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Efesios 6

Hijos y padres

1Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.🗨 2Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;🗨 3para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.🗨 4Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.🗨

Esclavos y amos

5Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo;🗨 6no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios;🗨 7sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres,🗨 8sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.🗨 9Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas.🗨

Toda la armadura de Dios

10Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.🗨 11Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.🗨 12Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.🗨 13Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.🗨 14Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,🗨 15y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.🗨 16Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.🗨 17Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;🗨 18orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;🗨 19y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,🗨 20por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.🗨

Saludos finales

21Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor,🗨 22el cual envié a vosotros para esto mismo, para que sepáis lo tocante a nosotros, y que consuele vuestros corazones.🗨 23Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo.🗨 24La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable. Amén.🗨

Texto bíblico: Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. Utilizado con permiso. Ver todos los créditos

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Efesios 6: RV60

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Efesios 6:1

Comentario general

6.1 La revelación divina trató el asunto de la sujeción y la autoridad en el capítulo anterior; por ello, continuando el tema, se inicia el capítulo hablando acerca de los hijos obedientes a los padres. Dicha obediencia no es sin restricciones, sino que tiene por límite que sea en el Señor. Por causa del Señor existe la sujeción a la autoridad; de manera que no debe sobrepasar la voluntad el Señor tal obediencia. El hijo debe obedecer en todo a sus padres, mientras esto no implique ir contra la Palabra de Dios. La obediencia de hijos a los padres es justa, pues ellos sustentan todo lo relacionado con su vida y lo han cuidado. Esto es justo porque se trata de un ciclo de vida en donde una generación es cuidada por la anterior, la cual a su vez, protegerá a la generación que vendrá, todos somos deudores de cuidar a alguien, a la vez que obedecer a alguien. Es justo.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:2

Comentario general

6.2 Honrar a los padres es el primer mandamiento con promesa, clara alusión a la ley de Moisés y a los diez mandamientos. Esto es muy importante, pues la ley de Moisés solía ser únicamente restrictiva, pero si añadía promesa, entonces tal mandamiento era sumamente importante. Tanto que Dios incentivaba su observancia. Dios verdaderamente desea, de forma muy especial, que los hijos honren a los padres. Si dicha honra desaparece, la humanidad corre peligro. Se usa el griego timao para “honra”, de donde viene el término “estimar”; y significa valorar, dar precio. La honra debe involucrar estimación en el sentido de invertir precio, valor. Los hijos no tienen obligación de sostener a sus padres, salvo cuando estos estén impedidos para valerse por sí mismos, pero si deben honrarlos siempre, es decir, invertirle finanzas como un asunto de aprecio y gratitud.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:3

Comentario general

6.3 La promesa por la honra a los padres es recordada en este versículo: primero, que te vaya bien. Tanto la buena como la mala vida no son casualidad, sino el resultado de hacer o dejar e hacer ciertas cosas justas en este mundo. La honra y la deshonra son básicas para esto. Segundo, tener larga vida y no morir prematuramente es prometido a quienes honran a sus padres. Trata respetuosamente a los ancianos e invierte finanzas en tus padres y vivirás más y mejor. No hagas esto únicamente porque Dios lo manda, sino porque amas y tienes agradecimiento para tus padres, así como respeto a los ancianos (Mat. 15:5).

— Roberto Tinoco

Efesios 6:4

Comentario general

6.4 Criar hijos requiere sabiduría; sin el trato correcto en el Señor se puede provocar ira y con ella, extraviarlos. Te doy unos principios de formación de los hijos. La paternidad fue diseñada para revelarnos el corazón del Padre Celestial. No sólo debemos ser buenos padres a causa de nuestros hijos y su bien, sino también porque estableceremos una importante base de la relación que tendremos con Dios por la eternidad, tanto nosotros como nuestros hijos. En este sentido, comencemos con los primeros años, los cuales tienen como meta llevarlos a la regeneración. La educación, la enseñanza básica, el desarrollo del carácter y muchas otras cosas propias de la educación de los hijos en esta edad son importantes (no puedo exagerar hasta qué punto); pero la meta más importante de todas, el punto al cual debo haber llevado a mi hijo antes de que comience la adolescencia es la regeneración; que reciba a Jesucristo como su Señor y Salvador y nazca de nuevo. Sin la regeneración nos enfrentaremos en la adolescencia con el reto y la dificultad de controlar un ser inclinado al mal, qué, aunque desea ser bueno, no puede hacerlo. Esa es la razón por la que el adolescente, junto con sus padres, sufren durante la etapa de la adolescencia. Luego culparemos a la cultura del mundo, a la televisión, a las influencias de otros, etc. cuando el hijo sólo está dando el fruto normal de un alma no regenerada por el nuevo nacimiento. Durante los primeros años de los hijos (0 a 5), los padres debieron haber conquistado la obediencia de su hijo. Si la obediencia fue conquistada, si en verdad se estableció la base de la autoridad, el segundo paso es la conquista del corazón. El centro de la regeneración es el corazón. En eso se basa el nuevo nacimiento y el Nuevo Pacto, en recibir un nuevo corazón y una nueva mente (Dt. 30:6; Sal. 51:10; Juan 3:3-5; Eze. 36:26-28). Atender el corazón del niño es desarrollarle una conciencia sana respecto de Dios, de sí mismo y de los demás. Respecto de Dios es llevar a amarle sin religiosidad falsa, legalismo ni hipocresía. ¿Le estamos enseñando a orar como una relación de confianza con Dios? ¿Le leemos la Palabra o tiene una Biblia ilustrada? ¿Sabe que Dios le escucha y qué puede acudir a Él? ¿Considera la vida cristiana como divertida? ¿Puede adorar? ¿Puede hablar acerca de Dios? ¿Qué opina acerca de Dios? Respecto de sí mismo es llevarle a apreciarse sanamente (sin egolatría). ¿Quién dice ser y qué desea ser? ¿Presenta rasgos de timidez o de agresividad? ¿Se esfuerza demasiado por agradar a otros (al punto de cambiar su personalidad según con quienes se encuentre)? ¿Cómo reacciona al sexo opuesto? ¿Trabaja de manera independiente o totalmente dependiente? Respecto de los demás es llevarle a relacionarse en amor y respeto. ¿Es controlador o seguidor de otros niños? ¿Es agresivo o se deja agredir sin defenderse? ¿Se burla de otros? ¿Mira a los ojos? ¿Puede establecer relaciones con rapidez o es retraído? ¿Es cooperador en trabajo de equipo? ¿Qué habla acerca de los demás, los admira, los critica, los estima, los rechaza, etc.? No te extravíes con la conducta externa, ve al corazón. Por qué hace tu hijo lo que hace. Si sólo atiendes lo externo y lo reprimes o alientas unicamente en lo exterior, entonces tu hijo será entrenado en una doble vida. Se comportará diferente cuando esté sin represión. Desarrolla su conciencia entrenándole los sentidos en el bien y el mal (Hebreos 5:13-14). Recuerda que la meta es la regeneración. Para cuando llegue a la adolescencia debe estar plenamente entrenado acerca del bien y del mal. ¿Tiene tu hijo establecido claramente los limites? Esto no se logra con clases, así como tampoco un entrenador lleva a un atleta al campeonato sólo con la teoría. También, durante la niñez debes trabajar en el desarrollo del carácter de tu hijo. Cada ser humano es completamente diferente entre sí. El desarrollo del carácter se basa en llevar al niño a descubrir y ser aquello que para lo cual Dios lo diseñó. Cada ser humano tiene un llamado diferente, así que me refiero en principio al supremo llamamiento: la comunión con el Hijo de Dios (1 Cor. 1:9). En esto, debo distinguir acerca de lo que Dios desea para mi hijo y lo que yo deseo para él. No debemos establecerle aquello a lo que habrá de dedicarse, sino a que independientemente de cual sea la carrera de su vida, la desarrollará para amar a Dios y al prójimo (Dt. 6:5-7; Mat. 22:37-39). Será hasta la adolescencia cuando tengamos la tarea de ayudarle a nuestro hijo a descubrir la carrera de su vida; la cual, dicho sea de paso, dependerá en mucho, de la creación de Dios. El diseño denuncia el propósito, todo se dedica para aquello que sirve, por cuanto sirve para aquello que fue hecho. La perseverancia es el centro del carácter. Cada vez que un ser humano renuncia debilita su carácter y cada vez que permanece, lo fortalece. En estos tiempos se suele criticar a los padres que presionan a sus hijos a diversas disciplinas y rutinas, permíteme preguntarte: ¿quién requiere mayor preparación: un esclavo o un rey? Tu decides para qué preparas a tu hijo. Considera el ejemplo de David siendo muchacho, cuidando ovejas y enfrentando osos y leones a diferencia de sus hermanos mayores. Sin lugar a dudas era el mejor preparado, el de mejor corazón y carácter para derrotar al gigante Goliat y a la postre ser rey de Israel (1 Sam. 17:33-37; 1 Sam. 16:11-13). La importancia del carácter es la integridad (en todos los aspectos de la vida). Evalúa el carácter de tu hijo de acuerdo a su edad. En cierto modo la inmadurez es falta de carácter, pero no es exactamente lo mismo. Evalúa el carácter de tu hijo observando su conducta. Evalúa el carácter de tu hijo observando su propio carácter. Pudiera estarte imitando. Una palabra de aliento: es mejor la ocupación que la preocupación. Haz todo lo que puedas, menos condenarte, hasta el padre excelente tuvo un pródigo.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:5

