneras prácticas y detallistas. Ámala como a ti mismo, así hizo Jesús. Amarla como a ti mismo es amarte en ella, pues el que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Te conviene, ya que ella te servirá más de lo que tu le sirves a ella. La necesitas. Otra cosa importante que nos enseña este pasaje es que formes a tu muejr, hay vida en las palabras. Primeramente, palabra que limpien: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha”. La mujer llegó con una vida que incluía manchas; no para reprocharle, sino para limpiarla. La mujer llegó con una vida que incluía heridas, no para infectarlas, sino para limpiarlas. “…que no tuviese mancha ni arruga”. La mujer llegó con una vida que incluía prejuicios, no para pelearle, sino para limpiarla. Palabras que forman: “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. ¿Quieres a la esposa perfecta? ¡Hazla! El rostro de tu mujer refleja el trato que le das. El carácter de tu esposa es el reflejo de tu propio carácter. Una mujer que pelea está pidiendo ser amada y atendida. Palabras que alientan: Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la insulta ni la humilla, sino la conforta. Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la ridiculiza, sino que la alienta (dar aliento, vida). ¡Le habla, no se queda callado! Cristo está formando a su esposa con su Palabra. Vemos que no la maltrata hablándole con aspereza. Sustenta a tu mujer, en cierto modo, su vida está en tus manos. Sustentala, no evadas ni repartas tu responsabilidad. “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”. Jesús no es flojo. El perezoso se le llena su campo de espinos, cardos y hierba, dice Proverbios; es decir, de maldición. Hay hombres que le dicen a la mujer: “te toca pagar esto o aquello”. ¡No debe ser así! Adán fue quien recibió la obligación de guardar el huerto. Si la mujer desea trabajar puede hacerlo, más no porque el hombre la obliga. Sustenta a tu esposa dándole lo que necesita. No se trata de darle a la familia todo lo que quiera, sino lo que necesita. Esto no es sólo lo que se necesita físicamente, sino también emocionalmente. A veces requiere ser mimada. El amor se desgasta cuando la persona es mantenida en necesidad. El principio del cuerpo es que la cabeza vive para el cuerpo. ¿Cómo tratas a tu propio cuerpo? Tu mujer no es cómo tu cuerpo, sino que es tu cuerpo: “y serán una sola carne.” Cuídala, protege su vida. Quien maltrata a su cuerpo es un demente. Quien maltrata a su esposa es suicida. Pierde amor, pierde ayuda, pierde servicio, pierde vida. Quien maltrata la vida recoge muerte, ¿cómo tratas a tu esposa? Los hombres impíos de las Escrituras se caracterizaban por maltratar a su mujeres y muchos de ellos murieron antes de tiempo. Quien halla esposa halla el bien, ¡no lo cambies en mal! Si maltratas tu cuerpo morirás antes. Vive en unidad. La exclusividad en el matrimonio implica primero dejar para luego unirse (vr. 31). Y esto es válido para ambos. El matrimonio no tiene futuro sin esta separación. Dejar a quienes se ha necesitado y dependido es un gran acto de fe. Dejar a quienes se ama por el amor de pareja es un gran acto de amor. Es un misterio que en el matrimonio por la relación conyugal, dos personas sean una sola carne (vr. 31). La maravilla de la sexualidad permite el disfrute, la fructificación y la multiplicación. Fue diseñada para conocerse y llegar a ser uno, no solo física, sino también emocionalmente. Y debido que son hechos uno, el matrimonio debe entenderse como indisoluble. Por eso un papel de divorcio no termina tan fácilmente con el dolor y la unidad emocional. El propósito del matrimonio es manifestar a Cristo y a la iglesia (vr. 32). Como el principio de Adán y Eva representando a Cristo y la iglesia. Es el anhelo de Dios Hijo: obtener a la iglesia esposa.