Comentario general

6.5 Habiendo atendido a esposos, padres e hijos en el tema de autoridad y sumisión, el apóstol toca otra clase de obediencia común de la época y del imperio: los siervos y los amos. No porque el cristianismo esté de acuerdo con la esclavitud, pues basta leer la carta de Pablo a Filemón para comprender que la fe cristiana sentó las bases de la emancipación de la esclavitud, pero por las condiciones de la época el escritor bíblico debía limitar el trato, a fin de evitar abusos. Por un lado, evitar que el cristianismo se confundiera con un movimiento social (una buena parte del imperio se componía de esclavos); y por el otro, que no fuera tampoco apoyo de la opresión. Los siervos, si bien puede aplicarse a empleados, en realidad se trata de esclavos. Aunque en otra parte el escritor da el consejo de procurar la libertad (1 Cor. 7:21), como está hablando e la autoridad en el reino de Dios, debe aconsejar a los siervos a obedecer a sus amos terrenales y esto no superficialmente, sino con temor y temblor. Las mismas palabras que utiliza para pedir que se cuide la salvación con temor y temblor (Fil. 2:12). De manera que no es ligeramente, sino de suma importancia. Obediencia con sencillez de corazón; pues cuando el corazón se complica pensando más de la cuenta, con susceptibilidad y desconfianza, la obediencia se hace de mala gana y después deja de hacerse. Obediencia como a Cristo, frase por demás grande, poderosa. Que un esclavo se sujetara a su amo por las leyes del imperio era forzoso, pero que lo hiciera como sujetarse a Cristo, esto es, absolutamente, sin reservas, indudablemente se trata de un enorme acto de fe al Señor Jesucristo. Si realmente quieres vivir con la excelencia del reino de Dios, no debes vivir bajo los parámetros terrenales. No es lo mismo cumplir tus obligaciones por ser una persona responsable, que cumplirlas porque honras a Cristo.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:6

Comentario general

6.6 Servir al ojo es hacer las cosas como uno que es dependiente emocional de la aceptación humana. Queriendo ser visto porque se quiere ser reconocido. No vamos por la vida siendo descortés con los demás, pero vivimos bajo un estándar mucho más alto: somos siervos de Cristo y hacemos la voluntad de Dios. Un esclavo que obedecía a su amo para agradarle estaba constantemente bajo la ansiedad del premio y el castigo; pero un esclavo que se sabía primero esclavo e Jesucristo, hacía todo con excelencia independientemente del amo terrenal. Esto lo mantenía limpio, ni se sentía defraudado al no ser recompensado como esperaba y tampoco se sentiría desanimado si recibía reprensión que consideraba injusta. Sabía que su verdadero Amo, Jesucristo, lo recompensaría (6:8). Si un esclavo debía vivir así por la Palabra de Dios, ¿no crees que tu caso es mucho más sencillo? Lee las notas anteriores y posteriores.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:7

Comentario general

6.7 Lee la nota anterior. La manera en la que sirves, independientemente del trabajo en el cual te desempeñes, está intimamente relacionada a quién es tu patrón. Si no conoces la autoridad del reino de Dios, tu patrón terrenal será toda tu autoridad; pero si entiendes el reino comprendes que estás sirviendo a Cristo al servir a una autoridad delegada en este mundo. Sólo así servirás de buena voluntad, ya que no depende de lo que haga o deje de hacer tu autoridad. Tú estás sirviendo a Cristo. Por eso los cristianos debemos ser excelentes, todo lo que hacemos, lo hacemos como si fuese directamente para el Señor.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:8

Comentario general

6.8 En las palabras precedentes, el apóstol explica que el servicio e un esclavo no es resultado de sus obligaciones terrenales, legítimas o ilegítimas; sino de ser siervo de Jesucristo. Fue así como el cristianismo se abrió camino hasta extenderse en todo el mundo, así como terminar con la esclavitud. Nuestra esperanza es que ya sea libres o esclavos, nuestra recompensa viene de Dios. En este mundo podemos tener bendiciones como resultado de hacer las cosas bien, pero no hay garantías, por lo que detrás de lo recibido o de lo faltante en este mundo, tenemos la confianza de que finalmente será el Señor Jesucristo quien dará el pago en el día final. Sin amargura, decepción ni desanimo, sirvamos a Cristo en este mundo, según nos haya tocado vivir. Dice la traducción de lenguaje actual: “Pueden estar seguros de que el Señor premiará a todos por lo bueno que hayan hecho, sin importar que hayan sido esclavos o libres.”

— Roberto Tinoco

Efesios 6:9

Comentario general

6.9 Los amos debían hacer con los siervos lo mismo que los siervos con los amos; esto es, comportarse como hacia Cristo. En última instancia, no hay un solo libre y sí hay un solo Señor. Debían ejercer su autoridad no mediante la fuerza terrenal o la intimidación, como las amenazas; sino con el cuidado de saber que el verdadero Señor y amo de ambos lo está observando. ¿Cómo deseas ser tratado por Dios? Así debes tratar a tus subordinados. Los cielos reinan sobre la tierra o, el reino de los cielos se ha acercado. Dios no hace acepción de personas, significa que su autoridad está sobre todos, nadie queda libre de Él. Esto no significa que su trato sea igual a todos, basta considerar la relación entre Dios y personas como Abraham, Moisés o David para saber que algunos son amados de forma especial; pero tratándose de su autoridad, ninguno está fuera de ella. Sin acepción.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:10

Comentario general

6.10 Habiendo dejado en claro la autoridad de Dios ejercida en las autoridades delegadas, es posible hablar de la fortaleza y de la armadura de Dios. ¿Cómo habría alguno de ser fuerte si se encuentra en rebeldía? ¿De dónde su fuerza sin la autoridad divina? Y, ¿cómo podría vestir la armadura de Dios sin la autoridad de Dios? La fortaleza es en el Señor; es la expresión del poder de la fuerza del Señor. En este sentido, eres tan fuerte como obediente al Señor.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:11

Comentario general

6.11-12 La guerra espiritual se originó en el cielo con la rebelión de Satanás; se consumó la victoria del Señor en su muerte y resurrección (Col. 2:15); y está siendo declarada por medio de la iglesia a toda la creación (Ef. 3:10). De manera que nuestra lucha no es para poseer o recuperar nada, sino para que sea manifiesto que ya pertenece al reino de Dios. El diablo no intenta recobrar nada perdido, sino ocultar la verdad del evangelio para que las almas y la creación no reciban los beneficios de la victoria de Cristo. Desafortunadamente, en la ignorancia de algunos, todavía presentan batalla como si los reinos de la tierra fueran todavía del diablo y no hubieran sido dados ya a Cristo (compara Luc. 4:5-6 con Ap. 11:15 y Mat. 28:18). Por falta de luz, estas personas en su buena intención, se dedican a realizar símbolos y figuras, en lugar de sus cumplimientos. Echan sal en los montes y aceite en las casas, marcan territorios reclamándolos para Cristo y hacen ademanes con espadas “cortando” los aires. No los condenamos, pues intentan exaltar al Señor, pero la guerra espiritual de la iglesia ya no está en el plano de las figuras, sino de la realidad. Vestirse de la armadura de Dios es una orden en plural. No se trata de que un individuo se vista, sino de que el Cuerpo de Cristo, la iglesia, funcione como tal con la autoridad de Dios. La iglesia debe vestirse de toda la armadura de Dios, cuando le falta alguna parte suele no ser muy efectiva. Toda iglesia creciente está equilibrada y aquella que se estanca, tiene faltante en su armadura. La iglesia es quien debe vestirse, es una orden del Señor que implica responsabilidad de la congregación. El diablo fue vencido respecto al poder que tenía sobre la creación a causa de la caída de Adán; sin embargo, todavía acecha a los creyentes intentando corromperles e impedir la edificación y buena marcha de la iglesia. Es como una fiera rapiñera intentando atacar a los descuidados por despojos. Lo que hoy conocemos como diablo y Satanás no comenzó así, una vez fue un querubín cuyo oficio consistía en guardar lo sagrado en los cielos, incluyendo el trono de Dios. Su creación fue espectacular, una metáfora diseñada a partir del nacimiento del rey de Tiro ilustra ese momento, así como su caída: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho YHWH el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran (Ez. 28:12-18). La expresión “sello de la perfección” implica que no hubo error alguno en Dios que pudiera provocar el origen del mal. Todo en este querubín era perfecto; un prototipo, un diseño sin falla. Junto con esto tuvo sabiduría hasta el límite y hermosura en gran medida. Estuvo en Edén, debió tratarse de un Edén diferente al huerto (o es parte de la metáfora) que Dios hizo crecer especialmente para el hombre, pues este querubín estuvo en un Edén antes de su caída. Esta criatura estuvo rodeada de deleite en sus inicios, por lo que tampoco se reveló por falta de placer. Dios transforma a los seres humanos de piedras muertas a piedras preciosas vivas, con ellas edifica su ciudad y su casa, es la ropa de su esposa. El hecho de que el querubín se vistiera de piedras preciosas es como decir que recibió de origen lo más alto en gloria y honor, y tenía acceso a la intimidad de Dios. Su andar era luz. Hubo fiesta el momento de su creación, por lo que no fue hecho junto con el resto de los ángeles, sino como una creación especial; al mismo tiempo, se ha pensado que le fue encargada la alabanza celestial, lo cual podemos suponerlo, pero no confirmarlo. ¿Su poder? Querubín grande. ¿Su oficio? Protector. Estaba en el santo monte de Dios, pues tenía por comisión guardar la santidad del reino de los cielos. Se paseaba o andaba libremente en la parte más íntima del cielo, entre las piedras de fuego o serafines, los seres ardientes. Quizá por eso copió la forma de uno de ellos al tentar a Eva (la palabra en Génesis para serpiente es serafín). Su perfección la perdió por decisión propia, en él se halló maldad o de él surgió maldad. Fue un acto de libre albedrío. Luego comenzó su estrategia de rebelión mediante contrataciones, es decir, convencer a los ángeles de independizarse de Dios. “Contrataciones” traduce una palabra hebrea que significa “puerta por puerta”. Como vendedor, dedicó mucho tiempo a convencer a la tercera parte de los seres celestiales (Ap. 12). Con cada ángel que convencía aumentaba su iniquidad, lo cual consiste en pecar con lo sagrado. Cada palabra añadía maldad, mentira y tinieblas. Como resultado de su pecado, el querubín perdió su oficio siendo expulsado del monte de Dios y su acceso a la intimidad del Trono al ser arrojado de entre los serafines. El querubín protector se llenó de soberbia, lo que lo llevó a corromper su sabiduría, esto es, a convertirse en astuto, más ya no sabio. Mirarse a uno mismo con una imagen superior al propósito de Dios para uno corrompe. Fue echado del cielo y virtualmente arrojado a la tierra (más tarde sería expulsado también de la tierra no quedando más lugar para él que el lago de fuego). Lo que fuera un ser majestuosamente hermoso se convirtió en un proverbio de derrota, horror y vergüenza. La condenación de este ser es el fuego eterno correspondiente a su interior. Otro de los pasajes bíblicos sobresalientes sobre la caída del querubín protector se encuentra en Isaías: ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo (Isaías 14:12-15). De nuevo hallamos otra metáfora, describiendo la caída del rey de Babilonia se nos deja ver la caída del querubín. Aquí se le llama Lucero, era una estrella. Hijo de la mañana, referencia al cuerpo de gloria (como los que nos serán dados en la resurrección). Fue cortado por tierra, humillado como enemigo vencido. Su ambición fue levantar un trono para él al lado del Altísimo, para recibir como él adoración de los ángeles. Su admiración se convirtió en envidia y luego en codicia, soberbia y maldad. ¿Destino? El Seol, el abismo, el infierno. Pero volviendo al pasaje de Efesios, dice el versículo 12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). La vida cristiana es una guerra y no un paseo de turistas. Las guerras son duras, crueles y difíciles, son a muerte. La guerra en la tierra es a muerte física, pero la guerra en lugares celestiales es a muerte eterna. No está en juego un territorio en este planeta, sino el reino de los cielos; y no se pelea por oro o petróleo, sino por las almas. ¿Por qué muchos creyentes andan de turistas en medio de la batalla? Entonces, ¿viviremos mirando demonios por todos lados? ¡De ninguna manera! Por eso primero debes posicionarte en lugares celestiales sentado con Cristo, descansando en confianza; luego practicar la vida cristiana de amor y servicio y entonces presentar batalla espiritual. La vida espiritual es una guerra que se pelea desde el cielo y no desde la tierra. Enfrentarla con la mirada en la condición terrenal equivale a pelear con mentalidad de derrotado; pero enfrentarla mirando desde el cielo es correspondiente a pelear con mentalidad de vencedor. ¿Quieres pelear desde la tierra contra huestes espirituales de maldad de regiones celestes o quieres aplastar alimañas desde el cielo sentado en el trono con Cristo? Todo estratega militar sabe que pelear posicionado en la altura conlleva muchas ventajas. El versículo de Efesios 6:12 también nos permite ver que las tinieblas copiaron la jerarquía celestial que tenían antes de ser expulsados. Al respecto, veamos un ejemplo de esta clasificación o jerarquia celestial: Serafines. Con gran parecido en algunos pasajes a los querubines, su nombre se deriva del significado “ardientes”, son llamas de fuego (Hebreos 1:7), apasionados seres especialistas en adorar a Dios declarando “Santo, Santo, Santo” (Isaías 6:2-6). Cuando Satanás engañó a Eva se presentó como un serafian, un ser ardiente; aunque lo traducen como serpiente. Un rebelde presentandose como un apasionado adorador para engañar. Todavía algunos hoy le creen que se encargaba de la alabanza celestial. Querubines; encargados del cuidado del trono de Dios y de que no sea profanada su santidad. “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Gen. 3:24; por algo el tabernáculo tenía en el tercer velo querubines de obra primorosa, lo mismo que en el arca del Pacto, tanto en el tabernáculo como en el templo de Salomón. Ex. 26:1- ss; 36:8 –ss; 1 Reyes 6:23-29; se les presenta con mucha similitud a los seres vivientes. Ez. 1:4-5; 10:15-20). Satanás era un querubín grande (quizá superior a los otros querubines), protector antes de su rebelión (Ez. 28:14-16). Arcángeles. Arcángel significa “jefe de ángeles.” Miguel es a la vez un arcángel y un principado, más específicamente uno de los principales príncipes: Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia (Daniel 10:13: 12:1). Podemos notar que Miguel estuvo en otro tiempo sujeto a al querubín que llegó a ser Satanás: Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda (Judas 1:9). (lee nuevamente Judas 9 y considera el respeto de Miguel al no maldecir). Dominios, posiblemente antes de dominios esté tronos (que quizá es lo mismo que principados o un rey sobre reyecitos). “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él” (Col. 1:16); algo así como autoridades territoriales, ya que la palabra dominios en la Escritura define los territorios de un rey (2 Reyes 20:13). Evidentemente suponemos la jerarquía, ya que tenemos que existen, pero no la definición clara de su posición. La Biblia no tiene un organigrama del cielo, lo que sí sabemos es que Dios está sobre todo. Principados. “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él” (Col. 1:16). Seres celestiales con derecho legal en el reino, como el derecho de un príncipe. “Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (2:10, 15; Ef. 3:10; 6:12). Nota el orden de la legión que estaba en el gadareno; así como el hecho de que salían del gadareno, pero no querían salir de la región. La iglesia debe aprender acerca del orden. Jamás leemos de Génesis a Apocalipsis que un demonio se levante contra otro demonio, tienen unidad y conservan la jerarquía de autoridad, orden. En Cantares la iglesia es vista hermosa como ejercitos en orden. Esa es la estética bella de la iglesia: unidad y autoridad. Potestades. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir” (Rom. 8:38; 3:10: 6:12; Col. 1:16; 2:15; 1 Pedro 3:22). En griego es dúnamis, dinamita, dínamo, poder de hacer milagros y prodigios. Se podría traducir como “los poderosos”, seres angelicales que se caracterizan por ser poderosos y capaces de efectuar prodigios aún para el resto de los ángeles. Quizá estos son los ángeles de su poder: “y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder” (2 Ts. 1:7). Gobernadores. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Como su nombre lo indica, con gobierno celestial, delegado por Dios y sobre estructuras celestes que desconocemos. Es muy posible que sean los mismos denominados como Tronos (Col. 1:16); también, es posible que se refiera como gobernadores, del lado del reino, a quienes les fue dado poder durante la presente dispensación para juzgar a los demás ángeles antes de los juicios finales (Col. 1:16; Judas 1:9). ¿Qué gobiernan? Suponemos que se trata de gobierno a otros seres celestiales; pero se trajeron esto a la tierra, los vemos en el libro de Daniel sobre regiones como Persia, Grecia, incluso Israel. Ángeles. Del griego angelos, mensajeros. Un ejemplo de estos mensajeros es Gabriel, a quien lo vemos continuamente llevando los mensajes de Dios a los hombres (Dan. 8:16; 9:21; Lucas 1:19, 26). También podemos pensar que incluye a la caballería, por decirlo así, las huestes, la generalidad angélica. Los vigilantes. “La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres” (Daniel 4:17). Se piensa que son una especie de supervisores del cumplimiento de los preceptos divinos. Se usa la misma palabra para supervisores de obras de construcción (1 Reyes 9:23) y para guardias (Salmo 130:6). Las huestes o estrellas. “Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38:7). Posiblemente es un término genérico para referirse a todas las criaturas celestiales; especialmente aquellas que componen los ejércitos celestiales. Y de la misma forma genérica, también: Los hijos de Dios. “Un día vinieron a presentarse delante de Yahwéh los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job 1:6). En forma semejante a estrellas. Sabemos que el ser humano es hecho hijo de Dios en un grado mayor a los ángeles, ya que no sólo hacemos su voluntad, sino que nos fue dada su naturaleza, así como su imagen y semejanza. Es tan importante entender que no llama hijos a los desobedientes, por ejemplo, cuando Jesús dijo a los fariseos que ellos no eran hijos de Abraham, sino hijos del diablo por querer matarlo (hacen las obras del diablo). Y también, para que no le llamen ángeles a los hijos de Dios en Génesis 6, sino descendientes de Set que se unieron en yugo desigual. Por último, las tradiciones judías tenían siete ángeles como principales o más conocidos en sus escritos, especialmente en el libro apócrifo de Enoc; sus nombres: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Raguel, Zerachiel, y Remiel. Por supuesto que esto último es imaginación.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:12