— Roberto Tinoco
Efesios 5:33
5.31-33 Propósito de la relación conyugal que ilustran la relación entre Cristo y su iglesia. Uno de los temas que más trata la Biblia es el sexo; ¿has leído el Cantar de los Cantares? Sin embargo, a causa de la caída de la humanidad en pecado, hablar acerca de sexo puede resultar para muchos un tema tabú. Pero debemos ver el tema desde la perspectiva bíblica. Primero, la sexualidad es un medio de conocimiento. Desde el principio ha sido así: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió…” (Gén. 4:1). La consagración en el Antiguo Testamento implicaba derramamiento de sangre, he allí la importancia de la virginidad; es una forma mutua de consagración. Las parejas que no llegaron vírgenes al matrimonio necesitan de arrepentimiento para tener oportunidad de colocar un cimiento verdadero en su matrimonio, pues batallarán en conocerse al no estar consagrados el uno al otro originalmente. La sexualidad es un medio de conocimiento. Una pareja se casa y comienza a conocerse y a medida que se entrega mutuamente a través de la sexualidad se va conociendo. El hombre y la mujer son tan diferentes que si no practican regularmente las relaciones sexuales placenteramente no llegarán a conocerse íntimamente para aprender a llevarse bien. Si fallan en las relaciones sexuales, fallan en conocerse; y si fallan en conocerse, fallarán como pareja. Esa es la importancia de las relaciones sexuales. En cierto modo, la sexualidad es más apremiante en la juventud, pues la pareja no sabe casi nada el uno del otro, ni de sí mismos, así que requiere conocerse para llevarse cada día mejor. Dios puso impulsos sexuales más intensos al principio como una herramienta de conocimiento (sin que esto implique que con el pasar de los años no pueda continuar su frecuencia voluntariamente en un matrimonio sano y sabio). Negarse a darse es negarse a conocerse. ¿Por qué Satanás tienta a quien deja de tener relaciones sexuales? Por su incontinencia. ¿Y qué es la incontinencia? ¿Acaso se refiere únicamente al hecho de no poder estar sin sexo? Esto sería demasiado simple; la razón es similar a la tentación sobre Eva en el huerto del Edén; fue tentada a probar del árbol del conocimiento. El ser humano fue diseñado para conocer y cuando no crece en el conocimiento de Dios busca el pecado; así mismo, cuando no crece en el conocimiento de su cónyuge, comienza a desear conocer a alguien más. El hombre no es un animal atado al sexo; sino ávido de conocimiento; es así que conocerá a su mujer a través de su vida por medio de la sexualidad. Adán y Eva fueron echados del huerto por probar del árbol del conocimiento del bien y del mal en vez del árbol de la vida. También el matrimonio es destruido cuando alguno de los dos o los dos conocen a quien no deberían conocer. Ambos son árbol de vida, pues al disfrutarse pueden formar hijos dentro de una familia; pero el adulterio es probar el árbol del conocimiento fuera del lineamiento divino. Por eso es que si las relaciones sexuales son sólo sexo y no un medio de conocimiento o de consagración; es decir, si no se dan verdaderamente el uno al otro para disfrutarse mutuamente; entonces pueden ser tentados de todas maneras. ¿Por qué el adulterio en un matrimonio que sí practicaban regularmente las relaciones conyugales? Podría ser porque tenían sexo, pero no como un medio de conocimiento. Eran monótonos y aburridos. Tenían la obligación, pero no el disfrute. Si bien darse es un deber, hay maneras de darse en verdad y de negarse aunque se tenga sexo. ¿Cómo es esto? Supongamos que pides una comida en un restaurante, el mesero trae tu pedido y te lo avienta a la mesa. Te lo ha dado, pero de tal forma que parece habértelo negado. Asimismo, en las relaciones conyugales uno de los dos puede ceder su cuerpo, pero tan de mala gana que está manifestando negarlo. En tal caso no habrá conocimiento verdadero, por lo que aún pueden ser tentados y el matrimonio sufrir problemas. ¿Conoces a tu cónyuge? ¿Sabes qué le produce placer y qué le desagrada? Debes tener conocimiento de los detalles íntimos de todo su cuerpo y de los gustos de su alma para darle placer de verdad. Aprende a hacer el amor en el trato y aprende a hacer el sexo en lo íntimo; desarrolla conocimiento, estúdiale, comunícate. También, la relación conyugal es un medio de conocerse a uno mismo en otro. El problema número uno del matrimonio son las diferencias. Somos tan diferentes que miramos todas las cosas de modo diferente y en ocasiones contrario; esto produce ocasión para muchos pleitos. La comunicación verbal ayuda mucho a llevarse mejor; pero la comunicación sexual es el factor primordial que Dios dispuso al matrimonio para conocerse. Los dichos de los abuelos tenían razón: “arréglenlo bajo las sábanas”. Es difícil pelear con quien te produce tu mayor placer. No digo que todo problema matrimonial se resuelva con las relaciones conyugales; pero las mismas producen el conocimiento mutuo necesario para llegar a resolverlos. En el principio Dios diseñó al ser humano hombre y mujer, para que fueran uno. La mujer salió del hombre para unirse al hombre. Esto no debiera ser un problema, entonces, ¿por