Comentario general

6.11-12 La guerra espiritual se originó en el cielo con la rebelión de Satanás; se consumó la victoria del Señor en su muerte y resurrección (Col. 2:15); y está siendo declarada por medio de la iglesia a toda la creación (Ef. 3:10). De manera que nuestra lucha no es para poseer o recuperar nada, sino para que sea manifiesto que ya pertenece al reino de Dios. El diablo no intenta recobrar nada perdido, sino ocultar la verdad del evangelio para que las almas y la creación no reciban los beneficios de la victoria de Cristo. Desafortunadamente, en la ignorancia de algunos, todavía presentan batalla como si los reinos de la tierra fueran todavía del diablo y no hubieran sido dados ya a Cristo (compara Luc. 4:5-6 con Ap. 11:15 y Mat. 28:18). Por falta de luz, estas personas en su buena intención, se dedican a realizar símbolos y figuras, en lugar de sus cumplimientos. Echan sal en los montes y aceite en las casas, marcan territorios reclamándolos para Cristo y hacen ademanes con espadas “cortando” los aires. No los condenamos, pues intentan exaltar al Señor, pero la guerra espiritual de la iglesia ya no está en el plano de las figuras, sino de la realidad. Vestirse de la armadura de Dios es una orden en plural. No se trata de que un individuo se vista, sino de que el Cuerpo de Cristo, la iglesia, funcione como tal con la autoridad de Dios. La iglesia debe vestirse de toda la armadura de Dios, cuando le falta alguna parte suele no ser muy efectiva. Toda iglesia creciente está equilibrada y aquella que se estanca, tiene faltante en su armadura. La iglesia es quien debe vestirse, es una orden del Señor que implica responsabilidad de la congregación. El diablo fue vencido respecto al poder que tenía sobre la creación a causa de la caída de Adán; sin embargo, todavía acecha a los creyentes intentando corromperles e impedir la edificación y buena marcha de la iglesia. Es como una fiera rapiñera intentando atacar a los descuidados por despojos. Lo que hoy conocemos como diablo y Satanás no comenzó así, una vez fue un querubín cuyo oficio consistía en guardar lo sagrado en los cielos, incluyendo el trono de Dios. Su creación fue espectacular, una metáfora diseñada a partir del nacimiento del rey de Tiro ilustra ese momento, así como su caída: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho YHWH el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran (Ez. 28:12-18). La expresión “sello de la perfección” implica que no hubo error alguno en Dios que pudiera provocar el origen del mal. Todo en este querubín era perfecto; un prototipo, un diseño sin falla. Junto con esto tuvo sabiduría hasta el límite y hermosura en gran medida. Estuvo en Edén, debió tratarse de un Edén diferente al huerto (o es parte de la metáfora) que Dios hizo crecer especialmente para el hombre, pues este querubín estuvo en un Edén antes de su caída. Esta criatura estuvo rodeada de deleite en sus inicios, por lo que tampoco se reveló por falta de placer. Dios transforma a los seres humanos de piedras muertas a piedras preciosas vivas, con ellas edifica su ciudad y su casa, es la ropa de su esposa. El hecho de que el querubín se vistiera de piedras preciosas es como decir que recibió de origen lo más alto en gloria y honor, y tenía acceso a la intimidad de Dios. Su andar era luz. Hubo fiesta el momento de su creación, por lo que no fue hecho junto con el resto de los ángeles, sino como una creación especial; al mismo tiempo, se ha pensado que le fue encargada la alabanza celestial, lo cual podemos suponerlo, pero no confirmarlo. ¿Su poder? Querubín grande. ¿Su oficio? Protector. Estaba en el santo monte de Dios, pues tenía por comisión guardar la santidad del reino de los cielos. Se paseaba o andaba libremente en la parte más íntima del cielo, entre las piedras de fuego o serafines, los seres ardientes. Quizá por eso copió la forma de uno de ellos al tentar a Eva (la palabra en Génesis para serpiente es serafín). Su perfección la perdió por decisión propia, en él se halló maldad o de él surgió maldad. Fue un acto de libre albedrío. Luego comenzó su estrategia de rebelión mediante contrataciones, es decir, convencer a los ángeles de independizarse de Dios. “Contrataciones” traduce una palabra hebrea que significa “puerta por puerta”. Como vendedor, dedicó mucho tiempo a convencer a la tercera parte de los seres celestiales (Ap. 12). Con cada ángel que convencía aumentaba su iniquidad, lo cual consiste en pecar con lo sagrado. Cada palabra añadía maldad, mentira y tinieblas. Como resultado de su pecado, el querubín perdió su oficio siendo expulsado del monte de Dios y su acceso a la intimidad del Trono al ser arrojado de entre los serafines. El querubín protector se llenó de soberbia, lo que lo llevó a corromper su sabiduría, esto es, a convertirse en astuto, más ya no sabio. Mirarse a uno mismo con una imagen superior al propósito de Dios para uno corrompe. Fue echado del cielo y virtualmente arrojado a la tierra (más tarde sería expulsado también de la tierra no quedando más lugar para él que el lago de fuego). Lo que fuera un ser majestuosamente hermoso se convirtió en un proverbio de derrota, horror y vergüenza. La condenación de este ser es el fuego eterno correspondiente a su interior. Otro de los pasajes bíblicos sobresalientes sobre la caída del querubín protector se encuentra en Isaías: ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo (Isaías 14:12-15). De nuevo hallamos otra metáfora, describiendo la caída del rey de Babilonia se nos deja ver la caída del querubín. Aquí se le llama Lucero, era una estrella. Hijo de la mañana, referencia al cuerpo de gloria (como los que nos serán dados en la resurrección). Fue cortado por tierra, humillado como enemigo vencido. Su ambición fue levantar un trono para él al lado del Altísimo, para recibir como él adoración de los ángeles. Su admiración se convirtió en envidia y luego en codicia, soberbia y maldad. ¿Destino? El Seol, el abismo, el infierno. Pero volviendo al pasaje de Efesios, dice el versículo 12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). La vida cristiana es una guerra y no un paseo de turistas. Las guerras son duras, crueles y difíciles, son a muerte. La guerra en la tierra es a muerte física, pero la guerra en lugares celestiales es a muerte eterna. No está en juego un territorio en este planeta, sino el reino de los cielos; y no se pelea por oro o petróleo, sino por las almas. ¿Por qué muchos creyentes andan de turistas en medio de la batalla? Entonces, ¿viviremos mirando demonios por todos lados? ¡De ninguna manera! Por eso primero debes posicionarte en lugares celestiales sentado con Cristo, descansando en confianza; luego practicar la vida cristiana de amor y servicio y entonces presentar batalla espiritual. La vida espiritual es una guerra que se pelea desde el cielo y no desde la tierra. Enfrentarla con la mirada en la condición terrenal equivale a pelear con mentalidad de derrotado; pero enfrentarla mirando desde el cielo es correspondiente a pelear con mentalidad de vencedor. ¿Quieres pelear desde la tierra contra huestes espirituales de maldad de regiones celestes o quieres aplastar alimañas desde el cielo sentado en el trono con Cristo? Todo estratega militar sabe que pelear posicionado en la altura conlleva muchas ventajas. El versículo de Efesios 6:12 también nos permite ver que las tinieblas copiaron la jerarquía celestial que tenían antes de ser expulsados. Al respecto, veamos un ejemplo de esta clasificación o jerarquia celestial: Serafines. Con gran parecido en algunos pasajes a los querubines, su nombre se deriva del significado “ardientes”, son llamas de fuego (Hebreos 1:7), apasionados seres especialistas en adorar a Dios declarando “Santo, Santo, Santo” (Isaías 6:2-6). Cuando Satanás engañó a Eva se presentó como un serafian, un ser ardiente; aunque lo traducen como serpiente. Un rebelde presentandose como un apasionado adorador para engañar. Todavía algunos hoy le creen que se encargaba de la alabanza celestial. Querubines; encargados del cuidado del trono de Dios y de que no sea profanada su santidad. “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Gen. 3:24; por algo el tabernáculo tenía en el tercer velo querubines de obra primorosa, lo mismo que en el arca del Pacto, tanto en el tabernáculo como en el templo de Salomón. Ex. 26:1- ss; 36:8 –ss; 1 Reyes 6:23-29; se les presenta con mucha similitud a los seres vivientes. Ez. 1:4-5; 10:15-20). Satanás era un querubín grande (quizá superior a los otros querubines), protector antes de su rebelión (Ez. 28:14-16). Arcángeles. Arcángel significa “jefe de ángeles.” Miguel es a la vez un arcángel y un principado, más específicamente uno de los principales príncipes: Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia (Daniel 10:13: 12:1). Podemos notar que Miguel estuvo en otro tiempo sujeto a al querubín que llegó a ser Satanás: Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda (Judas 1:9). (lee nuevamente Judas 9 y considera el respeto de Miguel al no maldecir). Dominios, posiblemente antes de dominios esté tronos (que quizá es lo mismo que principados o un rey sobre reyecitos). “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él” (Col. 1:16); algo así como autoridades territoriales, ya que la palabra dominios en la Escritura define los territorios de un rey (2 Reyes 20:13). Evidentemente suponemos la jerarquía, ya que tenemos que existen, pero no la definición clara de su posición. La Biblia no tiene un organigrama del cielo, lo que sí sabemos es que Dios está sobre todo. Principados. “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él” (Col. 1:16). Seres celestiales con derecho legal en el reino, como el derecho de un príncipe. “Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (2:10, 15; Ef. 3:10; 6:12). Nota el orden de la legión que estaba en el gadareno; así como el hecho de que salían del gadareno, pero no querían salir de la región. La iglesia debe aprender acerca del orden. Jamás leemos de Génesis a Apocalipsis que un demonio se levante contra otro demonio, tienen unidad y conservan la jerarquía de autoridad, orden. En Cantares la iglesia es vista hermosa como ejercitos en orden. Esa es la estética bella de la iglesia: unidad y autoridad. Potestades. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir” (Rom. 8:38; 3:10: 6:12; Col. 1:16; 2:15; 1 Pedro 3:22). En griego es dúnamis, dinamita, dínamo, poder de hacer milagros y prodigios. Se podría traducir como “los poderosos”, seres angelicales que se caracterizan por ser poderosos y capaces de efectuar prodigios aún para el resto de los ángeles. Quizá estos son los ángeles de su poder: “y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder” (2 Ts. 1:7). Gobernadores. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12). Como su nombre lo indica, con gobierno celestial, delegado por Dios y sobre estructuras celestes que desconocemos. Es muy posible que sean los mismos denominados como Tronos (Col. 1:16); también, es posible que se refiera como gobernadores, del lado del reino, a quienes les fue dado poder durante la presente dispensación para juzgar a los demás ángeles antes de los juicios finales (Col. 1:16; Judas 1:9). ¿Qué gobiernan? Suponemos que se trata de gobierno a otros seres celestiales; pero se trajeron esto a la tierra, los vemos en el libro de Daniel sobre regiones como Persia, Grecia, incluso Israel. Ángeles. Del griego angelos, mensajeros. Un ejemplo de estos mensajeros es Gabriel, a quien lo vemos continuamente llevando los mensajes de Dios a los hombres (Dan. 8:16; 9:21; Lucas 1:19, 26). También podemos pensar que incluye a la caballería, por decirlo así, las huestes, la generalidad angélica. Los vigilantes. “La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres” (Daniel 4:17). Se piensa que son una especie de supervisores del cumplimiento de los preceptos divinos. Se usa la misma palabra para supervisores de obras de construcción (1 Reyes 9:23) y para guardias (Salmo 130:6). Las huestes o estrellas. “Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38:7). Posiblemente es un término genérico para referirse a todas las criaturas celestiales; especialmente aquellas que componen los ejércitos celestiales. Y de la misma forma genérica, también: Los hijos de Dios. “Un día vinieron a presentarse delante de Yahwéh los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job 1:6). En forma semejante a estrellas. Sabemos que el ser humano es hecho hijo de Dios en un grado mayor a los ángeles, ya que no sólo hacemos su voluntad, sino que nos fue dada su naturaleza, así como su imagen y semejanza. Es tan importante entender que no llama hijos a los desobedientes, por ejemplo, cuando Jesús dijo a los fariseos que ellos no eran hijos de Abraham, sino hijos del diablo por querer matarlo (hacen las obras del diablo). Y también, para que no le llamen ángeles a los hijos de Dios en Génesis 6, sino descendientes de Set que se unieron en yugo desigual. Por último, las tradiciones judías tenían siete ángeles como principales o más conocidos en sus escritos, especialmente en el libro apócrifo de Enoc; sus nombres: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Raguel, Zerachiel, y Remiel. Por supuesto que esto último es imaginación.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:13