qué presenta problemas? Fundamentalmente porque se ven a sí mismos como únicamente dos personas separadas y no como uno solo. Pero, ¿qué dice el Libro? “Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Gén. 2:23-25). Verse como uno: “esto es ahora”, no llegará a ser mañana. “Por tanto” implica que a causa de que son uno deben procurar la relación conyugal. Primero dejar para luego unirse. Exclusividad del matrimonio. Desnudos y sin vergüenza, es la libertad del matrimonio. No olvidemos que una vez que Adán y Eva pecaron, sintieron vergüenza por su desnudez; habían perdido su vestidura de gloria. Los complejos y la falta de libertad sexual en el matrimonio suele ser resultado de haber perdido la gloria de Dios en alguna área familiar por causa del pecado. La promiscuidad roba placer. ¡Con cuánta frecuencia se presenta el sexo como algo vergonzoso! También, la relación conyugal es un medio de conocer a Dios. El plan de Dios al hacer de un hombre y una mujer uno es revelarle su propósito eterno de Cristo y la iglesia: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia” (Efesios 5:29-32). En tu esposo o en tu esposa conocerás a Dios, sólo mira con el espíritu y pon atención al diseño. Que la caída no te prive ni distraiga del diseño original que está detrás de tu cónyuge. La sexualidad es un medio de procreación y protección de la especie humana; la transmisión de la simiente humana. Hay un poder tremendo en la sexualidad; es el poder de la procreación. El Libro enseña que después de que Adán conoció a su mujer está concibió un hijo; y lo mismo dice en muchos casos más. Es por todos conocido que la sexualidad es el medio diseñado por Dios para la procreación. En esto, el matrimonio imita a Dios en su poder creativo produciendo la vida de otros seres humanos; ¿no es esto maravilloso? El mundo dice que el conocimiento es poder; y la Biblia enseña que conocerse sexualmente tiene el poder de producir vida. Ante lo cual, las relaciones sexuales fuera del matrimonio resultan deplorables, pues implican poner ese poder fuera de control. El fuego en la estufa es una gran herramienta, pero el fuego suelto por la casa es una desgracia. No que el niño engendrado fuera del matrimonio tenga algo de malo; sino que sus padres han mal usado el don de la sexualidad afrentando a su Creador. Ahora bien, si conocerse por medio de la sexualidad tiene el poder de producir vida; entendemos por qué un matrimonio tiene mayor éxito cuando se conoce sexualmente. Están produciendo vida a su relación vivificando aquellas áreas que necesitan ayuda. No hay mejor consejero que una buena noche íntima. Cuando el hombre ama a su mujer es figura de Cristo amando a la iglesia; de manera que tiene grandes posibilidades de ser bendecido con la Simiente prometida, la cual es Cristo. La mujer tiene la capacidad de tomar una semilla y transformarla en un niño. Ese es el poder de la matriz. Una mujer sabia no menosprecia a su marido, sino que toma sus semillas, ya sea de ideas, finanzas, hijos, etc. y las multiplica. La sexualidad también es un medio de felicidad. Primero, por el placer de dar. Un hombre sabio comprende que la relación conyugal debe ser para felicidad de su mujer: “Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año, para alegrar a la mujer que tomó” (Deut. 24:5). El mismo principio aplica a una mujer sabia. Sólo después de esto es que está capacitado para la guerra; es decir, es útil al reino de Dios. Algunos no necesitan esforzarse en el trabajo por un aumento de sueldo; sino en la casa por un aumento de autoridad. El término “alegrar” tiene una connotación sexual; por ejemplo, en Génesis 18:12 se menciona: “se rió, pues, Sara, entre sí diciendo: ¿después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?”. Y lo vimos también en Prov. 5:18-19. Pero, ¿cómo alegrará a su mujer si no procura conocerla? Por algo es que la Escritura usa la palabra “conoció” para referirse a la relación sexual. “Conoció Adán a su mujer”; María dijo: “no conozco varón”. Varón: ¿conoces a tu mujer? Al respecto no necesitas saber mucho sobre sexo, sino sobre amor. Quien enamora sabiamente a su mujer tendrá una gran respuesta de ella en la intimidad sexual, por lo que aprenderá más sobre la relación conyugal. También produce felicidad por el placer de recibir; pro sanamente, no como el engaño de: “que me haga feliz”. Uno de los propósitos de la relación conyugal es el placer. La sexualidad no solo fue diseñada para tener hijos, sino para el deleite: “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre” (Prov. 5:18-19). Pero un hombre egoísta arruina el placer al procurar tener relaciones sexuales sólo para su satisfacción; perdiendo con ello su capacidad de liderazgo, su placer y el deseo que su esposa sentía por él; finalmente su esposa lo despreciará y menospreciará como líder. “Su deseo busca el que se desvía…” (Prov. 18:1). Uno de los propósitos del matrimonio es despojar al hombre de su egoísmo, a fin de enseñarle a amar. Dios lo está preparando para la eternidad. ¿Significa esto que no debes recibir placer? Por supuesto que no, por el contrario, significa que tu placer comienza en