Comentario general

6.13 Tomad toda la armadura, no solo una parte. Por ejemplo, si tienes tienes los pies calzados con el evangelio, pero careces de la coraza de justicia, no estarás firme. Aunque prediques el evangelio, si no eres justo, perderás credibilidad y por tanto, tu palabra carecerá de influencia. La armadura es de Dios; es decir, la que Dios te ha dado como parte de la iglesia del Señor para vivir cristianamente. Habrá días malos, Dios lo dice; y en ellos necesitarás firmeza. La armadura del Espíritu es dada para dicha firmeza. No enfrentes en tu fuerza humana los días malos o desfallecerás; enfréntalos en el Señor. Confiado en su bondad y en su poder. Gracias a Dios la Palabra dice “el día malo” aunque serán más de uno. Con esto sabes que muchos serán los días buenos y pocos los malos. Más serán los días que comerás que los que tendrás hambre; m´ As los que dormirás que aquellos que pasarás en vela; más los día sde salud que los de enfermedad; más lo de abundancia que los de escasez. Y más, muchos más, los que sentirás la Presencia de Dios que aquellos en los cuales parezca que estás solo. Los días malos acabarán, tienen un final. La palabra dice: “habiendo acabado todo”, es decir, terminando el día malo. No te procupes, el mal tiene final; pero la misericordia del Señor es para siempre. Ten paz, el mal rato es eso, un rato. Y si eres diligente en conservar la armadura de Dios, que, como veremos en los próximos versículos consiste en la vida cristiana equilibrada y normal, estarás firme. Se usa el griego ístemi traducido firme; significa “estar”. La idea es que el mal ya no estará, pero tu sí seguirás ahí. El problema terminará, pero lo sobrevivirás. Cuando se discipe aquello que te aquejaba, sea enemigo o problema, tu seguirás ahí, firme delante del Señor. Un vencedor.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:14

Comentario general

6.14 La armadura que nos permite estar firmes, principalmente en los días malos, contiene primeramente el cinto de la verdad. El cinto servia para ceñir la ropa a fin de que no estorbara para la guerra. Un cristiano victorioso está siempre listo a enfrentar lo que venga en su vida. Es verdadero, genuino, no huye. No aparentes ni mientas, que nada estorbe tu vida cristiana, menos en los días malos. Sé auténtico para que no tengan nada de qué acusarte. ¿Recuerdas que Marcos huyó desnudo cuando arrestaron al Señor Jesús? Si descuidamos ser reales, genuinos y aparentamos la vida cristiana únicamente, seremos avergonzados como desnudos delante de las tinieblas. El cinto también servía para dar fortaleza al guerrero, semejante a los levantadores de pesas. Eres fuerte si te mantienes en la verdad, sin mentira ni simulación. Hay almas herniadas por aparentar su fe. Almas desgarradas por simular su integridad. También debes vestir la coraza de justicia. Era una ropa blindada, como de malla metálica, que protegía principalmente el pecho y el tronco. Simboliza una conciencia limpia, justa. No se debilita la fe de un hombre en paz con Dios, justificado. Pero aquel a quien su conciencia acusa, tiene hendiduras en su coraza por donde puede ser atacado. ¡Mantén justo tu corazón! La coraza protegía los órganos vitales del guerrero; el corazón y la vida del justo es intocable; Dios prohibió a satanás tocar la vida del justo Job. No son los ataques del enemigo los que te lastiman; te ofendes por injusto; te hieres por injusto; te dañas por injusto. Sé justo y serás inofendible.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:15

Comentario general

6.15 El calzado del guerrero cristiano es el apresto del evangelio. Se refiere al tratamiento que transforma un textil o material semejante en algo más resistente; en este caso, el andar cristiano está protegido cuando éste ha sido procesado por el evangelio de la paz; es decir, a causa del evangelio ha entrado en paz con Dios. Esto lo hace conducirse seguro, firme. ¿Estás en paz con Dios? ¿Comprendes que el evangelio de Jesucristo te ha reconciliado con Dios y te permite una nueva vida en la paz de Dios? Este es un calzado a la medida de todos; el evangelio es para todos. Te da firmeza: “yo sé a quién he creído” -decía el apóstol Pablo. Así como los soldados romanos reforzaban su calzado con clavos; así el guerrero cristiano ha reforzado su compromiso de extender el evangelio del Señor.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:16

Comentario general

6.16 Sobre todo, lo que significa que es especialmente útil la fe. Y esto es así, ya que la fe permite que todo lo demás funciones y sin la fe, no existe ni la aplicación del evangelio ni la coraza de justicia ni el cinto de la verdad. El escudo de la fe puede apagar los dardos de fuego del maligno, los cuales, dicho sea de paso, son dudas y acusaciones. Cuando tienes fe, nada ni nadie puede sembrarte dudas ni hacerte sentir culpable. Si el creyente no sabe lo que cree no tiene escudo. La fe te protege; el escudo romano era tan grande que el soldado podía ocultarse completamente en él. “Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe” (1 Jn. 5:4). Dios le dijo a Abraham, le padre de la fe: “No temas Yo Soy tu Escudo.” David no vio que era grande Goliat, ¡sino que Dios es grande! ¡Fe! Dijero a un ciego: “¿Sabias que el que te sano es pecador?” Su respuesta de fe lo defendió: “¡Yo sólo se que era ciego y ahora veo!” Esopo cuenta una fábula: un cabrito sobre un techo se burla de un lobo, a lo que el lobo responde: ¡No eres tú, sino el techo que se burla de mí! Tal es la fe. La fe apaga todos los dardos, no solo algunos. ¡Es sumamente útil!

— Roberto Tinoco

Efesios 6:17

Comentario general

6.17 El yelmo era un casco para proteger la cabeza del soldado. Estar plenamente convencido de que Dios te ha salvado y de que debes guardar esta salvación tan grande, te protege de pensamientos e intenciones contrarias a la voluntad de Dios. Con frecuencia, el campo de batalla en el cual el maligno intenta socavar la vida cristiana, es la mente. Así que es sumamente importante proteger nuestra mente con las promesas de Dios sobre su salvación. Esto es mucho más que perdón de pecados, es todo lo que involucra, desde la justificación, hasta la glorificación. La espada del Espíritu es la Palabra de Dios. Nota que es dada en el contexto de la batalla contra el maligno, nunca contra los herm,anos. No tenemos lucha contra carne y sangre como para usar las Escrituras contra otros creyentes. Jesús se defendió del diablo con la palabra en el desierto diciendo: “escrito está.” ¡Hay de los que no llevan espada por no escudriñar ni memorizar las Escrituras! La Biblia menciona la ocasión cuando el profeta Balaam dijo a su asna: “¡si tuviera una espada en mi mano, ahora mismo te mataría!” (Num. 22:29). Si la hubiera tenido no habría estado hablando con asnos. La Palabra de Dios es viva y eficaz (Heb. 4:12); es la espada del Espíritu, por lo que debe usarse en el Espíritu de Dios. Entonces cantarás como Gedeón cuando los madianitas se mataron unos a otros con la espada. Eres un guerrero cristiano; usa la Palabra de Dios hasta que la espada se quede pegada en tu mano como sucedió al soldado Eleazar (2 Sam. 23:10). Que se haga uno contigo.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:18

Comentario general

6.18 Este versículo es dado en el trasfondo de la guerra espiritual. Cuando oras, ¿lo haces desde la tierra o desde el cielo? Recuerda que nuestra lucha es contra huestes espirituales de maldad en regiones celestes. En Efesios 6:18 vemos la vida de oración que debemos vivir. He visto enfatizar hasta la exageración la guerra espiritual con la mirada puesta en el enemigo; pero no es eso el llamado de Dios. El Señor nos llama a concentrarnos en Él disfrutándole, mientras que luchamos una guerra. Enfocar al enemigo o al problema es posicionarnos en la tierra; enfocar al Señor es posicionarnos en el cielo. La iglesia es el guerrero de Dios; pero no debe dejar su posición de Novia. Con respecto del enemigo somos un guerrero; más con respecto de Dios somos la novia. Recuerda que ya nos bendijo en Cristo en lugares celestiales (1:3) y es en esa posición desde la cual debemos afrontar la oración y la guerra espiritual. Ya nos hizo sentar con Cristo en lugares celestiales (2:4-6). A Cristo le fue dada toda autoridad en el cielo y en la tierra y fue coronado de gloria, así como sentado a la diestra del Padre. Eso es recibir toda bendición. Y siendo que la iglesia está unida a Él, al estar en Cristo fuimos exaltados con Él. De manera que hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual. Cristo no es parapléjico y tampoco tiene parálisis cerebral. Lo que Él es, somos nosotros en este mundo (1 Juan 4:17). Dios nos bendijo y nos exaltó para mostrar sus abundantes riquezas en Cristo (2:7) ¡Exaltados para mostrar sus riquezas! Mientras vivimos posicionándonos en la tierra es imposible que expresemos sus riquezas. Es necesario “buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado” (Col. 3:1-3) si en verdad deseamos experimentar “las abundantes riquezas de su gracia”. Los animales viven mirando el suelo; los hombres mirando el cielo. Y los hijos de Dios mirando desde el cielo. En todo este contexto es en el que aparece la oración ascendida de Efesios 6:18. Debemos aprender a orar teniendo como base el cielo, no la tierra. La oración desde la tierra se dirige al cielo, eso está bien; pero hay una clase de oración más alta. La oración que sale de nuestro Señor cuando intercede por la iglesia sentado a la diestra del Padre es lo más poderoso que existe. Él está orando desde el cielo a favor de la tierra. Su oración es celestial. ¿Le negará algo el Padre a su Hijo? Jesús dijo que el Padre también a nosotros nos ama y podemos pedir. Cuando oramos desde la tierra decimos: “¡oh, Dios, por favor ayuda a ese hombre!”; pero cuando oramos desde el cielo entonces hablamos con autoridad diciendo: “lo que tengo te doy, en el Nombre de Jesucristo levántate” (Hech. 3:6). ¿Qué hubiéramos hecho en el lugar de Pedro? En Efesios 1:19-22 leímos: “y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. Pablo estaba orando para que la iglesia fuera consciente de su posición celestial en Cristo, a fin de que liberara su autoridad. ¡Cuán diferente oramos al considerar que todo ha sido puesto bajo nuestros pies! ¿Cómo pide un esclavo y como pide un dueño? ¿No es verdad que es el dueño quien ordena y quien recibe? La ascensión de Cristo aplica todo lo que su muerte y resurrección hicieron posible. Por eso debemos aprender a orar desde la ascensión. En la cruz decimos: ¿Por qué?” En la resurrección hablamos: “voy delante de…” Pero es en la ascensión donde opera la autoridad del reino. Es la oración desde el cielo. La oración terrenal le ruega a Dios que Él haga algo. Eso es bueno. Pero la oración celestial ejerce la autoridad de Dios para que ese algo sea hecho. Esa oración es mejor. Cuando el Señor estaba enseñándome esto me dijo: “tú aconsejas a la gente con mi Palabra para que ellos hagan mi voluntad, síguelo haciendo, pero añade la oración celestial: desata mi poder sobre ellos con autoridad.” Entendí que un plan sobre cómo rodear el monte es bueno, pero usar la autoridad de Dios para echar el monte en el mar es mejor. (Marcos 11:23-24). Debemos aprender a movernos en la oración celestial, Dios nos ha llamado a gobernar en su reino, esa es mucha autoridad; por lo tanto, nos permite desde hoy entrenarnos en el uso de su autoridad. Un león enseña a sus cachorros a cazar permitiéndolos arrojarse sobre una presa de cuando en cuando; así también Dios nos entrena para gobernar en el reino permitiéndonos movernos en la oración celestial. Esto es lo que significa “atar y desatar” (Mateo 18:18). Ante lo anterior, es posible que seamos tentados a intentar controlar el cielo o a darle órdenes a Dios. Eso no es la oración celestial. Necesitamos conocer su fundamento. Satanás intentará que no ores con autoridad al sugerirte por lo menos dos extremos: por un lado, que estás en la tierra y por tanto, muy limitado y sin poder. Y por otro lado, que hagas todo lo que te plazca como si la autoridad celestial estuviera a tu servicio particular. Somos susceptibles a esto cuando desconocemos la base de la oración celestial. ¿Cómo ordenaremos al cielo si ni siquiera somos capaces de ordenarle a la tierra? Antes de que el apóstol Pablo hablara acerca de esta verdad, primero habló acerca de la iglesia como el Cuerpo de Cristo y como la Novia del Cordero. ¿Qué significa esto? Que el principio en el cual opera la oración celestial es la vida del cuerpo y el disfrute de Cristo. No es un individuo quien fue ascendido al cielo, sino el Cuerpo de Cristo juntamente con la Cabeza. Yo no ascendí, la iglesia ascendió. Por ello es que yo no puedo ubicarme a mi mismo en el cielo, pero si puedo ubicar a la iglesia en Cristo en lugares celestiales. No fuimos sentados en lugares celestiales con Cristo, sino en Cristo (Ef. 2:6). No estamos acompañándole, estamos en Él. No somos aparte de Él, sino que somos uno con Él. En el capítulo uno de Efesios se nos enseña de la ascensión de Cristo. En el capítulo dos se menciona la ascensión de la iglesia. En los capítulos tres, cuatro y cinco se enseña sobre la iglesia como un Templo, como un Cuerpo y como una Novia. Y se nos exhorta a guardar la unidad del Espíritu y vivir en amor. En esos mismos capítulos (y el principio del capítulo 6) aprendemos sobre la autoridad del reino: esposas sujetas a los esposos, hijos a los padres, siervos a los amos, etc. Por cuanto se necesita estar bajo autoridad para tener autoridad. Sólo después de esto es que viene en el capítulo seis lo relativo a la iglesia como un guerrero contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. El fundamento del guerrero es el Cuerpo y el disfrute de Cristo. Sin cuerpo es imposible ponerse la armadura de Dios. El enemigo no se asusta de tu oración, mientras estés fuera de la vida del cuerpo, enemistado, dividido o con desorden de autoridad en la vida natural; pero es nuevamente derrotado cuando estás en el orden del reino orando celestialmente. Lo mismo sucede al intentar la guerra espiritual sin disfrutar al Señor. Nuestra obra como iglesia es establecer el reino de los cielos. ¿Cómo podemos decir efectivamente venga tu reino? Cuando oramos la oración celestial; es decir, si actuamos desde nuestra posición celestial en Cristo y ordenamos a la tierra, entonces el trono de Dios es manifestado en la tierra. Desde la perspectiva de los hombres sabrán que ha llegado el reino de Dios. Jesús dijo: “si Yo, por el dedo de Dios echo fuera los demonios, ha llegado a vosotros el reino de Dios”. Jesús ordenó a los demonios que salieran, no lo vemos pidiéndole al Padre que los sacara. Se repite tres veces: “todo”. Todo tiempo; toda oración; todos los santos. Cuándo, cómo y por quién. Esa es la oración del guerrero del Señor.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:19