dar. Y ligado a lo anterior, una vez despojado el corazón de su egoísmo, la persona debe conocerse y descubrir qué le produce placer sexual. La falta de conocimiento propio en este rubro ocasiona frustración y puede llegar a impedir el orgasmo. Mientras que conocerse aumenta la intensidad del placer. Al respecto conviene ser abierto al expresar qué sí y que no le es placentero a su cónyuge. Por lo dicho, el placer tiene límites. ¿Qué se permite y que no? Hebreos 13:4 dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”. Plena libertad mientras no involucre deshonra al cónyuge (no pase los límites de su cónyuge que la denigen o atenten contra su conciencia), ni fornicación (gr. Porneia, impureza sexual, pornografía) ni adulterio (otras personas). Otro límite es no pasar mucho tiempo sin relaciones conyugales: “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1 Cor. 7:5). La única acepción de la sexualidad es dedicarse a Dios; esto implica que el sexo es una manera de consagración. La Palabra enseña que sólo para dedicarse de manera especial a Dios y por poco tiempo (un retiro espiritual), es que la pareja puede dejar de tener relaciones sexuales (siempre y cuando los dos estén de acuerdo en esto). Cuando Dios se presentó ante el pueblo de Israel en el monte Sinaí, les amonestó a abstenerse de relaciones sexuales por tres días para consagrarse a Él (Ex. 19:15). No porque el sexo tenga algo de malo, sino porque tiene mucho de bueno; es decir, porque es un medio de consagración de dos personas entre sí, y Dios les estaba pidiendo consagrarse sólo hacia Él en ese momento. Por eso la gravedad del adulterio, nadie puede consagrarse a más de uno al mismo tiempo. “El que a dos amos sirve, con alguno queda mal” –advirtió el Señor. También vemos que las relaciones conyugales son tan importantes como la oración. Sólo pueden dejar de tener relaciones sexuales en el matrimonio si se ocupan temporalmente de la oración; pero especialmente si no están orando, entonces deben estar teniendo relaciones sexuales regularmente. La consagración es pertenecer a otro. La Palabra dice: “volved a juntaros en uno”; esto es consagración. La sexualidad hace posible el matrimonio. Y las relaciones fuera del matrimonio son como consagrarse a ídolos. Ídolo significa “sólo figura”, algo vano, vacío. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio son vanas, vacías. También, la sexualidad debe ser vista como un medio para desarrollar autoridad. El primer mandamiento que Dios dio a la primera pareja que creó fue la unión sexual: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Gén. 1:28). Antes que su trabajo de labrar y guardar el huerto. El hombre ha de cuidar su matrimonio por encima de su trabajo y ministerio. Cuando el hombre está solo debe labrar el huerto; antes de casarse hay que trabajar; pero una vez que se está casado, es imperativo dar prioridad a la esposa por encima del trabajo. Es también un mecanismo de dedarrollo personal. El dominio propio te desarrolla. Después de que Dios ordenó la unión y multiplicación del hombre, le mandó sojuzgad y señoread la creación; ¿por qué? ¡Porque si es dueño de sí mismo para dar felicidad a alguien más puede gobernar! “Es mejor el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Prov. 16:32). Muchos viven frustrados y en fracaso a causa de su mala relación conyugal. Al no aprender a darse a sí mismos en busca de la felicidad de su cónyuge pierden su capacidad de gobierno. El egoísmo despoja al egoísta. Un hombre que no hace feliz a su esposa pierde su liderazgo. Es despojado de su gobierno. La relación conyugal también es un medio de protección. Como guardar un depósito de gracia para el futuro. En cierto modo, la sexualidad es más apremiante en la juventud, pues la pareja no sabe casi nada el uno del otro, requiere conocerse para llevarse cada día mejor. Dios puso impulsos sexuales más intensos al principio como una herramienta de conocimiento (sin que esto implique que con el pasar de los años no pueda continuar su frecuencia voluntariamente en un matrimonio sano y sabio). La relación conyugal protege de la infidelidad. En 1 Cor. 7:1-6 dice: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; 2 pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. 3 El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. 4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia”. En principio se refiere a la protección del matrimonio. Pero, en segundo lugar, protegiendo al matrimonio se protege la autoridad en el reino. Si se destruye la relación conyugal se destruye la autoridad; por eso es que si un hombre es áspero con su mujer sus oraciones tienen estorbo; si un hombre pierde su honor matrimonial, pierde también su autoridad. “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7). Vivir con la mujer exitosamente requiere sabiduría. Hay que conocerla y comprender su diseño; ¿qué le honra y qué le deshonra? En cuanto a la sexualidad, ¿qué le agrada y qué no le agrada? Eso está implícito en “el marido cumpla con la mujer el deber conyugal y la mujer con el marido” (1 Cor. 7:3). Como la trates de día, ella te tratará de noche.
— Roberto Tinoco