Comentario general

6.19 Pablo pide a los hermanos de Éfeso que oren por él, no directamente por él, sino por el ministerio que le fue dado, que pueda predicar el evangelio. Es una petición según los intereses del reino de los cielos y no según sus necesidades. El hombre que más escribió en la Biblia solicita oración para que le sea dada palabra, es un ministro sin límites, apasionado que desea ser más efectivo aún. El que ha predicado en toda el Asia Menor, en un tiempo de grandes limitaciones de transporte, quiere hablar con denuedo, significa “sin nudo”, libre y fluidamente. El primero que recibió la revelación más grande, el misterio de Cristo, pide oración para dar a conocer el misterio del evangelio. Pablo era un ministro de enormes expectativas, su fe era enorme. Su ejemplo debe motivarnos para ser santos inconformes; hambrientos de más de Dios para ser mas útiles a Dios. Asimismo, para orar constantemente por aquellos que predican el evangelio, para que sean más efectivos conforme a los parámetros del reino y la voluntad de Dios. Predicar el misterio del evangelio es más que predicar el evangelio. No solo es la encarnación, muerte, resurrección y exaltación del Señor, sino más todavía. Entendamos: el misterio de Dios es Cristo; el misterio de Cristo es la iglesia; el misterio de la iglesia es el evangelio. Dicho de otro modo: Cristo es la manifestación de Dios; la iglesia es la expresión de Cristo; y el misterio del evangelio es la manifestación de la iglesia como la consumación del misterio de Dios.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:20

Comentario general

6.20 Pablo estaba preso en Roma, pero no acusa al César ni siquiera a los gobernadores de las tinieblas de este siglo; sino que es consciente de una realidad más alta: es embajador en cadenas a causa del misterio del evangelio. No tiene tiempo para amargarse contra nadie, es comisionado del cielo y como tal, se conserva limpio. Es prisionero de Jesucristo, no del hombre. Dios está a cargo de su vida y lo que experimenta es permitido por Dios dentro de su sabio plan. Por eso su petición de oración no es por ser protegido en la prisión o salir de ella (que a los filipenses dijo saber que sería concedido por sus oraciones), sino que, enfocado en dar a conocer el misterio de Cristo a los Efesios, de lo cual habló en los capítulos dos y tres, pide que oren para que la predicación por su boca no tenga impedimentos. Si esto implica seguir preso o salir libre, que sea lo más provechoso al evangelio. Excelente ejemplo e inspiración de vida: más allá del bienestar, la utilidad. Que vivamos lo que convenga mas a los intereses del reino de Dios.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:21

Comentario general

6.21 Encaminándose a partir de este versículo hacia el final de la carta, Pablo inicia saludos finales. Les ha enviado a Tíquico, cuyo nombre significa “feliz”; era un cristiano de origen gentil que fue muy útil al apóstol. Un ministro a quien Pablo consideraba digno de recomendarlo como fiel consiervo en el Señor (Col. 4:7); así como de confiarle las ofrendas que las iglesias de Asia prepararon para los hermanos de Jerusalén (Hechos 20:4). Ahora lo enviaba, presumiblemente con la carta a los efesios y muy posiblemente también la de los colosenses ; así como la encomienda de darles a conocer la condición de Pablo y de las obras de su ministerio. Un hombre de confianza llamado feliz; ¿no sería maravilloso ser considerado así?

— Roberto Tinoco

Efesios 6:22

Comentario general

6.22 El dar a conocer las condiciones de Pablo y de su ministerio a los efesios por parte de Tíquico tenía como propósito no solo informarles, sino consolarles. Los hermanos de Éfeso amaban a Pablo, era su apóstol fundador y fue su Pastor por algunos años; de manera que estaban preocupados por cuáles serían las condiciones de Pablo en la iglesia romana. Debido a las características de la época y del imperio, un preso podía estar en un márgen desde indigente torturado hasta honorable con todo, menos libertad; así que saber que el apóstol estaba bien les daría paz. Interesantemente Pablo está más interesado en quitarles la preocupación y consolarles que de su propia seguridad. Está viviendo a Cristo de una manera profunda. Es la expresión real del misterio de Cristo: Dios manifestado en carne, su carne. Ser cristiano y vivir el misterio de Cristo no es exactamente lo mismo en la experiencia cristiana, aunque deberían serlo. Vivir el misterio de Cristo es que Cristo viva en nosotros. Lo mismo que “ya no vivo yo, más Cristo vive en mí.” Así como Dios se manifestó en carne en la Persona de Jesús; ahora Dios se manifiesta en la carne de Pablo mediante la Vida de Cristo en él. Vive a Cristo y tu alma será intocable.

— Roberto Tinoco

Efesios 6:23

Comentario general

6.23 Paz sea a los hermanos, no solo es un deseo, sino una declaración real de la vida cristiana normal. Quienes viven a Cristo tienen paz. Y amor con fe, pues hay quienes aman, pero no creen, por lo que su amor termina desviándose del propósito de la verdad. Así como hay quienes creen, pero no aman, por lo que su fe no es tan firme ni auténtica. Para que sea conforme al Señor, el amor y la fe han de andar juntos. Dicho amor y dicha fe son de parte de Dios, no como un regalo que el hombre recibe y le hace amar o creer, sino como el resultado de vivir a Cristo (lee la nota 6.22); fruto de la comunión; por eso es “amor con fe, de Dios el Padre y del Señor Jesucristo.” ¡Glorioso!

— Roberto Tinoco

Efesios 6:24

Comentario general

6.24 De nueva cuenta, esto es más una declaración que define la vida cristiana normal, más allá de un simple deseo del apóstol hacia los efesios. La gracia es el favor divino, el cual incluye toda buena dádiva de parte de Dios. Quien ama a nuestro Señor Jesucristo tiene esta gracia, disfruta del favor divino en todo. Sin importar lo que reciba o pierda, experimenta o no alcance, la gracia de Dios está sobre él y finalmente será bendecido en todo. Heredero de Dios. Más nota que la santa Palabra dice que ama a nustro Señor Jesucristo “con amor inalterable”. Esto es muy significativo. Se usa el griego afdsarsía, significa “de existencia interminable; inalterable; incorruptible.” Algunos cambian su afecto cuando las circunstancias cambian; pero aquellos que amamos al Señor con amor igualmente sincero y real en todo tiempo y situación, tendremos el goce de la gracia del Señor igualmente inalterable, constante, permanente. ¡Glorioso!

— Roberto Tinoco

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